17 jun. 2005

¡No hagan más la guerra con los hijos ajenos!

Yo no sé cuánta influencia tiene la opinión de un simple ciudadano, lo cierto es que cuando la sociedad se hartó de someterse a las FARC los partidarios de esta banda salieron con que quienes querían que cesaran esos crímenes "hacían la guerra con los hijos ajenos".

Eso tiene que ver con todo el llamado conflicto: como ya expliqué ayer en otra DISCUSIÓN, Colombia no está en guerra contra la guerrilla sino contra todo el proyecto comunista, el de las castas de parásitos. Cuando se entienda qué son esas castas, se verá quién "hace la guerra con los hijos ajenos".

Digo que no sé cuánta influencia tiene un simple comentarista de la prensa porque desde la época en que denuncié eso hasta ahora ese argumento de la propaganda ha desaparecido de las páginas de El Tiempo y de los demás ambientes de propaganda de los amigos de las FARC. ¿Se habrán dado cuenta de que ese discurso los desenmascara? ¿Habrá contribuido a desenmascararlos?

Todo lo que pasa en Colombia es que hay una guerra civil entre los esclavistas y quienes quieren un país como los demás, y el problema es que los esclavistas en buena medida dominan el Estado y hacen la guerra con los hijos ajenos.

Al respecto hay un interesante ARTÍCULO de Eduardo Posada Carbó, donde analiza los argumentos del senador Carlos Gaviria: no es más que la vieja retórica según la cual en Colombia no hay democracia porque no se parece a Cuba.

Lo característico de Colombia es que un personaje de tal catadura fuera presidente de la máxima instancia judicial. La gente no quiere entender que Tirofijo sólo es el capataz rústico de la finca de esos personajes, y que todo sería fácil de remediar si se entendiera eso. No porque se deba perseguir a esos personajes judicialmente, sino porque el bando que los apoya debería saber que la sociedad no vive engañada, que sabe que ordenan las masacres y no permitirá que se disfracen de ciudadanos respetables cuando son los verdaderos empresarios del narcoterrorismo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Alberto Rincon

En la misma entrevista Gaviria dice que los actos violentos que cometen las guerrillas deben ser medidos como delitos Políticos aunque siempre sean delitos Terrorista por que de no hacerlo se le estaría cerrada la puerta a la “Paz negociada”.

Claramente Gaviria es partidario de arrinconar a la Democracia con la que el no esta de acuerdo por medio de la presión Terrorista, lo que queda claro es que por que alguien nunca allá limitado en la Izquierda Primitiva no quiere decir que no comparta la misma Ideología Totalitaria.

nightjuan dijo...

El problema es que la sociedad no está unida alrededor de los problemas y cuestionamientos planteados. La guerrilla, los medios, los empresarios, los políticos y quizás hasta la misma sociedad, se creen poseedores de LA verdad, la única y la más perfecta (siendo sinceros, no TODOS los miembros de cada grupo lo creen, pero sí algunos de los más influyentes...y otros lo creen en el fondo, aunque sinceramente traten de negarlo).

En esas condiciones, es fácil para algunos (como por ejemplo el sr. Gaviria) doblar u olvidar ciertos aspectos de la realidad según su conveniencia, mientras que otros hacen lo propio por otro lado.

Tal vez me equivoque al plantearlo así...pero creo que no hay unas reglas de juego lo suficientemente clara y los suficientemente respetables en nuestra sociedad como para resolver el misterio que nos tiene todavía atrapados en ésta guerra, no sólo a los hijos propios y a los ajenos, sino a nosotros mismos (así como estuvieron cautivos nuestros padres y abuelos).

Jaime Ruiz dijo...

Yo discrepo de la visión equidistante de Nightjuan y estoy completamente de acuerdo con Alberto Rincón. No es que alguien tenga toda la verdad o sólo una parte, sino que cada uno se debería plantear:

1. Si deben cesar los secuestros y demás crímenes terroristas o no.

2. Si para que cesen es necesario premiarlos con poder político.

3. Si se acepta el sistema democrático existente o no.

Podría hacer una lista larguísima de obviedades de ese estilo. Sencillamente Gaviria no acepta el sistema democrático sino que espera sacar provecho de lo que hacen las guerrillas.

Aunque el Código Penal no lo pueda perseguir, objetivamente Gaviria está dentro de los promotores de las guerrillas, como el Partido Comunista que lo apoya y al que tal vez siempre ha pertenecido en secreto (para poder hacer carrera judicial).

Y por favor, las guerrillas no son comparables a los empresarios o a los políticos.

nightjuan dijo...

No creo que sea una posición tan equidistante como parecería serlo. En realidad, lo que pasa es que ese comentario pretendía señalar parte del desarrollo de esas diferencias bajo otro tipo de escala.

Es la escala que existe en cuanto a que se trata de seres humanos que, como tales, asumen ciertas posiciones sobre su realidad y la "mejor" manera de abordarla. Hasta ahí no he dicho más.

Esa no es la única escala existente, ni he dicho que sea la única que haya que emplear. Si así fuese, entonces sí se podría hablar de una posición realmente equidistante en la práctica.

Pero si vamos a discutir los puntos específicos, efectivamente que las respuestas ante esas 3 preguntas son esenciales y necesarias, aunque a mi ver no son suficientes (así como, por supuesto, también es insuficiente mi planteamiento anterior, por sí mismo al menos).

La comparación entre guerrilleros y empresarios puede darse sólo en cuanto a que son seres humanos que sufren cierta clase de desarrollos ideológicos y mentales a lo largo de sus vidas, buscando lo que cada uno entiende como "la solución" a sus problemas personales y colectivos.

Limitarse a tal comparación no es posible, claro, una vez se quiera entrar a analizar las consecuencias y aplicaciones prácticas de los postulados específicos, eso no lo he negado y mal haría en hacerlo.

No sé hasta qué punto se pueda decir que el señor Gaviria sea un aliado real de las guerrillas...queda la posibilidad de queapenas lo sea de una manera táctica o involuntaria, creyendo que su forma de entender la situación no es del todo incompatible con el concepto occidental de democracia aunque sí con su aplicación colombiana (de lo cual pueden aprovecharse las guerrillas desde una perspectiva similar, pero no necesariamente igual).

Me disculpo por cualquier error personal reflejado en la exposición de las anteriores reflexiones, en todo caso.

Jaime Ruiz dijo...

En general cuando se habla de guerrilleros se atribuyen a todos ellos unas características ideológicas que en realidad son minoritarias. La mayoría de los combatientes de las FARC son gente que trabaja en eso, un poco como cualquier banda delictiva. Para hablar de los convencidos de poseer la verdad hay que ir a los intelectuales de la izquierda.

En realidad la guerrilla funciona como el capitalismo, en que hay unos inversores que tienen unos ahorros (en el caso de la guerrilla esos ahorros son el rango social heredado, los estudios, la influencia derivada de las dos cosas anteriores) y unos proletarios (que no tienen más que su prole) que hacen el trabajo manual.

En tal caso, habría que hablar de "guerrilleros" como esa militancia comunista y de "guerreros" como la tropa. Y también de la vasta clientela de empleados estatales y titulados universitarios que se beneficia de todo eso.

Para mí no hay otra forma de referirse a esa gente que como enemigos. No tanto en el plano personal cuanto en el del interés de la comunidad.

No se preocupe por la vehemencia de las opiniones o de los desacuerdos, cada cual explica su versión de las cosas y confrontándola la elabora mejor. Un saludo.

Anónimo dijo...

Copio esto para despues dejar mi comentario.

Hace tres años, así hablaban Álvaro Uribe y Luis Eduardo Garzón sobre seguridad nacional

Ha pasado agua bajo el puente, desde este diálogo del Presidente y el Alcalde, que reproduce ‘Grandes conversaciones grandes protagonistas’ (Norma).

Es una selección de María Elvira Bonilla de encuentros de diferentes personalidades sobre temas relevantes para el país del momento. (Apartes)

El presidente Álvaro Uribe Vélez y el alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón ocupan los dos cargos de elección popular más importantes del país y son los dirigentes políticos más significativos del presente político colombiano. Como candidatos presidenciales en el 2002, ambos fijaron públicamente su posición con respecto al conflicto armado que vive Colombia. Sus discrepancias, esbozadas claramente en esta conversación, se han concretado en la forma como cada uno ha ejercido el poder. Casi tres años después de la elección de Álvaro Uribe y tras un año y medio de alcaldía de Luis Eduardo Garzón, sus posturas son los puntos de referencia más relevantes con relación al conflicto armado.

G. Tengo tres diferencias con usted con relación a cómo percibo el país y la solución de los problemas: uno, el tema de cómo asumir la negociación política con la guerrilla; dos, la seguridad ciudadana; y tres, lo que usted denomina un “Estado comunitario” y su responsabilidad en la crisis de la salud y el desempleo. Este último le cae a usted directo como artífice que fue de la Ley 50 cuando fue senador y cuyas consecuencias se han profundizado con los años. Tenemos, claro, algunas coincidencias: en el tema de la renegociación de la deuda externa, de las transferencias y de la infraestructura vial; en el tema de lo ético, la corrupción, y el Congreso unicameral.

U. Doctor Luis Eduardo, claro que sí. Aquí estoy para oírlo.

G. Quisiera plantear algunos puntos sobre la seguridad ciudadana, asunto crucial en su agenda. Pero no se ponga tan serio que aquí estamos apenas conversando y esté tranquilo que en esta oportunidad no voy a ser presidente. La legitimidad del Estado está muy relacionada con el tema social y ético. Las veintiséis millones de personas que no se registran como pobres, sino como miserables, son personas que no tienen ningún argumento para defender las instituciones democráticas. Los niveles de corrupción que usted y yo coincidimos en señalar, tampoco dan elementos para que haya confianza en el Estado (...) En los debates que hemos tenido usted y yo, hemos coincidido en que hay que legitimar al Estado por todo lo que significa corrupción, desinstitucionalización, temas de optimización de recursos y buscar devolverle la confianza a los ciudadanos. ¿Usted cree que eso se va a lograr en medio de una confrontación tan enorme y vinculando la gente en la dinámica que usted plantea, si primero no legitimamos el Estado? (...)

U. (...) He propuesto cuatro acciones simultáneas: derrotar la violencia, derrotar la corrupción, derrotar la politiquería e inversión social con resultados. Pero quiero decirle, doctor Luis Eduardo, que la cooperación ciudadana con la Fuerza Pública obliga a todos los ciudadanos a que se interesen en la seguridad, a que ese servicio se preste con eficiencia y transparencia. Mientras más apoyada esté la Fuerza Pública, tiene que ser más eficaz y más transparente su acción. Lo que más causa deficiencia y tendencia a violar los derechos humanos es una Fuerza Pública débil, acuartelada, aislada de la ciudadanía (...)

G. No es tan fácil decir que, respecto al impacto de lo social en el conflicto, no estén marcadas unas discrepancias.

U. La verdad es que cuando la gente está desmotivada por los resultados del Estado, hay posibilidad de que la gente se rebele contra ese Estado. Colombia necesita hacer todos los esfuerzos sociales para erradicar la miseria y para construir equidad, pero Colombia necesita restablecer la confianza de los inversionistas, la estabilidad macroeconómica, la estabilidad en las reglas de juego y el orden público. Cada vez que secuestran un colombiano se pierden cien empleos. Aquí sin orden público no habrá recuperación de la confianza de los inversionistas (...)

G. Y el Estado, ¿qué está dispuesto a dar en una negociación? En gracia de la discusión, apartémonos de la que puede ser la posición de las FARC y centrémonos en el Estado. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar?

U. Como están las cosas, pienso que aquí se necesita un ejercicio de autoridad con eficacia, que controle a todos los violentos: tanto a la guerrilla como a los paramilitares. Se necesita disuasión. Si ellos creen que pueden seguir a sus anchas, nunca van a negociar. Para mí, el ejercicio eficaz de la autoridad es disuasivo, y eso hace que el diálogo con los violentos sea útil.

G. Doctor Álvaro, tómelo con más tranquilidad que no estamos en un foro. Podría ser un poco más informal para que podamos conversar sabroso, sin ponerse a la defensiva pues no lo estoy atacando,

U. Buen consejo. Pero, ¿sabe cuál es la agenda con la guerrilla? Para mí, la desmovilización y el desarme son puertos de llegada. Que mantengan las armas, deles todo el plazo que se requiera; flexibilidad para los acuerdos de desarme y desmovilización, pero urgencia para silenciarlas (...)

G. Bueno, el tema del empleo es de todo el país, pero hay que incluirlos a ellos. ¿Qué está dispuesto a negociar con los alzados en armas?

U. Por regla general, yo creo que hay que darles espacio en la democracia. Que ellos hagan política con la plenitud de sus derechos, sin que los maten, como ocurrió con los militantes de la UP. Hay que darles todo el plazo para que mantengan las armas. Eso sí, con cese de hostilidades. Y en ese mismo plazo, el Estado va a reconstruir la democracia para que todo el mundo ejerza sus derechos sin que lo maten.

G. Mejor dicho, ellos están negociando espacio político y poder, y usted les dice: “Los recibo pero si se portan bien”.

U. Yo los recibo si respetan los derechos del resto de los colombianos, con el compromiso de que el Estado sea garante. Sin cometer errores imputables al Estado –que no tomó las decisiones necesarias para proteger a la gente de la UP–, y otros imputables a las FARC –que no se pueden repetir y que quieren repetir con el partido clandestino Bolivariano–. Ellos mantuvieron esa doble moral: por un lado había unas personas en la up, y por otro, las FARC trataban de controlarlos. Entonces, muchos alcaldes y concejales no se debían a los mandatos populares, sino a los comandantes militares en el monte. Eso no se puede permitir. Aquí no se puede permitir que la oposición haga política con armas, ni que el Estado acuda a la guerra sucia para atacar a la oposición.

G. Pero en el caso de la UP usted no está siendo exacto. Yo, por ejemplo, fui miembro de su dirección y las FARC no me daban órdenes. Eso no lo puede generalizar así olímpicamente.

U. Correcto. Dije: “Algunos alcaldes y algunos concejales”. Pero soy claro, el Estado no puede volver a tener esas debilidades que cerraron el pluralismo democrático y permitieron masacres aberrantes contra los militantes de la UP. El Estado tiene que derrotar la corrupción y la politiquería sin negociar con los actores armados. Además, tiene que negociar el empleo sin negociar con esos actores.

G. Estamos de acuerdo en el punto de la urgencia de volver a legitimar el Estado, lo político y lo social. Lo que subrayo es el problema del tiempo, y la decisión de negociar o no el poder. Supongamos que usted es el presidente, ¿cuánto tiempo durará la legitimación del Estado y la consolidación de la seguridad democrática?

U. En los dos primeros años tiene que haber resultados.

G. O sea que estamos hablando de tres años más de guerra.

U. Tres años de guerra no, doctor Luis Eduardo. Porque el plazo que yo he dicho abarca la urgencia para el cese de hostilidades y la veeduría internacional, y toda la flexibilidad en el tiempo para llegar a los acuerdos de desarme y desmovilización. Si quiere haga un paralelismo en el plazo. Que sea tanto plazo para llegar al desarme y la desmovilización, cuanto se requiera para dar garantía de la seguridad democrática.

G. Frente a su propuesta de seguridad, insisto en señalar cuatro cosas: uno, dejar a los ciudadanos ese tema, sin que el Estado se legitime, tiene complicaciones de más violencia; dos, va a ser mucha la gente involucrada en la guerra; tres, aísla al país en el tema de los derechos humanos, porque está demostrado que la actividad que usted propone termina en organismos paraestatales; y cuatro, esto conlleva un referente policivo autoritario en todos los escenarios, contrario al del policía amigo de los ciudadanos, el cual debe ganar una sociedad democrática. Y en el tema de la negociación política insisto en que el punto clave es el poder.

U. En el tema del poder yo asumiría una posición flexible. Si hay gestos de paz, como cese de hostilidades y veeduría internacional, lo otro lo flexibilizamos. Que se necesita un plazo muy amplio para llegar al desarme y la desmovilización, concédalo. Tan amplio como se requiera y tan corto como sea necesario para llegar a la seguridad democrática, concédalo (...)

G. Este país necesita cambios en las reglas para hacer política. Yo estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano en esta campaña: en lo económico, en lo político y con los riesgos en seguridad, y mientras tanto uno ve una inequidad absoluta en la posibilidad de participación. Aquí estoy haciendo una prueba: sin armas ser capaz, y vamos a serlo, de llegar al poder. Pero necesito saber que a los parlamentarios no les den mil millones de pesos, como denuncia Antonio Navarro, y que en los medios de comunicación se tenga la misma oportunidad. ¿De dónde voy a sacar 12.500 millones de pesos que dizque le vale la primera vuelta a cada candidato? Lo máximo que me consigo son 500 millones, con la rifa de un carro prestado. Si usted tiene dificultades con parlamentarios amigos, acceso a medios y tiene apoyo de hombres de la banca, ¿qué diré yo que tengo la asesoría de Corabastos?

U. Bueno, asesoría de Corabastos yo también tengo. No sabe la cantidad de personas que me apoyan allí, porque ellos sí que sufren la inseguridad de las carreteras y los campos colombianos.

G. Vea doctor Uribe, hay que reflexionar seriamente acerca de que el escenario próximo no puede ser la salida autoritaria. Esa salida nos lleva a una guerra sin cuartel. Yo le digo tanto a la guerrilla, como al Estado, a quienes manejan el poder, que la única posibilidad es que haya un acuerdo entre todos para volver a legitimar el Estado. Este país no permite más polarización. Nadie puede arrogarse el derecho de “yo acabo con todo y derroto al otro y sálvese quien pueda”.

U. La autoridad que propongo no excluye el diálogo ni los acuerdos. Si el proceso avanza seriamente y se rectifica, lo apoyaría con la misma determinación con la que lo he criticado.

G. Claro, el diálogo útil conduce a la negociación del tema del poder.

U. Sí, pero no el oportunismo político para avanzar hacia la toma del poder.

G. Está claro: el diálogo útil es asumir cambios de poder, y reglas de juego claras para no tocar la población civil. ¿Es eso? Y como tras el diálogo está el problema del poder, le pregunto: ¿esos guerrilleros, según usted, cómo entrarían a la reinserción? ¿Usted negociaría para que formaran parte de las Fuerzas Armadas?

U. En Colombia creo que ni la guerrilla ni los paramilitares, en una primera etapa, deben hacer parte de las Fuerzas Armadas.

G. ¿Por qué si en el caso de El Salvador, que usted pone como ejemplo y que le gusta tanto, sí lo hicieron?

U. Porque aquí ha habido una perversa contaminación del narcotráfico.

G. Yo veo que su lógica nos conduce hacia otro lado. Simón Trinidad dice: “Vamos a derrotar a la oligarquía. No dejaremos las armas hasta que nos tomemos el poder”. Y con esa lógica vamos a matarnos un sinnúmero de colombianos en una guerra que, hasta hoy, se come diez puntos del Producto Interno.

U. No me ponga a mí en la lógica de la guerra. Jamás he hablado de eso. Yo siempre he dicho que no acepto el diálogo claudicante del Gobierno de Andrés Pastrana. Siempre he hablado de seguridad democrática durante el conflicto, para producir un efecto de protección a los ciudadanos y de disuasión a los actores irregulares. Siempre he hablado de autoridad democrática en la etapa de posconflicto, para producir el efecto de seguridad en todo el mundo (...)

G. Usted no negocia con la guerrilla por sus insumos de narcotráfico, pero qué nos dice de la política y de la economía, contaminadas, como está el país en todos sus niveles. Y le digo, la negociación sobre composición de las Fuerzas Armadas es un problema de poder que no se puede eludir.

U. Yo le dije que el poder no es un tema para negociar, porque en la guerrilla y en los paramilitares ha habido una perversa contaminación del narcotráfico. Pero si la guerrilla se incorpora a la democracia y no como guerrilla, sino en tránsito a partido político, se le da confianza de que no se va a repetir el exterminio de la up. En ese momento se estimularán acuerdos permanentes. También le quiero hacer una confesión (primera vez que la hago): mi norma de que la agenda democrática no se discute con los grupos armados la revisaría si hubiera un avance serio del proceso. Soy más flexible para negociar agenda, no poder, si el proceso de paz se rectifica

Anónimo dijo...

En el dialogo sostenido por Uribe y Garzón, se puede notar que el ultimo insiste que en que para frenar la escalada de masacres o la guerra o el conflicto como lo bautiza se debe hablar de la negociación del Poder.

En todo el dialogo Uribe no reconoce eso o mejor lo ignora hasta llegar al final, eso deja ver claro la instancia en que se llevo acabo la discusión. Garzón reconoce que perteneció al brazo Político de las FARC aunque diga que no recibía ordenes de ellos, en eso estoy de acuerdo ya que los que reciben las ordenes son los del monte impartidas por La ideología a la que pertenece Garzón.

Mas allá de otra visión, Garzón deja claro que la única forma de que las FARC acallen la muerte es dándole una parte del pastel del Poder, un poder que el compartiría, lo dice cuando afirma que se siente muy aburrido haciendo Política sin La presión de las armas.