25 de feb. de 2015

El traidor que destruye a Colombia

Por @Ruiz_senior

No, no es Santos. que a su manera es leal a su clan y a su casta y hace lo que siempre han hecho los patanes que se apropiaron del país desde el siglo XIX y que ven a los ciudadanos como "indiamenta" a la que tratan de cualquier manera sin preocuparse mucho. Claro que es el agente directo de la destrucción, pero culparlo sería como culpar al VIH de la expansión del sida por ciertos países. Antes de que un personaje de su categoría intelectual y moral pueda hacer de las suyas hace falta un medio favorable, un medio de indolencia y servilismo formado por gente que en cuanto dispone de una renta recita cualquier mentira y se hace amiga de cualquier asesino.

Se puede decir que engañó a los colombianos pero ¿habrá engañado a alguien? No recuerdo haber leído a nadie que tenga buena opinión de Santos. Cuando era ministro de Defensa de Uribe se lo aceptaba como parte del equipo de gobierno, pero no había ni hay nadie que lo considere su líder o su modelo. Salvo, claro está, Fernando Carrillo, personaje que forma parte de un estilo de criatura característica de Colombia, como Cristo Bustos o Silva Luján, seres cuya altura de miras y cuya moralidad avergonzarían a los peores personajes de cualquier época y lugar.

El que engañó a los colombianos fue Uribe, que primero prometió no buscar un tercer periodo y después lo buscó, y que generó la impresión de que al irse quedaba algo que seguía controlando. NINGUNO de los congresistas y senadores elegidos como "uribistas" planteó ningún rechazo notorio a los desmanes de Santos. Si se piensa en el optimismo de los colombianos hacia 2010 resulta todo infundado: no había cambiado en nada el poder judicial heredado del 91 y controlado por los terroristas, ni había una prensa diferente a la que controlaba el grupo de Alternativa, con un predominio increíble de las opiniones favorables a los terroristas. Tampoco había ningún partido diferente sino una componenda a través de la cual Uribe recibía el apoyo interesado de Santos y la red de los López y los Samper, sin ninguna renovación. Eso por no hablar de la universidad, que en 2010 era el mismo adoctrinadero de asesinos que en 2002 sin que a los felices gobernantes les preocupara mucho.

Pero Uribe es quien es y no tiene mucho sentido andarle pidiendo peras al olmo: los hampones del PSUN que lo persiguen desde 2010 eran sus compañeros en su época de senador, cargo al que llegó del brazo de Samper, al que defendía incluso después de dejar la gobernación de Antioquia en 1997. Nunca cuestionó la Constitución de 1991 y por el contrario fue el ponente de una ley que aseguraba la impunidad de los jefes del M-19. En lugar de pensar en desplazar al clan oligárquico del poder, se dedicó a gobernar en alianza con él (el mismo Enrique Santos era un reconocido "uribista" y en las elecciones de 2006 el editorial de El Tiempo que recomendaba el voto apoyaba a Uribe).

Además, después de salir del gobierno se le vieron pocas ganas de oponerse a Santos, pese a lo que digan los propagandistas de las FARC. En las elecciones de 2011 no hubo ninguna muestra de oposición a Santos sino al contrario un apoyo a sus candidatos. Ni siquiera se denunció la maquinación que permitió elegir a Petro alcalde de Bogotá: Uribe estaba seguro de que la gente votaría por el candidato que él recomendara y más allá de lo que los candidatos representaran intentó demostrar que era así. Sus compañeros elogiaban a Santos pese a la persecución (por ejemplo, Óscar Iván Zuluaga) y a toda costa trataban de salvar los puestos de personas afines que peligraban si se combatía a Santos.

Pese a lo que piensan muchos, Uribe es un personaje del pasado y su influjo es menor de lo que se cree. Sus diversas críticas a la paz no llevan nunca a un cuestionamiento rotundo y resultan suavizadas por las actuaciones de su séquito, formado por la misma clase de gente con la que gobernó, personajes que se ven encantados de acudir a las tertulias de María Jimena Duzán a hacer el papel de "extrema derecha" con toda clase de quejas para buscar la mejora de la negociación.

De hecho, en pocos meses habrá de nuevo elecciones y no habrá ningún candidato que cuestione la paz. Contra ese peligro (de que algún candidato buscara votos denunciando la paz) se manifestaba hace poco un columnista uribista. Tal vez quienes menos se puedan definir como traidores son esos personajes próximos a Uribe, extremadamente leales a tal punto que estarían con su líder si se aliara con las FARC, y pendientes de las recompensas que reciben por su lealtad (muchos accedieron a curules en el Congreso y el Senado y muchos otros esperan ser concejales y alcaldes en los próximos años).

El traidor que destruye a Colombia es otra clase de personaje: el que siendo consciente de que el premio al genocidio es la abolición de todo vestigio de democracia y la entrega del país a los criminales (que ahora dispondrán de sus grandes fortunas legalizadas y de un control total gracias a ellas y al miedo que generan), no es capaz de hacer nada por miedo a estar en minoría, no quiere acudir a marchas contra los terroristas porque no las promueven los medios y cree que un grupo pequeño haría el ridículo, no quiere denunciar en las redes sociales la paz porque cree que eso no tiene impacto, no discute nada de lo que hacen los jefes uribistas porque teme echarse de enemigos a los demás uribistas; espera en secreto, y a veces en voz alta, que los militares se rebelen y resuelvan el problema por mucho que cada vez más se ve que el régimen tiene cooptado al alto mando...

Ese personaje es el ÚNICO que podría hacer algo para impedir la catástrofe anunciada pero no lo hace, y esa traición es más grave porque es una traición a sí mismo. Cuando pase el tiempo y se dé cuenta de lo que fueron estos años, de la cobardía generalizada y la indolencia que permitieron a los terroristas implantar su tiranía, verá que su enanismo moral fue lo que lo permitió.

24 de feb. de 2015

Indiferencia fortalece dictadores

Por Jaime Castro Ramírez

La conducta política de individuos que se convierte en procederes insensatos de poder, es una infortunada forma de gobernar atropellando los derechos de la gente, pues empieza por la imposición de procedimientos autoritarios, que luego hacen la transición a un régimen totalitario, instancia en la cual se vulnera por completo esa institución de la democracia que es la independencia de poderes. Puesta la acción en este escenario, a partir de ahí se convierte entonces en oprobiosa dictadura, donde el sátrapa satisface su incontenible ego invasor de todos los poderes para someter al pueblo que proteste por la vulneración de sus derechos. Y no se está hablando de golpes de estado como origen de estas perversas experiencias, se trata de estrategias populistas que terminan engañando al pueblo para llegar al poder a través de las urnas.

Caso del hermano país de Venezuela
Bien decía Einstein: “Tan culpable es el agresor como el que solo observa y a través de la indiferencia no hace nada”. Los tiranos se fortalecen en su perverso accionar contra la democracia y contra los derechos y libertades individuales a través de la pusilanimidad e indiferencia de gobiernos que terminan cumpliendo la triste misión de idiotas útiles al convertirse en cómplices de la tragedia causada por un desadaptado con poder.

Lo ocurrido en Venezuela desde hace quince años, en buena parte es consecuencia de esa indiferencia traducida en complicidad por parte de otros gobiernos de la región que únicamente observan lo que ocurre, pero no tienen la firmeza de carácter político para tomar una decisión solidaria de condenar el oprobio contra el sufrido pueblo venezolano. Esta es una falta grave contra la democracia y por supuesto que constituye una deuda histórica imperdonable en contra de esos débiles gobiernos.

En Venezuela el gobierno acabó con la independencia de poderes, y se ha hecho todo lo imaginable en contra de la democracia y la libertad de expresión, en contra del Estado y su institucionalidad, en contra del pueblo y sus libertades, en contra de la oposición, al igual que se ha arruinado la economía a través de la intervención del gobierno en contra de la propiedad privada.

Pronunciamiento del presidente de la república de Colombia
Juan Manuel Santos, como presidente de Colombia, hizo una tibia y particular declaración pública sobre Venezuela en la cual se limitó a suaves y sumisas expresiones sobre dicho régimen. Incluso, para referirse a la privación de la libertad del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, a cambio de expresar desacuerdo, o condenar ese hecho arbitrario y represivo, y solicitar la liberación inmediata, lo que hizo fue decir que le aplicaran un debido proceso, es decir que partió de la falsa presunción de que Ledezma es culpable y debe tener un proceso judicial; o sea que según Santos, ser opositor a ese oprobioso régimen es un delito. (Hay que decir que en Colombia se ha aprendido la práctica chavista de perseguir y encarcelar líderes de la oposición). Por el contrario, lo que debió ser solo un pronunciamiento sobre la tiranía contra el pueblo venezolano, Santos lo confundió con la utilización de expresiones efusivas hacia Maduro dándole gracias por el acompañamiento que implica ser garante de la paz de Colombia, y fue más allá y amenazó que si se entera de que en Colombia hay lo que llamó “complot” (llámese crítica a esa dictadura), dijo: “no solo lo condenaría sino que actuaría con toda la contundencia de la ley”. Nada menos que garante de la paz un dictador de esta laya, lo cual no es gratis, pues se sabe que juega por intereses políticos contra la democracia Colombiana.

Ante el tono de esta floja declaración presidencial, la cual dejó complacido a Maduro, preferible que Santos hubiera continuado con su acostumbrado silencio sobre la ignominia que afronta la proscrita democracia venezolana.

Aunque ocurra en una acción extemporánea, y sin que haya lugar a más dilaciones, a la comunidad internacional le corresponde asumir la responsabilidad histórica y solidaria de pronunciarse sobre la actual tragedia política, económica y social de Venezuela. Los demócratas del mundo esperamos que se cumpla con tal pronunciamiento, que además de político, debe ser obviamente de carácter humanitario con el pueblo venezolano que sufre el rigor de la escasez para suplir las necesidades básicas de subsistencia, y por añadidura sufre el rigor de la represión.

19 de feb. de 2015

El informe de la comisión histórica

Por @Ruiz_senior

Una de las cosas que más me despiertan curiosidad es lo que el gobierno les habrá pagado a los miembros de la Comisión Histórica por sus legitimaciones del terrorismo. Casi se podría resumir la historia reciente en que ciertos mandarines de la universidad encontraron en adoctrinar asesinos y encargar atrocidades una forma de acceder al presupuesto más eficaz que las lambonerías y pseudoempresas que servían a sus primos dedicados a la política "tradicional". Es el caso de Alfredo Molano, abierto promotor de las FARC que además de en la citada comisión figura entre los beneficiarios de contratos del llamado "Carrusel de la Paz".

Acerca de la composición de dicha comisión, una instancia tan comprometida en el genocidio como el propio Secretariado de las FARC, ya escribí un comentario hace unos meses. No hay que detenerse a pensar por qué el gobierno tiene tanto interés en pagar a líderes del terrorismo para que publiquen sus falacias legitimadoras del crimen: ya he explicado muchas veces que el sentido del Estado es la ley y cuando pierde ese norte sólo es una banda de forajidos. La paz consiste en que los intereses de Santos, su gabinete, sus aliados en el legislativo y todas sus clientelas los llevan a convertir al Estado en un apéndice de la banda terrorista, tal como un policía que se deja sobornar de un ladrón es sólo otro ladrón.

Pero tiene gracia encontrar las mentiras repugnantes de la propaganda terrorista publicadas con recursos del gobierno, lo que les da carácter oficial. Se trata de textos que seguramente habrían escrito antes o que son refritos de sus anteriores "obras". Es asombrosa la celeridad con que los escribieron. Si las sentencias judiciales se escribieran en ese tiempo ya no habría procesos que tardan tanto tiempo. También es llamativa la ausencia de comentarios críticos: los uribistas al parecer confían en que nadie va a leer el texto de más de ochocientas páginas, y no tendrían mucho que contestar al resumen que publicaron en otro medio, seguramente también beneficiario de contratos con el comisionado de paz.

Bueno, voy a escribir comentarios sobre el decálogo con que pretenden concluir el citado informe:
1. La historia de Colombia puede definirse como el “fracaso o aplazamiento indefinido de reformas sociales” (Sergio de Zubiría). Sobre este punto, advierten los expertos que si el país quiere garantizar un postconflicto en paz, sólido y duradero, tendrá que asumir reformas de fondo para que la violencia no se vuelva a reproducir.
Sí, ahí la tienen, la revolución por contrato: los que encargan los asesinatos, aunque en el caso de Javier Giraldo, por no hablar del de Eduardo Pizarro, es muy probable que los haya cometido directamente, amenazan con seguir si no se impone lo que ellos desean, pasando por encima de lo que la gente quiera elegir en las urnas. ¿No es lo que dicen? En Colombia la educación consiste en el cercenamiento de la aptitud lectora, cada vez hay más niñas que se llaman Alexia, que es el nombre de ese trastorno. Por eso la gente cuanto más estudia menos entiende esa obviedad.
 2. Las disputas por tierras y en especial la carencia de una reforma agraria efectiva son uno de los principales factores detonantes del conflicto. Dario Fajardo destaca que estas tensiones han incluido una excesiva concentración de la propiedad rural, desorden en las formas de apropiación de tierras baldías, débil legitimidad de los títulos de propiedad y formas de autoridad arcaicas en el seno de la propiedad.
Claro, la financiación soviética y cubana a las bandas terroristas no tiene nada que ver, y casualmente no se echa de menos la ley, pues ¿será el primer país en el que existe la propiedad privada sobre la tierra? Pero ¿de qué modo las peleas por tierras llevan a que unos asesinos negocien las leyes con las autoridades legítimas? Sólo es que en las ciudades y fuera de Colombia no saben que los crímenes sólo son la continuación del movimiento estudiantil por el que los autores del informe consiguieron sueldos de decenas de veces los que reciben los colombianos productivos, y un poder creciente. Entonces puede haber quien crea que se trata de una rebelión agraria.
 3. El tema de la reintegración será esencial para consolidar el posconflicto. Francisco Gutiérrez advierte en su ensayo que uno de los factores que explica la prolongación del conflicto armado en Colombia ha sido que nuevos actores armados reclutan a personas experimentadas de ciclos armados anteriores. Incluso, destaca, líderes de bandas criminales provienen de grupos guerrilleros.
Esta vez se refiere a la integración de los sicarios que obedecen a Gutiérrez Sanín (pensador que abiertamente alienta a matar y se formó en la Polonia comunista) como empleados estatales con gran autoridad en las regiones. De eso trata el posconflicto, del triunfo total de estos asesinos gracias a la indolencia general.
 4. Aunque Colombia ha sufrido el conflicto desde los años cuarenta, ha habido ciclos de recrudecimiento de la violencia. El actual se originó en los años ochenta, relacionado con el surgimiento del paramilitarismo y con la presencia de cuantiosos recursos financieros provenientes del narcotráfico, el secuestro y la extorsión. 

El ciclo de violencia actual no se originó en los años ochenta sino en los noventa, al respecto se puede ver este gráfico.

Y su causa evidente fue la Constitución de 1991, que prácticamente legalizaba la violencia política, no sólo por los carros bomba que permitieron imponerla sino porque en su texto incluye los crímenes que reducen penas a otros crímenes y la disposición a negociar las leyes con bandas armadas.
 5. La clase dirigente colombiana no adoptó las medidas que se requerían para prevenir el recrudecimiento del conflicto o las que adoptó fueron insuficientes. En algunos casos, incluso, quiso aprovecharse de estos factores, como ocurrió con la parapolítica o con la permisividad frente al narcotráfico.
La clase dirigente colombiana es exactamente la que dirige las guerrillas, como ocurre con los propios autores del informe o con el grupo de Alternativa, hoy totalmente hegemónico en los medios bogotanos. El "conflicto", es decir, la orgía de crímenes que encarga esa clase, le sirve para lucrarse del negocio de la cocaína atribuyéndoselo a otros (aunque cada día es más clara la implicación de la satrapía cubana, íntimamente ligada al clan de los López-Santos-Samper) y robando con el pretexto de la paz, como ocurre con este mismo informe.
 6. El conflicto tiene enormes diferencias regionales, lo cual se ve agravado por la enorme complejidad geográfica de Colombia, que es una de las cinco mayores del mundo. Esta complejidad ha favorecido la acción de los grupos ilegales y ha dificultado la presencia del Estado. 
Esta vez parece una epidemia ajena a las organizaciones terroristas propiamente dichas. ¿Tienen que ver las FARC en "el conflicto"? Se trata de convertir éste en un fenómeno ajeno a la "insurgencia", o como quieran llamar a las bandas de asesinos. Ya he explicado que todo el informe es sencillamente la propaganda legitimadora, tal como la marcha de Mockus.
 7. La población civil, y en especial, la de las áreas rurales ha sido la más afectada por el conflicto y todos los actores armados han sido responsables de crímenes contra ella. Los agentes estatales han sido responsables especialmente de asesinatos selectivos, tortura, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. Los movimientos guerrilleros del uso de minas antipersonas, desplazamiento forzado, secuestro, extorsión, reclutamiento ilícito ataques contra bienes civiles y públicos, y daños ambientales. Y los grupos paramilitares de asesinatos selectivos, amenazas, masacres, desplazamiento forzado y despojo de tierras, tortura y delitos sexuales. 
Con lo que el intento de aplicar la ley es la principal causa del crimen. En el supuesto de excesos de agentes estatales, ¿no se los castiga? Sí, a tal punto que los jueces son verdaderos sicarios al servicio de las mismas bandas terroristas, absolutamente inicuos, como se puede comprobar con el caso de Plazas Vega. ¿Se pueden comparar esos delitos de agentes estatales con la actividad de los terroristas? Sería absurdo, una ínfima parte. Pero se utilizan para legitimar los crímenes previos, que son los que se premian con la paz. ¿O no? Es difícil de comunicar: pensar que hay personas mintiendo así y otras que reproducen esas infamias lo hace avergonzar a uno de la humanidad. Se entiende el asco de Fernando Vallejo ante la idea de que se sigan reproduciendo los colombianos: no debería extenderlo a toda la humanidad.
8. El conflicto también ha mostrado una notoria deficiencia del Estado colombiano para detentar el monopolio de la fuerza, lo cual, entre otros, favoreció el surgimiento de grupos paramilitares. La débil capacidad del aparato judicial en Colombia también ha contribuido al aumento de modalidades de justicia privada. 
Dado que el Estado ha sido inepto a la hora de ejercer el monopolio de la fuerza, ¡pues se premia a los delincuentes! Una vez convertidos en gobernantes va a reinar la paz. La lógica de eso es tan repugnante que uno se queda pensando si lo está leyendo de verdad. La "débil capacidad" del aparato judicial consiste simplemente en que los jueces no ejercen justicia sino iniquidad gracias a que tenían de profesores a los asesinos que redactan el informe.
 9. Aunque la elección popular de Alcaldes y Gobernadores fortaleció la democracia en el país, también fue un factor que tuvo consecuencias negativas en el conflicto, no solo porque propició el asesinato sistemático de líderes políticos, sino porque muchos de ellos se aliaron con los actores armados para impulsar sus actividades políticas. 
Pero ¿cuáles son los "actores armados"? Ahora el ejército y la policía se presentan como ajenos al Estado, de modo que si un alcalde o gobernador intenta aplicar la ley contra los subalternos de los autores del informe, resulta siendo un causante del conflicto. ¿No es lo que dicen?
 10. El conflicto ha significado una derrota para todos los colombianos. La guerrilla no pudo conquistar el poder por la vía de las armas y el Estado no ha logrado consolidar su presencia en todo el territorio. Además, ha empobrecido más a los sectores sociales más pobres y ha sido un enorme obstáculo para el desarrollo económico.
Esto ya es maravilloso. ¿Cuál será el patrimonio de los autores del informe? Yo podría apostar a que todos tienen bienes por muchos millones de dólares, fruto de su interés por el conflicto y las maravillosas rentas que les proveen las universidades, los contratos con el Estado (sobre todo con el gobierno de Santos, pero también con los de Uribe y los anteriores, de lo que apenas se conoce la punta del iceberg). ¿De qué modo es una derrota para ellos? ¿Y para sus compañeros del Secretariado de las FARC? Claro que ha empobrecido a los sectores más pobres, baste ver lo que significó la Constitución de 1991 con la multiplicación del gasto público y la acción de tutela (el registro de Colombia en el coeficiente de Gini empeoró casi diez puntos en una década). La tiranía terrorista que viene, en la que estos asesinos serán embajadores y ministros, traerá mucha más miseria, como ha sido para los cubanos pobres (los negros y mulatos) el régimen de los Castro, y como lo han sido todos los regímenes comunistas en todo el mundo.

La paz sólo traerá más muerte, tal como ocurrió después de 1991. La razón es simple, premiar el crimen es incentivarlo. Darles poder a los asesinos es alentarlos a matar, como sigue haciendo Petro como representante de la "izquierda" ligada a las FARC y el ELN. Para el interesado dejo este video, que tal vez ya conozcan los lectores.

17 de feb. de 2015

Dos campañas con dos palabras

Por Jaime Castro Ramírez

La voluntad de un pueblo es el sentir del pensamiento colectivo que actúa en base a los impulsos externos que motivan la determinación de sus actos. Este predicado conlleva la condición de dignidad que de suyo le corresponde a la majestad de la voluntad popular, y por supuesto que significa el grado de máximo respeto a su investidura como institución primaria de decisiones políticas, las cuales tienen su efecto determinante en el discurrir de los eventos que influyen en el desarrollo de los destinos de la sociedad.

Siempre será procedente reiterar la circunstancia de que engañar al pueblo es un pecado social grave, pues es atentar contra el sentido común de respeto que debe existir hacia la importancia de esa voz universal de trascendencia vinculante para los gobernantes. Sin embargo, aunque suene paradójico este irrespeto suele ocurrir por parte de quienes obviamente han recibido la condición de gobernantes por parte de la voluntad popular.

Símbolos utilizados en las dos campañas presidenciales de Santos
No es malo utilizar expresiones caracterizándolas como símbolos de una campaña presidencial para persuadir la voluntad popular a apoyar un programa de gobierno, lo que sí es perverso es que posteriormente la significación dada a esas expresiones se convierta en engaño a esa voluntad popular que dio su apoyo. En sentido realista hay que decir que esto último es grande preocupación de los colombianos respecto a los medios utilizados en las dos campañas que terminaron eligiendo a Juan Manuel Santos como presidente de la república, pues aunque se dice que ‘los medios no justifican el fin’; sin embargo, Santos no distinguió entre una cosa y otra, y comprometió su accionar político haciendo dos campañas basadas en el significado de dos palabras con las cuales consiguió el poder: La primera campaña la montó en base a la palabra URIBE, y la segunda campaña la hizo en base a la palabra PAZ.

Lo inaceptable es el resultado de lo prometido, frente a lo que esperaban sus electores, pues en el primer caso, Santos utilizó el alto prestigio de su antecesor prometiendo que continuaría sus políticas de gobierno y por cuya consigna logró que Uribe le hiciera el guiño canalizándole su capital político, razón por la cual 9 millones de colombianos procedieron a elegirlo confiados en lo prometido. Pues resulta que la promesa solo duró mientras llegó al poder porque de inmediato Santos procedió a hacer lo contrario siendo obsecuente con otras causas, de tal manera que engañó a su antecesor y al pueblo.

En el segundo caso, la reelección Santos la logró comprometiéndose con lo que él llama ‘paz’, solo que la dimensión del engaño puede ser directamente proporcional a lo que el resultado de esa propuesta no signifique paz para los colombianos, con aspectos tales como: impunidad, no entrega de armas, no reparación económica a las víctimas por parte de las Farc, entrega de territorios con la denominación de ‘zonas de reserva campesina’, entrega de curules en el congreso de la república y en otras corporaciones públicas a quienes internacionalmente han sido denominados como terroristas, etc. Todos estos factores son consustanciales con el debilitamiento de la democracia, con el debilitamiento de la institucionalidad, y por consiguiente con la entrega del país. Bienvenida la verdadera paz para los colombianos…

La razón de ser de un gobernante tiene que ser su lealtad con el pueblo y con las instituciones democráticas que conforman el Estado de derecho.

16 de feb. de 2015

¿Les vamos a creer?

Por @AdasOz

“A las FARC hay que creerles”, ratificaba el presidente Juan Manuel Santos las afirmaciones de los principales cabecillas de dicho grupo terrorista cuando afirmaron que habían dejado de secuestrar desde hacía un tiempo y que tampoco eran narcotraficantes. ¿Pero fue eso cierto? ¡Por supuesto que no! Lo cierto es que las FARC no han rendido cuentas a las víctimas ni mucho menos al país sobre todos los secuestrados que llevan a cuestas desde hace años, y mucho menos han dejado de hacerlo. El presidente miente y es cómplice del crimen.

Ahora bien. El pasado mes de diciembre, como es su costumbre hacerlo todos los fines de año, el grupo terrorista anunció un “cese al fuego unilateral”, nada nuevo hasta aquí, pero esta vez era supuestamente de carácter “indefinido” y quedaba condicionado al cese de las actividades militares. En pocas palabras, exigen la rendición del ejército colombiano. Como todos saben, es deber constitucional defender el Estado de Derecho de todo tipo de amenaza, sea esta interna o externa. Por lo tanto, las exigencias provenientes desde La Habana no pueden ser escuchadas ni obedecidas por nuestras Fuerzas Armadas. La ofensiva militar tiene que continuar, pese a que ésta ha disminuido considerablemente desde que se empezó a negociar con las FARC la estructura del Estado y sus leyes.

Pero ¿qué ha pasado con esto? Mientras la ofensiva militar disminuye, las FARC continúan sembrando el terror, cada día más, incumpliendo como siempre el supuesto “cese unilateral indefinido”. Con este cuento fantasioso ilusionan incautos mientras la organización terrorista gana terreno en el ámbito político y en tierra se reubica, se rearma y se fortalece. Utiliza este engaño para hacerse propaganda en los medios de comunicación comprados por el gobierno, que no dudan en señalar a la ofensiva militar como la principal culpable de los actos terroristas al mismo tiempo que dedican columnas enteras para transmitir semejante falacia y le abren micrófonos a reconocidos voceros como Piedad Córdoba, cuyo objetivo es transmitir el mensaje de las FARC y así ejercer presión para que nuestras Fuerzas Armadas se dobleguen ante dichas exigencias. En resumen, para que las FARC salgan victoriosas.


Es así como los medios evitan mencionar a las FARC cada vez que cometen un acto terrorista o prefieren despistar incautos llamándolas “bandas ilegales no identificadas”, tal como sucedió con la masacre de cuatro niños de una misma familia en el departamento del Caquetá, lugar donde bien es sabido que este grupo terrorista hace presencia. A la complicidad de los medios se suma la evidente militancia del Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, quien no dudó en lavar la imagen de sus socios al ver que todas las pruebas indican que las FARC son las directas responsables del crimen.


Luego de lo anterior, la semana pasada las FARC anunciaron que no reclutarán menores de 17 años e hicieron énfasis en que nunca, en su más de medio siglo de desgraciada existencia para Colombia, reclutaron niños ni a ningún combatiente. Pero “hay que creerles” y peor aún, ¡Hay quienes les creen!


¿En serio le creen a las FARC, que recurren al engaño, para lograr sus objetivos? ¿Es que acaso todavía no se han dado cuenta que el engaño siempre ha sido su estrategia? Si nada de lo mencionado en los párrafos anteriores lo han cumplido, ¿por qué creen que en esta vez sí lo van a hacer? Esos líderes de la oposición tienen que dejar de ser tan incautos y empezar a conocer mejor a su rival, porque de lo contrario, de nada servirán sus esfuerzos por hacer oposición. Pasará lo mismo que con la de Venezuela, nada.

Como ven, el campo de batalla es amplio, puesto que no consiste solamente en ponerse las botas y fusil al hombro recorrer todo el país cometiendo crímenes atroces sino que éste trasciende a muchos otros ámbitos. Al carrusel de la paz orquestado por el gobierno de Santos y los cabecillas terroristas en Cuba se subieron los medios de comunicación, políticos que promueven marchas pro-FARC camuflándose como “pro-vida”, personajes del Jet-Set criollo desprestigiando el buen nombre de otros o sencillamente haciéndole propaganda abiertamente a las FARC, las universidades públicas y privadas organizando charlas sobre el “conflicto armado” adoctrinando a cientos de jóvenes sobre la salida negociada, mientras congresistas y hasta el mismo fiscal se convierten en voceros y protectores de los terroristas. Así es como ha logrado avanzar la falsa “paz” en Colombia. ¿Les vamos a creer?

13 de feb. de 2015

¿Por qué tan pasivos?

Por @Ruiz_senior

Los hechos que tienen relación con la "paz" de La Habana son tan graves que es inevitable preguntarse por las causas de la pasividad increíble de los colombianos: parece que nadie se inquieta por el peculado gigantesco del llamado "carrusel de la paz" ni `por el asesinato de tres niños hermanos en el Caquetá ni por los contratos por la bicoca de 114.000 millones que favorecen a la familia Galán. Queda la impresión de que la única condena de los colombianos tuviera que ver con la posibilidad de cada uno de acceder a esas rentas.

Conviene recordar que los beneficiarios del llamado "carrusel de la paz" son personas que se distinguen por favorecer a los terroristas, como Alfredo Molano, un personaje que comparaba a Tirofijo con Bolívar y aplaudía a las FARC por la masacre de 30 soldados en Vigía del Fuerte (en tiempos del Caguán). O Mockus, cuya labor de propagandista del terrorismo ya hemos comentado antes en este blog (1 - 2). Pero Molano ya formaba parte de la comisión histórica nombrada para legitimar a los terroristas, con una remuneración que un colombiano humilde no obtendría en toda una vida de duro trabajo. Se comprueba un medio típico (la universidad es al fin eso mismo) de uso de la violencia: los asesinatos generan miedo y gracias a eso nadie se resiste al peculado sistemático (del que forman parte proezas como el contrato de la Fiscalía con Natalia Springer y muchísimos otros desfalcos semejantes).

Ese aspecto de la paz como plan para el robo en gran escala se manifiesta hace tiempo. El exministro Rudolf Hommes presentó en alguna ocasión un cálculo de lo que habría que gastar para obtener la paz, en el anterior periodo de Santos se aprobó la ley de víctimas, con previsiones de gasto equivalentes a un millón de pesos de entonces por cada colombiano, y la espeluznante Claudia López decía en la pasada campaña electoral que lo que exigía la paz era ante todo tributación (eso mismo dice en sus textos Salomón Kalmanovitz, que encuentra insuficientes los recursos del Estado, para gastar en educación, claro).

Para eso mandan matar y quieren obtenerlo sin una victoria sobre el ejército, al que ahora cooptan a partir del alto mando, pero ése no es el tema de este post.

Uno de los factores decisivos para que se produzca ese milagro del conformismo con una infamia infinita es la relativa prosperidad que alcanzó el país después de los dos gobiernos de Uribe, en parte gracias al aumento de la seguridad y de la eficiencia del aparato estatal, en parte gracias a los precios elevados de las materias primas, que fueron aún mejores durante el primer gobierno de Santos. El despilfarro increíble en recursos para las clientelas y los empleados estatales redujo de por sí el desempleo y favoreció la prosperidad de muchos sectores.

También la presión de la propaganda influye mucho porque una sociedad sin referentes morales ni intelectuales claros termina identificándose con quien le ordenen. Encender la televisión o la radio es encontrarse con la propaganda unánime a favor del gobierno y sus aliados terroristas, con todos los recursos imaginables, como la explotación sistemática de los rostros de la farándula. Pero no hay que confundirse con eso, la propaganda puede engañar sólo hasta cierto punto. El motivo por el que la "paz" tiene tan poca resistencia es la adhesión unánime de las clases poderosas al régimen. Y esa adhesión tiene que ver con la organización jerárquica tradicional del país: las bandas terroristas defienden las rentas de los profesores universitarios y el gasto en las carreras de los estudiantes porque esos grupos privilegiados siempre han dispuesto de todos los recursos sin producir nada. Más que un proyecto "revolucionario", las guerrillas son guardianas del orden social e intentan impedir que de ninguna manera se afiancen las estructuras y valores propios de la democracia liberal. Los universitarios pueden llenarse la boca de anhelos de "justicia social", pero todo el que los conoce sabe que tienen ingresos fabulosos en comparación con los del resto de la población, y lo que "producen" es sólo violencia para favorecer sus intereses.

Las mayorías excluidas seguramente anhelan vivir mejor y hasta una sociedad cabalmente democrática (que es aquella en la que mandan los votos de los ciudadanos y no las imposiciones de minorías organizadas reforzadas por asesinatos y actos de terror), pero lo más frecuente es que cada uno sueñe con integrarse en las clases superiores, para lo cual se ofrece alguna posibilidad siempre y cuando las personas aptas sean capaces de aprobar los exámenes en los que se evalúa su pertenencia al grupo ideológico dominante. Obviamente son poquísimas las personas de "origen humilde" que acceden a rentas comparables a las de gente como Molano, Kalmanovitz, Hommes, Mockus, Springer o Claudia López (los sueldos de los congresistas y el volumen de los contratos de la paz ya dejan claro quién es quién), pero cualquiera que salga "doctor" recibe la adhesión de su familia y se vuelve un activo defensor de ese orden que le provee ventajas, y en la medida de su militancia "revolucionaria" puede tener ingresos muy superiores a los de la mayoría.

Pero además las mayorías excluidas están acostumbradas a la dominación, e implantar la democracia liberal no es como recuperar algo que existió alguna vez: no hay un terreno apropiado para eso, cosa por lo demás común a toda Hispanoamérica (sin excluir a España). Si se hurgara en la conciencia de un colombiano "del pueblo" se encontraría toda la ideología socialista de las FARC, aunque sin el recitativo marxista. El orgullo con que Germán Vargas Lleras habla de las casas gratis es muestra de que ese peculado es imperceptible para todos los colombianos, que no pueden ver que el dinero de esas casas es el que les quitan a ellos por muy diversos medios y que las casas terminarán en manos de los clientes del ministro. Tal vez piensen lo mismo de lo que le pagan a Mockus por una campaña "por la vida" que no es condena a los que han matado a más de doscientos mil colombianos sino legitimación de sus actos; o de lo que obtienen los Galán por contratos consistentes, cuando no en rentas que pueden guardar tranquilamente en sus cuentas corrientes, en la promoción de sus intereses. Y no se debe pensar que ese socialismo "espontáneo" de la población es sólo producto del adoctrinamiento en las escuelas y a través de los medios de comunicación. En realidad, está en la conciencia tradicional, que siempre ha legitimado la envidia y promovido el culto del fracaso.

Lo que determina no obstante la pasividad de la gente, pues a pesar de todo lo anterior hubo resistencia contra el Caguán y rechazo enérgico a las FARC durante los gobiernos de Uribe, es la ausencia de oposición, y más aún la ausencia de respeto a la ley y a los valores democráticos. Cuando Uribe contaba con el apoyo de las mayorías no vaciló en intentar quedarse otro periodo pese a que no quiso alterar el orden impuesto en 1991: ¿qué importa que la Constitución aliente a matar gente para abolirla y admita delitos que restan penas de los demás delitos? Todo lo que importaba era quedarse en los cargos, sin afectar al orden de partidos existente (Cambio Radical y el PSUN son sólo variantes del viejo "liberalismo" por políticos formados en ese "partido") ni crear medios de prensa distinto (estaban felices de llegar a columnistas de los medios del clan de los amos del país). Todos los congresistas elegidos por los partidos uribistas apoyaron a Santos, que cambió totalmente la orientación del gobierno pese a sus promesas.

Y como la sociedad adolece de esa ausencia de "músculo moral", ese golpe de Estado no tuvo rechazo por parte de los perdedores. Óscar Iván Zuluaga hizo toda clase de elogios al gobierno cuando cumplía un año y no porque fuera tan ingenuo sino porque recibía algún tipo de favor de Santos. Lo mismo ocurrió en las elecciones de ese año, en que Uribe hacía campaña con Luis Eduardo Garzón y Armando Benedetti, por no hablar del hijo de Roy Barreras. No pretendía presentarle una oposición a Santos sino demostrar que era él quien ponía los votos, cosa que no resultó cierta, porque la "mermelada" podía más. Ni siquiera hubo el más vago gesto por parte de Uribe y su séquito de denunciar la maquinación del gobierno para hacer elegir a Petro (dispersando el voto de rechazo a los comunistas con candidaturas sospechosamente financiadas).

Respecto a la "paz", la reacción ha sido la misma: entusiasmo de casi todos los líderes del uribismo y "crítica constructiva" por parte de Uribe, juego que sigue hasta la fecha ya que el mecanismo del atraco le resulta muy rentable al gobierno (nadie va a destacarse cono actor minoritario contra el terrorismo porque arriesga la vida, y el conjunto de la sociedad "interioriza" de esa forma el miedo) y la supuesta oposición carece de principios y fines, más allá de las rentas, puestos y negocios de sus jefes.

Luego, los colombianos no reaccionan ante la creciente infamia del gobierno porque carecen de la menor sombra de liderazgo, porque los valores de la democracia liberal son extraños al país y porque las clientelas del terrorismo sólo ven reforzada una dominación que siempre han ejercido. ¿Cambiará eso alguna vez? La tendencia es a la imposición de una tiranía criminal mucho peor que la que ya impera. La resistencia está en clara desventaja y seguirá por mucho tiempo detrás de Uribe y su séquito confuso, muchos de cuyos miembros se muestran encantados de ser senadores y discutir con los terroristas en las tertulias de Semana. La salida para muchos será emigrar, cosa que podría empezar a observarse tal vez este mismo año con la crisis económica y la fuga de las inversiones, a medida que las FARC implantan su régimen.

Los colombianos pagarán carísima su pasividad de estos años. Que nadie crea que por ponerse del lado de Uribe es menos pasivo, no hay día en que el expresidente no muestre su apoyo a la "paz" (con sus propuestas de mejora, claro está). 

10 de feb. de 2015

Víctimas, a pedir perdón

Por Jaime Castro Ramírez

La culpabilidad es la circunstancia que depende de la magnitud de la gravedad de una falta en que se ha incurrido, y por consiguiente genera responsabilidad frente a un comportamiento inadecuado. La culpa no es transferible, es decir que tiene un sentido natural de responsabilidad individual, lo que significa que la autoría de la culpa es única frente a sus consecuencias, y en sentido de lógica es a ese autor a quien le corresponde recurrir a la instancia de pedir perdón para tratar de encontrar la forma de resarcimiento ante la actitud de su conducta.

La heterogeneidad del pensamiento no puede tener condición impositiva que conduzca a que se tengan que aceptar exabruptos conceptuales, los cuales trasciendan los límites de la sensatez aplicable a la pluralidad en las relaciones sociales.

Las Farc quieren imponer que Colombia pida perdón
La acción del comportamiento humano tiene que ser compatible con la exigencia de auto-aceptar reconocer la naturaleza del efecto producido por esa conducta, y más aún si se trata de un efecto nocivo para sus congéneres. Por consiguiente, no tiene absolutamente ninguna relación de causalidad, y menos de razonabilidad para transferir responsabilidad, el hecho de tratar de que ante una falta cometida, otro individuo ajeno al evento tenga que auto-inculparse y asumir la consecuencia del mal causado procediendo obligado a pedir perdón por lo que no es su culpa.

Los peores crímenes contra la humanidad los han cometido las Farc contra los colombianos, y han sometido al país a un atraso económico originado en la violencia que han practicado durante más de cincuenta años, lo cual ha impedido el desarrollo de los grandes medios que la naturaleza dotó a Colombia, le han negado al país la oportunidad de ser potencia económica en Suramérica, y por consiguiente le han negado el derecho a los colombianos a tener un nivel de vida de mejores condiciones.

Ante este oprobioso expediente, aparece el cinismo desbordado que practican las Farc, y entonces deciden plantear en la mesa de negociación de paz que ellos son “víctimas” y no victimarios (el mundo al revés), y en consecuencia, dizque no son ellos quienes deben pedir perdón a los colombianos, sino que le corresponde a Colombia pedir perdón por lo sucedido, o sea que Colombia les debe pedir perdón por las consecuencias de su accionar criminal. Peor absurdo de cinismo no se podría escuchar. Con esta irritante teoría pretenderán ‘justificar’ su impunidad, es decir, que no haya ninguna justicia contra ellos, lo cual implicaría que quedan exentos de decir la verdad, y exentos de la reparación económica a sus víctimas, pues según la dimensión de la propuesta (vergonzosa ante el mundo), lo que ocurriría al final sería el contrasentido del perdón, es decir, que las víctimas (que al final de cuentas somos todos colombianos) les saldremos a deber a los victimarios.

Si el presidente Santos acepta semejante tamaño de perversidad, lo hará pidiendo perdón a nombre propio si es que se considera con algún grado de esa supuesta responsabilidad, pues se trataría de tamaña osadía en la cual es evidente que no representará a los colombianos porque la sociedad colombiana no puede aceptar esa humillación con el nombre de paz, de una ‘supuesta paz’. Humillarse con el pretexto de obtener la paz es un autoengaño que la historia no podrá perdonar porque luego cobrará las consecuencias de esa imperdonable audacia.

5 de feb. de 2015

¡Que continúe la guerra!

Por @Ruiz_senior

Un tuitero se pregunta esto:
La respuesta compromete a la prensa internacional y a la conciencia de las sociedades occidentales, pero sobre todo de la colombiana. La noticia de la atrocidad de los comunistas en Colombia no sale en la prensa europea porque las clases medias que la consumen son mayoritariamente "progresistas" y partidarias de las revoluciones en el Tercer Mundo. Y además por los múltiples intereses que hay en los medios para favorecer el avance de esos terroristas. Para formarse una idea de lo que ello significa, bastaría pensar que el grupo español Prisa posee Caracol Radio y se lucra copiosamente de la financiación del gobierno de Santos. Otros gobiernos, como el venezolano hasta hace poco o el brasileño, disponen de más recursos semejantes para pagar la propaganda en medios europeos.

El sesgo de la prensa internacional es antiguo y remite a un problema de alcance muy amplio: la ideología progresista, izquierdista, socialista, etc. como catalizador de los intereses del gremio periodístico y de las empresas de medios, interesadas en un proveedor de recursos seguro, que sólo puede ser el Estado, así como la hostilidad hacia Estados Unidos en toda Europa e Iberoamérica, ligada a la vanidad y la envidia de las poblaciones que consumen esos medios. Si uno piensa que mientras todo Occidente hervía de odio hacia Pinochet se consumaba el genocidio camboyano (con mil veces más asesinatos) sin el menor reproche en ningún periódico europeo, ya percibe hasta dónde llega esa disposición.

El único remedio imaginable contra eso sería una movilización firme de los colombianos en rechazo a los terroristas que forzara a los europeos a apartarse de sus fantasías transcontinentales, pero eso no ocurre porque por una parte la mayoría de los colombianos comparten esas ilusiones socialistas (mucho más en la medida en que así agradan a los europeos, casi todos los colombianos que emigran se vuelven comunistas y guerrilleros como forma de caer bien en Europa), es decir, comparten la afinidad con la sociedad tradicional y sus jerarquías y castas y tratan de situarse a punta de revueltas en una mejor posición, y por la otra esa sociedad, heredera del orden instaurado por los españoles en los siglos coloniales, aventaja a cualquier resistencia en organización, influencia y recursos.

Voy a comentar una muestra de esa propaganda en el principal periódico español. Su autor es un antiguo rector de la Universidad Nacional y ahora ¡investigador del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México! La tosquedad y bajeza de sus mentiras es un ultraje a los colombianos, pero ¿a qué colombianos? Realmente hay una mayoría que aun sin darse cuenta comparte "ideas" y valores con ese prócer.
El derecho de los colombianos a una paz duradera
Gobierno y guerrilla han entendido que las artimañas no sirven para negociar

MARCO PALACIOS 31 ENE 2015 -
La intoxicación empieza ya en el título, ¿de modo que premiar a los que queman gente viva y cometen miles de atrocidades semejantes es un "derecho de los colombianos"? Esas retóricas no tienen ninguna respuesta, baste ver el servilismo con que todo el mundo corrió a compadecerse del senador Navarro para ver que realmente los colombianos están más de parte de los asesinos que de sus víctimas, ¿o cuántos se solidarizan con las familias de los policías y soldados asesinados para hacerle la carrera al senador Navarro y a otros semejantes? El asesinato en masa por parte de los comunistas es una especie de "higiene": los que mueren son aquellos que no son sus cómplices.
El pasado 16 de noviembre Colombia se conmocionó con la noticia de la misteriosa captura de un general de la república...
Ya no se trata de eufemismos sino de algo más atroz, del afán de legitimar los crímenes terroristas a tal punto que sus secuestros se convierten en "capturas". Pero a esas mentiras sinuosas se añaden otras descaradas:
[...]
Santos no ha modificado la estrategia de eliminar las cúpulas de las FARC, golpeadas como nunca antes.
¿No habrá creído el lector que el ejército y la policía ayudan a salir hacia Cuba a los jefes terroristas?, es lo contrario, Santos los persigue con saña, nunca las habían golpeado tanto. En la frase siguiente se habla de "los insurgentes", que viene a ser como llamar a Alfredo Garavito "el enamorado".
[...]
Pese a los debates en falso alrededor del tema [del cese al fuego bilateral], está claro que las partes han llegado a un punto crucial, dando señales de aliento a un país que, cada vez más, se decanta, aunque con reticencias explicables, por la solución negociada.
¿Cómo es que en Francia no se decantan por la solución negociada con los autores de la matanza de Charlie Hebdo, que en comparación con las FARC resultan casi gente decente? Puede que esa amable opción fuera minoritaria, mientras que en Colombia no lo es.
La negociación con las FARC fue uno de los giros más inesperados y valientes de la política gubernamental. La opinión se impacienta por un proceso interminable y las acciones de guerra ayudan a los enemigos del acuerdo, tal como se vio en la reelección de Santos, verdadero referendo sobre el asunto. El tono de la campaña y los resultados mostraron un país dividido entre quienes apuestan por éxito en La Habana y quienes buscan que fracase y continúe la guerra.
Hay algo de cierto en hablar de "valentía" por parte de Santos, en todo caso mucho más que en los que llaman a eso "cobardía": la desfachatez es arrojo. Se la puede permitir un superior social con sus criados y es lo que hace Santos con quienes lo eligieron. Nuevamente Palacios miente cuando dice que la elección presidencial fue un referendo sobre el asunto, pues en ninguna elección en Colombia hay ningún candidato que se oponga a premiar los asesinatos (que es lo que llaman "solución negociada"). Por mucho que en su propaganda se llame "continuar la guerra" al intento de aplicar la ley y contener a los criminales, la verdad es que ningún político busca eso, y prácticamente a ningún ciudadano le importa que eso ocurra. Las banderías se establecen en relación con líderes que agradan a un público, que los querría como protagonistas de la "paz", pero nadie discute que se deban negociar las leyes con los que queman gente viva.
El expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez juega al papel de padre y salvador de la patria y ya cumple dos décadas aprovechando electoralmente la construcción del enemigo público número uno de los colombianos: los narcoterroristas de las FARC. Con esa cruzada llegó a la presidencia en 2002 donde tuvo la confianza de proscribir del lenguaje público y oficial la expresión “conflicto armado”. Aunque al final de sus ocho años las FARC habían sido reducidas en poder militar y cubrimiento geográfico, no estaban derrotadas y mucho menos aniquiladas, como demuestran elocuentemente las estadísticas oficiales de combates y acciones. Forzadas a replegarse, se reorganizaron y regresaron a los viejos patrones guerrilleros del muerde y corre y están en ese punto exhibiendo una excepcional capacidad organizativa.
Uno de los rasgos de Colombia es la indigencia intelectual generalizada. ¿Cómo puede ser rector un propagandista del crimen organizado tan burdo y ominoso? Según este párrafo, el problema no son los miles de violaciones de niñas, de mutilaciones por minas, de secuestros, de masacres, de extorsiones, de reclutamiento infantil, de tráfico de cocaína y los demás crímenes de los terroristas, sino que Uribe plantee algún rechazo a esos hechos. Es lo que el señor Krauze promueve en México con la apariencia de objetividad y sensatez (tanto Palacios como Héctor Abad Faciolince son autores habitualmente publicados en la revista Letras Libres). Las FARC habían desaparecido prácticamente, pero no estaban derrotadas porque seguían dominando la Universidad Nacional, gracias a rectores como este asesino, además de muchas otras instituciones, no porque fueran una amenaza "militar" de ningún tipo.
Uribe edifica una fortaleza de tergiversaciones y mentiras flagrantes Para entender la alternativa de paz de Santos hay que considerar varios efectos de una política que Uribe (y el mismo Santos, uno de sus ministros de Defensa) potenciaron al máximo: proseguir la confrontación, esto es, una guerra de baja intensidad, sucia, ligada oportunistamente a “la guerra a las drogas” de Washington. Tal línea ha implicado la deshumanización con la sistemática desatención, cuando no cinismo, en el tema de la protección de los derechos humanos; el deterioro de la civilidad y de la conversación pública democrática y tolerante; la caída de los estándares de la moralidad pública frente al enriquecimiento ilícito; la inequidad creciente de la carga fiscal y la militarización del gasto público con el consiguiente rezago de la inversión social.
¿Cuáles son las mentiras de Uribe? El formidable académico sólo reproduce las mentiras de la propaganda. Resulta que si se desaprueba premiar a los asesinos se deterioran los derechos humanos ¡y la conversación pública democrática y tolerante! Ahora ésta ha avanzado mucho con el encarcelamiento de todos los probables rivales de Santos. El enriquecimiento ilícito es tal que Colombia pasó del puesto 78 en el índice de percepción de la corrupción en 2009 al 94 en 2013. La civilidad avanza tanto que cada año son mayores los índices de crímenes cometidos por las bandas terroristas desde que llegó Santos al poder, por mucho que intenten ocultarlo. La desiguadad se redujo entre 2002 y 2010 más de dos puntos y ciertamente la "inversión social" aumentó copiosamente gracias al crecimiento de la economía. La confusión de ese párrafo y las mentiras flagrantes (ahí sí) que incluye dejan ver el afán de construir una mentira monstruosa para favorecer a  los poderosos y ricos empresarios de la muerte.
Como no hay argumentos sensatos contra la política de paz, Uribe edifica una fortaleza de tergiversaciones y mentiras flagrantes; lanza una guerra de imágenes, apela a sentimientos atávicos; fabrica “héroes de la patria” mediante la publicidad de imágenes de cadáveres de policías y soldados destrozados. Acusa al gobierno de someterse a condiciones a todas luces inadmisibles. El problema es que la franja que le sigue aún es enorme.
Insisto, es el nivel: la conveniencia de someterse a los criminales se resuelve a partir de un adjetivo.
Aunque la Corte Constitucional ha declarado la validez jurídica de la actual ley-marco para la paz, el gobierno, atento a una opinión pública recelosa, anunció que el perdón eventual y condicionado a los guerrilleros se extendería a los militares. Esto cuando el estado colombiano empieza a digerir un fallo condenatorio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la retoma y hechos posteriores del Palacio de Justicia en 1985 y la Fiscalía tiene abiertos unos 3.000 expedientes a militares por desapariciones extrajudiciales.
La CIDH no emite fallos y la Corte que sí los emite es nombrada por los herederos de Chávez, el interesado en la justicia de ese fallo puede prestar atención a este video sobre los hechos del Palacio de Justicia.


Acerca de la ecuanimidad de la Fiscalía en sus juicios a militares baste ver al fiscal en este video.


Hoy por hoy la capital cubana sería un gran puerto de arribo del pacto político colombiano La experiencia histórica indica que si se quiere una paz justa y duradera deben modularse razonablemente el perdón. Un dispositivo que ha funcionado bien en muchos lugares que buscan el fin de una guerra interna es la “justicia transicional”. Establece un balance de reparación de las víctimas (material y simbólica), procesos judiciales a los principales responsables, comisiones de la verdad, reformas eventuales del Ejército y la Policía.
El "pacto político colombiano" se llama ABOLICIÓN DE LA DEMOCRACIA, que se rinde ante el poder de las bandas de asesinos y traficantes de drogas que le darán una embajada a Palacios. Esta clase de personajes son los verdaderos empresarios del crimen.
Desde 1984, la negociación con el Gobierno de Betancur con las FARC, ninguna había avanzado tanto como la actual. Alienta comprobar que los negociadores aceleran el paso; al mismo tiempo parecen cesar en sus artimañas tácticas en la mesa o en el juego de escalar la guerra que han empleado para ganar puntos en la mesa; ya comprenden que semejantes maniobras dañan la imagen pública del proceso y lo enredan.
Nunca se había avanzado tanto en premiar el crimen, lo cual con toda certeza hará que se multiplique, el interesado en el tema puede ver este video.
Puede ser que las lecciones del incidente del general, la abogada y el cabo apuntalen el acuerdo. Los colombianos tienen derecho a esperar que pronto, en este año, el Gobierno y las FARC lo firmen y que inmediatamente se pueda sumar el ELN a un proceso global. Los históricos arreglos de Obama y Raúl Castro han hecho que los vientos hemisféricos sean propicios. Hoy por hoy la capital cubana sería un gran puerto de arribo del pacto político colombiano que, conforme a lo pactado, deberá ser refrendado por el pueblo. Tarea nada fácil porque Santos propone referendo popular, las FARC, Asamblea Constituyente y el Fiscal General tercia de última hora diciendo que nada de esto es necesario.
La complicidad de Obama con las grandes mafias de la cocaína es casi abierta, de otro modo se habría interesado por la no extradición de Makled y muchas otras lindezas de Santos.

El acuerdo de La Habana podrá ser refrendado y no tendrá validez, toda vez que se trata de un atraco en el que la población está amenazada en caso de no complacer a los terroristas y a su régimen.

Las víctimas están solas, este hampón publica tranquilamente en un importante diario y nadie le responde, en el supuesto de que alguien en Colombia se haya enterado. ¿No explica eso por qué el militar jordano quemado vivo importe más que los cientos de miles de víctimas de atrocidades de las tropas universitarias?

3 de feb. de 2015

Persecución política

Por Jaime Castro Ramírez

La política en su concepción filosófica es un concepto de contenido integral en cuanto a su ordenamiento estructural, para bien del Estado, de la democracia y de la sociedad, pues así lo exige el mandato primario que tiene su origen en el pueblo que es quien a través del ejercicio del sufragio faculta a los gobernantes para ejercer el poder. Por consiguiente, la verdadera política no admite sesgos que contravengan los exigentes lineamientos de ese mandato del pueblo, y hará responsables ante la historia a quienes por acción u omisión opten por caminos contrarios a la orden recibida de gobernar bajo los cánones de la política decente.

Lo anterior implica que gobernar no es el cumplimiento de la voluntad individual del gobernante siguiendo el ritmo de sus pasiones, y menos aun si se trata de ejercer pasiones políticas, pues esta conducta desvirtúa el sentido de la democracia, y generalmente se usa el poder para cometer excesos en contra de la libertad de expresión, lo cual suele terminar atentando contra las libertades individuales para callar las voces opositoras al régimen.

La oposición política en Colombia
La constitución colombiana ordena el cumplimiento de las garantías políticas para la oposición como órgano legítimo de la democracia que le corresponde la misión es ejercer control político a través del debate de las ideas para construir buenas leyes. Una democracia sin oposición se convierte entonces en un simple unanimismo político donde no existe análisis legislativo serio para el tratamiento de los temas que interesan al país para su desarrollo económico, político y social.

Tal es el caso del bloque político creado mediante auspicio del gobierno Santos y que ha sido denominado como “la unidad nacional”, cuyo objetivo es que todos los proyectos de origen gubernamental que conforman su agenda legislativa sean aprobados sin reparo en el congreso de la república, lo que suele ocurrir recurriendo a lo que comúnmente se conoce como el pupitrazo, y haciendo uso de esa ‘mayoría’ que se olvida de su obligación de ejercer su compromiso con el pueblo utilizando la conciencia filosófico-política, y no desvirtuando la política a través de su ‘labor’ comprometida con los ‘halagos de la mermelada’ oficial. En este escenario lo que hacen el gobierno y la ‘unidad nacional’ no es otra cosa que torcerle el cuello a la política seria que están obligados a cumplir, y por lo tanto incumplirle a la sociedad colombiana, pues como ejemplos se pueden citar los fracasos absolutos en las reformas a la justicia, a la educación y a la salud.

El precio de no respetar a la oposición
La práctica de perseguir a la oposición política es propia de los gobiernos débiles, y son débiles porque optan por proceder a aplicar una conducta de gobierno contraria a sus compromisos con el pueblo que los llevó al poder, para lo cual deciden también proceder con prácticas de características totalitarias que reprimen los principios democráticos y la independencia de poderes, cuya consecuencia conlleva a vulnerar los derechos fundamentales de las personas, y si es necesario se acude al ‘argumento’ maquiavélico de la razón de Estado.

En Colombia se observa actualmente una desafortunada actitud oficial de rechazo al derecho a ejercer la oposición política, o llámese persecución a la oposición, pues esta es la forma de que funcione el modelo de unanimismo político emprendido por el gobierno, y se acude entonces a la cooperación del poder judicial para encausar y encarcelar a miembros importantes de la oposición a través de un medio malévolo que consiste en darle plena credibilidad a falsos testimonios de bandidos, que acuden a esa modalidad para obtener los beneficios consagrados en el muy discutible ‘principio de oportunidad’ que les concede la rebaja de penas. Se podría decir que se trataría del funcionamiento ‘legal’ de lo que se llamó el ‘cartel de testigos falsos’.

La democracia colombiana exige que se respete el derecho constitucional a las garantías políticas para que la oposición pueda ejercer su misión del control político al gobierno.

28 de ene. de 2015

Socialismo y miseria

Por @Ruiz_senior

Hace algunas décadas, en una conversación de bar, se me ocurrió decir que en realidad la economía es una cuestión bastante simple. No tardó alguien en contestarme con desdén. Y tenía razón, pues es innegable que en sí la ciencia económica es compleja, como cualquier materia de estudio. Pero en el sentido en que yo lo decía también tenía razón y sigo pensando igual. ¿Alguien conoce algún país pobre en el que la gente sea a lo largo de varias generaciones aplicada, puntual, recta y respetuosa? Creo que ni siquiera se concibe. Lo que sí se concibe, y eso ya me resulta muy curioso, es que la gente es así porque es rica.

En realidad, estoy seguro de que esas opiniones son la verdadera causa del atraso, la idea de que la gente respeta la ley porque tiene educación es falsa y absurda, pero es muy útil para crear cupos en la universidad, que son sólo un pretexto para parasitar a los demás. Eso es lo que hacen los ciudadanos acomodados de los países miserables. Y ese parasitismo es la causa de la miseria general: en todo el siglo XIX hubo en Estados Unidos menos egresados de universidades que en Colombia ejerciendo ahora, y eso no influye en absoluto ya no en las patentes sino siquiera en la producción industrial del país (casi nula). La educación sólo sirve para formar personas que defienden la educación pública y pueden educar a otras.

La semana pasada comenté un texto de Mario Vargas Llosa en el que contradice la proclama angustiada del profesor Samuel Huntington sobre la amenaza de mexicanización de algunos estados de la unión americana. Los inmigrantes no llegan a integrarse en el viejo país sino que son colonos que implantan su cultura despreciando por completo al país que los acoge. Al pensar en eso me acordé de algo que hace muchísimo tiempo me llama la atención: un colombiano que viva fuera mucho tiempo siempre descubre que los colombianos recién llegados tienen toda clase de "soluciones" para los problemas de los países ricos y avanzados a los que llegan. Siempre quisieran orientarlos. Pero hay otra cosa, que ya no sólo ocurre con los colombianos sino con todos los hispanoamericanos y también con los españoles, y es la pasión por el sindicalismo y la protesta. Siempre encuentran formas de asociarse para reclamar "derechos" y manifestarse, incluso antes de llegar al país, en el que aprovechan todas las ventajas de su estado de bienestar evitando trabajar. Siempre son partidarios de los rebeldes del país que intentan cambiarlo.

Luego, es imposible no volver a la cuestión de la simplicidad de la riqueza, la justicia y el orden en las sociedades: allí donde se respeta la verdad y el esfuerzo de cada uno, se prospera; allí donde reinan la rapiña y el engaño, la miseria es inevitable. Nadie espera obtener bienestar aprovechando sus ventajas y las oportunidades que se le ofrecen, sino que, cual mendigo, cree que los demás deben dárselo. Pero "los demás" no tienen ganas de darle nada a nadie y hace falta el agente justiciero que provee a unos y despoja a otros, o que reparte las riquezas que no proceden del trabajo entre la masa que lo sostiene en el poder.

En otras palabras, la causa del atraso y la miseria es el servilismo, no al revés. La rebeldía es el mismo servilismo pero activo en la tarea de despojo, el cual se encubre con la falacia cómica de los "derechos", que de hacerse realidad disuadirían de trabajar. ¿Para qué va a esforzarse nadie para pagar su vivienda si sólo tiene que ir y pedirla? La experiencia del comunismo debería bastar para que todo el mundo rechazara esa propaganda, pero en las sociedades ideológicamente colectivistas, hechas a la dominación y a la mentira, siempre pueden formarse mayorías de personas serviles que arrastran a los países a la miseria, como ocurrió en Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia, y ahora en Grecia y probablemente en España. A eso contribuye la educación, que no sirve para que la gente conozca la historia sino para impedirle conocerla, debido a la imposición interesada de la ideología estatista o de las variantes de esa ideología que más tienen prosélitos en el gremio docente, muy afín al comunismo en los países católicos, más cuanto más primitivos sean.

El bienestar futuro de las sociedades hispánicas depende ante todo de la conciencia que se tenga de eso, pero siendo algo simple y fácil también es imposible de cambiar: muchos países hispanoamericanos han estado entre los más ricos del mundo en diversas ocasiones. El sabio alemán Alexander von Humboldt se quedó maravillado de la belleza y armonía de las ciudades españolas en América. Argentina era a principios del siglo XX un destino de emigración tan apetecido o más que Estados Unidos. Cuba tenía en 1959 el doble de renta per cápita que Italia, y la de Venezuela en los años setenta era de más de un 75% de la de Estados Unidos. Siempre llega la masa de serviles y despoja a los productivos. Ahora le toca el turno a España, pronto a Chile, donde ya se detectan signos de estancamiento y de abuso por parte del gobierno.

Desde hace muchas décadas se discute acerca de si Hitler y Mussolini eran socialistas, cosa que trastorna las percepciones de los que creen en la izquierda y la derecha. Como la ideología cuenta, como la religión, con la adhesión acrítica de su público, "socialista" e "izquierdista" se traducen en "bueno", por lo que los nazis y fascistas, muy malos, se definen como "extrema derecha" (lo cual parece una tautología). ¿Cómo es que ambos procedían de partidos socialistas? Es que "socialista" no es "bueno". Conviene prestar atención al diccionario:
Socialismo: 1. m. Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes.
Socialista es "partidario del predominio del Estado", cosa que ya se discutía en el siglo XIX sin que las simplificaciones ideológicas nublaran la visión. El socialismo de Hitler y Mussolini prefería buscar abiertamente las pretensiones imperiales y no obedecer a los soviéticos, pero era en esencia el mismo bando de los serviles saqueando para acceder a bienes que no habían producido y en conflicto continuo con otros grupos.

Esa hipertrofia del Estado es la manifestación de la hegemonía ideológica del servilismo y la forma en que se genera la miseria en las naciones. Los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos y en otros países ricos llevan su ideología socialista y arrastran hacia abajo a esos países, cosa que se pone de manifiesto con la presidencia de Obama, elegido por mayorías ansiosas de beneficios pagados por el Estado.