6 jun. 2013

El bando de la gente rica

Por @Ruiz_senior

Intereses de clase
Aparte del marxismo, no he visto en la opinión colombiana ninguna noción sobre la relación entre las clases sociales y las facciones políticas: lo más frecuente entre los que no comparten el discurso de la prensa y los comunistas es una especie de "derechismo" de trazo grueso, constituido por generalidades que poco tienen que ver con los rasgos reales de la sociedad colombiana: en Europa los socialistas y comunistas obraron como representantes de los intereses de los trabajadores, al menos de intereses inmediatos de protección contra los excesos de los propietarios y empresarios.  Aun el chavismo busca el apoyo de las mayorías con la prédica de la igualdad y la asistencia a los más pobres. Aplicar los juicios que podrían corresponder al socialismo europeo a lo que se llama así en Colombia es muestra de que no se entiende nada.

Colombia en sus castas
Esa izquierda europea se formó como efecto de la industrialización y de ahí le viene su ideología. En Colombia no hay industrialización, los pocos intentos que ha habido se han encontrado siempre con la pasión confiscadora de los dueños del Estado. Por eso la idea de que los ricos son los empresarios es una patética idiotez: eso sería lo apropiado en un país civilizado, pero cualquiera que conozca la sociedad colombiana tendrá que reconocer que en el 10% de personas más ricas están la mitad de los empleados estatales (la otra mitad la forman los soldados, policías, aseadoras y personal de ese tipo). Es decir, la principal fuente de riqueza siempre ha sido el Estado y el conjunto de las personas adineradas la forman quienes están cerca del poder político: las clientelas de la casta que heredó el poder del régimen colonial. Como beneficiarios del ahorro formado a partir de actividades productivas, con toda certeza no hay ni una décima parte de ese 10% de ricos.

Servicio doméstico
Es imposible discutir con personas que encuentran en la deshonestidad un motivo de orgullo, cosa que es la predominante entre los colombianos: la realidad de que la inmensa mayoría de las personas ricas no tienen empresas ni las dirigen es incomunicable porque nadie quiere considerar hechos objetivos. A todos les parecen que los ricos son los muy ricos y así una persona que obtiene cada mes 10 millones de pesos se considera ajena a los ricos. Pero se trata de esa clase de gente y el problema es que no conozco al primero que quiera entender que ese sector social es el que se ve representado en la política por la llamada izquierda. La cháchara igualitaria no corresponde en absoluto a ninguna conexión con los intereses de las mayorías y recuerda con asombrosa precisión el anhelo evangelizador con que se emprendió la Conquista: la prédica del amor como pretexto para el saqueo. Pero a cualquiera debería bastarle pensar en la clase de personas que disfrutan de servicio doméstico. Al menos en Bogotá, donde viven la mayoría de esas personas, la proporción de partidarios de los columnistas de Semana y antiuribistas debe de ser al menos de 9/1.

Universidades
Hacia 1970 los colombianos analfabetos eran cerca de la mitad. ¿De qué minoría extremadamente privilegiada provendrían los que iban a la universidad? No obstante, la hegemonía comunista era mayor que nunca. ¿Cómo se explica que los miembros más inteligentes de las clases más adineradas se dejaran arrastrar por el sueño totalitario? La explicación marxista es simple y precisa: no se trataba de arrasar el capitalismo sino de impedir su implantación y quienes lo hacían eran en esencia reaccionarios que frenaban el desarrollo de las fuerzas productivas. De eso se trata, de que las clases productivas podrían hacerse hegemónicas y desplazar a los grupos que siempre han vivido alrededor del Estado. El ascenso del comunismo en medio mundo, y en particular la Revolución cubana, ofrecieron el molde de ese ensueño: dado que era probable el ascenso de una organización revolucionaria que se haría dueña de todo, la apuesta de futuro estaba en esa organización, pues el avance del capitalismo terminaría por amenazar el cómodo parasitismo de esos grupos.

El triunfo
Esos sectores, e insisto en que considerarlos "izquierda" sólo muestra una ignorancia espantosa de las claves sociológicas de la política, alcanzaron la hegemonía en la década que va desde la elección de Belisario Betancur al ecuador del gobierno de César Gaviria: la Constitución del 91 fue la constatación de ese triunfo: se aseguró la prosperidad de los revolucionarios gracias a la multiplicación del gasto público, en particular en Justicia, Salud y Educación, se prohibió el lucro en las universidades, lo que hizo que las privadas pasaran a depender en la práctica del Estado y se aseguró la hegemonía de los herederos de las castas superiores de la sociedad tradicional gracias a la acción de tutela. El resultado está a la vista, pero en el país de la mala fe es imposible que a alguien le interese o quiera registrarlo: el índice de Gini correspondiente a Colombia era en 1991 de 51,3 y llegó a ser de 60,7 en 2002. ¿Recuerda el lector UN SOLO economista al que le interese un dato como ése? Todos son del bando "justiciero" y tienen por oficio mentir para seguir favoreciendo el despilfarro que les permite enriquecerse.

Mecanismos
Los "derechos adquiridos" son un mecanismo típico de esa exacción parasitaria. Durante décadas los empleados de empresas estatales pasaban a cobrar pensión a los cuarenta años, a menudo a los veinte de haber trabajado (lo que permitía que la pensión empezara a cobrarse antes de los cuarenta años) o, como en el caso de Ecopetrol, cuando la edad más los años de trabajo sumaban 70. Pero se trata de muchísimas más ventajas además de las pensiones. Los maestros podían cobrar la pensión además del sueldo si habían cumplido veinte años en el cargo. Todavía hay situaciones que favorecen a esa clase de empleados. En el caso de la acción de tutela el prodigio es más directo: el primer beneficiado de la abolición de las leyes y los contratos es el gremio litigante, oficio característico de los descendientes de castas de poder. De más está decir que los jueces son compañeros de estudio y a menudo amigos y parientes de los abogados. Gracias a la arbitrariedad ratificada en la Constitución, enriquecerse es facilísimo para unos y otros: a costa de los clientes, pero también a costa de los demás colombianos cada vez que un derecho fundamental que interpreta un juez favorece un gasto inicuo a favor del cliente de su socio.

"Paz", miedo e intereses

La dimensión sociológica de los individuos no es única ni excluyente, el parásito social típico puede ser además miembro de una minoría sexual, el rico puede ser compasivo, etc. Lo mismo ocurre con las respuestas individuales ante las bandas terroristas. La experiencia es que los sectores privilegiados representados por la llamada izquierda obtuvieron ventajas fabulosas del poderío terrorista gracias a la Constitución de 1991 y a los "argumentos" (como padrinos Smith & Wesson) que expone la CUT en las negociaciones. Un poco en esa dirección va el entusiasmo por las negociaciones de Santos con los terroristas, lo cual no excluye que en las mismas personas haya una dosis altísima de miedo a la violencia. La mayoría que, al menos en Bogotá, se detecta a favor de esa negociación está formada por una amalgama de reacciones e intereses que se complementan, siendo el factor predominante la autoridad de los pacifistas: su mejor condición social y su mejor acceso al consumo de bienes suntuosos. Eso los hace promotores de los crímenes, pues el triunfo de los terroristas, que es lo que llaman paz, se vuelve también una garantía para sus intereses, sobre todo porque comportará una nueva expansión del gasto público (ni hablar de lo que ya se avanzó con la Ley de Víctimas, gracias a la cual los jueces, abogados, políticos y activistas de ONG pasarán a ser la clase de los potentados).

Luego...
Y al pensar en todo eso resulta claro que la lucha contra el terrorismo no es sólo la defensa de la vida y la ley, sino también de los principios de equidad que definen a las democracias: estos ricos del bando "progresista" no lo son por ninguna productividad sino gracias al atraso del país, a la pésima calidad de la educación, al reparto de las rentas de materias primas entre los que se arriman al Estado y en definitiva a la persistencia de una dominación que no corresponde a la situación del capitalismo sino a una barbarie previa. Mientras no se entienda esto se seguirán dando palos de ciego.

1 comentario:

G PADILLA BORBON dijo...

Estamos frente a otro caso de engaño y traición. los postulados políticos de los terroristas van orientados a tomarse el poder, nunca a beneficiar las comunidades.
Por otro lado tampoco quieren el poder para hacer de este un de ética y moral van con el fin de tomárselo y practicar lo mismo que hacen los corruptos de turno.