25 may. 2017

La derecha

Por @ruiz_senior

Sutilezas
Cuando yo era niño era frecuente en Bogotá descalificar a alguna persona que no entendía algo o no podía hacer algo diciéndole "eso es duro para el campesino". Era típico ese desprecio por la gente del campo en un país en el que la inmensa mayoría procedía de áreas rurales, seguramente todavía lo es. Cuando uno piensa en la dificultad de tantos colombianos para entender que ese lenguaje de "derecha", "izquierda", "centro" es falaz y legitimador del crimen organizado se encuentra pensando eso, en lo difícil que es para los rústicos atender al detalle de las cosas. Ya señaló Ortega y Gasset que la izquierda y la derecha son formas de hemiplejía moral, pero nada disuade a los de mente perezosa ni a los que tienen agendas ocultas o móviles psicológicos turbios.

Polisemias

Cuando uno escucha a los derechistas descubre que la descripción que cada uno hace de su ideología es diferente, como un rótulo que les resulta grato y se lo ponen a cualquier adhesión sentimental, no importa que el uso de ese rótulo no corresponda en nada al diccionario ni al uso común. En la oposición entre el bien y el mal encontraron un nombre para el bien que corresponde a sus manías o pretensiones y se lo pusieron, la derecha puede ser la libertad religiosa o la Inquisición, la más rigurosa observancia de las leyes democráticas o la más desacomplejada dictadura militar, la libertad individual o la persecución de los estilos de vida heterodoxos, el tradicionalismo o la reforma más abrupta, da lo mismo, la derecha se define porque no es la izquierda y en la izquierda se encontró el fantoche fácil de aborrecer. Como las sutilezas y los matices les resultan insoportables, toda la izquierda resulta ser lo mismo, Savater es lo mismo que Pol Pot, La Escandinavia socialdemócrata es lo mismo que Camboya, no hay que complicarse la vida encontrando matices cuando uno es consciente de las violaciones de niñas que cometen los de la izquierda.

Realidades
La historia de los países hispanoamericanos es simple: la conquista y colonización del territorio trajo consigo el despojo y la esclavitud de los aborígenes. La explotación de las riquezas de fácil acceso añadió la importación de esclavos de otro continente. Los descendientes de los dominadores, llamados criollos, aprovecharon la invasión napoleónica de España para crear Estados nuevos dominados por ellos sin sujeción a las leyes imperiales. El orden social de la Colonia se ha mantenido en sus rasgos principales en la mayoría de los países, la religión que mantiene a la mayoría de indios, negros y mestizos en el temor perpetuo cimenta ese orden y los criollos forman clanes de familias prestantes que a veces mandan a sus miembros menos enjundiosos o menos sensuales a hacer carrera eclesiástica para llegar a obispos y formar parte de la elite del poder. La religión les ayuda a proclamar una coherencia moral que en caso de transgresión cuenta con el perdón garantizado por el enunciado de la religión, siempre y cuando se reconozca la autoridad de los  ministros de Dios (es decir, de los criollos, cuyos vástagos intelectuales conforman el clero). Para formarse una idea de esa coherencia moral baste esta legislación sobre el aborto de 1897: alguna dama bien situada socialmente tendría un inquilino molesto en el vientre y sencillamente se acomodaba la ley para que no tuviera que sufrir castigo terrenal.

Falacias
Ésta es la derecha real, la resistencia de esos clanes poderosos al mundo moderno, al sufragio universal y a la voz de las mayorías: a toda noción de igualdad ante la ley, noción que violenta el fundamento del orden social, que es la condición inferior de las castas excluidas (lo que une a la izquierda y a la derecha en Colombia es la reverencia ante la inefable "acción de tutela", la abolición clara del derecho). Lo más parecido que se puede encontrar a la derecha católica son los poderosos romanos que perseguían a los cristianos, aunque con la pequeña diferencia de que aquéllos habían creado un gran imperio mientras que los godos colombianos sólo han parasitado el territorio miserable que heredaron, rodeados de pompa eclesiástica y desprecio por su populoso servicio doméstico. Durante siglos los cristianos fueron lo contrario de esta gente, al principio personas de nivel social bajo. Esa paradoja explica muy bien la evolución del cristianismo, cuyos valores originarios son la base ideológica de la izquierda en todo Occidente: colectivismo, resentimiento social, comunión de los humillados y excluidos...

Disfraces
Si se entiende la derecha como la conservación de privilegios (y no puede ser otra cosa si se quiere atender al diccionario y a la realidad de Hispanoamérica), la izquierda realmente existente es la verdadera derecha: resistencia al mundo moderno en el que se disuelven las jerarquías tradicionales y las cocineras creen que tienen los mismos derechos que los obispos. La verdadera elite intelectual de la derecha sociológica son los jesuitas, cuya universidad es hoy un evidente adoctrinadero terrorista. En general, los sacerdotes católicos de extracción social alta tuvieron mucho que ver con el surgimiento del comunismo hispanoamericano, no sólo los jesuitas que adoctrinaron al Che Guevara y a Fidel Castro, sino personajes como Camilo Torres y sus compañeros del grupo Golconda, por no hablar de las demás versiones de la Teología de la Liberación en todo el continente. El mismo fenómeno se da fuera de la Iglesia, a través de la universidad, que cumple la función que tenía la Iglesia en la época colonial: las familias prestantes siempre cuentan con profesores comunistas que, como obispos resucitados, viven rodeados de lujos por predicar la justicia. Los de derecha sólo son más toscos, el orden que defienden es el mismo pero no quieren que esté enmascarado.

Democracias

La democracia moderna es una novedad que ha avanzado en el mundo lentamente y con grandes dificultades. Hace cien años los países democráticos se contaban con los dedos, y aun en la mayoría de esos países la mitad de la población estaba excluida del sufragio. El orden antiguo resiste en la periferia, y la adhesión al comunismo no es más que una forma de esa resistencia. Naturalmente, los comunistas se proclaman los más demócratas, los verdaderos demócratas, cosa que es casi lícita en un país como Colombia, donde nada encuentra más desprecio que el diccionario. Pero eso mismo es la derecha, cuando dice defender la democracia interpreta el término de modo que resulta ser su ideario franquista y pinochetista. Nadie debe olvidar la clara afinidad del laureanismo con el régimen de Franco. Y la continua expresión más o menos velada de rasgos de antisemitismo e intolerancia religiosa, social e ideológica en cualquiera de los derechistas que uno encuentra en Colombia en las redes sociales.

Ambivalencias

La derecha no puede entenderse de otro modo que como la tradición, y en Hispanoamérica esa tradición proviene de la herencia colonial y de la España anterior. Octavio Paz señalaba que la tendencia hispanoamericana a seguir a un caudillo provenía de la España musulmana. El propio Cid campeador era un caudillo de esa clase. La derecha hispanoamericana siempre sigue a caudillos cuya relación con la democracia es dudosa, trátese de pseudoliberales como Porfirio Díaz, de tiranos grotescos como los que asolaron a Venezuela, Bolivia y varios países centroamericanos o de golpistas como los militares chilenos y argentinos de los años setenta; la derecha se siente democrática porque la izquierda es el comunismo y ellos no son comunistas. El espíritu democrático se reserva para mejores momentos. El caso del fascista Juan Domingo Perón es elocuente: no importa que su nacionalismo, su antiamericanismo y su populismo alumbraran posteriormente la versión local del chavismo, la causa superior de la patria exigía la adhesión sin fisuras. Eso mismo ocurre con Uribe, nadie va a ponerse en contra de él y su partido por mucho que objetivamente sean protectores del siniestro acuerdo de La Habana. La patria es lo importante para la derecha, por eso protege a Sigifredo López y elige a la hija de Angelino Garzón. Eso sí, se proclaman tan demócratas como los de izquierda.

Ideologías

La derecha y la izquierda son máscaras de discursos complejos que a menudo coinciden (como en la realidad colombiana, defensa de privilegios y del orden heredado de la sociedad colonial), y a menudo proveen "identidades" falaces que resultan en adhesiones muy distintas a lo que la gente cree apoyar o le conviene. El patriotismo que "nos" une en torno al hombre fuerte resulta ser el pretexto por el que se escamotea la discusión sobre la negociación de La Habana (nunca se ha cuestionado en cinco elecciones, ni se la cuestionará en 2018). Y es que en definitiva, de lo que se trata es de encontrar pretextos para mantenerse ajenos a la ley. La pasión con que tantos se adhieren a esos paquetes ideológicos me hace recordar al filósofo polaco Leslek Kolakowski, que encontraba razones para ser "liberal-conservador-socialista" sin caer en contradicciones. O en sociedades como la sueca, en las que nadie ha molestado a la monarquía ni a la nobleza ni ha impedido el desarrollo empresarial pese a haber estado por muchas décadas gobernados por socialistas.

Necesidades

Lo que Colombia necesita no es retornar a la sociedad colonial sino asimilarse al mundo moderno. Superar el parasitismo de los funcionarios (que podría ser igual o peor antes de los comunistas), el servilismo de las costumbres, la indolencia generalizada, la laxitud de la aplicación de las leyes, el reino de la mentira en los medios de comunicación y las complicidades con organizaciones criminales. Nada de eso corresponde a lo que el diccionario concibe como derecha, menos cuando de forma obscena, grotesca y ridícula los derechistas afirman su pertenencia al partido de centro que protege el reino del narcoterrorismo. Tal vez lo que más se necesite sea el respeto de uno mismo. Y aún queda mencionar el regalo fabuloso que es para las mafias del secuestro y la cocaína que se les entregue la bandera del cristianismo originario (véase al respecto la "historia moral de la propiedad" que Antonio Escohotado publicó con el título de Los enemigos del comercio). La izquierda como una asociación de canallas dedicados a secuestrar y masacrar gente sólo existe en Colombia. Las discusiones sobre el gasto público, las libertades, etc., no se pueden degradar al punto de que quien no quiera el ideario corporativista de Laureano Gómez y los tribunos grecocaldenses sea equivalente a Petro y los demás malhechores. Eso a veces parece el recurso de gente que no se distingue TANTO de ellos.

23 may. 2017

Las cinco locomotoras y los tres pilares de Santos

Por Jaime Castro Ramírez

Una de las responsabilidad fundamentales de un gobernante para con sus gobernados es cumplirles sus compromisos traducidos en las promesas de gobierno en que incurrió para hacerse elegir, pues desatender esta seria responsabilidad es muy grave porque se convierte en nada más y nada menos que en un calculado engaño al pueblo. Ante un evento de esta naturaleza por supuesto que opera la responsabilidad política, pero quizás en uno de los defectos de la democracia, esto se sabe que termina en un efecto simplemente simbólico y no de trascendencia jurídica condenatoria por el incumplimiento y engaño a sus electores. La condena a un personaje de estos no suele pasar de la crítica de pasillo, y cuando más, se le asigna a ese gobernante o exgobernante la condición de desleal y traidor con el pueblo.

Examinemos las promesas del presidente Santos 2010 - 2014
Para el primer gobierno, empezó con la muy ‘ambiciosa’ bandera identificada con Las insignias de cinco locomotoras insertas en el Plan de Desarrollo “Prosperidad para todos”, las cuales dizque sacarían al país de todas las dificultades. Esas locomotoras santistas eran: 1. El agro. 2. Vivienda. 3. Infraestructura. 4. Innovación. 5. Minería.

De esas locomotoras, unas arrancaron muy lentamente, y tal vez sin saber para dónde iban, y al no saber para dónde iban, pues llegaron a la instancia del descarrilamiento, como ocurrió con la locomotora del agro; y otras locomotoras ni siquiera arrancaron.

1. En el caso del sector agropecuario, los ministros que pasaron por esa cartera sin tener idea de lo que implica manejar el agro, no supieron articular políticas públicas de fomento ni de verdaderos incentivos al trabajador del campo, al agricultor que expone su patrimonio en una inversión cuantiosa y sometida al riesgo que implica producir cosechas en estos tiempos cambiantes. El invento de la “ley de víctimas y restitución de tierras” no pasó de ser un muy oneroso anuncio, y por lo mismo incumplible, pues el asunto era que a cada una de las ochenta mil víctimas que cuantificaron le entregarían un cheque de veinte millones de pesos, lo cual no ocurrió, y respecto a la restitución de tierras ha sido otro fracaso, pues incluso, por falta de garantías y seguridad estatal para los reclamantes, lo que ha ocurrido es el asesinato de personas que empujados por dicha ley han acudido a reclamar sus predios.

2. La locomotora de vivienda, al terminar el primer periodo de gobierno, puntualmente al término del mes de mayo de 2014, la promesa que hizo Santos en 2010 de entregar cien mil viviendas gratis, apenas había cumplido con 22.800

3. Respecto a infraestructura, pasaron los primeros cuatro años de gobierno y esa tal locomotora ni siquiera la prendieron para calentar motores. Lo único que se vio moverse con suficiente dinámica fue la mermelada a congresistas para supuestas obras terciarias pero que tenían la finalidad de aceitar la maquinaria política para las elecciones de reelección presidencial. Habría que agregar que en el segundo periodo de gobierno (enero de 2016), Santos vendió a Isagen, y prometió a los colombianos que ese dinero (6.5 billones de pesos) tenían una destinación específica para las grandes obras de infraestructura. Pues lo que hay que decir año y medio después es que esas grandes obras de infraestructura están paradas, valga mencionar el túnel de la línea, y la ruta del sol que aparte de estar parada, solo se ha ejecutado el 50%, y sin contar el importante tramo Villeta-Guaduas; y además sin hablar del tema ferroviario que no se ve. Razón tiene Anif al afirmar a través de sus estudios que transportar un contenedor en Colombia cuesta US$1.400, mientras que en Perú o Chile vale US$600. En estas condiciones es muy complicado el tema de la competitividad. La pregunta entonces es: ¿dónde está la plata de Isagen, qué camino cogió ese dinero, sería que se convirtió en la mermelada del plebiscito? Santos debe rendirle cuentas a los colombianos.

4- La locomotora de innovación, importante para que haya progreso en el país, tampoco prendió motores, quizás permaneció varada desde 2010 hasta 2014.

5. Por último, la siguiente locomotora, la de minería, fue la única que arrancó normalmente, pues incluso se hizo la reforma a las regalías para incentivar el desarrollo regional, y aunque se haya presentado la circunstancia de que unos ganaron y otros perdieron, se estableció una norma de equidad para las regiones. Sin embargo, este rubro ha tenido un lado muy maluco que es la minería ilegal, causante de graves daños ambientales y generador de violencia.

Promesas para el periodo 2014 - 2018
Aquí aparecen los tres pilares de Santos que conforman su Plan de Desarrollo “Todos por un nuevo País”: 1. País en paz, 2. País con equidad, 3. El país más educado de América Latina.

1. País en paz, es un tema muy discutible. Guillermo Santos Calderón (hermano del presidente Santos) dice en el Tiempo del 22 de mayo de 2017 lo siguiente: “¿Llegó la paz que el gobierno dice? Alguien debe buscar en un diccionario la definición de la palabra paz y corregirla, pues la verdad es que lo que estamos viviendo no es paz. De hecho, peor que antes. Petardos en las ciudades, plan pistola y policías muertos, justicia que pone a asesinos de las Farc en la calle, como el del El Nogal, y paros por todos lados. ¿Esto es paz?”. Lo dicho aquí por Guillermo Santos resume muy bien el actual panorama de orden público en el país, y esto a muy poco tiempo de acabarse este gobierno, y resume muy bien la paradoja que utiliza el presidente Santos con su teoría de lo que llama “Colombia en paz”, paradoja que se convierte en una idea extraña y opuesta a lo que la opinión pública sabe que es la verdadera realidad sobre la paz.

2. País con equidad. Esa cualidad de la equidad que consiste en dar a cada cual lo que se merece, esto no se observa, ni en términos de nivel de vida, ni en términos de justicia, ni en el sentido de una política estatal de trato apropiado respetando las diferencias. Hablar de equidad no ha pasado de la simple intención, pues si no hay obras de infraestructura terminadas que ofrezcan progreso para el país, si no hay masiva inversión en nuevos proyectos productivos empresariales, si solo hay reforma tributaria con efectos casi que confiscatorios, pues simplemente el tema de equidad sigue convertido únicamente en retórica, en márgenes de necesidades insatisfechas, o dicho de otra forma, en márgenes de subdesarrollo enmarcados en pobreza, una justicia parcializada, y donde se persigue a quienes no hacen parte del entorno del gobierno y que piensan diferente, se persigue y se encarcela a opositores. Todo esto configura una grande distancia con el concepto: equidad.

3. Colombia el país más educado de América Latina. Una ambición muy pretensiosa, sin fundamentos reales o racionales, y que quizás raya en una prepotencia innecesaria y sin justificar frente a los países amigos de Latinoamérica. La educación pública en Colombia es ineficiente por la falta de apoyos económico y tecnológico, empezando por decir que a estas alturas, en pleno siglo XXI, no hay bilingüismo en la educación pública, con el agravante de tener profesores mal pagos y que no los capacitan suficientemente, y cuando ellos piden mejoras en la educación, la respuesta del presidente Santos es que no hay plata para atender sus peticiones. A propósito, es válido decir que en la negociación con las Farc, Santos a ellos no les negó ninguna de sus exigencias, las cuales valen muchísimo dinero. De los 72 países evaluados en diciembre de 2016 en el Programa para la Evaluación de los Alumnos (pruebas PISA), Colombia obtuvo los siguientes resultados: en ciencia puesto 57, matemáticas puesto 61, y en lectura puesto 54. Advirtiendo que en los resultados en América Latina, a Colombia la superaron, en ciencia: Argentina, Chile, Uruguay, y Costa rica; en matemáticas: Argentina, Chile, Uruguay, México y Costa Rica; y en lectura: Argentina, Chile, Uruguay, y Costa Rica. En estas pruebas solo fueron evaluados estos tres conceptos citados.

La conclusión sería que a nivel del gobierno se habla más de la cuenta, y se promete mucho sabiendo que no pasa de ser simple retórica, y se incurre entonces en el engaño.

19 may. 2017

Una entrevista a Iván Duque

Por @ruiz_senior

Hay muchas personas afiliadas al Centro Democrático que se describen como de derecha, cosa que no debería desconcertar en Colombia. El partido que más persiste en las maquinaciones de la "politiquería" tradicional se llama "Cambio Radical" y los sicarios del régimen cubano se llaman "Ejército de Liberación Nacional" y "Marcha Patriótica". Un nombre verdadero y cabal es algo inconcebible en Colombia. Lo que "centro" significa en el nombre de ese partido es precisamente la proclama de que no es de derecha, nada más. La ideología de ese partido es cualquier cosa porque sólo existe para explotar la popularidad que obtuvo Uribe durante su presidencia y en última instancia para buscar su reelección.

Pero los de derecha, colombianamente, también son felices describiéndose así por la polisemia de la palabra. Es de esas palabras que sirven igual para un roto que para un descosido, como la "paz" que apoyan los seguidores del Centro Democrático, que a veces es el resultado del imperio de la ley y a veces es la componenda para violarla. Suena bonito, "paz", "democracia"... "Derecha" les suena bonito porque la "izquierda" es Nicolás Maduro, Petro y alias Romaña. Para mostrar que su "Centro" no era de derecha, Uribe incluyó en sus listas a un asesino del M-19 y a la hija de uno de los antiguos y más siniestros jefes de las FARC. "Derecha" a veces suena a la tríada de valores conservadores (familia, Dios, patria) y a veces a la libertad individual, a la que se opusieron los conservadores y en realidad aún se oponen.

Pero estos derechistas no sólo pertenecen a un partido de centro, sino que son extrañamente ciegos a lo que hace ese partido en favor del crimen organizado. Ya van más de siete años de silencios y complicidades con los desafueros de Santos; la venta del voto de rechazo al acuerdo en el plebiscito es sólo la última perla. Pero ellos no tienen el menor interés en oponerse a la infamia de La Habana sino en medrar apegados al salvador de la patria que precisamente es el que impide toda oposición (pues la moneda en que hace sus cuentas es la posibilidad de volver a la presidencia). Un caudillo que guía a la patria es tan consustancial a su derechismo que resultan cómicamente afines a los maoístas que acompañan al Gran Colombiano por el mismo motivo.

Como ya he explicado muchas veces, el problema de los derechistas no son los terroristas al mando del Estado, sino el mundo moderno, por eso seguir a un partido tan equívoco no les parece una atrocidad. Últimamente andan entusiasmados por un precandidato del CD que tampoco se opone a la infamia de La Habana y que proclamaba que "al país no le conviene que a Santos le vaya mal". Siguen esperanzados en su partido de centro y en su caudillo infalible, que se ve mucho más inclinado a favorecer a otro precandidato que expresa más claramente los valores de centro de su partido. ¿Cómo es que ese hombre es senador y precandidato de ese partido? Por una infiltración izquierdista que el Gran Timonel no alcanza a percibir. ¿Cómo se puede ser del mismo partido que ese prócer? Porque un partido en Colombia no es una organización política que busca hacer realidad un programa y defender unos valores, sino una red clientelar que rodea a una camarilla de poder. Por eso el siniestro narcoterrorista Álvaro Leyva era del Partido Conservador, y la madrina de las FARC era del mismo partido, y de la misma facción (samperista) de ese partido, que el amado líder.

Todo lo anterior es sólo el preludio, lo siento por los que tienen pereza de leer textos largos, lo que pretendo es comentar la reciente entrevista que publicó el diario madrileño El País al senador Iván Duque. Si he comenzado con los derechistas es porque hay algo obsceno, profundamente inmoral, en la adhesión a un partido que lleva al Senado a semejante prócer. Pero ¿a qué viene hablar de inmoralidad? No hay conductas morales o inmorales, sólo izquierdistas o derechistas. Por eso les gusta esa clasificación, Duque no llegó de la luna, es el vocero de Uribe y lo que dice en esa entrevista, el hecho mismo de que se publique esa entrevista, deja ver algún acuerdo secreto con el narcorrégimen para acomodarse a "la paz". Lo que contesta Duque es representativo de su partido y los antiduquistas lo hacen pensar a uno en defensores de los judíos que militaran en el NSDAP.
“Me parece simplista centrar las elecciones en Colombia en la corrupción o en las FARC”
Así titula el periódico la entrevista, con una cita que sabiamente resume la posición del uribismo y del candidato. Las FARC no son lo más importante, no hay que ser simplistas, hay otras cosas, ya veremos. Los antiduquistas dirán (¿dicen?) que una larguísima entrevista complaciente en el periódico que siempre le ha hecho propaganda descarada a Santos y a las FARC y cuyos propietarios se han lucrado copiosamente de la generosidad del gobierno (a través de Caracol Radio, a su vez un medio muy sesgado a favor del narcorrégimen) demuestra que Duque es el candidato del gobierno, pero ¿qué clase de líder no se da cuenta de algo así? Es el derechismo: la patria y Dios prohíben la crítica y el libre examen de los malditos protestantes (que es el problema). No se va a andar cuestionando al líder de la patria, llámese Fujimori o Pinochet, o Somoza o Stroessner...
Iván Duque (Bogotá, 1976) es senador del Centro Democrático, el partido fundado por el expresidente colombiano Álvaro Uribe, de quien fue asesor. Trabajó como consejero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, ha sido profesor universitario y acaba de publicar IndignAcción (Planeta), una reflexión sobre la actualidad de Colombia que busca convertirse una voz de alarma ante “los riesgos del populismo”. Sigue con interés las propuestas del presidente francés electo, Emmanuel Macron, del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y del italiano Matteo Renzi. Hace una semana presentó su precandidatura a las elecciones presidenciales de 2018.
El redactor no sólo valora la obra de Duque ("busca convertirse una voz de alarma...") sino que conoce sus inclinaciones particulares (sigue con interés a políticos jóvenes, cuya mención lo hace agradable al público; habría que preguntarles a esos políticos si les parecería secundario que las claves del poder en su país cayeran en manos del crimen organizado). Se trata simplemente de promoción en el periódico español claramente ligado a la red de Soros, donde publican Moisés Naím y el inefable Goebbels de las FARC, Héctor Abad Faciolince.
Pregunta. ¿Qué se juega Colombia en las elecciones de 2018? 
Respuesta. Las elecciones de 2018 son decisivas, porque Colombia está atravesando por el rumbo equivocado. Tenemos una economía que tiene un crecimiento mediocre, que no está generando los empleos formales a la velocidad que lo necesitamos, que no ha diversificado sus sectores, que es débil en materia de innovación. Ahí tenemos que hacer una recuperación. Tenemos un gran desafío en materia de seguridad, porque se firmó un acuerdo con las FARC lleno de concesiones al terrorismo. Es un proceso débil. Lo que hagamos mal ahí va a ser el resurgimiento del narcotráfico y de un movimiento político que va tener actividades criminales. Y tenemos un desafío enorme en lo social. Nosotros tenemos que apostar por la transformación de un país con más empleos formales y esos empleos formales necesitan una cultura de emprendimiento y una lucha contra la corrupción muy grande. La corrupción hoy está desbordada en Colombia. Nos parece que lo que se juega en 2018 es pasar la página de esos cuatro males.
Lo primero que destaca en Duque es que no ha frecuentado mucho la lectura, nadie que haya leído siquiera la prensa diría "atravesar por un rumbo", eso es absurdo. Parece flatulencia de William Ospina, pero es sólo inconsciencia de quien desconoce el vocabulario castellano. Una persona acostumbrada a leer no tendría que detenerse a pensar si tiene sentido decir "atravesar por un rumbo" porque es algo inconcebible, un enlace de términos que no existe. Esa indigencia intelectual del hombre es evidente también en sus escritos, donde abundan los signos de puntuación mal puestos y las faltas de ortografía. Es en el centro lo que Petro en la izquierda, aunque sin el gracejo patético del ex alcalde.

¿Qué dice en esa respuesta? Pues que el gobierno de Santos es mejorable, como se podría decir de todos los gobiernos. De lo primero de que se acuerda es de la economía, como si algún candidato pudiera decir "la economía de el gobierno que aspiro a suceder es inmejorable". Y como el crecimiento no es tan bueno como el que Duque traería, hay que concluir que el gobierno en últimas es razonable. Falta innovación, sí. ¡Para eso trae este Prometeo la economía naranja!

Más gracioso es lo relativo a las FARC. Cada frase es un retrato del uribismo, pero también de Colombia, muladar en el que algo tan repugnante no tiene otros detractores que los asesinos y sus clientelas. 
Tenemos un gran desafío en materia de seguridad, porque se firmó un acuerdo con las FARC lleno de concesiones al terrorismo.
Ajá, precisamente es lo que invoca la propaganda del gobierno, que ha aumentado la seguridad al reducirse la mortalidad derivada del conflicto. Pero también el uribismo, que a través de Ernesto Yamhure, amanuense de Uribe, proclama que se debe mantener el "estado de no violencia". De modo que NO SE TRATA DE UN PROBLEMA DE SEGURIDAD. La negociación de paz y el acuerdo final son simplemente la abolición de la democracia, la violación absoluta de la ley, la implantación de una tiranía en que el narcorrégimen cubano se adueña del Estado colombiano a través de sus bandas de asesinos, la iniquidad mayor de la historia del país y el premio del crimen. El uribismo es un cómplice necesario y las cuentas mezquinas del expresidente llegaron a su culminación con la traición a los millones que votamos NO en el plebiscito del 2 de octubre. Uribe Y TODOS LOS URIBISTAS quedarán en la historia como parte de esa infamia. Los más repugnantes son los que fingen TODAVÍA, TODAVÍA estar en otro lado y defender otros valores. No se puede estar con Uribe y su partido y a la vez en contra del acuerdo que ese partido refuerza.
Es un proceso débil. Lo que hagamos mal ahí va a ser el resurgimiento del narcotráfico y de un movimiento político que va tener actividades criminales.
¿A qué viene el plural mayestático? Es una rutina de la vida colombiana, "hemos secuestrado a 40.000 personas"? ¿Quién ha hecho eso? Pero el impulso de Duque es comprometer a todos los colombianos en la infamia de La Habana. ¿Qué significa que "es un proceso débil"? No la desaprobación de que se negocien las leyes con quienes las infringen, sino la "crítica constructiva" porque no se invitó al CD a tomar parte en el botín. ¿Cómo que "va a ser" el resurgimiento del narcotráfico si eso es noticia del año pasado? El movimiento político que tiene actividades criminales existe desde hace casi un siglo y casi nunca ha tenido adversarios que quisieran aplicar la ley.
P. Hay quienes, también en su partido, parecen querer centrarlo todo en el acuerdo de paz. 
R. Me parecen simplistas esos políticos que quieren centrar las elecciones en la corrupción o en las FARC. Creo que hoy los colombianos necesitan una visión integral, más que tratar de llevar las direcciones a un solo tema y cambiar la indignación por populismo. Aquí lo que queremos es pasar de la indignación a la indignacción con propuestas. Me preocupa una cosa. Es que ese simplismo está dejando por fuera a muchos colombianos. Hoy nosotros tenemos que presentar soluciones en salud, en educación, en innovación, en emprendimiento y eso es lo que estamos haciendo.
La idea de defender la ley es "simplista", habiendo tantas cosas de qué preocuparse, ¿cómo vienen a reducirlo todo a que el poder esté en manos de unos genocidas que implantarán la tiranía? No son los lagartos que rodean a Duque el problema, este muerto de hambre no pasará a segunda vuelta, pero ¿qué les pasa a los que siguen con Uribe a pesar de que patrocina a un personaje semejante? Se encuentra un ejército frente a un enemigo que lo supera en número y recursos, pero resulta que la mitad de los efectivos propios son en realidad también enemigos. El bando de Duque es el bando de Uribe, ya el propio expresidente ha dado muestras claras de su actitud respecto a "la paz", los serviles e hipócritas que siguen apoyándolo para no quedar en minoría son en realidad parte del ejército enemigo.
P. Acaba de hacer una distinción entre indignación y populismo. 
R. Claro, porque Colombia puede ser fácilmente capturable o por el populismo de extrema izquierda o por el populismo de extrema derecha, que lo que está tratando de hacer es exacerbar odio o emociones negativas. Aquí lo que nosotros tenemos que pensar es en una política de verdadero centro que supere esos debates anacrónicos de izquierda y derecha y que se preocupe por políticas de Estado, donde haya equidad, seguridad, emprendimiento, respeto por el medio ambiente. Eso es lo que necesitamos. Porque la indignación es lo que utilizan los populistas muchas veces para generar rechazo. Aquí lo que necesitamos es una política de construir, de generar una propuesta de país en la que todos quepamos.
El nivel de la propaganda de las FARC desciende con este cretino: ya no es sólo "odio" (ver el "poema" que tuitea alias Timochenko en este video) sino "emociones negativas", como cualquier lector del horóscopo. Hay un populismo de "extrema derecha" que quiere centrarlo todo en el acuerdo por el que los crímenes de las bandas narcoterroristas resultan legítimos, tan detestable como el populismo de "extrema izquierda". La "idea" de "una política de verdadero centro que supere esos debates anacrónicos de izquierda y derecha" es otra muestra del nivel intelectual del prócer: ¿qué va a significar "centro" si "izquierda" y "derecha" son anacrónicas? Ese hombre es un imbécil, perdonen la precisión. (Nieto Loaiza no es mucho  mejor, no se opone al acuerdo de La Habana ni a la negociación y en todo caso no debería estar compitiendo dentro de un partido que admite semejante precandidato.)
P. ¿Algún ejemplo? 
R. Yo fui vocero del plebiscito, de la campaña exitosa del no. Yo siempre he creído que si hay una crítica en una mano, en la otra tiene que estar la propuesta. No quedarnos en críticas vacías, ni en discursos de lugares comunes, sino aterrizar las cosas en lo que realmente el país necesita. Por ejemplo, en materia social tenemos que apostarle a un sistema de salud preventivo, necesitamos apostar por una educación del capital humano que vean la educación preescolar como algo importante porque hoy los niños de escasos recursos no tienen ese acceso. No es una política de élites, es una política de contacto directo con la ciudadanía.
¿A qué venía lo de ser vocero del plebiscito? La ristra de promesas es otra muestra de la categoría intelectual del hombre.
P. Hay quien considera las próximas elecciones una segunda vuelta del plebiscito sobre los acuerdos de paz. ¿Está de acuerdo? 
R. Hay personas que dicen ‘hagamos una gran coalición del no’, y a mí lo que me parece es que uno no puede convertir las coaliciones en cercas, donde solamente pueden entrar los que dijeron no. Al contrario, hay que hacer una coalición, pero una coalición supremamente amplia donde entren todos los sectores que se identifiquen y quieran construir esta visión de país. Puede haber algo que nos diferencie, que es una postura sobre una mala negociación, pero puede haber muchísimas más cosas que nos unen, en materia social, en materia de educación, en materia de salud, innovación social, desarrollo urbano, política ambiental. Hay que pensar una coalición, pero nosotros no vamos a hacer una coalición del no, tendremos que ser una coalición del sí por el cambio y que sea suficientemente amplia para que todos los sectores que se identifiquen con nuestra visión de país puedan caber.
Es decir, las coaliciones deben incluir a los partidarios del acuerdo. Eso es en extremo interesante porque es lo mismo que propone Nieto Loaiza:
Esa alianza, que he llamado frente republicano, debe tener como base los partidos, movimientos y grupos que conformaron la coalición del No, pero ampliándose a muchos que votaron Sí pero que están inconformes con este desastre de gobierno y a los millones que se abstuvieron, a quienes hay que ofrecer esperanza y un futuro.
Con la misma idea de que no se va a hacer nada para revocar los acuerdos. ¿En qué lado está el CD? Sólo en el último momento propusieron votar NO, reticencia que se explica en parte porque calculaban que la propaganda le daría la victoria al SÍ, es decir, mostrando su absoluta falta de principios, pero también porque SIEMPRE HAN APOYADO LA NEGOCIACIÓN. Pedir que se votara NO era la única forma de complacer a la mayoría para no mostrarse como lo que son, parte del narcorrégimen. El adorno "crítico" de la infamia.

Si hay algún candidato que se oponga al acuerdo final de La Habana, tiene que ser de fuera del uribismo, porque el uribismo apoya ese acuerdo, sólo propone modificaciones vagas. La idea de que esa opción sería minoritaria es ciega y mezquina: digan lo que digan los medios de la red de Soros y los que financia el gobierno, la negociación y el acuerdo final son un crimen monstruoso y conducirán al genocidio y a la hambruna. La mayoría de la gente es capaz de verlo, pero están en medio los hampones uribistas haciéndole creer que ellos están en contra cuando a todas horas dan muestras de estar a favor. Hace falta alguien que diga claramente que busca el voto para restaurar la ley, yo estoy seguro de que ganaría. Pero lo primero que tiene que hacer es ser diferente del uribismo, no de Duque sino de todo lo que provenga del CD, cuyos "derechistas" son como esos torturadores amables ("polis buenos") que complementan a los más crueles. (La idea de la coalición amplia "para que todos los que se identifiquen con nuestra visión del país puedan caber" es otra muestra del rigor intelectual del prócer, puro humor involuntario.)
P. ¿Qué haría con los acuerdos? Fernando Londoño, exministro, habló de “hacer trizas” el acuerdo de paz.

R. Aquí hay una discusión sobre si se trata de mantenerlo todo o hacerlo trizas y yo creo que hay que tener mucho cuidado con los extremos. Claramente, todo lo que sea humanitario para garantizar la desmovilización, el desarme y la reinserción de la base guerrillera debe mantenerse, sobre la base de que no haya ninguna reincidencia. Pero hay que desmontar cosas muy peligrosas que están en los acuerdos. El primer día de posesión como presidente presentaría una reforma constitucional para que el narcotráfico no sea un delito amnistiable. Segundo, se ha cometido un error muy grave al decir que la sustitución y erradicación de cultivos ilícitos va a ser voluntaria. Eso genera un incentivo perverso para sembrar y después negociar el desmonte. Tiene que ser obligatorio. Tercero, armas y dinero que se encuentren escondidos y que no hayan sido puestos para la recuperación de las víctimas, supondrán un delito nuevo y les caerá todo el peso de la ley a los máximos responsables de esa organización, entiéndase los cabecillas.
De modo que la legalización de los infinitos crímenes de las bandas narcoterroristas es "humanitaria". Uno de los aspectos en que más se delata la entera afinidad del uribismo con el narcorrégimen es ese escándalo por el carácter aministiable del narcotráfico: presupone la aceptación del "delito político", de esa monstruosidad colombiana por la que unos delitos restan penas de otros, por el que el asesinato es menos grave (y en realidad lícito y premiable) si además se busca despojar de su libertad a los demás. Ningún crimen puede ser amnistiable, y en todo caso el narcotráfico no puede ser más grave que el asesinato o el secuestro. Ése es el nivel de la oposición uribista, la exhibición de una queja para dejar pasar lo verdaderamente atroz.
P. ¿Y con respecto a la Justicia Especial para la Paz? 
R. Está llena de fisuras de impunidad para las FARC, de homologaciones de las FARC con las fuerzas militares, y tienen unas ambigüedades tan grandes como que esa justicia puede hacer calificaciones jurídicas propias, es decir, crear delitos, y no exige la participación obligatoria de la Procuraduría.
Pero le preguntan qué va a hacer con ella,
P. ¿Hacia dónde cree que va la negociación con el ELN? 
R. El ELN tiene el mal espejo de lo que ocurrió con las FARC. Y no va a pedir menos de lo que se le dio a las FARC, eso es una demostración más de premiar al criminal y al terrorismo. Al ELN le diría lo siguiente: si usted quiere realmente la paz, quiere realmente desmovilizarse, desarmarse y reinsertarse debe primero concentrarse, suspender las actividades criminales y estar dispuesto a entrar en un proceso de desmovilización, desarme y reinserción donde puede haber reducciones sustanciales de la pena, mas no la ausencia de una pena efectiva para los máximos responsables. Si el ELN pretende hacer terrorismo mientras está sentado en la mesa, como presidente de los colombianos a eso no le voy a jugar y les diría que las puertas están abiertas sobre la base de la concentración y la cesación de las actividades criminales o de lo contrario tendrán el peso de toda la capacidad ofensiva y disuasiva de la fuerza pública. Es decir, o hacen esto a las buenas o lo tendrán que hacer por la presión de la fuerza pública.
Mentiroso, eso fue lo que hicieron las FARC en un proceso que Duque y el uribismo defienden y apoyan.
P. ¿Qué peso tendrá en las elecciones de 2018 la figura de Uribe? 
R. Es una persona querida por los colombianos, dejó una gran herencia en el país. Tratar de mantener vivo ese legado y las cosas importantes de ese legado yo creo que es fundamental en la estructura de nuestro partido y lo que nosotros queremos para la sociedad colombiana. Y obviamente edificar sobre ese legado, yo siempre he creído en la frase de Isaac Newton de 'Construir sobre hombros de gigantes', y el deber nuestro es modernizar muchos de los puntos de esa visión, de esos conceptos de la inversión, de la equidad, de la seguridad, ajustarlos a lo que el país necesita hoy. Su influencia va a ser importante y positiva y necesaria para el país. Una persona que gobernó ocho años y gobernó bien yo creo que se ha merecido un lugar en la historia para hacer un aporte permanente a la realidad del país.
(Según se cuenta, Newton decía que se había subido sobre hombros de gigantes para aludir a la baja estatura del rival que lo acusaba de plagiar sus ideas. Resulta de mal gusto la alusión habida cuenta de los chistes sobre la baja estatura de Uribe.)
[...]
P. ¿Afronta realmente Colombia el riesgo del populismo? 
R. Sí. Colombia ya tuvo experiencias de populismo, lo tuvo en la alcaldía de Bogotá hace unos años. Llegan personas a generar la lucha de clases, el odio entre clases, la satanización del sector privado, el discurso que es pan para hoy y hambre para mañana. También hay algunos sectores de la izquierda que se han convertido en una oposición hirsuta, y también hay en la extrema derecha, un discurso de destrucción. Destruir, destruir, destruir y caemos en ese factor del populismo tan peligroso que es el adanismo. Uno no puede hacer política con sectarismo y la ciudadanía merece un discurso incluyente.
¿Cuál será esa extrema derecha que preocupa a Duque? No hay ninguna organización política a la derecha del CD. El Partido Conservador forma parte de la coalición de gobierno y apoya "la paz". Dentro del CD la extrema derecha a la que aluden son los críticos del proceso de La Habana. La alusión al "adanismo" tiene gracia: Duque no piensa empezar de cero sino continuar la obra de Santos, por eso la idea de "destruir" alude claramente a los acuerdos con los terroristas, que tácitamente aplaude (cuando reconoce que está bien que se concentren, como si no lo hicieran a cambio de toda clase de legitimaciones y reconocimientos a sus crímenes).
P. ¿Teme la competencia interna en la carrera presidencial? 
R. A la política ha llegado la posverdad. Hay personas que me han tachado para deslegitimarme de comunista, de socialista, dicen que soy un infiltrado. A esas cosas siempre respondo con trabajo. Por lo menos dentro del uribismo tengo la inmensa tranquilidad de tener una afinidad con los postulados del presidente Uribe. Prefiero perder haciendo una política de altura, de ideas, de propuestas, que ganar con trampas.
Es muy cierta la afinidad con Uribe.
P. ¿Viviría en la Casa de Nariño, sede de la Presidencia? 
R. Primero, no estoy seguro de si viviría en la casa de Nariño. Soy una persona de familia, no sé si tendría esa capacidad. Pero, ¿cómo desearía que fuera ese primer día? Que haya un gran sentido de trabajo en equipo, que haya un gabinete pensado para cuatro años, no de ministros que van cambiando como vasos desechables. Y ese primer día quisiera arrancarlo visitando una de las regiones de Colombia muy temprano y a partir de ahí empezar. Devolver la confianza a los ciudadanos. 
No, Duque no pasará a segunda vuelta. Tampoco Nieto Loaiza. Para candidatos equívocos ya está Vargas Lleras, con muchísimos más recursos, y aun puede que en la segunda vuelta estén sólo dos candidatos del narcoterrorismo, Drácula de la Calle por el Partido Liberal y Robledo o alguno así por los comunistas. La opción que apoyaría la mayoría, la que propusiera seriamente castigar el crimen de La Habana y deshacer la obra de Santos no tiene, y probablemente no tendrá, ningún candidato.

12 may. 2017

Sanción social, no censura

Por Diegoth

Cuando estaba en la universidad, iba a ir a un concierto de Paul Gillman. Me enteré con un amigo que estaba dando una rueda de prensa cerca, así que fuimos los dos al sitio. Estábamos en plan clase, y teníamos ropa común y corriente, nada negro ni rockero. Así llegamos a la rueda de prensa. Era 1996, creo. Gillman llevaba muchos años artísticamente muerto y acababa de lanzar un nuevo disco, relativamente bueno. Hasta entonces había estado sobreviviendo desde mediados de los 80 a punta de cantar babosadas como "Adriana" y "Johnny sé bueno" en Sábado Sensacional. Humillante eso.

Entramos a un salón en un edificio y ahí estaba Gillman firmando autógrafos a una masa de metaleros, todos de negro, excepto mi amigo y yo. Yo no iba a pedir autógrafo. Solo teníamos un rato libre y quisimos ir por curiosidad. De repente se abrió la masa negra y quedé frente a él. Mi amigo es negro e iba vestido creo que de amarillo. Yo iba con ropa normal, una camisa a cuadros. Gillman nos miró de arriba abajo. Y puso cara de "¿qué hacen aquí estos dos? No tienen pinta de rockeros, qué asco". Me pareció una actitud muy estúpida.

Al día siguiente fue el concierto, y como ya tenía entrada comprada, fui con unos amigos. El playback de Gillman fue asquerosamente evidente. Llevábamos unas semanas escuchando su nuevo disco, así que nos sabíamos hasta el orden de las canciones. El concierto fue idéntico. Fue simplemente darle play al disco y empezar a hacer el playback en la tarima. Nada más fue eso. Era exactamente el mismo sonido de estudio.

Aun así, aunque su concierto fue una burla, las canciones no eran malas. Pero 7 años después Gillman consiguió lo que tanto deseaba: Financiamiento del Estado. Ya con Chávez, en 2003, lanzó un nuevo disco lleno de letras mucho más antisistema que lo normal. Desde entonces Gillman fue haciéndose famoso no por sus canciones, ya que su nuevo disco "rojo rojito" resultó musicalmente horrible... Y sus letras forzadas, como siguiendo una programación entregada por el gobierno. Se acabó el artista Gillman y nació el miliciano Gillman.

Hasta que llegó a pedir al gobierno para el que ahora trabajaba, que no financiara proyectos artísticos de bandas no alineadas con el PSUV. El Gillman que de niño escuchaba con Arkángel, el de "Levántate y Pelea", el del Silbón, ahora era el de la boina roja y la tarima política. El nuevo Gillman, el miliciano y ya no más el artista, ahora en vez de cantar se dedica a vociferar consignas en favor de la dictadura venezolana. El Gillman que antes aborrecía a los políticos "ladrolíticos" ahora trabaja para ellos, y si le ordenan llamar "apátrida" a Capriles, lo hace sin sonrojarse.

Ahora porque viene a recibir de su misma medicina en Bogotá, llega a Telesur con el rabo entre las patas quejándose porque se la devolvieron. Así que quienes alegan que Gillman fue "censurado", sepan primero que él es un censurador. Si creen que es un artista, sepan que solo es un militante gubernamental. Ni artista, ni censurado. Gillman simplemente recibió al fin de su propia sopa. Venezuela vive bajo una dictadura atroz y él lo sabe.

Pero lo suyo no es simple apoyo ideológico. Él se presta abiertamente para promover al régimen dictatorial. Le sirve de promotor. Que pague. ¿Cuántos jóvenes que pudieron haber disfrutado de las viejas canciones de Gillman han sido asesinados por los GNB y los colectivos que él tanto apoya? Por mí está bien que Julio Correal decidiera sacarlo de Rock al Parque. Es una pequeña dosis de justicia no contra un "artista" sino un ESBIRRO.

Gillman, el cónsul venezolano en Suiza, la periodista oficialista en Madrid, la hija del corrupto en Australia, todos están recibiendo lo que sembraron. Que no tengan descanso ni paz, que no tengan respiro fuera de Venezuela. Que sepan que el mundo los aborrece. Que no toleramos más la dictadura. Que sepan que estamos al tanto de que cada pisada que dan en el exterior es financiada por el PSUV con el dinero que roba a los venezolanos. Mientras millones de ellos coman una vez al día y no consigan medicinas, que no haya espacio para un Maldonado, un Dudamel ni un Gillman. FUERA DE AQUÍ.

7 may. 2017

La ilusión de un porvenir

Por @ruiz_senior

Ilusión
Esta palabra se usa en sentido metafórico con el sentido de "anhelo" ("Esperamos con ilusión tu regreso") pero en rigor quiere decir "engaño" (lo que hace el ilusionista y consumen los ilusos). Para esta acepción se usa más "espejismo", que es otra metáfora, pues en rigor el espejismo es la ilusión de ver por encima de la línea de horizonte lo que debería verse por debajo. El entusiasmo con que ha sido acogida la aspiración de Rafael Nieto Loaiza a ser candidato presidencial del CD corresponde a ambas acepciones, es un anhelo engañoso que no resultará en nada. Las ganas son más fuertes que la evaluación objetiva, y no puedo dejar de recordar que todavía a finales de 2012, mucho después de la persecución de la fiscal Morales (nombrada gracias a la violación de la ley por parte de Santos y la Corte Suprema de Justicia) contra Andrés Felipe Arias, los uribistas seguían diciendo "La U es de Uribe". ¡Qué grato pensar que no se han impuesto los terroristas con la complicidad de Uribe y su séquito, sino que ahora Uribe se enmienda y apoya a un candidato que endereza las cosas! Hay momentos en los que el entusiasmo debe hacer frente al riesgo del ridículo.

Derecha
Lo que ocurre en Colombia con el gobierno de Santos y sus socios narcoterroristas es la abierta abolición de la democracia, la violación de la ley y de los más elementales derechos humanos, la negación de toda justicia y la mayor amenaza a la libertad. Las clientelas de la industria del secuestro lo presentan como la superación del conflicto y la consecución de la ansiada paz, cosa que asocian con su discurso de "izquierda", pero los descontentos no pueden ver que se trata simplemente de una conjura criminal sino que se proclaman de derecha y atribuyen todas las atrocidades a la ideología de izquierda, todo porque, como explicaba hace poco, no tienen un problema con el uso de niños bomba sino con el mundo moderno: el reclutamiento de niños soldado les parece algo casi tan malo como cuando un hombre fornica con otro o como cuando se ponen a fumar marihuana. Son todo cosas de la izquierda. Si esa monstruosidad de "la paz" no es impopular fuera de Colombia es simplemente porque en Colombia no tiene resistencia, al menos una resistencia real basada en la ley y la democracia. Por el contrario, los antagonistas del narcorrégimen son los que cuestionan los derechos humanos (y también cuestionarían la libertad y la justicia y la democracia y la ley si no fueran palabras interpretables hasta significar cualquier cosa, como significan cualquier cosa para los de la "izquierda"). 

Coherencia
Ilusionados con el nuevo precandidato están los de derecha (que al describirse así legitiman al hampa, que resulta como el otro lado de las cosas, y a los ojos de los jóvenes o de la gente de otros países sale legitimada porque no se asocia con atrocidades y despojos sino con ideales de igualdad y comunión de origen cristiano). Se les olvida que Uribe fue a vender el NO del plebiscito, y es que si se encontraran en otro bando estarían desesperados, aislados e inanes, y así prefieren engañarse que hacer frente a la realidad. Parece un chiste reprocharle a Nieto Loaiza que no aludiera en su discurso en la convención a la anulación del acuerdo en el plebiscito sino a la consabida "mejora", como si las candidaturas del CD no dependieran de la aprobación de Uribe, que fue el que salvó el acuerdo (como aseguró en el Senado, lo que se puede ver en un video ampliamente difundido). Es como si alguien va a la casa del usurero a pedirle prestado dinero y lo primero que hace es tratarlo de canalla y ladrón.

Semblanza
Un hipócrita que pretendiera ganar el favor de Uribe fingiendo aceptar el acuerdo de La Habana pero deseando abolirlo sería en gran medida comprensible: tal como entienden los de derecha, no hay ninguna opción de ganar las elecciones en 2018 sin Uribe, de modo que esa ligereza sería forzosa. Pero ése no es el caso de Nieto Loaiza. Es que de ninguna manera puede representar el rechazo al acuerdo de La Habana ¡PORQUE NUNCA SE HA OPUESTO A PREMIAR A LAS FARC! Insisto, dice Borges de algún contradictor que "tenemos que dudar de su inteligencia para creer en su honestidad", en este caso, de nuevo, hay que dudar de ambas. Yo no puedo distinguir las razones de este Rafael de las del otro ex viceministro uribista, Guarín. Los invito a prestar atención a este artículo de 2012.

Se trata de aconsejar al gobierno sobre aquello que lo perjudica en su imagen y los "errores" que está cometiendo. Una serie de "críticas constructivas" en medio de la más infame persecución y propaganda terrorista. El que crea que agosto de 2012 es una fecha muy remota para saber lo que Santos andaba haciendo, debería ver este video de junio de 2011 o mejor todavía, leer este artículo de febrero del mismo año. El artículo termina con una perla que retrata enterito al nuevo líder:
Al país no le conviene que a Santos le vaya mal. A nadie, salvo a los criminales, les conviene que a Santos le vaya mal. Pero con un año difícil por delante, el escenario no es alentador. Y si en la Casa de Nariño siguen creyendo que la cosa es solo problema de comunicaciones, teniendo como tienen todos los medios nacionales a su servicio, el totazo de las encuestas dentro de un año será, ahí sí, demoledor.
Claro, en el país de la mala fe todos dirán que el que "a Santos le vaya mal" se debe entender como que su presidencia fuera benéfica para el país y demás. Pero eso requeriría pensar que Nieto Loaiza no se daba cuenta de que el plan de Santos era llevar al poder a los terroristas, para lo cual haría falta ser un idiota. ¿A qué criminales les podría convenir que a Santos le fuera mal? A los de las FARC, naturalmente. Peores que un ex funcionario servil que aconseja al gobierno para que lo tengan en cuenta para nombramientos (como el de abogado del país en un litigio internacional) son los que niegan las evidencias en aras de quién sabe qué agendas ocultas.

Esto es de noviembre de 2015, con reproches más acentuados a las actuaciones de Santos (que incluyen la mentira de que el tartamudo fatídico ganó en 2014 por acusar a sus contradictores de ser "enemigos de la paz", como si éstos en algún momento hubieran cuestionado mínimamente el premio del crimen. Santos no ganó porque nadie le creyera a su paz, sino porque era imposible creerle a un imitador más torpe, más feo y más provinciano). Naturalmente, en ningún momento se dice que las leyes no se pueden negociar con los criminales, y la coda es elocuente:
Sin embargo, señor Santos, no sobra que recuerde que “para la firmeza y sostenibilidad de los acuerdos” es indispensable una aprobación popular verdaderamente mayoritaria. Sin ella, repito, los acuerdos no valdrán ni el papel en que están escritos.
De donde se infiere que en caso de haber tenido éxito la propaganda del narcorrégimen la componenda cuya base es la legitimación de los crímenes terroristas sería lícita. Como si mañana un candidato propusiera matar a todos los negros, o a todos los judíos, y recibiera una aprobación mayoritaria. Los acuerdos no valen nada (no fueron aprobados) y ahí están vigentes gracias a que Uribe acudió a salvarlos. Lo que hace falta es quien los describa como crímenes, como la madre de todas las atrocidades terroristas (el fin para el que se cometieron) y como el logro de un plan perverso del propio Santos y su clan. Eso no se puede hacer con el uribismo.

El artículo tiene, eso sí, el mérito de señalar cuál era el objetivo de las componendas del uribismo con Álvaro Leyva y la Constituyente acordada con las FARC (con delegados de "organizaciones sociales", exactamente igual que en el actual proyecto de Maduro, como anunciaba y aprobaba Juan Lozano en un escrito que Uribe divulgaba).
[Santos] Tenía las opciones del referendo y de la constituyente. La constituyente la descartó por tres razones: la primera, porque cree que es una caja de Pandora y que aunque la Constitución del 91 reconoce la posibilidad de hacer asamblea “constitucionales”, es decir, con temario limitado, después de instituida la asamblea se proclame constituyente, como la del 91, y no haya quien la ataje. La segunda, porque teme que sus aliados no ganen y que sus críticos obtengan una mayoría y, en consecuencia, cuestionen, condicionen y modifiquen los acuerdos que se alcancen con las Farc. Por último, que esa constituyente le abra la puerta a la reelección de Uribe, la peor pesadilla de Santos.
Ya lo saben: la ley, la democracia, la justicia, la libertad y los derechos humanos de las personas son cuestiones que nos interesan a cuatro pendejos. Lo que mueve la actuación de Uribe y sus decisiones sobre la paz, incluida esa maravilla de vender el voto del NO en el plebiscito porque lo considera suyo, es el "bien supremo" de Uribe (como lo llama Fernando Vallejo), el retorno a la presidencia. A nadie le molesta, todos son uribistas y muchos apoyan a un amigo de la paz que le deseaba suerte a Santos, lo cual es perfectamente normal porque ante todo odian a esos libertinos de la izquierda y no tienen otro horizonte que un presidente afín, como ocurrió en 2002 y 2006, con el resultado que conocemos.

Colombia sólo necesita asimilarse al mundo moderno. No lo conseguirá mientras no se superen las mañas, mientras parezca tan importante el presidente del próximo periodo sin importar que sus designios sean peores que los del régimen (como la universidad para todos que Zuluaga y sus compañeros definían como "revolución educativa"). No les servirá de nada, ni Uribe volverá a la presidencia ni su candidato pasará a la segunda vuelta. Haría falta que representaran algo distinto. Incluso creo que un candidato verdaderamente atractivo para las mayorías sería un rival odioso para el Gran Colombiano porque podría hacer daño a su aspiración, que de todos modos mantiene viva en espera de que la ley de la entropía genere una situación tan desesperada que sus antiguos compañeros del "liberalismo" y el PSUN lo llamen (como esperaba en 2011 demostrar que los votos eran suyos y Santos lo necesitaría para ganar elecciones).

Respecto a Nieto Loaiza y su Gran Alianza Republicana ya publiqué una entrada de este blog hace unas semanas. También recomiendo leer esta perla sobre Sigifredo López.

2 may. 2017

Ni la economía ni la paz

Por Jaime Castro Ramírez

La gestión de un gobierno requiere ser sustentada con una rendición de cuentas provista de hechos tangibles que representen verdaderas realizaciones, o dicho de otra forma, que muestre la real ejecución de las promesas convertidas en programas de gobierno que han sido expuestos al pueblo para hacerse elegir. Una presentación diferente en cuanto a querer mostrar situaciones irreales, pero camufladas como promesas cumplidas, se traduce en una postura perversa de pretender engañar a quienes no tienen la suficiente capacidad de análisis para distinguir entre una realidad y un simple espejismo retórico que solo persigue conseguir engañosamente el aplauso inmerecido de incautos. Estos traidores contra la voluntad ciudadana que les ha otorgado el poder de gobernar, incumplen su compromiso acudiendo a darse la licencia para suponer que los avala lo que ellos creen que es la ignorancia del pueblo.

El comportamiento de la economía colombiana
Durante los últimos 4 años (2013 a 2016) el crecimiento del producto interno bruto (PIB) en Colombia ha tenido un ritmo descendente, pues registra los siguientes índices:
2013 crecimiento 4,9%
2014 crecimiento 4,4%
2015 crecimiento 3,1%
2016 crecimiento muy bajo del 2%, con el agregado de una inflación al alza del 5.75%, a pesar del incremento de la tasa de interés de intervención por parte del Banco de la República, la cual empezó el 2016 en 5,75% y terminó el año en 7,50%

Además, para el año 2017 el pronóstico de crecimiento económico está previsto por los analistas especializados que no será mayor a 1,8%, lo que significa un crecimiento mediocre.

Estos márgenes descendentes del crecimiento de la economía se reflejan en factores tales como: el bajo desempaño en la industria y el comercio, disminución de las exportaciones, el alto grado de endeudamiento, tasas altas de interés, crecimiento de la cartera morosa en las instituciones financieras, alto desempleo (40% del empleo es informal), las cargas tributarias exageradas que han contribuido al cierre en Colombia de numerosas empresas extranjeras, con el consiguiente incremento del desempleo.

El hecho de haber aumentado la tarifa del IVA del 16% al 19%, esto ha generado un estancamiento de las ventas en lo que va del primer semestre del año 2017, y la consecuencia obvia es que entonces el mercado se ha resentido significativamente, lo que también tiene alguna incidencia en aumentar la tasa de desempleo. Las autoridades tributarias no han entendido el hecho cierto de que: “no por aumentar tarifas de impuestos esto se refleja en mayor tributación”, pues incluso puede generar el efecto contrario por la sencilla razón de que se convierte en un factor de dificultad económica para los contribuyentes, llámense empresas personas jurídicas, o personas naturales. Las bajas tarifas de impuestos tienen el consecuente efecto positivo de dinamizar la economía a través del incremento de la inversión en proyectos productivos y comerciales, por lo tanto se incrementa obviamente la producción de bienes y servicios, en consecuencia se incrementa el consumo reactivando los mercados y los medios de pago, y por consiguiente se facilita la contribución al pago de los impuestos. En este estándar económico, impulsado por tarifas de impuestos razonables (bajas), se puede controlar eficientemente la inflación.

Si no existe una buena economía, pues por obvias razones el país no puede marchar bien en ninguno de sus frentes que requieren atención a través de la aplicación de políticas públicas de desarrollo.

Los linderos de la paz
La llamada paz en Colombia tiene una fisonomía no propia de la paz. El presidente Santos ha expuesto en todos los escenarios posibles que Colombia es un país en paz, y esto se lo creen en países extranjeros porque no conocen la realidad en Colombia, pero los colombianos sí saben que esa anunciada existencia de la paz no es real, pues continúan: el narcotráfico disparado, las extorsiones a todo ritmo, y la violencia continúa siendo generada por diferentes actores que asesinan policías, soldados, y civiles, por lo tanto, existe mucho escepticismo en la población, y tanto es así que últimamente en las encuestas de opinión solo el 16% de los colombianos creen en Santos y en su promocionada paz.

Respecto a lo específico de este tema de la paz, lo único que sí es cierto que existe en Colombia actualmente es la grande desconfianza popular por el futuro político, económico y social del país, reflejado en las exageradas concesiones que el presidente Santos le hizo a las Farc en su arrodillada negociación, comprometiendo peligrosamente el Estado de derecho y sus instituciones democráticas. Hay que insistir en que este tipo de negociaciones que se pueden denominar unilaterales por concretarse en completa condición de inferioridad, es decir, donde solo se escuchan exigencias de una de las partes, y la otra parte únicamente procede a responder con concesiones; esta situación no puede generar paz por la simple razón perversa de claudicación en que se incurre.

Se requiere un manejo prudente de la situación por parte de los actores Santos-Farc, pues eventualmente no podría sonar extraño que en las condiciones escritas y concedidas en el acuerdo con las Farc, a cambio de paz, lo que logren sea generar un ambiente de continuidad de la violencia, pues también lo cierto es que la sociedad colombiana no está dispuesta a entregarse por las buenas al anunciado socialismo del siglo XXI, que es sinónimo de represión y miseria.

24 abr. 2017

Maduro amenaza delatar a Santos

Por Jaime Castro Ramírez

Los secretos entre traidores se descubren cuando a través de su mentalidad tráfuga, que es propia de esta categoría de personajes, deciden romper el equilibrio de sus convenios para proceder a la inversa de los cometidos iniciales. En esta instancia de rompimiento de acuerdos furtivos empieza lo grave, lo que va tomando dimensiones inesperadas, pues aparece entonces la figura de la amenaza con delatar al contrincante en sus oscuros procederes. Y como esto se convierte en una acción de ida y vuelta, de tome y dame, es decir, de ojo por ojo y diente por diente, pues es ahí donde se termina conociendo todo ese entramado perverso.

Lo que significa para Maduro la insensatez de Santos
La actitud traidora de Santos es bien conocida por los colombianos, y como entre traidores solo puede haber lealtades efímeras; para efectos de la maltrecha dictadura que opera en Venezuela, Maduro fue sorprendido con lo que quizás fue el producto de la imaginación delirante de Santos al afirmar que le dijo a su “nuevo mejor amigo” Chávez: “La revolución bolivariana fracasó”, pues era bien conocido el arrodillamiento de Santos ante Chávez, y seguramente éste último lo hubiera puesto en el más alto sitio de reproche al escucharle semejante ofensa política. De tal manera que hay suficiente duda en cuanto a que tal afirmación de Santos sea cierta en su contenido, tal vez lo haya dicho para pretender lavarse las manos ante el nuevo gobierno de los Estados Unidos, y ante otros gobiernos, que ven con grande preocupación la tragedia que ocurre en Venezuela, y saben de la actitud pasiva de silencio cómplice del presidente de Colombia Juan Manuel Santos frente a esa ignominia contra el pueblo venezolano.

Claro está que tal expresión de Santos le cayó a Maduro como un golpe político muy fuerte que contribuye a empeorarle la situación de su oprobiosa dictadura frente al alto nivel de protestas de la oposición para intentar recuperar la democracia venezolana, y también fue una expresión muy diciente frente a la comunidad internacional, pues esto igualmente contribuye a debilitar aún más las maniobras del dictador para aferrarse al poder.

La reacción de Maduro
Santos no podía esperar una respuesta diferente a la obtenida, es decir, donde el efecto fuera directamente proporcional a la causa, como suele decirse, de tal causa tal efecto.

Sin embargo, es significativo señalar la importancia que tiene para Colombia lo dicho por Maduro en el sentido de que “Colombia es un Estado fallido”, y que va a “revelar todos los secretos del proceso de paz con las Farc”. La importancia aquí implícita radicará en que los colombianos podremos conocer todos los componentes secretos de las concesiones hechas por Santos a las Farc a espaldas del pueblo, y lo que eso significa para el debilitamiento de la estabilidad de la república, su democracia y sus instituciones. Se podría inferir que quizás será esta la razón que utiliza Maduro para afirmar que “Colombia es un Estado fallido”.

En este caso el señor Maduro tiene el amplio apoyo de todos los colombianos para que empiece de inmediato a dar a conocer lo que él llama “secretos del proceso de paz”, así sea que con ese destape renuncie per se a su derecho de no autoincriminación, pues lo que es esencialmente cierto es que la trama de esos inquietantes secretos que son ahora motivo de amenaza de divulgación por parte de Maduro, han sido de autoría compartida por el trío Santos-Maduro-Castro.

Por citar un solo ejemplo, que nos informe Maduro, dentro de esos secretos, cuántos individuos matones de los que él llama “colectivos” están previstos para enviar a Colombia como reciprocidad para contribuir a la consolidación del socialismo del siglo XXI. Igual cosa sucederá de parte de Cuba como “aporte” a la “paz socialista”, como bien se sabe que lo ha hecho enviando mercenarios a Venezuela desde que empezó esa cacareada revolución, y a la vista del mundo entero está el resultado trágico para el pueblo venezolano.

Así que bienvenido señor Maduro con su aporte informativo detallado sobre lo que los colombianos requerimos conocer, pues según usted lo da a entender al llamarlo “secretos”, significaría que esa información se nos ha ocultado por parte del gobierno Santos.

23 abr. 2017

El ministro ateo y el techo de los devotos

Por @ruiz_senior

El mes más cruel
Supongo que todo el mundo habrá oído alguna vez el primer verso de La tierra baldía: "Abril es el mes más cruel". En Venezuela está resultando particularmente sangriento, a tal punto que el siniestro Juan Manuel Santos tuvo que desmarcarse del apoyo a Maduro, lo que ocasionó nuevas denuncias sobre la infamia de "la paz". Entre tanto, en Colombia avanza la campaña contra la corrupción que ya es el tema central del narcorrégimen, con anuncios de televisión firmados por los genocidas de las FARC y campañas como el foro de Semana basado en una mentira monstruosa ("Corrupción en Colombia; la peor forma de violencia", con el que se excusan las masacres y los niños bomba, que no parecen tan graves como los contratos que recibe Semana por hacer propaganda del premio de esos actos). La relación entre ambos hechos es evidente porque el dueño de Semana es el hijo del promotor del Partido Comunista y el director es el hijo del virrey cubano y jefe de las FARC. Pero llevan mucho tiempo "machacando" el concepto, de ahí que el enternecedor íncubo Claudia López haya estado promoviendo su referendo contra la corrupción. Tras el foro, la campaña en televisión, decidieron los estrategas del G2 cubano.

El país de los enemigos de la corrupción

Sobre lo perversa y en definitiva criminal que es la propaganda anticorrupción en un país en el que se han cometido cientos de miles de asesinatos y decenas de miles de secuestros en pocas décadas ya publiqué la semana pasada una entrada de este blog que no ha tenido la menor repercusión: todo lo que exija pensar e ir un poquito más allá del eructo sentimental es exigirles demasiado a los colombianos, como quien formara un coro de micos y esperara obtener un unísono perfecto. Ahí tienen, con el mayor descaro, a los traficantes de cocaína despertando la indignación por algo que en definitiva no cabe de ninguna manera en la categoría de "corrupción" como el programa Agro Ingreso Seguro (las corruptelas que se registraron fueron minoritarias, no tenían relación con la creación del programa y se pudieron resarcir). Pero no sólo eso: el abanderado natural de la corrupción es el gobierno que la ha multiplicado, con el que aumentó exponencialmente la producción de cocaína y el despilfarro en propaganda. Y también la revista que más se ha beneficiado de ese despilfarro, obviamente: la corrupción siempre son los otros y no hay corrupto que no quiera remediarla. Cada vez más, en cuanto oigo a alguien despotricar de la corrupción lo incluyo entre los idiotas o entre los canallas, y a menudo cabe en ambas categorías.

Mamarrachos

Como se trata de una causa noble no podían faltar los precandidatos presidenciales del uribismo, que cada día se hace más evidente como adorno grotesco del narcorrégimen. También el eructo sentimental de sus hinchas ayuda a reforzar a los terroristas enemigos de la corrupción; sin ir más lejos, la marcha del 1 de abril tenía por tema la corrupción, que siempre son los otros, que en definitiva son todos porque los impulsos irracionales de envidia y devoción fanática devoran todo concepto, con lo que el adjetivo insultante ("no chévere") se le adjudica a cualquiera que sea del otro bando. Allá estaba Duque, que también atribuye los crímenes al "conflicto", compitiendo con Trujillo, que ha alcanzado la proeza de demostrar que se puede ser más despreciable que Duque. ¡No van a dejar de estar contra la corrupción ni de participar en un foro contra la corrupción".

El corrupto paradigmático
La corrupción se encarna en la propaganda de los cibersicarios que obedecen al gobierno y a las FARC (son lo mismo) en el ex procurador Alejandro Ordóñez, al que el Consejo de Estado anuló su nombramiento por irregularidades en su reelección, irregularidades que consisten en que aquella se basó en las componendas con que se deciden regularmente los nombramientos importantes (como el del nuevo procurador, prócer que "tiene su historia" en el ámbito de las complicidades con el narcotráfico, por no hablar de su legitimidad como vigilante de los funcionarios, y que obtuvo el voto de los uribistas, cómica "oposición" conveniente al narcorrégimen). Colombia es la tierra del diccionario inverso, no hay que sorprenderse, por eso la peor hampa hace campaña contra la corrupción y hay quien la tolera, cosa que se explica porque en definitiva la inmoralidad y el crimen tienen su sede en el interior de cada persona. Es que esos términos confusos favorecen el engaño y el "lavado de cerebro", el que quiera mirar un mapa de la corrupción en el mundo verá en primer lugar a los países del narcoimperio cubano junto con los Estados fallidos de Asia y África, pero los criminales siempre encontrarán a ignorantes y envidiosos a los cuales soliviantar.

El ministro ateo

El sambenito de "corrupto" que le ponen los sicarios de las redes sociales y los medios a quienes les manden, le corresponde a Ordóñez, pero su notoriedad reciente proviene de otro hecho. En un programa de televisión el ministro de Salud se declaró ateo y atacó a Ordóñez por actuaciones hostiles de motivación ideológica cuando era procurador, lo que dio lugar a esta respuesta.
En el contexto de la discusión la cuestión es más sutil que como aparece a primera vista: que los ministros deben ser nombrados según su afiliación religiosa. La crítica real de Ordóñez tiene mucho fundamento, dado que la agenda del gobierno es la de la izquierda y un buen ejemplo de eso es la promoción de la grotesca "ideología de género" que despertó resistencias que ciertamente influyeron en el resultado del plebiscito. Pero la identificación del ateísmo con la adhesión al aborto, la eutanasia y la ideología de género es una operación sectaria típica: así razonan los comunistas, para quienes todo el que no se les somete es "fascista". Todas esas cuestiones admiten mucha discusión, pero una actuación política centrada en ellas pasa por alto la tragedia que ha vivido Colombia y termina favoreciendo al bando narcoterrorista.

Guerra cultural

Ese terreno de la guerra cultural entre conservadores y modernizadores es el que buscan los terroristas porque les conviene: a toda costa buscan que se olviden los secuestros y las masacres, no faltaría más sino que les incomode que les regalen la bandera del "partido del recreo" (ver al respecto otras entradas relacionadas: 1, 2, 3). Desde 1930 los conservadores sólo han ganado elecciones por la división liberal (1946), en medio del caos y al mando del Estado (1950), por un acuerdo que excluía la competencia (Frente Nacional), de nuevo por la división liberal (1982) y como parte de un acuerdo que incluía a muchos liberales (1998). Ahora además los afines al partido liberal, ya abiertamente una agencia narcoterrorista, cuentan con décadas de adoctrinamiento y con el probable voto de todos los que se verían amenazados por un gobierno intolerante: homosexuales, consumidores de marihuana, mujeres que abortan, etc. Incluso los de otras denominaciones religiosas, ahora muy numerosos, podrían votar en contra de un candidato de apariencia sectaria. Ningún país americano cuenta con un gobierno elegido con banderas confesionales desde hace mucho tiempo.

Dios mío, ¿por qué?

En las entradas de este blog que enlacé arriba ya señalé que el problema de los conservadores no es el terrorismo ni el sometimiento del país a bandas criminales sino el mundo moderno. A eso se suma que comparten con sus adversarios el mismo país y a menudo la parentela: se informan por los mismos canales de televisión o emisoras de radio o periódicos y conviven con personas que reproducen la ideología del narcorrégimen sin darse cuenta. De ahí que el libertinaje y la corrupción de las costumbres de este "pornosiglo" les preocupen más que los asesinatos de soldados y policías, que los medios ocultaban y que ya están olvidados, así como los secuestros y las demás atrocidades. Tal como el ateísmo les parece equivalente a la promoción del aborto, también los crímenes terroristas son el resultado de la ausencia de fe, cosa que resulta de veras fascinante si se comparan los índices de criminalidad entre Colombia y Europa, donde los practicantes de confesiones cristianas son una minoría ínfima. Mucho más razonable sería la portada del Charlie Hebdo que hace culpable a Dios (en realidad, réplica al hediondo Bergoglio, que justificaba la masacre por las blasfemias de la revista). Por eso la singularidad de Colombia y de su situación actual les resulta invisible, todo es el avance del libertinaje y el ateísmo.

El hombre del glifosato

En mi opinión, la denuncia de lo que en realidad significa "la paz" y el conjunto de actuaciones del gobierno Santos podrían convocar a una mayoría de colombianos, pero para eso tiene que haber alguien dispuesto a hacerlo, no va a ser el uribismo cuyos precandidatos culpan al "conflicto" y proponen "modificaciones" al acuerdo de La Habana. La URGENCIA de deslindar campos con esa gente por parte de quien quiera enfrentarse al narcorrégimen es algo que nadie quiere ver, a TODOS les parece que hay que salvar la unidad, aunque esa unidad termina siendo un sumidero que arrastra todo el descontento a la sumisión al narcorrégimen. Si se pensara en esa denuncia, el ministro Gaviria podría ser descrito como un prevaricador que promueve el lavado de activos (en cuanto miembro del gobierno mafioso) y la multiplicación de la producción de cocaína. Las excusas ambientalistas sobre la prohibición del uso de glifosato no son respaldadas por ninguna autoridad científica, mientras que el daño de los agroquímicos que usan los criminales en los cultivos se pasa por alto en la infame retórica del régimen. Pero ese asunto no afecta a la reputación de Gaviria ni del gobierno. El propio Ordóñez parece más interesado en defender la familia y los valores cristianos que en combatir los acuerdos de La Habana, toda vez que no quiere quedar huérfano de la coalición con el uribismo, que apoya esos acuerdos.

El techo de la "godarria"

Para concluir tengo que hacer hincapié en algo que señalé antes. Es innegable que los "motivos" de la propaganda conservadora tienen público en Colombia, pero también que esos apoyos no bastarían para ganar una segunda vuelta presidencial. La percepción de sectarismo en el discurso del ex procurador puede hacerle un daño tremendo y hacer que sus únicos partidarios sean los que ya lo apoyarían de todos modos, mientras que el "caladero de votos" (como dicen en España) de los que pueden ser homosexuales o consumidores de marihuana o libertinos o ateos o gentes de cualquier otra corriente ideológica, que podrían oponerse al narcorrégimen, se queda sin explotar o mejor dicho, se les deja a los narcoterroristas porque el dilema que se plantea no es entre la tiranía cubana y la democracia liberal sino entre la reserva moral del pasado (con cuestionamientos a los derechos humanos incluidos) y el desorden moderno. Con esa polémica el precandidato Ordóñez se ha alejado, quién sabe si fatalmente, de llegar a una segunda vuelta presidencial.

16 abr. 2017

La pesadilla de la corrupción

Por @ruiz_senior


La llamada corrupción política es uno de los temas más interesantes de cuantos pueda encontrar un observador, pero no porque importe tanto lo que se roban los políticos o funcionarios sino porque nada es más podrido y deshonesto que la propaganda política que usa ese concepto como tema principal, y no hay sociedad más condenada al fracaso que aquella cuyos ciudadanos creen que el origen de sus problemas son las tropelías de esos políticos o funcionarios.

Antes de seguir debo señalar que sobre ese mismo asunto ya escribí algunas entradas hace muchos años (1, 2, 3). Ha pasado más de una década y es como si las hubiera escrito ayer.

¿Qué es corrupción?
Cuando los uribistas cambiaron el sentido de la marcha que convocó el ex procurador Ordóñez contra el acuerdo de La Habana para convertirla en marcha contra la corrupción aparecieron en las redes sociales miles de indignados. ¿Cómo podían Uribe y su gobierno convocar marchas contra la corrupción? La corrupción para las víctimas de la "educación" colombiana es Uribe. Es una corrupción que los indigna hasta sacarlos de sus casillas. ¿Acaso no está condenado Arias? Esas certezas son el fruto de un proceso terrible de idiotización, pero el caso es que en todos los gobiernos hay corrupción. Y ciertamente las corruptelas se multiplicaron con el gobierno de Santos, pero todo eso no es nada importante al lado de "la paz", que es la madre de todos los crímenes.

Lo más probable es que en Colombia todos los contratos que haga el Estado cuenten con comisiones ilícitas para los funcionarios, y del mismo modo habrá otras modalidades de robo. Pero por una parte, siempre hay mecanismos que permiten robar sin que sea posible demostrar el delito, y por la otra hay actuaciones que son inmorales y lesivas para los ciudadanos sin que haya delito ni se considere corrupción. La doble pensión de los maestros (que hasta hace poco cobraban la pensión mientras seguían trabajando y cobrando un sueldo, y quizá lo hagan todavía), y miles de tropelías semejantes, constituyen un despojo a los demás que no se considera delito ni corrupción pero que sustrae mucho más dinero que las comisiones y peculados. Eso sí, no son noticia en los medios, que siempre encuentran algún halago que proveer a los descontentos buscando favorecer a alguna bandería.

Un Leitmotiv incesante de los que claman contra la corrupción es el sufrimiento que generan los corruptos en forma de ausencia de servicios públicos, de educación, atención sanitaria, etc. Tras ese discurso se oculta la idea de que esos servicios son algo que los demás deben proporcionar y no que la gente debería costearse con su trabajo. Las posibilidades efectivas de pagar esos gastos por parte del Estado siempre son relativas, pero gracias al odio a los corruptos se hacen infinitas, tal como la provisión de recursos. Nunca he encontrado a un solo indignado contra la corrupción que tenga el menor interés en entender algo de economía o administración pública. ¿Para qué? Si llega a entender algo empieza a parecerse a los corruptos y va a alejarse de la masa de personas admirables que son las que no saben nada de esas materias y creen que el dinero del Estado es infinito pero aun así no alcanza para nada porque TODO se lo roban los corruptos.

La ideología tercermundista se basa en los aspectos más sombríos de la moral judeocristiana: esa que encuentra culpa en todo esplendor, con lo que cualquiera que prospere resulta sospechoso y aun condenable, más si se paga los lujos que los demás no pueden pagarse. La mayoría de los que echan espumarajos por la corrupción consideran que Amancio Ortega es sencillamente un criminal, y para eso no vacilarán en encontrarle culpas, por absurdas que sean. Sería difícil distinguir entre ese odio espontáneo de los perdedores y malogrados y el rechazo de las maquinaciones de los corruptos.

En cambio, los programas por los que se provee vivienda gratis a algunos no se consideran corrupción, siendo un desmán tan odioso y empobrecedor para el conjunto como cualquier otro robo. ¿Quiénes son los beneficiarios de esas casas? ¿Son acaso los únicos pobres o los únicos que no tienen vivienda? ¿No es atroz que muchos otros vivan en condiciones peores debido a que una parte de los recursos se van a darles viviendas a las clientelas de los políticos? No hay modo de que lo quieran entender, y es que la corrupción política mesurable y conocida se da como simple sombra del estado moral de la comunidad. Los que aplauden las casas gratis, la mayoría de los colombianos, no quieren entender que se trata del uso de dinero de todos en unos particulares, en provecho del político que se gasta así el dinero de todos. La ignorancia se suma al anhelo de buena conciencia y un desafuero resulta ejemplo de bondad. Y mientras tanto se mantienen atrocidades como la parafiscalidad y el 4 X 1000, puesto que a nadie se le ocurre que eso deba cambiar para que Colombia se parezca a los países civilizados. ¡Ningún enemigo de la corrupción quiere quitarles dinero a los políticos!

Es inevitable insistir en ese aspecto de la corrupción como sombra de la moral de la sociedad. Cuando yo era niño ocurrieron dos circunstancias en que informaciones del periódico aparecían en pesadillas asociadas a la fiebre. Uno era una foto de un parqueadero en alguna ciudad italiana, en el que los vehículos no podían moverse porque siempre estaban rodeados de otros vehículos. Esa pesadilla es hoy la vida cotidiana para millones de bogotanos, que increíblemente se han acostumbrado. La otra imagen era la de una ciudad en la que había saqueos: gente sacando los televisores y los jamones de las tiendas. El nivel de la corrupción política es equivalente al nivel de desorden en todos los ámbitos, y a la disposición a disponer de los bienes ajenos en cuanto sea posible. El peculado es el saqueo de unos pocos de una tienda cuyos dueños son muchos y viven distraídos en espera de la ocasión de robar a los demás. A más gente dispuesta a robar en las tiendas en cuanto haya algún desorden, más delitos de los funcionarios.

¿Quién es corrupto?

Las sociedades humanas se rigen por leyes, por normas escritas que determinan lo que se puede y no se puede hacer. El grado de atraso, de miseria, de desorden y hasta de sufrimiento de una sociedad es inversamente proporcional al grado de aplicación y precisión de las leyes.

Todo lo que podemos decir de Colombia tiene que ver con el fracaso de la ley. La paz es el triunfo de los transgresores, los códigos y contratos no importan ante la libre interpretación de los jueces de los "derechos fundamentales", ante un impedimento legal (como la prohibición de la reelección) se piensa en cambiar las leyes, y aun el ilustre uribista Rafael Guarín considera que la ley es lo aprobado por el gobierno y las FARC.

Pero más que las propias leyes y su sentido importa la actitud de los ciudadanos ante ellas. En estadios primitivos los hombres no entienden el valor de su libertad y sólo se mueven por intereses inmediatos, pasiones, estímulos primarios... Eso es lo que ocurre en Colombia y lo que determina que prácticamente todos los funcionarios y políticos piensen en robar o en sacar provecho personal de su condición. No es un vicio que adquieren los de un partido u otro, bajo un gobierno u otro, sino lo que hacen todos los que pueden. Los demás no son menos "corruptos" sino simplemente tienen menos oportunidades de serlo. Y no sufren por un despojo que no entienden, sino porque los demás disfrutan de lujos que ellos no pueden permitirse.

De modo que tanto la corrupción como la ley son para la mayoría nociones borrosas que acomodan a cualquier interpretación, y eso mismo pasa con los corruptos. ¿Quién es corrupto? Debería serlo el que ha cometido un delito demostrado. Un principio de la ley es que nadie es culpable mientras no se demuestre lo contrario. Pues esa "presunción de inocencia", que acompaña a la ley penal, se transgrede sencillamente porque a algún grupo de poder le conviene soliviantar a la chusma contra alguien que incomoda, y porque la chusma necesita vengarse de su condición en el primer chivo expiatorio que encuentra.

La ley se basa en la precisión del lenguaje, la indignación contra los corruptos precisamente en lo contrario, en sospechas y rumores y en nociones vagas que lo mismo sirven para odiar al que usa corbata que al que gana dinero (por ejemplo, por inventar un remedio eficacísimo o por curar a muchas personas trabajando mucho y muy bien).

No hay partidarios de la corrupción, pero todos los políticos asociados al crimen explotan el asunto con la mayor desfachatez. La siniestra Claudia López, asociada a la Corporación Nuevo Arco Iris (o sea, al ELN) y a las maquinaciones criminales de Soros, espera convocar un referéndum contra la corrupción, que sólo será el pretexto de nuevas persecuciones inicuas. ¿Se va a preguntar a los votantes si están a favor o en contra de la corrupción? No me imagino nada más corrupto.

El enriquecimiento ilícito de los políticos y funcionarios no va a cesar porque gentes sin rigor ni respeto por la verdad ni por la ley clamen indignadas y favorezcan a los dueños de los medios y del dinero de la cocaína con el cual comprar "jueces". Ni es el problema sino la sombra del problema, que es el primitivismo, la ausencia de una ciudadanía consciente y seria que valora la verdad y la ley. Ningún criminal y menos ningún "corrupto" puede ser tan despreciable como el que "compra" el mito del conflicto asesino que se resuelve reconciliando a los que encargan los crímenes con quienes los cometen. Contra esa corrupción, una lesión atroz a la condición humana, no hay casi nadie que se rebele.

Esto último, espero aclara los asertos sorprendentes del primer párrafo.