19 nov. 2006

Ideología y narcotráfico

Si algo hay desconcertante en este mundo son las reacciones de los colombianos frente al narcotráfico. Mejor dicho, si en algo se manifiesta lo torpe y perversa a un tiempo que es la mentalidad predominante en Colombia es en lo que se dice sobre el narcotráfico, no sólo desde el bando de los que lo explotan como forma de hacer carrera política sino incluso desde el gobierno. Lo peor tal vez sea la ceguera, voluntaria, conveniente y aun agradable, respecto al papel del discurso totalitario, hegemónico entre las clases que cuentan con alguna instrucción. El narcotráfico se ha convertido en el comodín que perfectamente excusa los crímenes de las guerrillas comunistas, que en varios países de Centroamérica mataron en proporción aún mayor que en Colombia, sin que las drogaran con dinero fácil. Lo interesante es que aparte de culpar a las supuestas víctimas casi no se quiere imaginar un país respetado en el mundo: "¿qué podemos hacer nosotros, pobres?", "legalicen y se acaba el problema", son las respuestas habituales, y la principal causa procede de que en realidad no hay un compromiso con la democracia sino que los poderosos esperan aprovechar ese negocio para congelar su jerarquía tras una orgía de sangre que correría a cargo de sus tropas de niños.

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