18 sep. 2013

Y entonces llegó la paz

Por @Ruiz_senior

Lo más fácil de encontrar en este mundo, sobre todo en Colombia, es ilusos. Por ejemplo, los que creen que Santos se levantará de la mesa de La Habana para buscar los votos uribistas por la reelección, o que el proceso fallará por la imposibilidad de obtener apoyo ciudadano, o que la Corte Constitucional no aceptará la impunidad aprobada en el Marco Jurídico para la Paz.

Esas ganas de entregarse a fantasías agradables afectan a la inmensa mayoría de los colombianos, desde los expertos como Alfredo Rangel hasta las mayorías que se dejan llevar a la "paz" que no es otra cosa que la instauración de un régimen como el cubano con algún maquillaje. Esto dice Rangel:
El Gobierno no tiene más opción que suspender esos diálogos en algún momento de su último año de gestión. Será imposible sostenerlos con un proceso electoral en marcha.
Respecto a la esperanza de que la providencia de la Corte Constitucional sobre el MJP "salve" al país de la caída en manos de los terroristas, baste prestar atención a lo que señala Saúl Hernández:
Tampoco nos convence mucho la rectificación hecha por la Corte Constitucional (CC) en el sentido de que los máximos responsables de las Farc, por la comisión de delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio, no podrán ser beneficiarios de la suspensión de pena, como se había planteado inicialmente al declarar exequible el Marco Jurídico para la Paz.

La verdad es que los mecanismos para pasarse esta decisión por la faja, están servidos. En primer lugar, el concepto de ‘máximos responsables’, que resulta un poco gaseoso, podría terminar siendo manipulado a favor de los cabecillas de las Farc, dejando incólumes a miembros del Secretariado y el Estado Mayor. Como antesala, no solo hemos sido testigos de la forma como la justicia ignora los casos de farcpolítica sino que hace poco el fiscal general Eduardo Montealegre, al imputar cargos por los ‘crímenes más graves del conflicto’, abrió cargos contra los principales jefes paramilitares, casi todos extraditados a los Estados Unidos (Salvatore Mancuso, Ernesto Báez, Ramiro Vanoy, Ramón Isaza, Diego Vecino, Hernán Giraldo, Miguel Ángel Mejía Múnera, Diego Fernando Murillo, Fredy Rendón Herrera e Iván Laverde Zapata, entre otros), mientras que los imputados de la guerrilla, dan risa: Elda Neyis Mosquera, alias ‘Karina’; Elí Mejía Mendoza, alias ‘Martín Sombra’; un tal Marco Fidel Giraldo, alias ‘Garrapata’, y otro fulano de nombre Olimpo Sánchez Caro, alias ‘Cristóbal’, del Ejército Revolucionario Guevarista. Es decir, puros chivitos expiatorios.

Pero, hay más. Resulta que la CC introdujo un elemento adicional como es que tales crímenes hayan sido cometidos “de manera sistemática”. Con ello veremos que hasta los peores crímenes de las Farc, por sistemáticos, metódicos y repetitivos que sean, terminarán siendo interpretados como hechos aislados y sus perpetradores serán absueltos. Además, ni siquiera es necesario hilar tan delgadito para descubrir el boquete por el que se va a colar la impunidad. Basta con señalar que la CC, al referirse a la ejecución de la pena, no está hablando exclusivamente de cárcel; incluso, tampoco está ciñéndose a una reclusión. Las alternativas son variadas, como casa por cárcel, prisiones especiales al estilo de La Catedral o reclusión abierta en lugares como las zonas de reserva campesina. También podría darse libertad vigilada con brazaletes electrónicos o, simplemente, libertad condicional. Y, como propuso el fiscal Montealegre, la pena podría consistir en algún tipo de trabajo social como el desminado humanitario.

Como si fuera poco, prohibir la suspensión total de la pena podría ser un mero saludo a la bandera por lo relativo al tiempo de las condenas, que podrían ser apenas de algunos meses y en ningún caso llegarían ni a los ocho años contemplados en la Ley de Justicia y Paz que, aplicada a los paramilitares, ha sido considerada por muchos como una burla a las víctimas.
Podría abrumar al lector con montones de citas de entusiastas que creen que la negociación fracasó o puede fracasar, pero lo más probable es que los conozcan. Nada de eso va a ocurrir. Por el contrario, cada día que pasa se confirma el plan de firmar la paz en un acto solemne el 11 de noviembre, como proclamaba un rumor que comenté hace varios meses, unos días después de que le den a Santos el Nobel de la Paz, cosa que podría ser ahora menos probable por los resultados de las últimas elecciones noruegas.

Todo lo que ha aparecido en la prensa en los últimos días lo confirma, pero sobre todo la entrevista de Santos a BlueRadio en la que confirma que habrá cese de hostilidades en cuanto se firme la paz. Las condiciones de ese cese y del plebiscito posterior ya lo explican todo, la entrega total del país al totalitarismo comunista según un plan de hace muchas décadas, tal como explica Carlos Romero Sánchez en este esclarecedor artículo.

De modo que ya no es lícito sorprenderse: el gobierno no se levantará de la mesa y la proclamación de los acuerdos podría ser inminente o retrasarse unas semanas, según la conveniencia del gobierno. Conviene prestar atención a esos acuerdos. Voy a comentar algunas frases de la entrevista de Santos a BluRadio.
Inmediatamente lleguemos a unos acuerdos, hay un cese al fuego, inmediato, y entramos en la tercera fase, la de la implementación. Y uno de los pasos fundamentales (de esa etapa) es que el pueblo colombiano va a poder manifestarse sobre esos acuerdos, va a poder refrendarlos.
¿En qué consistirá exactamente el cese al fuego? Ya hay una experiencia muy precisa con los diálogos de Belisario Betancur. ¿Va a cesar la extorsión? Por el contrario, se expandirá porque los guerrilleros ya no tendrán que ponerles emboscadas a los soldados ni esconderse de ellos. Como no son idiotas, no dirán que están extorsionando, cosa que no aliviará mucho la situación de las víctimas. La extorsión se atribuirá a la "delincuencia común". Lo mismo ocurrirá con los demás negocios ilícitos de los terroristas. La idea de que el pueblo colombiano va a poder manifestarse sobre esos acuerdos hace pensar en la posibilidad de que Santos concibiera no hacerlo: de puro buena gente va a permitir que se refrenden.

Pero claro que los terroristas NUNCA entregarán las armas, tampoco después de que se refrende la componenda, de lo que hablan es de "dejación de armas", como explica Carlos Romero Sánchez. Pero el referendo, que también comenté en abril, será literalmente un atraco: la población elegirá: o se somete a lo acordado por el gobierno y los terroristas, o afronta las bombas. O entregar la cartera o sufrir un corte en la yugular. Tiene gracia que la gente crea que el uribismo es de "extrema derecha" cuando ninguno de sus portavoces denuncia tal maravilla.

Claro que por entonces la amenaza de las bombas y las masacres terroristas será mucho más creíble que nunca porque ¿qué creen que se dedicarán a hacer cuando no tengan quién los persiga? No hay realmente una gran diferencia entre obtener recursos con sus negocios ilegales y armarse, que es lo que harán: los colombianos no tendrán alternativa a someterse porque la desmoralización del ejército será total y la presencia terrorista será mayor que nunca, además de la presión de las demás organizaciones "civiles" del crimen organizado y de los medios pagados por el gobierno.

Santos asegura que tras entregarles el poder las FARC entregarán las armas. Eso ciertamente no ocurrirá, salvo que sean incluidas como fuerzas militares legales. Pero conviene recordarlo:
Eso está por negociarse, pero la entrega en la práctica de las armas, que dejan las armas que pertenecen a las FARC, tengan la absoluta seguridad que eso será así porque es parte del proceso.
¿Está por negociarse? En ese caso se corre el riesgo de que se nieguen a entregar las armas. Pero no está por negociarse, sólo falta acostumbrar a la sociedad a ese paso de "reconciliación" consistente en convertir en amos a los peores psicópatas. Cuando se negocie no saldrá que entreguen las armas, ciertamente.

Sería un gran avance que la gente empezara a contar con esos datos, pero desgraciadamente sigue habiendo muchos que confían en que los acuerdos no resulten. Ya resultaron, los crímenes que ocurran a partir de ahora sólo tendrán el objetivo de disuadir cualquier oposición. El que quiera oponerse debe empezar a pensar en algo más que en la alegría de tener a Uribe de candidato a senador porque el asalto ocurrirá mucho antes, puede que incluso en septiembre, y el plan de la manguala avanza sin resistencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno, los intelectuales que apoyan el proceso son igual de desacarados, pero señalar el descaro es una invitación a ser tildado de facho guerrerista.