23/4/2014

La histeria inquisitorial

Por @ruiz_senior

La persecución contra la representante electa María Fernanda Cabal por un tuit en el que desaprueba al finadito García Márquez ha dejado aflorar de una manera casi cómica eso nuevo que se ve en Colombia que es un ambiente de arrogancia de los terroristas y sus socios, que ya se sienten haciendo la Revolución cultural, o al menos en los inolvidables tiempos del paredón cubano.

Nadie es más patético en una situación así que los esnobs de clases acomodadas: los lectores de El Malpensante o del blog de Alejandro Gaviria, convencidos de habitar un país normal en el que el vicio prohibicionista disparó los homicidios. Viven como escondidos mientras el tono de la prensa es cada vez más, insisto, el de la Camboya de los primeros meses del dominio del jemer rojo: tras la probable victoria de Santos, ya con el control del poder judicial, con la prensa sometida y muchas decenas de miles de millones de dólares que nadie controla, impondrán el reino de terror que ahora se anuncia.

Primero fue el inefable senador Benedetti proponiendo una sanción para la representante, inventándose las leyes y tratando de acaudillar la persecución: probablemente él no ha secuestrado ni matado a nadie, y no obstante intenta presentarse como maestro de moral, quitándoles el trono a Petro y a León Valencia. Grotesco, patético, colombiano.

Destaca, como siempre, el periódico del Grupo Santodomingo (nadie debe olvidar que ese grupo pasó a patrocinar abiertamente al M-19 después de 1991 e incluso incluyó a uno de sus ejecutivos en la bancada de la banda en el Congreso). Voy a comentar dos "noticias" de ayer sobre el asunto:
Denuncian penalmente a María Fernanda Cabal por discriminación 
La parlamentaria uribista publicó en su cuenta de Twitter una fotografía de Gabriel García Márquez con Fidel Castro con la leyenda: “Pronto estarán juntos en el infierno”.
¿De modo que a alguien se le ocurre que se puede denunciar penalmente eso? Claro que sí: el poder judicial colombiano es un frente terrorista y anda dedicado a perseguir militares, políticos inconvenientes para las FARC y a cualquiera que los incomode. La desfachatez con que obran es inconcebible en cualquier parte, pero a Alejandro Gaviria y los personajes como él, beneficiarios más o menos directos del terrorismo pero ansiosos de un barniz de civilización, les parece que tal vez esos jueces están buscando popularidad. Baste que el lector se interese por lo que ha sido el proceso por el que condenaron a Plazas Vega o los argumentos para dejar impune a Sigifredo López para que quede claro que entre esos jueces y fiscales y los que envían los niños bomba no hay ningún matiz moral. Bah, tampoco lo hay entre el público de Alejandro Gaviria y compañía, porque es como si en tiempos del holocausto alguien se considerara inocente por no trabajar en los campos de concentración.

La posibilidad de que la CSJ acepte esa denuncia depende de la conveniencia que eso tenga para la reelección de Santos (y para el poder de sus compañeros de gabinete). Es decir, para el avance de las FARC.

Debajo del titular aparece una foto de una pancarta que reza
"María Fernanda Cabal. Aracataca te declara persona no grata por tu sacrilegio".
¿De modo que considerar que un jefe de bandas terroristas probablemente iría al infierno, según las creencias de los católicos, es un sacrilegio. Quién sabe qué incentivos tendrán (del gobierno o de las bandas terroristas, que hoy por hoy son lo mismo) esas personas para participar en la persecución (hace poco se quejaban del olvido en que las tenía el escritor), pero el resultado de considerar sagrado a un personaje caracterizado por perseguir a las meseras (lo contaba Plinio Apuleyo Mendoza en un video que apareció en El Tiempo) y que después colaboraba con las peores industrias criminales, es cómico. Es colombiano. Colombia es eso. Presten atención a lo que cuenta alias Popeye en este video (minuto 3.30).



Sigue así la increíble "noticia":
Ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia fue radicada una denuncia en contra de la electa representante a la Cámara por Bogotá María Fernanda Cabal, por su participación en el delito de discriminación, tras la publicación hecha en su cuenta en la red social Twitter el pasado jueves.

La denuncia hace referencia expresa al mensaje publicado por Cabal en la red social en la que presentó una fotografía del nobel de literatura Gabriel García Márquez con el expresidente de Cuba, Fidel Castro, y la leyenda: “Pronto estarán juntos en el infierno”. 
Según la acción judicial, la congresista del Centro Democrático incurrió con su actuar en racismo y discriminación como lo consagra la ley 1482 de 2011. “Ejerció actos de hostigamiento contra la memoria del maestro Gabriel García Márquez y lo que él representa para la literatura universal en especial para el pueblo colombiano”.
Ahora los actos de hostigamiento contra la memoria son racismo, cosa que es perfectamente normal: los colombianos no tienen noción del sentido de las palabras. La palabra paz quiere decir hoy por hoy "asesinato" y si alguien se preocupa por los cientos de asesinatos que han cometido las FARC este año le dicen que es enemigo de la paz. Pero ¿no ven que la paz se firma para que todos los colombianos tengan derechos? Ese fenómeno fascinante de la ausencia de diccionario muestra otra vez que los colombianos están en los límites de la condición humana: fuera. La orgía de crimen, mentira y servilismo ha generado unos pseudohumanos que hacen cualquier guiso de vocalizaciones y las consideran un discurso, como si alguien considerara que los inventos que hace un mono que abre una nevera fueran un menú y unas recetas.

Claro que los magistrados encontrarán el racismo, tal como todos los días todos los jueces encuentran los derechos vulnerados que les pagan los demandantes de tutelas.

El párrafo siguiente es verdaderamente de antología:
En este sentido se indica que se presentó un agravante debido al medio de difusión del mensaje en la red social y en diferentes medios de comunicación que hicieron referencian al hecho. Se espera que en las próximos días el alto tribunal defina si acepta o no la denuncia.
¡El hecho de escribir en Twitter ya es un agravante! Pero más porque los medios lo divulgaron. Es en serio. Colombia es eso pero a los nacionales les duele admitirlo, aunque a menudo no lo entienden (no hay un día en que no me responda alguien cuando pregunto por qué hay un asesino del M-19 en el Senado gracias a Uribe que lo que pasa es que soy amigo de los guerrilleros).

El periodismo de la Colombia de Santos es enternecedor, pero hay algo ¡TODAVÍA! más sabroso.
Sugieren que hay pandilla neonazi al servicio de María Fernanda Cabal 
La congresista uribista está en el centro de una polémica por su pronunciamiento contra Gabriel García Márquez.
¿Cómo surge esa noticia? Es muy importante prestar atención porque es de un nivel intelectual y moral inequívocamente colombiano.
El excolumnista Ernesto Yamhure, defensor de las tesis uribistas, acentuó este lunes la polémica alrededor de la representante a la Cámara electa, María Fernanda Cabal. 
En medio del debate nacional porque la líder política publicó en Twitter una fotografía de Gabriel García Márquez junto al exmandatario cubano Fidel Castro acompañada con la frase "pronto estarán juntos en el infierno"; ahora Yamhure habla de un grupo de neo nazis al servicio de Cabal. 
“Es importante que la policía monitoree muy de cerca las actividades de la pandilla de neo nazis al servicio de María Fernanda Cabal”. 
Y continuó: “Cuando usted tiene genes indígenas, apellidos indígenas, temperamento indígena, se ve ridículo posando de fascista y cantando de Cara al Sol”.
(Vale la pena leer toda la "noticia", debajo está el dato de los descontentos de Aracataca.)

¿Qué es el uribismo? Una forma de acceder a puestos de poder gracias a la popularidad de que disfrutó Uribe. Los uribistas son entusiastas de la negociación con los terroristas (todos los días lo declara Zuluaga, para no ser menos que Francisco Santos, que se atribuía el origen de los diálogos), pero al final todos pueden ser uribistas. Tanto los que planearon la toma del Palacio de Justicia como este enternecedor personaje que llama a la policía a perseguir a unos que tienen genes indígenas (el ignorante cree que "indígena" es lo mismo que "indio") y posan de fascistas. ¿Puede ser más cómico? Es grotesco: esta clase de personajes forcejean por cargos e influencia (por poner a Otty Patiño en las listas al Senado) y cuando encuentran quien les incomode lo persiguen a la manera de las sectas estalinistas.

De modo que Yamhure tiene unos contradictores y como lo desaprueban los califica de neonazis y le ofrece a su antiguo periódico otro pretexto absurdo para la increíble persecución (en realidad es sólo la preparación del escenario para un atentado, tal como hicieron antes con Londoño). Los periodistas son de tal nivel que lo convierten en noticia.

¿Cuáles son esos neonazis? Los de "Derecha Colombia", que obviamente ya contestaron. El nivel de ese periodismo ya es difícil de creer: un columnista expulsado porque descubrieron que había estado con Castaño tiene alguna querella personal con unos radicales ultraconservadores y por insultarlos los llama neonazis y los acusa de estar financiados por María Fernanda Cabal y el periódico lo convierte en noticia. La propaganda de las FARC es muchísimo más rigurosa.

No hay ninguna respuesta de Uribe ni de José Obdulio Gaviria ni de ningún personaje importante ante semejante campaña: tratan de complacer al público que no quiere estar en contra de García Márquez. Intentan mostrar todo lo que lo aprecian. Por ese camino van convirtiéndose en verdaderos cadáveres políticos que con su silencio legitiman una campaña de persecución que ya es la tiranía.

Ni a la señora Cabal ni a su esposo les he oído declaraciones contra la democracia y las libertades o los derechos humanos (que sí se encuentran en la propaganda de "Derecha Colombia"). Comedidamente me atrevo a sugerirles que borren toda afinidad con cualquier extremismo de ese tipo, porque la persecución y sobre todo el motivo por la que se emprende, los convierten en los líderes naturales del posturibismo, y nadie que no defienda la asimilación de Colombia al mundo moderno tiene futuro. Salvo los comunistas, claro, porque han alcanzado la hegemonía gracias a las genialidades de los compañeros de Yamhure cuando estaban en el gobierno.


22/4/2014

Reelección sin electores

Por Jaime Castro Ramírez

La política y los procesos electorales son consecuencia de la voluntad democrática del pueblo que elige a sus gobernantes y en consecuencia les otorga el poder de gobernar en representación de la sociedad. Obtener la voluntad popular es una facultad inherente a las condiciones propias del aspirante a gobernar, es decir, que de su pensamiento político, lealtad a sus consignas ideológicas, características de estadista, y otros hechos acreditables en su trayectoria, como por ejemplo realizaciones de tipo social que dependen de sus concepciones de desarrollo económico, de estos elementos depende ganar el afecto y el acompañamiento político del pueblo en las urnas.

Lo que puede ocurrir en Colombia con la reelección presidencial en 2014

Es de la lógica del pensamiento aceptar que la gratitud, como cualidad humana, debe extenderse exuberante como respuesta de reconocimiento a las buenas acciones que producen humanos, pero también puede conllevar, no a la gratitud, sino al rechazo a comportamientos inadecuados de los individuos frente a la sociedad.

En materia de gobernantes, no son pocos los afectos o desafectos que se pueden generar de parte de sus gobernados en el transcurrir de las circunstancias que son propias de sus gestiones o acciones de gobierno. El buen gobernante consigue acumular un patrimonio político como respuesta a su gestión como estadista, y además como fiel intérprete del escenario en el que le corresponde actuar como representante de la sociedad y defensor de los intereses comunes del pueblo.

Particularizando en el caso del Presidente Juan Manuel Santos y su aspiración a ser reelegido para el periodo 2014–2018, existen reparos insalvables que desfavorecen tal aspiración. Desde el mismo momento de inicio de su gobierno en agosto de 2010 emprendió el camino de un rumbo para el país inverso a lo anunciado al pueblo en la campaña presidencial. Desde ahí sus electores se han sentido traicionados por el engaño a su derecho de elegir con convicción en base a la honestidad y lealtad que deben ser principios inalterables del candidato con sus planteamientos electorales. Se hizo elegir utilizando el prestigio político de liderazgo ajeno, prometiendo continuar las políticas de gobierno que eran autoría de ese liderazgo, y en base a estas promesas logró obtener el apoyo político de ese líder que le endosó su caudal electoral, razón por la cual el pueblo aceptó también ir a las urnas a apoyar tales propuestas, pues de lo contrario no hubiera sido Presidente de Colombia. Pero resulta que luego de elegido, Santos resolvió sorprender a los colombianos dando reversazo a sus propuestas de campaña y empezó a gobernar en dirección opuesta a lo prometido, es decir, aplicando políticas contradictorias que no había anunciado a sus electores para hacerse elegir (ejemplo, su entrega incondicional a Chávez), y dejando a un lado las que había prometido cumplir. No es necesario describir aquí el detalle de tales contradicciones, ni su ineficaz acción de gobierno, pues sería hacer repetitiva la escena de lo que los colombianos conocemos muy bien.

Hay que reconocer que un Presidente de la república tiene el derecho a gobernar con su propia iniciativa, pero haciéndose elegir con ella, con su propio prestigio, sin hacer compromisos políticos hipotecantes de su independencia y luego no cumplirlos, pues esto simplemente tiene un nombre: engaño al pueblo.

Estos antecedentes dejan ver la dificultad política que va a tener el Presidente Santos para lograr su reelección, y dejan ver que esto no es producto de incógnita imaginación, sino la conclusión que la realidad permite observar como es la pérdida cuantiosa de electorado que lo eligió, pues de los nueve millones de votos que le fueron ‘cedidos’ en 2010, y de los cuales se hizo beneficiario con su elección, ahora son muchos los arrepentidos de haber votado por él, y por lo tanto votarán por otras opciones para impedir que sea reelegido el engaño.

La verdadera política requiere sinceridad de criterio y honestidad como respuestas a los compromisos adquiridos con el pueblo. Gobernante que pierde la confianza pública pierde su patrimonio político que es la credibilidad.

21/4/2014

Y finalmente se murió el asesino ese

Por @Ruiz_senior

El respeto de los muertos



Es muy curioso todo aquello que mueve a los colombianos. ¿Cuántos se indignaron porque Santos advirtiera a las FARC que terminaría el proceso de paz si mataban a "alguien importante"? Eso mismo pasa con la curiosa divergencia en torno a la muerte de García Márquez. ¿A cuántos les importan los cientos de personas que han matado las FARC sólo en 2014? Casi a ninguno. La inmensa mayoría de los estudiantes y profesores universitarios que usan las redes sociales son del todo indiferentes ante esas infamias, cuando no culpan al conflicto o más claramente se burlan de los policías o militares asesinados. Pero cómicamente es el mismo país en el que multitudes festejan la muerte de algunos, como Jojoy o Pablo Escobar, que no son más criminales que García Márquez sino de un rango social más bajo: hay que respetar la muerte de las personas importantes, como la tartamudez o la incontinencia de Santos; la vida de los niños bomba es cosa de negritos remotos sobre los que no hay que preocuparse. Y claro, el hecho de morirse hace que las personas importantes resulten además buenas. ¿Qué clase de desalmados recuerdan las proezas del novelista? Pero además, ¿cuántos colombianos alcanzan esa edad? ¿Esperaban que no se muriera? Es sólo la ocasión de la gentuza para exhibir buenos sentimientos y de los criminales socios del finadito para recordar su mutua lealtad.

El valor literario de García Márquez

Ésta es una cuestión que no se puede pasar por alto al comentar la trayectoria del colombiano más importante de la historia porque la idea de que la calidad de la literatura es algo de lo que no deberían hablar los que no leen es profundamente extraña a Colombia. Parece que para entender algo así haría falta un poco de lectura, inexistente en un país en el que el líder de los intelectuales dice (a los corresponsales extranjeros) "Llévensen esta noticia a sus países". El hecho de que ganara el Nobel parece prueba suficiente de su calidad, como si no fueran muy discutidos la mayoría de los que lo han ganado. Como si los escritores que podrían haberlo ganado y no lo ganaron (Tolstói, Proust, Kafka, Joyce y muchísimos otros) no fueran más prestigiosos en el mundo literario que cualquiera de los que lo ha ganado. O bien se apoyan en el éxito de ventas, como si la calidad literaria fuera democrática, y aun olvidando que tampoco es el escritor más vendido. En la lista de libros más vendidos de la historia Cien años de soledad no está ni siquiera entre los treinta primeros, muy por detrás de El nombre de la rosa o El guardián entre el centeno (obra de autores posteriores y más prestigiados en el mundo literario). Sólo es que casi ningún colombiano ha leído esos libros, y para ser justos los que han leído la novela de García Márquez, sobre todo entre los menores de cuarenta años, no llegarán al uno por ciento. Es muy llamativo que los que sí entienden, como Fernando Vallejo o Guillermo Cabrera Infante, lo menosprecien. (No puedo discutir mucho sobre la calidad de su obra y no pretendo negarla, sólo señalar que la inmensa mayoría de los colombianos tienen una idea deformada de todo lo relacionado con él.)

El éxito de García Márquez

Es muy difícil imaginar cuál sería el éxito de García Márquez si no se lo asociara con la revolución cubana y si el boom de la literatura hispanoamericana no hubiera acompañado al ascenso de la izquierda comunista en Europa e Hispanoamérica a partir de los años sesenta. Cada persona encuentra cierta oferta de libros que tiende a considerar los más importantes, pero realmente en la producción editorial y aun en los medios es decisivo el papel de las organizaciones comunistas, que en los tiempos de la Guerra Fría y aun antes contaban con grandes recursos soviéticos. Baste pensar en la cantidad de colombianos que han leído algo de Mario Benedetti y los que han oído mencionar a Salomón de la Selva o a Vicente Huidobro (algunos han oído mencionar a Gabriela Mistral porque se ganó un Nobel, nadie conoce a nadie que la haya leído): nadie que entienda de poesía pensará que son poetas comparables, pero para los pocos lectores colombianos los segundos no existen. Eso por no mencionar la publicación en los países comunistas, en los que la oferta estaba reducida a lo que ofrecía el gobierno y aun muchos libros eran de consumo obligatorio en las escuelas. Afiliarse al comunismo era y aún es muy recomendable para el que quiera tener éxito literario. Seguramente las mejores novelas de García Márquez se habrían abierto camino de todos modos, pero el éxito habría tardado varias décadas más y sería mucho menor.

El papel de García Márquez en la génesis de las bandas terroristas

Ésta es una cuestión que se puede abordar de mil maneras y compromete toda la historia de las guerrillas colombianas. Resumiendo un poco se puede decir que Fidel Castro y sus asesores soviéticos tuvieron que admitir que la fórmula del "foquismo" no funcionaba casi en ninguna parte: el Che Guevara había caído en Bolivia y las demás guerrillas rurales habían fracasado. También el ELN, al que habían organizado y entrenado en Cuba (a partir de un grupo de las juventudes del MRL, como contaba Plinio Apuleyo Mendoza), había estado a punto de ser aniquilado en 1973. La jugada entonces era "replicar" la experiencia de las guerrillas urbanas uruguaya, brasileña y argentina. Eso fue el M-19, un intento de legitimar la insurrección en el descontento por el fraude de 1970 (y de paso arruinar las posibilidades de ganar de la Anapo en las elecciones de 1974). Fue planeado en Cuba y sin duda fueron agentes cubanos los que entrenaron a los primeros guerrilleros. Se lanzó de forma combinada con Alternativa y lo controlaban los mismos. Voy a citar algunos testimonios al respecto. Esto es de un documento de la Universidad Nacional cuyo autor pretende defender al M-19.
Por esos primeros días de diciembre Enrique Santos desarrolló una amplia discusión con Jaime Bateman Cayón, cuyo grupo también se disponía a lanzar el M-19, prácticamente al tiempo que se lanzaría el primer número de Alternativa (el “Eme” el 17 de enero de 1974 y Alternativa el 18 de febrero). Juntos encontraron una gran afinidad entre los dos proyectos, pues coincidían en la necesidad de generar formas de comunicación política superiores al sectarismo, el dogmatismo y la hiperideologización que caracterizaba a la izquierda de la época.

A partir de ahí el M-19 participó en la vida de Alternativa periodísticamente y, en algunos periodos, económica y administrativamente. Pero la participación del M-19 fue mucho más allá. De la fundación de Alternativa hicieron parte personajes que durante 1974 se convirtieron en militantes de primera línea en la organización subversiva, entre ellos, Carlos Duplat, que se encargó de organizar en los primeros números el diseño y maquetación de la revista y Carlos Vidales —el hijo del poeta Luis Vidales—, que acababa de escapar de Chile luego del golpe militar, y que asumió como redactor y fiscal de la publicación. Asimismo, Carlos Sánchez, redactor y fotógrafo; Sebastián Arias, redactor; y Nelson Osorio, escritor y redactor; ya eran militantes del “Eme” cuando surgió Alternativa. Según estas cuentas, además del diálogo entre Bateman y Santos, el hecho era que, por así decirlo, la mitad del equipo de Alternativa en 1974 era del M-19; aunque algunos de ellos ni lo sabían, por el grado de compartimentación que existía.
Bueno, Enrique Santos Calderón discutía ampliamente con Bateman al tiempo que lanzaba la revista con García Márquez. Pero éste, que además era amiguísimo de Bateman, discutía ampliamente con Fidel Castro. ¿No discutirían ampliamente estos dos sobre la revolución en Colombia? ¿No hablarían los creadores de la revista sobre Bateman? Es obvio que se trataba de una estrategia conjunta para tomar el poder y que la financiación y el entrenamiento de la banda procedían de Cuba. Al tiempo que se buscaba la hegemonía ideológica con la revista (sobre todo entre las diversas sectas de la "izquierda", a las que terminaron absorbiendo), se creaba una base de poder que permitiría destruir el ejército y aterrorizar a la población. Suponer que el papel de García Márquez en todo esto se limitaba al apoyo a la revista es fácil, pero siempre responde a la mala fe típica de los comunistas (hegemónicos entre los colombianos educados) y en general de los colombianos.

La responsabilidad de García Márquez

Más claro a ese respecto es Bernardo García, el primer director de la revista.
La tercera Alternativa guerrillera opera tras una transición de pleitos internos, retirada de la mitad de los socios, entre el n.º 90 y el 110, y que se prolonga luego hasta la liquidación de la revista. Consolidada bajo la dirección de Enrique Santos tiene la estrecha asesoría de Jaime Bateman y el montonero, «el gordo» Paco. Es una Alternativa de combate que rechaza la elaboración de análisis, teorías y reformas propias de ”los intelectuales”- Rechaza también el quehacer político para consagrar la insurgencia y la rebelión armada. Inmersa en la estrategia cubana de la Tricontinental y la formación de los mil vietnams antiimperialistas. 
Marcha al unísono con las tácticas de combate empeñadas por los Tupamaros, los Montoneros, los Movimientos de Izquierda Revolucionaria y por supuesto del ELN. Jaime Bateman está en plena acción, en 1977-1978, crítico de las FARC y constructor de la Anapo radical y del M19. Después del robo de la espada del Libertador y antes de la toma de la embajada Dominicana, padece la urgencia de dotar a su movimiento, el M19 y luego Firmes, de una publicación de envergadura nacional, con su ideología inmarcesible del “sancocho a la colombiana”: acciones intrépidas y consignas de raca mandaca. 
Lo intenta una primera vez con la “Alternativa del pueblo”, pero al parecer no logra asumir la dirección, sino la militancia de algunos. En la segunda arremetida gana Bateman con la venia de García Márquez…y de Fidel supongo –porque ambos prefieren a un chico más travieso y mágico que a todos sus Aurelianos Buendías peleados en mil guerras, pero ya a la espera de la pensión de retiro: Manuel Marulanda, Jacobo Arenas, Fabio Vásquez Castaño…
Luego, el control de la revista pasa completamente a Bateman con la venia de García Márquez, que no "piensa diferente" como con todo el cinismo proclaman los paniaguados de Kidnapping Corporation, sino que es quien prefiere a Bateman sobre los demás líderes guerrilleros (por entonces ya habían secuestrado y asesinado a José Raquel Mercado y cometido muchos otros crímenes). Sencillamente toma parte en eso. Nadie va a negar que eso es verdad pero es que los colombianos son subhumanos serviles que realmente no condenan a los asesinos sino a la gente que no es importante y lleva calzado poco elegante.

Gabriel García Márquez fue un asesino, tal como lo es el que contrata a un sicario. No se ayuda a unos asesinos con una revista, en la que sin cesar se legitimaban y alentaban todos los crímenes, sin ser uno de ellos, pero en Colombia sólo importa el estrato. A la muerte de Bateman publicó un reportaje en el que el relato de los hechos importa poco pues se trata de presentarlo como un gran líder de un movimiento legítimo y no como un asesino. (En internet es imposible encontrar el texto completo, seguramente lo han mutilado por el compromiso con los crímenes que exhibiría el resto.)

Yo no había prestado atención al discurso que pronunció al recibir el Nobel: un llamado a los europeos a no entrometerse con reclamos de derechos humanos en Cuba y en Nicaragua o con rechazos a los secuestros y masacres de los demás "pueblos" que buscan su identidad. El que quiera prestar atención encontrará muy claro el sentido del discurso.
Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado.
[...] 
La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
 
La originalidad es la ausencia de democracia en Cuba y Nicaragua y las atrocidades de las tropas en otros países, como Colombia. Esos crímenes son resultado de la injusticia y no del expansionismo soviético (era 1982)... Bueno, los secuestros también son la originalidad, y las alianzas con los mafiosos, ¿o alguien cree que por entonces García Márquez no conocía las conexiones del régimen cubano y el M-19 con las mafias?

Esa misma idea aparece en El general en su laberinto: Bolívar se encuentra con un francés al que le reprocha la tentación de juzgar lo que ve (las atrocidades de los matones de la independencia) con ojos europeos. Es el mismo bolivarismo de Chávez. Y de hecho, Alfredo Molano comparaba a Tirofijo con Bolívar. Es el mismo sentido en el discurso de Estocolmo. Es lo que quiere decir.

El tuit inoportuno

El famoso tuit de la representante electa María Fernanda Cabal corresponde a un legítimo sentimiento de rechazo a quien tantos crímenes ha promovido, pero ciertamente es perjudicial para la campaña electoral, dado que se necesitan los votos de mucha gente que no rechaza al escritor. Tal vez sea una falta de astucia política en una persona más acostumbrada a la reacción directa. De momento le ha merecido toda clase de insultos de los paniaguados del terrorismo, pero eso es algo que además de honrarla la da a conocer. En todo caso, aun admitiendo que la campaña uribista perderá votos por esa causa, nadie debe llamarse a engaño. Ese candidato (que no encuentra nada que reprocharle a García Márquez) es un muerto de hambre que no defiende ningún valor sensato y de todos modos no habría pasado a segunda vuelta: nadie está para que le vengan a ofrecer diploma para todos. Pero aunque pasara a segunda vuelta, ¿cómo podría ganar contra toda la "mermelada" y los votos de los comunistas y sus clientelas sumados? La lista de Uribe apenas obtuvo el respaldo del 7% de los que podían votar, y por mucho que se descontara el fraude tampoco llegaría al 25% de los votos válidos. En una segunda vuelta Zuluaga no tendría ningún otro apoyo y para complicar una "paz" a la que en realidad el candidato no se opone la gente preferirá votar por Santos o no votar.

Para oponerse al legado de García Márquez en la política colombiana hace falta algo más que promesas vacías y buena trayectoria gerencial. Hacen falta otra clase de liderazgos, y tal vez la representante que "metió la pata" los encarne en un futuro.

20/4/2014

Comunicado de prensa de María Fernanda Cabal

Por compartirlo plenamente, reproducimos el comunicado de la representante electa María Fernanda Cabal sobre el escándalo de su desaprobación de la conducta de García Márquez.

A propósito de los mensajes publicados desde mi cuenta de Twitter con ocasión del fallecimiento del Nobel colombiano;

1. Me han tildado de inoportuna por mis comentarios sobre Gabriel García Márquez, y lo entiendo, el país hace duelo a su Nobel de Literatura y todos, incluyendo los medios de comunicación, exaltan su obra y su legado.

2. Sin desconocer ese gran talento para convertir los sueños en letras, sí cuestiono la manera como García Márquez y muchos otros artistas olvidan su responsabilidad social. Cómo respaldan y promueven a los dictadores que oprimen a sus pueblos y tienen sumergida a la gente en la más profunda miseria y atraso, olvidando a aquellos que necesitan el respaldo de los países demócratas de América Latina. Lamentablemente en nuestro país los artistas, los políticos y hasta los mismos ciudadanos muchas veces también lo olvidan.

3. Soy una defensora incansable de los principios democráticos, de los derechos de los hombres y las mujeres y de la libertad de expresión. Mis opiniones no comprometen a Centro Democrático ni mucho menos al candidato Oscar Iván Zuluaga.

4. La verdad, por más incómoda o dolorosa que sea, siempre tiene lugar en mis pronunciamientos. Sin embargo, compruebo una vez más que la libertad de expresión en el medio colombiano resulta una actividad de alto riesgo, cuando es ejercida por quienes rechazamos la promoción de regímenes que atentan contra la dignidad humana, como lo ha sido el castrismo desde hace 50 años.

No podemos olvidar que aún se pudren en cárceles cubanas una gran parte de los 75 opositores -periodistas, sindicalistas e intelectuales- apresados en la llamada “primavera negra”, condenados a 30 años por delitos como “opinar sin permiso, escribir sin mandato, publicar folletos…”.

Todo ello, me obliga a compartir algunas reflexiones:

a) Si las fotos de una persona ilustre que fallece, fueren con dictadores como Pinochet, Videla o Stroessner, tendrían tantos defensores?

b) Si acepto haber errado al usar con ligereza la palabra “infierno”, que ha causado tanto repudio -en el entendido que, ni Castro ni García Márquez eran creyentes- seria menos reprochable la analogía?

5. Lamento si ofendí y ofrezco disculpas. Me faltó consideración con la familia del Nobel Gabriel García Márquez en su duelo, pero el realismo mágico no puede tapar la realidad que viven todos aquellos que en este momento se quedaron sin voz, esos que soportan todos los días los abusos y excesos de las dictaduras disfrazadas de socialismo que cada vez hacen más daño a la región.

Bogotá, Abril 18 de 2014.

(Tomado de Periodismo Sin Fronteras.)

19/4/2014

Dos videos viejos que todos deberían ver

El principal frente de la conjura terrorista es el poder judicial, que para colmo obra impunemente sin que a la inmensa mayoría de los colombianos les incomode.



15/4/2014

Grave error de gobernante

Por Jaime Castro Ramírez

Quien asume la misión de gobernar adquiere obviamente la responsabilidad de mostrar su talante de líder para direccionar acertadamente las políticas de gobierno. Una parte esencial de sus responsabilidades es defender la patria, y para eso tiene que defender la democracia, defender la soberanía nacional, defender el Estado de derecho y sus instituciones. Si el gobernante no actúa dentro de este marco que se lo exigen la Constitución y las leyes colombianas, estará traicionando el mandato del pueblo y debe recibir la desaprobación ciudadana total.

Posición del presidente Santos frente a las FARC
La ambivalencia no es aceptable en el ámbito normal del pensamiento dentro del cual los individuos ordenan su raciocinio para luego actuar en desarrollo de su cotidianidad y la toma de decisiones. Por supuesto que menos aún aceptable si se trata de un gobernante que ejerce como representante de la sociedad, y como tal, es responsable de intereses que pueden afectar para bien o para mal a un universo humano.

Ha conmovido a la sociedad colombiana un hecho insólito de autoría de su gobernante, pues es de no poder creer que de boca del presidente de la república salgan expresiones como las siguientes, en relación a terroristas de las FARC: “Lo pensaré dos veces para perseguir a Timochenko”. “Lo de Alfonso Cano fue una decisión muy difícil de tomar, las FARC tienen razón”.

Desconcierta totalmente este pronunciamiento por cuanto está de por medio nada menos que la seguridad nacional, y la seguridad ciudadana, y lo que se observa es que ‘Timochenko’ en medio del la negociación de la paz si no lo piensa dos veces para asesinar civiles, policías y soldados, y atentar contra la infraestructura energética del país. En segundo lugar, pareciera que el presidente Santos está arrepentido de haber cumplido la ley en el caso ‘Alfonso Cano’. Hasta el colombiano más desprevenido políticamente se siente ofendido en su pertenencia patriótica con semejante declaración presidencial, y se preguntará: ¿en manos de quién estamos gobernados?

La paz no puede ser consecuencia del apaciguamiento claudicante del Estado frente a la beligerancia criminal de los enemigos de la democracia. En un escenario de esta magnitud se degrada la institucionalidad, y en consecuencia, por ahí se incurre en la instancia de permitir el camino a los regímenes totalitarios que sacrifican los derechos fundamentales de los ciudadanos, y por lo tanto, la primera en desaparecer es la democracia. Jaime Castro Ramírez Abril 14 de 2014

9/4/2014

La lógica infecta del uribismo

Por @ruiz_senior

Saúl Hernández es uno de los columnistas más lúcidos e interesantes que se pueden leer en la prensa colombiana y sus escritos a menudo explican con bastante acierto lo que la propaganda trata de nublar. Sin embargo, su última columna, tras señalar el nudo de la campaña electoral, termina delatándose en su afinidad con la lógica que lleva a la perdición al candidato uribista y a todo el Centro Democrático. Voy a comentarla. 
La demagogia de la paz
Es un hecho que la campaña presidencial aún no despega ni suscita mayores emociones. Y creo que la razón salta a la vista: es una campaña que está viciada por un elemento perturbador que la sitúa en un contexto de excepcionalidad. ¿Cuál? Pues la promesa de una paz incierta que el electorado no se atreve a entorpecer.
Casi que se podría invertir la frase y encontrar el sentido de la actividad terrorista: gracias a la continua amenaza de la violencia, la voluntad de los ciudadanos se suprime, toda vez que en caso de "entorpecer" la paz se pagarían las consecuencias. Es decir, no sólo en el gobierno de Santos, la violencia es un mecanismo de dominación gracias al cual la sociedad sigue sometida a las mismas familias de siempre, el que cuestione ese orden termina amenazando la promesa de paz.

Pero ¿de qué modo puede atreverse el electorado a entorpecer esa "paz"? Tácitamente el columnista carga sobre las espaldas del electorado el hecho de que los candidatos no sean capaces de denunciar el contenido monstruoso de dicha "paz". ¿Cómo puede saberse si el electorado se atreve a entorpecer la paz si nadie le propone que lo haga? (De hecho, Uribe ganó en 2002 porque se atrevió a cuestionar el futuro luminoso que se anunciaba gracias al Caguán.)

En cualquier proceso electoral en cualquier parte se podría plantear algo así: gracias a los motivos que sean, casi siempre a una hegemonía previa de una etnia o de un sistema de valores, quien propone una alternativa se encuentra en minoría y aun en desventaja. Pero intenta imponerse agrupando a la gente que comparte sus ideas. En Colombia no: se culpa al electorado y se lloriquea porque el enemigo no ayuda. La frase final del escrito lo confirma.
Las pruebas abundan. No hay que olvidar que desde que se iniciaron las negociaciones en La Habana señalamos que la paz no se firmaría en este cuatrienio –violando la promesa de que sería una negociación de meses y no de años–, sino que se convertiría en un instrumento para catapultar la reelección de ‘Juan Manuel’, con la premisa de que él es imprescindible para consolidar ese pacto. 
Pues bien, ese mismo argumento, que más parece un chantaje, es el que viene machacando Santos en la campaña de ‘Juan Manuel’ con aseveraciones como “No es el momento de cambiar de ‘capitán’, eso sería fatal”, “Ninguno de los candidatos tiene la más mínima experiencia en procesos de paz”, “Vamos a completar lo que hemos comenzado” o “No podemos comenzar de cero cuando estamos a punto de ganar”.
Y, por consiguiente, como la paz es un tema de alta sensibilidad para los colombianos, la mayoría se ha hecho a un lado para no aguar la fiesta, con lo cual ‘Juan Manuel’ podría reelegirse con una votación pírrica gracias a un maniqueísmo descarado que ha dado frutos debido a que a nadie le gusta que lo califiquen de “enemigo de la paz” y lo igualen con los verdaderos enemigos, que son los que llevan 60 años asesinando a colombianos. Esa es una ofensa verdaderamente grave que supera con creces la incultura de quienes hicieron mofa del Jefe de Estado por un insignificante episodio de incontinencia.
Luego, el contenido de la "paz", que es el aplauso a los cientos de miles de crímenes de los terroristas y la sumisión a su autoridad, pasa como algo tolerable, "un tema de alta sensibilidad para los colombianos", algo que nadie se atreve a cuestionar, etc.

Aquel que no quiera ser descrito por los socios de los terroristas como "enemigo de la paz", y por tanto se hace a un lado para no echar a perder la esperanza, es un cómplice, puesto que se trata de la legitimación y el premio de los crímenes: de aquello para lo que se cometen.

El columnista, tal vez por lealtades personales con los jefes uribistas, pasa por alto la profunda inmoralidad de esa actitud, que ya es grave en cualquiera pero lo es mucho más en quien aspira a gobernar y busca los votos de las víctimas y la gente descontenta con Santos y su componenda.

Es decir, si un gobernante desalmado se alía con unos asesinos para repartirse el botín y la mayoría se pone de su parte desistiendo de la justicia y de la ley, nadie puede lamentarse diciendo que si obraba honradamente perdía votos. El que se hace cómplice puede tener muchos motivos, y en el caso de la mayoría es el miedo y el servilismo, pero eso no reduce la culpa de esa complicidad.

Ese maniqueísmo del chantaje de Santos ha dado frutos porque la supuesta oposición la constituyen enanos morales que no pueden ver que toda concesión al crimen se traduce siempre sin remedio en más crímenes y que (es lo que en últimas dice el columnista) tal vez querrían ser ellos los que se repartan el botín con los asesinos.
De manera que ese talismán que es la promesa de un país en paz ha adormecido la campaña a tal grado que ‘Juan Manuel’ lidera las encuestas con un pobrísimo 23 por ciento que no se compadece con el reparto impúdico de mermelada, mientras que tres cuartas partes de los colombianos se oponen a esa reelección sin hacer olas, pasivos ante la esperanza –que es lo último que se pierde– de que esta vez sí se logre la paz con unos rufianes que a diario demuestran que ni la quieren ni la merecen.
Lo que ha adormecido la campaña es la falta de oposición. El paso siguiente es la hegemonía de los terroristas, poseedores de decenas de miles de millones de dólares con los que pueden comprar a todos los políticos y a todos los jueces y a todos los periodistas e implantar una tiranía mucho peor que la venezolana o la cubana (antes del comunismo esos países eran más bien tranquilos comparados con Colombia).

Pero los uribistas tienen un remedio: lloriquear. Es el sentido del escrito de Saúl Hernández. No habrá país en paz porque lo que ha hecho Santos es dar a los terroristas lo que más necesitan, que es la legitimidad. El acuerdo de participación política es el reconocimiento solemne de que se levantaron en armas porque la democracia era insuficiente. Pero ¿no lo sabe Saúl Hernández ni los asesores de Zuluaga? Sí lo saben, pero no van a frustrarles a sus votantes la dulce idea de que "reconciliándose" con los que han matado a otros van a evitarse riesgos.

Es decir, Hernández y el uribismo renuncian a decirle a la gente que debe ceñirse a la ley y hacer frente a los criminales porque la gente está ilusionada con convivir con ellos y más bien resignada a dejarlos gobernar. Eso se llama hacerse cómplices.
Es como si a la gente la hubieran convencido de que el terrorismo es culpa de todos y que, para solucionarlo, el aporte mínimo de cada uno es el voto a favor de quien tiene la ‘llave de la paz’. Pura demagogia que se sirve de un viejo anhelo colectivo, anclado en el ADN de la Nación, para alcanzar réditos personales o grupales. Con esa promesa se creó la Constitución de 1991 y con la misma, Andrés Pastrana fue elegido presidente.
No, nadie cree que el terrorismo es culpa de todos, sencillamente una sociedad desvertebrada está formada por individuos que no tienen ejemplos ni sentido de comunidad y se ponen de parte del vencedor. En 2008 de Uribe y el Ejército, ahora de las FARC y Santos. El anhelo colectivo anclado en el ADN de la nación es la ausencia de respeto a la ley: tal como se evidencia con los intolerables ataques con ácido, parece que en cada colombiano anidara un salvaje que podría cometer en cualquier momento las atrocidades de los terroristas.

El párrafo es muy elocuente, y permite de nuevo entender el sentido de la acción terrorista: una vez que se reconoce legitimidad a los criminales, el supuesto alivio de las víctimas potenciales conduce a la aceptación de lo que exigen. ¿De dónde salen? De la universidad. ¿Quién iba a la universidad? En algún momento entre 1950 y 1970 el 1% de nivel socioeconómico más alto. ¿Quién dirigía a los estudiantes? El profesorado, nombrado entre las elites sociales. ¿No es claro que el terrorismo es sólo un sistema de dominación de los mismos de siempre, una forma de perpetuar por medio de la violencia la jerarquía heredada?
Sí, el cuento de la paz ha sido un factor emocional que ha perturbado por décadas nuestro trasegar político. Desde las palomitas de Belisario, pasando por la ‘Séptima papeleta’ de 1990 y el ‘Mandato por la Paz’ de 1997, hasta llegar a la reelección de un mandatario que no tiene otra cosa que ofrecer. Por eso, la manipulación de conciencias con la incesante invocación de lemas publicitarios: ‘estamos reparando a las víctimas’, ‘preparémonos para el postconflicto’, ‘hay que convocar al Consejo Nacional de Paz’.
¿Cómo es que no hay una oposición que le explique a la gente que las víctimas lo son de los criminales y no del "conflicto" y que todo lo que Santos promete sólo significará la multiplicación de los crímenes? Sencillamente porque en el orden de siempre y en el que creó el engendro del 91 hay un sector social significativo que medra gracias a la integración en ese orden y que no tiene interés en destruirlo. Por eso Uribe nunca quiso crear partidos diferentes ni oponerse a las castas políticas ni cuestionar a las cortes heredadas del 91 ni menos convocar una Constituyente para empezar a plantear un país basado en la ley y no en las componendas con los criminales. Por eso los uribistas están encantados de acudir a paneles televisivos a discutir con León Valencia y María Jimena Duzán, exhibiendo sus excelentes modales. Por eso es imposible encontrar a uno solo que entienda de derecho y no sea entusiasta de la "acción de tutela" porque todos los que tienen educación y contactos pueden beneficiarse de la abolición del derecho.
De nuevo, todos se harán a un lado cuando emerja, por reclamo de las Farc, la ‘Comisión de su Verdad’, que prodigará culpas a diestra y siniestra (sobre todo a diestra) y exculpará a estos arcángeles hasta del menor de sus crímenes. Luego se abrirá la puerta a su Asamblea Nacional Constituyente con la inocente convicción de que de allí surgirá una paz definitiva y absoluta. ¡Qué ingenuidad! Por eso, un tema tan azaroso, que suele ser presa del oportunismo político, debería estar excluido del debate electoral.
Pero ¿quiénes son todos los que se harán a un lado? ¿Se hará a un lado el columnista? ¿No está justificando que el candidato uribista y aun los senadores y representantes elegidos se hagan a un lado?

Bueno, ¿dónde está la ingenuidad? Santos se encontró un Estado rico y reparte favores a toda clase de funcionarios y logreros que complacen como sea a los criminales, tal como, siguiendo con el ADN de la nación, los policías buscan ocasión de entenderse con los ladrones. Los que firman la paz no son los mismos que mueren, ésos no le importan a nadie. Nadie es inocente ni ingenuo en esa pieza de horror, sólo se trata de las rentas fabulosas del crimen.

La partícula "Por eso" con que comienza la última frase confunde un poco: ¿por la ingenuidad? ¿Por qué?

Pero esa frase, esa idea, tanto lo que lleva dentro como el hecho de publicarla, ¡hasta qué punto muestra lo que es Colombia! ¿Alguien le hará caso y querrá sacar el tema del debate electoral? ¿De qué modo se conseguiría que quedara fuera? Ya es inconcebible que en Colombia las autoridades respeten la ley, no faltaría más sino que los políticos no manipularan el asunto que más interesa a los ciudadanos.

Pero, ¿qué? Supongamos que ocurriera, que el tema más importante de la historia, la caída en un régimen impuesto por bandas de asesinos que asegurará la miseria por siglos y una catástrofe como la de Camboya o la de Ruanda quedara fuera del debate democrático, ¿sería eso lícito? ¿Sería buena idea?

De lo que se trata es simplemente de lloriqueo: nadie tiene la decencia de explicar que la llamada paz es un crimen, la alianza con los asesinos y secuestradores para repartirse el botín que se les entrega gracias al miedo. No lo hace el candidato de la supuesta oposición ni ninguno de los demás, como si fuera muy inconveniente oponerse al canibalismo o a la prostitución infantil y sólo quedara lamentarse de las dificultades de la vida.

No podía faltar la muestra de solidaridad con Santos y su "insignificante" episodio de incontinencia. Sin contar que al parecer estaba borracho, ¿cómo es que un espectáculo tan penoso nunca lo da ningún gobernante de otro país? Porque ningún país se deja gobernar por individuos cuyo organismo colapsa. Pero ¿no encontrarán condena de los compasivos con el presidente que jamás prestan atención a los niños bomba ni a los policías torturados? Ni se cuestiona la "inocente" esperanza de la paz ni se deja de mostrar solidaridad con el pobre hombre enfermo. (¿No sería una estratagema de J. J. Rendón?). Podrían decirles que son enemigos de los buenos sentimientos.

Tiene verdadera gracia que la campaña en que Colombia escoge el abismo y nadie se opone porque podría resultar excluido y aun amenazado en el imperio futuro de los terroristas sea "aburrida". Claro que lo es: el candidato parece un débil mental que proclama todos los días que es excelente persona y promete cupos universitarios para todos y cuanto se le quiera pedir (parece que tal como cuenta con el amor a la paz de la mayoría también cree que todos conciben una caja inagotable de la que sólo hace falta que llegue un hombre honrado y generoso como él para remediarlo todo), y nadie detecta que la "timidez" para denunciar la componenda criminal es una forma clara y especialmente deshonrosa de complicidad.

El país cae en manos del terrorismo por obra de Santos, de los lagartos, de las mayorías indolentes y de estos impostores que suplantan lo que en una democracia sería la oposición.

8/4/2014

Promesas y engaño al pueblo

Por Jaime Castro Ramírez

Hablar del pueblo y su importancia equivale al participio que expresa las cualidades verbales, adjetivas, y sustantivas de ese magno concepto ‘pueblo’ cuya representatividad ha dado su capacidad de esfuerzo patriótico para conservar su dignidad histórica, y por consiguiente le corresponde exigir respeto por parte de los gobernantes. Tal respeto se refiere a los derechos que le son propios por su misma naturaleza como son los derechos sociales y todo su alcance, derecho a vivir en democracia, seguridad y tranquilidad ciudadana, etc.

Las promesas incumplidas significan engaño
Respecto a este tema es válido personalizar en el gobierno colombiano que encabeza el presidente Juan Manuel Santos, pues bien se le puede denominar ‘el mandato de las promesas incumplidas’, lo que significa ‘el mandato del engaño’.

Es solo recordar algunos de los anuncios presidenciales nunca convertidos en realidad: Las locomotoras de la prosperidad no arrancaron (quizás en reversa como la de la industria), descontaminación del río Bogotá, reformas a la justicia, la educación y la salud, reconstruir a Gramalote, anuncios de obras por la tragedia invernal, promesas de billones y billones de pesos en todas partes del país; pero tal vez la promesa más promocionada mediáticamente, y con la presencia de invitado especial, nada menos que el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon a la ceremonia de la sanción presidencial, fue la ley de víctimas y restitución de tierras.

Desde la vigencia de la ley 1448 del 10 de junio de 2011 (ley de víctimas), han transcurrido casi tres años y se podría catalogar como la promesa de mayor engaño, en este caso dirigida a los colombianos víctimas del conflicto armado, pues a nadie le han cumplido con la entrega del cheque por valor de veinte millones de pesos ($20.000.000.oo) de indemnización que contempla dicha ley, y no le han cumplido porque es una ley sin ninguna planeación financiera, es decir totalmente desfinanciada, pues se habla de cuatro millones de víctimas lo cual cuesta 80 billones de pesos la sola indemnización de los 20 millones por cada víctima, pero además la ley contempla otros beneficios como salud, educación, vivienda, seguridad para los reclamantes de sus tierras. Además la estadística dice que se ha restituido escasamente el 1% del total del censo de tierras restituibles. Investigación de Human Rights Watch indica que en los últimos tres años por lo menos 17 personas han sido asesinadas por reclamar sus tierras, y registra también la información de que las personas afirman que debido a estos asesinatos no continuarían con las solicitudes de restitución.

Lo que se observa entonces con asombro es la violencia criminal desatada contra los reclamantes de tierras y la falta de garantías de seguridad y protección para esas personas por parte del Estado, lo que en consecuencia señala el fracaso total de la famosa ley de víctimas y restitución de tierras.

Qué pena con el ilustre visitante invitado Ban Ki-moon, a quien el presidente Santos trajo a que observara su autoría de la ‘reivindicación’ con las víctimas, y con lo cual no ha pasado nada; bueno, y qué pena con las víctimas del conflicto armado engañadas con la mencionada ley, pues no les han cumplido ni con la indemnización monetaria ni con la restitución de las tierras, ni con los otros beneficios anunciados.

Es trágico decirlo, pero el resultado que se observa son los muertos que amparados en dicha ley decidieron lanzarse a reclamar sus propiedades.

7/4/2014

Perspectivas de constituyente

Por @Ruiz_senior

Tras confirmarse su salida de la alcaldía y su inhabilitación, Gustavo Petro declaró que se dedicaría a promover una Asamblea Constituyente, cosa que no tienen ninguna novedad porque ya lo había manifestado Navarro Wolff: es el libreto de las FARC y muy probablemente el del gobierno y su equipo negociador. 

En términos generales se calcula que una Constituyente acordada con las FARC será lisa y llanamente la abolición total de la democracia y su reemplazo por el trust Münzenberg, según proponían alias Iván Márquez y el magistrado auxiliar Rodolfo Arango.

Pero la cuestión es compleja porque una componenda de ese estilo no sería nada presentable fuera de Colombia, más con el prontuario de las FARC. Lo que Santos nunca hará será convertirse en dictador abiertamente y poner en dificultades a los progresistas de la prensa que lo ensalzan.

De modo que no es imposible que la Constituyente que planean se presente como efectivamente democrática, bien con listas conjuntas del gobierno y las FARC, bien gracias a que el poder local de los políticos está cooptado por la Unidad Nacional, que lisa y llanamente sirve a los terroristas (el que tenga alguna duda al respecto puede recordar la completa adhesión a Chávez, Unasur, la CELAC y demás entidades de la conjura totalitaria).

Una de las rentas que le ofrece al crimen organizado proponer una constituyente es poner a quienes se le pueden oponer a defender el engendro del 91, gracias al cual tienen asegurado el control del poder judicial y la impunidad para muchos crímenes de diverso tipo. Buen ejemplo de esa reacción es este editorial de El Colombiano.

Otra reacción interesante es la del arquetípico lambón Gabriel Silva Luján: se opone porque cree que les interesa a los uribistas, siempre ansiosos de instaurar la reelección perpetua. (Desgraciadamente tiene razón.) La desfachatez con que defiende el engendro de Pablo es casi cómica:
En su ya casi cuarto de siglo de vigencia, la Constitución les ha servido bien a los colombianos. Es un conjunto de principios, instituciones y normas que ha traído paz, sembrado prosperidad social y otorgado legitimidad al sistema democrático. Es quizás la primera ley suprema en la historia del país que no fue impuesta a la brava por el victorioso sobre el vencido.
¿Qué importa que los crímenes se hayan multiplicado, que la desigualdad creciera diez puntos durante el primer decenio de vigencia de esa norma, que el poder judicial sea una máquina de persecución al servicio de las bandas terroristas, que reinen la corrupción y el despilfarro? A los colombianos se los compra fácilmente y se los pone a declarar que viven en el paraíso.

Ese hombre inverosímil era de todos modos promotor de la segunda reelección de Uribe, pero con el desparpajo que da vivir en medio de gente que no concibe el respeto de sí misma, ostenta ahora su odio como forma de acceder al magisterio moral al que ya accedieron otros próceres como Petro o León Valencia.

Con todo, ¿qué significa la resistencia a la Constituyente por parte de personajes como éste? Realmente es imposible saber qué clase de componendas tiene la camarilla de Santos con el régimen castrista y la banda asesina. ¿Será un intento de regateo o sólo retórica electoral para no espantar a los conformistas que no han entendido la simbiosis del gobierno con las FARC? (De gran ayuda para eso han sido Uribe y sus seguidores, que nunca quisieron hacer oposición.)

Pero más curiosa todavía, más instructiva, es esta perla del profesor de la Universidad de Los Andes César Rodríguez Garavito. Conviene prestarle atención porque ese hombre es uno de los portavoces de "DeJusticia", que es más o menos abiertamente un frente de las FARC para el estrato 6, algo más comprometido que un think tank, como una especie de gerencia de proyectos. Forman parte de esa organización por ejemplo el citado Rodolfo Arango, que propone castigar a los responsables del conflicto ("casualmente" unos meses después salió alias Iván Márquez proponiendo lo mismo), o Rodrigo Uprimny, otro magistrado que consideraba ilegal desmovilizar a los miembros de las FARC porque eso no surgía de acuerdos con el Secretariado.
La constituyente de Petro 
Tiene razón Gustavo Petro al denunciar ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos las decisiones ilegales de la Procuraduría y el Gobierno que terminaron con su mandato en la Alcaldía. Pero se equivoca al patear el tablero del juego que injustamente perdió y unirse al llamado a una asamblea constituyente.
La ilegalidad la define el prócer a partir de una interpretación sesgada de la Convención Americana de DD HH que casualmente no detectaron en los miles de casos precedentes de destituciones de funcionarios elegidos. Es la cultura local, el aplomo de cada patán para decretar cualquier cosa. El detalle judicial se resuelve con un adjetivo y el columnista se erige en autoridad.
En unos años, la Corte Interamericana probablemente fallará a favor de Petro y ordenará indemnizarlo por haber sido sancionado por un funcionario administrativo (el procurador) y no por un juez penal, como lo ordena el artículo 23 de la Convención Americana, que Colombia ratificó y está obligada a cumplir. También le dará la razón a la Comisión Interamericana, que dictó acertadamente medidas cautelares para evitar que se consumara el atropello.
Dicha corte, como ya he explicado, se encontrará con el problema de los miles de destituciones previas, y puede que a pesar de su arrogancia y de la afinidad con el chavismo de los jueces que la componen, resulte demasiado descarada tratando de cambiar tardíamente la legislación de un país para proteger a un secuestrador y asesino. Pero de momento no cuesta nada declarar lo que "probablemente" sucederá. Probablemente no.
Aunque tardía, esa es la solución última que prevé el sistema jurídico que el mismo exalcalde ayudó a construir y se comprometió a cumplir en 1991. En esa coyuntura histórica, el M-19 de Petro tuvo una representación cuantiosa en la asamblea constituyente, aupado por una movilización estudiantil y una indignación colectiva que no se han visto desde entonces. El resultado fue una constitución profundamente democrática e igualitaria —con instituciones como la tutela, un catálogo amplio de derechos y unos mecanismos generosos de participación popular—, en la que se reconocen ideas del M-19 y otros sectores progresistas.
La indignación colectiva era el afán desesperado de frenar la extradición de los omnipotentes señores de la cocaína, que le habían pagado al M-19 por la toma del Palacio de Justicia y por muchísimos carros bomba gracias a los cuales la universidad eligió a muchos representantes de la banda porque el resto de la sociedad se abstuvo (la participación en las elecciones a dicha asamblea fue inferior al 20%).

Como siempre, hay que recordar lo monstruosa que es Colombia, lo repugnantes que son los colombianos para cualquiera que viva en otro ambiente. Este profesor de la universidad de las elites no vacila en declarar que el engendro impuesto por los mafiosos y asesinos es "profundamente democrática e igualitaria". ¿Qué es lo democrático? Aquello que corresponde a los intereses del Polo Democrático, por ejemplo la capacidad de las cortes para legislar por encima de lo que la gente haya escogido en las urnas. ¿Qué es lo igualitario? Por ejemplo, que el coeficiente de Gini marcara diez puntos más al cabo de un decenio de dicha constitución, como ya señalé.

Los mecanismos que menciona, la acción de tutela o el catálogo de derechos que se protegen con ella son el nombre mismo de lo no democrático: cada derecho es un pretexto para que los recursos comunes favorezcan a particulares. El derecho a la educación impone que aquellos que no van a buenos colegios y no pueden acceder a la universidad pública les pagan los estudios a los que sí pueden, etc.

Pero ¿quíen lee a tan noble pensador? Colombia se resume en eso, en una renta de recursos naturales que se reparte una minoría cuyo latrocinio llama "generosidad" sin que haya nadie que se dé cuenta de la monstruosidad de dicha mentira.
Por eso es difícil digerir lo que Petro le dijo a este diario tras su salida del cargo: “25 años después de la paz con el M-19, creo que nos traicionaron […] pero hoy la vía no son las armas, es la constituyente”. Primero, porque lo que pasó no fue una “traición” innominada, ni un colapso de la Constitución que amerite otra constituyente. Lo que pasó tuvo origen en las acciones del procurador Ordóñez, que ha abusado una y otra vez de los poderes amplios que la misma Constitución le dio (con la venia del M-19) y del nombramiento que le hiciera el Congreso (con el voto de Petro).
Lo tremendo no es que unos asesinos y secuestradores que servían a la mafia de la cocaína resulten impunes y con poder, sino que encima se sienten traicionados. Pero eso para uno, para el flamante profesor el problema es que cuestione la constitución (la amenaza de "no son las armas", de nuevo reivindicación de las atrocidades que cometieron en los setenta y ochenta, tampoco le llama la atención a nadie).
Segundo, porque nada regocijaría más al procurador que una nueva constituyente, donde fueran recortados los derechos de las mujeres, los gais, los jóvenes, los defensores del medio ambiente y tantos otros que ha perseguido jurídicamente. Y que eliminara el artículo 93 de la Constitución, que incorpora los tratados internacionales sobre derechos humanos al sistema legal colombiano y que Petro está usando en su recurso ante el Sistema Interamericano. 
El sobreentendido que hay tras este párrafo es la imposibilidad de una constituyente "corporativa", como la llama Rodolfo Arango: una constituyente podría ser menos complaciente con la universidad y sus tropas que la del 91 porque podría participar más del 20% del electorado, luego, podría convenir al procurador.
Tercero, Petro tristemente se equivoca al responder con la misma moneda al Gobierno y al procurador: echando por la borda las reglas de juego y sacrificando los principios al frío cálculo político. ¿Cómo más entender su coqueteo con el uribismo y las Farc para ambientar la idea de la constituyente? Basta ver los resultados de la elección al Congreso para darse cuenta de que una nueva constituyente distaría mucho de la del 91. No existe hoy un movimiento de indignados con la contundencia del estudiantil de hace un cuarto de siglo, que desestabilice desde abajo las clientelas políticas. Lo más probable es que la constituyente se parezca al Congreso recién electo: una tercera parte de votos amarrados por la corrupción, otro tercio ubicado a la derecha y otro entre el centro y la izquierda. De allí saldría una Constitución mucho más parecida a la de 1886 que a la de 1991.
Este párrafo es el que justifica el comentario a todo el artículo: puede que lo que inquiete a César Rodríguez sea lo que ilusione a las FARC: una Constituyente en la que los recursos públicos se destinen a "amarrar" votos para favorecerlas, toda vez que su interés hoy es indistinguible del de Santos y su camarilla. Dos tercios de la representación en una Constituyente son suficientes para imponer cualquier cosa. Los políticos tienen una visión de corto plazo, sólo para la rapiña, con lo que las perspectivas de legitimar el régimen fariano son altísimas. Puede que sea lo que buscan las FARC, Petro, Navarro y otros. Y lo que fingen resistir Silva Luján y Rodríguez.
La Constitución está lejos de ser perfecta. Se puede mejorar con reformas puntuales, como la limitación de los poderes de la Procuraduría y las facultades de nominación de las cortes. En lugar de reemplazarla, una vez más, deberíamos intentar algo más difícil: cumplirla.
El viejo problema de que en términos legales los terroristas ya triunfaron en 1991 gracias al terror de los carros bomba: pedir una constituyente es un pretexto para seguirse lucrando de los crímenes con el pretexto de la negociación. Si no la consiguen quedará como que cedieron, cuando ya tienen el Estado a su servicio.

Y pensando en eso uno vuelve a ver la magna obra de Uribe, que nadie quiere ver. Si hacia 2008 en lugar de buscar perpetuarse en la presidencia hubiera querido hacer frente a la tiranía criminal impuesta en 1991 cambiando la constitución, otros serían los resultados. Una mayoría que implantara una constitución parecida a la de los países civilizados, y que desbaratara el control del hampa terrorista sobre el poder judicial, era posible entonces. Ahora no. Ahora con cara ganan ellos y con sello pierde la democracia. 

Pero Colombia es un destino: yo ya renuncié a convencer a nadie de que entregarle el país a Santos y permitir de mil maneras el triunfo de los terroristas no es algo de lo que le salgamos a deber a Uribe. Es como si les hablara en chino, sólo están preparados para batirle la cola a algún capitán de un equipo que gane partidos.

2/4/2014

Paz

Por @ruiz_senior

Una muchacha que esté en una situación desesperada puede encontrarse con un tipo que le ofrece una salida ejerciendo la prostitución y puede que eso le parezca una salvación, pero sólo es el comienzo de una degradación creciente, que será mucho peor después.

Es exactamente lo que le pasó a la sociedad colombiana con la "paz" que firmó hace veinticinco años con algunas bandas terroristas: para remediar un problema que no era tan grave como lo que vendría después, los colombianos aceptaron premiar a unos asesinos y abrirles las puertas del poder. A partir de entonces los crímenes se multiplicaron, hubo muchos más homicidios relacionados con el terrorismo en los noventa que en los ochenta, pues ya tenían una parte del poder controlado y les quedaba muy fácil escalar los crímenes.

Pero los asesinatos y secuestros son sólo un aspecto del precio de esa infamia que cometieron los colombianos y que llaman "paz" como si la muchacha de mi ejemplo llamara "salvación" al puesto de trabajo que le ofrecen. No sería nada raro que la urgencia económica la hubiera provocado el mismo proxeneta, tal como los promotores de la paz de hace veinticinco años fueron los mismos que antes cometieron los crímenes: el profesorado universitario a través de sus discípulos, que fueron los militantes de las diversas bandas criminales y después los activistas de la "papeleta de la paz" que llevó a la Constitución de 1991.

Mucho más grave es la caída del poder final del Estado en manos de los mismos promotores del terrorismo: después de que la Corte Constitucional cae en manos de personajes como Alfredo Beltrán (relacionado con Fecode), Carlos Gaviria (después senador y candidato del Partido Comunista) o Eduardo Montealegre (ahora defensor a ultranza de las FARC), ya Colombia estaba entregada al crimen organizado, por mucho que los colombianos "compraran" el cuento de que por fin había verdadera democracia y progresismo (también a las pupilas de los proxenetas las intentan convencer de que su actividad es en realidad una vida de diversiones y placeres).

Los crímenes se cometen gracias al poder judicial, que tiene encarcelados a más de 15 000 militares y policías en procesos que no se conocen pero que si se estudian con atención resultan tan perversos como los que tienen en la cárcel a Plazas Vega o a Uscátegui.

Pero es mucho más: el parasitismo de los funcionarios estatales, sus privilegios increíbles, el despilfarro de recursos fabulosos en la promoción de la ideología del terrorismo y la destrucción de las perspectivas de prosperidad a punta de atropellos judiciales, son otra parte del precio. Baste recordar hasta qué punto la desigualdad creció durante la primera década de la Constitución impuesta por el M-19 y Pablo Escobar y que tan alegremente firmó Álvaro Gómez Hurtado y aplaudió Álvaro Uribe Vélez. O prestar atención a los resultados del informe PISA.

El hecho de que un maleante brutal, desvergonzado y zafio como Gustavo Petro haya sido alcalde de la capital es otra parte de ese precio: gracias al poder que les generan los asesinatos y el control del poder judicial, fuerzan a todos los demás sectores del poder a hacerse sus aliados. El precio de esa infamia en términos morales, la tranquilidad con que asesinos sin escrúpulos como León Valencia o Angelino Garzón se permiten dar clases de moral, es algo que garantiza para las futuras generaciones un destino cruel: lo lógico es que el asesinato y el secuestro sean la forma correcta de acceder a cargos de poder. No va a ocurrir que las elites surgidas de las FARC, a las que se pliegan las clases altas de lagartos con su tradicional servilismo y bajeza, sean las últimas. No tienen otra legitimidad que la que otorga el miedo y animarán a otros criminales a emularlos.

Nunca hubo ninguna “guerra”, las bandas terroristas son expresión de una conjura de las clases altas que encontraron en la cocaína (también aliadas con el cartel de Medellín y el de Cali) una forma de multiplicar los ingresos del secuestro. No representan a ningún sector social significativo, sólo la inercia de perpetuación del orden colonial.

Hoy todo se agrava y la caída del país en una tiranía como la cubana se puede dar por segura. El mismo candidato de la supuesta oposición acepta las premisas de la propaganda del crimen organizado y trata de introducir algún matiz para no pasar inadvertido.
Recuperar a Colombia de la condición en que cayó al firmar la "paz" es tan complicado como convertir a una mujer que ha ejercido ese desprestigiado oficio en una dama respetable. Lo que suele pasar es que los hijos que tiene se convierten en matones dispuestos a responder con la máxima violencia cada vez que se les recuerda el pasado de su madre.

Pero ¿es del todo una pérdida de tiempo señalar eso? A menudo lo parece. Para los budistas no hay otro sentido en la vida humana que la posibilidad de llegar a convertirse en el buda, pero la historia está llena de ejemplos de personas y naciones que sólo existen como ejemplos de indignidad y bajeza, a los que todos desprecian.

Tal vez sea ése el destino de los colombianos, tal vez nunca haya quien quiera entender que la historia de las naciones afortunadas siempre se basa en el triunfo de la ley sobre la barbarie, del honor sobre el miedo y la bajeza. Lo cierto es que la infamia multiplicada, el reino de los criminales, es hoy la opción que la inmensa mayoría aprueba. Y que pagará carísimo, porque el resultado de dar poder a quienes se han acostumbrado a prosperar matando es que sus crímenes se multipliquen, como ya ocurrió en los últimos veinticinco años gracias a la "paz".