6 may. 2015

Pueblo sin confianza en su gobernante

Por Jaime Castro Ramírez

El principal patrimonio político de un gobernante es la confianza de sus gobernados en su gestión de gobierno. Si esta confianza no existe significa que el pueblo ha perdido la fe en la acción de gobierno por razones explicables desde el escenario del no cumplimiento de los compromisos adquiridos por el gobernante a través de sus promesas de campaña electoral, lo cual conlleva a que el pueblo sienta una realidad muy grave que es el engaño, y por lo tanto cada individuo siente que ha sido mancillado su honor cívico y patriótico, y entonces aparece en su sentimiento la lógica reacción de rechazo hacia su impostor, y en consecuencia se genera desconfianza generalizada. Pueblo que pierde la confianza en su gobernante, pierde la fe en su futuro, pues lo que le queda es solo incertidumbre.

Colombia no sabe para dónde va
El presidente Santos ha convertido su segundo mandato en una especie de doctrina religiosa, algo así como un monoteísmo que reconoce un solo tema endiosado llamado ‘paz’. En primer lugar, es un error de cálculo político porque el país tiene muchos frentes prioritarios de atención gubernamental para que haya equilibrio en el balance de gestión, y en segundo lugar, la monoteísta paz es hoy por hoy el tema que divide más al país por cuanto ha generado toda clase de desconfianzas respecto a su verdadero sentido de paz, pues la gran mayoría de los colombianos no cree que lo que está negociando Santos sea la paz de Colombia, pues acrecientan las dudas sobre la claudicación del Estado a favor de las exigencias de los terroristas con quienes se negocia.

En el primer mandato, para ser elegido, Santos prometió continuar con la seguridad democrática que implicaba mantener la seguridad del país, y como no cumplió esa promesa, entonces le permitió a las Farc volver a los sitios de donde habían sido desterrados justamente por la seguridad democrática, les permitió envalentonarse nuevamente, y esa es la consecuencia de la zozobra en que anda el país ahora con el incierto y dudoso proceso de negociación de paz. Si Santos hubiera cumplido lo prometido se hubiera evitado este complicado impase de someterse a negociar con terroristas, y el país estuviera en paz.

Este es entonces un panorama muy incierto y por consiguiente los colombianos estamos muy preocupados sobre la situación del país, sin saber para dónde va Colombia, para dónde lleva el país el presidente Santos.

Preocupa enormemente que la democracia colombiana llegue a comprometerse en manera alguna a favor de los victimarios de los colombianos, y con ella se comprometa el porvenir de la república, pues la democracia ha sido defendida históricamente y con valentía por los héroes de la patria como el mayor patrimonio político que ha garantizado la libertad de los colombianos, de tal manera que no se puede permitir que ahora la actuación individual de un gobernante ponga en riesgo su integridad.

Imagen política del presidente Santos Cuando un presidente de la república registra en la opinión del pueblo la decadencia del poder, es decir, que llega a la traumática coyuntura de solo el 29% de popularidad, y el 68% que lo desaprueba, como ocurre con el presidente Santos en el resultado que arrojan las encuestas de abril de 2015, esto significa que su capital político está agotado, en déficit total, y lo cual pone muy en entredicho su gobernabilidad.

Y hay que decirlo claramente que lo que ha originado este desplome de la popularidad de Santos es justamente lo que él está haciendo con su monopolizador tema de la paz como agenda de gobierno, a lo cual le surgen grandes dudas que los colombianos tienen sobre para dónde lleva al país como consecuencia de lo que negocie con los enemigos de la democracia y del Estado de derecho.

Gobernante sin reconocimiento político del pueblo se convierte en simple signatario del poder porque ha perdido su propia acción de gobierno.

1 may. 2015

El nombre de la tragedia colombiana es "uribismo"

Por @ruiz_senior

Uribe en 2001
En las sociedades en las que se elige a los gobernantes, los políticos siempre intentan convertirse en los "intérpretes de la angustia popular", cosa que corresponde a la lógica del mercado, con empresarios que intentan detectar necesidades insatisfechas. Eso ocurrió con Uribe durante el gobierno de Pastrana, en el que la escalada de crímenes terroristas produjo una fuerte corriente de rechazo.

Tal vez convenga detenerse a comentar ese gobierno, que no fue elegido por la foto con Tirofijo, como a menudo se repite, pues en esa caso se da por obvio que los votantes habrían refrendado el samperismo, con la mayor crisis económica que se recuerda en décadas (que estalló un año antes de las elecciones). Los abusos continuos de los terroristas le generaron un gran desprestigio a Pastrana, a la vez que las dificultades económicas multiplicaban el descontento. Cabe recordar que los mayores críticos del proceso del Caguán al comienzo eran los samperistas, en un ejercicio de oportunismo increíble, pues el terrorismo había ascendido gracias a los narcogobiernos liberales previos. Lo que conviene preguntarse ahora es si la escalada no sería un designio de los Castro y Enrique Santos Calderón, pues lo peor para sus intenciones habría sido que Pastrana tuviera éxito.

La carrera de Uribe hasta entonces estaba marcada por su apoyo a las Convivir cuando fue gobernador de Antioquia, pero antes había sido un político destacado del régimen del 91, compañero de filas de Ernesto Samper (al que incluso defendió cuando el escándalo de los narcocasetes) y promotor de la impunidad para el M-19. Gracias a la firmeza y eficiencia que había mostrado como gobernador, era el político más opcionado para atraer a los descontentos con la orgía de crímenes de las FARC. Al obtener el apoyo de Fernando Londoño, resultó el portavoz de los sectores conservadores menos dispuestos a someterse a las FARC.

Pero ese año el sentimiento de rechazo a los terroristas era generalizado y las aspiraciones de las mayorías eran claras. Lo que interesa razonar es hasta qué punto como líder de esa corriente Uribe la llevó al triunfo o si el resultado fue otro. La incapacidad de la crítica, esa herencia de la Contrarreforma que tanto obsesionaba a Octavio Paz, hace que nadie quiera evaluar eso: si Colombia ahora está en manos de las FARC fue a pesar de la infalible actuación del líder al que todo se le debe. Bueno, además de la aversión a la crítica está el servilismo, la lealtad al superior del que en últimas se espera siempre algún favor.

Morir de éxito
Los resultados del primer gobierno de Uribe fueron sencillamente de ensueño, si bien se debe tener en cuenta que la economía en parte se había saneado en el gobierno de Pastrana (el ministro de Hacienda era Santos) y que en esos años los altos precios de los combustibles generaron muchos ingresos (en el mismo año 2006 en que Uribe fue reelegido, Chávez ganó unas elecciones con un porcentaje de votos parecido). El caso es que todos los indicadores de violencia se redujeron drásticamente, al tiempo que la economía empezó a crecer y el optimismo a hacerse generalizado.

Pero entre la alegría del éxito y el diario forcejeo con los propagandistas del terrorismo se pasó por alto lo principal: que no había ningún partido que representara a la nueva mayoría, ni ningún proyecto de país distinto a seguir haciendo lo mismo, ni ningún distanciamiento respecto al engendro del 91, gracias al cual, por ejemplo, la Corte Constitucional legisló alegremente impidiendo llevar a cabo el plan de gobierno.

Nadie echó de menos nada parecido: todos los de mentalidad conservadora estaban contentos y el entusiasmo con el líder nacional (que había recurrido a la aparición continua en televisión siguiendo el ejemplo de Fujimori y Chávez) no admitía el menor matiz. La idea de cambiar la ley para permitir la reelección sólo molestó a los del bando terrorista, en parte porque la imposibilidad de repetir mandato era una excepción colombiana. Tanto Bush como Lula habían sido reelegidos porque las leyes de sus países lo permitían. Hasta el más exigente se resignó a que el precio de esa continuidad fuera la componenda con los peores clientelistas del legislativo, como la inefable Yidis Medina (un país en el que legisla alguien así podría enviar a un obeso mórbido a correr los cien metros en las Olimpiadas) y, mucho peor, con las logias de políticos profesionales que habían acompañado a los gobiernos de las décadas anteriores, comandadas por Santos.

Cuando titulo que la tragedia es el uribismo no me refiero a Uribe sino a la corriente que lo sigue. Por meritorio que sea un líder, puede equivocarse y tener limitaciones. Pero una sociedad en la que nadie echa de menos un partido centrado en un ideario y un programa coherentes y que dé cuenta de lo que es el país al que pretende dirigir "no está madura para la democracia". Uribe estaba feliz de seguir mandando y su sanedrín de seguir disfrutando de las rentas del poder y hasta de columnas en la prensa de la oligarquía (creo que soy el único que se daba cuenta de que la columna de José Obdulio Gaviria en El Tiempo estaba rodeada de otras cinco de valedores de las FARC). De modo que la buena racha continuaba y el gobierno tenía mayorías en el legislativo, nadie echaba de menos otra cosa. Puede que si alguien hubiera querido corregir las atrocidades de la Constitución, como las alusiones al "delito político", la mayoría no habría sido tan clara.

De ese modo, el segundo periodo de Uribe era la ocasión de recoger los frutos de lo sembrado en el primero, con grandes logros en todos los niveles, incluida la derrota estratégica de las FARC, consumada en la marcha del 4 de febrero de 2008 y en la posterior Operación Jaque. A nadie le pareció preocupante la clase de gente que formaba el gobierno, no sólo como Santos sino como muchos otros ministros de su estilo.

Y previsiblemente no había ningún plan para 2010. En medio de la euforia del triunfo fue apareciendo de lo más aconsejable cambiar otro articulito para permitir la reelección continua. Para eso había que hacer cuantas concesiones hicieran falta a los medios y al partido controlado por Santos. No hubo la menor discusión. Todo lo que significaba el uribismo se pudo ver entonces, con su inclinación al respeto de la ley (que se podía cambiar cada vez que conviniera, con lo que sencillamente dejaba de existir), con su percepción del interés de la comunidad y del país (ante todo el mundo quedaba claro que se trataba de otra dictadura encubierta y legitimada por plebiscitos, como las bolivarianas) y sobre todo con su percepción de lo que podrían hacer las cortes (¿era tan difícil suponer que la Corte Constitucional que había presidido Carlos Gaviria no toleraría la nueva reforma, por no hablar de los recursos bolivarianos fabulosos que tendrían los enemigos de Uribe para persuadir a los magistrados?).

Que Colombia caería en manos de las FARC debió ser claro entonces, pero muchos nos engañamos en la (ahora evidemente absurda) suposición de que Uribe controlaba al partido a cuyos legisladores había hecho elegir en 2006. Cuando empezó la propaganda contra Arias por el artificial escándalo de Agro Ingreso Seguro los "no tan amigos suyos" dentro del uribismo se apresuraron a reconocerla, de modo que afectara al joven ex ministro y no la posible reelección de Uribe.

Le salimos a deber
Tras el cambio de rumbo de Santos y de todos los congresistas elegidos como "uribistas" tampoco hubo el menor reproche a los líderes que habían llevado a semejantes hampones al poder: la clave del uribismo no es su orientación más o menos "guerrerista", más o menos "derechista", sino el culto de la personalidad que llega a niveles grotescos. El uribista no opina de ninguna manera respecto de nada sino que le entrega a Uribe y su séquito esa tarea. Por eso la disposición de Santos de aliarse con las FARC y sus propagandistas de los medios no tuvo ningún rechazo claro porque Uribe no quería enterarse de que había pasado a ser un proscrito para el régimen y que los recursos se dedicarían a perseguirlo.

Así llegaron las elecciones de 2011, mucho más de un año después de la bomba de Caracol (las FARC niegan haberla puesto y, al igual que muchas otras atrocidades, como la bomba contra Vargas Lleras, hay que pensar que es obra de los mismos amigos de Samper y Bejarano que mataron a Álvaro Gómez), y la actitud de Uribe respecto al nuevo rumbo se basó por una parte en conservar buenas relaciones con los legisladores uribistas (participó en la campaña del hijo de Roy Barreras) y aun con el gobierno (en el primer aniversario de la posesión de Santos, Óscar Iván Zuluaga escribió un artículo elogioso sobre el gobierno), y por la otra en tratar de demostrar que era él quien conseguía los votos, cosa en la que de nuevo fracasó.

Dicen que Uribe no podría ser candidato a la Alcaldía de Bogotá porque se expondría a ser perseguido por los sicarios judiciales sin la inmunidad que le da su rango de ex presidente. Tal vez se la habría dado mejor un triunfo rotundo como candidato a alcalde, pero sobre todo por el interés de los colombianos habría convenido que se evitara el ascenso del siniestro Petro. El caso es que el gran líder nacional no tenía un candidato propio al segundo puesto del país y no cuestionaba en nada al gobierno, ya por entonces claramente resuelto a entregar el país a los terroristas

El uribismo nunca ha echado de menos un partido que sabe adónde quiere llegar porque sus seguidores no conocen ni entienden la democracia. Son esa clase de gente que en Chile se enamoró de Pinochet y en Perú de Fujimori. A ninguno le sorprendió ver a Uribe bailando el aserejé con Luis Eduardo Garzón, que participaba en la campaña de Peñalosa para favorecer la candidatura de Petro. A eso había llegado el gran líder. Pero ¿qué importa él? Importa que los uribistas tampoco concibieron que se pudiera haber hecho algo mal. El amor no concibe vacilaciones, todo era perfecto por la lealtad del rebaño al Gran Timonel. Se le salía a deber de todos modos.

No son enemigos de la paz
No es el tema de este escrito analizar lo que hay detrás de la componenda de Santos y los terroristas, pero es evidente que desde mucho antes de 2001 los medios andan dedicados a divulgar la propaganda que conviene a las FARC. El embeleco de llamar "paz" a las "negociaciones de paz" es muy antiguo y nadie se le ha querido enfrentar. Cuando se anunciaron las negociaciones, todos los líderes uribistas las saludaron con entusiasmo, también los seguidores, que hacían de tripas corazón y estaban siempre de parte de su líder. Nunca han tenido ningún reproche que implique suponer que no las aprueban, sólo que buscan mejorarlas, en un claro anhelo de tomar parte en la mesa de La Habana. Eso se combina con el lloriqueo continuo por lo que hace el gobierno, sin que nunca se haya propuesto otra cosa.

Ése fue el drama de las elecciones de 2014, pero como los uribistas son colombianos, es decir, torcidos e infantiles, pretenden que alguien crea que los votantes se enfrentaban al dilema de si aprobaban la revolución educativa que llevaría a Colombia al primer mundo (consistente en crear cupos universitarios para todos), como decía el uribista Sergio Araújo, o continuar con Santos: sencillamente, Zuluaga y Uribe aludían lo menos posible a la paz para no contrariar a los descontentos, sin que en ningún momento propusieran cancelar los diálogos, al contrario. La base del rechazo es otro engaño: la idea de que la negociación debe seguir si las FARC desisten de sus crímenes. El que no quiere premiar a los terroristas sale muy "vivo" aplaudiendo a una negociación en la que unos criminales idiotas se resignan a aceptar lo que les quieran dar, y el que cree en la paz negociada y no quiere aguar la fiesta encuentra muy razonable que se mejore la negociación con ese bálsamo perfecto. ¿Alguien detecta el engaño? En el supuesto de que alguien lo hiciera, sin duda se lo callaría para no crear división (como me dijo esta semana una señora en Twitter).

En cuatro elecciones no hubo ningún candidato entre miles que propusiera desistir de negociar con los terroristas. El que pensara en eso no lo hizo para no perder el aval del partido de Uribe. Es lógico que Santos se sienta legitimado en su monstruosidad, todo rechazo a su infamia se encuentra con la pared firme del uribismo que a toda costa respalda la paz, con los adornos absurdos que haga falta, pero de ninguna manera cuestionando que se negocien las leyes con quienes las violan más que a niñas rústicas y hambrientas.

Angelino Garzón y Robledo
No puede haber más compromiso con la paz que el apoyo del Centro Democrático a la candidatura de Angelino Garzón a la Alcaldía de Cali. Se trata del candidato del partido de Santos, no sólo un dirigente de las FARC con rango superior a Tirofijo (que pertenecía al Comité Central del Partido Comunista pero no al Comité Ejecutivo Central), vicepresidente del partido creado por las FARC y activo representante del castrismo en el primer gobierno de Santos (fue a Cuba como vicepresidente de la república a agradecerle a Fidel Castro su apoyo a la paz en Colombia), sino un defensor manifiesto de la paz. No hay ningún problema: los uribistas serían felices en un régimen como el de Corea del Norte siempre y cuando eso produjera alegría a su amado líder, tal vez con el consuelo de que molestara a Santos.

Más obsceno, si se puede, es el coqueteo continuo con el líder del Polo Democrático Jorge Enrique Robledo, que a toda costa intenta mantener el ambiente de violencia callejera y descontento contra Santos de modo que la extrema izquierda obtenga apoyo popular pala implantar su régimen (el Polo Democrático es el frente de masas del Partido Comunista, que ya puede delegar la tarea en otros mientras avanza en la representación abierta de las FARC).

Así se llegó a la reciente proposición del Senado en que se pide al gobierno reanudar negociaciones con Fecode, propuesta por Robledo y apoyada por cuatro senadores uribistas. Obviamente entre los senadores que la apoyan está Iván Cepeda y todo su partido. En las redes sociales se ve el mismo intento de aplaudir al sindicato de maestros para crearle conflictos al gobierno. ¿Es que no saben qué es Fecode o qué busca el paro de maestros? Con tal de alentar el descontento están dispuestos a aliarse con quien sea y a favorecer a los terroristas, y los únicos que sacan partido de eso son éstos.

Oposición
Cuando se propuso la segunda reelección de Uribe no había en sus seguidores el menor respeto por la democracia. Tampoco lo hay cuando se cede a la negociación de La Habana para no resultar enemigos de la paz. En el medio plazo, empezando por las elecciones de este año, el rechazo a esas negociaciones será el gran derrotado porque no hay nadie que lo exprese en términos políticos. También el uribismo, que se aliará con cuanto hampón del partido de Santos (o sea, uribista, según lo que se decía hace cinco años) haga falta.

La tiranía castrista no se irá de Colombia por las buenas y sin una mayoría que la rechace. La realidad actual es que esa mayoría de 2008 ya no existe, y la minoría que aún se opone carece de otra idea que seguir a Uribe adonde quiera ir. La persecución podría cesar el día que acuda a apoyar a Santos en la firma de la paz, con lo que esa minoría quedará contenta, seguramente soñando con que podrá elegirlo otra vez. A lo mejor le dan algún cargo honorífico.

La democracia necesita empezar aparte. Puede que falte medio siglo para que despierte, lo que no se puede suponer es que la trayectoria del uribismo prometa ser alguna solución.

28 abr. 2015

¿Referendo o ley habilitante?

Por Jaime Castro Ramírez

La democracia es débil en cuanto en su nombre se atenta contra su propia filosofía, pues allí se crean escenarios que permitan deformar la integridad política que determina sus principios liberales, para luego acceder a instancias que conjugan circunstancias de tinte dictatorial, pero utilizando el sello populista de invocar la democracia para intentar justificar la licencia de cómo desdibujar la democracia sin que el pueblo se percate de la realidad. Estos son pactos subrepticios de engaño colectivo para conseguir la habilitación social a intenciones políticas perversas dictatoriales.

Ley habilitante, o en su defecto referendo habilitante
En Colombia ya se empezó a hablar de perversidades contra la democracia, y muy seguramente auspiciadas desde el propio gobierno. Se podría citar como origen y consecuencia de estos intentos el desafortunado antecedente, cuando Juan Manuel Santos, en una especie de enajenación de su condición presidencial, decidió acuñarle el calificativo de “nuevo mejor amigo” a un déspota dictador, pues en este andar parece haber aprendido la lección de ‘alta filosofía política chavista’ referente al tema de la ‘ley habilitante’, que no es otra cosa que un mecanismo populista engañoso para acabar con la democracia en nombre de la democracia.

La ley habilitante consiste en despojar al congreso de la república de su condición de poder legislativo para que a cambio le apruebe al gobernante un poder omnímodo para que gobierne como le parezca a través de decretos, es decir, concederle poderes absolutos con los cuales pasa a convertirse en dictador camuflado de demócrata. Este desafuero no tiene cabida en Colombia donde históricamente se ha respetado la democracia y la independencia de poderes, por lo tanto, que el gobierno ni piense en un disparate de esta naturaleza para desafiar la democracia.

Figura política como alternativa si no es la ley habilitante
Ante la razonable crítica política de la oposición sobre la ley habilitante para que el presidente Santos pudiera darle el manejo que quisiera al acuerdo de paz, se ha mencionado entonces la alternativa de un referendo habilitante de facultades extraordinarias que le de poderes amplios al presidente para el mismo fin, pero con la misma inconveniencia de ser igualmente una medida antidemocrática e inconstitucional si no se le explican al pueblo los diferentes temas sobre los cuales va a decidir positiva o negativamente, pues con cualquiera de las dos medidas (que en el fondo son lo mismo), lo que se persigue es un poder ilimitado para actuar. En consecuencia, lo democráticamente aceptable es que este tipo de definiciones, por su trascendencia, deben someterse a la decisión del pueblo, o en su defecto someterse al debate político en el congreso de la república, y no permitir que solamente dependan de la voluntad política de una sola persona como el presidente de la república. En democracia se tiene que actuar con decisiones democráticas.

Aunque el ministro del interior, Juan Fernando Cristo, salió a decir públicamente que no es cierto lo de la ley habilitante, ni lo del referendo habilitante de facultades extraordinarias, hay una circunstancia cierta de desconfianza y es que al gobierno no se le puede creer, pues a lo que hoy dice que no, mañana dice que si, o viceversa.

Engaño de Santos de someter a refrendación del pueblo en las urnas el acuerdo de paz De entrada en el debate de estos temas delirantes de la ley habilitante, o del referendo habilitante de facultades extraordinarias, hay que recordar que el presidente de la república Juan Manuel Santos en muchas ocasiones y escenarios prometió que lo que se firmara en el acuerdo de paz con las Farc, lo sometería a que el pueblo lo refrendara en las urnas a través de un referendo, y que por lo tanto, lo que se haría finalmente sería lo que el pueblo decidiera. Pues resulta que, como suelen ser los resultados de las promesas presidenciales, ahora está echando para atrás este compromiso y dizque ya no habrá tal consulta al pueblo, es decir que no pasó de ser una expresión de engaño a los colombianos.

Al contrario, lo que quiere Santos ahora son mecanismos antidemocráticos que le den poderes habilitantes para decidir lo de la paz por su propia cuenta, pero eso sí, a nombre de todos los colombianos, en lo cual no nos sentiremos representados.

23 abr. 2015

García Márquez y las guerrillas

Por @ruiz_senior

Por casualidad me encontré un escrito de García Márquez (divulgado en Facebook por el director de la revista El Malpensante) que responde a una publicación de El Tiempo en la que se le reprocha salir más o menos huyendo de Colombia hacia México. Eso ocurría en 1981, al final del gobierno de Turbay, cuando la guerrilla aún era insignificante y, si bien era hegemónica en la universidad pública, hay que pensar que entonces había muchos menos estudiantes que ahora. El sucesor de Turbay, Belisario Betancur, amigo de García Márquez, comenzó el largo camino de la paz que tantos resultados maravillosos ha traído.


De modo que el novelista mantuvo una larguísima relación con Fidel Castro y su régimen, que incluía varios viajes anuales a La Habana, donde disfrutaba de una mansión, y un claro papel en la revista Alternativa, que era el órgano oficioso del M-19 (aunque tenía redactores y publicaba textos relacionados con las demás bandas terroristas que dependen del régimen cubano). Y además esa relación llegaba al punto de que en una entrevista el primer director de la revista insinuaba que el escritor era el verdadero representante de Castro ante la redacción:
La tercera Alternativa guerrillera opera tras una transición de pleitos internos, retirada de la mitad de los socios, entre el n.º 90 y el 110, y que se prolonga luego hasta la liquidación de la revista. Consolidada bajo la dirección de Enrique Santos tiene la estrecha asesoría de Jaime Bateman y el montonero, «el gordo» Paco. Es una Alternativa de combate que rechaza la elaboración de análisis, teorías y reformas propias de ”los intelectuales”- Rechaza también el quehacer político para consagrar la insurgencia y la rebelión armada. Inmersa en la estrategia cubana de la Tricontinental y la formación de los mil vietnams antiimperialistas.

Marcha al unísono con las tácticas de combate empeñadas por los Tupamaros, los Montoneros, los Movimientos de Izquierda Revolucionaria y por supuesto del ELN. Jaime Bateman está en plena acción, en 1977-1978, crítico de las farc y constructor de la Anapo radical y del M19. Después del robo de la espada del Libertador y antes de la toma de la embajada Dominicana, padece la urgencia de dotar a su movimiento, el M19 y luego Firmes, de una publicación de envergadura nacional, con su ideología inmarcesible del “sancocho a la colombiana”: acciones intrépidas y consignas de raca mandaca.

Lo intenta una primera vez con la “Alternativa del pueblo”, pero al parecer no logra asumir la dirección, sino la militancia de algunos. En la segunda arremetida gana Bateman con la venia de García Márquez… y de Fidel supongo –porque ambos prefieren a un chico más travieso y mágico que a todos sus Aurelianos Buendías peleados en mil guerras, pero ya a la espera de la pensión de retiro: Manuel Marulanda, Jacobo Arenas, Fabio Vásquez Castaño…
Ciertamente, García Márquez no niega en absoluto su amistad con Bateman ni su adhesión al castrismo. Con ocasión de la muerte del líder del M-19, publicó en Semana un reportaje que es todo un panegírico. Todo se le perdona porque, como él mismo dice, nadie le ha dado tanto prestigio al país. Ese prestigio interesa más a los colombianos de clases acomodadas que la vida de cientos de miles de personas, como José Raquel Mercado, con cuyo asesinato tenía por fuerza que ver García Márquez como promotor de la banda de Santos Calderón y Bateman.

No tienen por qué sorprender estas declaraciones de alias Popeye, el jefe de sicarios de Pablo Escobar:
El último contacto que yo conocí entre Fidel Castro y El Patrón, fue con ocasión de haber sido enviado por él a los EE. UU., para comprar un misil Stinger tierra-aire. Dado que mi vuelo hacía escala en la ciudad de México, Pablo, conociendo la amistad de Castro y el escritor Gabriel García Márquez, así como su importante papel de mediador de causas, le solicita hacerle llegar una comunicación a Fidel, que me entrega en un voluminoso sobre sellado. 
Llegué al Aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México y el escritor me estaba esperando, rodeado de gente, en la puerta de la sala. Me saludó amablemente y le dije: 
-Maestro, aquí le envía Pablo para que por favor le entregue esta carta al comandante Fidel Castro. 
Simplemente me la recibe y me dice: 
- Así se hará.
Sólo es que para el caso se olvida cómodamente la implicación del régimen cubano en el tráfico de cocaína, copiosamente documentada desde hace mucho tiempo. Y del M-19, banda cuyo cordón umbilical con los tiranos de la isla era García Márquez.

Más elocuente aún es lo que dice el extinto jefe de las FARC alias Alfonso Cano en un correo electrónico que se encontró en el PC de alias Raúl Reyes:
... Los demócratas de USA, en Colombia, que antes estaban en Venezuela, dicen tener una clara postura hacia una negociación política con las Farc. García Márquez está a cargo de esa intermediación con las Farc por cuenta de USA y estos quieren que Panamá sea el país a través del cual se hable con las Farc. Para ello, García Márquez ya le transmitió esa solicitud a Torrijos y este aceptó. Clinton le dijo a García Márquez, en Cartagena "quiero tener una tarea personal. Quiero ayudar a Colombia. Hay que buscar un acuerdo con las Farc". El senador McGovern le dijo a García Márquez que: Bush quiere hacer de Colombia lo que era Alemania occidental frente a la Europa socialista y hay que impedirlo. Dice además que el analista político especialista en Colombia de los demócratas es Adam Isackson. Alfonso Cano.
Teniendo en cuenta estos testimonios, ¿qué sentido tienen las críticas de Jursich a lo que publicaba El Tiempo en 1981? A su indignación subyace la idea de que los asesinos tienen derecho a matar si cuentan con el reconocimiento de algunas personas importantes o con prestigio intelectual. Toda una declaración de principios, algo que compromete a todas las clases altas colombianas, ¿o alguien recuerda a algún columnista, a algún político o a alguna eminencia académica que creyera que García Márquez debería ser procesado por su relación con esas bandas de asesinos?

Vale la pena detenerse en los hechos que motivaron su fuga-refugio en 1981. Al menos en el texto de un tal "Ayatollah" que motivó el escrito que enlazó Jursich y que apareció en El País de Madrid. Según este artículo sobre García Márquez, "Ayatollah" es Rafael Santos Calderón, cosa que tiene su gracia porque entre las personas que fueron a despedir al embajador cubano (responsable de la alianza entre el M-19 y el Cartel de Medellín, según se explica en el texto de Mauricio Rubio enlazado arriba) se contaba su tía, Clemencia de Santos, madre del actual presidente. Parece que siempre juegan a todas las cartas.

Lo anterior, al igual que el escrito de "Ayatollah" se puede leer en el texto enlazado.

Resumiendo, García Márquez corrió a pedir asilo en la embajada de México porque le anunciaron que podría interrogarlo el ejército por su relación con el M-19, el régimen cubano y el desembarco de más de cien hombres armados que habían pasado por Panamá (donde reinaba Omar Torrijos, su amigo íntimo). Teniendo en cuenta lo expuesto, surgen varias preguntas que el lector debería plantearse:

¿Es verosímil pensar que García Márquez tendría alguna relación con el desembarco de los guerrilleros y que estos fueran efectivamente armados y entrenados en Cuba? (Recuérdese el caso del buque Karina.)

¿Es razonable que al respecto las autoridades quisieran interrogarlo o no?

¿Se pueden perdonar los colombianos que en vida del escritor nunca se planteara un proceso penal contra él por todo lo que hizo en relación con las guerrillas?

¿No es como un sobreentendido en el preámbulo de Jursich que enlacé al principio, que a GGM no se le podría preguntar sobre su relación con la lista monstruosa de crímenes del M-19 y las demás bandas ligadas al régimen cubano?

La Constitución de 1991 estableció que el asesinato para hacer la revolución es legal, de modo que los "juristas" que la interpretan y aplican parten de ese criterio y la gente corriente a menudo no lo entiende. El deber de ser cómplices de García Márquez es algo aún más grave: el asesinato de personas inocentes para implantar la tiranía no sólo es legal sino también honroso, y no según los embelecos de unos tinterillos sino según la opinión de los colombianos. ¡Sobre todo de los intelectuales!

Es difícil describir un "país" más asqueroso.

21 abr. 2015

Psicosis de paz sin razonar

Por Jaime Castro Ramírez

Acertar en las decisiones requiere aplicar el raciocinio como requisito indispensable para sopesar las alternativas que ofrezcan las condiciones favorables al logro del éxito esperado. Si esto es norma que se practica en los eventos de la cotidianidad, en las transacciones, en los negocios, etc., es apenas obvio que tratándose de decisiones de un gobernante, decisiones de Estado, ese raciocinio tiene que conllevar a una mayor cautela en las definiciones de políticas, pues de ellas dependen las decisiones que van a comprometer los intereses comunes de la sociedad, de la unidad de país, y del Estado y sus instituciones. La responsabilidad es entonces integral frente al pueblo que es ante quien se debe el gobernante.

Actuación del presidente Santos frente a la paz
La obsesión sin medida ante una circunstancia que convoca el interés en un evento, esto puede convertirse en una especie de actuación psicótica fuera del control razonable exigido para acertar en el propósito. La paz que pregona el presidente Santos tiene la particularidad de grandes dudas ante los colombianos, pues sus contertulios en la negociación le exigen la entrega del país a sus intereses políticos, económicos y sociales, y es aquí donde aparece el punto de inflexión porque el Presidente parece estar dispuesto a concederles lo que el pueblo no admite porque significaría la desviación y catástrofe en todos los órdenes para el país.

Esto dijo Santos en su Twitter el 17 de Abril de 2015, queriendo responder algo ante la presión del pueblo por la tragedia terrorista causada por las Farc que generó la masacre de soldados de la patria, ejecutada en el Cauca: “La paz no puede convertirse en una bandera política, es un bien de todos. El dolor de las familias debemos acompañarlo y respetarlo”.

Habría varias cosas para decir respecto a este mensaje:

1. El presidente se contradice porque es justamente en bandera política total (nacional e internacional) en que tiene convertido el tema de la paz desde la campaña de reelección, pues esto le permite alimentar el ego personal narcisista, y para alimentar pasiones de miradas furtivas hacia objetivos que lo desvelan, como son el premio nobel de paz, o la secretaría general de la ONU (intereses personales). En este escenario parece no importar lo que se firme con el nombre de paz, lo que importa es la fama a través de los grandes titulares que aparecerán en la gran prensa.

2. La paz sí es un bien de todos, pero una paz justa, no una supuesta ‘paz’ como la que se plantea, sin exigir la ‘entrega’ de armas y la desmovilización de todos los guerrilleros, aceptar impunidad, no exigir a las Farc la reparación a las víctimas, no exigir a las Farc pedirle perdón público a Colombia y anunciar el propósito firme de no repetición, aceptar la división de la unidad territorial fraccionando y entregando el país por pedazos con las llamadas zonas de reserva campesina, etc. Esta no es la paz de los colombianos, es la paz de Santos, y la de sus interlocutores de las Farc.

3. El dolor de las familias no es preocupación sentida por el alto gobierno, tanto así que la palabra terrorista desapareció del lenguaje presidencial (a cambio se usa la palabra “incidente”), pero lo que no ha desaparecido es el terrorismo de las Farc. El hecho de asistir Santos a las exequias de una de las víctimas de la masacre de soldados, quizás se debió a la presión por la movilización del país entero en solidaridad con el ejército y sus víctimas de la mansalva consumada por las Farc. Sin dejar de recordar que dizque las Farc estaban en cese unilateral del fuego… Por lo menos no se había visto al gobierno asistiendo a este tipo de ceremonias en casos frecuentes de asesinatos de soldados y policías. Bueno, tampoco hay que perder de vista que también están próximas unas elecciones…

4. Las Farc en Cuba salieron a decir que lo sucedido en esa masacre era culpabilidad del Estado, y tal vez habrá que darles la razón en el sentido de que el presidente Santos había prohibido el apoyo aéreo al ejército con el bombardeo a terroristas (lo que más ellos le temen), decisión que el pueblo ha condenado y le merecieron las rechiflas al presidente, pues esto les permitió a las Farc planear con tranquilidad y premeditación la emboscada a los soldados. Tanto es así que ante la gravedad del hecho terrorista el presidente se vio forzado a levantar la prohibición del bombardeo.

No se puede llegar entonces a una circunstancia extrema de psicosis de paz, sin observar el debido raciocinio de que efectivamente se logre la verdadera paz para los colombianos, y no correr el riesgo de convertir al país en víctima de una ‘paz’ firmada irreflexivamente. Se necesita la paz de todos los colombianos, no únicamente la paz de las Farc, y el sacrificio de los demás.

16 abr. 2015

La carta de Sepúlveda

Por @Ruiz_senior

La historia colombiana reciente es como un tobogán en el que se va cada vez más rápido hacia una tiranía como la cubana y todas las instituciones y costumbres propias de las sociedades democráticas se van transformando en las que definen a los regímenes totalitarios: el poder judicial no aplica la ley sino que persigue a quienes incomodan al gobierno, la prensa no informa sino que hace propaganda, el legislativo no discute las leyes sino que aprueba lo que ordena el mandamás, las escuelas no enseñan más que las mentiras que definen a la ideología de la burocracia...

Si se toman sólo las noticias de ayer ese proceso es claro: los terroristas masacran a once militares y el presidente utiliza el hecho para insistir en la "necesidad de acelerar las negociaciones", cosa que se debe entender como presión para que los ciudadanos acepten más premio a los terroristas.
No parece demasiado atrevido pensar que la masacre tenía ese objeto, habida cuenta de la presteza con que los cobramasacres salieron a exigir el cese al fuego bilateral.

Por lo demás, ese final de la negociación en un régimen socialista es algo que los terroristas proclaman sin vacilar y por lo que sus clientelas presionan día tras día.
El montaje del "hacker" Sepúlveda destaca entre todas las infamias de la persecución que emprendió el régimen para intimidar a todo el que pueda incomodar a la "paz" por el nivel de falsedad y disparate a que llega: no es que la restitución de Petro (que nunca se aplicó en otros casos y que deja sin función a la Procuraduría), el encarcelamiento de los funcionarios relacionados con Yidis Medina (parece que fuera el primer caso de clientelismo que ocurre en el país), la condena a Andrés Felipe Arias a 17 años por algo que hicieron todos sus predecesores, sin siquiera argumentar que hubo dolo, o la prisión a Luis Alfredo Ramos no sean crímenes en toda regla, pero el montaje del "hacker" ya es, como señala Eduardo Mackenzie, un salto cualitativo hacia la implantación de la tortura como forma de obtener confesiones.

No es raro que la prensa no haya publicado la carta que Sepúlveda leyó en su juicio. Es un documento al que vale la pena prestar atención.
Su señoría, me dirijo respetuosamente a usted para hacerle dos solicitudes, primero, deseo ofrecer disculpas públicas, he preparado un documento el cual he escrito a mano y mi familia me ha ayudado a transcribirlo, el cual, una vez lea, deseo entregarlo a los medios de comunicación.
La carta fue noticia pero a través de las "interpretaciones" de los medios. Su texto sólo aparece en la página de Periodismo sin fronteras. Y el arrepentimiento sólo tiene el sentido de confirmar la existencia del delito según la conveniencia de sus verdugos. Un antecedente interesante de dicha carta es el caso de Yidis Medina, la congresista presuntamente sobornada para que aprobara la reforma que permitía la reelección de Uribe, como si no fuera lo que ocurre públicamente todos los días en el Congreso, y claramente condenada para perseguir a Uribe. Los incentivos y amenazas la convirtieron en enemiga no de quienes la llevaron a la cárcel (en la que según esa doctrina deberían estar todos los legisladores), sino de sus supuestos sobornadores. Esos hechos sólo son posibles porque hay colombianos capaces de sostener su licitud. Todos los crímenes terroristas son sólo el efecto de esa disposición, no se puede concebir un lugar en el que la gente "razone" así y no haya violencia. CONCEBIR que algo así se puede hacer sin incurrir en una inmoralidad profunda es más o menos lo mismo que contratar a un sicario.
Segundo, a título personal, sin ningún tipo de presión y bajo mi total voluntad, deseo decirle y solicitarle de la manera más respetuosa, que mi custodia sea asumida en su totalidad por la Fiscalía General de la Nación y el CTI.
Se trata al parecer de asegurarse condiciones de reclusión benévolas. en las que el prócer sigue secuestrado pero no expuesto a la situación de los demás presos, con los que por otra parte podría hablar y divulgar informaciones sobre lo que condujo a su confesión.
Teniendo en cuenta los 4 atentados que sufrí en la picota bajo la custodia del INPEC, las múltiples amenazas que recibo casi a diario y todos mis riesgos de seguridad, deseo estar bajo la protección y custodia del CTI. No tengo nada personal contra el INPEC, pero teniendo en cuenta el curso de la investigación de mi caso y a mi colaboración eficaz, la cual, la Fiscalía General de la Nación puede dar fe, no me siento seguro seguir colaborando con la justicia si mi seguridad no es garantizada, ya que basado en mis declaraciones y evidencias, hay personal del Ejército, Policía, DNI, entre otros, que se encuentran privados de la libertad y vinculados a mi proceso y para serle sincero, si a mis diligencias deben asistir grupos especializados como antiexplosivos, tácticos, de operaciones especiales y un grupo de seguridad de más de 40 personas, sólo el CTI de la Fiscalía me puede brindar esas medidas de seguridad.

Espero sea atendida y tenida en cuenta mi solicitud, a usted, gracias.
Todo el proceso es una farsa, y claramente lo era también su actuación en la campaña de Zuluaga. Es evidente, una vez más, que las ilegalidades tenían por objeto comprometer a la oposición para justificar la persecución. Sepúlveda recibe amenazas de muerte todos los días pero no tanto como Petro, Teodora, Collazos y los demás figurones de Genocide Inc.
Buenas tardes, su señoría, señores fiscalía, señores ministerio de defensa, señores ministerio público y asistentes a esta audiencia, se dirige a ustedes Andrés Fernando Sepúlveda Ardila. 
Hace 11 meses y 5 días fui capturado por la Fiscalía General de la Nación en mi oficina, desde donde funcionaba el mayor centro de espionaje contra el proceso de paz y la central de propaganda negra de la campaña presidencial del candidato opositor.
Como una mentira de un niño: el "hacker" tiene muchas ganas de autoinculparse para poder enlodar a los que lo contrataron en su campaña política. De ahí ese burdo espectáculo de "arrepentimiento", que claramente recuerda los procesos de Moscú. Aunque es como la segunda parte del escándalo de Yidis Medina, que es el nuevo paso en la persecución judicial de Uribe y sus compañeros: gente ansiosa de confesar delitos en los que sólo la perversidad de los encargados de imponer castigos pueden encontrar participación de otros.
Muchos han hablado de mi historia, he realizado tres entrevistas en total, pero esta es la primera vez que hablo en una audiencia y deseo contarles lo que aún nadie me ha preguntado. 
En la actualidad cuento con 30 años de edad, de los cuales, más de 15 he dedicado en su totalidad a la tecnología, he sido un emprendedor empedernido, he contado con buenos maestros y a pesar de las dificultades económicas que he afrontado, he tenido la suerte de salir siempre adelante. 
A mis 18 años conocí por primera vez la política, recuerdo que pocos meses antes se había acabado la zona de distensión con el grupo terrorista de las FARC, mi familia había recibido varias amenazas de muerte por parte de ellos y se veía un nuevo camino, pensé que todo era mejor. 
A los 21 años tuve la oportunidad de trabajar por primera vez en política, lo mejor, para la persona que tanto admiraba y respetaba, se creó un nuevo partido político con el cual me sentía plenamente identificado. 
Con el paso del tiempo, mi carrera profesional fue dando grandes pasos, pero mi afinidad por la política se afianzaba, con tan mala suerte que me radicalicé, me convertí en lo que tanto odié, en un radical empedernido que no estaba dispuesto a discutir con absolutamente nadie mi ideología, porque simplemente, si no la compartía, yo lo consideraba un traidor.
Una burda mentira: Sepúlveda trabajó con Rafael Pardo y con Santos, y evidentemente no tenía ninguna proximidad especial con ningún grupo ideológico. Un pretexto para descalificar a las víctimas anunciadas de la persecución. ¿Lo es Sepúlveda? Claramente es un cautivo de la Fiscalía que declara lo que lo obligan a declarar.
Pasaron los años y mi experiencia profesional aumentaba, con tan buena suerte que mi afinidad política hacía parte de mi trabajo, fui asesor en temas de seguridad informática y estrategia política en medios digitales en las campañas presidenciales y regionales más importantes de América Central y Suramérica, además, por cosas del destino, terminé haciendo una de las cosas más importantes de mi carrera profesional, ayudar a ubicar y capturar delincuentes, terroristas, etc. 
Mi trabajo con la fuerza pública fue muy corto, informal y muy productivo, ayudé en varios casos importantes, lo hice con la mejor intención y el mayor amor a mi patria, lastimosamente cometí el peor error de mi vida, uní mi trabajo y mi afinidad política. 
Debo decir tristemente que tuve mis argumentos para hacer lo que hice, fueron exactamente iguales a los que usan quienes han cometido crímenes atroces, “el fin justifica los medios” y “por amor a la patria”. Al unir mi trabajo y mi afinidad política, me convertí en un paria de la patria, afecté el honor y la lealtad de los miembros de nuestro glorioso ejército y policía nacional, todas las acciones en las que participé para luchar contra el terrorismo, fueron heridas de muerte cuando me involucré en la campaña presidencial del año 2014.
Es decir, además de la oposición política, es necesario calumniar e intimidar a los militares y policías que podrían estorbar a la "paz" o imposición de la tiranía comunista. De ahí que el tremendo espía mienta (como decir que se reunió con el general Rito Alejo del Río), a lo mejor después de espiar los aviones del Comando Sur. La tosquedad de esas mentiras que Sepúlveda repite deja ver la intención de los verdugos que lo orientan: funcionarios que no tienen por tarea aplicar la ley sino violarla, no la justicia sino la iniquidad, no esclarecer la verdad sino inventarse montajes. El Estado en manos de criminales, eso es lo que ha llegado a ocurrir en Colombia a partir de la Constitución de 1991, en particular con la Fiscalía y el poder judicial.
Debido a las acciones que estaba realizando y las que faltaron por realizar contra el proceso de paz, pude desencadenar una guerra más fuerte y atroz que la que está viviendo actualmente nuestro país, aunque me abstengo de dar los detalles, la Fiscalía ya los conoce, pero sé que todo aquel que fuera afectado por lo que iba a hacer, sería mi total responsabilidad, realmente pudo ser algo nefasto para muchas personas. En estos 11 meses y 5 días que llevo privado de la libertad, he tenido las 24 horas para pensar en absolutamente todas mis acciones y no me queda más sino decir lo siguiente:
Tremendo, el hombre reflexiona y se da cuenta de todo el daño que le hacía al proceso de paz (al que Zuluaga nunca se ha opuesto ni hay el menor testimonio de ninguna intriga contra él aparte de las declaraciones del increíble arrepentido). La falsedad y tosquedad de todo eso es una falta de respeto al ciudadano, pero ¿hay en Colombia ciudadanos? La inmensa mayoría de los que han ido a la universidad ostentan su deformidad moral aplaudiendo cualquier iniquidad que se cometa contra quienes identifican como sus enemigos, mostrando su percepción de la justicia y el derecho, no ya propia de salvajes sino propiamente de criminales. Sepúlveda no podía afectar ni afectó en nada a la componenda de La Habana, tenía el encargo de hacer parecer que ocurría tal cosa para empapelar al uribismo.
Primero, quiero dejar claro que NO ofrezco disculpas al grupo terrorista de las FARC y mientras esté vivo, nunca haré un buen comentario sobre ellos. 
Ofrezco disculpas a nuestras gloriosas fuerzas militares y de policía, lamento profundamente el daño que les causé, lamento cada día haber afectado el buen nombre y el honor de quienes realmente dan la vida por nosotros, merecen todo mi aprecio y todo mi respeto, desde el fondo de mi corazón, mil disculpas. 
Ofrezco disculpas a la Fiscalía General de la Nación, quienes en su momento fueron “mis mayores enemigos”, ahora son quienes día a día velan por la seguridad de mi familia y por la mía, lamento profundamente el daño que causé por varias acciones que hice, las cuales no voy a mencionar. 
Ofrezco disculpas a todas las personas que han participado en el proceso investigativo de mi caso, a los fiscales, policía judicial, abogados y jueces, tristemente, todo aquel que se involucra en mi caso, recibe amenazas de muerte e intimidaciones, a ellos, mil disculpas. 
Ofrezco disculpas a todo aquel que se haya visto afectado por mis acciones.
Sus disculpas sirven sólo para producir la impresión de que él sí tenía relación con militares y policías, y de paso para decir que los sicarios que lo aleccionan son víctimas de amenazas de muerte. ¿Cómo es que dichas amenazas no son noticia nunca y si lo son todos los días las que "sufren" Petro y Teodora? La desfachatez de los criminales que le encargan la sarta de mentiras al cautivo define la condición moral e intelectual del país: tal vez lleguen a distinguirse de los que mantienen gente en alambradas en la selva por el calzado, fuera de eso son viejos militantes de la Juco maquinando crímenes para hacer avanzar su revolución. Estudian Derecho pero lo primero que se enseña en las facultades de Derecho en Colombia es que "el Derecho no es más que la voluntad de la clase dominante erigida en ley", y así lo que verdaderamente ha asimilado el "jurista" es la conveniencia de delinquir.
Ofrezco disculpas a mis padres, mis hermanos y mis hijos, lamento todos los días que esto haya pasado, pero sobre todo, lamento cada lágrima derramada por mi culpa, no las merezco, pero quiero que sepan que siempre me sentiré orgulloso de mis apellidos y haré lo que esté en mis manos para que esta experiencia terrorífica que hemos vivido, sea convertida en algo bueno. 
Antes de terminar, quiero decir algo muy importante, específicamente a mis padres, mis hermanos, a mis dos hijos y a quienes se vieron involucrados en mi caso. 
En estos momentos estoy afrontado una pena privativa de la libertad, probablemente pasará un buen tiempo antes de ver a mis hijos y reencontrarme con ellos, abrazarlos y decirles cuánto los amo, me separé, afecté a mi familia y los lastimé en lo personal y laboral. 
Aquí estoy, con la frente en alto, poniendo la cara a todo este asunto, a este gran problema, luego de vivir rodeado de tecnología, ahora sólo cuento con un radio y un teléfono público, no me importa, aquí sigo firme, sigo adelante, aunque me tilden de loco, mentiroso, megalómano y toda clase de improperios, yo sé quién soy y qué quiero.
Heroísmo no le falta: saca pecho de la noble labor que ahora desempeña en compañía de sus antiguos "enemigos" de la Fiscalía para luchar por la verdad y por corregir todo lo que hizo antes. Esos malhechores no tienen noción del ridículo.
A las personas que en grandes declaraciones de prensa dicen que estoy loco, que tengo problemas mentales y otras cosas más, no me resta sino decirles que asuman las consecuencias de sus actos, eso estoy haciendo yo, aquí estoy, aceptando mis errores y pagando por ellos.
Eso es la declaración, un encargo para criminalizar al uribismo, como cuando estaba en la campaña y grababa videos en los que intentaba dar la impresión de que Zuluaga u Hoyos estaban involucrados en algo ilegal. (Los entresijos de la intriga con el espía español infiltrado por la Fiscalía no son el tema de este escrito y sin duda se podrán encontrar informaciones más precisas.)
Cuando tuve una noche de libertad al mes y medio de ser capturado, lo primero que me dijeron fue que saliera del país, yo les dije que no, que afrontaría esto, misteriosamente, luego de mi recaptura y mi traslado a la picota, las amenazas en mi contra crecieron exponencialmente, tuve 4 atentados en mi contra, una lista de amenazas reales que no para de crecer, me movilizo con un grupo de entre 40 y 50 personas, grupos tácticos, antiexplosivos y de operaciones especiales, con alimentación restringida por alto riesgo de envenenamiento y con medidas extremas de seguridad, pero ahora me dicen loco, tan loco y enfermo mental que están haciendo lo posible por callarme y asesinarme, pero ¿saben algo?, ya es demasiado tarde, afortunadamente para mí y desafortunadamente para ustedes, he contado muchísimas cosas y seguiré haciéndolo, yo soy un hombre, yo no tengo necesidad de “declararme inocente” y luego huir del país, así como lo están haciendo algunos de los que antes yo “admiraba” y con la misma afinidad política que tenía, los mismos que me dijeron que no habría lugar en el mundo donde me pueda esconder porque me encontrarán y acabarán con mi vida.
Más calumnias encargadas por los mismos con el mismo tono, con la misma falta de imaginación y el mismo sentido de tratar de involucrar a los que lo contrataron como experto en redes sociales de la campaña. No porque sean en absoluto ningún estorbo para la paz sino porque la tiranía sólo se puede sostener por medio del terror generalizado.
Ahora este “enfermo mental” les dice que sean hombres y afronten todo, la verdad es una sola y yo la estoy contando. 
Para terminar, no me resta más que seguir adelante, quiero terminar con esta frase del Conde de Montecristo: “Solo el que ha conocido el extremo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es necesario haber querido morir, para saber cuan dulce es la vida”.
Y de nuevo la exhortación final a las víctimas de la persecución para que reconozcan su "verdad" que es un invento de criminales patéticos, como se puede comprobar en cada palabra de la declaración.

Esas víctimas son totalmente inocentes de toda conducta ilegal, pero no por eso le han hecho menos daño a la democracia colombiana: después de ocho años de éxitos, Uribe no fue capaz de tocar el engendro de 1991 y remover a los jueces claramente alineados con el Partido Comunista. Sus aliados, los que lo promovían para un tercer periodo, se convirtieron en enemigos en cuanto llegaron al Congreso, y no obstante siguió haciendo componendas con ellos. Pese a la perversidad evidente de la "negociación de paz", los uribistas nunca han sido capaces de denunciarla porque creen que si lo hacen podrían perder apoyos y tener más hostilidad de la prensa, de modo que las cuatro elecciones que ha habido después de 2010 son un solo plebiscito en el que ningún candidato discute la conveniencia de premiar a las FARC...

La persecución tiene por objeto intimidar al uribismo y forzarlo a desistir de toda oposición a la tiranía terrorista. Y lo consigue, (obviamente no lo van a declarar así), por eso toda su disidencia respecto al premio del genocidio es pura "crítica constructiva" que no cuestiona los fundamentos morales del mayor crimen de la historia del país. El que quiera hacer oposición que piense en llevar a las FARC a la CPI por genocidio, demostrable en muchos casos, pero sobre todo que sepa que el uribismo siempre estará en el otro lado, que sus miras se definen exactamente por la alianza que llevó al poder a Santos y por la contratación de este valiente adalid para hacer la campaña.

Curioso, en 2010 se veía cierto activismo "profesional" a favor de Santos en Twitter. En 2014 no lo había a favor de Zuluaga, a pesar de las decenas de millones que le pagaron a este modelo de ciudadano veraz y valiente. Parece que no se dieron cuenta, no están para eso sino para buscar su puesto en La Habana.

14 abr. 2015

El puño en alto de Santos

Por Jaime Castro Ramírez


El actuar de las personas identifica su personalidad, y por supuesto que es la forma de conocer el criterio con el cual proceden en sus relaciones con la sociedad. Ese actuar puede ser de diversa índole, llámese lenguaje de expresiones habladas, en cuyo caso hay que darle la interpretación acorde al perfil del individuo, o sea, que lo que dice puede ser verdadero en la medida de su porte de decencia y sinceridad, o puede ser falso como suele ser la actuación de los traidores; pero a ese mismo individuo hay que interpretarle también su lenguaje de expresiones simbólicas, o de gestos, lo que significa que en cualquiera de los casos es identificable la intención buena o mala con que procede.

Lo verdaderamente preocupante ocurre cuando las conductas inapropiadas son acogidas como comportamiento, abierto o soterrado, por personas a quienes se les ha otorgado poder para gobernar, pues con esas actitudes puede trascender el engaño a todo el conjunto de la población que está bajo su gobierno; pero además con el agravante de estar actuando en contravía de lo prometido a la voluntad popular para lograr el apoyo político electoral con el cual es elegido.

Preocupante mensaje simbólico del presidente Santos
Existen simbolismos que identifican buenas causas, como por ejemplo para significar beneficios sociales, cultura ciudadana, campañas cívicas, causas patrióticas, etc., pero también existen simbolismos de significado perverso que pueden conllevar un grado de trascendencia impredecible para la sociedad, y más aun si se trata de trascendencia de significado ideológico.

El socialismo tiene su símbolo que es el puño en alto para promover causas ideológicas revolucionarias, las cuales el mundo entero sabe a qué han conducido en materia de resultados para la sociedad. Al igual que se parece al símbolo del comunismo que es el martillo y la hoz con un puño en alto.

La realidad es que este tipo de simbolismos históricamente lo que han significado es el fracaso político, social y económico para los pueblos que alguna vez acogieron este sistema político de gobierno, razón por la cual el socialismo-comunismo colapsó en el mundo con la caída del régimen soviético y sus satélites en otras latitudes, pues la razón no pudo ser otra que la ruina política, económica, y por supuesto social, que es lo que saben administrar esos regímenes. Como bien lo dijo un demócrata visionario de las circunstancias políticas, Churchill, para identificar lo que verdaderamente significa este sistema político:


Pues resulta que el presidente de la república de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, apareció en la foto protocolaria de presidentes de la séptima cumbre de las Américas realizada en Panamá, haciendo la señal simbólica del puño en alto que igualmente hacían los señores Raúl Castro de Cuba y Nicolás Maduro de Venezuela (léase, influenciado por ellos), mientras que los demás presidentes, de los 35 que asistieron a la cumbre, hacían la señal de saludo con la mano extendida.

Para los buenos entendedores del direccionamiento político que se observa como consecuencia de las concesiones que el gobierno proyecta hacerles a las Farc en respuesta a las exigencias de estos individuos en los diálogos de la Habana, esta señal simbólica que manda Santos, asociada a la de sus veedores del proceso de paz (Cuba y Venezuela), es muy preocupante, pues esto podría indicar para dónde lleva al país, y puede significar el futuro político, económico y social de los colombianos, pues simplemente puede ser la pauta para después materializar lo que se comenta en ciertos círculos políticos sobre la entrega del país al socialismo-comunismo como resultado de la negociación de ‘paz’.

A propósito, quienes afirman que Colombia va para otra Venezuela, razón suficiente pueden tener en su apreciación como resultado del respectivo análisis político.

8 abr. 2015

El discurso de Fernando Vallejo el 6 de abril golpe a golpe

Por @ruiz_senior

Arte, cultura y paz
La parte decisiva de la paz y en últimas de todos los gobiernos totalitarios es la propaganda: los recursos se gastan copiosamente en imbuir a la población de lo que interesa al administrador y con ese fin se recluta a una populosa tropa de intelectuales, artistas, figurones, científicos sociales, periodistas, literatos y cuanto vividor pueda haber para que la comunidad vea a sus líderes comprometidos con los nobles fines impuestos. Se podría decir que esa tropa es la base social de los regímenes comunistas; y aun que el comunismo florece allí donde ciertos sectores sociales poderosos requieren esas fuentes de rentas.

Dentro de la incesante orgía de despilfarro de recursos gigantescos en propaganda de la paz, que igual es con marchas como la de Mockus o con anuncios como los del Soy Capaz, se convocó otro acto solemne de los que tanto gustan a los promotores del genocidio, en los que las multitudes manipuladas de jovencitos arribistas ansiosos de estar cerca de sus superiores sociales y adornarse de arte y cultura reconocen y aplauden la infamia monstruosa de entregar el poder a unos criminales y brindarles reconocimiento por las atrocidades que han cometido. ¡La Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia!

El bando de Molano
Es inevitable llegar a las ideas de este blog que escandalizan a los colombianos, que pueden odiar a las FARC y aun a Piedad Córdoba pero respetan a personajes como los dos Daniel Samper, Antonio Caballero, Roberto Pombo o Alfredo Molano. Aborrecen las balas con su impacto sangriento y doloroso pero no a las pistolas que las disparan porque a fin de cuentas son objetos atractivos. Da igual que uno les explique miles de veces que TODOS los miembros del Secretariado y todos los dirigentes importantes de las FARC hoy en día salieron de universidades y que estas son en esencia adoctrinaderos de asesinos. No es tan fácil como odiar a la negra atrevida.

Por eso uno de los principales auditorios de la capital estaba dedicado al lucimiento de Alfredo Molano, un antiguo profesor de Sociología de la Universidad Nacional ligado ya al grupo de Camilo Torres en los años sesenta (todos los creadores de la facultad de Sociología procedían de familias presidenciales). Este prócer tiene una carrera formidable como columnista del periódico del Grupo Santodomingo durante varias décadas.

Los escritos de ese hombre son crímenes tan atroces como la bomba de El Nogal, pero en Colombia el crimen es ser pobre, indio o mulato. En los tiempos del Caguán hubo una oleada de indignación porque las FARC habían castrado a un policía delante de sus vecinos en un pueblo del Tolima y habían quemado vivo a un campesino que se negaba a entregar a sus hijos. Molano respondió que era lo mismo que se decía de Bolívar en su tiempo. Cuando los asesinos masacraron a 30 soldados en Vigía del Fuerte, replicó que era una base paramilitar. Sencillamente, cada columna suya es aliento descarado a los asesinos, legitimación y en últimas cobro y usufructúo de todos los crímenes terroristas.

Ya en esa época se le veían tremendas ganas de lucrarse copiosamente de su relación privilegiada con los genocidas a los que promueve. Se hizo público que intentó cobrarle una fortuna a la revista Semana por una entrevista a los líderes de las FARC. Recientemente no sólo ha sido beneficiario de los millones con que se pagaron los bodrios de la Comisión Histórica sino también contratista del ya olvidado "Carrusel de la Paz".

Alrededor de personajes como él, o el finadito Gaviria y muchísimos otros pulula una jauría de vividores que sólo en Colombia se conciben como algo distinto de los asesinos. Recuerdo que en una ocasión aludí a Molano como un criminal en el blog del ahora ministro Alejandro Gaviria, que se indignó de que se descalificaran así las opiniones de alguien. Es típico, es en realidad todo lo que pasa, pues los asesinatos son sólo la sombra de los designios de esa gente tal como la bala que rompe la carne sólo es el efecto de la voluntad del que aprieta el gatillo.

Para la ocasión invitaron de comparsa a Fernando Vallejo, escritor que por una parte aporta prestigio intelectual y por la otra despotrica de todo el mundo y los universicarios sencillamente no saben nunca de qué habla. Era un adorno para el lucimiento de Molano, otro grande.

Comento su discurso:
Este sinvergüenza que tenemos en la presidencia, a la que subió predicando la guerra y en la que se reinstaló predicando la paz, por lo menos unas cuantas diferencias tiene con sus interlocutores de La Habana, los hampones de las FARC, con los que negocia de igual a igual: que no vuela torres eléctricas, ni siembra minas quiebrapatas, ni secuestra, ni mata, aunque sí extorsiona, a través de la DIAN, y recluta, a través del Ejército, a cuanto muchacho pobre logra agarrar.
El párrafo no tiene verdaderamente ningún aporte ni ninguna idea interesante, sí mentiras como lo de "predicar la guerra", pues la política del gobierno Uribe era de ofrecer negociación a los terroristas y mientras los persuadía, aplicar la ley. ¿Qué era lo que había que hacer? A Vallejo no le importa, porque con una "curiosa variación" de Santos tiene para descalificarlo. Tampoco entiende qué ocurre en La Habana, donde no "negocian de igual a igual" sino que ganan tiempo para exportar cocaína y acomodan plazos y ocasiones para preparar la tiranía comunista. Santos no pone minas pero se hace responsable de ellas al premiarlas.
A lo que le sumo su concierto para delinquir en calidad de director concertador de tres de los grandes combos o mafias de esas que aquí llaman partidos políticos: el de la U, el Liberal y el del Cambio Radical. Cuál cambio, cuál radical, si esto siempre ha sido aquí lo mismo, el reparto del botín de los puestos públicos y sus contratos entre un grupo de bellacos amafiados que se dicen buenos ciudadanos y que montan y desmontan partidos para sus fines.
Si bien la descripción general de los "partidos" colombianos es veraz, no tiene sentido el "concierto para delinquir", porque el delito presupone la ley. Es otra floritura de su espectáculo de violencia verbal.
La ruina de Colombia es inconmensurable: económica, social, cultural, moral, total. Millones de exiliados, millones de desplazados, millones de desocupados, una deuda externa de 100.000 millones de dólares, un sistema financiero de estafadores, un Congreso de corruptos, un poder judicial corrupto, el campo en ruinas, el peso en picada, la prensa arrodillada, las ciudades en manos del hampa, la inseguridad en todas partes, y como última razón y causa de todos nuestros males, la desaparición del Estado, el cual incumpliendo su función esencial de garantizar la vida y los bienes de todos no se los garantiza a nadie y solo existe aquí para atropellar y atracar: para atropellar con sus trabas y atracar con sus impuestos.
Resulta casi un chiste encontrar al iconoclasta echando de menos el Estado. Por lo demás, la descripción de la situación colombiana tampoco es muy objetiva: el primer gobierno de Santos fue una época de bienestar para amplios sectores gracias a la expansión de la producción de combustibles y a los precios altos que éstos alcanzaron. Uno de los mayores crímenes de Santos es dilapidar esa tremenda bonanza en pagar parásitos que lo sostienen, pero la mayoría de la gente no se enteró porque a fin de cuentas las décadas anteriores fueron mucho peores.
Pues para tapar la realidad monstruosa con cortinas de humo que no dejen ver lo que pasa, al sinvergüenza le dio por armar en Cuba un dizque “proceso de paz” con la banda más dañina y criminal que haya conocido Colombia, los bandoleros de las Farc. Surgido de la crema y nata de la gusanera de la clase política colombiana y traidor nato, el sinvergüenza de que estoy hablando se llama Juan Manuel Santos.
No, el proceso de paz de Santos no es para tapar lo que pasa sino el plan de su clan desde hace muchas décadas. Lo que planeaban ya en los tiempos de Alternativa y lo que aseguraron con la Constitución de 1991, que alienta a matar para abolirla e incluye los delitos que restan penas a los otros, amén de la provisión maravillosa de rentas para las clientelas universitarias y de otros funcionarios.
Que haya sentado en Cuba a sus enviados a negociar con los de las FARC como iguales se me hace perfecto porque lo son: alimañas todos. Unos bribones negociando con unos hampones. ¡Pero que haya sentado también a nuestros generales! Generales de Colombia que van a La Habana: ¿acaso a ustedes o a sus hijos los secuestraron o los lisiaron o los mataron los criminales de las FARC? No: a sus soldaditos, reclutados entre los muchachos pobres del pueblo, o a la gente humilde del campo que aquí siempre paga el pato. Ustedes están mandando desde la seguridad de sus oficinas de Bogotá, bañándose en la piscina del Club Militar y mamando a lo grande del presupuesto. Miserables.
Tampoco entiende muy bien Vallejo qué es lo que pasa con los generales que negocian y que van a reconocer a los generales del otro bando (como los llama Antonio Caballero), que en realidad esperan lucrarse ayudando al enemigo a matar a sus subalternos, sin que nadie resista porque al fin de cuentas un militar es un mercenario y nada puede hacer lícitamente si la sociedad elige como gobernantes a los criminales.
Bendecida por los Castro (sostenedores desde siempre de las guerrillas colombianas porque son como ellos, carceleros, asesinos, narcotraficantes y dizque revolucionarios), la mesa de negociaciones de La Habana lleva ya dos años largos en ellas. ¿Y cómo negocian? En la oscuridad, aunque el sinvergüenza hace creer que es a la luz del día. ¿Y qué negocian? El botín, el de los altos puestos públicos y sus contratos. Los que durante doscientos años han gozado del botín enzarzados en guerras civiles y elecciones resolvieron ahora que a los de las FARC les tocaba probar el pastel al estilo de lo que ya hicieron con los del M-19, quienes lo que no lograron con las armas y el derramamiento de la sangre lo están logrando con el engaño de las urnas. Ya tienen la alcaldía de Bogotá y acabaron con la ciudad. Ahora van a seguir con Colombia.
Vuelvo al otro. Maneja sus marionetas de La Habana desde aquí mandando llevar y traer. Hoy van las víctimas, mañana los generales, pasado mañana irá Francisco, que es tan bueno. Que aproveche este san Francisco para lavarle los pies a Castro, el tirano que bendijo Wojtyla.
Vallejo ni siquiera se ha enterado de que "las víctimas" son seleccionadas por Carlos Medina, un asesino de la Universidad Nacional tan descarado como Molano, ni de que las representa Piedad Córdoba. Realmente su visión de la paz es superficial y pronto lleva a su habitual diatriba anticatólica.
Hace cinco años, una semana antes de las elecciones en que lo eligieron, el manipulador de marionetas repetía como disco rayado que Álvaro Uribe era el más grande presidente de la Historia de Colombia. No bien salió elegido y al más grande presidente de la Historia de Colombia y su protector le dio su buena patada en el culo, perdón, trasero. Hasta risa me dio. Últimamente le tocó su patada a su exjefe Gaviria. Este payasito traidor sí es muy gracioso. Traiciona aquí, traiciona allá, es el traditor traditorum que diría Cicerón, nuestro traidor de los traidores.
Todo cierto pero demasiado conocido.
A García Márquez hace un año, cuando murió, para sacar partido del muerto porque se le tambaleaba su reelección le organizó un homenaje de cenizas presentes en el Palacio de Bellas Artes de México y dijo en tan solemne ocasión que era el más grande de los colombianos: de hoy, de ayer y de mañana. A mí estas hipérboles garciamarquianas de nuestro Nostradamus criollo me encantan, máxime que a Gabito también lo usó y lo tiró. Él usa y tira vivos o muertos, según le sirvan o no le sirvan. ¡No estar vivo Gabito que era tan amigo de los Castro para que le ayudara ahora en sus negociaciones de paz!
Ídem.
Paso a hablar de las dos ocurrencias más geniales que ha tenido el guerrero pacifista: la “potencia emergente” y la “justicia transicional”. ¿Una potencia emergente con millones de pobres, millones de desplazados, millones de damnificados y millones de exiliados que lavan inodoros en el extranjero? Lo que somos es una potencia exportadora: de colombianos. En cuanto a la “justicia transicional”, en realidad es la impunidad permanente. ¡Dizque esto es una democracia! Esto es una monarquía, y la impunidad la reina de Colombia. Juan Manuel Santos no es más que su primer lacayo.
Colombia debería ser una potencia emergente, el segundo país de Sudamérica en población y en economía, pero todo eso se echó a perder gracias al gasto de Santos en propaganda de la paz y en cebar clientelas. La justicia transicional no es un invento de Santos, sino lo que necesita ofrecerle al servicio doméstico armado de su clan para que acepte ayudarle a ganarse el Nobel de la Paz.
Consumado el proceso de paz, ¿Timochenko irá de candidato a la alcaldía de Bogotá? A la alcaldía no: a la presidencia. Para la alcaldía va Iván Márquez compitiendo con los pacifistas Mockus y Petrus. Mockus, lituano huido in útero de Stalin se instaló en Colombia a matar perros con su sicaria Beatriz Londoño, la electrocutadora de Engativá. Pasa por bueno pero es malo. Se hace el loco pero es un imbécil. ¿Y Petrus, el reintegrado del M-19, los que se robaron la espada de Bolívar? Se la habrán robado, pero la devolvieron, y como la devolvieron no se la robaron y entonces ahí no hubo delito. Como no habrá delito, en virtud de la justicia transicional, para el que le voló los ojos con una mina quiebrapatas a un campesino o a un soldado. O los oídos. O las piernas. O para el que lo mató con un burro cargado de cilindros de gas. ¿Y la reparación satisfactoria a estas víctimas qué? ¿Cómo se logra? Ningún problema. Viene Cristo y les devuelve la vista, el oído, el caminado, la vida a los afectados. ¿Y si no viene? ¡Cómo no va a venir! ¿Entonces para qué somos un país católico?
Ahora mezcla temas y termina en la previsible blasfemia.
Ciento sesenta y dos órdenes de captura pesan sobre Timochenko, quien sumando las condenas que le han impuesto los varios jueces que lo han juzgado tiene que pagar 178 años de cárcel. ¿Cómo resuelve esto la justicia transicional? Muy fácil. Puesto que con capturar al fugitivo una vez ya queda capturado, las 161 órdenes restantes salen sobrando: con una sola captura basta. ¡O qué! ¿Es que usted captura a un prófugo 162 veces? Y puesto que el prófugo se entregó motu proprio acogiéndose a la justicia transicional, quedó sin haber captura pues fue entrega. ¿Y los 178 años de cárcel? Los paga en milisegundos. En la justicia transicional un año es un milisegundo. Por eso es tan transicional. ¿Entonces Timochenko solo va a pagar 178 milesegundos de cárcel? Pobre, no va a alcanzar ni a comerse una empanada de iglesia. 
Habiendo pagado su condena, Timochenko saldrá de la cárcel para las elecciones y de las elecciones para la presidencia. Excelentísimo señor doctor don Timochenko, presidente de la República de Colombia: Espérese un poquito aquí en el lobby antes de ingresar a la sala, que le vamos a tocar el himno. “Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal”. ¿Qué querrá decir inmarcesible? Piedad Córdoba ha de saber. Piedadcita conoce todas las coordenadas.
Efectivamente, un asesino como Petro despierta un gran respeto en Colombia.

Colombianos: maten, roben, extorsionen, violen, secuestren, que el anticuado concepto del delito aquí desapareció. Somos una potencia emergente, somos la revolución jurídica, somos la vanguardia del planeta.
También, la monstruosidad de abolir el derecho penal se presenta como modernidad, paz, arte, cultura, sensatez, no violencia... Y sólo es corrupción, cohecho, prevaricato, complicidad con los criminales. Lo interesante es que desde la simplicidad de sus juicios y la anticuada confianza en la palabra inspirada, Vallejo detecta lo importante porque sólo en un infierno de servilismo es concebible someterse a una monstruosidad semejante. Colombia sólo se entiende pensando en la humildad impotente y repulsiva de la gente pobre, acostumbrada al látigo de los Molanos y gente así. En ningún otro país se diría que simplemente se reconcilian los asesinos con sus partidarios y es como si no hubiera pasado nada.
Al Padre Eterno le salió su Único Hijo bobo. Se hizo colgar de una cruz para redimirnos, han pasado dos mil años y miren dónde estamos. Peor no puede estar Colombia ni puede estar el mundo. ¿Cuántos años más se van a necesitar para que surta efecto su redención? ¿Otros dos mil? El Hijo de Dios e insultaba con nombres de animales como cualquier Fidel Castro: “Id y decidle a ese zorro que yo predico y hago milagros”, le mandaba decir a Herodes. “Serpientes, raza de víboras”, les decía a los fariseos. Y dizque “No les deis las perlas a los cerdos”. Sí se las doy, y a mis perros caviar. Nunca le cupo en su cabecita loca que puesto que los animales sufren también son nuestro prójimo. Los zorros, los cerdos, los perros, las vacas sufren, por lo tanto son mi prójimo. Su mal ejemplo pervive. Por eso Beatriz Londoño, la sicaria de Mockus, puede electrocutar impune a cuatrocientos perros en Engativá mojándolos con agua en el amanecer de la sabana y tirándoles varillas de hierro electrizadas. ¡No ser yo presidente de esta republiquita para electrocutar a esa vieja en pelota y mojada con agua fría!
Aquí Vallejo se sale del tema y se ocupa de sus dudas sobre el cristianismo y su indignación con la crueldad con los animales. Lo interesante es que muchos en Colombia conciben a la guerrilla como la izquierda o la modernidad o el ateísmo, y con eso le dan su gran pretexto: la Gran Conjura Genocida de los Molano y los Santos no es contra los católicos ni es liberal ni moderna, sino la perpetuación de una vieja dominación. Toda respuesta que suponga el retorno a planteamientos confesionales los favorece.
Vuelvo al loquito de Galilea que no quería a los animales como Antanas Mockus. Le dio por abolir la Ley del Talión, la del ojo por ojo y el diente por diente, y miren cómo está el mundo. El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Su tendencia natural es a obrar mal y no tiene redención. Al niño hay que castigarlo para que aprenda. Sin castigo para el que hace el daño no puede existir la sociedad. Solución rápida: que se restaure la Ley del Talión pero perfeccionada: los dos ojos por uno, todos los dientes por uno, y como el hombre no tiene sino una vida, que el que mate pague con la suya y con la vida de su madre. Repudio la justicia transicional. Repudio que siga habiendo aquí prescripción del delito. Que no se quede en Colombia sin castigo ni el robo de un tornillo. Máxime si se lo sacaron a uno de la cabeza.
Ni la Teología ni las nociones jurídicas de Vallejo merecen mucha atención.
Dos años llevan en La Habana con el cuento de la paz, escamoteando desde el principio, deliberadamente, el punto esencial, el de si van a pagar cárcel por sus crímenes los delincuentes de las FARC. Si sí, cuánto y en qué. ¿En años, o en milisegundos? ¿Por qué lo están dejando para el final? Para embrollar y diluir la infamia contando con la olvidadiza memoria humana. Nada van a pagar. Se reintegrarán a la sociedad como los reinsertados de Uribe, que siguen delinquiendo, y formarán un nuevo partido, el de Justicia y Libertad, para sumárselo al Liberal, al Conservador, al de la A, al de la B, al de la C, al de la U, a la Alianza Verde, al Polo Democrático, al Centro Democrático, a la Opción Ciudadana, al Cambio Radical, y se pegarán de la ubre pública como los de todos estos.
No entiende nada: el problema no es cuánta cárcel vayan a pagar las FARC, sino el poder que tendrán gracias a que los colombianos se les someten. Todo el dinero y las armas y el control total del Estado. Si se disolvieran, devolvieran el dinero, entregaran las armas, pidieran perdón y desistieran de su proyecto político se podría pensar en la Amnistía. Los argumentos de quienes se oponen a ese perdón son atendibles, pero no si olvidan que nada de lo que mencioné arriba se va a cumplir. Sencillamente ascenderán como Petro, como Navarro, como León Valencia, como Angelino Garzón, para mencionar asesinos comprometidos con las organizaciones criminales, los que los dirigen, como el hermano mayor de Santos, no tienen el menor reproche de nadie. No es que queden impunes sino que quedan mandando y nadie parece preocuparse porque en las cuentas de Uribe y su séquito conviene más engañar a la gente haciéndola creer que con la paz ya no habrá FARC pero hay que exigirles que vayan a la cárcel.

La idea de los desmovilizados de Uribe que siguen delinquiendo es vulgar y desinformada. Claro que los miembros de ejércitos criminales pueden volver a delinquir, pero las AUC desaparecieron. ¿Que se formaron otras bandas? ¿Quién demuestra que las forman los mismos de las AUC?
Andaba de asesor en narcotráfico en México y de negociante en La Habana, de donde acaba de regresar a ocuparse del desminado (no con sus propias manos, claro, con las ajenas), un general Naranjo, de cuatro soles, Ministro para el postconflicto, quien sin haber cruzado una bala con delincuente alguno ha llegado a ser el mejor policía del mundo. O sea que aquí tenemos: el mejor policía del mundo, el mejor presidente del mundo y el mejor colombiano del mundo. ¡Cómo no vamos a ser el país más feliz del mundo! En las pasadas elecciones, para servir a la patria, este general-policía se le ofreció a Santos de vicepresidente para el período de la reelección. No se le hizo porque no contaba sino con dos votos, el suyo y el de su mujer, y Santos le dijo que tenía que poner dos millones, que multiplicara su caudal político por un millón. Pero que llega, llega, y no a la vicepresidencia: a la presidencia. Entonces Santos sentirá en trasero propio lo que sintió Uribe. El que a hierro mata a hierro muere. ¡Ministro del postconflicto! ¡Cuál postconflicto! Mientras no se castiguen los crímenes de las FARC aquí no se ha acabado ningún conflicto.
De nuevo, un párrafo desordenado y superficial.
Santos: Hace un año en declaraciones a El País de España dijiste (y me podés ver en YouTube leyéndolas en un ejemplar de ese periódico en la última Feria del Libro de Bogotá), que ibas a convocar a un referendo o plebiscito para que Colombia aprobara o rechazara lo que se acordara en La Habana. Como sos un negociante que compra y vende y un fumista que lanza pantallas de humo, te pregunto si nos vas a escamotear ahora el plebiscito.
Resulta más bien gracioso ver al furibundo antinatalista clamando por procedimientos democráticos. ¿En qué parte finge por provocar escándalo?
Compradores de conciencias con puestos públicos, traidores de lealtades efímeras: Repudio su reconciliación. Repudio su paz. Solo quiero que se les haga justicia a las víctimas de las FARC y se castigue a sus victimarios, y de paso a los que los solapan con conversaciones de impunidad que llaman de paz.
César Gaviria le entregó a Pablo Escobar a Medellín y a Bogotá para que los bombardera y devastara; le permitió construir su cárcel privada de La Catedral en Envigado para que desde allí siguiera delinquiendo y asesinando y le metiera preso a su viceministro de Justicia; sin haber pavimentado ni una calle abrió la importación de carros y embotelló el país; abrió la importación de textiles y demás productos que aquí se producían y acabó con la industria colombiana.
También la visión económica es frívola y en última instancia, vulgar.
Andrés Pastrana, para hacerse elegir, fue a los Llanos a abrazar a Tirofijo y ya electo le entregó el Caguán para lo convirtiera en su bastión desde donde nos atacara. Álvaro Uribe instauró para sí mismo la reelección inmediata; extraditó a los Estados Unidos a espaldas del país, de la noche a la mañana para que no hablaran, a los grandes capos paramilitares, que allá tenían cuentas pendientes por narcotráfico pero que aquí las tenían por los más monstruosos crímenes de sangre; hoy muchos de sus funcionarios más cercanos andan fugitivos acusados de montones de delitos de los que él se lava las manos; y aunque sus hijos se han hecho ricos echando azadón y pala, él como papá está pobre. Pues Juan Manuel Santos fue ministro de los tres y por lo tanto su cómplice. Juan Manuel Santos es el más grande bellaco de la Historia de Colombia, y estas jornadas por la paz una farsa.
De nuevo, información falaz y burda. No tiene sentido decir que Uribe extraditó a los jefes de las AUC para que no hablaran, menos con tanta seguridad. Es algo que dicen los terroristas porque ellos siempre mienten, pero no tiene ningún sentido dar por sentado que desde Estados Unidos los jefes de las AUC no van a poder hablar. De hecho lo hacen, calumniando a Uribe para vengarse de que los extraditara. Y también es muy estúpido aludir a la gravedad de los delitos que cometieron en Colombia, porque el caso es que estando en Colombia podrían quedar impunes gracias a componendas con unos jueces que no se pueden distinguir de los terroristas sino en el calzado. Por esto mismo es sumamente vulgar hablar de los funcionarios fugitivos o presos, porque sólo son víctimas de persecución, y sólo desde la mala fe de un seguidor de Molano es concebible que Andrés Felipe Arias sea condenado a 18 años de cárcel por hacer lo mismo que hacían todos sus predecesores en el ministerio, sin siquiera la menor acusación de dolo en el proceso, mientras que los genocidas van a quedar impunes. También es burdo hablar de los negocios de los hijos de Uribe, pues si hubiera el menor indicio de un delito hace tiempo que estarían condenados como Arias.

Queda la impresión de que Vallejo lee de vez en cuando la prensa y saca conclusiones creyéndole, por mucho que despotrique de todo. Pero al final las verdades básicas que dijo sobre la impunidad y su rechazo a la infamia del espectáculo de homenaje a Molano representan un punto de dignidad raro en Colombia, donde TODOS los demás escritores habrían ido encantados al acto y habrían mostrado esperanzas en la paz sabiendo que simplemente se lucran y obtienen figuración ayudando a los criminales. Las pocas verdades que dijo lo describen como alguien que no se va a sumar a ese coro de malhechores serviles que se reconcilian con los que agraviaron a otros y esperan que alguien los vea como otra cosa que como hienas.

(Un colombiano en Colombia se relaciona con gente que rehúye las polémicas y puede suponer que la disposición a rechazar a las FARC es generalizada. Si viajara a Europa vería que prácticamente todos los inmigrantes colombianos son amigos de las FARC dado que es lo que les genera ventajas entre los europeos.)