17 sep. 2019

¿Recuerdan aquello de la guerra y el deshonor?

Por @ruiz_senior

Durante los años de la negociación "de paz" del gobierno de Santos con las FARC era frecuente leer opiniones de uribistas en las que se citaba la famosa frase que Winston Churchill dirigió a quienes habían claudicado ante Hitler en Múnich: "Entre el deshonor y la guerra habéis escogido el deshonor, y tendréis la guerra". Así pretendían aleccionar a Santos, señalando su "error", pues tardaron tres años en darse cuenta de que el tartamudo fatídico había llegado a la presidencia para implantar la tiranía al servicio de los cubanos, y nunca se opusieron resueltamente a ese proceso porque no convenía a los cálculos de corto plazo de Uribe.

Ahora están desesperados por la posibilidad de que la Corte Suprema de Justicia encarcele al expresidente en un proceso claramente sesgado. Una mirada juiciosa a la historia reciente de Colombia forzaría a recordarles la frase de Churchill, porque el poder judicial no empezó a delinquir ahora. Uribe y sus seguidores han tolerado persecuciones más espantosas que la de ahora y no han hecho nada, han preferido el deshonor, entre otros motivos para evitar que procesaran al líder, y eso, como ocurre siempre, sólo ha servido para envalentonar al hampa judicial.

¿Cuántas personas están presas por aplicar la ley como resultado de sentencias que son en toda regla verdaderos crímenes? Ya ocurrió cuando Uribe era presidente: encarcelaron al coronel Plazas Vega en un juicio monstruoso por su desfachatez (los asesinos que asaltaron y quemaron el palacio de justicia y mataron a los magistrados quedaron impunes y alguno de ellos llegó a magistrado). ¿Cuál fue la reacción del uribismo entonces? A pesar de la inmensa popularidad del presidente y de contar con los recursos del Estado, no se hizo nada para denunciar esa infamia o para contradecir la "comisión de la verdad" que nombraron los hampones para legitimar su atrocidad. ¿Seré el único que se sorprende de que el montaje hubiera funcionado de no ser porque Ricardo Puentes Melo lo descubrió? El poder del Estado no servía. No era un montaje muy sutil ni refinado, era en extremo burdo, pero para Uribe y sus cohortes de lameculos era demasiado complicado investigar eso: lo más práctico siempre ha sido quedar bien con los poderosos.

Eso mismo ocurrió con Jorge Noguera y aun con Andrés Felipe Arias, sin que Uribe hubiera dejado la presidencia. Realmente hubo más bien colaboración de los más próximos a Uribe en esas persecuciones, toda vez que Arias era un rival demasiado ligado al conservatismo y a una facción distinta a la que dirige el expresidente. La lista es agotadora, también estuvo preso Luis Alfredo Ramos, también está aún fugitivo Luis Carlos Restrepo, también hicieron extraditar a María del Pilar Hurtado... Eso por no hablar de los militares presos, que se cuentan por miles y que son sin duda inocentes, como los generales Arias Cabrales o Uscátegui. Los de menor rango ni siquiera son conocidos por nadie.

Entre enfrentarse a esa mafia enquistada en el Estado y aliada con el clan oligárquico narcotraficante y asociarse con ella, Uribe y su círculo prefirieron lo segundo, sólo que eso no les basta a los jefes cubanos ni a Santos y Samper. Habría sido muy fácil al final del primer gobierno de Uribe, con una sensación de alivio que compartía toda la sociedad, convocar una Constituyente para abolir el engendro del 91 y sacar a los militantes comunistas del poder judicial. Pero era más tentador cambiar el articulito y quedarse en la presidencia, con el apoyo legislativo de Roy Barreras y el partido que Santos montó para resultar dueño del poder sin ganar ninguna elección, sólo gracias a que sus maquinarias y medios eran aliados gratos para Uribe. De hecho, ¿quién escogió a Francisco Santos como candidato a vicepresidente? En los años del Caguán era un entusiasta de la negociación que proclamaba su optimismo tras una semana de cientos de asesinatos.

La indagatoria de Uribe es una clara persecución asociada al interés de influir en las elecciones: equivale a los asesinatos de candidatos que podrían ganarles a los del partido de los magistrados, que es simplemente la mafia de la cocaína. Uno no sabe qué presiones habrá para que los políticos uribistas obren de modo que convenga a la candidatura de Claudia López a cambio de no encarcelar al líder. De momento ya han conseguido que la campaña electoral se olvide, mientras que las empresas que publican encuestas presentan a Galán como el rival de Claudia López. Es posible que el triunfo de esta candidata sea el precio que el uribismo pague para que no encarcelen a su jefe.

En todo caso, la respuesta que han dado es grotesca. "Lo que es con Uribe es conmigo" es algo que un juez sólo podría entender como intimidación. También podría haber habido defensores sentimentales de Pablo Escobar o de Carlos Castaño. Lo que hace un juez penal es aplicar la ley cuando determinada conducta corresponde a la descripción de un tipo de delito en el Código Penal. No tiene por qué opinar sobre la calidad de las personas.

Uno echa de menos una explicación precisa del proceso y de las atrocidades de la Corte, pero también se podría haber hecho en los casos de todas las personas perseguidas por esa entidad mafiosa. La denuncia global de esas atrocidades es algo que debió hacerse ya cuando encarcelaron a Plazas Vega, pero lo impidió la visión de corto plazo del uribismo.

Hace falta mandar a la cárcel a esos bandidos, pero eso no se conseguirá sin una movilización enérgica contra la Constitución del 91 y sus herencias. El uribismo no estará ahí, el uribismo está con Duque, que a toda costa intenta congraciarse con los narcoterroristas. Si Uribe termina preso será por su complacencia con esos criminales, y nada cambiará porque lloren tantos miserables a los que no les importó lo que pasó con los demás perseguidos.

31 ago. 2019

¿Para quién trabaja Duque?


Por @ruiz_senior

¿Cuál es el papel del presidente colombiano en la situación actual? ¿Cómo se puede evaluar su primer año de gobierno? ¿Qué puede ocurrir en Colombia en el inmediato futuro? Por mucho que haya gente que entiende la política a partir de afectos y lealtades personales, sería bueno evaluar si Duque no estará obrando como un socio de la conjura cubana, por mucho que crea estar haciendo otra cosa.

Intento razonar como lo haría una persona honrada e inteligente que aún cree en Duque, tenga o no cargo público. Enredarse en deshacer todo el entramado de la paz es una tarea imposible y riesgosa, mientras que mostrando resultados en desarrollo económico y paz social se avanza realmente y se evita que en el siguiente periodo electoral los chavistas lleguen a la presidencia. 

Parece un rasgo de los colombianos: Duque y los suyos se duermen tanto en la inercia de su ensueño, de los simpáticos proyectos que traían, que en definitiva alias Jesús Santrich se fugó e hizo caer al fiscal, Arias fue extraditado, los narcocultivos se mantuvieron, hasta recibir reprimenda de Trump, la mitad de la dirección de las FARC se declaró de nuevo en "guerra" y el país está en vilo por el posible encarcelamiento de Uribe. Así le ocurrió a Pastrana con su proceso de paz, al punto que terminó su mandato desprestigiado y odiado.

La conducta de Duque recuerda poderosamente a la de Rajoy, que se encontró a España a punto de pedir la intervención de las instituciones europeas y la devolvió próspera. De nada le sirvió, no fue capaz de revertir las leyes sectarias y opresivas de Zapatero, ni de plantarle cara a la propaganda violenta de la extrema izquierda en los medios y en las redes sociales ni al desafío secesionista. Incapaz de complacer a sus votantes, Rajoy terminó despreciado por su propio partido, que en un congreso rechazó a su heredera y eligió a Pablo Casado, más cercano a Aznar.

La inacción de Rajoy estuvo a punto de provocar una catástrofe en Cataluña. Así le pasa a Duque, que encuentra más cómodo rehuir el enfrentamiento con el entramado que dejó Santos, rigurosamente concebido para llevar al poder a la izquierda comunista agrupada en torno a las FARC y a sus formidables recursos.

Ya muchos han señalado que la declaración de alias Iván Márquez y los demás jefes terroristas es un ardid de los regímenes de La Habana y Teherán. Pero es obvio que lo que buscarán será crear una inestabilidad tan grande que termine en la toma del poder. Gracias a las cantidades ingentes de dinero de que disponen, mantienen un bombardeo de propaganda incesante en los medios y en las redes sociales. 

Como el presidente calla, otorga: legitima a quienes propalan mentiras y amenazas relacionadas con Uribe y los uribistas como si su opinión fuera igual de válida que la contraria. Duque hace lo contrario de lo que debería, defender la verdad y denunciar la propaganda del crimen, en lugar de eso pide que no se estigmatice a los del partido FARC y a otros exguerrilleros para que haya un juego político de diálogo y pacificación. Ese ambiente anhelado no existe precisamente porque los terroristas pagan la propaganda violenta, ominosa y deshonesta que impera en las redes sociales y también en los medios.

Es decir, Duque rehúye defender hasta la ley con tal de mantener relaciones cómodas con los líderes de los partidos de la oposición, cuyo paradigma evidente es el partido FARC. Pero éstos no rehúyen la calumnia y la ridiculización más ruin contra él. 

¿Qué pensará alias Timochenko de Duque? La mayoría de ustedes no saben cómo piensa un comunista. Para él el presidente es un enemigo al que se humilla todos los días pero siempre está solícito. Tiene que despreciarlo.

La embestida terrorista que viene puede ser peor que la de los noventa o que los años del Caguán. En la medida en que la desestabilización dé resultados, las adhesiones a los terroristas serán más copiosas y resueltas. 

Ese fenómeno ya se da, miles de estudiantes de universidad salieron a culpar a Uribe y a los uribistas del atentado de la Escuela de Cadetes General Santander y del retorno a la delincuencia de alias Iván Márquez y su combo. El más manido y repugnante argumento, que la educación imbuye como lo más lícito y tolerable, es que los que quieran guerra que manden a sus hijos. Sólo un atracador o un secuestrador razona así, como el anciano no se puede defender o el padre no puede arriesgar la vida de su hijo, pues el atraco y el secuestro son lícitos. Y el que dice cosas tan seductoras para los cobardes sólo transmite la intimidación de los criminales y cobra el crimen.

Es decir, ahora los terroristas no sólo tienen ingentes recursos y armas y control de vastas áreas del Estado y de los medios, sino también el apoyo de una franja importante de la opinión. En una situación de amenaza mayor, el clamor por la paz podría hacerse hegemónico, porque los colombianos ya han tolerado por cuarenta años que se entregue su país al crimen organizado y ya ni entienden que cuanto más se busque la paz más seguros de su éxito estarán los totalitarios.

Durante años los articulistas más lúcidos de la prensa española le advirtieron a Rajoy que la inacción y la alergia a buscarse "líos" traería consecuencias. Ahora gobierna un patán indigno de una nación europea aliado con Soros y la peor izquierda de Latinoamérica. Así le ocurre a Duque, cuya grotesca disposición a no ver el poder de la mafia en el entramado legal que dejó Santos le traerá a Colombia más dolor que los mismos crímenes de su predecesor.

El acuerdo de paz y todo lo que de él surge son un crimen en toda regla. ¿Qué puede legitimar que alguien que ha violado niños, matado inocentes y encargado mil atrocidades forme parte del poder legislativo de una nación democrática? ¿Qué puede legitimar que los autores de miles de crímenes monstruosos nombren a los jueces que podrán castigar a quienes defendieron la ley? ¿Cómo puede el ideólogo de la guerrilla Alfredo Molano, en cuyas columnas se legitimaban los peores crímenes de forma abierta y resuelta, dirigir una comisión de la verdad? Hay algo sucio, cobarde, indigno, subhumano en cada persona que legitima eso.

Por ejemplo, Duque legitima eso. Por estrechez de miras, por cobardía, por indigencia intelectual, por inexperiencia, por lealtad a quienes le abrieron camino, por comodidad... evita enfrentarse a ese entramado, con lo que se hace cómplice de sus iniquidades, como la burla de alias Santrich a la ley.

No creo en conspiraciones ni en la maldad intrínseca de quienes usan corbata, creo que la entereza moral que deberían tener todas las personas es más necesaria en el gobernante. Si Duque no está por deshacer la obra de Santos, es un socio de los terroristas. Si no entiende que tratarán de tomar el poder violentamente, por ejemplo por una declaración del Congreso que lo destituya y ponga a alguien del bando terrorista, tras una conveniente orgía de terror, trabaja para ellos, y si no se da cuenta es peor que si fuera un canalla intentando lucrarse del crimen. Es el presidente de una nación donde puede haber una catástrofe, y obra como un charlatán politiquero en campaña.

12 ago. 2019

La paz contada por ella misma

Por @ruiz_senior
El domingo pasado, 10 de agosto, apareció en el diario español El País un artículo firmado por el expresidente colombiano Juan Manuel Santos. Este escrito busca explicar a los lectores de ese artículo su verdadero sentido y lo que significan los términos que usa Santos.

1. Sobreentendidos engañosos
Santos empieza su artículo usando términos que el lector debe dar por sobreentendidos. ¿Por qué no detenernos a ver lo que significan realmente y cuáles son sus efectos?
Siempre se ha dicho que para lograr la paz se requieren dos fases. La primera es hacer la paz, hacer las paces, dejar de matarse. La segunda es construir la paz, lograr una verdadera reconciliación, dejar de odiarse.
¿Los colombianos se han estado matando y odiando? Con esos sofismas Santos reproduce la vieja propaganda de los promotores del crimen, según la cual éste es igual de lícito a la ley, una banda de asesinos al servicio de una organización criminal internacional tiene el mismo derecho que un Estado legítimo y un poder alcanzado gracias a la violación de la ley y a negocios como el tráfico de cocaína es igual de legítimo a las instituciones que representan a la sociedad.

Esa mentira es la esencia del crimen, porque ¿quién va a resistirse a sacar ventaja de la crueldad y la ruina ajena si al final el poder obtenido gracias a ellas va a hacerlas legítimas? Los mismos ideólogos del régimen aludían a una "guerra contra los civiles", pues los campesinos asesinados y los niños reclutados no eran parte de un enemigo, salvo que se admita el sentido de conjura criminal extranjera de la "insurgencia". ¿Qué clase de combate era la extorsión?

Ningún ideal político legitima esos crímenes porque al admitirlos como fuente de derecho se está suprimiendo la ley y la democracia. La idea de que el pueblo que es víctima de esos sicarios al servicio del mal organizado va a dejar de odiarlos es una llamada a la degradación de ese pueblo: a su acobardamiento, sometimiento y renuncia a la verdad y al honor. Lo que hace falta es aplicar la ley tal como se haría en cualquier país europeo. Por mucho que se critiquen los acuerdos de Zapatero con ETA, no hay nada comparable a entregarles a unos monstruosos psicópatas la llave del poder judicial.
La segunda fase es más difícil y toma mucho más tiempo. Es como construir una catedral: hay que hacerlo con cuidado, ladrillo por ladrillo, hasta lograr el desarme de los espíritus. Sanar las heridas de una guerra de más de medio siglo requiere mucha paciencia, perseverancia y resiliencia.
Esa segunda fase es más difícil y toma mucho tiempo: la creación, a punta de propaganda e intimidación, de un mito según el cual no hubo secuestros ni masacres ni dinero y armas soviéticos, cubanos y chinos alentando a los asesinos, ni la trágica industria de la cocaína siempre promovida por el demiurgo de la paz, el régimen cubano, como sabe todo el que quiera averiguarlo.

¿Qué van a crear? ¿Un país de zombis fanatizados y estúpidos dispuestos a creer las estadísticas según los cuales Pastrana y Uribe son responsables de la violencia porque en sus gobiernos hubo más muertes y desplazamientos? El Estado colombiano es una maquinaria bolchevique dedicada a esa propaganda, a la legitimación de los crímenes y a la promoción del olvido.

Pero esa mentira no resiste una situación de paz, en todo momento obra la intimidación, como con las campañas pagadas de acoso contra Uribe en las redes sociales o en los medios de comunicación. No hablemos de la propaganda más eficaz que es la educación.

En Colombia se está creando una masa de profesionales de la propaganda legitimadora del asesinato y la está pagando el conjunto de la población. La realidad es la de un Estado totalitario en el que no hay resistencia a esa hegemonía gramsciana del régimen cubano y sus socios iraníes.

No les quepa duda de que eso sólo traerá más violencia: la espantosa masacre de la Escuela de Cadetes General Santander era una advertencia y contó con el tradicional apoyo de los universitarios, prestos a luchar por la paz verdadera con el ELN.

Lo que Santos y sus socios llaman construir la paz es imponer la tiranía de los vencedores, ya hegemónicos en la función pública, el poder judicial, los medios de comunicación, las universidades, la vida cultural, la farándula y cada vez más en el Ejecutivo y el Legislativo.

2. Legitimación mediante la intimidación
La paz con las FARC en Colombia, considerada la guerrilla más antigua y poderosa de las Américas, después de seis años de negociaciones, cumplió la primera fase con mucho éxito, según los estándares internacionales. El Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame, encargado por las dos partes para verificar el cumplimiento de los acuerdos por ser la entidad con más información y experiencia en estos asuntos, así lo confirma. Ha dicho también que este acuerdo de paz ha sido el más completo y ambicioso que hasta ahora se haya negociado, y que los puntos fundamentales de la primera fase se han cumplido con más celeridad que en otros procesos.
Cada frase de este párrafo contiene alguna perla que merece atención: como los asesinos y secuestradores no tienen legitimidad, se invoca su antigüedad y poder, con el mensaje implícito, un clásico de la propaganda de la red afín a los terroristas, de que no se los ha podido vencer y de que aplicar la ley es demasiado costoso y riesgoso: ésa es la idea central de la propaganda pacifista en Colombia, su sentido es intimidar: dado que quienes nos despojan de nuestros derechos políticos, de nuestros bienes, de nuestros hijos, de nuestro país y de nuestra vida pueden hacernos más daño, ¡pues nos relajamos y gozamos! La idea de la paz como valor supremo contiene esa idea y la promueven literalmente los mismos que organizaron a las bandas criminales, como Iván Cepeda o Aída Avella. Es la razón de atracador que ilumina a Santos.

La idea de los estándares internacionales es otra falacia: ¿quién elabora esos estándares? Los mismos grupos que legitiman a los terroristas y reciben financiación indirecta de quienes los dirigen. Estándar internacional podría ser la experiencia de otros países: ¿dónde ha pasado que los violadores de niños pasen a ser legisladores y los incitadores de asesinatos, como Alfredo Molano, sean los notarios de la verdad?

Eso es monstruoso: lo que se hace al legitimar a los criminales es animarlos en su carrera hacia el poder. Si un país renuncia a sus instituciones y a la representación popular por miedo al poder de una banda de asesinos invencibles, sencillamente ese país ha caído en la tiranía y va a tener que hacer un esfuerzo denodado y doloroso, no para someterse a los criminales sino para librarse de ellos y restaurar el principio democrático y la vigencia de la ley.

También la idea de la duración de la negociación es un sofisma intimidador: como la propaganda ha conseguido generar el miedo en la población, parece indiscutible que se deba negociar con los asesinos, no vaya a ser que las bombas lo afecten a uno o a su familia. Una sociedad no puede vivir así, los años de negociación fueron los años en que se consolidó el dominio de las FARC en el negocio de la cocaína, la multiplicación de los cultivos y de la producción del alcaloide y la prohibición del uso del glifosato para destruir las plantas.

Lo que significa democracia es precisamente lo contrario de eso, el predominio de la ley y de la voluntad popular. Los seis años de negociación deberían ser una acusación contra la banda criminal que la llevó a cabo, pero en la retórica de Santos resulta un argumento para legitimar su infamia.

La ley se abolió para complacer a los criminales, la rapidez con que se cumpla ese plan tiene que ver con la que necesitan los ladrones a la hora de sacar el dinero de un banco: la sociedad podría darse cuenta de que ha perdido sus derechos y de que los criminales se hacen dueños del Estado gracias a la cocaína y a la corrupción de la clase política, ansiosa de enriquecerse rápido sirviendo en lo posible a la mafia, antes con Pablo Escobar y ahora con alias Santrich.

Negocian por seis años, da el resultado de que los crímenes son legítimos y nadie debe recordarlos, mientras que los criminales son legisladores y electores de jueces y después se jactan de llevar a cabo esa proeza en poco tiempo. Por lo demás, ¿nadie nota en esa frase cierto reconocimiento del gobierno de Duque? Perdón, perdón. ¿Cómo es que se cumplen tan bien esos planes?

3. Ejecución eficiente de la paz
El llamado DDR (desarme, desmovilización, reinserción) se ejecutó en tiempo récord. El desarme de la guerrilla se logró en nueve meses. Se entregaron más armas por guerrillero que en otros acuerdos y las armas se fundieron para convertirse en monumentos a la paz. Las FARC ya son un partido político y el número de guerrilleros desmovilizados que se han devuelto al monte es mínimo.
El desarme de la guerrilla se podría haber logrado en unas horas, ¿quién tenía la lista de los guerrilleros y de las armas? ¿Quién tiene un registro real de las armas que hay en Colombia o que tenían las FARC? Pero ¿qué importa entregar todas las armas si es sencillísimo importarlas de nuevo desde Venezuela? La mayor parte de los miembros de las FARC no se entregaron ni figuran como guerrilleros sino como simples agricultores o activistas agrarios.

Y sobre todo las FARC son la organización armada de los herederos del Partido Comunista, las actividades armadas o directamente criminales son parte de la gran tarea de toma del poder. Los demás sectores siguen operando y en absoluto han desistido de sus propósitos, sólo que ahora explotan la abundancia de dinero tratando de reclutar afines gracias a los cargos públicos y a la toma del poder local.

Cuanto más sean las FARC un partido político más se habrá consumado su éxito, cuantos menos guerrilleros se vuelvan al monte, más se comprobará que han conseguido vivir del erario como parte del poder político.

En el primer párrafo Santos hablaba del odio, es una de las viejas mentiras de la propaganda. El móvil de los totalitarios no es el odio sino el afán de poder. Esa determinación no ha cesado, el comunismo en Colombia está más vivo que nunca y es más ambicioso que nunca. Es la sección colombiana de la misma banda que oprime a Venezuela. Cuando la gente no los odie, estará lista para la hambruna y la emigración forzosa.

4. La comunidad internacional aplaude la iniquidad
Este proceso ha generado mucho interés y un gran respaldo en la comunidad internacional porque es el primer acuerdo exitoso que se negoció bajo el paraguas del Estatuto de Roma, el primero en que las víctimas y sus derechos se colocaron en el centro de la solución del conflicto, el primero en que ambas partes acuerdan un sistema de justicia transicional al cual se someten, el primero que incluye un capítulo de género. Es, además, el acuerdo que ha producido más resoluciones unánimes de apoyo por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desde su creación en 1945.
La cuestión del apoyo de la comunidad internacional es complicada. La burocracia de la ONU, la mayoría de los gobiernos de la Unión Europea, la vasta red de ONG y medios de comunicación que toman parte en las conjuras de Soros y las organizaciones comunistas o afines en todo Occidente han apoyado esa infamia. ¿Representan realmente a la población de esos países? Son más bien redes cooptadas por los mismos socios del terrorismo, en particular el gobierno cubano y sus socios del Foro de Sao Paulo.

¿Cuáles son los derechos de las víctimas que se han puesto en el centro? Toda la retórica y todo el despilfarro de recursos en comprar lealtades busca anular el derecho positivo en aras del dominio de los criminales. ¿Quiénes son las víctimas y quién es el victimario? El autor de todas las atrocidades que ha sufrido la población civil es "el conflicto", no unos asesinos y ladrones que aspiraban a tanto gracias a sus conexiones con el poder político y con los regímenes comunistas, sino un agente fantasmal que se puede definir como el hecho de que se intentara aplicar la ley. Llegan los criminales a un pueblo y matan a quien no les guste y despojan a toda la población, y si hay alguna resistencia se la acusará de las desgracias resultantes. Los que leemos prensa colombiana y conocemos la propaganda de los asesinos, sabemos bien cómo es ese cuento. Santos pretende que sea la verdad objetiva, y es sólo la retórica del crimen organizado.

Lo que en realidad se ha hecho con el pretexto de las víctimas del conflicto es tratar de clientelizar a las mismas víctimas de los terroristas: los politólogos y sociólogos y antropólogos y especialistas en solución de conflictos y en estudios de género acudirán bien pagados por el Estado a divulgar la propaganda de los asesinos, y a premiar a los que les sirvan como agentes y representantes.

Así se crea en las zonas rurales en las que de hecho siguen dominando los asesinos (y matando, sólo que en su propaganda los asesinados son "líderes sociales" y los matan los que se oponen a que se mate) un partido político hegemónico formado por los asesinos y aquellos que se prestan a tan tentador soborno. Eso mientras se intensifica el cultivo de coca y la presión sobre los esclavos para que trabajen forzados y por pagas irrisorias en esa industria criminal.

La justicia transicional de la que Santos se jacta es el crimen en sí: la ley cesa y aquello que lo reemplaza es lo que se acuerda con quienes la violan. Los asesinos y violadores de niñas y niños son quienes escogen a los jueces y de paso introducen en la ley la propaganda feminista que explotan sus socios políticos y que promueve sin pudor la misma asesina que ayudaba a violar a las niñas guerrilleras y las obligaba a abortar.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aplaudido ese proceso, no sabía que ya había superado las condenas a Israel. Esa organización debe desaparecer, gracias a ella monstruos como Pol Pot, Sadam Husein o Fidel Castro han representado a sus víctimas, anticipando lo que hacen los narcoterroristas colombianos gracias a la paz.

5. Una responsabilidad de todos
¿Problemas? Por supuesto, y muchos. Nadie dijo que sería fácil ni que Colombia sería un paraíso al día siguiente de firmar la paz. Todo lo contrario. Se advirtió que el camino sería largo y culebrero, y que requeriría el concurso de todos porque construir la paz es una responsabilidad de todos. No es la paz de Santos como dicen algunos, es la paz de todos. El papa Francisco no quiso venir a Colombia durante las negociaciones; siempre me dijo que vendría cuando más lo íbamos a necesitar. Y así fue. Nos visitó cuando ya habíamos firmado la paz para empujarnos a “dar el primer paso hacia la reconciliación”: sabía que era lo más difícil.
Si el papa Francisco anima la reconciliación, el papa Francisco es un criminal que miente para favorecer la tiranía de los asesinos: no hay reconciliación porque lo que ha ocurrido no es una rencilla entre sectores comparables ni una pasión de odio que afectara a la población, sino una industria del despojo y la opresión de un solo bando, de una vasta y compleja organización criminal, contra la población del país. Los secuestrados no agraviaron a los secuestradores, si el papa Francisco legitima ese sofisma monstruoso, con perdón de los católicos y su doctrina de la infalibilidad, sencillamente el papa Francisco es otro miembro de la conjura asesina.

6. Enemigos de la paz
 Todo proceso de paz encuentra enemigos. Siempre habrá descontento de lado y lado pues, en el fondo, se trata de trazar una raya entre justicia y paz. Así ha sido en Irlanda del Norte, en Sudáfrica, en El Salvador, en el conflicto entre Israel y Palestina, en fin, en todos. El proceso colombiano no es la excepción. Una guerra de más de cincuenta años, atravesada por la flecha venenosa del narcotráfico, genera todo tipo de intereses macabros que se benefician con la violencia y el desorden. Y, por supuesto, a los intereses políticos que se nutren del miedo y de la guerra tampoco les interesa la normalidad. Necesitan enemigos. Por eso hicieron todo lo posible para que fracasara la paz y muchos siguen tratando de sabotearla. Por fortuna no han podido… ni podrán.
No había descontento "de lado y lado" porque del lado de los terroristas, una minoría ínfima aunque se cuenten todos sus frentes de propaganda y control de la función pública, había una absoluta unanimidad en torno a la paz: era para la paz para lo que habían matado y secuestrado, durante todos los años del prolongado genocidio decían que buscaban la paz. Las masacres y los secuestros y los ataques al oleoducto son la forma de alcanzar la paz, porque cuando ellos no cometían sus atrocidades no había paz y si por ejemplo masacran a los soldados distraídos en un pueblo, cualquier intento de desaprobar esa acción es oposición a la paz. Ningún crimen terrorista, ninguna mentira o maquinación de Santos y la banda de malhechores que formaron su gobierno es tan condenable y asqueroso como la disposición de millones de colombianos a suscribir algo tan repugnante moral e intelectualmente.

No se puede comparar a Colombia con Sudáfrica, o quizá sí, en el sentido de que una casta minoritaria se adueña de todo y mantiene al resto en una especie de semiesclavitud. Se alcanzará la paz cuando esa minoría renuncie a oprimir y matar.

¿Quién hizo algo para que fracasara la paz de Santos? Da la impresión de que él ha dedicado mucho tiempo a leer este blog y a ver nuestros videos, porque su paz no ha tenido oposición. Su primo Francisco Santos, exvicepresidente, fue el primero en admitir que Uribe habría aprobado el plan de paz. El partido de Uribe siempre apoyó el proceso, salvo por la iniquidad de no tomar parte en él, y cuando Santos quiso refrendar su infamia con un plebiscito buena parte de ese partido se declaró partidaria de la abstención. Finalmente, a desgana, llamaron a votar NO, pero era sólo un recurso para presionar a Santos. En cuanto hubo invitaciones a negociar, el rechazo popular en el plebiscito pasó a ser papel mojado y el gobierno elegido por el partido de Uribe aplica a rajatabla el acuerdo, de modo que Santos lo reconoce.

No hubo oposición a ese acuerdo salvo brotes ínfimos perseguidos con saña y ahí sí, odio, por el partido de Uribe, como demuestra el líder uribista y alto funcionario del gobierno de Duque Rafael Guarín, llamando a un frente con las FARC contra los detractores del acuerdo.
Desde el principio se inició una campaña de descarada desinformación para desprestigiar el proceso y a las personas que lo promovían. ¡Qué no se dijo y se sigue diciendo! Que éramos unos comunistas infiltrados en el establecimiento, a sueldo de Chávez y de los Castro, para entregarle el país a las FARC. Que los negociadores eran unos traidores vendidos al “castrochavismo” que secretamente habían acordado desmantelar el Ejército y convertir la guerrilla en la nueva policía para que se apropiara de todas las tierras. Son apenas algunos ejemplos del alud de insólitas calumnias que repetían todos los días sin sonrojarse ni vergüenza alguna. Ni hablar de las mentiras durante el plebiscito, confesadas luego por el propio gerente de la campaña del No.Hasta las iglesias cayeron en el engaño. El Brexit se quedó en pañales.
La confesión del gerente de la campaña uribista es a todas luces algo acordado con el gobierno para descalificar el triunfo del NO. Los medios de comunicación explotaron el espectáculo preparado con ese fin. Los motivos del rechazo al acuerdo los he explicado en los párrafos anteriores, ya verá el lector si se parecen a las descripciones de Santos.
Semejantes estupideces no tendrían ninguna importancia si no se tradujera en muertos. Porque muchos de los líderes sociales que están matando, los están matando esos intereses macabros que se sienten amparados y muchas veces estimulados por los que siguen empeñados en desprestigiar el proceso a como de lugar. Un porcentaje importante de los líderes sociales asesinados eran reclamantes de tierras o promotores de la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos. Los terratenientes que se hicieron a sus tierras desplazando a los campesinos a punta de fusil no quieren que se les siga devolviendo sus parcelas a los dueños originales. Por eso, están proponiendo en el Congreso que se frene la restitución. Y los narcotraficantes no quieren que tenga éxito la sustitución voluntaria de los cultivos de coca porque saben que es la forma más efectiva —tal vez la única— de acabar con su materia prima. También están asesinando a los ambientalistas que se oponen a que los acaparadores de tierras, la minería ilegal y los narcotraficantes sigan deforestando nuestra Amazonía.
Lo que expliqué contra el proceso de paz de Santos en los primeros párrafos de este escrito se traduce en muertos: la idea de que se debe respetar la ley y que los que cometen el delito de rebelión y amenazan a la población no son igual de legítimos que quienes defienden la ley y protegen a la gente es la autora de los asesinatos ¡en cuanto expresión de intereses macabros que se legitiman así! ¿Alguien entiende que según ese párrafo los narcoterroristas no han desplazado a nadie ni se han apropiado de la tierra de nadie ni tienen que ver con los cultivos ilícitos ni con la deforestación de la Amazonía? Son opuestos claros, a un lado los terroristas, proveedores de paz, al otro los enemigos de premiarlos, proveedores de muerte. Si la dignidad de los colombianos ya cayó al máximo al admitir que prefieren renunciar a la democracia por miedo, la capacidad de suscribir embelecos tan toscos y desvergonzados deja en ridículo su inteligencia.

7. Afinidades electivas
Es algo idiosincrásico: una monstruosidad parece lógica y encuentra quien la divulgue y la crea. Puesto que los guerrilleros comunistas se pusieron a matar por la paz, aquellos que se oponen a premiar sus crímenes son autores de la guerra. Los asesinos son los que se oponen a los asesinatos, y la relación entre ambos hechos se establece por la afirmación de que los autores de crímenes tras el acuerdo son afines a quienes no lo aplauden.
En ciertas regiones se está viendo una campaña para impedir que se cumpla el primer punto del acuerdo, el de desarrollar una verdadera reforma rural integral que resuelva el problema del acceso y la productividad de la tierra, una aspiración de Colombia desde nuestra independencia; y el cuarto punto, el de darle a los campesinos cocaleros una alternativa digna para alimentar a sus familias y resolver el problema de la producción de coca. Porque es la única solución. La vía punitiva fracasó. Llevamos cuarenta años ensayándola. Me dirán que por qué no se resolvieron estos problemas en el Gobierno pasado. La respuesta es que se avanzó en el año y medio que tuvimos después de la firma —ahí está la evidencia: 99.000 familias registradas para la sustitución voluntaria y más de 30.000 hectáreas erradicadas con resiembra de solo el 0.6% según UNDOC, por ejemplo, o un millón cien mil hectáreas en manos de los jueces y 310.000 devueltas y tituladas a los campesinos—, pero se nos acabó el tiempo. Pensamos que el nuevo Gobierno construiría sobre lo construido, porque era lo pactado, lo correcto, y lo que a todos convenía y conviene.
Aquí ya la desfachatez de Santos alcanza un punto maravilloso: ¡en ciertas regiones hay gente que no quiere que su propiedad la repartan los mismos asesinos que la han estado extorsionando durante más de medio siglo! La idea de que la vía punitiva fracasó es un mantra nuclear de toda la propaganda de la paz: no se pudo aplicar la ley, tocó dejar que impere el crimen. Los colombianos suscriben eso, es algo profundo, una indigencia moral espantosa, muestra de primitivismo e indignidad. ¿Qué esperan que ocurra en Colombia después de que se renunció a la ley?

¿Nadie se da cuenta de que Santos se jacta de las familias registradas para la sustitución voluntaria y pasa por alto de la multiplicación de los cultivos ilícitos? Eso no pasó y los colombianos están siendo educados para que dejen de odiar y no puedan recordar que eso ocurrió y ocurre. Más doma sólo se podrá encontrar en la Camboya del Jemer Rojo o en las peores épocas de terror en la antigua Unión Soviética.

8. Cambiar los acuerdos
 A nivel político continúan los intentos para cambiar los acuerdos. Por fortuna, el Congreso, la Corte Constitucional y la comunidad internacional lo han impedido, como debe ser. Y la campaña de desprestigio contra el acuerdo y sus defensores no cesa. Dicen que 5.000 guerrilleros de las FARC se devolvieron al monte (el propio secretario general de la ONU salió a desmentirlo; de más de 13.000 registrados solo 724 no aparecen —incluidos los dos negociadores que tanto desconcierto generaron—, según datos del propio Gobierno); que las campañas a favor de la paz y el plebiscito fueron financiadas por el narcotráfico o con sobornos de Odebrecht, Cemex e Impregilo; que engañamos a toda la comunidad internacional con la complicidad de la prensa extranjera; que compramos los periodistas del New York Times y del Economist; que nos robamos 375 millones de libras esterlinas con la complicidad del Papa, y que hasta compramos el Premio Nobel de Paz. En fin… “mentid, mentid, mentid, que de la calumnia algo queda”. Asesinar la reputación y la credibilidad de sus enemigos ha sido una táctica muy utilizada por la extrema derecha. Por eso nuestra consigna ha sido clara: mientras los perros ladren, hay que seguir cabalgando.
La primera mentira es que el gobierno de Duque haya intentado cambiar los acuerdos, al contrario, junto con el Congreso, la Corte Constitucional y la comunidad internacional, ha impedido que alguien intente cambiar los acuerdos. Como ya he explicado antes, los guerrilleros de las FARC registrados no significan nada, podría haber muchos miles más que no se registraron. Respecto a si Santos compró el Nobel de la Paz o de si su campaña electoral en 2014 o la campaña del plebiscito que perdieron fueron financiadas por la corrupción, las afirmaciones de Santos no demuestran nada. Hay demasiadas pruebas de todo ello.

9. Para Duque la paz es un ejemplo luminoso para el resto del mundo
 Porque el tren de la paz no se detiene: ya pasó el punto de no retorno y los intentos de descarrilarlo seguirán fracasando. La esperanza de los pueblos acaba derrotando el miedo. La reconciliación, por más difícil que sea, se acaba imponiendo sobre el odio. En este caso con mayor razón porque, tal como lo reiteraron el presidente y el vicepresidente del Consejo de Seguridad de la ONU en su reciente visita a los espacios de capacitación y reincorporación de excombatientes de las FARC, el acuerdo que logramos en Colombia es un ejemplo luminoso para el resto del mundo.
Creo haber explicado ampliamente el sentido de palabras como reconciliación odio en el texto de Santos. Lo conmovedor de este párrafo es que el presidente Duque diga que esa paz es un ejemplo luminoso para el resto del mundo. No, lo fascinante es el hecho de que la gente sigue apoyando a ese gobierno y se niega a entender que es lo mismo que apoyar a las FARC.

10. Orientación para Duque
El presidente Duque tiene una oportunidad de oro para recobrar su gobernabilidad prematuramente perdida: poner a la paz por encima de los partidos y liderar su construcción, esa segunda fase tan necesaria. Si se compromete a una acción efectiva para detener los asesinatos de líderes sociales, si abandona la insistencia en cambiar los acuerdos, y si traduce en acciones concretas y medibles, respaldadas con los recursos necesarios, sus reiteradas manifestaciones de querer implementar lo pactado, la gran mayoría del país y del Congreso lo respaldaría.
¿Ha perdido Duque la gobernabilidad? Sólo puede gobernar como ejecutor del plan terrorista acordado en La Habana, y está dispuesto a ello. Su único problema es dar la impresión de que no es simplemente un siervo de los terroristas dueños de los medios de comunicación y del poder judicial para mantener entre los ciudadanos sometidos la ilusión de que los representa. ¿Cómo va a detener los asesinatos de "líderes sociales" si es algo que hacen los propios terroristas gracias a que se desistió de aplicar la ley? Que tengan el descaro de cometer asesinatos de su propia gente, muchas veces en rencillas por el botín, para cobrarlos como amenazas a la paz es una muestra de que su determinación de oprimir a Colombia no ha cesado ni cesará hasta que lo tengan todo
 Un paso firme y convincente en esa dirección podría generar la suficiente fuerza centrífuga —así funciona la política— para lograr otros acuerdos que permitan mantener la tendencia positiva de los indicadores sociales y económicos registrada en esta década, que los organismos internacionales no han dejado de elogiar. Algunos avances, como el de mantener la tasa de desempleo en un solo dígito, han comenzado a revertirse, pero todo tiene solución, todo puede lograrse, si se deja la paz en paz.
Esta vez es más explícita la amenaza a Duque: la tendencia positiva de la última década (mucho menor que la de la década anterior) se puede mantener si se cede más, de otro modo volverán multiplicados los ataques al oleoducto y a las torres eléctricas y a las carreteras y los secuestros y asesinatos, además de las movilizaciones de indios y las protestas estudiantiles, que podrían generar una situación de ruina que pagaría el gobierno. 

Santos intenta generar miedo con su retórica criminal. Desgraciadamente no hay ninguna esperanza de que se genere una resistencia real.

1 jun. 2019

¿Es posible sacar a Colombia del narcorrégimen?

Por @ruiz_senior


Hacia 2008 las bandas terroristas colombianas parecían derrotadas pero bastó una década para que resultaran triunfando completamente. ¿Cómo pudo ocurrir? En este blog hemos registrado ese proceso casi en absoluta soledad: nadie que no estuviera con los terroristas se opuso a que Uribe buscara otra reelección ni denunció la complicidad de su bando político con el proyecto de Santos. Ahora aumentan las voces que expresan descontento con el Centro Democrático y el gobierno de Duque, pero no se ve que asome por ninguna parte una alternativa política que permita implantar un régimen democrático y derrotar al crimen organizado.

El pueblo lloriqueante
Tiene muchísima gracia la forma en que el gobierno Duque afronta hechos como la impunidad de alias Santrich: primero deja que las cortes decidan como si no supiera que desde 1991 dichas cortes se dedican a proteger el negocio de la cocaína, más con la JEP, que es un tribunal nombrado por los criminales para que los exculpe. Después, ante los hechos consumados, protesta y lloriquea. Los estudiantes crean una campaña en Twitter para calumniar a Uribe y los que no apoyan a las FARC y a Petro salen a defenderlo y a "rodear" al presidente. El lloriqueo les basta. Así fueron los ocho años de Santos y nada afectó la popularidad de Uribe. De ese modo no hubo nunca resistencia a la negociación de La Habana y la gente no sentía que se estaba fraguando la destrucción de todo vestigio de democracia y estado de derecho. Todo se arreglaba maldiciendo al traidor Santos, como alguien que nunca barre su casa y maldice a las cucarachas enviadas por el demonio para fastidiarle la vida.

Endemismos
Esa inclinación puede servir de ejemplo de lo que define a Colombia: es un endemismo más, algo propio del país que en otras partes no se ve, como la noción de delito político (como atenuante de un delito, por lo que el asesinato sumado a la rebelión tiene menos pena que otros, algo que bastaría para incluir a Colombia en una humanidad diversa), como la "acción de tutela" (en todas partes hay recursos de amparo para proteger derechos fundamentales, pero como mecanismo típico al que se dedica la mayor parte del trabajo de los juzgados, anulando así los códigos y los contratos, sólo se ve en Colombia), como la parafiscalidad (una infamia gracias a la cual se reducen los salarios para financiar servicios, de modo que cuanto peor gane el empleado menos contribuye su patrón, sean cuales sean sus ingresos), o como la convicción universal de que los problemas se resuelven con un decreto (he malgastado cientos de tuits explicándole a una tuitera que el remedio a la "corrupción" no es decretar la pena de muerte para los corruptos, cosa que obviamente no se concibe en ningún país democrático). Si algo debe saber quien quiera apartar a Colombia del narcorrégimen es eso: que todo lo que hace falta y es posible hacer es asimilar al país a las democracias modernas. Más que a la mafia o al totalitarismo hay que hacer frente al endemismo. El poder de la mafia no es más que la manifestación de la situación de aislamiento y el pasado de esclavitud del país.

Transversalidad

Hablar de izquierda y derecha siempre hace pensar en escaso rigor y en escasa honradez intelectual. El hampa se llama "la izquierda", pero también "la decencia", "la liberación nacional", "el progresismo", etc. ¿Alguien puede entender que si Colombia deja de ser un país miserable, bárbaro y violento tampoco puede estar entre los más desiguales del mundo? Lo que define esa desigualdad es la ventaja de los empleados estatales, la obra de "la izquierda" (que en la definición del diccionario debería ser la que combatiera esa desigualdad. El peor de todos los endemismos es la corrupción sistemática del lenguaje, algo que hace que todo lo que se diga sea mentira porque nadie sabe a qué se alude). De izquierda debería ser un reparto equitativo de los recursos, pero eso desespera a los derechistas, casi siempre godos ansiosos de volver al siglo XVIII y a la esclavitud (que practicaban los propios hermanos Arboleda, fundadores del Partido Conservador). El esfuerzo de sacar a Colombia de la condición de delincuente global y matadero sin remedio no puede ser una tarea de sectarismo en torno a banderas falaces.

Doma
El cinismo con que los jóvenes defienden a alias Santrich o a Petro, o en general a las bandas narcoterroristas, y calumnian a Uribe lleva a pensar en el sentido real de lo que llaman "educación". ¿Qué les falta para dedicarse a secuestrar gente? Nada, la "educación" los ha convertido en criminales, a medias zombis y a medias patanes sin escrúpulos. Pero ¿alguien en Colombia se plantea cambiar eso? Nada demuestra hasta qué punto el uribismo es una parte del narcorrégimen como esa certeza de los uribistas de que el desarrollo del país consiste en producir muchos diplomas. Si alguien se plantea sacar a Colombia del narcorrégimen necesita pensar en cerrar las universidades públicas y tratar a las privadas como a cualquier empresa. Pero para eso no hay nadie. Para lo que hay muchos, tanto defensores como detractores de Duque, es para proclamarse de derecha, convirtiendo a Tornillo y toda su banda en un sector político legítimo. Esa doma monstruosa que tiene lugar en los establecimientos educativos colombianos es la mayor amenaza a la libertad que afronta el país.

Programa
Los puntos anteriores deberían ser la base de un programa político que de llevarse a la práctica redimiría a Colombia. Pero nadie se va a apartar de Uribe ni va a pensar que el país mejora graduando sociólogos y politólogos (Sólo en Bogotá hay ahora más egresados de universidades que en toda la historia de la humanidad antes de 1900; que prácticamente ninguno escriba una frase correcta es un corolario natural de esa "productividad"), ni que la solución de los conflictos mediante "tutelas" es la abolición de la ley, ni que importa favorecer la inversión y el empleo acabando la parafiscalidad, ni que falta una Asamblea Constituyente democrática que suspenda las cortes y ordene procesar a los criminales que han estado ejerciendo de magistrados, replanteando los acuerdos con el crimen organizado que han tenido lugar desde los años ochenta. Son cosas que decimos desde hace quince años, cuando apareció este blog, y que no afectan en absoluto a Colombia, donde la máxima aspiración del que no se alía con los terroristas es lloriquear y sentirse bien así.


12 ene. 2019

Si Dios fuera negro...

Por @ruiz_senior

Si Dios fuera negro / todo cambiaría, /
fuera nuestra raza / la que mandaría. // 
Negro fuera el papa / y negro el obispo, /
negra Blancanieves, / negro Jesucristo.
(De una canción).

La distopía en que vivimos ya fue descrita en sus rasgos principales por los británicos Aldous Huxley y George Orwell en la primera mitad del siglo pasado. Uno de los aspectos más llamativos de este nuevo mundo es la revisión de la historia de modo que los hechos correspondan a las conveniencias ideológicas de la casta dominante. Ese falseamiento tiene lugar en muy diversos ámbitos, como las obras de ficción: en la serie Vikingos, la heroína toma parte en los saqueos de la tropa, convence a su marido de hacer un trío con uno de los esclavos y mata a uno de los vikingos por violar a una mujer en una incursión. Pero esos disparates son la norma: no ya que la ficción sirva a la propaganda, como tiende a ocurrir siempre, sino que no hace falta atenerse en absoluto a los hechos reales.

Traducción a neolengua
Ya lo aclaró Orwell en su famosa novela 1984: "Toda la literatura del pasado habrá sido destruida. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron… solo existirán en versiones neolingüísticas, no solo transformados en algo muy diferente, sino convertidos en lo contrario de lo que eran". Eso ocurre en gran escala hoy en día y la introducción de propaganda feminista o de corrección política es casi una norma en Netflix, seguramente también en las demás plataformas. El caso del director de ópera que hizo un montaje de Carmen en el que al final no matan a la heroína es sólo un ejemplo: lo mismo que hicieron los talibanes con los budas que encontraron en Afganistán lo hacen los ideólogos totalitarios, "progresistas", en Occidente. Quien quiera conocer el mundo a través de esos productos de ficción se encontrará una representación en bucle de la vida actual con el pretexto de otras épocas y de obras que se deforman hasta convertirlas en lo contrario de lo que son. Ya no se trata de entretener sino de adoctrinar a punta de mentiras.

La nueva Ilíada
La serie Troya, la caída de una ciudad, de la BBC, pretende ser una versión de la Ilíada pero se toma unas libertades de corrección política estremecedoras. El dios Zeus es interpretado por un actor negro, al igual que el héroe Aquiles y su compañero Patroclo (éste parece más bien bosquimano). Las diosas Hera (¡la de níveos brazos!) y Palas Atenea son mulatas, aunque Afrodita resulta parecerse a la Venus de Botticelli. ¿Qué sentido puede tener esa ocurrencia? Naturalmente se trata de "inclusión", es decir, de corrección política. El primer problema es que una persona joven puede no tener idea de los tipos humanos de la Antigüedad, por lo que quizá llegara a creer que los griegos imaginaran a sus dioses y a sus héroes como personas negras. Es decir, se introduce una mentira brutal que para una parte del público resulta como un gesto "original" pero que para la mayoría resulta plausible, de modo que se comete una falsificación brutal. Siempre en la línea de legitimar el orden vigente, que gracias a esa mixtificación resulta, en la conciencia de ese público, "lo natural", lo de siempre. Ocurre lo mismo con todas las demás series y películas de tema histórico: parece que quisieran impedir que el público conciba el mundo como era, sin la hegemonía ideológica actual. El ejemplo de la serie de los vikingos es típico.

Sobreentendidos letales
El motivo por el que los creadores de esa serie optan por esos actores no es sólo cumplir con la cuota de negros que hay en todos los productos audiovisuales de esta época, pues a fin de cuentas podrían justificarse con la necesidad de ser fieles al relato de Homero. Tras esas cuotas y esa presión hay un problema real, el racismo no es un invento de estos propagandistas. Las personas conservadoras pueden no ver ningún problema en que los rasgos negroides se asocien automáticamente con la pobreza, la indisciplina, el primitivismo y hasta el delito: es "lo natural" que un negro tenga cara de esclavo. Pero es que esas personas tampoco veían algo inadmisible en la esclavitud, no sólo la mayoría de la población de los estados del sur de Estados Unidos, sino también en los demás países del continente en que había negros esclavos. Sin ir más lejos, los hermanos Arboleda, padres del Partido Conservador colombiano, tenían esclavos y los vendieron en el Perú cuando hubo dificultades en Colombia. No sería lícito oponer a la fiebre de corrección política la tranquila complacencia con realidades de injusticia. Los creadores de la serie sobre Troya pueden responder que a fin de cuentas no poder concebir a un dios antropomorfo como un negro es persistir en el racismo.

La melanina es el mal
En el primer estudio de la Genealogía de la moral Nietzsche señala que probablemente el origen de la palabra malo sea melas, es decir, "negro", en alusión al color del pelo de los indígenas europeos que encontraban los invasores rubios (celtas, germanos y eslavos, y probablemente los antiguos itálicos y griegos). Es decir, lo despreciable era lo atribuible a dichos indígenas, tal como ahora se dice en Colombia "guiso" como propio de las "guisas". O como se ponía en Alemania a los judíos apellidos como "Schwartz" ("negro", el apellido de origen de George Soros). Es probable que antes de las invasiones de los últimos milenios hubiera otras de las que no quedaron registros escritos (por ejemplo, en este caso se procedió al exterminio total de la población masculina). Se sabe que la población primitiva de las islas británicas estaba formada por personas de piel más bien oscura, asimilable a los actuales norteafricanos. De modo que seguramente la gente del sur de Europa, y por tanto los latinoamericanos "blancos", es el fruto de la mezcla resultante de esas invasiones y que los caracteres rubios se fueron perdiendo (al igual que en India e Irán) por la dominancia de los genes oscuros.

Asimilación y multiculturalismo
El párrafo anterior viene a cuento por lo siguiente: uno de los padres fundadores de Estados Unidos señaló que los blancos nunca se mezclarían con los descendientes de los esclavos (cosa que en cambio ocurrió en los países del Caribe, sobre todo en los de habla hispana). La historia de Europa demuestra que esa mezcla en el largo plazo es inevitable, a tal punto que la mayoría de la población del continente procede de una asimilación parecida a la que tendría lugar tras la mezcla de negros y blancos en Estados Unidos. Obviamente lo importante es conseguir que el color de la piel no cuente a la hora de las oportunidades, pero si eso ocurre será seguro el mestizaje. Lo que se opone es precisamente el multiculturalismo, la asignación de las personas a comunidades que perpetúan la exclusión. Lo que la casta distópica busca es fomentar el agravio y el conflicto: la disgregación en identidades colectivas a las que se premia con engaños históricos. Las mujeres no necesitan el absurdo desagravio de heroínas de la Antigüedad que castigan a los violadores ni los negros el de dioses negros de un pueblo de blancos. Lo que todos necesitamos es salir de la pesadilla.

22 dic. 2018

Bhagwan, una advertencia

Por @ruiz_senior

Occidente en el presente siglo es una verdadera distopía, con una casta perversa controlando los medios de comunicación, las universidades, los organismos internacionales, las redes sociales, en gran medida los Estados y también la economía. La disposición de esa casta y sus ideas merece la máxima atención, y al respecto es muy elocuente la serie de Netflix Wild, Wild Country, que relata la trayectoria de la comunidad que dirigía el místico indio Bhagwan Shree Rahneesh, también conocido como Osho.

La década prodigiosa

Durante mucho tiempo el mainstream ideológico occidental ha impuesto la noción de que los años sesenta del siglo XX fueron "la década prodigiosa". Vale la pena detenerse a evaluar qué fue lo prodigioso. Alguien nacido después fácilmente estará tentado a creer que antes no había música ni alegría ni placer ni sueños. Si se piensa sólo en la música popular, los logros de las grandes bandas británicas hacen que los músicos de las generaciones anteriores parezcan muy inferiores sólo debido a su más modesto éxito comercial. ¿Cuál es el prodigio de los años sesenta? La rebelión juvenil contra la Guerra de Vietnam se "vende" a las nuevas generaciones como un gran avance cuando es exactamente lo contrario. Sólo habría faltado que los jóvenes estadounidenses de 1941 se hubieran negado a ir a combatir contra los japoneses y después contra los nazis. La victoria del comunismo, como se suele decir, tuvo lugar en las calles estadounidenses antes que en las selvas indochinas, y su fruto fue no sólo el avance totalitario en toda Asia oriental y la opresión de los vietnamitas y laosianos, sino también el genocidio de Camboya.

Contracultura
Mientras que en Europa proliferaban las versiones del comunismo que se apartaban de la "ortodoxia" soviética, trotskistas y maoístas (estos últimos entusiasmado por la orgía de persecuciones que se desencadenó en China con el curioso nombre de Revolución cultural y por la formidable inversión de ese régimen en propaganda), en Estados Unidos la rebelión tenía otro tono, más centrado en el rechazo de la nueva generación de "señoritos satisfechos" al deber y al esfuerzo y el disfrute optimista del "amor libre" y la "psicodelia". Al mando de esa corriente estaban los profesores marxistas de la Escuela de Fráncfort, cuya figura más popular, Herbert Marcuse, arrasaba en las listas de ventas de libros. La contracultura, como se dio en llamar a ese movimiento de elites que transmitían su modelo al resto de la sociedad, particularmente a los jóvenes, seguía la directriz del comunista italiano Antonio Gramsci, que llamaba a buscar la hegemonía ideológica a partir del dominio de los medios de comunicación, de las instancias académicas y de los ámbitos de expresión cultural.

Mundo, demonio y carne
La novedad, muy relativa, de los sesenta y el conflicto central, sobre todo en Norteamérica, es que grandes masas se alejaron de las creencias cristianas de las generaciones anteriores. La entonces reciente invención de la píldora anticonceptiva, la nueva prosperidad y la consecuente tendencia al relajamiento de las costumbres incentivada por el creciente consumismo ofrecieron a los jóvenes de entonces una sensualidad sin freno ni conflicto, que se sumó al constante estímulo a la vanidad y aun a la soberbia que define a la publicidad comercial. Los tres enemigos del alma que denunciaron los padres de la Iglesia. Ese nuevo confort ya había sido anunciado por Aldous Huxley en Brave New World, (Un mundo feliz), su distopía de 1932. Ese desdén por la milenaria tradición cristiana no le abre las puertas a un reino de la razón, como creerían los ateos vulgares, sino que comporta el renacer de todas las supersticiones, y también hace atractivas las doctrinas exóticas, como el zen y como las tradiciones indias. La adhesión de los Beatles a la "meditación trascendental" es un hecho característico de esa época. Parte de la "espiritualidad" de "nueva era", de la que el grupo de Bhagwan es una expresión característica.

El ashram

El gurú Bhagwan era un catedrático de filosofía que se había dado a conocer en India como brillante orador y polemista, y por predicar la apertura en materia de sexualidad. Así se lo empezó a llamar "el gurú del sexo". Una heredera de la industria naviera griega le proveyó recursos para crear la primera comunidad en un ashram (especie de monasterio) que crecería, con cada vez más proporción de catecúmenos occidentales y cada vez más implicación con corrientes estadounidenses de contracultura. Así, las prácticas místicas, mezcla de diversas tradiciones indias, al parecer adaptadas para atraer a los occidentales (a tal punto que el estilo del gurú se fue acercando al final al zen, tradición china con poca relación con India), se tiñeron de psicoanálisis y otras modas de Occidente. Las "terapias" se hicieron conocidas, lo que por una parte hizo multiplicar las visitas de occidentales ricos y por la otra causó problemas con las autoridades indias. El paso siguiente fue el traslado a un área rural de Oregón, donde tiene lugar propiamente la historia de la "secta". (No es posible ni sensato extenderse aquí sobre esa historia, vale la pena ver la serie de Netflix y buscar información adicional.)

Sofistas

En otro contexto me llamó la atención que el más conocido de los sofistas de la Grecia antigua, Protágoras, fuera célebre por su habilidad para atraer a gente muy rica y hacer así rentable su sabiduría. Creo que se puede hacer un paralelismo entre sus planteamientos y los de Osho, y también entre la trayectoria de la comuna de Oregón y el mundo moderno, controlado por elites frívolas, corruptas y y dispuestas a hacer el daño que haga falta para asegurar su dominación. La clave es el halago y la oferta de placer a personas que poseen recursos muy superiores a sus méritos y aptitudes. Protágoras, con la autoridad que le daba su brillantez, les aseguraba que el hombre es la medida de todas las cosas, Osho, que añadía el carisma personal y el encanto del exotismo, la noción de que el libertinaje no era la forma de echarse a perder sino un estado superior de conciencia. El relativismo de los antiguos sofistas, que negaban absolutos respecto al bien, la verdad o la belleza, encuentra su correlato en el eclecticismo de Osho, que mezcla el psicoanálisis con las doctrinas jainitas de sus antepasados. En la distopía que vivimos reina el mismo relativismo, la misma oferta de placeres fáciles y el mismo desdén por el conocimiento establecido.

Crímenes
El grupo de Bhagwan disponía de recursos fabulosos gracias a la adhesión de muchos miles de personas muy ricas, gracias a eso intentó llevar a cabo en el rancho de Oregón un proyecto de ingeniería social cuya base es esa abundancia. El paraíso en la Tierra que empiezan a construir pronto entra en choque con las costumbres y valores de los pobladores de las áreas vecinas, a las que los miembros de la comuna desprecian absolutamente. Allí se asentaron miles de sanniasins (discípulos), que tomaban parte en terapias costosísimas, para las que a menudo se financiaban mediante la prostitución (cosa que también ocurre con otras organizaciones de ese tipo, como la Cienciología) y otros negocios similares. Así consiguieron ganar las elecciones en el pequeño pueblo de Antelope, cuyas calles cambiaron de nombre (lo mismo que hacen los neocomunistas en España). Cuando se trataba de controlar el condado de Wasco, los discípulos estadounidenses inscritos eran insuficientes para ganar, por lo que llevaron indigentes de varias ciudades para que se inscribieran como votantes (ejemplo que permite entender el amor de los progresistas europeos por los inmigrantes musulmanes) y cuando a pesar de eso no había suficientes votantes para ganar, propagaron la salmonela en las ensaladas de los restaurantes de la capital del condado para que los enfermos no pudieran ir a votar. Además, planearon matar al fiscal de distrito, y atentaron contra la vida de miembros de la comuna.

Modelo

La distopía actual es la continuación de toda la que vivió el siglo XX, esta vez con un gran proyecto de ingeniería social que incluye la creación de un nuevo orden de castas (no otra cosa es el muticulturalismo, en el que cada individuo resulta preso en los rasgos de la comunidad que se le impone), en un nuevo despotismo ilustrado, con elites académicas, mediáticas y burocráticas (como las de la ONU) riquísimas y totalmente ajenas a las inquietudes de los ciudadanos. La comuna de Bhagwan anuncia en gran medida la disposición de esas elites. Se la describe a veces como una estafa, pero eso vendría a ser como considerar víctimas a los clientes de la prostitución. Sencillamente, los opulentos miembros de la secta disfrutan de ser a la vez autoridades espirituales, libertinos y usuarios de drogas, adalides del progreso, pioneros del paraíso y gestores de la economía y el gobierno. El exotismo del gurú y su relación con una cultura milenaria les permite epatar ("descrestar") a los de fuera y disfrutar de su vida comunal aislada. Recuerda a las elites artísticas, invariablemente "progresistas", cuyos mamarrachos demandan más recursos públicos cuanto más absurdos le parezcan al ciudadano corriente. La efímera trayectoria de esa secta puede orientarnos sobre el rumbo que está tomando nuestro mundo.

8 sep. 2018

La rebelión de los libertarios contra Uribe

Por @ruiz_senior

En los días de la campaña electoral me pareció demagogia barata la idea de Uribe de reducir los impuestos y aumentar los salarios, sobre todo porque por ninguna parte aparecía la reducción del gasto público. ¿De dónde iban a salir los recursos?

Sí era demagógica la idea pero no porque Uribe quisiera prometer medidas irrealizables sino porque no explicaba que se reducirían algunos impuestos pero se subirían otros. Para los sectores productivos bajarían los impuestos, para el consumo subirían. Ésa es más o menos la idea que subyace a la reforma tributaria del ministro Carrasquilla.

La idea de subir el IVA a los productos de la canasta familiar escandalizó a los izquierdistas, pero también a los libertarios. Es algo que Carrasquilla intentó durante el gobierno de Uribe y que se encontró con la hostilidad de la Corte Constitucional, como se puede comprobar leyendo este artículo de la época, que también explica bastante bien, en mi opinión, el fondo de la cuestión. Es inevitable que los comunistas se opongan a esa medida, no sólo por lo que les conviene a su propaganda, sino porque de hecho resulta lesiva para la economía de sus clientelas.

Pero en cambio es llamativo el rechazo de los derechistas y "libertarios". El argumento típico es que no hay que cambiar el origen de los ingresos del Estado sino reducir el gasto. Ésta es la primera falacia que comentaré. Se responde a una cuestión concreta con una generalidad. El gobierno de Duque puede no tener el propósito de reducir el gasto, en todo caso no era su programa de gobierno ni lo que prometía en la campaña electoral. Y aunque el objetivo último de Carrasquilla fuera realmente reducir el gasto público, ¿deja de pagar la deuda, reduce los sueldos de los funcionarios, despide a unos cuantos miles...? Respecto de la realidad concreta, la generalidad teórica es vacía, no es una propuesta de nada, pero hay otra cosa que la hace peor. Como no se reduce el gasto, ¡da igual que se sigan cobrando impuestos confiscatorios a las empresas que generan empleo y riqueza, entre los más altos del mundo, y se deje exentos de contribuir a los asalariados, entre los cuales la mayoría de los más prósperos son funcionarios! (Como cada cual entiende como quiere el sentido de "prósperos", aclaro que me refiero al 10% de la población que tiene un mayor ingreso, sector en el que predominan los funcionarios y pensionados del sector público.)

De ese tipo es la reacción de los libertarios tropicales. Particularmente se sienten afectados por el alza del IVA, y ya no quieren saber nada de creación de empleo ni de dinamización de la economía ni de apoyo al raquítico sector empresarial. No falta el que pone el ejemplo de Trump, como si la economía o la sociedad estadounidenses se pareciera a las colombianas. Como si el IVA que resultara de las exenciones de Trump fuera más bajo que el que genera la reforma de Carrasquilla.

Pero la propaganda de Uribe en la campaña electoral incluía el aumento de salarios, cosa que intentó después proponiendo un alza drástica del salario mínimo. Las mismas voces saltaron en defensa de la ortodoxia económica, de nuevo con generalidades que podrían no tener sentido. Sobre todo, el libertarismo se aferra a sus dogmas sin tener en cuenta ningún sentido de equidad. Si sube el IVA para todo, incluidos los productos de la canasta familiar, la gente que gana el mínimo tendrá más recursos con que pagarlo, todo lo cual podría generar tensiones inflacionistas, pero es de suponer que entre la Junta del Banco de la República y un gobierno bien orientado económicamente encontrarían la forma de hacerles frente.

Las falacias sobre este punto se centran en las mismas generalidades. Ven medidas socialistas en algo que está ahí y no se puede cambiar porque una ortodoxia universal lo desaconseje. Desde un punto de vista político la propuesta de Uribe es muy afortunada, pues generaría adhesión a él y a su partido entre la gente que menos gana, y se anticipa a propuestas de ese tipo por parte de los comunistas. Pero eso tampoco interesa a los libertarios. Les parece que, según la ortodoxia, eso reduciría las posibilidades de acceder al bienestar a los más débiles, para los cuales ya existen numerosos programas de ayuda. O que amenazaría el empleo, cosa que sería cierta de no haber actuaciones que favorecen la expansión empresarial, es decir, rebajas de impuestos a los productores. O que amenazaría la rentabilidad de las empresas, cosa más dudosa aún, primero porque ya hay aumento de la rentabilidad por la benevolencia fiscal, y segundo porque no todas las empresas viven del trabajo de gente que cobra el salario mínimo.

Es decir, miles de pequeñas empresas dinámicas que dan trabajo a personas calificadas pagarían menos impuestos y podrían ampliar plantilla o subir los salarios, lo cual es lo mismo (es decir, al crearse empleos para un sector profesional determinado, la mayor demanda fuerza el aumento del ingreso), mientras que el conjunto de los particulares, incluidos muchos dueños de negocios informales que no pagan impuestos, pagarían más por el IVA.

Esos enfoques doctrinarios hacen recordar las típicas simplificaciones de los catecúmenos de cualquier ideología. ¿Alguien recuerda que Colombia es uno de los países con más desigualdad del mundo? No es una desigualdad derivada de la mayor productividad o laboriosidad o talento de los beneficiarios sino el fruto del despojo que ejercen los poderosos sobre las mayorías. La revolución socialista es sólo el nombre que se da a ese despojo, según expliqué en una entrada reciente de este blog.

Lo más curioso es que otras ideas o propósitos del gobierno de Duque que sí son atroces porque multiplican el gasto público y lesionan la economía no encuentran el menor rechazo de los libertarios, seguramente porque en el manual no sale que el derecho a la educación y la producción de diplomas son la principal causa del atraso del país.

Esto publicó la vicepresidenta en su cuenta de Twitter:
¿Qué será la "cobertura universal de educación superior"? ¿Van a ir todos a la universidad? Ya sé que no necesariamente es la universidad, pero sí es una formación posterior a la secundaria que al menos debe cubrir carreras técnicas de más de dos años. ¿Qué países del mundo ofrecen esa educación? Creo que el único es Cuba, pero aparte podría equivocarme y haberla también en Corea del Norte. La media en Europa, según este artículo de El Mundo, es del 26% de jóvenes que tienen estudios superiores. Pero se trata de países con una gran oferta de empleos calificados para los egresados. En Colombia les inventan los empleos en entidades públicas, los vuelven profesores de centros cada vez más masificados y de peor calidad o sencillamente fuerzan a las empresas a contratarlos, como ocurre con los politólogos en las industrias extractivas.

Ese asunto de la producción desorbitada de diplomas es verdaderamente una atrocidad, más cuando se sabe en manos de quién están las universidades, pero muestra hasta qué punto en el gobierno y en el CD reina la más penosa indigencia intelectual. Ya en una ocasión el uribista Sergio Araújo proclamó su ideario: si hubiera ganado Zuluaga ..."... Colombia hubiera dado seguramente el salto educacional que nos insertara en el primer mundo, transformándonos". La barbaridad de creer en eso deja ver la vulgaridad y el vacío moral e intelectual del uribismo.

Pero es un asunto que he comentado en otra ocasión. Lo que interesa ahora es mostrar hasta qué punto el libertarismo doctrinario es ausencia de sentido de equidad y de sentido común. Un disparate como el de gastarse el dinero de todos en darles diplomas a todos los jóvenes (a costa de la protección a los ancianos y miles de cosas parecidas) ni siquiera les llama la atención. ¡Con lo bien que queda el sabiondo de turno descalificando las alzas al salario mínimo, que es el ingreso normal de otros! 

3 sep. 2018

La corporación

Por @ruiz_senior

Intereses de clase
La idea de que en el interior de todas las sociedades hay diversos grupos enfrentados por sus intereses colectivos no se le ocurrió a Marx para llevar a cabo su plan diabólico, sino que la tenían en cuenta otros pensadores, como Maquiavelo o Adam Smith.

Es importante tener eso en cuenta porque sin una atribución de intereses materiales a las opiniones y actuaciones políticas todo se queda en mera cháchara doctrinal trufada de moralina, teorías de conspiración y señalamientos morbosos.

¿Por qué las clases altas colombianas, sobre todo bogotanas, apoyan a las bandas terroristas y a sus redes urbanas? La pregunta es insólita, nadie se la hace, y de hecho los prosélitos totalitarios lo niegan, dado que fácilmente consideran "clases altas" sólo a los dueños de los bancos o a los propietarios de vastas extensiones rurales (aunque de hecho el Grupo Santodomingo y la Organización Sarmiento Angulo son promotores de esos sectores políticos, y el desplazamiento forzado dejó a las FARC como mayor propietaria de tierras, a través de testaferros).

Mejor dicho, ¿qué grupos sociales apoyaron a Santos y apoyan a los narcoterroristas? ¿Por qué los apoyan? La respuesta para mí es muy simple, diáfana. Pero ¿por qué no es algo que todos aceptan? Eso remite al problema de la indigencia intelectual de los sectores ideológicos y políticos que se les oponen. Tras la adhesión de los ricos al hampa narcoterrorista no ven "intereses de clase" sino mera insuficiencia intelectual, corrupción, inmoralidad y en últimas la mano siniestra de Satán. Satán no es necesariamente el de la mitología cristiana antigua, a menudo lo reemplazan Karl Marx con sus ideas o alias George Soros con sus complots.

Y como no pueden concebir el comunismo en Colombia, ni en la región, como un fenómeno dinámico, ligado a las oscilaciones de la historia y a los intereses económicos de grupos sociales, sencillamente les parece una infiltración ajena a las sociedades, que estaban bien hasta que llegó el virus funesto. Al negar el interés de clase como móvil de las tomas de partido de personas destacadas o talentosas, el catecúmeno encuentra una fuente inesperada de halago: ¡hete aquí que Camilo Torres o Enrique Santos resultan pobres tontos a su lado!

Recientes discusiones sobre la "acción de tutela" o sobre la reforma tributaria que intenta llevar a cabo el ministro Carrasquilla me convencen de que los contradictores del narcoterrorismo no sólo acusan indigencia intelectual sino también indigencia moral. Puesto que normalmente forman parte del 10% de colombianos más ricos (correspondiente a los que habitan viviendas de estrato 4-6), condenan a los terroristas pero agradecen su orden: la licencia para prescindir de la ley cuando conviene a los poderosos y el confort fiscal para los particulares. Ambas cosas endémicas de Colombia, como el prodigio de que un delito les reste penas a otros.

Es decir, sociológicamente forman parte de las clientelas del narcoterrorismo pero sus convicciones religiosas o ideológicas los llevan a oponerse. Un elemento importante de ese desgarramiento es la imposibilidad de entender que los medios de comunicación y sus dueños son parte de la conjura terrorista. El mal sólo es cosa de bandidos rudos y nerviosos, tipo Jojoy o Romaña, los que se alían con ellos son sólo gente que se equivoca, inocentes que yerran y sólo requieren la explicación del sabio de turno.

La tradición revolucionaria
Si se tiene en cuenta ese elemento del "interés de clase" resulta muy diciente el origen de los movimientos comunistas en Hispanoamérica. Claro que siempre hubo inversión de recursos soviéticos y chinos, y personajes resentidos dispuestos a acoger ideologías rupturistas, pero para salir de la marginalidad el comunismo necesitó el apoyo de los jesuitas y de sectores importantes de las clases altas. Así ocurrió en Cuba, donde la rebelión contra Batista (antes aliado de los comunistas) se basó en los jóvenes patricios. Como ocurriría en las décadas siguientes en toda la región, amplios sectores sociales se pusieron de parte del nuevo régimen por el encanto de la retórica antiamericana. ¿En qué consistía ese encanto? Además del siempre rentable discurso nacionalista, en que el modelo de democracia liberal amenazaba el orden jerárquico tradicional. Octavio Paz señala que en el siglo XIX el antiamericanismo era un rasgo de los conservadores, y no hay que divagar mucho para llegar a ver a los mismos sectores sociales ilusionados con el modelo alternativo a la democracia liberal unas décadas después. Claro que en medio de su cambio, jesuitas incluidos, encontraron en el triunfante Reich de los mil años una esperanza que les permitiría golpear la hegemonía de los odiados británicos y yanquis.

¿Quiénes eran los enamorados de la Revolución cubana en los años sesenta en Colombia? En general, de forma más o menos unánime, los jóvenes que iban a la universidad y tenían interés por la literatura y el arte. Si se tiene en cuenta que en esos años más de la mitad de los colombianos eran analfabetos, va a resultar que las familias de esos jóvenes estaban a lo sumo en el 2% de mayor ingreso. La figura más importante de esa nueva variante revolucionaria fue el sacerdote patricio Camilo Torres, que fundó la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional con un grupo de descendientes de familias presidenciales.

En la década siguiente el protagonismo le correspondió al grupo de la revista Alternativa, cuyos líderes pusieron después a dos de sus hermanos menores en la presidencia. El M-19 también reclutó a su gente en las universidades, y obviamente también se trataba de personas de la clase más alta, como la escritora Laura Restrepo (que hace pocos años seguía declarando que un régimen como el de Cuba era lo que ellos querían).

El triunfo de esa banda gracias a la colaboración de la mafia de la cocaína condujo a la Constitución de 1991 (a los políticos renuentes se los persuadió a punta de amenazas y asesinatos, o de copiosos incentivos que aportaban los grandes carteles). Desde entonces el Estado colombiano está realmente en manos del G2 y el orden social jerárquico está asentado y reforzado. De ese modo ocurre el doble fenómeno de que los ricos se han vuelto comunistas a la vez que los comunistas se han vuelto ricos. En la Colombia de hoy la izquierda es lo mismo que la clase alta. Por una parte, los reaccionarios defensores del viejo orden han encontrado el recurso eficaz para congelar la jerarquía social, por el otro, los talentos sacerdotales encontraron el patrono perfecto en un Estado muy generoso con ellos. Los gobiernos de Gaviria y Samper fueron los responsables de instaurar ese orden. "Socialista" en la medida en que el gasto público se disparó pero nada "socialista" en el sentido que la gente entiende de igualdad social. Al terminar la década Colombia tenía más gente por debajo de la línea de pobreza y mucha más desigualdad que en 1990 (nada menos que diez puntos del coeficiente de Gini).

Lo maravilloso es que haya derechistas que no ven la entera afinidad de los ricos con el narcoterrorismo. Esa ceguera, creo yo, tiene que ver con alguna clase de fanatismo y sectarismo que afecta a personas muy ignorantes y torpes. Baste ver la revista Semana. ¿Quién la lee? ¿Serán los perdedores y fracasados, valga el pleonasmo, llenos de resentimiento en sus tugurios? Me he dado cuenta de que se lo explican como "la culpa del emisor": como no pueden negar que la propaganda y la opinión de Semana sean mera legitimación del narcoterrorismo, resulta que eso ocurre por culpa del dueño o del editor, y los lectores son simples víctimas que reciben información incorrecta y se la creen.

Pero son también todos los demás medios escritos, y no sólo porque su principal fuente de ingresos sea el Estado, porque para eso habrían sido serviles cuando el presidente era Uribe, y eran tan defensores del terrorismo como ahora. En las televisiones ocurre que la gente tiene pocas alternativas a verlas, de modo que recibe la propaganda sin poderle oponer mucha resistencia.

De la Encomienda a la Nomenklatura
La historia de Colombia desde la Conquista es simple, tediosa: alrededor del núcleo de poder se organiza la extracción de riquezas naturales y el reparto de las tierras, una vez que el oro acumulado por los aborígenes se había acabado. Ser juez, militar o clérigo eran las formas correctas de prosperar. Los descendientes de los primeros conquistadores y de los funcionarios de la Corona llegados después se las han arreglado siempre para mantener el control, pero la penetración cultural imperialista, es decir, la presión de los modelos de democracia liberal triunfantes en el resto del mundo, forzaron un desajuste entre el orden real y el que podía aparecer en las leyes escritas. Las guerras civiles del siglo XIX siempre se libraban por el control del Estado y de los cargos de poder.

Sólo ha cambiado la retórica, sobre todo porque la expansión del gasto público ha permitido garantizar ingresos agradables para todos los miembros de la casta superior. La condición es que el que quiera disfrutar de las mieles del poder, y de las pensiones a los cuarenta y cinco años, debe acompañar a la corriente hegemónica, no sólo la ideología que propaga Semana sino sobre todo la prevalencia de sus dueños.

Así se explica que los ricos paguen verdaderas fortunas para que sus hijos obtengan sus títulos en universidades en las que sólo se recita propaganda comunista. No es que ellos sueñen con la sociedad sin clases ni con el fin de la explotación del hombre por el hombre, sino que han comprobado que la prosperidad viene del presupuesto público, y en el presupuesto público mandan los narcoterroristas. Es una estrategia de adaptación cuyo núcleo es la relación personal (contactos) con los poderosos, para lo que hace falta la profesión de fe que les sirve de coartada a los dueños del país para su dominación y a los autores materiales de los crímenes para legitimarse.

Las conversaciones de paz gracias a las cuales se suprime la democracia (no otro es su sentido, pues en cuanto se reconoce a los poderes armados decidir sobre cualquier aspecto institucional se está despojando al ciudadano de a pie de ese derecho) son un recurso típico de esa dominación, pero antes de ellas hubo de todos modos movimiento estudiantil y sindicalismo estatal, que promovían y controlaban los mismos que organizaron las bandas terroristas. A punta de bochinche, violencia callejera e intimidación personal, que incluía obviamente a las guerrillas, consiguieron clientelizar a cientos de miles de funcionarios y crear empleos para los militantes universitarios, cuyo único conocimiento tenía que ver con la actividad revolucionaria.

Es decir, el discurso revolucionario y las teorías de Marx sirvieron para mantener un orden retrógrado de castas y parasitismo, todo ello engrasado con el dinero de la cocaína. Y el conjunto de los herederos de las castas superiores de la vieja sociedad se hicieron clientes de la bandas de asesinos. No hace falta que se trate de funcionarios, pueden ser proveedores de servicios emparentados de mil maneras con las clases acomodadas, formadas en su mayoría por funcionarios y otros beneficiarios del orden establecido (como los abogados o los profesores de universidades privadas). Todos ellos están dispuestos a aplaudir "la paz" por la que se legitiman y premian millones de crímenes atroces. Los conocen bien pero no están dispuestos a quedar en minoría ni menos a asimilarse a los finqueros o ganaderos o a la gente de las provincias rivales de la capital. La hegemonía del discurso narcoterrorista se refuerza con el reconocimiento internacional a sus propagandistas de más rango (como la promoción de Héctor Abad Faciolince por la red de Soros y antes de William Ospina por el dinero chavista), con el atractivo de las modelos a las que contratan, con los títulos de universidades estadounidenses de algunos ideólogos, con la persuasión continua en todo espacio de socialidad y con el humor de genios como Pirry o Samper Ospina. 

Parasitism Corp.
El caso de la educación superior es característico de esa confluencia de intereses de los grupos de poder. La Constitución de 1991 aseguró un gasto elevado en esa clase de educación, es decir, una copiosa oferta de puestos bien pagados para los militantes marxistas que hicieron posible esa revolución, tanto en la legalidad como en la ilegalidad. Pero quedaba la cuestión de controlar las universidades privadas por parte de la corporación, en este caso, el gremio, que al igual que los sindicatos resulta controlado por el Partido Comunista, que es el que tiene los recursos tanto legales como ilegales, para dar las órdenes.

Para remediarlo se resolvió prohibirles el lucro, no tanto para perjudicar a sus dueños cuanto para salvar de pagar impuestos a unos negocios que podrían servir de mil maneras a la causa y formar a los futuros profesores de las universidades públicas. Los dueños aseguran la rentabilidad poniéndose sueldos millonarios o celebrando contratos muy favorables, y lo que se ahorra en impuestos se dedica a pagar a los profesores, estómagos agradecidos que no por casualidad en casi todas las universidades enseñan el odio a Uribe y hacen campaña por pensadores de la talla de Gustavo Petro.

Es decir, la corporación dueña del país cuenta con recursos comunes para proveerles rentas a sus miembros y para reclutar a los más aptos del resto (es decir, del 90% de la población que conforma los estratos 1-3). La idea de que algunos de los pobres vayan a la universidad y así prosperen es tan absurda como si los hombres bajitos pagaran para que algunos de ellos se casaran con mujeres bonitas. El problema es que en el enunciado de las democracias liberales los recursos del Estado son de todos, pero en Colombia no es así, porque el Estado es el legado que los dominadores dejan a sus descendientes. Por eso a nadie se le ocurre que el gasto en universidades públicas y el que se ahorran en impuestos las privadas es un despojo que se comete contra él.

La sociedad esclavista se reproduce en sus falacias. En 1970 los revolucionarios adoctrinaban asesinos en las universidades y gracias a su éxito se pudieron pensionar jovencísimos, pero sus discípulos también pudieron "trabajar" divulgando las ideas de Tirofijo y ¡a su vez! preparar a la nueva generación de adoctrinadores. La "educación" garantiza la hegemonía del narcocomunismo en toda la sociedad, tal vez por aquello que decía Marx de que "la ideología dominante es la de la clase dominante", pero sobre todo porque ya son un número significativo de colombianos. Dicen que sólo en Bogotá hay más de un millón de titulados universitarios, casi todos ellos votantes de la consulta anticorrupción que sólo servía para señalar enemigos entre quienes podría incomodarlos en su parasitismo y en su afinidad cada vez más clara con los sociópatas de las FARC.

El turno de la derecha
Semejante orden social, claramente inicuo y paralizante, no tiene el menor rechazo en la sociedad colombiana. Los descontentos descubren que eso es "la izquierda", según la propaganda de los dominadores, y se entregan a un ensueño conservador en el que uno no sabe qué ven. La esclavitud nunca se ha ido, ¿cómo va a remediarla quien la aprecia?

Naturalmente, esos derechistas no ven ningún problema en que la universidad sea un despilfarro monstruoso de recursos de todos, sólo en que en lugar del catecismo se enseñen las letanías chavistas. Ni en que la ley sea papel mojado porque el funcionario poderoso puede pulverizar cualquier código o cualquier contrato invocando algún derecho fundamental vulnerado (los pretextos de tal protección servirían para una antología del humor); a fin de cuentas, sólo es la continuación del orden que añoran, en el que un funcionario bien situado podía sacar de la cárcel a cualquiera.

Esos conservadores no añoran la ley, que nunca ha imperado, sino su mundo perdido, que ya no volverá. Si alguien quiere pensar en un país plenamente humanizado debe empezar por entender que no se trata de izquierdas y derechas sino simplemente de los valores comunes de la humanidad civilizada, la igualdad ante la ley, los derechos humanos, la racionalidad económica (las propuestas del ministro Carrasquilla han encontrado el mismo rechazo entre los comunistas que entre los ultraconservadores)...

Si alguien quiere pensar en hacerle frente al orden de esclavitud tiene que saber que la masa de las clases altas seguirá dejándose dirigir por los cubanos y sus terminales políticas, como el Partido Verde, el Polo de Cepeda o la secta de Petro, que pronto cambiará de nombre. Y que ese grupo social es el enemigo de la inmensa mayoría de la población, a la que despojan con su parasitismo.

Hace falta un programa que atraiga a esas mayorías con propuestas efectivas, como cerrar las universidades públicas y someter a las privadas al régimen fiscal de cualquier empresa. Y que en todo los aspectos (pienso por ejemplo en la prohibición del voto militar, un atropello contra los derechos humanos que no tiene la menor resistencia en Colombia) se plantee asimilar a Colombia al mundo moderno. Puede que la derecha termine encontrando sus grandes afinidades con la izquierda, tal como los odiadores de Duque ya defienden a Petro y divulgan las obras de alias Matador.