28 may. 2013

Deslealtades del poder

Por Jaime Castro Ramírez

Una de las figuras importantes consagradas en el derecho internacional y en las respectivas convenciones que reglamentan el ejercicio de conceder la protección o refugio a perseguidos políticos, se refiere a la institución del asilo político. El asilo político es entonces una medida de protección internacional para proteger la vida de la persona y de su familia cuando ha sido acusado y perseguido en su propio país por sus opiniones políticas consecuentes con su forma de pensar diferente a la del régimen que gobierna. Se otorgan dos clases de asilo: 1. El asilo territorial, el cual tiene lugar en el territorio del país que concede la protección. 2. El asilo diplomático, que se da en embajadas acreditadas en el país de donde huye el perseguido político.

Ignominiosa situación de Fernando Balda en Colombia
Como antecedente, se podría empezar diciendo que Fernando Balda es un abogado y exasambleista ecuatoriano, que según su propia versión, defendió de oficio, sin cobrarle honorarios, a quien como ministro de defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, le abrieron un proceso judicial y a la vez le expidieron orden de captura en Ecuador por motivo de la operación militar en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, donde dieron de baja a alias ‘Raúl Reyes’.

Este abogado es un opositor al régimen del presidente Correa de Ecuador y por lo mismo lo convirtió en un perseguido político. Por tal razón, y porque corría peligro en su país, se trasladó con su esposa y sus pequeños hijos a Colombia para solicitarle asilo político a quien él le colaboró en la defensa frente a la causa jurídica en Ecuador para que le levantaran la orden de captura, cuyo resultado lo logró a través de un sobreseimiento de la justicia ecuatoriana a favor de Santos.

Según Balda, él acudió a las autoridades colombianas a ponerles en conocimiento su verdadera situación de perseguido político, incluido el presidente Santos, y gestionó ante el ministerio de relaciones exteriores el correspondiente permiso para vivir en Colombia, pero simultáneamente solicitaba que le concedieran la visa y el derecho de asilo para poder vivir regularmente en el país. Dice que en principio le otorgaron unas credenciales y un pasaporte provisional.

Afrentosa persecución
Quizás lo que menos se imaginó Fernando Balda que pudiera ocurrir fue que desde Ecuador mandaran a unos individuos, espías de la inteligencia ecuatoriana, primero a violar la soberanía colombiana, y luego a secuestrarlo en Bogotá. Pero resulta que lo inimaginable se le convirtió en realidad. Además, los actos ignominiosos que le sucedieron en Colombia, se ejecutaron con complacencia de autoridades colombianas, pues a pesar de la denuncia que Balda dice haber instaurado ante la fiscalía colombiana y aportando las pruebas de rigor, expresa que no ha habido resultado alguno de investigación y condena a culpables. Es más, el afectado relata que el fiscal que llevaba el caso, tan pronto estableció evidencias, fue removido de esa responsabilidad. ¿Será una manera de entorpecer la investigación, de pronto para no incomodar con este episodio al presidente ecuatoriano Rafael Correa?

Pero peor aún es el hecho de que hoy, más de 9 meses después, el presidente Santos no se haya pronunciado, como es su deber, sobre la violación a la soberanía colombiana por parte de Ecuador; lo que sí ocurrió de Ecuador hacia Colombia por los hechos de Sucumbíos, con la diferencia que en esa ocasión lo ocurrido fue a unos metros de la frontera y por motivo se seguridad frente al terrorismo, lo cual beneficiaba a ambos países; mientras que ahora la violación a la soberanía colombiana fue en plena ciudad de Bogotá y por perseguir a un demócrata ecuatoriano. Correa en su momento denunció a Colombia ante la OEA, ¿Santos qué irá a hacer? Es posible que la respuesta sea: nada, pues todo pareciera indicar que tal vez se actuó cumpliendo órdenes de Correa.

Los siguientes son los hechos sucedidos en Colombia en contra del citado ciudadano ecuatoriano, narrados por él mismo:

1. El 5 de julio de 2012 fue detenido por agentes de la policía de Colombia para llevarlo a migración con fines de deportación, con el pretexto de que estaba ilegalmente en Colombia. Al demostrarles que tenía sus credenciales y su pasaporte expedidos por la cancillería, fue dejado en libertad.

2. El 13 de agosto de 2012 fue secuestrado en una calle de Bogotá por espías ecuatorianos y con ayuda de secuaces colombianos contratados, y a la fuerza fue obligado a abordar un vehículo en el cual se lo llevaron. Gracias a taxistas que observaron el hecho, reportaron lo ocurrido a la policía metropolitana que desplegó de inmediato un operativo envolvente hacia las salidas de Bogotá. Dice Balda que los secuestradores tomaron la autopista norte y al llegar al peaje de la salida de la ciudad la policía le hizo el pare al vehículo donde lo llevaban pero que éstos no atendieron la orden, por lo cual se empezó la persecución y que los individuos al verse descubiertos lo dejaron votado en la vía, donde luego fue rescatado. También cuenta Balda que en base a investigación de la policía del Gaula, luego le explicaron que en esta ocasión los delincuentes lo iban a asesinar y desaparecerlo, según lo confesado por uno de los secuestradores capturado en los hechos y quien narró todo el proceso delictivo llevado a cabo para cometer el acto criminal.

3. El 10 de octubre de 2012 fue detenido nuevamente por policías colombianos, y sin darle oportunidad de explicar absolutamente nada, fue conducido de inmediato al aeropuerto donde lo esperaba un avión oficial ecuatoriano que lo llevó a Ecuador donde fue detenido y encarcelado.

Igualmente fue deportada su familia, pero cometiendo un grave error, pues una de sus hijas nació en Colombia, y sin considerar que era colombiana, fue deportada también. Esto de deportar a una persona colombiana inocente solo debe pasar en Colombia.

Anuncia Balda, con toda razón, que a través de sus abogados está denunciando a Colombia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la violación de sus derechos, y por supuesto por la violación de los derechos de su hija colombiana que la deportaron en forma arbitraria. En consecuencia, le esperará entonces a Colombia una fuerte condena que obligará a indemnizar a la víctima y a su hija.

Aparte de que le hayan violado los derechos de este ciudadano por parte de autoridades colombianas, ¿dónde queda el sentido de lealtad, y quizás de gratitud, por parte del presidente Santos que se benefició de la labor profesional de Fernando Balda en los servicios que desinteresadamente le prestó como abogado? Bueno, también es cierto que en materia de deslealtades, quienes eligieron presidente a Santos tienen bastante que decir.

Lo que se observa es que para el gobierno de Colombia fue más importante congraciarse con Rafael Correa enviándole a su perseguido para que pueda saciar sus odios políticos a través de la venganza de mandarlo a la cárcel.

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