11 feb. 2006

Un problema ecuatoriano

Lo que sale en claro del último conflicto con Ecuador es el poder del terrorismo, por una parte, y la inmadurez de Latinoamérica por la otra: una inmadurez que se manifiesta sobre todo en la triste retórica con que se disfrazan las conductas más mezquinas.
______Por una parte, no se le puede pedir a los ecuatorianos que combatan a las FARC como enemigos de su país porque es algo que difícilmente hacen los militares colombianos. Y tampoco se puede decir nada del hecho de que estén presentes en Ecuador: hay demasiadas razones por las que no se puede impedir esa presencia.
______Pero las airadas protestas porque en la persecución de los terroristas entren a Ecuador militares colombianos son lamen- tables. ¿Es que las FARC no habían violado la «soberanía» ecua- toriana al utilizar su territorio para lanzar incursiones en Co- lombia? ¿Es que no son a medio plazo un problema grave para Ecuador, por mucho que no sean un producto ecuatoriano?
______Nada de eso, sólo es que sale más caro contrariar a las FARC que al gobierno legítimo colombiano. Por eso la reacción del presidente Uribe tiene más sentido del que parece: se advierte a ese país que no puede convertirse en el burladero de las FARC, que ninguna razón autoriza a ese gobierno a negarse a colaborar en la lucha contra una banda terrorista.
______Otra cosa son las reacciones interesadas en Colombia. A ese respecto el Editorial de El Tiempo de hoy es ejemplar: la excusa de la falta de diplomacia se explota para tratar de des- gastar al presidente, ocultando que la intención de los edito- rialistas no es otra que promover la «solución negociada».
También es comprensible que el gobierno de Quito no quiera involucrarse en una guerra que le es ajena, lo cual no puede significar una actitud complaciente con la presencia de las Farc en su territorio. Entre más pronto se vea esto claro de ambos lados, mejor será para evitar el deterioro de la que debe ser una excelente relación entre dos países vecinos y hermanos.
______Es difícil saber si la oscuridad de ese párrafo es ambi- güedad calculada o simple torpeza: ¿se está defendiendo al go- bierno ecuatoriano en su deseo de no verse involucrado en la guerra o se le está advirtiendo que el hecho de no involucrarse en la guerra no debe llevarlo a ser complaciente con las FARC? Para ambas cosas sirve la frase, pero ¿es que es posible desentenderse de la guerra sin ser complaciente con las FARC?
______No, no hay una guerra que le sea ajena a Ecuador, tarde o temprano las FARC serán un factor de poder en las provincias orientales y reforzarán a cualquier bando radical. Pero aunque fueran respetuosas del Ecuador, ¿puede realmente permitirse que desde un país entren enemigos a matar gente con la excusa de que ese país es neutral? Y si la guerra le es ajena al gobierno ecua- toriano, ¿por qué la susceptibilidad con las incursiones aéreas?
______En fin, moralmente, la actitud ecuatoriana es insostenible, y en realidad sólo la justifica El Tiempo, pero eso corresponde a su propio proyecto. También el periódico de los Santos «contempla» a la guerrilla. ¿O qué ocurrió durante los años del Caguán?
______Ojalá el episodio, y la misma vida del Ecuador hiciera re- flexionar a nuestros nacionalistas: de falacias como esa sobera- nía que violan unos militares que persiguen a unos criminales pero no éstos se alimenta el complejo de inferioridad de los pue- blos que caen en manos de nacionalistas, y se justifican actitudes que moralmente están más cerca del crimen que de una conducta recta. Sin el nacionalismo eso no sería posible decirlo, y si algo ha sufrido Ecuador es esa peste: en el siglo XX eligieron cinco veces presidente a un demagogo cuya profesión era el odio al Perú.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Serguio.


El Nacionalismo no es nada bueno y solo sirve paraquepersonas tipo Chavezlleguen al poder de sus respectivos Paises y los hundan en el camino de la oscurida.

Jaime Ruiz dijo...

Para Sergio: completamente de acuerdo. Cada comunidad y cada nación deben estar atentos a su interés y a sus valores y no a la llamada de la tribu, que es la peste moderna.