30/9/2014

Desgaste en proceso de paz

Por Jaime Castro Ramírez

La dinámica de un proceso serio de negociación de paz, obviamente debe conllevar a obtener resultados, y sin que haya lugar a dilaciones interminables en el tiempo, pues si se incurre en maniobras tendientes a alargar la negociación, esto solo consigue un desgaste innecesario y perjudicial para la energía aplicada a dicha causa, tanto en el gobierno, como en la insurgencia (perjudica a insurgentes no negociadores), y lo más complicado es que genera la pérdida de confianza en la población respecto a la eficacia del proceso.

Negociación de paz entre el gobierno colombiano y las Farc
Las Farc todavía creen en el método anacrónico de que la violencia puede operar como medio de cambio, y la siguen ejecutando a través de actos terroristas infames, incluso atentando hasta contra ambulancias que cumplen misiones médicas para salvar a pacientes con casos complicados de salud, pero resulta que tales pacientes ya no se salvan de la tragedia que implica el terrorismo que practican las Farc. Tampoco han entendido las Farc que el 99.9% de los colombianos rechazan sus acciones violentas y que por lo tanto la historia agotó por completo su ideología fundada en la violencia contra el pueblo.

Cuando hace dos años el gobierno inició los diálogos de paz, el presidente Santos le dijo a los colombianos que la solución al conflicto era cuestión de meses, incluso fijó un plazo hasta Noviembre de 2013, pero resulta que ya va a transcurrir un año más después de ese plazo, y ahora las Farc aseguran que apenas van en la mitad del proceso, y agregan que lo que ocurre es que se han creado falsas expectativas por parte del gobierno en cuanto al estado de la negociación y el tiempo requerido para terminarla.

Estrategia de las Farc
Respecto al alargamiento del tiempo para la negociación de la paz, a los dirigentes negociadores de las Farc lo que les debe preocupar no es el qué dirán los colombianos por la falta de resultados, sino el hecho de la incomodidad que la circunstancia de la negociación a término indefinido les pueda causar a sus combatientes, con la respectiva crítica por el privilegio político de sus jefes y la comodidad con que viven en el exterior, frente a la dificultad de la guerra que ellos afrontan con la fuerza pública.

Lo anterior constituye una de las razones por las cuales los negociadores de las Farc han solicitado inteligentemente (para ellos) y en forma reiterada al gobierno la estrategia de un ‘cese de hostilidades bilateral’, pues esta figura les garantizará dos cosas, por un lado, esa tranquilidad ante la crítica de sus subalternos, pero a la vez les da la largueza necesaria para mover los negocios de narcotráfico y de armas sin que la autoridad les ejerza ningún control, pues para el ejército de la república es fácilmente verificable el cese de hostilidades porque se concentrará en los cuarteles, pero las Farc quedarían sin quien les controle la posibilidad de ejercer ese tipo de actividades.

Las Farc tampoco parecen haberse dado cuenta de que una negociación prolongada eventualmente puede fracasar y dejarlos fuera del cambio histórico del cual tienen ahora quizás su última oportunidad, y dejarlos entonces expuestos a la derrota por partida doble: política y militar. Pero además, parece que no han entendido que también corren el riesgo de que esa prolongada negociación les pueda generar deserciones masivas de sus miembros combatientes.

El presidente Santos como primer responsable por parte del Estado en la negociación de paz, después del primer plazo que puso para la terminación del proceso y que resultó fallido, ahora parece haber perdido la autoridad para exigir que el ritmo de la negociación tiene que tener un plazo determinado, y no permitir que se convierta en un pulso indefinido por la magnitud de las exigencias que las Farc le hacen, las cuales le exigen cumplirlas, quizás como reciprocidad política por el apoyo electoral que ellos le dieron para su reelección. ¡Los colombianos observamos con preocupación esta compleja situación!

24/9/2014

Las marrullerías del Centro Democrático

Por @Ruiz_senior

El diccionario define "marrullería" como "astucia tramposa o de mala intención". Es la definición que corresponde a la actuación del Centro Democrático respecto a la negociación de La Habana. La apoyan pero hacen creer que la rechazan para mantener la lealtad de los votantes distraídos, a los que el contenido de las actuaciones de los políticas les resulta tan oscuro como cualquier disquisición teológica. No porque no pudieran entenderlo sino porque se lo ocultan con falacias.

Un ejemplo de que la apoyan, aparte de las decenas de ejemplos que he puesto en este blog, es esta frase de Uribe que forma parte de una constancia que dejó en el Senado el 22 de julio: "dada la evolución de las circunstancias del país, el Gobierno y las Farc deberían acelerar, firmar a la mayor brevedad su acuerdo de paz y someterlo a consideración de la opinión pública". Dos días antes, en el discurso del 20 de julio, expresó la misma idea de apoyo sobreentendido a la negociación.

Porque si el problema es que se retrase el acuerdo, queda claro que el hecho de que se esté negociando no merece repulsa, como si el que presencia un crimen exige que no le manchen de sangre los muebles. Más elocuente todavía es esta constancia del senador José Obdulio Gaviria sobre la respuesta de las FARC a la propuesta de Uribe resumida en la frase anterior:
Solicitamos que el Gobierno nacional tome nota de las belicosa respuesta de las Farc -de palabra y de obra-, a la proposición del senador Uribe. Pedimos que el presidente Santos instruya a los delegados gubernamentales en La Habana para que notifiquen a las Farc que esas afirmaciones son inaceptables y van en contravía de la búsqueda de un acuerdo para la desmovilización y reinserción de sus miembros. Y si ese no es el propósito de las Farc, pedimos al Gobierno nacional obrar como lo ordena la Constitución y la Ley
La mala fe es evidente en el  hecho de que se hace pensar a la gente que están desaprobando la negociación, cuando de hecho la reconocen y alientan: ¿alguien dudará de la buena fe de Mora, Naranjo y De la Calle? Sólo hace falta que Santos les diga que les reprochen a las FARC sus feos modales y así la paz seguirá y traerá consuelo al país.

Más indecente, patético, es esto que declara el representante Santiago Valencia:
Solicitamos al Gobierno y a la Cancillería, así como a las autoridades migratorias, que se le informe a la opinión pública nacional la situación migratoria de Tanja Nijmeijer, y en caso de que no se ajuste a la ley, sea excluida de manera inmediata de la mesa de negociaciones y el proceso de paz que se adelanta en Cuba.
Luego, se tolera que unos asesinos impongan leyes y dirijan sus crímenes desde el exterior y se reconoce la infamia de premiarlos, pero se crea un problema porque falta el papel sellado en el trámite de uno de sus representantes. Mientras no se entienda que la moral es estética, que esa ruindad es tan atroz como un crimen, no se sabrá nada de Colombia.

Para ser oposición al régimen terrorista hay que partir de que la negociación es un crimen, que no se pueden imponer mentiras sobre el origen de las bandas terroristas ni sobre la responsabilidad de los crímenes. Y ciertamente señalar que al ser una violación de la  ley y una actuación abiertamente cómplice con el genocidio, no se debe acatar por mucho que fuera refrendada por la población. ¿O no lo han sido todas las leyes que les ha dado la gana a los comunistas y los nazis imponer?

Millones de colombianos se oponen a esa infamia y no tienen voz  porque los engañan los políticos del Centro Democrático y porque no disponen de información suficiente para darse cuenta de lo que ocurre. Las continuas denuncias de Uribe en su cuenta de Twitter y el lloriqueo generalizado por la situación hacen pensar que el uribismo rechaza la negociación, pero en la realidad sólo buscan ocupar un puesto en la mesa, como he explicado muchas veces.

Un ejemplo de que se hace creer tal cosa es esta noticia aparecida en el diario español ABC:
La mitad de los electores votó por lo que proponía su rival, el candidato uribista Óscar Iván Zuluaga, quien prometió romper con el proceso de paz en Cuba.
Se podrá decir que la redactora se confundió y publicó algo falso, pero lo que la indujo a error fueron las opiniones de muchas personas a las que leía en las redes sociales y que mostraban apoyo por Uribe. Tanto él como Zuluaga como todos los dirigentes del Centro Democrático han mostrado apoyo a la negociación (exactamente Uribe se oponía a que se propusiera romperlos) y sólo le han puesto objeciones en los momentos en que eso les prometía algún rédito electoral.

Hay que hacer frente a la realidad: la negociación podrá servir para elegir a un sucesor conveniente de Santos, pero en algún momento la firman y la refrendan. En ese momento empezará el esfuerzo para restaurar la democracia, que deberá partir de deshacer lo que impusieron los criminales en 1991. Para esa tarea el uribismo es un obstáculo. Como ya expliqué en otro post, las tareas que tienen por delante los demócratas deben ir más allá de la búsqueda de votos para asegurar rentas a los profesionales de la política. Alguien debería pensar en denunciar formalmente al fiscal por sus innumerables delitos, y en llevar a la CPI un proceso contra el Partido Comunista y sus aliados por genocidio. También dejarle claro a todo el mundo que se trata de un concierto para delinquir, lavar activos y legitimar a una organización criminal. Eso, como ya lo he explicado cientos de veces, NUNCA lo hará el uribismo (dedicado a proteger al asesino Sigifredo López, cuya culpabilidad está demostrada por pruebas forenses irrefutables).

Pero siendo sincero harán falta unas cuantas décadas de régimen fariano, al que los uribistas se acomodarán si va con el correspondiente papel sellado, para que alguien conciba hacer algo.

23/9/2014

Soy capaz de razonar

Por Jaime Castro Ramírez

Algo que hace parte fundamental de la naturaleza humana es su capacidad innata de raciocinio. Esto significa que no se debe abusar de la gente adoctrinándola o lavándole el cerebro para hacerle creer quizás lo inconsecuente con su razonable voluntad natural para actuar y decidir su propio destino.

Consigna convertida en eslogan publicitario: ‘SOY CAPAZ’
En política una consigna suele ser una orden que se da a los afiliados o seguidores de un partido para que acaten determinado eslogan que termina convirtiéndose en una especie de hipnosis de multitud, para crear un estado mental de disciplina direccionado hacia el cumplimiento de tal o cual acción, que convierte a las personas en obsecuentes incondicionales de esa causa.

El gobierno de Santos politizó la expresión ‘soy capaz’ para tratar de ambientar a los colombianos en el tema de lo que él ha llamado ‘paz’, y hay que decirlo así porque lo que hasta ahora se conoce como significado de la paz para Colombia es exactamente lo contrario a la paz: Impunidad total, no entrega de las armas, no a la desmovilización de terroristas ni pedirle perdón a Colombia por parte de éstos, y por lo tanto no habrá ni verdad ni justicia ni reparación por parte de los victimarios.

Se trata entonces de ambientar este turbio escenario para que cuando llegue el momento de que el presidente Santos firme ‘esa paz’ (que no es paz), el país esté adoctrinado a aceptar lo que sea, con el nombre de paz. Aquí no importará el “SOY CAPAZ” de que por ese camino quizás lleve al país hacia el modelo oprobioso de otra Venezuela, que es justamente la gran duda que existe en Colombia.

Es sorprendente que hayan personalidades que se prestan para contribuir a campañas de este estilo, que bien podrían calificarse de campañas engañosas porque contribuyen a hacer incurrir en error a la gente. Para citar un solo ejemplo, apareció en la televisión el señor Cardenal de Colombia, Rubén Salazar Gómez, aplicando el eslogan ‘soy capaz de ponerme en los zapatos de los demás’, para lo cual utilizó un sofisma contradictorio al pensamiento razonado, que consistió en ponerse unas botas de caucho pantaneras de las que usan las Farc… Al jerarca de la iglesia esta impostura no le luce ante sus fieles, ni mucho menos le queda bien a su excelencia semejante audacia.

La paz justa será bienvenida, paz de equilibrio social, es decir, sin ventajas para los enemigos de la democracia frente a la estabilidad del Estado de derecho. A la sociedad colombiana no se le puede enajenar su derecho propio a ser capaz de razonar en esta instancia definitiva para el porvenir de la República.

Hablando de paz, los verdaderos destinatarios del SOY CAPAZ debieron ser las Farc, sin embargo, Santos decidió aplicar esta consigna a los ciudadanos que hacen patria con su correcto proceder. En tal sentido, podríamos asignarle un significado:

Santos con la paz
Obtiene fortalecer su ego,
Y las Farc, ¿de qué son capaces?
Con su arrogancia manifiesta
A las Farc todo les resbala
Pedir perdón a Colombia
A nadie de ellos se le ocurre
Zares del cinismo, en lo cual transcurren.

10/9/2014

Revolución y nombres

Por @Ruiz_senior

Se me ocurrió promover en Twitter el lema #PónganleUnNombreDePersona y el asunto no interesó a nadie. Es un indicador de la actitud de los colombianos ante ese fenómeno curioso de los nombres absurdos. Se podría decir que cuanto más absurdos son los nombres que la gente humilde les pone a sus hijos mejor se cotiza el que fue bendecido por unos padres muy informados que le pusieron Tadeo o Tobías: en el infierno de servilismo y enanismo moral que es Colombia, ese privilegio sacia muchas vanidades.

El caso es que los colombianos más amados por sus compatriotas se llaman Radamel Falcao, Nairo y James. Los dos primeros son meras adiciones de sílabas con alguna sonoridad que recuerda un nombre, el tercero es la versión inglesa de las traducciones del hebreo Jacob (o Yákob) que en español dan Jaime, Diego, Santiago, Yago y Jacobo. Al alejarse de la pronunciación inglesa, simplemente es otra suma de sílabas, que se escribe igual que "yeims".

En los demás países la gente oye esos nombres con una mezcla de lástima y risa. Mientras que prácticamente todos los colombianos valoran más que nada los éxitos de sus héroes, no parece haber ninguno que se quiera dar cuenta de que cuanto más suenen esos nombres más lamentables y dignos de pesar resultan todos los colombianos.

¿Quién ha dicho que los nombres pueden ser simples sumas de sílabas? No sólo los nombres propios sino todas las palabras tienen un origen y se usan por convención. Si alguien en cualquier parte empieza a llamar a una cosa o a una acción con un término caprichoso todo el mundo lo mira como si se hubiera vuelto loco o como si usara un término de otra lengua. Sólo en el terreno de las marcas comerciales es posible buscar términos vacíos pero eufónicos para nombrar algo, pero ése no es el lenguaje común.

Lo que merece atención es que eso no ocurre ni ha ocurrido fuera de Iberoamérica. Según el predominio de un grupo cultural o de una religión se usan los nombres que corresponden, pero esos nombres no son ocurrencias sino que en su origen significaron algo y después iban ligados a la fama de quienes los usaban. 

¿Qué significa pues ese salto en la tradición que lleva a disociar el nombre de los nuevos iberoamericanos de las tradiciones? ¿Qué significa espiritualmente esa disposición de la gente a inventarse nombres a partir de sumas de sílabas? Es algo en lo que a nadie le interesa pensar: los colombianos que ponen esos nombres a sus hijos no son muy propensos a dar explicaciones y los demás están felices de mirar con condescendencia a gente que no ha tenido la suerte de disfrutar de una buena educación.

En el plano más superficial se podría encontrar que esa disposición corresponde al anhelo de estar a la moda, de borrar el rastro de las generaciones anteriores, a las que se menosprecia por su rusticidad y pobreza, de parecer estadounidenses o de ser "originales", pero ¿cómo es que eso no ocurre ni ha ocurrido en el resto del mundo?

Cuando los niños no reciben nombres de personas sino adiciones de sílabas no sólo crecen desarraigados de sus antepasados miserables sino también de la humanización, que es en esencia un proceso inverso a esa rebelión: es el continuo perfeccionamiento de las formas de vida a partir de la asimilación de las costumbres y estilos de una minoría adelantada. ¿O habrá quien crea que todo el mundo empezó a hablar o a escribir al mismo tiempo?

Y ese fenómeno es contemporáneo a la fiebre revolucionaria que comenzó con el triunfo de Fidel Castro en Cuba en 1959: no existe una interpretación reconocida del origen de esa rebelión. En mi opinión, como ya lo expliqué en un post reciente, se trata de la resistencia del orden jerárquico de castas tradicional a la asimilación al modelo estadounidense: para atraer a la tropa se la imbuye de una ideología según la cual las dificultades o la miseria son resultado de una conjura de los ricos y poderosos. En buena medida el discurso ya había sido usado por los sacerdotes católicos, que a fin de cuenta son la reserva espiritual del viejo orden.

La proliferación de la delincuencia y el tráfico de drogas en Hispanoamérica es un fruto típico de esa ideología, cuyo exponente más característico es Antonio Caballero (la industria misma de la cocaína tiene también su centro en el régimen cubano). Si una persona padece carencias, eso es culpa de las demás y se justifica que las robe. ¿No fallaron antes los inventores del automóvil en proveerle a uno el que merecería tener? ¿Por qué va uno a responderle amablemente a un mundo que prefiere a otros?

Ese sentimiento de agravio es casi la principal seña de identidad del iberoamericano y algo que me ha llamado la atención hace mucho tiempo: ¿cómo es que no están descontentos de sí mismos? No cabe duda de que detrás está la omnipresente superstición creacionista, que de por sí impide entender el proceso de humanización: nadie parece darse cuenta de que los iberoamericanos no han inventado nada ni aportan nada a la comunidad humana, como no sean crímenes y atrocidades morales y estéticas.

Bueno: del agravio surge la rebelión y ese estado de ánimo en el que nada se considera respetable, ni las propiedades ajenas ni las nalgas de las muchachas que pasan ni las normas de urbanidad. Tampoco los nombres de las personas: a cada uno le parece que su capricho debe ser ley y lo único que tolera es la violencia que lo puede afectar.

De ese modo, un régimen como el cubano imbuye en sus ciudadanos la sumisión absoluta (so pena de ir a dar a un campo de concentración), pero fuera de aquello que está reglamentado y afecta al interés de la casta dominante, reina un desorden tremendo por la falta de modelos y normas con los que la gente se identifique. Sin duda que la revolución multiplicó el alcoholismo (como ya ocurrió antes en Rusia), pero también los incestos y los abusos de todo tipo en ámbitos íntimos.

También en los nombres: puede que el uso de nombres "originales" fuera incluso estimulado como parte del "ateísmo" oficial, el caso es que desde los años sesenta millones de cubanos empezaron a tener nombres como Yohandry, Yusnaby, etc. Fue donde primero ocurrió eso que después se convirtió en norma en la región, más cuanto más esté cerca un país del molde colonial (Cuba se independizó en 1898) y por tanto lejos de la asimilación al mundo moderno (seguro que es más raro en México).

La tragedia que eso significa para los hispanoamericanos es incomunicable, más aún para los colombianos, que no entienden que quien contrata a un sicario es el asesino y que quienes llaman "paz" al reconocimiento de los crímenes sólo los legitiman y alientan. Dentro de cada país esa "moda" contribuye a mantener la jerarquía, en el plano íntimo, la persona que tiene un nombre absurdo vive avergonzada de sí misma, salvo que su nivel cultural sea tan bajo que no se dé cuenta, pero en todos los casos su existencia resulta menos humana, pues ese adjetivo no sirve para aludir a una especie sino al proceso de humanización.

9/9/2014

Diferente idioma de paz

Por Jaime Castro Ramírez

Lo primero que tiene que crearse alrededor de un proceso de paz es la confianza ciudadana para lograr su apoyo que es factor indispensable para el buen suceso del mismo. Respecto al proceso de paz que el gobierno de Colombia adelanta actualmente con las FARC, infortunadamente adolece de ese grado de confianza porque el presidente Santos le habla al pueblo de la paz en unas condiciones consideradas por las FARC como ‘ficción’ (“que la paz está de un cacho”, “que la paz está en la recta final”); pues según ese grupo armado, el gobierno crea “falsas expectativas” con anuncios que no corresponden a la realidad del estado de la negociación. Esto es una circunstancia de grave connotación porque significa que el gobierno Santos engaña al pueblo sobre lo que realmente ocurre con el tema de la paz. Y quién lo creyera, que entonces sean las FARC quienes salen a decirles a los colombianos lo que realmente ocurre en la negociación de la Habana.

La realidad de las negociaciones de paz
Según las FARC, en los diálogos de paz está en juego la organización política y económica del país, al igual que la transformación de las fuerzas militares, y en un comunicado del 1 de septiembre de 2014, recuerdan que el numeral 5 del punto 3 de la agenda de la Habana (firmada y aceptada por el gobierno), referido al fin del conflicto, expresa que “El gobierno nacional revisará y hará las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz”, pues afirman que son asuntos esenciales que están pendientes de definir; sin embargo, Santos niega que estos puntos sean negociables. Pero además, en el mencionado comunicado del 1 de Septiembre, las FARC dicen: “Conceptos como transición, desmovilización y entrega de armas, no existen ni en la gramática del acuerdo de la Habana, ni mucho menos en el lenguaje de la guerrilla”.

Lo menos sensato posible que se podría concebir en un desprevenido análisis sobre la negociación de paz, consiste en que no se puede aceptar que no haya desmovilización y ‘entrega’ de las armas (sin utilizar el sofisma fariano de ‘dejación’ de armas). Sorprenden semejantes diferencias de criterio en el idioma que manejan las partes para darle identidad al estado de la negociación, y por consiguiente se concluye, que según las FARC, es mucha la distancia que existe para lograr dicha paz.

Consecuencias del apoyo político electoral reeleccionista
La prudencia política debió aconsejar no aceptar por ningún motivo el apoyo electoral de las FARC a la reelección del presidente Santos, pues el hecho de que él lo haya aceptado tácitamente al no hacer público pronunciamiento de rechazo, esta circunstancia conlleva a que el grupo subversivo ahora le cobre por ventanilla al presidente tal apoyo, y lo hace exigiéndole en la negociación de paz todas las concesiones que a ellos les parezca, lo cual obviamente va en contra de los intereses legítimos del Estado colombiano.

Esto tiene mucho parecido a lo que coloquialmente se le llama ‘venderle el alma al diablo’, de lo cual por obvias razones no se puede esperar nada bueno, pues el resultado es incurrir en aquello otro que dice: “cría cuervos y te sacarán los ojos. Pero además es vergonzoso y condenable que un candidato presidencial, en este caso ‘presidente candidato’, no hubiera encontrado objeción a que un grupo delincuencial terrorista apoyara electoralmente su candidatura, pues en los departamentos de más influencia de las FARC la ‘votación obligada’ a favor de Santos estuvo alrededor del 80%.

La ilógica política incluso diría que las FARC tendrían razón en cobrar esa cuenta electoral, sólo que las perversas consecuencias no van en contra del beneficiario del resultado en las urnas, sino que van en contra de la aspiración de los colombianos en tener una paz justa.

4/9/2014

La traición de Uribe


Por @ruiz_senior

Alguien tendrá que ocuparse alguna vez de escribir la historia colombiana reciente y de emitir juicios de valor autorizados sobre lo que significaron los dos gobiernos de Uribe. Al menos podríamos empezar a pensar en eso. Voy a intentarlo con mis escasísimos recursos.

Uribe antes de 2002
Era un funcionario eficientísimo que había sido alcalde de Medellín a los treinta años. Formó parte del Poder Popular de Ernesto Samper y se desempeñó como senador de éxito en el régimen que siguió a la Constitución de 1991. Fue elegido gobernador de Antioquia con los votos de la maquinaria liberal y de los leales a Samper y a Gaviria. En la gobernación se hizo famoso por defender las Convivir, lo que le abrió el camino a la presidencia como líder de los comprometidos con hacer frente a las guerrillas comunistas. Así ganó en 2002 al cohesionar a todos los grupos de interés conservadores y anticomunistas y encarnar el rechazo ciudadano al terrorismo.

La Colombia del Caguán
Pastrana tenía que ganar porque Colombia no podía refrendar el elefante. Pero para asegurarse el éxito descubrió las bondades de la paz y se la vendió a los colombianos. El resultado fue un fortalecimiento del terrorismo que Pastrana remedió aumentando la eficiencia militar. Pero los colombianos estaban indignados y asustados y pedían mano dura: que se aplicara la ley y se llevara a los asesinos ante un tribunal. Era lo contrario de lo que habían aceptado al apoyar la paz del Caguán, pero ya no se ilusionaban. Clamaban por seguridad.

El primer gobierno de Uribe
En esos años Colombia cambió: se preveían tasas de crecimiento del PIB que nadie había imaginado en 2002 y el crimen retrocedía, al tiempo que se respetaba la libertad de prensa y las decisiones judiciales. Cuando se preste atención a las cifras reales, no se verá un periodo de mejora de la vida colombiana comparable a los años de Uribe. La cuestión es que el precio de la primera reelección fue la entrega de las llaves del poder a Santos. El eficientísimo funcionario no es un gran creador de realidades políticas y se deja tentar del caudillismo, tan práctico. Después ocurrió que el precio de venderle el alma al diablo para conservar la juventud es perderla. Todos los congresistas que fueron elegidos como uribistas se volvieron antiuribistas, a veces a regañadientes, en unas semanas de 2010. Ese colapso moral convirtió en nada lo logrado en ocho años de gobierno: todo estaba en manos del enemigo.

El sucesor de Uribe
Imaginémonos un presidente distinto a Uribe elegido en 2006 por los uribistas. ¿Qué habría ocurrido después? La elección del candidato por la componenda con la vieja política es el acto de traición de Uribe a la gente que lo seguía. Fue necesaria esa componenda para aprobar la reforma constitucional en 2005 y para ganar las elecciones. Si hubieran pensado en un partido hostil a los de Piedad Córdoba y Álvaro Leyva, ya no habría FARC ni oligarquía totalitaria en el poder. Ese partido de las ideas de Uribe habría asegurado progreso y bienestar a las grandes mayorías. Pero el precio de cambiar la Constitución para que permitiera la reelección fue dar poder a todos los politiqueros.

El estilo de Fujimori
El caudillismo tiene un precio, que es reforzar simplezas y fanatismos que pueden usarse para otra cosa. Un presidente que está todos los días en la televisión se vuelve alguien admirable para muchos que lo ven, y más cuando se ven resultados. Pero en la base del Estado seguían las mafias regionales y las mafias ligadas a Gaviria y a Vargas y a Santos y a Samper y a los López. Uribe quiso gobernar aliado con ellas y se encontró ante una sinsalida: de algún modo se había comprometido con Santos, que promovía su causa con la página sinoesuribeesjuanmanuelsantos.com. Santos se quedó con el poder, con el país. Sin resistencia. ¿Cómo es que no lo vieron? El caudillo estaba demasiado distraído con su sueño de figurar al lado de Porfirio Díaz. Sus asesores eran un grupo de intelectuales maoístas y algún ultraconservador. Estaban seguros de que el mundo se tragaría la patochada del "Estado de opinión", como Fujimori con sus reformas ingeniosas.

A la defensiva
Después de 2010 la conducta de Uribe es cautelosa frente al poder institucional, como protegiéndose con sonrisas de la persecución. Un demócrata desautorizaría ese poder, y hay muchas formas de mostrarle al mundo que opera como una organización criminal. Lo que no hay es nivel para emprender esa tarea, la más necesaria. Algo como la actuación del fiscal en el caso de Sigifredo López daría para mostrarlo al mundo como un criminal, y lo que hace Uribe, seguido por sus cohortes de ambiciosos, es tapar. La negociación de La Habana habría sido vista como un crimen por la mayoría de los colombianos si Uribe la hubiera desautorizado como alianza con el régimen que promueve y dirige a los terroristas. Eso tampoco pasó. Nada de eso pasará. Los caciques políticos están hechos para una multitud que obedece y busca resultados prácticos, no a responder por principios o programas.

El uribismo futuro
Hay personas que piensan que la negociación de La Habana debe cesar inmediatamente y que se debe pedir la extradición de todos los jefes terroristas. Esas personas se consideran por lo general uribistas, pero no piensan como Uribe y los líderes de su bando. Ellos están a favor de esa negociación y quieren mejorarla con su aporte. Lean a Marta Lucía Ramírez en Twitter. Lean a Rafael Guarín o a Luis Carlos Restrepo. O busquen casos en que Uribe los contradiga. A esos ciudadanos honrados que quieren que reine la ley Uribe los traiciona para acomodarse a la componenda. Fue lo que hizo en 2005: darle el país a Santos. No tenía un proyecto, no lo tiene ahora, ni lo tienen sus seguidores.

2/9/2014

La indignidad militar

Por Jaime Castro Ramírez

Cada país tiene su fuerza militar del Estado como institución encargada de la misión esencial de defender la soberanía nacional, defender la democracia, y por supuesto defender la vida de los ciudadanos a través de proporcionar la seguridad dentro del territorio. Esta enaltecedora misión se convierte en el sagrado lema de ‘honor militar’ para quienes conforman esa importante institución de defensa de los intereses del Estado y de la sociedad.

Cada militar jura ante Dios y ante la patria cumplir ese trascendental compromiso que adquiere, el cual es único por definición de la ley y de la Constitución de la república, y por lo tanto es inigualable, es decir, que de ninguna manera se puede asimilar, ni mucho menos igualarlo con ninguna otra instancia armada fuera de la ley, pues esto constituye un verdadero despropósito contra la ley, contra lo que simboliza el uniforme del ejército de la patria, y contra la sociedad que defiende a su fuerza pública.

Militares enviados a Cuba por mandato del presidente de la república
Por naturaleza, todas las cosas o acciones tienen su límite hasta donde es permitido actuar, es decir, sin llegar a la instancia de asumir conductas que alteren la legalidad y las costumbres que son reglas de organización jurídica y social, las cuales hacen parte de la cotidianidad y del desarrollo de la convivencia de los pueblos. Una cosa es tener poder, y otra cosa muy diferente es ejercerlo sin sobrepasar la línea permitida, pues es ahí donde se configura el llamado abuso de esa condición de tener poder, lo cual suele ser traumático para las instituciones.

El presidente Santos les ordenó a unos militares activos de las diferentes fuerzas que conformaran una comisión, encabezada nada menos que por el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, el general Javier Flórez, para que viajaran a la Habana a un encuentro con los terroristas con quienes se negocia un proceso de paz. El primer efecto de esta reunión dio origen a una frase indignante para la institución militar, pues alias ‘Iván Márquez’, refiriéndose a ese encuentro, dijo: “Fuerzas armadas de las partes en igualdad de condiciones”. En ‘igualdad de condiciones’, primero que todo es una afrenta al honor militar, y luego a la insignia de los militares de la república que es su uniforme, pues no les permitieron usarlo para esa ocasión y por consiguiente les exigieron presentarse de civiles, propiciando así el momento para ‘igualar’ a los héroes de la patria y de la libertad, con los victimarios de los colombianos.

Además, hay que observar que por mandato constitucional las fuerzas armadas no son deliberantes, y más aún cuando el proceso de paz es específicamente una negociación política, campo donde les está expresamente prohibido a los militares siquiera opinar.

Los militares asistentes a ese indigno encuentro tendrán la original y auténtica disculpa de decir que fueron obligados, pero resulta que hacer valer el honor está en la categoría de la conciencia de cada militar, es decir, que allí debería haber existido la llamada ‘objeción de conciencia’. Sin embargo, el general Flórez, jefe de esa misión claudicante, llamada así por militares de la reserva o en uso de buen retiro, parece convencido de su ‘obligada’ audacia, pues ahora, en el tema de la negociación de la paz, acepta que lo nombren jefe de lo que llamaron “Comando de Transición”.

La acepción etimológica del término ‘transición’, equivale a cambiar el estado de algo, de tal manera que aquí puede venir empaquetado el cambio de la estructura institucional y del tamaño de la fuerza pública de que se ha venido hablando de tiempo atrás (por solicitud hecha por las FARC), cambio que ha sido negado por el mismo presidente Santos. ¿Esta vez se podrá creer en la palabra presidencial, o la palabra presidencial estará supeditada a las exigencias de las FARC? ¿El general Flórez habrá obtenido el consenso de sus colegas, o incluso de los militares en retiro (pronto él mismo será un retirado), para asumir el cargo de jefe del Comando de Transición, con la trascendencia que tal misión pueda tener?

Mientras tanto pareciera una osadía mayor atenerse a aquello de que amanecerá y veremos.

28/8/2014

La comisión histórica

Por @Ruiz_senior

Las FARC expresan a Colombia

Tal vez la principal ventaja de los comunistas colombianos es el hecho de que se los ve como una "ideología foránea" (así se decía antes) y en general se cree que el destino del país sería otro de no haber sufrido esa intromisión. Asoma ahí la vieja superstición creacionista que permite olvidar los caminos por los que se llegó al presente. ¿Qué era Colombia antes de las guerrillas y qué sería sin ellas? Es lo mismo que preguntar, ¿de dónde salen las guerrillas?, y en últimas ¿qué son?

El surgimiento de las bandas armadas comunistas en los años cuarenta tiene que ver con los planes de la Komintern, cuyos jefes veían en países cubiertos de selva y montañas una posibilidad de reproducir la experiencia de los comunistas chinos. También tendrían en cuenta el escaso futuro que tendría el comunismo clásico europeo en un país cuya industria manufacturera era ínfima y que aún tenía mayoría de población rural. Pero al final todo eso se redujo a mínimos y durante el Frente Nacional (1958-1974) las guerrillas comunistas las formaban unos cuantos cientos de personas. El comunismo, al que en la jerga falaz del país se conoce como "la izquierda", era una cosa de la universidad, en la que se había hecho hegemónico a partir de la Revolución cubana. ¿Por qué querían los universitarios acabar con el sistema democrático e implantar un régimen como el cubano? Es lo mismo que preguntar, ¿por qué los jóvenes de las clases altas cubanas siguieron a Fidel Castro y apoyaron su régimen? ¿Podía tanto la seducción de una ideología extraña o había intereses claros que defender?

Lo que mejor explica el origen de ese anticapitalismo de la elite social (¿qué proporción de los jóvenes iría a la universidad en Colombia en 1970? Mayoritariamente, claro está, eran los más ricos) es el propio Manifiesto comunista: queda claro que no se trata de un anhelo de superar un régimen de predominio de la burguesía, clase que prácticamente no existía, sino de impedir que surgiera. Voy a citar unas cuantas frases del libro de Marx y Engels:
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía. 
[...]

El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.

[...]
 
En la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.

[...]

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.

Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas.
 
La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.

[...]
 
La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre.

[...]
 
Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.
Octavio Paz definía a los hispanoamericanos como hijos de la Contrarreforma, la cual fue un intento de volver a la Edad Media para proteger las jerarquías heredadas. Todo el anticapitalismo de los ricos es resistencia al proceso globalizador: para que se pueda seguir teniendo poder sin producir nada, para que la empleada doméstica siga sujeta, para que el mando y el prestigio no estén amenazados por el plebeyo productivo que puede acumular más dinero.

La evolución posterior ha sido clara a ese respecto: el comunismo es el bando de los empleados estatales, particularmente de los jueces y maestros, particularmente de los que obtienen rentas de la universidad, que son una elite social marcadísima en Colombia. Si se mira la historia de la "izquierda" siempre asoman en su liderazgo personas de familias presidenciales, tanto en el grupo que acompañó a Camilo Torres al crear la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional como en el que después creó Alternativa, que es el que domina hoy en los medios bogotanos. También eran patricios los comunistas de los años treinta, con el poeta Luis Vidales a la cabeza, y los jesuitas que formaron un grupo ("Golconda") para promover la Teología de la Liberación en los sesenta y que ahora dominan la Universidad Javeriana. Sencillamente, las guerrillas son la apuesta de los herederos del poder, hace falta mucha mala fe para negarlo. El secuestro es una forma eficaz de controlar a la burguesía mientras que las FARC en la selva continúan con las tradiciones: esclavitud total de los peones de los cultivos de coca y la minería ilegal y pompa grotesca de sus jefes en las altas cortes.

La Constitución de 1991 mostró para qué sirve la revolución: el aumento de la desigualdad que se registró en la década siguiente consistió simplemente en las rentas de las clientelas de las bandas de asesinos comunistas. Las mismas que ahora forcejean por la paz para asegurarse el control total e improductivo de la copiosa renta que generan los altos precios de las materias primas. No es raro que la inefable Claudia López proclame que la paz requiere un aumento de la tributación ni que se anuncie que habrá que invertir 20 billones (que sin la menor duda servirán para que los terroristas premien copiosamente a sus clientelas).

Revolución Ltda
Conviene prestar atención a la forma en que se reproduce el planteamiento comunista a partir del esfuerzo de preservación de la jerarquía social y de las rentas seguras de los grupos parasitarios. A partir de los grupos de las clases más altas se crean determinadas doctrinas que encuentran prosélitos en las universidades. Del grupo ligado a López Michelsen y el PCC en los años cincuenta surge la Juco que reclutó a la mayoría de los cuadros importantes de las FARC. De una facción del MRL que confluyó con el grupo de Camilo Torrres surgen las bases del ELN. Del grupo de Alternativa surge el M-19. Otras variantes de doctrinas comunistas fueron absorbidas e incluso exterminadas, como los maoístas del EPL.

La labor revolucionaria se convierte en el objetivo de la universidad y así el proyecto comunista se vuelve como una empresa: los inversores captan personas con talento a las que les ofrecen sueldos fabulosos por dirigir la tarea de legitimación y reclutamiento mientras que la intimidación violenta es la mercancía que se produce, bien en forma de pedreas en las calles, que es lo que van a aprender los jóvenes, bien en forma de crímenes atroces en las regiones más pobres y atrasadas.

En Colombia en el último medio siglo ha prosperado una clase media cuya verdadera profesión es la protesta y la recitación de la propaganda comunista. Pero eso ocurre sólo porque las bases del país son ésas y simplemente se reproduce el parasitismo de las generaciones anteriores. Lo interesante es la estructura de la empresa criminal: los miembros de la alta dirección del Partido Comunista y de las demás bandas son profesores universitarios, y entre éstos destacan los que pueden lucirse como proveedores de falacias legitimadoras. Comparando la revolución con una empresa industrial se podría decir que los miembros del Secretariado de las FARC son como los capataces de la planta de producción mientras que los profesores son como los gerentes de ventas y los representantes legales.

El contenido de la paz
Todos los gobiernos colombianos desde López Michelsen han intentado negociar con las bandas terroristas, por eso hay muy poca disposición de los políticos a resistirse a llamar "paz" a esas negociaciones, que son el único objetivo de los crímenes, toda vez que un triunfo militar de las bandas de asesinos sería inconcebible. Sencillamente, los gobernantes se prestan a la componenda porque conviene a sus cálculos particulares y no hay ningún actor político o sociológico que tenga interés en defender la democracia. Ni entienden ni les importa que al hablar de "paz" se rinde el Estado porque la violación de la ley no es una guerra: cuando se rinde, el Estado se vuelve sólo un apéndice del poder coherente: la organización criminal.

El de Santos es sólo el gobierno que ha ido más lejos en esa tarea legitimadora, y siendo consecuente con el reconocimiento tácito a la legitimidad de los crímenes que hay en esa palabra paz, puso el Estado al servicio del crimen. De ahí viene la actuación inverosímil del fiscal y los acuerdos anunciados en La Habana, en los que se admite que los terroristas se levantaron en armas por deficiencias del Estado.

El nombramiento de una Comisión Histórica corresponde a esa adhesión total del gobierno a la causa terrorista: se trata de proveerle fortunas y opciones de poder a los ideólogos del terrorismo, a la vez que de legitimar todos los crímenes.

En el portal La Silla Vacía publicaron breves biografías de los miembros de dicha comisión:
Jairo Hernando Estrada: El profesor de ciencia política de la Nacional, que dirige el seminario "Marx Vive" y ha escrito artículos como "Colombia - Capitalismo criminal y organización mafiosa de la sociedad" o, más recientemente "Diálogos de la Habana y la pertinencia de una Asamblea Nacional Constituyente", es la personificación de la izquierda dura en la Comisión. Sus artículos son retomados por páginas como Anncol o Rebelión.org. Desde una lectura marxista, para él el conflicto se debe a la implantación de un modelo capitalista y neoliberal extractivista. Como explicó el año pasado en la presentación del libro "Solución política y proceso de paz en Colombia", editado por él, lo que hay en Colombia es "una renovada dinámica de la lucha, organización y resistencia de las clases subalternas y, en general, del movimiento político, social y popular colombiano, contra la acumulación transnacional del capitalismo neoliberal y el oprobioso régimen político, con rasgos autoritarios, criminales y mafiosos, impuesto por la clases dominantes durante las últimas décadas."
Ya se pueden figurar qué versión de la historia va a dar.
Renán Vega: Historiador y economista de izquierda, es profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional e investigador en temas de educación y de las luchas populares de Colombia. Fue a uno de los intelecutuales a los que el ELN les dirigió una carta en la que hablaban de su interes en participar de los diálogos de paz. Ha escrito varios libros sobre historia de la ciencia y la educación, pero también artículos como "lumpenburguesía y capitalismo gansteril en Colombia". Tuvo que salir exiliado del país en 2012 cuando recibió amenazas. Seguramente señalará la relación entre el conflicto y las luchas populares, y retomará la teoría de las causas objetivas del conflicto y la existencia de un terrorismo de Estado, que reiteró recientemente en su carta de respuesta al ELN.
Además fue premiado por el régimen venezolano y reivindica abiertamente los crímenes de las FARC y el ELN.
El padre Jesuita Javier Giraldo, que ha trabajado en varios períodos en el Cinep, es conocido sobre todo por ser el gran impulsor y defensor de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, un espacio en el que los campesinos han prohibido la entrada de guerrillas, paramilitares y miembros de la Fuerza Pública y que ha sido señalada como organización guerrillera por los paras y la derecha más dura.Giraldo, cuyas ideas han evolucionado desde la Teología de la Liberación, defiende la idea de que el conflicto tiene ´varias motivaciones. " La violencia y el conflicto tienen raíces muy hondas en Colombia, tanto económicas como políticas, históricas y sociales, y la paz jamás se lograría sin afectar esas raíces", escribió el año pasado a los negociadores de las Farc y del Gobierno, cuando pidió además que se intervengan los medios de comunicación masivos para que el 70 por ciento de su contenido sea creado por "los sectores sociales del país".
Éste toma parte directamente en los asesinatos, como se puede comprobar en el caso de Manuel Moya, Graciano Blandón y Adán Quinto.
Sergio de Zubiría: Profesor de filosofía de la Universidad de los Andes que se ha especializado en temas como la filosofía política, las relaciones entre la cultura y la violencia y los debates y problemas en torno al concepto de tolerancia, su presencia sorprende porque a pesar de ser un reconocido intelectual, no ha escrito del conflicto. Su único vínculo es que es marxista.
Otro comunista patricio que va a legitimar los crímenes terroristas y a lucrarse de ellos gracias a la cobardía de los colombianos que toleran lo que hace Santos.
Alfredo Molano: El sociólogo, escritor y columnista bogotano tiene varios libros que narran la historia de las Farc, especialmente en sus primeros años, y que tratan de explicar a la guerrilla por dentro. Sus textos han aparecido en publicaciones que abarcan todo el espectro político, desde el semanario Voz hasta la revista Soho, pasando por su columna en El Espectador. Fue amenazado por los paramilitares por lo que tuvo que salir del país. Ha trabajado y estudiado el tema de los cultivos ilícitos, de la colonización y de los territorios indígenas y puede decir que conoce el país de cabo a rabo. Ese podrá significar su mayor aporte en la mesa de diálogo, donde seguramente defenderá sus tesis de que el conflicto tiene raíces en la disputa por la tierra y el abandono de amplias regiones por el Estado.
A tal punto es Molano valedor de las FARC que comparaba a Tirofijo con Bolívar. Es otro ideólogo del terrorismo.
Darío Fajardo:  Este profesor del Externado ha sido uno de los principales defensores de las Zonas de Reserva Campesinas, con las que ha dicho que "se construye país". Es experto en la economía de la reforma agraria. Uno de sus libros más recientes "Para sembrar la paz hay que aflojar la tierra", trata el tema de la concentración de la propiedad rural como uno de los problemas que ha fomentado el conflicto. Su experiencia en la investigación del tema agrario puede ser su mayor aporte, y seguramente girará alrededor de su idea de que el origen del conflicto está en la lucha por la tierra.
Uf: este equipo de asesinos se distingue del secretariado porque algunos escriben bien y usan ropa cara. En cualquier país decente estarían presos por genocidio.
Francisco Gutiérrez Sanín:  Columnista de El Espectador y El Malpensante, este profesor del Iepri ha escrito sobre la concentración de la propiedad agraria, el sistema político y el conflicto. Es influyente y comaprtió con Eduardo Posada Carbó el séptimo lugar entre nuestos Super Poderosos de las Ideas. Publicó recientemente "El orangután con sacoleva", un libro que busca explicar por qué Colombia ha sido, a la vez, un país con gran estabilidad democrática y altos niveles de represión. Al hacerlo, explica su visión del conflicto, que tiene varias causas. Entre ellas están la privatización del mantenimiento del orden público y la seguridad, una inequidad muy alta y un problema agrario profundo, y un sistema político en el que se dan coaliciones de poder en la que las élites violentas llevan las de ganar. Probablemente su informe gire alrededor de esos asuntos.
Este asesino es miembro de DeJusticia y alienta abiertamente a los terroristas, a la vez que amenaza a quienes no sirven a sus intereses.
Víctor Manuel Moncayo:  El ex rector de la Universidad Nacional no ha escrito mucho del conflicto y más bien ha tratado asuntos como el modelo neoliberal o el Estado, siempre desde una perspectiva de izquierda. Sin embargo, sí ha mostrado que a su juicio tiene sentido la tesis de las causas objetivas: "enlazadas desde los orígenes con el problema agrario, remozadas con motivos altruistas de cambio social en los años sesenta o setenta, subsisten agravadas, como lo evidencian las informaciones empíricas sobre la desigualdad, el emprobrecimiento real de la población y la alta concentración de la riqueza" escribió el año pasado.
Otro que justifica a los terroristas. ¿O no lo hace? Para ser rector de la Nacional se debe pertenecer al PCC aunque dicha militancia no sea pública.
Jorge Giraldo:  Filósofo y decano de la Facultad de Humanidades de Eafit, ha escrito sobre economía criminal, incluyendo la economía de la droga en Antioquia y la explotación ilegal de oro. Más que una tesis clara sobre las causas y orígenes del conflicto, Giraldo puede aportar información sobre la relación entre éste y las economías criminales, entre las que incluye a las Farc.
Es el noveno y seguramente lo nombraron por ser próximo a los grupos comunistas.
Daniel Pécaut:  El sociólogo francés, famoso por su libro "Orden y violencia" y experto de la historia social y política del siglo XX, es uno de los nombres con más peso de la comisión. De hecho, es nuestro número uno entre los Super Poderosos de las ideas. Ha escrito bastante sobre el conflicto, y seguramente escribirá sobre éste en su conjunto. Para él el conflicto tiene múltiples causas, incluyendo la represión de las reivindicaciones sociales, la falta de reforma agraria y el narcotráfico. Por ejemplo, el año pasado dijo "Después de 1937, los actores de la vida nacional no le han permitido espacios a la lucha social como sí lo hizo el gobierno de López Pumarejo (...) La violencia y la lucha armada se han mantenido para conservar las estructuras obsoletas del país y no han contribuido a cambiar la desigualdades". Inicialmente había sido rechazado por las Farc pues en 2008 escribió un libro que afirma que las Farc perdieron hace rato su credibilidad política y su orientación política.
Las explicaciones que da del "conflicto" son las que convienen para legitimar a los asesinos.
María Emma Wills: La única mujer del grupo es una politóloga cuya carrera ha estado enfocada en torno a los derechos humanos y la violencia. Es también la única representante del Centro de Memoria Histórica , donde lidera el grupo de estudios de género. Ha coordinado la publicación de cuatro informes sobre la construccion de memoria desde la perspectiva de género en el conflicto, y ese será seguramente el tema en el que aportará en La Habana. También puede aportar en la relación entre el conflicto y los poderes locales, otro de sus temas de investigación.
Es columnista de El Espectador, más próxima a las FARC que Piedad Córdoba.
Gustavo Duncan:  Experto en mafias y narcotráfico, este columnista de El Espectador probablemente escribirá sobre todo sobre la relación entre el conflicto y la droga. Ha dicho que el conflicto es más un problema de un Estado débil y fuertes poderes locales ilegales que de una estructura excluyente. "Lo que en Colombia entendemos como conflicto no es más que la irrupción de proyectos de Estados regionales construidos por guerrillas, paramilitares o mafias que controlan órdenes sociales sujetos a parámetros muy distintos de aquellos de las sociedades modernas de mercado. Y el problema de fondo radica en la imposibilidad del Estado central para imponer su proyecto de orden social a lo largo de todo el territorio" escribió en 2009. Para Duncan, superar el conflicto va a exigir tragarse el sapo de no conocer toda la verdad: "La pregunta es hasta qué punto el sacrifico de la verdad podrá evitar la no repetición", escribió el año pasado.
Otro que aplaude la infamia de La Habana y busca lucrarse legitimando a los terroristas.
Eduardo Pizarro: El embajador en La Haya es también un reconocido académico que ha escrito de democracia y partidos políticos, pero que sobre todo tiene varias publicaciones sobre las Farc. Su más reciente libro sobre ese grupo, "Las Farc: de guerrilla campesina a máquina de guerra" las señala como un grupo militar sin ideales políticos, una tesis que seguramente será polémica en La Habana
Sus hermanos dirigían el M-19 y uno de ellos es responsable de la masacre de Tacueyó. Del crimen se pasa al poder, según la norma colombiana.
Vicente Torrijos:  Este internacionalista es la cara más dura contra las Farc en la Comisión: no en vano es profesor de la Escuela Superior de Guerra, ha sido asesor del Ejército y tiene medallas como la de Inteligencia Militar y la de Servicios Distinguidos a las Fuerzas Armadas. Su columna en El Nuevo Siglo es retomada por la página web del Centro de Pensamiento Primero Colombia, tanque de pensamiento uribista, o la página oficial de Álvaro Uribe Vélez. Torrijos incluye dardos tan duros como que las Farc son chantajistas. Ha sido duro crítico del proceso, exigiendo que haya un cese al fuego bilateral para mantenerlo o diciendo que " pesar de todos los esfuerzos militares por contener a la guerrilla, la población termina aceptando a los subversivos como las autoridades válidas en muchas áreas de interés geopolítico, pues, en virtud de las negociaciones con elh Gobierno, los insurgentes parecen autorizados a cogobernar legítimamente al país"
Si fuera un demócrata no estaría ahí. Todo el que aplaude la negociación es cómplice.

26/8/2014

Poder presidencial indelegable

Por Jaime Castro Ramírez

La Constitución Política de Colombia le asigna puntualmente al Presidente de la República las responsabilidades que le corresponden como Jefe de Estado, lo que además tiene que ver con el buen suceso en el cumplimiento de las funciones que el pueblo le ha conferido para el ejercicio del poder como máximo representante de la sociedad. Estas responsabilidades constitucionales, por supuesto que son indelegables en consideración a la unidad de mando que debe imperar para el funcionamiento ordenado de la estructura institucional del Estado, lo que va de la mano con la preservación y jerarquización de unidad en la autoridad presidencial.

Dualidad de poder entre Santos y Vargas Lleras
Lo que se observa en el panorama político colombiano, después de la reelección de Santos, es justamente la ilógica legal y política, es decir, que el presidente de la república decida fraccionar el poder presidencial y sus responsabilidades de gobernante entregando parte de ese poder y parte de esas responsabilidades a otra instancia que no le corresponde ejercerlas. En estas circunstancias, pareciera que la figura se pudiera asimilar a algo así como que en Colombia ahora existen dos presidentes, solo que la realidad dice que en las urnas fue elegido un presidente, y un vicepresidente.

Son tantos los compromisos políticos a los que se comprometió Santos para lograr su reelección, que para citar un solo ejemplo, no tuvo inconveniente en hipotecarle parte del poder al vicepresidente Germán Vargas nombrándole ministros de su entorno político en las carteras de Transporte y en la de Vivienda, y delegándole al vicepresidente nada menos que la misión de ejecutar las grandes obras de infraestructura que el país requiere, llámese injerencia en el Ministerio de Transporte, al igual que injerencia en el Ministerio de Vivienda al asignarle la misión de ejecutar la política pública en los proyectos de desarrollo territorial y urbano con el programa de vivienda. Y como si esto fuera poco, Santos inventó el cargo de ‘ministro de la presidencia’ (es incógnita sus funciones), y también le entregó este ‘superministerio’ a Vargas Lleras nombrándole allí a uno de sus cercanos amigos, el señor Néstor Humberto Martínez.

Además, el poder presidencial cedido en estas condiciones podría ser traumático para la buena marcha del Estado en razón a que se divide ese poder que tiene que ser único en cabeza del presidente, y podría ser una especie de rueda suelta sin control porque el vicepresidente no pertenece al gobierno, y por consiguiente no tiene obligación de rendirle cuentas al presidente de la república, pues jerárquicamente no depende de él porque fue elegido por voto popular, y por lo tanto no es subalterno suyo. En este escenario lo que se percibe es que le quedó en plataforma de lanzamiento desde ya el despegue de la campaña presidencial a Vargas Lleras para el 2018, lo cual él sabrá aprovechar manejando grandes recursos del Estado que el presidente le pone a su disposición, tanto recursos económicos como políticos, en una clarísima ´ventaja política’ frente a otros posibles aspirantes presidenciales.

La Constitución política colombiana también define claramente que la función esencial del vicepresidente de la república es reemplazar al presidente en sus faltas absolutas o temporales, y agrega que el presidente lo puede nombrar en un cargo (no significa entregarle poder presidencial), y le puede ‘confiar’ misiones o encargos especiales, básicamente de representación en eventos internacionales, y en materia de liderar la política nacional de derechos humanos y derecho internacional humanitario, también asesorar al Presidente de la República cuando éste así lo disponga.

Sin embargo, ese matrimonio de ambiciones políticas de poder entre Santos y Vargas Lleras podría terminar con serias incompatibilidades de criterios, y por lo mismo podría terminar mal, es decir, en ‘ruptura de separación’, por un lado motivada por la intensa ambición de poder de Germán Vargas en combinación con su muy complicado temperamento, pero por otro lado propiciada por la debilidad de Santos al hacerle concesiones de poder al vicepresidente, poder que debe ejercerlo el presidente de la república. En política las incoherencias suelen ser de alto costo cuando no se conserva una relación lógica en las actuaciones.

20/8/2014

El mito fundador

Por @Ruiz_senior

La patria de los bobos
Gran alboroto se ha armado por la polémica generada por una columna de Mauricio García Villegas sobre los mitos fundadores de las naciones y los hechos de la época de la Independencia. Le respondió Eduardo Posada Carbó para rechazar que al primer periodo del país independiente se lo llame "Patria Boba" y no "Primera República", como dice que proponen unos historiadores. El sentido real (fascinante, de hecho) de las afirmaciones de García Villegas no le interesó a nadie (participaron otros polemistas después) pero la cuestión de los mitos fundadores y el nombre del primer periodo de la existencia del Estado colombiano generó gran inquietud.

La autoestima de las naciones
La protesta de Posada Carbó corresponde a su "tema" predilecto: el de que se evalúa la historia colombiana como un mito negativo en el que siempre predominan la violencia y el fracaso. Es lo que pretende reprocharle a García Villegas, que pase por alto muchos logros civilizadores de los dos siglos de historia independiente. En una ocasión lo explicaba así, citando a Richard Rorty: para que una nación tenga futuro y fundamento es necesario que se valore, tal como ocurre con las personas. Lo malo de ese "optimismo" (en el sentido que le dio Voltaire al término cuando lo creó, la máxima del doctor Pangloss, trasunto de Leibniz, de que "todo va lo mejor posible en el mejor de los mundos posibles") es que recuerda a esos padres que aplican la "cartilla" de la autoestima movidos por el puro amor a sus hijos, pasando por encima de una evaluación objetiva de sus aptitudes reales. En Posada Carbó prima la voluntad sobre el juicio y el resultado es que simplemente contribuye a la legitimación del terrorismo, como corresponde a un académico que sin duda necesita el apoyo de los gobernantes para ejercer cómodamente su labor.

Los mitos que fundan las naciones
El cuento es que según cree García Villegas (y la universidad colombiana), la nación francesa acepta por consenso que su sociedad se funda en la revolución de 1789. Ese juicio corresponde al comunismo imperante en el medio local: el comunismo apareció como corriente política en 1848 y pretendía reeditar la revolución a manos de muchos nostálgicos del jacobinismo, y el golpe de Estado de 1917 en Rusia se concebía como la segunda parte de la Revolución francesa. Pero ese cuento daría risa a cualquiera que conozca la historia: en comparación con el esplendor de la Ilustración, con su Enciclopedia y sus formidables pensadores, la revolución fue un retroceso y una época de caos que condujo al ascenso de Napoleón, el precursor de Hitler, y a atrocidades sin límites en todo el continente, con la subsiguiente caída definitiva de Francia como país hegemónico, en favor de Gran Bretaña, los imperios alemanes y Rusia. La nación francesa existía antes de la revolución, la idea de que ésta la funda es sólo la propaganda de la universidad colombiana. El mito que funda la nación francesa es el Cantar de Roldán, de muchos siglos antes.

La paz fundadora
La polémica se centra en esas nimiedades porque el tema central de García Villegas es indiscutible para la propaganda del régimen, que es la misma de la universidad. Por eso en una de sus respuestas Posada Carbó declara
Apoyo el proceso de negociaciones con la guerrilla. Comparto con García Villegas la esperanza de que celebremos en paz el próximo 20 de julio. Para ello no tenemos que negarle valores a la Primera República. Ni exige adherir a una narrativa donde lo notable en nuestra historia solo es la guerra.
La monstruosidad de esas afirmaciones se entiende leyendo el escrito de García Villegas, que dejaré para el final: Posada no discute que los problemas del país se vayan a resolver premiando y legitimando a los terroristas, sino que se hable de mitos fundadores y se cuestione la Primera República. Se trata de complicidad criminal, pero... Pero...

Los intelectuales impolutos
Los colombianos conciben el terrorismo como la actuación de unos grupos de bandidos fanatizados y rústicos que cometen toda clase de atrocidades para enriquecerse con sus negocios criminales. La actuación de personajes como Posada Carbó les parece siempre excusable, toda vez que es una persona que observa buenos modales y se viste con ropa de calidad. Así, las clases acomodadas bogotanas consumen medios de prensa en los que se dice tranquilamente que Piedad Córdoba o Iván Cepeda son "defensores de derechos humanos" y los académicos pueden ser todo lo promotores del terrorismo que quieran porque nadie se lo reprochará: los colombianos odian a las FARC porque las consideran de estrato uno. Pero las FARC son sólo la fuerza de choque de la Universidad Nacional y entre los que ponen niños bomba y los que dan clases en ese antro hay la misma diferencia que entre la oficina de una empresa y la planta de producción. Entre esos profesores los más destacados como ideólogos del terrorismo forman un grupo que se llama "DeJusticia" (el citado García Villegas, Francisco Gutiérrez Sanín, César Rodríguez, Rodrigo Uprimny, Rodolfo Arango y otros): son las personas que ocuparían ministerios y accederían a rentas fabulosas gracias al triunfo del terrorismo, al que legitiman y alientan con la complicidad de toda la prensa y toda la universidad. Les hace competencia otro think tank, Razón Pública. Tal vez menos visible en la prensa.

La historia colombiana hasta la paz de Santos
¿Cuándo y cómo se funda Colombia? Una cosa es la nación y otra el Estado independiente. La nación colombiana es la heredera de la Nueva Granada, la colonia creada por los españoles tras la conquista. El surgimiento de un Estado aparte no alteró en nada el orden social heredado, cuya esencia es la esclavitud. Lo que ha ocurrido desde que se creó el nuevo Estado es un forcejeo continuo entre la asimilación a la democracia liberal y la persistencia de dicho orden, cuya esencia esclavista se resume en el parasitismo de los descendientes de los españoles que se hicieron dueños del país en los siglos XVI y XVII (encomenderos) y que han tenido en el Estado su fuente de recursos. La universidad y las bandas de asesinos que intentan imponer un régimen colectivista simplemente representan a ese sector social y a pesar de su insignificancia demográfica se imponen a causa de la indigencia intelectual y moral del resto, tal como se impusieron sus antepasados sobre los aborígenes, incluso copiando el secuestro y otras prácticas de la época. Los grupos parasitarios usaban la Iglesia y ejercían como clero y en el siglo XX pasaron a ser la universidad, con las mismas pretensiones. La educación es la continuación de la evangelización, y los cultivos de coca y la minería ilegal son la continuación de la vieja esclavitud. El contexto de "distracción" de Estados Unidos y altos precios de las materias primas ha favorecido el ascenso de castas similares en toda Sudamérica, lo que permite a Santos apoyarse en los terroristas para reimplantar el régimen que en Colombia es sólo el del origen.

El fin de la Patria Boba
Comentaré los párrafos finales del escrito original de García Villegas porque su objetivo no ha merecido ninguna atención. Los argumentos llevan a la enternecedora conclusión final.
Pero si bien los hechos que vinieron después del 20 de julio no evocan ningún pasado épico, ni hay en ellos epopeyas memorables, sí fueron experiencias históricas de las cuales podríamos aprender más de lo que hemos aprendido hasta el momento. La experiencia de la Patria Boba es la de una conflictividad violenta que se repite de manera recurrente a lo largo de nuestra historia (con excepciones, claro). En la historia de todos los países hay, por supuesto, conflictos y violencia; incluso guerras terribles y devastadoras. Pero en muchos de ellos los horrores de la guerra han tenido un efecto renovador y reconstituyente. La violencia colombiana, en cambio, nunca ha sido aleccionadora. Al contrario, ha sido difusa, persistente y degradante; una violencia de baja intensidad, pero endémica, corrosiva e inútil que, en lugar de darnos un motivo para sobreponernos, nos ha envilecido.
¿Cómo se puede entender que los hechos que siguieron al 20 de julio evoquen o no un "pasado épico"? La única forma en que se me ocurre entender eso es que nosotros no podemos ver en ellos nada épico, ¡cosa que se agrava porque no hay en ellos epopeyas memorables! La palabrería "descrestadora" es el aporte de Colombia al lenguaje humano. Más ridículo no se puede ser. La llamada Patria Boba fue en efecto la primera guerra de rapiña por el control del Estado que se intentaba crear para reemplazar a España. Y en efecto esa guerra de rapiña sigue hasta ahora, aunque más bien como resistencia de las viejas castas (la universidad) contra la asimilación al mundo moderno: todos los crímenes terroristas forman parte de eso, y las frases finales de este párrafo incurren en la vieja falacia de atribuir los crímenes a la violencia que "nos" ha envilecido. Las castraciones pedagógicas y los niños bomba, que son la forma en que se aseguran rentas fabulosas para la "educación" (para las cuentas corrientes de las clientelas de DeJusticia y las FARC) resultan cosas que "hacemos" todos por habernos envilecido. La solución se explica más adelante.
El mejor ejemplo de lo que digo son los 50 años que llevamos de conflicto guerrillero y cuyo fin puede estar próximo, si las negociaciones en La Habana terminan bien. Son cinco décadas de violencia, en donde casi todos los actores del conflicto salen perdiendo. Tantos años de guerra para dejar un país con unas extremas políticas arrogantes y miopes y una sociedad civil llena de odios. Cuántos muertos para terminar con un conjunto de reformas sociales que habrían podido hacerse hace 40 años, pacíficamente y por las vías legales.
¿Salen perdiendo todos los actores del conflicto? ¿Cuáles son esos actores? Los estudiantes universitarios de los años sesenta y setenta se aseguraron sueldos de decenas de veces los de quienes trabajaban, pensiones a partir de los cuarenta años, seguridad en el empleo contra toda evaluación de productividad y todo lo que distinguía a sus antepasados (hacia 1970 no irían a la universidad ni el 5% de los jóvenes, y el comunismo era más hegemónico que ahora), ¿cómo es que salen perdiendo? Se alude a la vieja y ridícula falacia de que el "conflicto" es la obra de unos cientos de asesinos remotos pero sólo son los "tirapiedra" que según la ambición y el origen social y regional se echan al monte como Iván Ríos o se quedan viviendo como príncipes por divulgar sus opiniones como García Villegas. Así, lo que hacen los periodistas y políticos es ajeno al conflicto, que es como un duelo remoto entre los guerrilleros y los militares. Más falaz y burdo imposible.

Dicho conflicto no puede estar próximo a su fin porque las FARC mismas señalan que el conflicto continuará, pretenden abiertamente imponer un régimen comunista y siguen escalando sus crímenes sin la menor vacilación. Los colombianos se rendirán pero eso no impedirá que el genocidio se multiplique: podrá llamarse paz tal como el régimen del jemer rojo estaba en paz mientras exterminaba a un tercio de la población. ¿O no está en paz Corea del Norte? Pero el control absoluto del terrorismo requerirá nuevas negociaciones de paz con el ELN que podrían asegurarle la elección al sucesor de Santos en 2018, y muchas más muertes que hasta ahora.

La frase que he marcado en negrita es la que resume todo el escrito de García Villegas: de repente la rendición de la sociedad a unos asesinos gracias a los cálculos de un autócrata y a la enorme cantidad de dinero de que dispone lleva a un acuerdo NECESARIO, con lo que los crímenes tenían un sentido JUSTO, pues sólo ocurrían por reformas que no se hicieron. ¿Cómo es que con tanta polémica ninguno de los contradictores de García Villegas prestó atención a eso? ¿Son esos acuerdos los que crearán el mito fundacional del país? ¿No es inverosímil que haya alguien diciendo que las atrocidades además de justas son el comienzo de una leyenda que honrará a los colombianos del futuro?

¿Cuáles son las reformas que surgirán de la "paz"? Ya ocurrió la paz y el resultado fue claro: un aumento de diez puntos del índice Gini entre 1991 y 2002, una multiplicación exponencial del gasto público en ese tiempo, un crecimiento económico raquítico, un retroceso de todas las áreas productivas gracias al cual el país volvió a su vieja condición de exportador de materias primas. Las reformas de la paz de Santos sencillamente pondrán a Colombia al nivel crítico de Venezuela, Nicaragua o Bolivia, con el predominio de unos asesinos que multiplicarán sus infamias.
Así y todo, si se logra la paz con las guerrillas, este acuerdo podría ser la oportunidad para acabar con esa violencia difusa e inconducente que nos impide avanzar. 
Por eso tengo la esperanza de que el próximo 20 de julio, en 2015, podamos celebrarlo en paz y con la idea de estar construyendo un nuevo mito fundador de nuestra nacionalidad. Solo exagero un poco si digo que eso sería algo así como el puntillazo final que le daríamos a la Patria Boba.
O sea, el premio del genocidio es la forma de acabar con la violencia, dado que es lo que interesa a García Villegas. Y a Posada Carbó, pues ¿en alguna parte encuentra algo reprobable en eso? NUNCA ha ocurrido que los comunistas lleguen al poder y no maten a sus oponentes, menos lo van a hacer en Colombia, donde llevan medio siglo matando y alcanzando poder con ello. No, no "los comunistas" ni "las FARC", sino DeJusticia y la Universidad Nacional (y de hecho, todas las universidades, tal vez salvo las de garaje).

Hubo un paréntesis en ese ascenso del crimen organizado al poder: la década pasada. El resultado se notó en todos los terrenos, sobre todo en la reducción de homicidios y secuestros, en el crecimiento económico y en la reducción de la desigualdad. Lo que se puede ver que ha ocurrido desde 2010 es el renacer del terrorismo y de la violencia, que no llevará a ninguna celebración en paz sino a la multiplicación del asesinato en masa en los próximos meses y años. ¡De todos, del conflicto, de la degradación del conflicto, de la Patria Boba, no vayan a pensar que es obra de DeJusticia y sus niños sicarios!

Pero lo verdaderamente fascinante es que no se vea a los contradictores como parte de la misma conjura: vividores que se acomodan al poder y generan polémicas en las que no se alude a lo que importa.