10 jul. 2005

La guerrilla sigue siendo dirigida desde la U. Nacional

Hace poco un comentarista se escandalizó conmigo por decir que en realidad la función de las universidades públicas colombianas es adoctrinar asesinos. Me bastó una búsqueda rápida en google para encontrarme verdaderas joyas, o incluso en El Tiempo de hoy claras instrucciones para matar gente: "Maten para que quede demostrado que sí hay conflicto". Por cuanto el único argumento que tienen estos canallas es la capacidad de matar que tienen sus niños, que a la vez obran asustados por lo que les puede pasar a sus familias si desertan.

¿Qué clase de gobierno es este de Uribe que no cierra al menos el IEPRI, esa oficina de dirección del narcoterrorismo? Es impresionante. Uno se pregunta cómo es que la gente observa impasible que los recursos del Estado colombiano se gasten en asegurarles rentas a los verdaderos jefes de la guerrilla para que dicten la línea de acción de sus niños.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

el imbécil de este blog no sabe escribir

Jaime Ruiz dijo...

Comentario sobre el anónimo: Bueno, algo vamos aprendiendo poco a poco. En todo caso, creo que medio sé leer, y así deduzco que lo que usted quería decir era:

El imbécil de este blog no sabe escribir.

Porque ¿quién es usted para determinar si los demás saben escribir si en ocho palabras ya comete dos errores graves?

¡Una persona que defiende la universidad porque la considera templo del saber! ¿O es que dejan entrar a gente que escribe así?

Anónimo dijo...

Ojalà el anònimo nos dejara saber las razones bien sustentadas por las cuales considera que quien escribe este blog es asì.

Y si, crèame, a la universidad si dejan entrar gente que escribe asì y es que: ¿para què aprender gramàtica si es màs fàcil acostarse a ver televisiòn que sentarse a leer?.

como yo siempre digo, no se preocupe que ÈL (o ella) en el fondo es un cer....

Fiona

Anónimo dijo...

Espejo comenta:
Llamar "claras instrucciones para matar gente" al artículo de Zuluaga es resultado de la empresa de Ruiz por corromper el lenguaje. Ni son instrucciones ni se hace apología del homicidio. Llegar al delirio de anteponer el adjetivo claras es patológico.
No, Jaime, la guerrilla no es dirigida desde la Universidad Nacional. Por el contrario, la Universidad inspira gran antipatía a la dirigencia de las Farc y el Eln, organizaciones que han disparado contra profesores, amenazado estudiantes y han mostrado su desprecio por la Universidad al utilizarla como plataforma para el lanzamiento de morteros hace un par de años.
La Universidad tampoco es la que mueve los hilos del gobierno, por más que haya un profesor de la Nacional en el gabinete.
Le digo algo más triste. Su obsesión con sindicar al Iepri evidencia que usted no sabe leer. Ninguno de los investigadores adscritos hace apología de la guerrilla. Osar apartarse de la cartilla gobiernista o hablar de opera o bioquímica no significa aplaudir masacres. Simplemente es decir otra cosa. Lo llaman democracia. No falta, por supuesto, el fariano que decide disparar a Eduardo Pizarro (a quien usted no ha leído bien, pues lo sigue alineando quién sabe con qué). A propósito, Molano no fue docente de la Nacional antes del 90 ni lo ha sido después del 92. Aparece como investigador en proyectos del CES y en un proyecto entre la UN y el PNR. Cuando ha vuelto a hablar lo ha hecho invitado, no como miembro del cuerpo docente. Sus fuentes son malas, Jaime, y lo entusiasman más de la cuenta a salpicar sus yerros en masa.
A cualquiera le resulta pintoresca y venenosamente homicida la anécdota de cierto gringo que propuso bombardear Medellín para acabar con el narcotráfico. A quien vende bombas y aviones no le importa si la hipótesis es plausible, lo convence más el vil metal. Yo aprendí una cosa en la Universidad, donde pude hablar con compañeros oriundos de municipios estigmatizados y con hijos de ganaderos fanáticamente ideologizados contra la guerrilla. Aprendí que un chisme (o un rumor o una difamación) es más peligroso que una granada.
Una noticia vieja que no le llegó a su isla, cabo Yamamoto, hace tiempo que se descartó que la solución a nuestra perniciosa guerra fuera alinearse ciegamente con el lado que defiende la verdad. Eso sólo alentó el desangre y le fue quitando humanidad a la contienda.

Jaime Ruiz dijo...

Respuesta a Espejo:

He vuelto a leer el artículo de Zuluaga y me ha parecido más claro que nunca que todo el esfuerzo por defender la vigencia de la noción de conflicto sólo pretende salvar la retórica que permitía durante años prosperar a los narcoterroristas en medio de la indiferencia ciudadana.

Ahora bien, ¿quién va a sacar provecho de las masacres y demás crímenes farianos? Los profesores del IEPRI y demás figurones. Por eso, cuando se denuncia esa retórica salen angustiados a defenderla, a tratar de sacar a la población civil del conflicto como si la guerrilla no viviera precisamente expoliando y masacrando a esa población.

León Valencia explicaba que las FARC andan dedicadas a demostrar que sí hay conflicto mediante el asesinato de militares. Es lo que les ordena Zuluaga: en la medida en que el asesinato dé legitimidad (¿o no es lo que dice, que con tantos muertos no se puede negar que haya conflicto?), y en la medida en que el profesor (pero ¿por qué se gastan recursos del pueblo colombiano en mantener a esos hijos de puta?) niegue que el narcoterrorismo es una agresión contra la sociedad, lo que hace es por una parte legitimar esos asesinatos y por la otra culpar al gobierno que los combate.

De verdad, la gente que pertenece a la guerrilla o que está claramente a favor de ella merece más respeto. Me gustaría que usted alguna vez leyera tanto el artículo de Zuluaga como su mensaje y pensara si no estará tomando partido por unos criminales monstruosos.

No, como ya sabe que voy a decir, los pobres niños del monte, sino Zuluaga y su combo. A fin de cuentas, en tiempos de Hitler había toda clase de razones para estar contra los británicos y americanos, y de hecho en Latinoamérica, sobre todo entre las clases acomodadas, hubo una clara mayoría de "germanófilos", pero con el tiempo la condición criminal del político alemán salió clara.

Lo mismo pasará con el clero sanguinario y rumbero de las universidades, que toda esa retórica resultará dentro de no mucho tiempo para todo el mundo una clara toma de partido por el asesinato en masa y el secuestro.

Más repugnante cuanto más se disfrace de equidistancia. Si yo tuviera que demostra que las universidades públicas adoctrinan asesinos y canallas complacientes copiaría el artículo de Zuluaga y el post suyo defendiéndolo.

No hace falta nada más. La mística de los otros escritos que copié resulta casi decente en comparación.

Cuánto me gustaría que todos los que leen alguna vez este blog, empezando por Atrabilioso y Respondón, leyeran ese artículo y dieran su opinión.

Anónimo dijo...

Espejo responde:
Usted lo llama retórica, otros lo llaman Derecho Internacional. Zuluaga destaca que el prurito del gobierno es con el DIH. Como si se le cayera algo respetando el principio de distinción en la conducción de hostilidades. El DIH sólo se aplicaría pleno en una justa entre niñas exploradoras, es cierto; pero hay mínimos de respeto a la población que nada más vulneran el orgullo del gatillero sin cuestionar la institucionalidad. ¿Que con eso se los está reconociendo? Pamplinas. No echarle plomo a los hospitales de campaña, no torturar a los capturados, no envenenar ríos ni cosechas son temas inveterados del Derecho de Guerra y Ginebra es el resultado de un llamado a la decencia en medio de la fatalidad de la guerra.
El más retrechero, hipócrita y asesino de los malos - ilustre remedo de liberal - no carece de la condición de humano, desde la forma como vemos las cosas en las democracias modernas. Lo heredamos del cristianismo, pues según el mechudo de Galilea un ser humano no se agota en su delito. Ese dato me lo botó su adorado Savater. De allí que reconocerle Derechos Humanos al peor de los secuestradores no es propaganda subversiva, es parte fundamental de la institucionalidad que se supone que defendemos.
Un médico que opine que no hay cáncer, cuando sí lo hay, no está deteniendo la enfermedad, la está negando. Tampoco se puede afirmar que quien sí reconoce la enfermedad la está alentando. No funciona así. El memorando de Uribe es un clásico de la mentalidad totalitaria. Evoca los tiempos en que se calificaba la posición política por el color de la corbata. De una trivialidad se inventa una justificación para la agresión. A mí los mayores me enseñaron que el color de la ropa de la gente no indica su partido. Es un asunto de civilidad, de madurez y de respeto por quienes murieron víctimas de tales estupideces.
Su metáfora topológica, la de la equidistancia, es característica de una postura fanática y milenarista. ¿Es unidimensional? ¿Hay izquierda y derecha, o arriba y abajo, o adelante y atrás? ¿Quien no está conmigo está contra mí?

Jaime Ruiz dijo...

La pretensión totalitaria del gobierno consiste en resistir a la manipulación de los jefes de las FARC, o sea de los intelectuales del IEPRI y afines. Aluden a criterios a los que deben acogerse los proyectos presentados ante las agencias de cooperación internacional y gobiernos extranjeros.

Es decir, que el Estado no puede estar colaborando en la labor narcoterrorista de corrupción del lenguaje. Sigo con lo mismo: ¿cómo puede haber gente en la miseria cuando los recursos se gastan en financiar a los jefes del narcoterrorismo? Hay algo en lo que el gobierno debe avergonzarse. Sinceramente.

En última instancia la retórica de los actores del conflicto y los actores armados viene a decir que quien trata de impedir el secuestro tiene igual legitimidad que quien lo comete. ¿Por qué no considerar "conflicto armado" cualquier fenómeno de delincuencia en cualquier país. También hay dos clases de actores armados, unos matando y los otros impidiendo matar. Es que el cinismo con que alguien se atreve a decir eso convierte a los secuestradores y masacradores en personas respetables. ¿No le da vergüenza?

Este párrafo del hediondo terrorista Zuleta es muy expresivo:
"Este documento expresa con claridad la política del gobierno en relación con la situación de guerra interna que vive el país y la orientación que busca darle a la cooperación internacional asociada al conflicto y a la crisis humanitaria."

Claro, si se cometen masacres como la de Puerto Rico no hay un crimen de una banda terrorista, sino una crisis humanitaria, y si hay cientos o miles de extranjeros participando en proezas de ese estilo, se trata de colaboraciòn internacional en la crisis humanitaria. ¡Y dicen que no toman partido por los terroristas! Eso los convertiría en personas decentes.

ESTE PÁRRAFO ES UNA ORDEN CLARA DE COMETER MASACRES:

"En relación con la situación de guerra interna, simplemente la niega. Recientemente el Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) sostuvo que, de acuerdo con los Convenios de Ginebra y en particular el artículo 3 común, “se acepta, generalmente, que existe una situación de conflicto armado no internacional cuando surgen hostilidades abiertas en el territorio de un Estado entre fuerzas armadas y/o grupos armados dotados de un mando responsable, es decir, con un mínimo de organización, cuya acción hostil presenta un carácter colectivo”. Agrego a este concepto del Cicr que esta situación es independiente de que el Estado en cuestión sea democrático o no."

Es decir, en la medida en que Pablo Escobar tenía también un mando y cometía muchos asesinatos eso lo convertía en un agente legítimo de un conflicto legítimo. ¿Qué va a importar lo que digan las víctimas? Si hay bastantes muertes y un mando unificado (el del IEPRI, obviamente), ya es legítimo matar gente y tratar de negarles legitimidad atenta contra los derechos humanos.

PERO SIGUE (aquello en que se basa usted para decir que alguien le está negando derechos humanos a los terroristas):

"Negar la existencia del conflicto armado no es cuestión semántica. Tiene implicaciones significativas en la aplicación del Derecho Internacional Humanitario (DIH) y en la definición de políticas públicas para tratar de resolverlo. En relación con la aplicación del DIH destaco lo relativo a la protección de la población civil. En situación de conflicto armado se aplican dos principios fundamentales: el de “distinción” y el de “inmunidad”."

¡Pero si la protección de la población civil es la razón de ser del Estado! Ahora resulta que cuando se va a impedir una masacre se está atentando contra el derecho de las víctimas a ser masacradas. ¿O dónde dice que el Estado tiene derecho a bombardear hospitales o a masacrar civiles? Lo que se dice es que el Estado tiene el derecho legítimo a proteger a la población civil contra quienes la asesinan en masa, los torvos empleados de canallas como usted, como ocurrió en Bojayá. Claro que para el caso salió Eduardo Cifuentes denunciando al Estado. Es decir, es el mundo al revés: la obligación de respetar a los civiles, la razón de ser del Estado, se vuelve un argumento para proteger a los que los masacran. ¡Pero no para proteger sus derechos humanos sino para ayudarlos a cometer esas masacres!

"El primero obliga a distinguir entre combatientes y no combatientes, entendiendo por estos últimos los que no participan en las hostilidades y que, como tales deben ser protegidos."

Pero ¿de dónde sale que negar que haya un conflicto entre organismos de igual legitimidad vaya a significar que no se distinga entre combatientes y no combatientes? El nivel de retórica de todo eso es increíble, es de una bajeza que habla de almas-sentinas que harían decentes a los nazis y a los jemeres rojos. Es increíble. ¿Cuándo ha pretendido el gobierno que sus fucnionarios pueden amenazar a los civiles. La protección de los civiles es su razón de ser.

"El segundo exige a los actores armados no convertir en objetivo militar a la población civil y consagra el derecho de ésta a ser respetada y protegida."

Pero es que el proteger a la población civil es lo que hacen las fuerzas estatales, y ciertamente a las FARC esas proclamas leguleyas no las afectan en absoluto, igual disparan contra iglesias que contra ambulancias. ¡Los actores armados! ¿Cómo es que Al Capone no encontró esa retórica?

"Los territorios de paz y las comunidades de paz, uno de cuyos ejemplos más destacados es la de San José de Apartadó, son expresiones de resistencia organizada de la población a la guerra y se fundamentan en los principios de “distinción” e “inmunidad”."

No, son colchones de protección de los terroristas, que guardan a los secuestrados detrás de estas repúblicas independientes en las que no puede entrar el Estado. Basta con saber que los promotores de esas "comunidades de paz" ajenas al conflicto son los mismos que aplauden a Ricardo Palmera para entender de qué se trata. Supongamos que no se supiera que los dirigentes de esas comunidades pertenecen a las FARC, que la excusa de la neutralidad sirve para matar y mantener amedrentados a los pobladores, etc. ¿Quién demostraría que no reciben su parte del secuestro? Mi casa, por donde podría pasar la policía, es neutral. Si la de detrás sirve para guardar secuestrados, no es mi problema.

Los guerrilleros son gente más decente.

"No solamente tienen el derecho sino que hay la obligación de respetarlas y protegerlas."

Pero ¿cómo va a ser posible protegerlas si las autoridades no pueden entrar ahí? Es inconcebible tanto descaro. ¿Es que no se da cuenta de que usted es un asesino más repuganante que cualquiera de los pobres matarifes que se ocupan de eso?

"Y esta resistencia a la guerra no debe leerse como apoyo a los grupos armados ilegales y desconocimiento de las autoridades legítimas, sino el ejercicio de su derecho a no participar de las hostilidades."

¡Pero es que a nadie lo obligan a participar en las hostilidades! Lo que significan esas comunidades de paz es que la persecución de las guerrillas no es posible a través de esos territorios. ¿Cómo pueden hacer falta pruebas de que eso es así? De hecho, todo el mundo en Colombia ya lo admite, salvo la secta del IEPRI, verdadera dirección de las FARC.

"La acción humanitaria es otro de los principios asociados al reconocimiento del conflicto armado e implica atender a personas y comunidades en función de su situación de vulnerabilidad y de las necesidades de asistencia y protección, cualquiera que sea su posición ideológica o su adscripción política.

En el país hay decenas de organizaciones no gubernamentales y agencias como el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), comprometidas en el desarrollo de acciones humanitarias que verían seriamente restringido su campo de acción al aplicarse los “lineamientos” gubernamentales."

PERO ¿EN QUÉ VERÍAN RESTRINGIDO SU CAMPO DE ACCIÓN? Dejemos sin comentario lo que hacen esas ONG y ACNUR, ¿qué es lo que cambia con el reconocimiento de la legitimidad del Estado? ¿A la comunidad vulnerable, a las víctimas de las masacres narcoterroristas, les hace falta que se reconozca que sus verdugos tienen tanto derecho a masacrarlos como las autoridades a protegerlos? Esa retórica es repugnante, más asquerosa que los asesinatos.

"Las implicaciones políticas no son menos graves. Se trata de leer nuestra situación en clave de “amenaza terrorista”, en una simplificación que permite encuadrar la política gubernamental en el marco de la “guerra mundial contra el terrorismo” de la administración Bush y asegurar el creciente apoyo militar norteamericano."

¡Claro, si lo que falta es reconocer la legitimidad de los luchadores justicieros, víctimas de la desigualdad! Pero es que dicen que no están de parte de los terroristas. Es que... ¿qué clase de hijos de puta son éstos? Yo nunca he visto tanto cinismo, ni en los documentos que salen de los nazis ni de las mafias ni de los peores corruptos. ¡No faltaría más sino incluir a las FARC en la lucha contra el terrorismo!

"Al desconocer la complejidad del fenómeno, la política se agota en las salidas predominantemente militares y, en función de ellas, se pretende orientar la cooperación internacional."

Ahí si tiene razón Zuluaga: las medidas más urgentes son otras, empezando por cerrar el IEPRI, privatizar la Nacional, investigar a fondo a personajes como él, destinar los recursos a la gente pobre que los necesita, etc. Lo militar sí que es secundario porque lo inadmisible es que las masacres sigan dirigidas desde oficinas financiadas con recursos públicos.

"Lo que se busca es una cooperación para la guerra y no para la paz."

Aplicar las leyes se llama "la guerra", impedir las masacres y secuestros, es "la guerra": las masacres y secuestros son la paz, porque ¿qué otra cosa se promueve cuando en lugar de aplicar las leyes se predica la rendición. ¡Claro, la complejidad del fenómeno! La complejidad está en que las masacres son un servicio a esas castas de canallas medievales.

"Y por esa vía, obstaculizar la asignación de recursos por parte de los gobiernos, agencias de cooperación y organismos internacionales a los proyectos que adelantan las organizaciones comprometidas con la acción humanitaria y los programas de desarrollo y paz."

¡Como el del Magdalena Medio, organizado por un jesuita próximo al ELN para crearle su clientela a esa banda! O como las mismas repúblicas independientes. Claro, lo que se pretende es la vigencia de la Constitución, no el sustento de las potencias interesadas en el fomento de los terroristas a su clientela creada mediante el terror.

"Todo parece indicar que a este gobierno no solamente le incomoda la veeduría internacional en derechos humanos, también la que se orienta a aliviar la situación de la población víctima de la guerra interna y la que contribuye a construir alternativa política para la resolución del conflicto armado."

¡Víctima de la guerra interna! ¿Cómo se va a combatir la guerra con más guerra? No es que a la gente la maten unos asesinos dirigidos por Zuluaga y otros, sino que la mata la guerra. ¡Y la alternativa es política, repartir los ministerios con los que matan a la gente, el presupuesto...!

"Hace dos décadas, Milan Kundera nos regaló con La broma una visión literaria del totalitarismo, mostrando cómo el Estado invadía todas las dimensiones de la vida cotidiana: las relaciones afectivas, los símbolos, el lenguaje. La pretensión del gobierno de dotarnos de un “diccionario” que “uniforme” el lenguaje y le confiera un sentido unidimensional a las palabras, revela una faceta totalitaria de la “democracia profunda” que con reiteradas invocaciones a los símbolos patrios defiende el Presidente Álvaro Uribe Vélez."

¡Claro, defender el derecho de la gente a vivir en paz, a no estar amenazada de secuestro o masacre, es el totalitarismo, mientras que, y ésa es la conclusión natural, lo que hacen las guerrillas es legítima resistencia a ese totalitarismo!

Hombre, una muestra más fehaciente de la clase de miserable que es usted es imposible darla. Aunque fuera por inteligencia no debería insistir en defender semejante propaganda. No sólo porque es ina clara postura a favor del terrorismo, sino porque es retórica gastada y derrotada.

Tan derrotada que sólo queda en las universidades. Ya la prensa se avergüenza de publicar esos cuentos, y ningún columnista los escribe. Por no hablar de la sociedad, que está encantada de que se reduzcan los secuestros y masacres.

Lo que esa sociedad no puede entender es que se reducen porque el gobierno ha emprendido con acierto la guerra de las palabras. No es raro que los asesinos estén descontentos.

Y su defensa de la universidad de la discusión anterior ya queda en nada. Usted la defiende porque está de su parte. Normal.

Normal, pero confirma exactamente lo que yo digo.

S.I.Atrabilioso dijo...

Una situación que siempre me ha preocupado es la insistencia política de la neutralidad de los ciudadanos frente al conflicto. Esa neutralidad ha sido destrozada desde hace décadas por la guerrilla, por los corruptos y por el narcotráfico. Desde mi perspectiva es absurdo pedirle neutralidad a una sociedad atacada con acciones terroristas que buscan justamente desestabilizarla y sumergirla en el terror. Lo estamos viendo: los que a gritos piden negociación y diálogo carecen de memoria, pues olvidaron por completo la disposición de la sociedad para negociar en San Vicente del Caguán. ¿Qué quedó de esa concesión? Una guerrilla fortalecida, más pueblos destruidos, muchos más muertos en los cementerios y unos terroristas adinerados, producto de sus negocios ilícitos.
Otro asunto preocupante es la confusión entre guerra civil y conflicto interno. El señor Zuluaga pasa de un término a otro con desfachatez. Hemos debatido el tema del conflicto interno y para efectos prácticos, hemos estado de acuerdo en que si existe. Pero hablar de una guerra en Colombia porque las Farc tienen mando unificado es absurdo: una guerra civil, según los mismos tratados internacionales, requieren un alto porcentaje de población ejecutando una participación armada directa en las hostilidades. Coincido también en su ejemplo sobre Pablo Escobar.
Llama poderosamente la atención la defensa que Zuluaga hace de la comunidad de paz de San José de Apartadó, la que supuestamente ha decidido ser neutral frente al conflicto. En la última masacre ocurrida en esa comunidad hay situaciones que desvirtúan la “neutralidad”: el 20 de febrero, es decir 3 días antes de la masacre, el jefe de las milicias de la zona, alias Machorucio, fue abatido en combate. El sujeto vivía en la comunidad de paz, portaba armas y se escudó en su hija, que resultó herida en el combate y fue trasladada por el Ejército al hospital de Apartadó. Esto demuestra que la comunidad de paz es un albergue para terroristas y no un territorio de paz. Otro hecho que desdice la mentada neutralidad de San José de Apartadó es el ataque ocurrido hace pocos días contra los policías que hacen presencia en el casco urbano: las Farc atacaron durante horas a los uniformados desde las casas de la población: entonces, la neutralidad opera para las fuerzas del Estado pero no para los terroristas que pueden transitar armados por el casco urbano y pueden atacar a su antojo a los agentes del Estado. Además, cuando se permite a un actor armado ejecutar una acción militar, se está tomando partido en el conflicto y por lo tanto, la neutralidad desaparece.
Claro, mi posición frente a San José de Apartadó es que además de presencia militar y policial, se debe consolidar una presencia del Estado en la zona. Pero para construir un acueducto se necesita, primero que todo, tener la seguridad que los obreros e ingenieros entrarán y saldrán sanos y salvos y que la obra no será dinamitada por los terroristas.
Seguramente el concierto unificado que se está dando en la prensa hará pensar a algunos que si tantos hablan de lo mismo y con los mismos argumentos, alguna razón tendrán y ese es el mayor peligro: esa unanimidad manifiesta contra la "guerra" y en favor del "diálogo" busca convencer a la sociedad de abrir espacios para que los terroristas logren la anhelada oxigenación que tanta falta les hace hoy y vuelvan a jugar a la negociación para recuperar el camino que han perdido.

Anónimo dijo...

Espejo comenta:
Jaime Ruiz pasa muchos caracteres frente a sus ojos pero no ha aprendido a leer. Juzga el artículo de Zuluaga inspirado en sus propias ocurrencias y no en lo que dicen los textos que copia y pega para aparentar seriedad en su análisis.
Primera afirmación mentirosa de su último aporte: "la retórica de los actores del conflicto y los actores armados viene a decir que quien trata de impedir el secuestro tiene igual legitimidad que quien lo comete". Esa es su interpretación, no el sentido de la discusión. La mayoría de los que aluden a esta terminología, si son interrogados por el origen de la legitimidad de los actores, terminan por concluir que no se deriva ninguna del uso de la violencia. Es más, los defensores del levantamiento armado se sienten muy socialdemócratas usando esas palabrejas y prefieren los tradicionales lugarcomunes propaganderos.
Pero pasemos a su retórica. "Quien trata de impedir el secuestro" puede ser un ciudadano responsable que avisa a las autoridades su conocimiento de la inminencia de un ilícito. Puede ser un miembro de un organismo de seguridad o fuerza militar, adelantando las acciones que la ley le ordena y le permite para prevenir tal situación. Si en lugar de los dos casos anteriores se trata de alguien que comete un homicidio, roba (para su propio provecho y no como soporte del éxito de la acción) durante el operativo o abusa de los detenidos que pueda llegar a producir su hazaña, el sujeto ha impedido o solucionado el caso de secuestro pero ha agregado delitos a la situación. Desde el punto de vista de la ley, no se discute la legitimidad de los implicados en la escena. Teóricamente se deben examinar indicios y pruebas y fallar en derecho, cueste lo que cueste. Si es un agente estatal, su legitimidad se deriva de la constitución y la ley; sus armas y el derecho a usarlas se las entregó el Estado, junto con unas reglas a respetar. Es la clase de razón por la cual yo no puedo ser supermán ni salir a masacrar a quien me parezca una amenaza contra la sociedad. Si en lugar de todos los anteriores, "quien trata de impedir el secuestro" lo hace matando a quienes considera potenciales perpetradores de ese horrible delito, fabulando intrincadas hipótesis sin probar, o - en un extremo no tan ajeno a nuestro pasado - matando a un bebé porque "en este cagadero todos salen rojos"; tenemos ante nosotros a alguien que bien puede inspirar la admiración de Jaime Ruiz, pero no quisiéramos tener de vecino.
La primera cita al texto de Zuluaga, atribuida a Zuleta, es una afirmación sobre el documento de Uribe y su objetivo. Utiliza dos de las expresiones malditas: conflicto y crisis humanitaria (pero no es como para echarlo del trabajo, el memorando va a dirigido a ONGs y a organismos internacionales, no al Iepri). Pero las asociaciones de términos con casos es forzada y pintoresca. Es evidente que crisis humanitaria no es un término aplicable a un caso concreto de violencia sino a una situación más general. Zuluaga no es tan Ruiz como para afirmar que la masacre de Puerto Rico constituye ella sola una crisis humanitaria. Normalmente las crisis humanitarias tienen un tiempo y un espacio y tienen que ver con un número importante de personas en riesgo y con urgencias básicas a suplir (comida, vestido, alojamiento provisional, atención sanitaria y otras). Por supuesto hay vividores de estas misiones, quienes dependen de la existencia de guerras para poder justificar un oficio en la vida. Ya hace años que se cuestiona en Europa el papel de organizaciones cuyo tema son los refugiados de África o Palestina y parecen mantener a la gente en esas carpas para así poder vivir en sus apartamentos y beber buen whisky. De eso no se salva ni el CICR, cuyo principio sagrado es la discreción (comer callados), sin el cual nadie les daría permiso de entrar a zona alguna. La conexión entre esa condición de las cosas y eventos concretos como el de Puerto Rico, fluye muy bien en la retórica pero no en una argumentación seria.
Siguiente cita textual. Los convenios de Ginebra no conceden legitimidad. Respetarlos no le da legitimidad al adversario. No respetarlos sí es perder mucha legitimidad, pero esa es una interpretación política. Es Ruiz quien añora haber dado un estatus especial a Pablo, no es una conclusión de Zuluaga ni es una interpretación plausible de los convenios de Ginebra. El DIH no se pregunta sobre la legalidad de una guerra o conflicto. Parte de que ya está ocurriendo y reglamenta la conducción de las hostilidades, principalmente para salvaguardar los derechos de los no combatientes. El tema se puso de moda en Colombia porque sus protocolos adicionales exigen a actores diferentes a las altas partes firmantes - o sea los Estados - el cumplimiento de sus disposiciones. Por ese tipo de razones un guerrillero o un paramilitar podría ser llevado a una corte internacional por la violación de estas normas, sin importar que su organización no haya firmado su aceptación. Que estén obligados a respetar eso no los hace santos ni legítimos ni le quita nada a su contendiente. Un pésimo lector como Jaime Ruiz puede verlo así, pero el Derecho Internacional le pone un poco de seriedad a esas cosas. También establece Ginebra su jurisdicción. No es un caso de DIH que la policía antimotines dispare armas de fuego contra manifestantes desarmados. No lo es que, en un levantamiento o asonada, ocurran homicidios, lesiones personales u otros excesos. Las situaciones de paro en Venezuela o en Ecuador o en Bolivia se pueden examinar a partir de los Derechos Humanos, es decir, de otra rama del Derecho Internacional. Ambas tienen en común que no exigen reciprocidad. No es defensa, si soy acusado de violar tales derechos, que mi adversario los haya violado.
La siguiente sección copiada da cuenta de una inquietud jurídica y política sobre la aplicación del DIH en el marco de las definiciones del gobierno. Ruiz contesta con una afirmación de libro de texto sobre el propósito del Estado, pero se hunde pronto en una fraseología muy similar a la que fabularon los asesores de Carlos Castaño para llamar defensa a todas sus acciones ofensivas. Y es típico de la cartilla de muchos oficiales. Se les reclama una cosa y alegan otra que no tiene nada que ver en forma altanera. Se les dice que no maltraten a los campesinos en los retenes, que no los humillen, y salen corriendo a decir que no los dejan lanzar ofensivas contra el enemigo, que los quieren detrás de los escritorios, llaman a Plinio para que llore por ellos en la prensa; pero, a propósito del reclamo puntual inicial, no responden ni borrachos y siguen con sus "acciones psicológicas". Pero volvamos a Bojayá. No recuerdo que el caso presentado por Cifuentes responsabilice al Estado por el cilindro asesino. Eso se le puede ocurrir a Ruiz pero no a alguien tan curtido. En torno a Bojayá hubo alertas, medio Chocó sabía que se venía presentando un enfrentamiento grande en el área y que el clímax iba a ser ese choque en plena área "urbana" con muchos civiles en la mitad. En el caso hay denuncias puntuales sobre el papel de los puestos de la Armada, advertidos de lo que venía, su apoyo a la subida por el río de los refuerzos del bloque Élmer Cárdenas y también su retirada fluvial (fue famosa la escena de un helicóptero paramilitar derribado por fuego aéreo de las FFMM). Un investigador judicial aplicado tiene que entrar a casos como esos con mucho detalle, más si se le presentan tales indicios y pruebas. Examinar la posible negligencia de fuerzas presentes, o la misma complicidad con delincuentes involucrados en la escena lo puede poner rápidamente como auxiliador y subalterno de los malos, como si por investigar todas las patas del suceso absolviera a estos últimos de su responsabilidad en el uso ilegal de armas ilegalmente obtenidas, en contra de agentes del Estado, población civil y otros armados ilegales a quienes enfrentaban. Pero esa absolución la da Ruiz, no Cifuentes. Todo (como decía la publicidad en televisión de la campaña Camina) por no saber leer ni escribir.
La secuela del anterior fragmento de Zuluaga es la explicación del principio de distinción. Ruiz responde insistiendo en que el término "conflicto armado" equipara legitimidades. Nadie lo va a divorciar de ese embeleco. Sin embargo, en la vida real tenemos antecedentes preocupantes de irrespeto a ese principio. La propaganda del Ejército, especialmente la de televisión, se vanagloria de mostrar soldados prestando atención médica a guerrilleros recién capturados. Está muy bien que lo haga. Disparar contra los detenidos, torturarlos, empapelar a cualquier fulano,..., son típicos desmanes que no se deben cometer. Digamos que eso está mal hecho, es inmoral y - aunque suene muy subversivo - es ilegal. Vuelvo a recordarle a Ruiz que los convenios de Ginebra tienen un campo concreto de aplicación y su violación es tenida en cuenta por organismos multilaterales como la CPI. El gobierno puede, de modo onanista, reglamentar las palabras, pero los convenios están ahí. Nadie ha afirmado en esta discusión que sea la orden del gobierno amenazar civiles. Nadie. Pero ese tipo de casos son cubiertos por el DIH, así la presidencia decrete la abolición de la Segunda Ley de la Termodinámica.
Sobre la inmunidad, tema de la siguiente sección, Ruiz vuelve a escudarse en la violación del DIH por las FARC. Repito: no es excusa para que su contraparte lo viole. No funciona así. La explicación de por qué Al Capone no invocó esa retórica tiene aspectos triviales y otros no tanto. Al Capone nunca se declaró culpable de nada y nunca la justicia pudo condenarlo por sus actos violentos. Lo encarcelaron por evasión de impuestos. Quien no se reconoce ilegalmente armado ni responsable de muertes de policías, difícilmente se va a parar en el lugar de un Mancuso (más parecido sería Víctor Carranza) u otro para invocar estatus de alguna cosa. De otro lado, los apartes del DIH referidos en esta discusión tienen origen en situaciones históricas un poco más recientes que la gran prohibición. Finalmente, dudo que algún mafioso clásico se hubiera planteado verse a sí mismo como un sedicioso, menos como un revolucionario. La mafia tuvo un origen nacionalista y bélico pero la de los años treintas tenía aspiraciones bien distintas a expulsar a un ejército invasor o derrocar a las instituciones.
No coincido con las afirmaciones de Zuluaga sobre San José de Apartadó. Mis fuentes sobre esa región son muy de segunda mano y poco confiables. Los informes de las ONGs y los oficiales tienen muchas contradicciones. Lo que dijo la gran prensa deja muchas dudas sobre ambas partes. Tampoco me basta el argumento del aplauso como prueba. Eso sí, si se impiden pruebas técnicas, no se va a aclarar nada y cada cual inflara su propia sospecha. La única derivación de la palabra neutral que encontré en el artículo de Zuluaga proviene del texto del gobierno. Yo no creo posible una neutralidad tan alegre, por eso no suscribo ese discurso. Suiza fue neutral ante decenas de guerras porque pudo sostener esa neutralidad con poderío económico y militar. Desde su conformación, ese país ha tenido uno de los sistemas defensivos más temibles. Su servicio militar obligatorio es prolongado y prácticamente universal. Todo ciudadano suizo perteneciente al CICR tiene un rango en el ejército de su país. Si Hitler se hubiera metido con Suiza le hubiera ido mucho peor que con Rusia. La neutralidad armada es la única que todos respetan. Por eso no reivindico neutralidades. Lo de "todo el mundo en Colombia" es una de esas cosas que no dicen nada. El propio Estado sindica a personas sobre lo que pasa en esa localidad, pero lo hace desde afuera. Cuando tenga información más seria sobre lo que pasa allá, lo comentaré. No descarto ninguna conclusión.
Las siguientes citas llaman de nuevo al cuentazo de la igualación de legitimidades. Se lanza la brillante propuesta de cerrar el Iepri y privatizar la Universidad Nacional. El dichoso instituto lleva casi veinte años funcionando, ha sacado unos textos y unas revistas; le ha echado unos números a temas de orden público y otros asuntos políticos. De Castaño a Ruiz, muchos le atribuyen funciones propagandísticas o apologéticas de la guerrilla. Entre más vehemencia esgrimen, más evidencian la pobre lectura que han hecho de los textos que citan. Así estamos. La sindicación contra Francisco de Roux era lo menos que se podía esperar de un simpatizante del sicariato. Lo irónico de la historia es que el PDP ha avanzado con mejor ritmo en las zonas de dominio paramilitares - ejército que en las de la guerrilla, la cual no baja de paraco al sacerdote. Personalmente desconfío de ese culto a la palma como la salvación para el desarrollo económico de esas regiones. La viabilidad económica de esos proyectos está todavía por ser probada.
Sobre la referencia a Kundera, el tema del totalitarismo es más rico y da para otro largo intercambio. No veo que Zuluaga concluya lo que Ruiz, que la guerrilla hace resistencia a ese totalitarismo. Son afirmaciones de Ruiz, no del texto comentado. Parece una de esas charadas en las cuales un sordo interpreta en voz alta palabras parecidas a las que le están diciendo pero con significados disparatados. Una palabra para eso es tergiversación. Finalmente, para Atrabilioso, la trampa de Zuluaga es virar a guerra interna, no a guerra civil. Fue tramposo pero el tipo no se arriesgaría con la otra definición. Con todo, en academia se tiran duro.
No comparto el proyecto de la guerrilla ni su gesta. No lo apoyo ni lo justifico. Tampoco soy un niñito fanático comprando propaganda de sus enemigos. He viajado por muchos sitios del país y escucho mucho a otros que viajan más que yo. Conozco de memoria la fraseología de quienes se paran detrás de un fierro para que los reconozcan. No necesito grandes teorías ni citas jurídicas para enterarme que muchos lo hacen por un sueldo o por tres platos diarios de comida. Que todos tienen claro que pelean con los otros porque son unos hijueputas y citan dos o tres desmanes. No igualo instituciones con bandas pero les he escuchado la voz y he mirado a los ojos a los individuos. He aprendido que los grandes apologistas del transmilenarismo son usuarios de taxi o carro particular, que hablan de los racimos humanos y nunca han participado de ellos. Yo he ido en intermunicipal a muchos sitios y paro mucha oreja. Mi uso del transporte público en Bogotá me ha dado un panorama preocupante de la supuesta desmovilización del Ralito. He visto las cuadras tomadas por los reinsertados y he escuchado a muchos paramilitares del llano y de la costa hablar en voz alta en los buses de sus andanzas. He sabido de tipos de estos que llegan a una zona como el Barrio Galán, ponen un negocio cuyo letrero tapa el del vecino y se van apoderando de la cuadra. Los sanandresitos son un hervidero de esa mafia. Hace tiempo que me cansé de los informes de las ONGs, la ONU y la propaganda del gobierno. Mi lectura del asunto es muy vivencial. Ese proceso de emular a Medellín hace evidente que este gobierno ha representado el gran salto cualitativo y cuantitativo del proyecto estratégico de los paramilitares. Lo veo todos los días, a pie o en bus. Cuestionar estas cosas desde la civilidad no me hace terrorista ni secuestrador. Hablar de los desmanes de los unos no es hacer apología de los otros, es hablar de los desmanes de los unos. La dichosa equidistancia de Ruiz (el extremo centro) supone el conocimiento de la distancia entre extremos (podría trazarse con un compás sin medir, también). Pero la metáfora supone una topología demasiado sencilla: dos nodos y un camino entre ellos. Es totalitarismo del barato. Yo puedo ser hincha de un equipo y ser más inclemente en las críticas a los jugadores de mi club que cuando hable del rival. Por un lado porque estoy en mi derecho, por otro porque soy parte interesada. Ahí no hay neutralidades ni justos medios. Por supuesto, el devenir político y social es más intrincado. No cabe en la doctrina de quien pasó de Astete al Libro Rojo, para luego recitar a Montaner. Requiere madurez, seriedad y valentía.

Jaime Ruiz dijo...

Para Espejo: ante todo gracias por contestar, por largo que se haga, es la única forma de ir al fondo de los argumentos.

Dice usted:

"La mayoría de los que aluden a esta terminología ["conflicto"], si son interrogados por el origen de la legitimidad de los actores, terminan por concluir que no se deriva ninguna del uso de la violencia."

¡Claro, si son las víctimas, como expliqué hoy comentando el argumento de Molano según el cual la ley de Justicia y Paz sería insuficiente para las guerrillas. Va más allá: si usted tiene tiempo alguna vez de leerse la revista de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, se dice abiertamente que el secuestro y el asesinato de soldados son hechos normales de una guerra, no atropellos contra los derechos humanos.

La legitimidad que se deriva de la violencia es ésta, y nada es más simple, basta con leer el parrafito de Molano que cité en mi post de hoy: no hay limitaciones a la acción política democrática, por tanto, nadie tiene vetada la participación política y de ahí sale que los atentados contra esa institucionalidad son atentados contra la democracia, imposiciones tiránicas.

Pero entonces salen los agravios del pasado, o cuentos como el coste de la guerra, con los que gente como los de PNUD promueven el premio de las masacres. Nada es más sencillo, si la democracia es lo legítimo, nadie debe imponer leyes, y si alguien pretende imponerlas mediante la violencia NO HAY UN CONFLICTO ARMADO DISTINTO DEL QUE HABÍA CON PABLO ESCOBAR.

"'Quien trata de impedir el secuestro' puede ser un ciudadano responsable que avisa a las autoridades su conocimiento de la inminencia de un ilícito. Puede ser un miembro de un organismo de seguridad o fuerza militar, adelantando las acciones que la ley le ordena y le permite para prevenir tal situación. Si en lugar de los dos casos anteriores se trata de alguien que comete un homicidio, roba (para su propio provecho y no como soporte del éxito de la acción) durante el operativo o abusa de los detenidos que pueda llegar a producir su hazaña, el sujeto ha impedido o solucionado el caso de secuestro pero ha agregado delitos a la situación."

Efectivamente, yo no hablo de eso, yo hablo de los secuestradores y los policías. Si estos cometen algún delito, y ciertamente los suelen cometer, se los debe juzgar. Eso no tiene nada que ver con si hay o no "conflicto". Y si alguien masacra a todos sus vecinos para impedir que lo secuestren, también estaría en el terreno del crimen.

Usted cae en un argumento grotesco: mientras Zuluaga dice que el conflicto que inician las guerrillas debe ser reconocido como tal, es decir, como una guerra civil entre facciones comparables, usted me viene con las ilegalidades de los militares o de las AUC. Eso es otro tema, eso forma parte de la legalidad vigente, que prohíbe todas esas prácticas. ¿O es que las FARC existen porque no se aplica con rigor la ley al perseguirlas?

Más adelante: "... el memorando va a dirigido a ONGs y a organismos internacionales, no al Iepri".

Cuando yo digo que es una infamia que los recursos del país se gasten en financiar a los aspirantes a ministros y embajadores, en irles pagando desde ahora los sueldos que esperan obtener, eso no tiene nada que ver con el memorando. Esa institución debería cerrarse por ser una de las cabezas del narcoterrorismo, y la Universidad Nacional debería privatizarse para que los recursos que deberían servir a los pobres dejen de usarse para adoctrinar a sus verdugos.

Lo siguiente es una larga exposición que en absoluto tiene nada que ver con la cuestión de si hay un "conflicto" o una amenaza terrorista, si las instituciones estatales deben rendirse a la retórica de los terroristas o no:

"El DIH no se pregunta sobre la legalidad de una guerra o conflicto. Parte de que ya está ocurriendo y reglamenta la conducción de las hostilidades, principalmente para salvaguardar los derechos de los no combatientes."

Pero ¿es que el gobierno se está negando a cumplirlo? El gobierno y las fuerzas militares están obligados por toda la legislación internacional mientras que las bandas terroristas no. ¿Qué tiene que ver el que se recomiende no hablar de "actores del conflicto" con que se reconozca o no el DIH? Nada, otra vuelta a lo mismo, a no hablar del tema. Que si los antisecuestro cometen delitos, que si el DIH no otorga legitimidad. Todo eso no tiene ninguna relación con el tema.

Respecto a Bojayá, ciertamente Cifuentes responsabiliza al Estado por omisión. No es tan tonto como para decir que los militares lanzaron el cilindro después de que las mismas FARC lo reconocen, pero al final la culpa es del Estado por omisión. ¿Acaso no está para garantizar nuestra vida? Un Estado que no garantiza nuestra vida merece que lo destruyamos (eso dijo Molano cuando el atentado a Eduardo Pizarro).

"En torno a Bojayá hubo alertas..." ¡Claro, Cifuentes ya había denunciado la VIOLENCIA ESTRUCTURAL.

Los siguientes párrafos de su post siguen con lo mismo: que nadie discute que el Estado debe respetar el DIH. Eso no tiene nada que ver, todo el problema es la corrupción del lenguaje que hay en términos como "conflicto armado", "actores del conflicto", etc. Ése es el tema del escrito de Zuluaga y de mis comentarios. Sobre eso usted no dice nada, sino sale con una discusión que yo no entiendo. Otra vez: ¿cuándo se ha negado el gobierno a aplicar el DIH o a respetar los derechos humanos? Claro, hay denuncias concretas contra policías y militares, pero también hay instituciones haciendo las investigaciones pertinentes. Todo eso no tiene nada que ve. Lo de "conflicto armado" es la excusa para igualar a los terroristas con las instituciones.

"La sindicación contra Francisco de Roux era lo menos que se podía esperar de un simpatizante del sicariato."

Bueno: eso ya es rebajar la discusión a niveles ridículos. No sólo tengo todos los escritos que usted puede encontrar en estos blogs sino también muchos en otros blogs y en foros como los de Caracol y Colombia Analítica (los de Terra los quitaron): nunca he defendido ningún asesinato, y menos de personas desarmadas. Lo cual no quiere decir que no denuncie a un jesuita amigo de los alemanes y muy publicitado por El Espectador como un creador de base social para la guerrilla clerical. Eso es radicalmente obvio. Si la Compañía de Jesús en conjunto no estuviera apostando al apoyo al ELN y también a las FARC, hace tiempo que Javier Giraldo habría sido silenciado o ex comulgado.

Pero ahora las verdades más obvias se deben ocultar para no ser sindicado de amigo del sicariato. ¿A ver quién está justificando y alentando asesinos?

En fin: el resto de su post es a medias una declaración de intenciones muy bonita, y después un comentario sobre la desmovilización de Ralito. Nada que ver con el tema de Zuluaga. A tal punto que ya no sé si lo expliqué bien en mis posts anteriores o si es que hay algo que se quedó sin comentar.

Anónimo dijo...

Espejo responde:
Si la opción por amenaza terrorista en lugar de conflicto armado no afecta el compromiso del gobierno con el DIH, más baladí resulta el memorando. Pero el tema de la distinción sigue siendo incómodo, más cuando está de por medio una política de seguridad de gran envergadura, acompañada de fuertes dosis de propaganda. La historia tiene que decir que el pueblo se cansó de los terroristas y acompañó masivamente al prócer en su gesta vencedora.
Pero ese pueblo no tiene ningún derecho a decir que también estaba cansado de los soldados que le pisaban los cultivos, se gastaban el agua (cobrada por acueducto) sin reponer un peso, dejaban la finca llena de basura o daban espectáculos bochornosos en una vereda conservadora de un municipio cercano a Bogotá, hace no mucho. Porque eso es como equiparar los terroristas a los soldados de la patria. Peor aun incluir el término conflicto armado en un documento. Si no hay conflicto armado, no hay más de un bando que cause víctimas, a saber el terrorista. Las víctimas son causadas por la amenaza terrorista y el que quiera ver más allá no tiene permiso de actuar por acá.
Pero, volviendo al dichoso artículo de Zuluaga, que el DIH - en los protocolos adicionales - defina conflicto de una manera tal que sea plausible usar esa calificación al caso colombiano, no le está dando estatus especial alguno a la guerrilla. El tipo hace un giro sucio de la palabra conflicto a guerra pero no dice guerra civil.
La incomodidad central de lo héroes armados del bando de la verdad es que ellos sí se saben peleando una guerra irrregular y no pueden operativamente con principios de distinción. Una redada o una sacudida como las que se han dado en barrios de Bogotá, trae consigo abusos que le pesan a la gente. El zorrero empapelado en Barranquilla tiene que esperar los términos de ley (y que a la corte se le dé la gana revisar el caso) para recuperar su libertad. La noche del Nogal, varios de los apartamentos de los edificios evacuados atrás del club fueron saqueados por personal uniformado. La culpa la tienen los terroristas pero ellos no le llevaron la manito a los cacos.
La otra cara del tema es el orgullo. No hablo del honor del guerrero o el honor militar. Vi la representación de su muerte en la película "La Gran Ilusión" de J. Renoir. El orgullo dice que para los militares sus enemigos son blancos individuales a derribar, no estructuras con rango y una fuerte aspiración a emularlos (son sus principales imitadores). No tienen mandos, tienen cabecillas. Sus médicos son auxiliadores de criminales, son judicializables y no hay reconocimiento del ejercicio de la misión médica. Los hospitales de campaña se destruyen y los medicamentos se incautan. Se asume que un poblador infectado por leishmaniasis es potencialmente un guerrillero. Por años se ha controlado la circulación del tratamiento para dicha enfermedad, situación que ha cambiado con el incremento de contagio por expansión de las zonas de riesgo y por la exposición de los soldados del plan patriota, ante lo cual el propio ejército se quedó sin suficiente medicina y teme por la viabilidad sanitaria de su ofensiva.
Sobre privatizar la Universidad, reconozca que es usted presa de un resentimiento fuerte contra esa institución. Hace unos años como estudiante yo no hubiera admitido el más mínimo asomo de aprobación con procedimientos administrativos considerados privatizadores. Hoy creo que hay funciones de la Universidad que se deben flexibilizar y vivo la pesadez de la controladera para hacer cualquier proyecto con la Universidad. Los términos de control (todos de ley y aumentados desde el cambio de Constitución) de la operación del dinero de la Universidad hacen que su movimiento sea muy lento, lo cual alienta a los proveedores a subir sus tarifas. Pero sé que hay cosas que la iniciativa privada no va a hacer y son fundamentales. La prueba es que las universidades privadas mejor calificadas reciben hoy aportes de presupuesto nacional (como si fueran públicas) y siguen sin meterse en serio en investigación básica y varias de ellas siguen siendo muy confesionales. Creo que hay servicios contratables por fuera, incluso para cosas que hoy hacen muchos cargos académico - administrativos, creo que la Universidad debe ganar en alianzas con muchos sectores productivos del medio privado e ir ganando autonomía financiera, sin la cual no hay de la otra. Pero esa institución no hay que desmantelarla. Yo jamás sugeriría que cerraran la de Antioquia por haber graduado a un zafio como Álvaro Uribe.
Sobre lo de De Roux, me ratifico. Además yo no bajé el nivel, pues líneas arriba fui increpado de varias formas y fue cuestionada mi decencia. Es más frecuente que el entorno de la guerrilla califique el Plan de Desarrollo y Paz como paramilitarismo a que se asocie al cura como guerrillero. Esto me recuerda cuando Castaño justificó el atentado a Borja diciendo que el tipo era del comando central del Eln (Borja es miembro del comité central del pc). Al menos había una calumnia de por medio, como no hubo para justificar el asesinato de la señora de las aromáticas.
A veces sus afirmaciones sobre la Compañía de Jesús me recuerdadn (no es exacto pero me pasa) la secta llamada solidaridad iberoamercana, especie de representante para Colombia de un exótico movimiento llamado executive intelligence review, y con sede cerca a la Universidad Nacional. Los tipos se dicen seguidores de un enajenado mental llamado Lyndon Larouche, eterno candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, ex prisionero político y ex agente de la CIA; quien se declara católico, antineoliberal, enemigo de Bush, anticomunista, pero sobre todo gran responsable de la puesta en evidencia de la "Conspiración Británica". Para ellos, las Farc, Fidel Castro, Rigoberta Menchú, George Bush padre e hijo, los "asesinos" de Diana de Gales, la ONU, Wall Street y otros tantos; son títeres al servicio de una bicentenaria conspiración de la corona británica. A sus conferencias mensuales llevan a Harold Bedoya y tienen suscriptores en mandos medios de todas las Fuerzas Armadas. De lo estrafalarios llegan a ser divertidos, pero su entorno de oyentes es de cuidado. No, la Compañía de Jesús no tiene todos esos atributos que usted le otorga. Entre otras porque son jesuitas y con esa gente nadie sabe qué pensar. La guerrilla hace tiempo que se dio cuenta de eso.

Jaime Ruiz dijo...

Sobre la relación entre guerra civil y conflicto armado, me quedo con lo que comentaba Atrabilioso: es el viejo cuento de que la gente no tiene nada que ver en una guerra de militares contra guerrilleros. Teoría respecto de la cual habla Zuluaga, como tratando de recuperar ante su público (docentes, la base social de todos los totalitarismos empezando por las madrasas) ese terreno perdido de "no involucrar a los civiles en el conflicto" (quién tuviera tiempo para hacer una lista de la retórica mamerta.

Pero respecto a los derechos humanos y demás, la mayoría de la gente politizada que apoya a Uribe se siente claramente a favor de un respeto riguroso al DIH. Tanto como decir que dos figuras fundamentales del gobierno, el vicepresidente y el comisionado de paz, son antiguos luchadores por los derechos humanos. Que el bando guerrillero ya no los pueda utilizar ni pueda aprovecharse de su inexperiencia política para ponerlos a decir que la guerrilla es invencible (como decía Santos) y demás, es otra cosa. Ellos no se han vuelto partidarios de la tortura.

Sobre mi resentimiento con las universidades, me quedo con lo que dice Enrique Krauze. La cuestión de privatizar la Nacional es complicada. Por ejemplo la investigación básica: ¿sirve para algo la investigación básica en Colombia? Acerca de la calidad, lo normal es que los actuales profesores fueran los dueños y en lo esencial que dejaran de ser funcionarios de un centro gratuito donde se escoge a los que han ido a los colegios de ricos a una institución donde el que entra se compromete en serio a pagar, con un plazo generoso, sus estudios.

También conviene comentar lo que dice Wilfredo sobre el foro de El Tiempo: en cuanto son egresados de la Nacional, no tienen más que recetas ideológicas, ningún criterio serio para pensar en orientar el país.

Sobre los jesuitas: usted rehúye la cuestión importante, que es que jesuitas como Javier Giraldo, pero también muchos otros, son abiertos partidarios de la guerrilla. Personajes como Ernesto Cardenal. ¿Cómo es que no los llaman al orden? El ELN lleva décadas sometido a algún sector de la Iglesia.

Sobre De Roux: no discutiré más porque desconozco los detalles y porque para mí es suficiente ser jesuita. No es que él sea del ELN sino que el ELN obedece a los jesuitas, y tarde o temprano el proyecto de De Roux se convertirá en base social leal que se movilizará como recomienden los jesuitas. No otra cosa son ciertas guerrillas.