28 de ene. de 2015

Socialismo y miseria

Por @Ruiz_senior

Hace algunas décadas, en una conversación de bar, se me ocurrió decir que en realidad la economía es una cuestión bastante simple. No tardó alguien en contestarme con desdén. Y tenía razón, pues es innegable que en sí la ciencia económica es compleja, como cualquier materia de estudio. Pero en el sentido en que yo lo decía también tenía razón y sigo pensando igual. ¿Alguien conoce algún país pobre en el que la gente sea a lo largo de varias generaciones aplicada, puntual, recta y respetuosa? Creo que ni siquiera se concibe. Lo que sí se concibe, y eso ya me resulta muy curioso, es que la gente es así porque es rica.

En realidad, estoy seguro de que esas opiniones son la verdadera causa del atraso, la idea de que la gente respeta la ley porque tiene educación es falsa y absurda, pero es muy útil para crear cupos en la universidad, que son sólo un pretexto para parasitar a los demás. Eso es lo que hacen los ciudadanos acomodados de los países miserables. Y ese parasitismo es la causa de la miseria general: en todo el siglo XIX hubo en Estados Unidos menos egresados de universidades que en Colombia ejerciendo ahora, y eso no influye en absoluto ya no en las patentes sino siquiera en la producción industrial del país (casi nula). La educación sólo sirve para formar personas que defienden la educación pública y pueden educar a otras.

La semana pasada comenté un texto de Mario Vargas Llosa en el que contradice la proclama angustiada del profesor Samuel Huntington sobre la amenaza de mexicanización de algunos estados de la unión americana. Los inmigrantes no llegan a integrarse en el viejo país sino que son colonos que implantan su cultura despreciando por completo al país que los acoge. Al pensar en eso me acordé de algo que hace muchísimo tiempo me llama la atención: un colombiano que viva fuera mucho tiempo siempre descubre que los colombianos recién llegados tienen toda clase de "soluciones" para los problemas de los países ricos y avanzados a los que llegan. Siempre quisieran orientarlos. Pero hay otra cosa, que ya no sólo ocurre con los colombianos sino con todos los hispanoamericanos y también con los españoles, y es la pasión por el sindicalismo y la protesta. Siempre encuentran formas de asociarse para reclamar "derechos" y manifestarse, incluso antes de llegar al país, en el que aprovechan todas las ventajas de su estado de bienestar evitando trabajar. Siempre son partidarios de los rebeldes del país que intentan cambiarlo.

Luego, es imposible no volver a la cuestión de la simplicidad de la riqueza, la justicia y el orden en las sociedades: allí donde se respeta la verdad y el esfuerzo de cada uno, se prospera; allí donde reinan la rapiña y el engaño, la miseria es inevitable. Nadie espera obtener bienestar aprovechando sus ventajas y las oportunidades que se le ofrecen, sino que, cual mendigo, cree que los demás deben dárselo. Pero "los demás" no tienen ganas de darle nada a nadie y hace falta el agente justiciero que provee a unos y despoja a otros, o que reparte las riquezas que no proceden del trabajo entre la masa que lo sostiene en el poder.

En otras palabras, la causa del atraso y la miseria es el servilismo, no al revés. La rebeldía es el mismo servilismo pero activo en la tarea de despojo, el cual se encubre con la falacia cómica de los "derechos", que de hacerse realidad disuadirían de trabajar. ¿Para qué va a esforzarse nadie para pagar su vivienda si sólo tiene que ir y pedirla? La experiencia del comunismo debería bastar para que todo el mundo rechazara esa propaganda, pero en las sociedades ideológicamente colectivistas, hechas a la dominación y a la mentira, siempre pueden formarse mayorías de personas serviles que arrastran a los países a la miseria, como ocurrió en Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia, y ahora en Grecia y probablemente en España. A eso contribuye la educación, que no sirve para que la gente conozca la historia sino para impedirle conocerla, debido a la imposición interesada de la ideología estatista o de las variantes de esa ideología que más tienen prosélitos en el gremio docente, muy afín al comunismo en los países católicos, más cuanto más primitivos sean.

El bienestar futuro de las sociedades hispánicas depende ante todo de la conciencia que se tenga de eso, pero siendo algo simple y fácil también es imposible de cambiar: muchos países hispanoamericanos han estado entre los más ricos del mundo en diversas ocasiones. El sabio alemán Alexander von Humboldt se quedó maravillado de la belleza y armonía de las ciudades españolas en América. Argentina era a principios del siglo XX un destino de emigración tan apetecido o más que Estados Unidos. Cuba tenía en 1959 el doble de renta per cápita que Italia, y la de Venezuela en los años setenta era de más de un 75% de la de Estados Unidos. Siempre llega la masa de serviles y despoja a los productivos. Ahora le toca el turno a España, pronto a Chile, donde ya se detectan signos de estancamiento y de abuso por parte del gobierno.

Desde hace muchas décadas se discute acerca de si Hitler y Mussolini eran socialistas, cosa que trastorna las percepciones de los que creen en la izquierda y la derecha. Como la ideología cuenta, como la religión, con la adhesión acrítica de su público, "socialista" e "izquierdista" se traducen en "bueno", por lo que los nazis y fascistas, muy malos, se definen como "extrema derecha" (lo cual parece una tautología). ¿Cómo es que ambos procedían de partidos socialistas? Es que "socialista" no es "bueno". Conviene prestar atención al diccionario:
Socialismo: 1. m. Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes.
Socialista es "partidario del predominio del Estado", cosa que ya se discutía en el siglo XIX sin que las simplificaciones ideológicas nublaran la visión. El socialismo de Hitler y Mussolini prefería buscar abiertamente las pretensiones imperiales y no obedecer a los soviéticos, pero era en esencia el mismo bando de los serviles saqueando para acceder a bienes que no habían producido y en conflicto continuo con otros grupos.

Esa hipertrofia del Estado es la manifestación de la hegemonía ideológica del servilismo y la forma en que se genera la miseria en las naciones. Los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos y en otros países ricos llevan su ideología socialista y arrastran hacia abajo a esos países, cosa que se pone de manifiesto con la presidencia de Obama, elegido por mayorías ansiosas de beneficios pagados por el Estado.

27 de ene. de 2015

Intentar bajarse del bus

Por Jaime Castro Ramírez

El talante de las personas deja conocer la identidad de su criterio. Por principio de lógica no es posible la coexistencia del ser y no ser al mismo tiempo, sin embargo, existen mentalidades que deambulan por el sendero de lo que se podría llamar ‘la negación del compromiso’, es decir, que manejan una conducta profana en cuanto no respetan la seriedad de la palabra, y lo prometido se convierte en un comportamiento débil de personalidad, pues consideran válido el hecho coexistente de decir sí, y luego no, a un mismo evento de responsabilidad. Lo grave de esta clase de conductas es la premeditación en el uso de espejismos de engaño público para lograr obtener beneficios de interés personal, pero acto seguido se acude a la retractación para desmontarse de la responsabilidad del cumplimiento del compromiso. La palabra se convierte entonces en simple actitud retórica sin ningún valor, lo cual debe condenar a su autor a la consecuente pérdida pública de confianza y credibilidad.

Promesa de referendo para validar acuerdos de negociación de paz
Los colombianos fueron advertidos por el presidente Santos en promesa solemne de campaña electoral para su reelección de que los acuerdos de negociación de paz que él firmara con las Farc, serían validados por el pueblo mediante convocatoria a las urnas a través del mecanismo legal y constitucional de un referendo.

En los días anteriores a las elecciones presidenciales del 2014, era voz populi la versión sobre presuntos contactos frecuentes del presidente Santos con el fiscal general de la nación Eduardo Montealegre, pues incluso éste último, en actuación ilegal como fiscal, se convirtió en una especie de activista político en los medios de comunicación a favor de la campaña reeleccionista de Santos; pero además, pocos días antes de las elecciones el fiscal armó todas las características propias de una fábula de amplia ficción sobre un supuesto hacker que dizque chuzaba comunicaciones de los negociadores del proceso de paz, allanó la oficina donde este señor trabajaba y de inmediato lanzó tal acusación, y logró el efecto que buscaban que desde luego era causarle daño al éxito de la campaña contraria, y a su candidato, quien había ganado las elecciones de la primera vuelta presidencial.

Hay que agregar que el denominado ‘hacker’ es un individuo que fue contratado en la campaña del candidato Zuluaga para prestar servicios de comunicaciones, y fue contratado por su antecedente en la hoja de vida de haber trabajado en la anterior campaña de Juan Manuel Santos. Lo que se observa entonces es que armaron una paradoja en el sentido de que tal individuo era bueno cuando trabajó en la campaña de Santos, pero supuestamente era un bandido cuando trabajó en la campaña de Zuluaga…

La campaña del fiscal parece continuar después de las elecciones, pues ahora salió con la tesis de que para validar los acuerdos que Santos firme con las Farc como resultado de la negociación de paz, no se requiere el referendo. Para el pueblo colombiano esta versión del fiscal es muy desafortunada porque va en contravía de lo que fue una promesa presidencial en campaña electoral.

Sin embargo, las dudas trascienden los límites de la mera versión del fiscal en la medida que de ella se pueden desprender otros nexos que desarrollen una labor conjunta en favor de darle cuerpo al tema y poder posibilitarlo.

En el ambiente popular se rumora que conociendo la tendencia de Santos a incumplir promesas hechas al pueblo, se puede tratar de un juego de palabras para ir ambientando el camino que conlleve a desistir del cumplimiento de la promesa. Ya se escuchan voces de políticos de la ‘unidad nacional’ admitiendo lo que dice el fiscal, y que por lo tanto apoyan la idea de prescindir del referendo. El señor Humberto De La Calle sale a decir que el referendo es promesa del presidente, tal vez para dar la sensación de cierto equilibrio en el manejo de la situación, y con ello evitar la reacción popular ante el posible engaño.

Atando cabos, como se diría en el argot popular, de este asunto se desprende la duda de que pareciera un plan previamente convenido para lanzamiento de la especie a través de alfiles adeptos al régimen, de tal manera que, en el momento adecuado el presidente Santos pueda pasar por el medio ‘apoyándose’ en la opinión política ‘mayoritaria’ para decir que con su sola firma de los acuerdos es suficiente (aunque legalmente puede serlo), pero pasaría por encima del compromiso adquirido con el pueblo colombiano.

Lo complicado es que el pueblo no tenga opción de pronunciarse respecto a las concesiones que Santos le aprobará a las Farc, y que en consecuencia tengamos que aceptar a ojo cerrado lo que se rumora como eventual entrega del país por razón de la magnitud de lo que pueda ser la trascendencia de tales concesiones para la vida política, económica, e institucional del país.

22 de ene. de 2015

Vargas Llosa contra Huntington

Por @Ruiz_senior

La "paz" en Colombia no sólo cuenta con la sumisión e indiferencia de la mayoría de los colombianos sino con el respaldo casi (?) unánime de la prensa internacional, de lo que es muestra este repugnante editorial del diario monárquico-católico ABC de Madrid.

El apoyo que al respecto han manifestado intelectuales muy influyentes como Fernando Savater, Enrique Krauze o Mario Vargas Llosa es otro elemento que favorece ese crimen monstruoso de premio y aliento al genocidio (que cada vez será peor, como se viene demostrando desde que Santos optó por hacer lo contrario de lo que prometía en su campaña). En el caso de Savater es evidente la frivolidad con que habla de algo que no entiende en absoluto por creer ingenuamente que Santos es algo distinto de las FARC. Pero Vargas Llosa y Krauze tienen otras motivaciones ideológicas que conviene comentar.

Me llamó la atención la discusión que planteó hace una década el Nobel peruano a partir de un escrito del profesor Samuel Huntington sobre la idea de un "choque de civilizaciones" en el actual territorio estadounidense a partir de la emigración masiva y concentrada de ciudadanos mexicanos que no se funden en la cultura estadounidense sino que mantienen su lengua, sus costumbres y sus valores y podrían llegar a ser mayoría en determinados estados y a romper la cohesión de la república.

El argumento central del texto de Vargas Llosa se resume en estas frases:
"¿Seguirá siendo Estados Unidos un país con un solo idioma y una cultura de cuño anglo-protestante?" Si sus compatriotas ignorasen este asunto, estarían resignándose a que su país se transforme en dos pueblos con dos culturas (anglo e hispánica) y dos lenguas (inglés y español.) No hay duda de que esta perspectiva pone los pelos de punta al distinguido profesor de Harvard y a buen número de sus compatriotas. Yo, en cambio, creo que sería una bendición para Estados Unidos que aquello ocurra, porque sólo esa transformación le permitiría seguir manteniendo su poderío económico y su liderazgo en la era de la globalización en la que, poco a poco, los países van perdiendo su constitución homogénea (los pocos que la tenían) y convirtiéndose en pequeños microcosmos.
Es una idea muy llamativa y que sin duda es mayoritaria en toda Hispanoamérica: la desaparición de Estados Unidos y su conversión en otra república hispánica como las del resto del continente son necesidades internas del país y una bendición para todos.

Llama mucho la atención la idea de que el poder económico y el liderazgo de Estados Unidos dependen de su hispanización y su pérdida de cohesión cultural. No me enteré si alguien le respondió a Vargas Llosa, pero pese a la popularidad de semejante lindeza en nuestros países, mucho me temo que Huntington y sus amigos se habrán reído de semejante ocurrencia. Ya ese peso de las personas de ideología hispana en la sociedad estadounidense está detrás de la doble elección de Obama (al que previsiblemente Vargas Llosa apoyó y apoya), cuya complacencia con Santos y el chavismo corresponde a esas inclinaciones de su público.

Es difícil esperar la menor comprensión al problema entre la población hispanoamericana, que desde la misma fundación de las colonias británicas en Norteamérica las ha visto como enemigas. Con una desfachatez hispánica, Vargas Llosa falsea a Huntington, que en ningún momento habla de volver a ninguna forma de sociedad del pasado sino precisamente de la capacidad de asimilación que tuvo la cultura angloprotestante de los orígenes para integrar a individuos de orígenes diversos que renunciaban aunque fuera de forma tácita o inconsciente a sus tradiciones nacionales.

Luego, la cuestión de la probable desaparición de la entidad cultural estadounidense se reduce al retorno a la esclavitud y a una sociedad puritana cerrada que sólo existe en la imaginación de Vargas Llosa y su público. Todo a partir de la dulce suposición de que todos los países son hoy "microcosmos" en que está representado todo el mundo.
De lo contrario, si, volcando en ello todos sus recursos, se empeñara en cancelar esa apertura que ha sido su mejor instrumento de modernización a lo largo de su historia, para ensimismarse resucitando la tradicional sociedad anglo-protestante de sus orígenes (de la que estaban excluidos los indios y los negros) Estados Unidos sería un país muy integrado en el papel, pero anacrónico, empobrecido y arrasado por un sistema tan discriminatorio y racista como el del desaparecido apartheid sudafricano.
A ese nivel de tosquedad llega el hombre. ¿Cómo habría de volcar en ello todos sus recursos? ¿No dice Vargas Llosa en ese párrafo que de no convertirse en un país bilingüe que prescinde de su tradición, Estados Unidos se volverá una sociedad cerrada y opresiva? ¿De dónde saca eso? La inferencia lógica es que los inmigrantes mexicanos SALVAN a Estados Unidos de sí mismos, ¡en la medida en que destierran el inglés de diversos territorios y crean una sociedad bilingüe! Fascinante. Pero insisto, ¿de dónde saca que para mantener la cohesión respecto de sus señas de identidad EE. UU. debería volcar todos sus recursos en ello? Es una maña del medio intelectual hispano. La modernización consistía en la expansión de un país que asimilaba a irlandeses, alemanes, polacos y escandinavos hasta hacerlos olvidarse de sus lenguas, sus costumbres y hasta sus lealtades nacionales en favor de la lengua inglesa y el orden social emanado de la fundación protestante del país (la religión tiene un sentido social y étnico sobre el que valdría la pena profundizar, la sociedad estadounidense puede provenir de pueblos antiguos que no se sentían cómodos en la Inglaterra del siglo XVII). Vargas Llosa lo convierte en lo contrario: ¡en la pérdida de esos referentes!

Como siempre, parafraseando a Borges, "para creer en su inteligencia tenemos que dudar de su honestidad". Hay que prestar atención al aire "progre" de todo el escrito, en el que no faltan las mentiras burdas y la moralina más grotesca. Uno se siente leyendo a William Ospina. (Continúa el párrafo anterior.)
Sin embargo, tengo la certeza de que esta tragedia no ocurrirá 
Claro que esa tragedia no ocurrirá porque esa tragedia corresponde a algo que Vargas Llosa se inventó para falsear totalmente a Huntington, que plantea la asimilación de los inmigrantes según el molde del viejo "crisol" y la dispersión por el territorio y no la exclusión de nadie.
y que, por el contrario, esos cuarenta millones de hispanics que hoy forman parte de la sociedad norteamericana contribuirán cada vez más con su creatividad y su diligencia a aumentar la riqueza, las oportunidades de empleo y la diversidad cultural de su patria de adopción, 
Cosa que no está en discusión ni tiene que ver con lo que dice Huntington: lo que sale de las afirmaciones de Vargas Llosa es que el futuro y prosperidad de Estados Unidos dependen de las virtudes de los hispanos, y como el tema es el de su no asimilación, se cae en el viejo sueño de destruir esa cultura diferente para crear otro país hispánico: en la medida en que no se asimilen, no aprendan inglés, no adopten la ética protestante ni el respeto al imperio de la ley, contribuirán a la prosperidad del país.
de la que son ya una parte tan consubstancial como los inmigrantes irlandeses, coreanos, polacos, chinos y vietnamitas, o los aborígenes y los negros a los que el profesor Huntington segrega alegremente de la "identidad" primigenia de Estados Unidos.
Los inmigrantes coreanos, etc. no plantean la dispersión lingüística ni la hegemonía en territorios extensos y contiguos a su país, que es de lo que habla Huntington. De que los hispanos sean una parte consustancial de la sociedad estadounidense y de que sean eso, estadounidenses que asumen los valores de la tradición del país de acogida y no colonos que lo convierten en otra cosa es de lo que trata el ensayo del profesor estadounidense. Con un encanto más bien cómico, Vargas Llosa convierte una cosa en lo contrario.

Más grotesco es el "buenismo" de protestar porque se excluya a los aborígenes y negros de la identidad primigenia de Estados Unidos. ¿Cómo iban a estar incluidos? Porque somos buenas personas y no queremos hacer nada contra ellos, que ya tienen bastante desgracia con esas narizotas y ese color de piel. Una cosa es que los descendientes de los aborígenes deban tener derechos y el máximo respeto por sus tradiciones, y otra que sean parte de la identidad primigenia de la nación estadounidense, que precisamente se formó excluyéndolos y despojándolos de las tierras en que cazaban. Y lo mismo respecto de los negros, que en una parte del país eran esclavos sin derechos. Precisamente el hecho decisivo de la historia estadounidense, más que la misma independencia, fue la Guerra Civil, en que se impidió la división del país en dos y triunfaron los que querían abolir la esclavitud. Dado que no se puede acusar de racismo a Huntington, que no menciona a los negros porque los considera parte de la sociedad en la medida en que se asimilan a la lengua y los valores hegemónicos, Vargas Llosa encuentra la ridiculez de que deba incluírselos en la identidad primigenia del país. Dentro de poco serán culpables de la esclavitud.

En una época yo discutía con jóvenes doctores colombianos que me conmovían por la ligereza con que encontraban una explicación del desarrollo en la correcta financiación de titulaciones universitarias, desconociendo las tradiciones culturales de las sociedades. Un poco de ese nivel es Vargas Llosa. La forma en que explica el diferente desarrollo de Estados Unidos respecto de sus vecinos del sur es la "libertad" , noción que se explica a partir de las instituciones realmente existentes en Estados Unidos, al parecer surgidas de la buena voluntad y sin necesidad de relación con sus raíces. (Léanlo, el comentario pormenorizado haría insoportablemente largo este post.)

Los lugares comunes más socorridos bastarían para refutar a Vargas Llosa, como la conocida frase de Max Weber sobre la relación entre la ética protestante y el desarrollo del capitalismo. Ya en 1830 Alexis de Tocqueville advertía sobre el error de explicarse la prosperidad estadounidense por la disponibilidad de riquezas (era mucho antes de la fiebre del oro en California). Se preguntaba por qué todas las repúblicas hispánicas eran miserables. Y ciertamente no encontraba la explicación en la libertad, el espíritu necesitaba unas cuantas décadas para llegar a Vargas Llosa.

Respecto de las tradiciones de las sociedades, José Ortega y Gasset decía que el salvajismo y la barbarie correspondían a la infancia y la adolescencia de las personas, y que en ellas encontraríamos todos las raíces de nuestro ser. Lo que Vargas Llosa propone es que Estados Unidos renuncie a ello y acoja como una bendición su desaparición como nación cohesionada en aras de la prosperidad que Vargas Llosa le promete cuanto más acepte que su población inmigrante siga como sin salir de México. Sin la aculturación de los inmigrantes Estados Unidos no podría haber hecho la guerra con Alemania, dado el alto volumen de emigración de ese país apenas dos generaciones antes.

El día en que Estados Unidos sea otra república hispanoamericana, sus aportes a la ciencia serán como los de las demás. Cero. La pretensión de Vargas Llosa de que todos los problemas vienen del nacionalismo es otro chiste.

20 de ene. de 2015

Las FARC y el cese al fuego bilateral

Por Jaime Castro Ramírez

Los intereses propios suelen ser un grande motivo que inquieta la tranquilidad de muchos cuando se observa que las perspectivas no son favorables a sus pretensiones, de cualquier índole que estas sean. Las intenciones de obtener su cometido se hacen entonces muy fuertes, y generalmente se acude a utilizar los medios que sean necesarios para lograr sus fines. En este escenario, lo discutible es la legitimidad de los medios utilizados, pues eventualmente intereses particulares pueden afectar intereses comunes.

La realidad del cese al fuego bilateral
Las Farc tienen razón en exigirle al presidente Santos que autorice el tan mencionado cese al fuego bilateral, y tienen razón por varios motivos:

1. Para que sus miembros que están en Colombia puedan realizar sus movimientos (narcotráfico, extorsión, armas, ocupación de territorios, etc.) sin que la fuerza pública los presione.

2. Para que la demora en la firma del acuerdo de paz no desmoralice a la tropa que opera en la selva colombiana cumpliendo las ‘actividades’ ordenadas por los jefes que están dándose excelente nivel de vida en Cuba.

3. Una preocupación mayor para las Farc es la cada vez peor situación de crisis política y económica en Venezuela, pues ese gobierno, que ha sido su protector, puede naufragar en medio de la ferocidad de la tormenta que dicho régimen creó, y entonces las Farc podrían perder los privilegios de domicilio y fraternidad que el gobierno chavista les ha concedido en ese país, y en consecuencia se verían obligados a regresar a territorio colombiano.

Cualquiera de las anteriores razones hacen que el tema del cese al fuego bilateral sea esencial para las Farc por cuanto necesitan la inactividad del ejército de la república. Sin embargo, la lógica y la prudencia política dirían que el momento para decretar dicha medida no puede ser antes de la firma del acuerdo definitivo de paz (incluida la desmovilización), pues hacerlo antes, el país pierde.

Aspectos adicionales a tener en cuenta
Es importante considerar el hecho de que en Colombia la inseguridad no solo proviene de las Farc, también existen, el ELN, las llamadas bandas criminales, la delincuencia común; luego, el cese al fuego bilateral dejaría en libertad de acción a todos estos grupos para hacerle mucho daño al país, por lo tanto, se trata de un análisis profundo que el gobierno debe hacer sobre la viabilidad o no de conceder respuesta positiva a la propuesta de las Farc. La circunstancia de la diversidad de inseguridad en el territorio nacional aconsejaría la inconveniencia de la medida, incluso después de firmar el acuerdo de paz con las Farc.

Además, el cese al fuego bilateral conllevaría una clara desventaja para los intereses del país, pues mientras el ejército nacional se concentraría en los cuarteles, las Farc no tendrían verificación sobre el cese de actividades criminales. En estas condiciones significaría una medida equivalente al cese unilateral de hostilidades por parte de la fuerza pública.

Es evidente la premisa de que la paz, para que sea verdadera paz, debe tener condiciones esenciales exigidas por el Estado, y no el Estado aceptando incondicionalmente todas las exigencias de sus interlocutores farianos. En consecuencia, le corresponde al presidente de la república asumir la responsabilidad sobre la defensa de los intereses nacionales.

15 de ene. de 2015

La última maquinación del crimen organizado

Por @Ruiz_senior

Desde que Santos llegó al poder, la historia de Colombia es sólo el continuo avance del proyecto que seguramente su hermano mayor tenía acordado con los jerarcas cubanos desde mucho antes: la instauración completa de un régimen como los de Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia con el pretexto de la "paz" con las FARC.

Con ese fin se han combinado las intrigas y purgas dentro del Estado con la persecución judicial de cualquiera que pudiera liderar alguna resistencia y sobre todo con la intensa labor de propaganda que continuamente impresiona por los medios que llega a desplegar, desde las portadas de Time hasta los artículos sesgados de The Economist, pasando por los publirreportajes repulsivos en la prensa española, por la campaña #SoyCapaz y por muchísimas maquinaciones semejantes. Los montajes calumniosos de los medios pagados con dinero público forman parte de esa misma tarea.

La "tregua unilateral" de las FARC es la consumación de ese camino. Los militares y policías se han convertido en los protectores de los terroristas, que se propagan por todo el país, como ya hicieron en tiempos de Betancur gracias a la benevolencia del gobierno, con la garantía de que no serán atacados porque cualquiera que intentara aplicar la ley tendría castigos del alto mando y muy probablemente persecución judicial, cosa que tampoco haría falta porque sin planes de ataque sencillamente cualquier grupo militar o policial está en desventaja si se llega a encontrar con los terroristas.

Santos va ahora más lejos y manda a sus "negociadores" a acordar un cese bilateral, lo cual es la completa rendición del Estado ante los criminales pues, ¿acaso eran bandos equivalentes? ¿Acaso es lo mismo secuestrar gente que protegerla del secuestro? ¿Qué harán desde el poder los jefes terroristas sino oprimir y perseguir a quienes les incomodaron tal como hizo la manguala del 91 con los que aplicaron las leyes contra el M-19?

La forma en que los terroristas tomaron el poder es singular pero describe a la perfección al país: el gobierno anterior llegó a tener un apoyo mayoritario y pudo convocar una Constituyente para cambiar el engendro del 91, pero no le interesó. Y también pudo crear un partido coherente que se opusiera a los que durante esos ocho años obraron como socios de los terroristas, y nada de eso le pareció digno de emprenderse. Con tan grandes recursos y popularidad, también pudo crear una prensa diferente pero pareció mejor aliarse con la existente, todo con tal de continuar ocupando los puestos de mando, de lo que llegó a ser paradigma la delirante opción de un tercer periodo de Uribe, que habría legitimado a los terroristas y a sus aliados pero que sobre todo requería aprobación de una Corte Constitucional cuyo presidente llegó a ser candidato del Partido Comunista en 2006. En la transición hacia la paz que fue el primer gobierno de Santos el expresidente rehuyó a toda costa el papel de "obstáculo para la paz" y la apoyó con pretextos falaces para "mejorarla".
Continuando con la monstruosidad del gobierno de establecer una simetría entre las FARC y cualquiera que se les oponga, y sin duda planeada por los mismos estrategos cubanos que dirigen tanto el gobierno de Santos como a la banda asesina y las "negociaciones", dentro del capítulo de propaganda, aparece ahora la iniciativa de Mockus, en la que el personaje da rienda suelta a su perversidad y descaro. Cuando invita a Uribe y a Cepeda a marchar por la paz está equiparando a un político popular con un jefe terrorista que pertenece al Partido Comunista, que es a las FARC lo que el NSDAP a las SS, y que aparece como socio de la banda asesina en los PC de alias Raúl Reyes. Eso entre muchas otras pruebas de su relación con las FARC.

Insisto: la mala fe de Mockus deja ver a un canalla de la peor clase. Por si alguien lo dudaba después de la campaña que emprendió en 2008 con Claudia López y Rudolf Hommes para cobrar la propaganda de los falsos positivos y de su participación en la marcha de desagravio a las FARC que organizaron Piedad Córdoba y Cepeda ese año. Ahora promueve a los asesinos porque "la vida es sagrada" y si mataron mucho más en 2014 que en 2009 es sólo porque se preparan para la paz. Tanto cinismo deja ver la calidad moral de la gente que lo apoya, verdaderos raponeros con pretensiones gracias a las rentas que obtienen despojando a los colombianos desde puestos parasitarios en el Estado.

Y la jugada es eficaz porque haga lo que haga Uribe, pierde. Si no va resulta el enemigo de la paz, y la propaganda destaca la unanimidad de cientos de miles de universicarios y gente del campo llevada a la marcha frente a la "caverna" retrógrada que insiste en la guerra, mientras que si va legitima la iniciativa de Mockus y la posterior campaña del plebiscito con las bandas terroristas armadas y en receso y la población escogiendo si entrega la cartera o se expone a que la maten más que antes (lo que ocurrirá también si acepta premiar a los terroristas, como ha ocurrido en todos los países sometidos al comunismo).

La paz ya se logró, los muertos seguirán mucho más que antes pero ya es el posconflicto. Hay que darles las gracias a todos los que la apoyaron, no importa si la querían sin impunidad o con cese unilateral, es como estar dispuestos a delinquir si el botín vale la pena. A lo mejor otra generación se plantea empezar a construir la democracia, eso no se hará con el caudillo de significante vacío que representa intereses opuestos.

Colombia ya está en la misma situación de las demás provincias del narcoimperio castrista. Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia. La democracia no se va a salvar gracias a los que le entregaron el país a Santos, pero nadie quiere verlo.

13 de ene. de 2015

Paz con democracia y libertad

Por Jaime Castro Ramírez

La paz es un derecho natural del conjunto de la sociedad, pero la paz entendida en la amplitud del valor intrínseco respecto a su concepción filosófica, es decir, lograr la tranquilidad de espíritu que haga posible la convivencia y entendimiento de los pueblos en verdadera armonía social. Para que estas condiciones sean posibles, es esencial que la paz esté fundada en el respeto a las libertades individuales y colectivas. Dicho de otra forma, no puede haber paz si se limita en manera alguna el derecho a vivir con independencia, lo cual implica el derecho a vivir en el sagrado escenario de la democracia liberal, y no en lo que de simple denominación le llaman ‘democracia’, pero que no suele ser diferente a un yugo ideológico dictatorial.

En nombre de la paz no se puede comprometer la libertad
En Colombia los incondicionales de la paz pareciera que no advierten ningún tipo de riesgo político que pueda alterar la histórica vocación democrática de la república, pues solo sería cuestión de interpretar el pensamiento ideológico que rodea el proceso de paz: el castro-chavismo-farc. Pero a esto último hay que agregarle la no menos preocupante tendencia política del responsable de la paz, el presidente Santos, quien pareciera dispuesto a aceptar sin condiciones lo que tales exponentes de la ‘solidaridad política’ le llaman ‘ayuda’ a la paz de Colombia. De las compañías con quienes se simpatiza depende lo que se hará después. También hay que decir que ellos pueden aspirar a todo lo que se les ocurra, otra cosa es lo que les conceda el presidente de la república como máximo representante de la sociedad colombiana en la negociación de la paz.

Lo cierto es que la ambición política del entorno mencionado es evidente, a lo cual se suman sus copartidarios reunidos en el Foro de Sao Paulo y Unasur. Lo que entonces parece claro es el propósito de tomarse políticamente la joya de la corona, que para ellos es Colombia.

Desde ya se habla de que hay por lo menos 7 mil cubanos en Colombia, y no propiamente en misión laboral productiva (lo cual harán muy pocos), sino en misión encubierta disfrazada de arte, profesores, teatro, y otras actividades, pero en realidad se trata de adoctrinamiento político. Y esto ocurre sin haberse firmado aún la paz, de tal manera que se podrá imaginarse cómo irá a ser la ambición después cuando realmente cobren políticamente su ´colaboración’ con el proceso de paz.

Los políticos agraciados por el régimen para estar congregados en la ‘unidad nacional’ le hacen un flaco servicio al país con el alineamiento total e incondicional al presidente Santos en el manejo que él quiera darle al tema de la paz, y en utilizar el sofisma totalmente engañoso de calificar de ‘enemigos de la paz’ a quienes piensan diferente, valga decir, a quienes están a favor de la paz, pero una paz justa que como mínimo signifique: pedirle perdón a los colombianos, entrega de armas y desmovilización; por supuesto con condiciones de libertad y democracia, pues todo el mundo quiere la paz, una paz de decencia política para el porvenir de la república.

Se llega a la razonable conclusión de que no se hace paz a costa de la dignidad democrática e institucional del país, pues en nombre de la paz no se puede caer en el error histórico de poner en riesgo la estabilidad del modelo económico y político, simplemente porque se obtendrá el resultado inverso, es decir, la antítesis de la paz.

AL MARGEN: El ELN no tiene ningún afán de empezar diálogos de paz, pero esto puede tener una explicación lógica para ellos, que consiste en estar a la expectativa de las concesiones que Santos le haga a las Farc, pues dirán que como mínimo tienen que ser las mismas para el ELN, y entonces se evitan el desgaste de unos diálogos extensos de negociación. Bueno, por lo menos también le evitan al país un excesivo gasto económico.

30 de dic. de 2014

La oligarquía y el síndrome de Münchhausen por poderes

Por @Ruiz_senior

Pensando en ese mentiroso del siglo XVIII que dio lugar a una obra famosísima de literatura infantil, se llamó "Síndrome de Münchhausen" al trastorno psiquiátrico consistente en provocarse enfermedades o en fingirlas (obviamente cuando no corresponde a un fraude motivado por otro interés). Cuando quien sufre las enfermedades es otra persona se llamó "Síndrome de Münchhausen por poderes", y si bien es una entidad psiquiátrica discutida, se ha aceptado en juicios por maltrato y aun por asesinato de los propios hijos por parte de la persona que lo sufre.

Cuando uno se entera del optimismo que expresa Juan Manuel Santos por la liberación del soldado Becerra no puede por menos de acordarse de ese síndrome: lo que permite a los terroristas multiplicar sus crímenes es el hecho de que los colombianos se muestren dispuestos a premiarlos, y eso no ocurre tanto porque ese aserto sea difícil de entender sino porque las clientelas del crimen organizado son la casta hegemónica que domina la sociedad desde el siglo XVI.
Como todas las conductas perversas que no se corrigen, esa disposición empeora sin cesar: ya no es sólo que Santos promueva el asesinato de soldados y policías sino que lo justifica ("espérense que consigamos la paz y verán que ya no sucede más") y además lo olvida inmediatamente. ¿Qué van a importar los asesinatos de la última semana, después de la supuesta tregua, si se puede uno alegrar por la liberación de un secuestrado?

Es necesario que todo el mundo recuerde qué eran las FARC antes de que Santos llegara a la presidencia y a cuántos soldados y policías mataban: el canalla favorece los asesinatos para poder ofrecer el bálsamo de la paz. Pero la presión de la propaganda y la indolencia general (no es que se vean muchas protestas porque le pongan a una escuela "Manuel Cepeda Vargas") hacen que cualquiera crea otra cosa, tal como se olvidó la situación de Colombia en 2002 o las miles de atrocidades de las FARC y el ELN en los años noventa.

Y esa forma de actuar de Santos al promover el asesinato para obtener prestigio por remediarlo (los que sufren el síndrome de Münchhausen por poderes suelen anhelar que los reconozcan por salvar la vida de sus víctimas o por curarlas) no es nueva ni es invención suya: fue lo que hizo López Michelsen con el ELN, al que sería facilísimo aniquilar para el ejército, según señaló muchas veces el general Álvaro Valencia Tovar, fallecido este año que se va. ¿Por qué se permitió al núcleo de la banda persistir? Porque López esperaba negociar la paz con ellos. En esa época se ocultó convenientemente que el ELN surgió de las juventudes del Movimiento Revolucionario Liberal, el partido de López Michelsen: él había ayudado a crear la banda y esperaba remediar el problema ayudándoles a persistir. La "paz" sin duda le generaba beneficios, tal como el engendro del 91 favoreció a las clientelas de la "izquierda".

Como los colombianos tienen una enorme dificultad para asimilar la ley, no hay nadie que entienda lo que está pasando en La Habana. Los criminales impunes dominarán totalmente al país porque no se les opone ninguna resistencia. Cada vez matarán más, cosa que he advertido en todos los cambios de año desde 2010 y que siempre se ha cumplido. Es lógico: sus aspiraciones tiránicas no tienen límites y no se van a contener premiando sus crímenes.

El genocidio se multiplicará y los colombianos, indolentes y serviles, buscarán salvar el pellejo haciéndose peones de los genocidas. Sencillamente, lo que ha ocurrido debería haber generado una denuncia por genocidio ante la CPI respaldada por millones de firmas. No la habrá porque los que no esperan lucrarse del genocidio creen que hacen mucho encomendándose al Gran Timonel, que apenas busca salvar su menguante cuota de poder y firmará la paz tal como hizo Álvaro Gómez en 1991.

23 de dic. de 2014

Cuenta política de Cuba a Colombia

Por Jaime Castro Ramírez

En política el sentido de la ambición es de tal dimensión que fácilmente traspasa la raya de lo previsible para darle cabida a instintos que se sitúan en el extremo de los excesos. Y si se trata de disputa ideológica, lo anterior resulta ser una simple mención de menguada trascendencia.

La imagen que proyecta el espejo retrovisor de la historia política en el mundo, muestra casos de tal exceso, que incluso conllevaron a invasiones territoriales por medio de la vía armada para someter la voluntad de los pueblos a ciertas tendencias de ideología política, lo cual llegó hasta el punto de generar guerras de liberación.

Lo que le puede esperar a Colombia con Cuba
Casos de colaboración política desinteresada son muy escasos, o quizás no existen, y menos aun en manos de los dictadores Castro de Cuba. La prueba está en el vecino país de Venezuela, que por la asesoría prestada a Chávez por los Castro sobre cómo someter al pueblo venezolano, se sabe que Cuba ha invadido políticamente a Venezuela para intervenir en el adoctrinamiento ideológico, y con tal propósito los Castro han enviado a ese país toda clase de personajes, incluso militares cubanos que operan en el invadido país. Pero la invasión no solo ha sido política sino también económica, pues desde hace quince años que Venezuela financia la economía cubana a través de los grandes envíos de petróleo regalado. Al punto que dizque el gobierno cubano exporta petróleo del que le sobra.

Prestarle a Colombia la sede de las negociaciones de paz, por supuesto que no es un acto de simple solidaridad política de Cuba con nuestro país. Aparte de la jugosa cuenta que los Castro cobrarán cada mes a Colombia por concepto de alojamiento y manutención cinco estrellas para la grande delegación de las Farc, y también para los delegatarios del gobierno, Cuba tendrá previsto pasar la cuenta de cobro de la ‘paz’ que le reportará dividendos políticos, al estilo de su actuación en Venezuela. Y esta cuenta es más costosa para Colombia que la cuenta de orden económico, pues desde luego que llevará incluido el componente de adoctrinamiento político comunista que atentará contra nuestra democracia. A este último propósito contribuirá el poder político que Santos le conceda a las Farc en la negociación. Y sin saber económicamente a qué más aspirará el gobierno cubano para explotar a Colombia por concepto del ‘favor’ prestado.

A lo anterior habrá que sumarle el costo económico y político de la cuenta que también cobrará Venezuela como garante observador del proceso de paz de Colombia, pues esa gestión tampoco será gratis.

¿Será que el presidente Santos no se percata de esta riesgosa situación? o ¿será que simplemente mirará para otro lado y permitirá que este sea el precio para Colombia de lo que él tanto pregona como paz?

En conclusión, lo que se observa para Colombia en nombre de la paz es un estado de situación política de grande complejidad que puede dar al traste con su vocación histórica democrática.

En consecuencia, es necesario y trascendental asumir conciencia ciudadana y prever las posibles consecuencias sobre lo que puede ser una aventura de mucho riesgo para el país, y una aventura que puede ser sin retorno.

18 de dic. de 2014

¿Cuál guerrilla?, no jodan

Por @Ruiz_Senior

La semana pasaba escribí sobre la curiosa relación que establecen los colombianos entre la ideología y el crimen, todo en relación con la discusión sobre el tráfico de drogas como delito conexo al político. Un artículo de De Justicia (que es una especie de Think Tank muy afín a las FARC) me permite incidir de nuevo en la cuestión.
Narcotráfico y delito político Por: Dejusticia

Por Nelson Camilo Sánchez León



Un nuevo tema controversial del proceso de paz ha rondado al país político en los últimos días: la posibilidad de considerar el “narcotráfico” como un delito conexo al delito político. Las voces de quienes se oponen al proceso de paz bajo la bandera de la “paz sin impunidad” no se hicieron esperar. Incluso llevaron a las cuerdas a Santos, que en una confusa declaración salió al paso diciendo que no aceptará que “el narcotráfico sea delito político”, aun cuando “el uso de los recursos del narcotráfico que ha hecho la guerrilla deberá ser reconocido en la justicia transicional para la participación en política”.


Sin mucho análisis es posible entender el porqué de la polémica. Es evidente la relación entre narcotráfico y conflicto en la historia política del país. De hecho, es uno de los puntos principales de la agenda de negociación. Además, esta discusión se da en el contexto de una tendencia mundial de discutir temas de despenalización y políticas alternativas a la fallida “guerra contra las drogas”.
La deshonestidad intelectual es casi de comedia televisiva: ¿de modo que si en alguna parte hay una discusión sobre la conveniencia de despenalizar el tráfico de drogas eso tiene relación con que en Colombia se lo reconozca como justificable gracias a la maravillosa creación del "delito político"?
Pero, al mismo tiempo, resulta difícil de pasar que la crueldad que ha venido asociada al narcotráfico ha tenido simplemente una motivación política y no lo que a plena vista salta: el afán de riqueza y poder a toda costa. Así, parece muy riesgoso permitir tan fácilmente que los narcos se disfracen de políticos como ya lo intentaron los paras en el pasado y lo cuenta de manera magistral María Teresa Ronderos en su excelente libro Guerras Recicladas.
Difícil encontrar mejor resumen de la monstruosidad colombiana, de la grave deformidad moral que define al país y que está presente en todos los ámbitos de la vida nacional. ¿De modo que "el narcotráfico" lleva asociada la crueldad, por lo que no es fácil asimilarlo al delito político? ¿Había algún "narcotráfico" en hechos como los de Tacueyó, cometidos por el M-19 y que se las arreglaron para cargar a un grupo imaginario, tal como el secuestro de Gloria Lara y el de los niños Álvarez Murillo? ¿Y en los niños bomba que envían a menudo los terroristas para matar policías y avanzar en sus pretensiones políticas? La monstruosidad moral de esa noción que comparten todos los colombianos se va mostrando con toda precisión. Lo que se hace por la revolución, por la justicia social, etc., no se puede considerar cruel. La crueldad es la codicia de los que no tienen ideales. 
Es entonces necesario reconocer que este es un tema políticamente complejo, pero que su definición es central para el futuro del proceso de paz y la consolidación del estado. Por tanto, resulta ineludible su discusión. Para dar este debate con mejor criterio y menos apasionamientos vale la pena empezar por aclarar cinco temas jurídicos del concepto de delito político y sus conexos.
"La consolidación del Estado" es la fórmula que encuentra el pensador para nombrar la consolidación del poder terrorista. Claro, la impunidad total es necesaria para eso.
1. Delito político y sus conexos se definen en Colombia. No existe un documento internacional que defina claramente el concepto de delito político, aun cuando el derecho internacional usa este concepto para temas como definición de asilo, prohibición de extradiciones y otros asuntos. Tampoco existe una lista internacional que establezca cuáles delitos pueden o no pueden ser considerados como conexos al delito político.
Es entonces el derecho interno (penal y constitucional), y no el internacional, a partir de dónde se ha definido su significado y alcances. La sentencia C-577 de 2014 de la Corte Constitucional -que resolvió una de las dos demandas presentadas contra el Marco Legal para la Paz- hace un resumen muy útil de la jurisprudencia colombiana al respecto.
Lo que en el derecho internacional se considera "delito político" es simplemente la actividad política que en ciertos regímenes se considera delito. Es decir, lo que hicieron Sajarov o Fariñas no sería delito en una democracia pero a la hora de concederle asilo a algún crítico de las dictaduras se tiene en cuenta que ha sido condenado o acusado, por un "delito político". La falacia subyacente es la de que da lo mismo el régimen camboyano que el belga y que quien pretendiera en tiempos del jemer rojo (las FARC de Camboya) implantar un régimen como el de Bélgica sería igual de legítimo a quien pretendiera implantar en Bélgica un régimen como el de Pol Pot. En la democracia, en los países en los que se aplican los derechos humanos de la Declaración de la ONU de 1948, no existen los delitos políticos. Lo que en Colombia se considera tal es sólo el resultado de que imperen personajes del mismo talante de los genocidas camboyanos.

Luego, esa monstruosidad de un delito que resta (que alguien me muestre un delito que resta a los otros delitos en la legislación de algún país civilizado) tiene que sustanciarse con jurisprudencia colombiana. ¿No es lógico? La definición del país es sólo el esfuerzo de ponerle sacoleva al orangurán, de disfrazar la esclavitud para presentar un "país" tal como la industria de un proxeneta se presenta como una "familia". ¿Cómo no va a haber jurisprudencia favorable a premiar los crímenes protegiéndolos con el delito que resta si el origen de muchos magistrados es la militancia en bandas criminales y puede que incluso la ejecución de directa de crímenes? (Se dice que el autor material del asesinato de José Raquel Mercado podría haber sido magistrado después. No se sabe quién fue.)
2. La conexidad no convierte al narcotráfico en un delito político. En Colombia tradicionalmente se han reconocido tres delitos como políticos: la rebelión, la sedición y la asonada. La propuesta no es convertir al narcotráfico en un cuarto delito político, sino discutir en qué forma podría ser considerado conexo a los delitos políticos ya existentes. Esto quiere decir que, cuando no exista dicha conexidad, el narcotráfico seguirá siendo un delito ordinario. Por eso Santos dice que se opone a que el narcotráfico sea delito político.
Pero en todos los casos, tratándose de una organización política que intenta abolir la democracia, se podría argumentar que hay una relación con la rebelión y con la sedición. Luego, no cambia nada que se lo considere "delito político", sólo que esa consideración sea un atenuante, algo sólo concebible en la cabeza de los colombianos.
[...]
4. Una cosa es el tráfico de estuperfacientes, otra los delitos conexos al narcotráfico. Una cosa es el hecho de vender drogas y otro es el de los delitos violentos que puedan acompañarlo. En otras palabras: que un hecho de violencia lo haya cometido un traficante de drogas no hace que este hecho se convierta en narcotráfico. Por ejemplo, la explosión del avión de Avianca por parte de Pablo Escobar no es un hecho de narcotráfico, así lo hubiera financiado un narcotraficante. Que se llegue a considerar que conductas de narcotráfico sean conexas al delito político no quiere decir que se les dé esta categoría a los hechos violentos cometidos por los narcotraficantes y, mucho menos, que se les convierta en delitos políticos.
El sintagma que he puesto en negrita dice mucho sobre lo que planea la manguala criminal: los hechos violentos cometidos por las FARC, cientos de veces más y a menudo más atroces que los de todas las demás bandas de traficantes de cocaína, no serán juzgados como los de los llamados paramilitares y otros mafiosos, porque serán conexos a la rebelión y a la sedición. Es decir, serán perdonables a partir de que a los autores y determinadores no se los llamará "narcotraficantes" sino rebeldes y en últimas proveedores de paz.
5. El Estatuto de Roma no incluye el delito de narcotráfico. La discusión sobre amnistías e indultos a delitos que puedan ser investigados y juzgados por la Corte Penal Internacional no tiene relación directa con el asunto del narcotráfico. Ni el narcotráfico es considerado por el Estatuto de Roma como un delito de competencia de la CPI, ni existen restricciones en esa norma para la consideración de conductas como delitos políticos o conexos para efectos, como sería la participación en política. *
Es lógico que no exista tal definición porque precisamente no hay tal noción de delito político en el derecho internacional. Ningún atentado contra la democracia es "delito político" y ningún tribunal nunca ha aceptado tal noción respecto de grupos terroristas en Europa. Sólo es que en Colombia el poder judicial está en manos de criminales.
* * Con estos puntos claros, la discusión deberá centrarse en algunos temas que resultan ineludibles: 1) si se cumplen en este caso los elementos para declarar este delito como conexo; y 2) si se declara el narcotráfico como conexo solamente para efectos de participación política. 
Los elementos de la conexidad del delito político
La jurisprudencia de la Corte Constitucional y Corte Suprema de Justicia (que se resumen en la mencionada C-577 de 2014) aborda tres criterios para determinar la posible conexidad de un delito al político: 
Finalidad: Si el fin del delincuente es altruista y de mejora colectiva, el delito puede ser considerado como político; si el fin es egoísta o de provecho propio corresponde a un delito común. Aquí es es clave entonces separar entre el uso del narcotráfico como una herramienta para fines políticos y su opuesto: hacer la guerra para mantener el propósito fundamental del tráfico de estuperfacientes como negocio. Al primero podría considerársele como conexo, pero no al segundo.
Siempre se está volviendo al principio: ¿es Colombia parte de la humanidad? ¿En qué legislación es concebible que los delitos se juzguen según la intención que el delincuente se atribuya? Me dirán que no es lo que los terroristas se atribuyan sino lo que considera la jurisprudencia, pero ¿de qué modo la destrucción de la democracia y su reemplazo por un régimen de partido único y el despojo de las libertades políticas, para lo cual se mata y se secuestra a mansalva, pueden ser "de mejora colectiva"? Para admitir eso habría que suponer que se respeta la opinión del delincuente, caso en el que Bin Laden, Breivik, McVeigh y Hitler podrían invocar lo mismo. Pero ésa es una pretensión absurda: lo único que queda es que los autores de la jurisprudencia consideran que las FARC tienen un fin altruista de mejora colectiva, cosa que es exacta: "altruista" quiere decir "al servicio de otros" y "colectiva" no necesariamente quiere decir de todos. Los terroristas tienen un fin que interesa a un grupo distinto de ellos, a "otros". A los magistrados. No sólo sus carreras y las leyes que aplican surgen de los carros bomba de los ochenta, de donde surgió la Constitución de 1991, sino que para ascender en la carrera judicial, ya desde la universidad, hay que estar afiliado al comunismo. Con decir que el líder del Partido Comunista, Jaime Pardo Leal, también fundador del sindicato de los jueces y fiscales, Asonal Judicial, era decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre en los setenta, ya queda todo claro.

Esa idea del crimen altruista define a esos jueces, cuya tarea es parte de la misma conjura que tortura y mutila y viola y mata y secuestra. Por eso emiten sentencias monstruosas como la condena a Andrés Felipe Arias o la impunidad de todos los criminales que aparecían en los PC de alias Raúl Reyes. Por eso este portavoz terrorista sale a fundamentar en el derecho local algo que sencillamente es monstruoso: un crimen altruista que resta de los demás crímenes. No existe nada parecido en ninguna legislación y esa singularidad jurídica es lo mismo que los crímenes: si los jueces alientan el crimen, ¿cómo no va a haber quien lo cometa? ¿Qué responsabilidad real tienen los que mutilan a una niña desertora si en últimas sus crímenes sirven al interés de unos magistrados cuya carrera se basa en el crimen?

Esos prodigios de los juristas dejan ver la esencia criminal del régimen. No algo del gobierno de Santos sino algo plenamente logrado en 1991, cuando los criminales pasaron a ser garantes de las leyes. Todo lo que ha ocurrido después es el resultado de esa constitución, porque las FARC y el ELN matan con la certeza de que quedarán impunes gracias al control de sus jefes (cubanos y oligarcas) sobre el poder judicial. (En este post del 2007 cité una sentencia de la Corte Suprema de Justicia en la que abiertamente exaltan a las guerrillas comunistas. El que quiera ahorrarse el post puede leer sólo los trozos sangrados.)
Conexidad: El delito conexo tiene que ser una derivación directa y necesaria del delito principal. En este sentido, para que actividades de tráfico de estuperfacientes puedan ser consideradas como conectadas al delito político y no como independientes tiene que existir la obligación de los rebeldes de devolver todas las ganancias de dicha actividad (que debería ser usada para la reparación de las víctimas) y desmontar el negocio. De lo contrario es imposible defender tanto la finalidad como la conexidad con la rebelión.
Bonita la intención, ¿dónde están los libros de contabilidad de los terroristas y las pruebas de las cantidades obtenidas por ese medio? Podrían declarar que han ganado dos millones de pesos. 
Proporcionalidad: Aun si el delito se comete con un móvil altruista y tiene relación directa no puede ser considerado como conexo al político si su impacto es desproporcionado o atroz. Pero el narcotráfico no es un delito atroz en sí mismo como es el secuestro. Una cosa es exportar drogas ilícitas y otra es la violencia que ese mismo actor individual o colectivamente haya cometido. Quien haya cometido delitos atroces deberá responder separadamente por los mismos.
Ese móvil altruista sólo existe conforme al interés egoísta de los magistrados: como ya he dicho, en cualquier cabeza civilizada sería monstruoso, pues ¿por qué no atribuírselo a Breivik?
Las consecuencias de la conexidad

La Constitución Política de 1991 establece que el tratamiento de delito político puede ser utilizado con cuatro finalidades distintas:

Conceder amnistías e indultos
Prohibir la extradición
Castigar con una pena benigna a quienes son condenados por este hecho
Permitir la participación política 
A eso me refería: a un delito que resta gravedad a los otros delitos, cosa que sólo existe en Colombia y no sólo en la Constitución, que es un papel, sino en la cabeza de casi todos los ciudadanos, en su profunda barbarie y deformidad moral. Es verdad que eso no apareció por primera vez en esa constitución, pero siempre alude al derecho que tiene alguien a matar o, mejor dicho, a mandar matar para asegurarse puestos públicos, un atavismo que tiene relación con la cultura de la Conquista y el exterminio de la población aborigen. No sólo la licencia para matar sino el hecho de que la tengan quienes obtienen diplomas y manejan retóricas. Los asesinatos y secuestros concretos son LA SOMBRA de esa idea
Para cada uno de estos casos, la Corte ha evalúa los requisitos mencionados en el punto anterior. Sobre esta última finalidad, vale la pena recalcar que la Corte Constitucional ha señalado que “en el ámbito de la participación política no existen estándares en el ordenamiento jurídico nacional o internacional que limiten la aplicación del concepto de delito político para permitir que un grupo al margen de la ley o sus miembros, una vez pagada la pena y realizada la respectiva desmovilización, puedan participar en política” (C-577/14). 
El debate está abierto y es una buena oportunidad para debatir, desde una aproximación más limitada sobre la relación de conexidad para efectos de participación política, hasta medidas más amplias como aceptar la conexidad del narcotráfico para otros efectos como los indultos y amnistías o la prohibición de la extradición. Las posibilidades de avanzar en este debate dependen, en buena medida, de que la polarización ideológica no consiga manipular y mezclar estos conceptos para sacar réditos políticos con la confusión que suele reinar en estos debates.
En la sentencia que comenté en 2007 las manifestaciones de la CSJ son mucho más descaradas, pues declaran que la jurisprudencia internacional respalda su monstruosa interpretación de "delito político".

Queda una cosa clara: la impunidad de las FARC está garantizada, y no sólo eso sino su total dominio posterior, bien que en alianza con sus socios "legales" (De Justicia, de la que forman parte los ex magistrados Rodrigo Uprimny y Rodolfo Arango), pues además del poder de intimidación armada (y ya sería impresionante siendo desarmada, con las universidades a su servicio) tendrán las fortunas fabulosas del secuestro. ¿Cómo es que a nadie se le ha ocurrido hacerle frente a eso? Pues porque los políticos uribistas son ante todo profesionales urgidos de prebendas y buenas relaciones con el poder y sin la menor vacilación se acomodarán al nuevo régimen. El Centro Democrático es la segunda versión del Partido de la U, como dice Ricardo Puentes Melo.

El que quiera hacerle frente a ese poder debe saber que las FARC y el ELN no son ningunos cuerpos terroristas autónomos, para parafrasear al finadito Chávez. Aquello por lo que matan es la dominación de la casta que nombra a los magistrados, que mantendrá el control a punta de asesinatos y se repartirá el dinero público en acuerdos de paz con los altruistas que les aseguran el mando. Y como de momento no hay una mayoría en Colombia que se oponga a eso, hay que plantearse seriamente llevar a la Corte Penal Internacional el genocidio demostrable que ha cometido el Partido Comunista desde los años sesenta. 

El uribismo no lo va a hacer. Cada vez más muestra su grado moral, por ejemplo defendiendo al asesino Sigifredo López con base en una entrevista que le hizo Herbin Hoyos a un guerrillero que declara que lo habían obligado a acusarlo. Hace dos años ese genio (a ver si aparece alguien que lo conociera en la adolescencia y puede asegurar que no pertenecía a la Juco) entrevistaba a otro guerrillero que decía lo mismo, y como era muy evidente que le dictaba las respuestas, el audio ya no se puede oír. ¿Es posible que Uribe y José Obdulio Gaviria no conozcan el caso? No, no es posible: la impunidad de Sigifredo López fue una campaña en la que participaron coordinados todos los propagandistas de las FARC. Uribe y sus mariachis tienen que tener algún acuerdo para proteger a ese asesino y tal vez para encauzar el descontento de modo que no se desborde y no eche a perder el esfuerzo de paz de Santos.

17 de dic. de 2014

Impostura de paz sin dignidad

Por Jaime Castro Ramírez

Una exigencia elemental en temas de importancia para la sociedad se define por la máxima claridad que debe existir en el desarrollo de su contenido, pues no es admisible el hecho de intentar suplantar el pensamiento racionalista con imposturas que tratan de desvirtuar la objetividad de la filosofía con que debe construirse la realidad de los hechos que harán historia. El relativismo, unido a las tendencias subjetivas, son factores de incertidumbre que no distinguen entre la verdad o la falsedad. Quienes actúan en estos escenarios de pensamiento aparentemente moderno y profundo, el cual no se entiende por el vacío de contenido, o no saben de lo que hablan y entonces exponen fantasías inconsistentes, o simplemente van por el camino tendencioso de pretender el engaño.

La realidad es una sola, no es medible por situaciones aleatorias, y por lo tanto no admite interpretaciones de probabilidad que contravengan su verdadero sentido.

El manejo de la negociación de paz en Colombia
El sentido común dice que en cualquier evento donde esté de por medio una negociación de intereses, antes de una decisión final existen unas condiciones que las partes exponen como requisitos de análisis y que requieren conciliarse mediante un acuerdo de voluntades para que pueda darse la transacción. Situación ‘similar’ debe ocurrir en una negociación de paz, pero con una diferencia: que la iniciativa condicional debe ser potestad del Estado, y en consecuencia es quien debe tener primacía de favorecimiento frente a las pretensiones del interlocutor, es decir, el narcoterrorismo, en el caso de Colombia.

Lo preocupante para los colombianos es observar que en la mesa de negociación de paz la situación parece ser a la inversa, o sea que las condiciones las ‘imponen’ las Farc frente a la posición genuflexa del Estado. Si la negociación termina con esta clase de ventajas y desventajas, situación auspiciada incluso por el propio jefe de Estado con sus teorías que favorecen a las Farc (‘dejación’ pero no entrega de armas, narcotráfico conexo a delito político, entrega de zonas de reserva campesina, entrega de poder político a través de regalar curules, etc.), es aquí donde entonces viene la impostura de negociar una paz sin dignidad para el Estado y sus instituciones, y para los colombianos, lo cual no es paz sino la entrega del país. El directo responsable de esta situación para Colombia es el presidente de la república quien debe firmar el acuerdo final al que se llegue.