2 oct. 2012

Sinceridad y paz


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SINCERIDAD Y PAZ

Por Jaime Castro Ramírez

La realidad de las evidencias se mide en relación directa con el grado de confianza depositado en la fuente generadora de un hecho. Es obvio entonces afirmar que la clase de ‘intención’ puede ser variable en la medida de la honestidad aplicada para determinar las circunstancias que conllevan al logro de una finalidad. Ante una disyuntiva de esta naturaleza, lo que se requiere es tener la capacidad de análisis, o llámese malicia, para observar las situaciones que generen dudas específicas en cuanto a la posible aplicación de ‘intenciones perversas’ por parte de agentes que se ocupan del engaño premeditado a través de acciones camufladas de corte populista.

¿Qué ocurrirá en la negociación de paz con las FARC?
Se suele decir coloquialmente que lo que mal empieza mal termina. Ojalá no sea el caso de los diálogos de paz, pues este es un tema trascendental para el país; pero sí hay que decir que quizás el bache más notorio y preocupante en el preacuerdo de diálogos de paz que firmaron, consiste en que por parte de los representantes del gobierno no se estipuló qué es lo ‘no negociable’ respecto al Estado de Derecho y su democracia; de tal manera que lo que va a ocurrir es que los interlocutores tienen la vía libre para pedir negociar lo que ellos quieran, pues según el contenido de ese texto todo sería negociable, y es obvio que en base a este presupuesto de negociación sin límites no se puede concluir en una paz equilibrada y digna, justa y duradera, y que por lo tanto ofrezca confianza de sana convivencia para la sociedad colombiana.

Claras intenciones de las FARC
El pensamiento condiciona la voluntad y por ende determina la acción de la conducta humana. Acto seguido aparece la clase de intención con que se actúa. En un análisis elemental sobre el discurso de “Timochenko” respecto al preacuerdo con el gobierno de empezar diálogos de negociación política, sería suficiente observar la contradicción de las frases de inicio y terminación de dicho discurso, pues con tal evidencia es fácil entender la doble intención con que las FARC acuden a tal encuentro. Al iniciar dijo: “Llegamos a la mesa de diálogos sin rencores ni arrogancias”, y para finalizar expresó: “Hemos jurado vencer y venceremos”. Contradicción total. La primera frase prescinde del factor aliado de la paz, que es la sinceridad, y se limita a una apariencia disimulada para engañar a los colombianos tratando de mostrar un nuevo talante que no lo sienten así, solo que en la frase final lo confirman regresando a su verdadero estilo arrogante de sentido guerrerista. Entre el desafinado y discordante tono de las dos frases se configura el mismo discurso comunista trasnochado de siempre, sin ningún cambio: “Oligarquía, imperialismo, desigualdades sociales, tierra y reforma agraria, el supuesto enemigo en que se convierten las multinacionales (quiere decir acabar la inversión extranjera), socializar la economía (significa estatizarla a través de expropiaciones)”, etc. Los medios de comunicación y el gobierno solo resaltaron las supuestas “bondades” de la primera frase, y dándole la significación del prólogo adecuado para la paz, pero sin relacionarla con el sentido perverso bien conocido de la última frase.

La siguiente es una síntesis del preacuerdo que firmaron el gobierno y las FARC en la Habana, en el cual incluyeron los siguientes puntos:
1. Política de desarrollo agrario integral, lo cual se refiere a que hay que implantar una agricultura socialista.
2. Nuevos movimientos de oposición con plenas garantías, o sea las FARC y sus movimientos satélites.
3. En un juego de palabras las FARC hablan de la ‘dejación de las armas´, pero a la vez dicen que ‘dejarían las armas de acuerdo a sus intereses’, lo que significa que no habrá entrega de las armas, y por consiguiente podrán continuar armados.
4. Cese al fuego y de hostilidades bilateral, lo cual contradice el mandato constitucional de que la fuerza pública tiene que estar en permanente actividad de defensa de la soberanía y la seguridad nacionales.
5. Reincorporación de las FARC a la vida civil en lo económico, lo social, y lo político, de acuerdo a sus intereses, de manera que tendrán la posibilidad de determinar cómo quieren el futuro de la sociedad colombiana.
6. Hablan del marco jurídico para la paz, y por supuesto de lo que puede significarles en materia de perdones para todos sus delitos.
7. Se refiere a que quienes se opongan a los puntos negociados serán catalogados como organizaciones criminales.
8. El gobierno nacional revisará y hará las reformas y ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz.

Este último punto, con definición tan genérica, puede tener tanto de largo como de ancho en lo que se compromete el gobierno a reformar institucionalmente, donde aparecerá sin duda el tema de la fuerza pública.

Para que las pretensiones consignadas en el discurso de Timochenko y en el preacuerdo de diálogos de paz, se materialicen en su extensión, solo se requiere una condición que consiste en proscribir la democracia colombiana, a lo cual pueden aspirar las FARC porque partirán del entendido de que todo es negociable, según el documento de preacuerdo firmado, y que obviamente fue aceptado por el gobierno.




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Perroflauta

En España se ha hecho popular esta palabra que designa a un tipo de persona que se opone al "sistema", pasa buena parte de su tiempo en la calle fumando cannabis o tomando cerveza con su grupo de amigos, apoya a los movimientos asamblearios que todavía sueñan con hacer la revolución y exhibe un look andrajoso. Una especie de tribu urbana cuyos miembros no tienen 16 años sino más probablemente 26 y que en cierta medida expresan el desánimo y la falta de expectativas que dejó en el país el zapaterismo.

Lo llamativo es que en Colombia uno también ve a esa clase de  personas,  y no en los últimos años sino desde hace casi medio siglo; pero no piensa que son vagabundos sino que inmediatamente los reconoce como universitarios. Bueno, es injusta la comparación, dado que el perroflauta es en últimas una persona inofensiva y el universitario colombiano es un asesino, no siempre capaz de llevar a cabo su programa pero siempre cómplice, tanto de los "tirapiedra" de los años setenta como Timochenko o Alfonso Cano, como de los justicieros actuales que sólo en la última semana mataron a un miembro del ESMAD en Bucaramanga, sin que el hecho apareciera siquiera en la prensa.

A tal punto lo que llaman educación en Colombia es el adoctrinamiento de esa clase de personas, que un estudiante de la Universidad Nacional publicó un escrito denunciando que lo habían detenido por llevar el doble de la dosis personal porque había comprado para un amigo (lo promocionaba el ahora ministro de salud Alejandro Gaviria). Ni se le ocurre que el gasto en "educación" de personas de vida cómoda como él empobrece al país, pues a fin de cuentas su estilo de vida es como un "derecho" que tiene. Podrá quedarse cuantos años quiera hasta obtener un título y los suficientes contactos dentro del movimiento revolucionario para parasitar al Estado.

No es cuestión de armar un gran escándalo por la marihuana. No me parece un hábito peor que el de beber aguardiente, pero ¿en alguna parte del mundo hay estudiantes que se emborrachen todos los días? Desgraciadamente, cuando uno dice que esos antros deberían cerrarse escandaliza a todo el mundo. Nadie quiere entender que su única función es asegurarles rentas y público a parásitos que heredan el poder ahí y que se las arreglan para seguir viviendo del cuento hasta que se pensionan a los cincuenta años con rentas multimillonarias.

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