4 sep. 2012

Notificada censura de prensa

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NOTIFICADA CENSURA DE PRENSA

Por Jaime Castro Ramírez
La sindéresis suele ser una facultad del ser humano poco aplicable a las actuaciones y reacciones que le dicta su conducta. Y bueno, en personas del común, cualquiera diría, que sin ser justificable apartarse del buen juicio, y quizás por su condición de nivel cultural, tendría algún grado de ‘tolerancia’ su actitud de comportamiento inadecuado, pero cuando se trata de jueces de la república, el alcance de ese comportamiento merece una singular objeción.

Reacción de censura periodística por parte de la Corte Suprema de Justicia 
La nobleza, sensatez, y ponderación, son instrumentos que facilitan el buen suceso de las relaciones sociales. Cuando estos preceptos son desplazados de la cotidianidad, aparece entonces la forma traumática del comportamiento humano. Y qué tal si hablamos de que tal situación de complejidad es adoptada por uno de los poderes públicos, en este caso el poder judicial de Colombia, en cabeza de su máximo organismo, como es la Corte Suprema de Justicia.

Puede ser válido citar como antecedente generador del revanchismo hacia el periodismo, el hecho de que las altas cortes hayan fracasado en sus pretensiones de intereses individualistas que habían cotejado cuidadosamente a favor de sus privilegios en el adefesio llamado “reforma a la justicia” (alargar periodos de sus cargos de 8 a 12 años, alargar la edad de retiro de 65 a 70 años, quedarse con el poder politizado de nominar candidatos a altos cargos, aplicar justicia politizada). No era reforma a la justicia para administrar justicia, como debe ser exclusivamente la misión de los jueces. Hay que reiterar que a los magistrados tal vez no les interesa el principio socrático de que el verdadero juez es el que: escucha cortésmente, responde sabiamente, pondera prudentemente, y decide imparcialmente.

Gracias a los medios de comunicación los colombianos pudimos conocer la magnitud de esas componendas, por lo cual, se gestó la protesta nacional que obligó al gobierno a desistir de ese desafío al pueblo. Por informar lo que Colombia necesitaba conocer, ahora la Corte quería tomar revancha pasándole cuenta de cobro al periodismo.

Es tal la magnitud de desprestigio de la justicia que magistrados de Corte Suprema se atrevieron a conminar a periodistas con demandas penales, dizque por injuria y calumnia en sus columnas de prensa, en este caso, a María Jimena Duzán por criticarles la autorización de extraditar a un paramilitar sin que antes responda ante la justicia colombiana por: verdad, justicia, y reparación, por sus crímenes; y a Cecilia Orozco por criticarles el haber retirado a un magistrado auxiliar (Iván Velázquez) como director de la investigación contra la parapolítica.

A los señores magistrados hay que recordarles que en Colombia existe un régimen democrático, del cual es atributo la libertad de expresión, y que ésta no se puede mancillar ni callar como represalia porque informa a la ciudadanía lo que debe informar, y por no permitir que se le limite su acción a no publicar lo que algunos potentados e inescrupulosos funcionarios quieren que no se conozca.

Fue necesaria la protesta de los medios de comunicación condenando esta actitud de censura por parte de la Corte, y de la solicitud del fiscal general de la nación invitando a esta corporación a desistir de la demanda contra las dos periodistas, para que los señores magistrados decidieran renunciar a su pretensión de judicializarlas.

Insistimos que esta conducta de la Corte Suprema de Justicia es condenable por su lamentable e infortunado precedente contra la libertad de expresión. De todas maneras esto es un grave precedente porque queda en el ambiente de los medios de comunicación como la notificación de un preaviso de que deben observar un alineamiento de la información.

El mal ejemplo contamina
Pareciera que la Corte Suprema de Justicia de Colombia hubiera encontrado eco en las funestas prácticas contra la libertad de expresión que gobiernos de países vecinos, como, Venezuela, Ecuador, Argentina, y Bolivia, han impuesto a los medios de comunicación para limitar su misión informativa exclusivamente a lo que ellos quieren que se conozca por parte de los ciudadanos. Es la peor manera de manipular el derecho del pueblo a vivir informado, y también la forma de encausar su mezquina actuación, que se alimenta de sus recónditos impulsos de renovar su condición de poder, sin que sea objetado por el derecho a la réplica que otorga la legítima crítica.

AL MARGEN: También suena a censura de prensa la embestida del presidente de la república Juan Manuel Santos, cuando dijo: “Si no hubiera medios de comunicación no existiría el terrorismo”.


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