17 jul. 2005

Ya se va aclarando todo

Lo he explicado hace poco en el contexto de otra discusión: Alfredo Molano destaca entre todos los escritores del bando guerrillero por ser el más directo y franco.

No podría ser otro quien nos explicara los motivos por los que es lícito oponerse a la ley de Justicia y Paz y en cambio apoyar que los crímenes guerrilleros se premien.

Es lógicamente la posición de todos los opositores, empezando por politicastros indecentes que sólo prosperan en lugares como Colombia, como César Gaviria y Rafael Pardo. Su amor por las víctimas estaba más bien orientado al futuro en tiempos del Caguán, querían salvarlas del peligro, pero ahora que parece que las AUC están dejando de producirlas, se orienta al pasado, quieren salvarlas del olvido.

Lo que esos personajes no pueden explicar, y Molano sí, son las razones profundas de todo eso. He aquí una perla de su columna de hoy en El Espectador:

"Tanto el Presidente como su Comisionado de Paz han presentado la ley como general y válida también para la insurgencia. No faltaría más. Sería demasiado cínica una ley con carácter particular. Pero en el fondo lo es, por una sencilla razón: las guerrillas no buscan la reinserción legal sino la reforma del sistema económico y político. La ley podría ser mucho más generosa y laxa con la subversión y el Gobierno encontrará la misma respuesta que las Farc le dieron a Pastrana: primero las reformas. Por supuesto que la negociación en el Caguán era mucho más costosa –pero también más duradera– que una desmovilización a cambio de una débil e incompleta verdad, unos juicios de papel y la burla a las víctimas."

Es decir, que quede claro, esa impunidad es excesiva para las AUC e insuficiente para las guerrillas, que quieren otro país. ¿Qué sustento tiene ese nuevo país? Me repito, esto ya parece el padrenuestro: es lo que dictaminan de forma unánime las "universidades" públicas, y en realidad no es más que el retorno al orden de castas de la sociedad colonial. Las urnas sobran por completo, por cuanto alguien debidamente legitimado por quien puede hacerlo tiene derecho a levantarse e imponer otro orden. ¡Que venga Bejarano y nos explique el sustento jurídico! Nadie debe dudar de que lo encontrará: en un país de iletrados hasta los horribles retruécanos de Luis Eduardo Garzón parecen explicaciones sensatas de las cosas, ¿qué resistencia va a tener una pastoral repleta de lenguaje jurídico y algún latinajo?

Pero es que las últimas palabras de la cita de Molano también lo expresan todo. Y "todo" quiere decir "todo lo que hay en el alma de los opositores al gobierno". Hace 3 semanas el mismo columnista se refería a la necesidad de tener en cuenta a las víctimas:

"Cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero sugirió en borrador la posibilidad de una negociación con Eta, Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución Española de 1978 y hoy Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, exigió inmediatamente oír en primer lugar a las víctimas y se reunió al efecto con todas las asociaciones que las representan. La decisión era apenas lógica. Si la cosa es entenderse con los victimarios, se cae de su peso la obligación de oír ante todo a las víctimas, y hacer valer sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación como un elemental deber del Estado. En Colombia, como ha sido dicho y repetido, a las víctimas se les desconoce, y se les ignora. Aunque el engendro jurídico llamado de Justicia y Paz aprobado por las mayorías de que habla la representante Parody, se refiere formalmente a las víctimas, no hubo una sola reunión del Gobierno con ninguna de las 430 asociaciones que existen en el país. La razón es simple: sólo son considerados víctimas los secuestrados por la subversión y los soldados mutilados por las minas. El gobierno de Uribe busca borrar los nombres de la gente destrozada por las motosierras paramilitares, de los miles de desaparecidos que sin duda estarán enterrados en fosas comunes o cuyos cuerpos nunca aparecerán porque fueron botados a los ríos; y ni para qué hablar de los millones de desterrados de las tierras que hoy aumentan el patrimonio de grandes palmeros, reconocidos ganaderos y patrióticos bananeros.

>>Las víctimas, además de humilladas, han sido timadas. Pedirles que sacrifiquen su dolor para hacer la paz es una falacia calculada. La impunidad no lleva a la reconciliación. Por el contrario, es una causa activa de la guerra. Una paz que no beneficie a las víctimas y que no haga justicia, es la raíz de una nueva guerra. ¿Acaso la amnistía y el indulto decretados por Rojas Pinilla, que excluyó al Partido Comunista –y a sectores vinculados a él– no ayudan a explicar las Repúblicas Independientes y el nacimiento de las Farc? ¿Acaso el indulto a los miembros de la fuerza pública que “se hubieran excedido en el cumplimiento de su deber” como decía el decreto del 53, no fue una garantía que permitió la organización de las tenebrosas Guerrillas de Paz y la acción criminal de los Pájaros, comandados por Ángel María Lozano, el célebre Cóndor? La continuidad y transformación de la violencia de los años 50 en la guerra irregular que hoy vivimos, tiene un eslabón de acero: la impunidad. En el fondo es una confesión de la participación del Estado en el terror y a la vez la renuncia tácita a detener la máquina de la guerra sucia. ¿No está detrás de esta estrategia el argumento de Luis Carlos Restrepo y Vicente Castaño de que si el Gobierno no hace lo que los paramilitares quieren, éstos regresan a la motosierra? Esa amenaza no cesará con la ley, antes bien, la fortalece y prolonga. Lo que se acaba de aprobar no es un paso hacia la paz, es la legalización de la palanca de la guerra.

[...]

>>De hecho, el Gobierno ha optado por apadrinar a los victimarios dejando tiradas las víctimas a su propia suerte."

ES QUE, hay que empezar a tener claro de qué se habla: repartir el poder político con unos asesinos y aplicar su modelo por encima de la sociedad no es impunidad sino justicia, los muertos, secuestrados, mutilados, viudas y huérfanos, NO SON VÍCTIMAS sino de los que provocaron el levantamiento de esos justicieros.

Por eso en El Espectador aparece cada semana la correspondiente columna de una "víctima", el campeón del cinismo, que deja chiquito a Molano, el honorable Cepeda II, de quien se dice que es el embajador de la izquierda en Francia.

A ver, ¿acaso no es la injusticia la que lo lleva a él a ordenar continuamente secuestros y masacres? ¿Acaso es un deber resignarse a vivir en un país en el que mandan los victimarios?

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Quien es Jaime Ruiz en la realidad?

Juan Hugo Peñaranda Mateos dijo...

A mí me han dicho que es un red-necious paranoico.

Anónimo dijo...

Primero fue Rangel diciendo que la ley de desmovilización creada para los aras debía ser desmontada por una mas laxa para las guerrillas, ahí dejo claro que Político Económico y mediático que tienen las guerrillas y ahora es Molano reforzando lo dicho por Rangel y agregando la entrega del poder a las FARC para que todo llegue a feliz termino.

Jaime Ruiz dijo...

Para el último anónimo: bueno, hay una gran diferencia entre lo que dicen Rangel y Molano. El primero defiende la ley de justicia y paz y advierte que puede haber aún más impunidad para las guerrillas sin que protesten los que se quejan de la ley actual. Pero el segundo expresa el fondo del asunto: las guerrillas no quieren impunidad sino imponer su proyecto de país.

Y es lo que yo digo todos los días sin que nadie me haga caso: ¿qué van a importar las guerrillas sin esa determinación de asesinar la democracia? Sólo son una fuerza de choque de ese bando. No sólo están con ellas quienes las alientan abiertamente, como Molano, sino todos los que creen que se deben negociar las leyes con ellas, como Rangel y en realidad casi todos los que escriben en la gran prensa.

Lo que pasa es que la gente no se quiere dar cuenta. Y esa ofuscación (otra vez repitiéndome) es toda la fuerza de las guerrillas. Con los propagandistas de la rendición denunciados y derrotados en las urnas, ya pocas esperanzas les quedarían de recuperar fuerza, por muchas masacres que cometieran.

Respondon dijo...

Todos de acuerdo, pues: la guerrilla no pelea (bueno, asesina y tortura y secuestra y mutila, es decir pelear a su modo) para unos fines meramente particulares, sino para establecer una dictadura sobre el pueblo colombiano en su conjunto. Molano lo dice, Jaime lo dice, todos lo dicen. Esto puede ser muy positivo si el gobierno sabe manejar el discurso sobre la paz, lo cual no esta demostrado hasta ahora. La cuestion se vuelve (con el manejo adecuado), que tipo de pais quiere la guerrilla? Que tan viable es su modelo? En este blog todos sabemos que la respuesta es abrumadoramente obvia--por que, pues, no difundirla? En Colombia, lamentablemente, no se puede recurrir a la critica a los medios, pues todos los actores (palabra que me gusta por lo perverso) han cometidos actos atroces en mayor o menor cuantia. Hay que criticar a los fines buscados, y decir sin ambiguedades que el modelo autoritario socialista es un desastre, y seria igualmente desastroso si las FARC fueran unos muchachos medio pintorescos como el M-19 en su momento, o completamente pacificos como los grupusculos tipo MOIR. Ya ha llegado el momento de derrotar a la guerrilla no con protestas de panuelos blancos contra la violencia, sino con el desprecio que se merece el socialismo autoritario pregonado por ellos y por sus portavoces como Molano.

Jaime Ruiz dijo...

Para Respondón:

Sí, ciertamente es así y es la discusión que interesa, pero es que siempre resulta más cómodo pensar que hay un bando de bien absoluto que son los civiles desarmados y una atroz injerencia selenita que son los guerrilleros.

Todo ese fenómeno de atribución (feos, sucios, pobres, perversos, crueles, toscos) responde al modelo clasista. Es como si la mayoría de la gente acomodada del bando antiguerrillero los viera realmente como la rebelión de los pobres contra la injusticia. En tal caso darían ganas de apoyarlos.

Eso me llama la atención porque esas personas no creen en la propiedad sino que la defienden porque la tienen. Como si mañana un gobierno decretara que los de pelo claro tienen preeminencia en todos los sitios y demás y uno fuera de ese grupo. Estaría encantado de disponer de todo libremente pero "en el fondo" sabría que ahí había una injusticia.

Lo mismo pasa con las clases acomodadas antiguerrilleras, que atribuyen cierta superioridad moral a la izquierda. Y para mí el origen de eso es el catolicismo y en realidad lo que tiene de transmisión de la sociedad antigua, de Roma en última instancia. El que trabaja es despreciable y su riqueza no tiene ninguna legitimidad especial, mientras que el hombre de condición superior sirve al Estado (o a la Iglesia, o a la Revolución) y obtiene su significación social de su puesto en el escalafón, no del dinero o las propiedades que posea.

Entonces, a la hora de hacer frente a la ideología totalitaria, la gente está llena de complejos: es aliada de EE UU contra la legítima resistencia latinoamericana, es aliada de los empresarios contra la superior calidad de los intelectuales, etc.

Con lo que la hegemonía ideológica izquierdista no viene a ser más que la continuación del sistema de valores tradicional. Por eso la minoría que condena resueltamente el socialismo suele estar formada por la misma gente que condena el sistema de estratos y el desprecio de la gente sencilla o sin estudios. Ya he dicho muchas veces que en versión tropical y en la barahúnda del siglo XXI se trata de un conflicto del Barroco.

Hasta ahí lo "ideológico" de esa dificultad. Resumiendo, eso tan obvio como que el problema es el proyecto socialista es difícil porque la gente considera moralmente superior ese orden. Incluso sabiendo que no hay ninguna igualdad, que a la hora en que yo mando no voy a dormir en las mismas condiciones que el que menos manda, por ejemplo el que se opone a mi autoridad, y si los dos nos interesamos por la misma dama ya se sabe quién tiene primacía.

Pero queda lo político: ¿cómo hacer que la gente se dé cuenta de que convirtiendo a la guerrilla en una mera banda de rateros en realidad protege a sus aliados? Yo pienso en los 800.000 votantes bogotanos de Garzón. No tengo dudas de que la maquinaria liberal puso al menos una cuarta parte y tal vez un tercio de los votos, ni de que sumados a los de los buses y a los empleados estatales y sus familias, vendría a haber al menos dos tercios de los votos. Supongamos que no haya que contar a esa gente, que ya el docente del sistema público de por sí deba ser considerado un individuo irrecuperable y un agente totalitario (es lo que yo creo). Siguen quedando al menos 200.000 votos de personas que creen que un gobierno socialista va a remediar la pobreza, o al menos a "hacer algo" contra ella. Por ahí empieza para mí el socialismo, por la idea de que lo que haga el gobierno vaya a servir de mucho.

¿Sabían que votaban por la guerrilla? En cuanto escribo eso todo el mundo mira para otro lado, como avergonzándose de oír semejantes disparates. Y no falta el que me considera ultraderechista. Pero ¿qué es lo que propone el PDI, por no hablar del Partido Comunista y otros socios de Garzón, que no sea el socialismo autoritario? ¿Qué es lo que quieren hacer con la guerrilla sino negociar las leyes con ella, precisamente en todo aquello en lo que sus programas coinciden?

La gente cree que degrada y debilita a la guerrilla convirtiéndola en las 20.000 fieras mientras que sus socios, como esos miles de extranjeros que viven en Colombia con las "Brigadas Internacionales de Paz" y demás, resultan unos angelitos de lo más generoso.

En realidad yo creo que en la últiima década se ha ganado a una franja importante de la población para el bando antisocialista, pero eso no quiere decir que éste haya pasado a ser mayoritario. Los elementos ideológicos profundos no se van tan rápido de las cabezas, y como ya he dicho el socialismo y la guerrilla son la expresión más clara de la mentalidad tradicional. Por eso la unanimidad antiamericana de las universidades y de la prensa.

(Octavio Paz, que nació en 1914 y era nieto de un escritor, señalaba que el antiamericanismo era el discurso conservador, lo propio de las clases altas tradicionales, y habría de ser alguien ligado a los pobres e indios, como Juárez, quien buscara la alianza del norte. Un poco como Suárez en Colombia. En realidad eso es fácilmente demostrable, pero la gente en Colombia no lo puede ver porque todas sus lealtades la conducen a legitimar el sistema de castas tradicional.

Anónimo dijo...

Carlos B
Muy bien Jaime, Usted en cada intervención demuestro lo útil que es para el futuro de Colombia. Sobre el complejo moral Usted tiene mucha razón, figúrese que estaba hablando con un grupo de Bogotanos que no estaban de acuerdo con la Administración Garzón pero en vez de ser agresivos decían que no estaba mal los programas “Sociales” que el neocomunista estaba realizando, la cuestión eran si podían ser sostenidos en el tiempo y si valía la pena haber frenado el progreso de la Cuidad gracias a ellos, aceptaban lo impuesto por que mal o bien venia de la Izquierda y discutir la valides de sus Políticas se estarían metiendo en cuestiones morales donde ellos no querían verse comprometidos como insensibles, eso también puede responder por que Garzón a pesar de ser un desastre mantiene márgenes de aceptación tan altos que hasta hoy llegan al 55%. Mientras un 45% lo desaprueba sin complejos existe una mayoría que no se atreve por temor a pasar como “Malvado” y todo por que se sienten inferiormente moral.