21 feb. 2013

Pero ¿por qué hay tantos entusiastas de la paz?

Por @Ruiz_senior

Santos prometió en su discurso de posesión premiar a las FARC y al día siguiente se estaba reuniendo con Chávez, quién sabe qué tendrían acordado y desde cuándo. El proceso de negociación política que tiene lugar ahora ya lo señalamos como seguro, así como la resurrección de las FARC, en la misma semana de la posesión.

Lo que no se esperaba es que algo así fuera a contar con tanto respaldo popular, como si la gente no fuera capaz de acordarse de todo lo que ocurrió durante los años del Caguán ni de la situación del país en la época en que se posesionó Uribe. Parece que el gobierno y la prensa conocen la mala memoria de los colombianos mientras que los demás suponemos que son gente como la de cualquier país.

No se puede negar que la adhesión popular a Uribe tuvo mucho que ver con ese respaldo al cambio de rumbo: más que el fervor pacifista, previsible dado el control de los medios y la populosa militancia comunista de maestros y estudiantes universitarios, lo que contó fue el silencio casi absoluto de quienes se oponen a que se premie a los terroristas.

Gracias al control que pasó a tener Santos de la chequera pública, su capacidad de poner de su parte al legislativo, junto con la orgía de calumnias y persecuciones de todo tipo que emprendieron el poder judicial y la prensa, hicieron que las quejas de Uribe se quedaran en comedida "crítica constructiva", pese a que todo lo que ocurre ahora se preveía. El eslogan de campaña de Santos se hizo verdad: si "él confía en Juan Manuel" todos terminaron confiados en que negociar podía ser una medida sensata.

Así se llegó a esa hegemonía que permitió a Santos alcanzar excelentes resultados en las encuestas cuando se anunció la negociación. Cuando se piensa en los grupos que en una circunstancia concreta se hacen protagonistas y en los que afloran como nuevos agentes, hay que destacar el éxito del gobierno: es raro el joven que no se sume a la moda antiuribista y que no suscriba la propaganda terrorista, bien en su variante directa de los "Colombianos por la Paz", bien en la demagógica de Gustavo Bolívar y los "indignados".

Eso por no hablar del acoso que sufrió Uribe por parte de los medios durante todo su gobierno. No debe bastar el dato de que quienes los controlan son los socios del terrorismo, ¿o es que se dirigen a un público oligofrénico que suscribe cualquier cosa que le digan? Se podrá responder que el público ha sido previamente adoctrinado por décadas de propaganda y por la educación, pero esa certeza requeriría que la gente más apta del país seleccionara la esclavitud totalitaria y la miseria por puro desvarío, cosa que se opone a toda la evidencia empírica de cualquier época y lugar.

Esta cuestión es de la máxima importancia para entender el movimiento guerrillero, toda vez que la inmensa mayoría de los lectores "compra" la leyenda de la propaganda (de la autodefensa campesina) o como mucho admite la influencia soviética y cubana en los orígenes, culpando al tráfico de drogas del resto. De no ser por un continuo flujo de activistas y una formidable red de apoyos en otros países, además de las vastas complicidades judiciales, periodísticas, etc., hace décadas que no habría guerrillas.

De modo que es importante detenerse a pensar en los procesos mentales de la gente que dice tranquilamente que hay que sentarse a negociar como personas civilizadas, que no podemos estarnos matando por siempre, que hay que darles una parte de lo que piden, que el uribismo es corrupto y todo lo demás.

Lo problemático es que la gente que se opone a las guerrillas no suele establecer una asociación clara entre la ideología chavista y las bandas criminales: la persona educada, blanca, de ropa bien seleccionada y lenguaje más o menos esmerado que habla y obra a favor de los terroristas les parece equivocada o desleal, en el peor de los casos. Como ya he explicado muchas veces, los colombianos no tienen una idea clara de la licitud o ilicitud del asesinato, sólo de aquello que permite saber de qué estrato es cada persona. Eso llega a tal punto que un jefe terrorista como Alejo Vargas se permite dar lecciones de buenas maneras a los políticos.

Un personaje de Los demonios de Fiódor Dostoievski se sorprende ante la deriva criminal de su grupo y exclama "No era lo que queríamos", hecho sobre el que el novelista hace mofa. Los colombianos no llegan a eso, les resulta del todo imposible asociar las varias generaciones de universitarios que clamaban por la revolución y la destrucción del Estado "burgués" con la acción guerrillera actual. Si son humildes desconocen la ideología universitaria y prefieren evitarse líos, si son acomodados casi siempre la comparten, o en todo caso tienen parientes y amigos que la comparten.

Pero las guerrillas sólo son el movimiento estudiantil: pasar de salir a tirar piedras a los buses a cometer masacres es un proceso lógico, nadie podría esperar que el Estado "burgués" se fuera a rendir porque le cambiaran la cara a un usuario de un bus. El interés de destruir las estructuras militares estaba en las consignas que gritaban y en las clases que recibían. Por eso la mayoría de los dirigentes guerrilleros actuales proceden del movimiento estudiantil.

Pero ¿por qué les da a los estudiantes por la revolución? En Colombia parece una pregunta absurda. ¿Por qué miran los muchachos las piernas de las mujeres? ¿Por qué no miran con tanto interés las maravillas de la naturaleza o del arte? ¿Qué es un estudiante? ¿Qué es una universidad? Cuando se piensa en el asombro de los colombianos ante esa pregunta se abre un camino para entender por qué hay guerrillas.

¡Claro, es que son jóvenes y sueñan con un mundo justo (y no han hecho bien las cuentas)! El que a los veinte años no ha sido comunista es que no tiene corazón, etc. Casualmente sus profesores tienen cuarenta años y siguen soñando con un mundo más justo, y a los sesenta años están pensionados y no vacilan en apoyar un mundo más justo, y a los ochenta llevan treinta o más cobrando pensión y no dejan de ser leales a sus sueños justicieros. Los colombianos relacionados con la universidad siempre son jóvenes y conservan su buen corazón.

La gente piensa que en las universidades públicas se permite la entrada de personas humildes y por eso son un factor de equidad. Si se piensa en una fecha como 1970 la proporción de analfabetos sería del 50% de la población. Los que accedían a la universidad podría ser el 1% de los jóvenes, como mucho, y obviamente dentro de esa proporción estarían seguro los de familias poderosas. Entre todos los estudiantes universitarios tendría que haber por fuerza una minoría insignificante de personas de extracción humilde.

Y sin embargo nunca ha sido más hegemónico el comunismo. ¡Pura vocación de traidores a su clase!

Los rabiosos derechistas que condenan a las guerrillas o a la "izquierda" (ellos llaman así a cualquier idea que no corresponda a su odio al mundo moderno) no tienen ninguna explicación para esa toma de partido de los estudiantes: ingenuidad juvenil. Pero ¿y los profesores? Arrogancia de intelectuales. No se les ocurre que la revolución socialista es una aspiración lógica de los universitarios, que corresponde a intereses pecuniarios específicos y a valores y tendencias arraigados.

Las sociedades de Hispanoamérica provienen de la conquista y colonización del territorio por los españoles que habían estado antes conquistando la península durante varios siglos y que el mismo año del descubrimiento expulsaron a los judíos. Como respuesta a la rebelión de los cristianos del norte de Europa, Roma lanzó un movimiento de restauración conservadora, la Contrarreforma, que tuvo en España su principal valedora. Las colonias españolas se formaron en esa cultura, que no sólo incluía intolerancia y apego a los dogmas, sino que daba por sentados los valores de los castellanos viejos: el odio al trabajo, la sumisión al clero, la fuerte estructura jerárquica...

Las sociedades hispanoamericanas siempre han estado en manos de las castas formadas durante los siglos coloniales y detrás del disfraz democrático conservan la misma estructura. El rechazo a la democracia liberal, a la competencia, a la primacía del dinero sobre las jerarquías establecidas, etc., son rasgos obvios de esas castas.

Por eso es comunista la universidad. Porque las castas tradicionales necesitan rentas seguras y un papel directivo en la sociedad que antes tenían asegurado a través de la Iglesia. Si en 1970 menos del 1% de los jóvenes accedía a la universidad, ¿de qué sector social provendrían los profesores? La ideología comunista tenía el éxito asegurado, además, porque la universidad formaba personas para dirigir el Estado y en absoluto para trabajar. ¿Qué más tentador que dirigir la sociedad sin los límites que plantean la propiedad privada y la democracia?

Las guerrillas son la fuerza de choque de la llamada izquierda, que es sólo la articulación de las ambiciones de determinados grupos de las clases altas. La historia del M-19 es al respecto aleccionadora: alrededor del movimiento Firmes se agrupaban varias familias presidenciales mientras que los asesinatos de Tacueyó corrían por cuenta de los propios indios. Llegado el momento, Gaviria le dio un ministerio a Camilo González, que provenía de grupos socialistas universitarios junto con Laura Restrepo y muchas otras figuras del poder posterior.

Cuando el colombiano de clase media se hace adulto no tiene otros modelos que los de los poderosos profesores, que cuando alcanzan a redactar párrafos más o menos coherentes se hacen columnistas (no importa que sea un "científico social" que no sabe quién es Theodor Mommsen, como Reinaldo Spitaletta). Si ha podido estudiar tendrá el problema de asegurarse una renta que le permita vivir sin grandes dificultades, que casi siempre consiste en un puesto universitario. Sus aspiraciones se acaban en ser considerado intelectual y tener un ingreso decente, por supuesto que afirma que ya es hora de dejar de matarnos y todo lo que haga falta.

Esas personas están en el bando terrorista, y no por una opinión sobre lo que hay que hacer con las guerrillas: están con las guerrillas, por el socialismo, por la revolución, etc. No lo dicen abiertamente porque no es conveniente, aunque a medida que vaya acercándose la toma del poder tomarán partido más claramente. Una derrota guerrillera plantearía el peligro de que se exigiera productividad a las universidades, o de que se las privatizara o cerrara.

Baste pensar que la Constitución de 1991 aseguró una proporción altísima del PIB para financiar la Universidad Nacional, por no hablar de la prohibición del lucro para las universidades privadas, que dejan de ser empresas para convertirse en entidades semipúblicas que no pagan impuestos y están en manos de sus profesores.

Cada vez hay más estudiantes universitarios y por tanto más partidarios de ensanchar el gasto público en universidades. La concepción de los colombianos sobre ese hecho es la misma que tienen de las casas gratis: casi nadie ve el robo, que el dinero de alguien que ahorra para comprar una casa se le quita para dársela gratis al cliente de Santos y Vargas Lleras.

Esos estudiantes y luego afortunados rentistas del Estado son la base social de las guerrillas. Su "apuesta por la paz" es por el premio de los crímenes terroristas y por asegurarse para ellos el uso de las rentas petroleras y mineras. Siempre han estado ahí y ahora son más ruidosos porque gracias a la sabia elección que hizo Uribe de las listas de congresistas y senadores, aparte del candidato presidencial, hoy todo lo que se haga a favor de los terroristas tienen un apoyo hegemónico en la prensa.

Pero no son ni locos ni ingenuos ni, sobre todo, ajenos a las bandas terroristas: sólo son la Colombia de siempre, la sociedad colonial reproduciéndose en el parasitismo de los descendientes de los conquistadores y en las grotescas pretensiones de intelectualidad y hasta humanismo. Mientras la gente siga creyendo que sus enemigos son los pobres sicarios del Cauca o el Caquetá y no quienes les proveen su proyecto y usufructúan sus crímenes, no se podrá hacer nada contra el terrorismo.

Bueno, mientras se siga creyendo que "los buenos somos más" y que el terrorismo es el resultado de "ideas foráneas". Sólo es eso que los derechistas ven como aspiración, y puede que su rabia sea sólo por verse desplazados: el miedo de la vieja sociedad al mundo moderno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El peor de los agravantes de la situación es que la gente cree que todo esto sería muy distinto sin los asesinatos y los secuestros. Es como si creyeran que los asesinos son unos locos y no actuaran en estricta concordancia con la ideología que se promueve.

Pero como la solución a los problemas que proponen estos próceres es incrementar el gasto y el dirigismo estatal, lo que hay que hacer es tomarse el Estado. No importa cómo si en todo caso la razón está de su lado.

Da una especie de risa nerviosa: los asesinatos y los secuestros acabarán cuando Colombia se convierta en Cuba.

Ruiz_Senior dijo...

Anónimo:

Cuando Colombia se convierta en Cuba las muertes violentas se multiplicarán pero no se llamarán asesinatos y secuestros sino purgas y campos de concentración. Y pagarían muchos de los actuales promotores del terrorismo, pero eso es como decir que la mayoría de los que entran en el casino salen perdiendo.

Gracias por su comentario.