2 ene. 2014

Uribe: claudicación y hecatombe

Por @Ruiz_senior

Voy a comentar la última declaración del expresidente.
Declaración de 31 de diciembre de 2013
Álvaro Uribe Vélez

(No seremos obstáculo para la paz pero nos opondremos a que no se castigue con cárcel a los criminales de delitos atroces, se les eleve a partido político y se les convierta en congresistas, porque la falta de justicia es mal ejemplo a las nuevas generaciones, impide el perdón, no garantiza paz estable, engendra nuevas violencias y desprotege a las víctimas.)
El texto aparece así en un Twitlonger, empezando con paréntesis, tal vez porque es cita del texto del comunicado. Lo comentaré cuando llegue a ese punto.
Colombia podría ir mejor, ha perdido 12 posiciones en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, que recoge el resultado de políticas sociales burocratizadas.

Ya que a los empleadores les quitaron la obligación de cotizar al Sena, ICBF y salud por trabajadores hasta de 10 salarios mínimos, es incomprensible y penosamente bajo el incremento del salario mínimo de 26 mil pesos.
La tributación basada en la nómina es un atentado contra el empleo y contra los salarios: cuanta más gente contrate un empleador, más impuestos tiene que pagar; cuanto mejores sean los salarios que pague, más impuestos paga. La reforma tributaria del ministro Cárdenas es un gran acierto. La resistencia del uribismo, un gran error.

El aumento del salario mínimo debería haber sido menor porque cuanto más suba menos probable es que puedan acceder al empleo personas menos capacitadas. Si el resultado es que aumentan las ganancias de las empresas, habrá que pensar que aumentarán la contratación y la inversión. Uribe juega con el prejuicio de que la desigualdad se remedia subiendo los salarios cuando la realidad es que las alzas del salario mínimo generan una igualdad de sueldos que termina siendo injusta para la gente más productiva, condenada a ganarse el mínimo so pena de caer en el desempleo. En España el mínimo es bajísimo en comparación con los sueldos promedio, nunca he conocido a nadie que gane el mínimo. Subirlo "generosamente" fue lo que hizo Chávez, con lo que consiguió que cerraran dos tercios de las empresas en poco tiempo.

Aparte del tipo de "politiquería" evidente en la crítica que siempre podría hacerse a cualquier gobierno, que sufrió el de Uribe de personajes como Robledo durante varios años y que podría ser muy justificadamente al revés si se hiciera lo que proponen, se evidencia una curiosa idea de Uribe, evidente otras veces, de controlar las ganancias de las empresas. Si ahora ganan más, será una buena noticia. Lo que determina los salarios de la gente productiva es la oferta y la demanda, los decretos de aumento del salario mínimo sólo distorsionan ese mercado.
Con visión de País fraterno, impulsaremos un aumento importante de la remuneración de los trabajadores de menores ingresos y una prima de vivienda, que se compensen con menos impuestos a las empresas y a la clase media, y cero derroche del Gobierno. 
Nuestra solidaridad con agricultores y empresarios desoídos por este Gobierno.
Esa clase de promesas forman parte de la campaña electoral en un contexto tranquilo, no en la situación de un país que se asoma al abismo. La complacencia con todo lo que ocurre no es sólo el aplauso de Zuluaga a Santos durante más de dos años de su gobierno sino sobre todo ese tácito reconocimiento de que la situación está para pelear por el salario mínimo.
Colombia ha perdido 10 posiciones en las pruebas Pisa de educación, no obstante que íbamos mejorando.

Impulsaremos con toda devoción la política educativa de nuestro candidato Oscar Iván Zuluaga para tener jornada única, dos alimentos diarios durante 360 días, formación técnica en el bachillerato, universidad o tecnología articulada para todos los graduandos, posibilidades de emprendimiento para los jóvenes y más profesores con mejor preparación y remuneración.

Impulsaremos la educación con el mismo entusiasmo con que hace 12 años propusimos la seguridad democrática.
La cuestión de la caída en el infierno se olvida de nuevo, parece que lo importante fueran las promesas sobre educación. Lo mismo en los párrafos siguientes, que suprimo, para centrarme en el final:
[...] 
Insisto en que No seremos obstáculo para la paz pero nos opondremos a que no se castigue con cárcel a los criminales de delitos atroces, se les eleve a partido político y se les convierta en congresistas, porque la falta de justicia es mal ejemplo a las nuevas generaciones, impide el perdón, no garantiza paz estable, engendra nuevas violencias y desprotege a las víctimas.
Toda la prensa entendió que la "paz" eran las conversaciones de La Habana, pero, siguiendo una costumbre ya típica, los uribistas entienden "paz" con el sentido plano y recto del diccionario. ¿Qué sentido tiene la frase si no es en referencia a dichas conversaciones? Hace pensar en esos niños pequeños aleccionados para decir una mentira que declaran en cuanto ven a alguien "No nos hemos comido el chocolate". ¿Cómo puede decir un político que no será obstáculo para la paz, aludiendo a tal concepto como una generalidad? Claro que no será obstáculo para la paz, para eso también declara que no tiene pensado rebanarse la nariz al día siguiente.

Si uno piensa en el lema de la campaña de Paola Holguín "La paz es la seguridad democrática", ¿qué sentido tiene que el promotor de la seguridad democrática diga que no será obstáculo para la seguridad democrática?

Eso es muy interesante porque se trata de la idiosincrasia local: todo se interpreta hasta que quiere decir lo contrario y nadie tiene el menor pudor en hacerlo. ¿Llega a tal punto la estupidez que no se entiende que Uribe se refiere a las conversaciones? Realmente lo dudo: se trata de la típica mala fe, gracias a la cual Uribe es a la vez pacifista y guerrerista, cree que así atrae a los que quieren que se premie a las FARC mientras los que no lo quieren entenderán que no se refiere a eso. Los demás se aferran a eso, al parecer no tuvieron padres que les advirtieran de la costra de mugre que se le pega a quien deja ver su deshonestidad intelectual.

Muy digno de atención es eso de que "no se castigue con cárcel a los criminales de delitos atroces". ¿A quién se refiere? ¿Hay algún jefe de las FARC que no sea responsable de muchos delitos atroces? Los uribistas me dirán que se refiere a eso, pero en la realidad se puede volver una puerta abierta para que se castigue a los autores materiales, tal como cursan actuaciones del fiscal contra Karina y Martín Sombra.

Es de nuevo el viejo cuento de la "paz sin impunidad", con el que se bendicen las negociaciones y a la vez se busca hacerlas inviables, engañando a la gente, que cree que se puede pensar en castigar a las FARC y a la vez tolerar que se negocien las leyes con ellas. A la gente se le hace creer que las FARC se están rindiendo y para que no las castiguen más aceptarán unos años de cárcel. Y muchos protestarán porque les parece que ante una perspectiva tan agradable como la paz no deberían poner tales obstáculos.

Lo que en la  jerga del gobierno colombiano se llama hoy en día paz es el proceso por el que las FARC se hacen las dueñas del Estado. El señor Uribe tiene que saber que el acuerdo de participación política menciona expresamente la "dejación" de armas (es decir, que no habrá entrega de armas), la asignación de poder a toda clase de entidades nombradas a dedo por los terroristas y su gobierno y la creación de zonas especiales en las que los miembros de las FARC y sus clientelas votarán dos veces para el legislativo, proyecto que tendrá a su favor los recursos del gobierno amigo.

¿Por qué no menciona eso? ¿Por qué no alude a la entrega de las armas y la disolución de la banda asesina? Las condiciones que señala se interpretarán después y serán a su vez objeto de negociación, con lo que el proceso no encuentra rechazo por lo que es sino por lo que el gobierno dice que es.

Ya he explicado muchas veces que esa retórica sólo sirve para legitimar lo que ocurre en La Habana y la actuación de Santos. Me dicen que uno no puede ponerse contra Uribe porque es la única esperanza de oposición que hay, pero casualmente hemos hecho varios videos planteando que lo que este gobierno llama "paz" es sólo un atraco, la continuación de un viejo plan de dominación al que el uribismo no se opone, sino que precisamente respalda diciendo que no será obstáculo para su consumación.

Ya son numerosos los ejemplos de publicaciones del candidato Zuluaga con ese mismo sentido, y la aquiescencia de todos los uribistas (los "pachistas" intentan destruirlo pero siendo seguidores del padre de los "diálogos" no se atreven a desautorizarlo por su pacifismo sino que se escudan en temas como el voto militar).

Habrá un referendo y una constituyente cuyos delegados no serán elegidos libremente por los ciudadanos. El referendo se interpretará como autorización para esa constituyente. Los uribistas no se opondrán a la "paz" ni pretenderán derrotar a Santos en el referendo, por mucho que al comprobar la gente lo que es se vean obligados a no apoyarlo: aportarán sus críticas constructivas, como han hecho durante más de tres años, y lloriquearán por el resultado.

La actuación de Uribe en ese mensaje sólo evidencia el anhelo de buscar un acomodo en el nuevo orden y asegurarse gracias a los votos una cuota de poder que ante la hegemonía comunista será puramente decorativa, como las de los partidos campesino y católico en la Polonia comunista. Los seguidores se aferrarán a cualquier disparate para seguir aplaudiendo a su caudillo, confiados en que algún día se lo podrá elegir a perpetuidad.

En La Habana abolieron totalmente la democracia al legitimar los crímenes de quienes intentan destruirla. Sobre eso nunca hablan los uribistas ni el señor Uribe, ni sobre las nuevas instituciones representativas pero no elegidas. Parece que es mejor hacerle creer a la gente que se puede castigar a las FARC al tiempo que se les permite adueñarse del país.

¿Habría sido posible impedir lo que ya hizo Santos? Yo creo que sí. Pero para impedir toda rebelión estaba el señor Uribe y sus seguidores, aplicados a hacer componendas con los partidos "uribistas" y a mantener cuotas de poder en el gobierno de Santos, y a la vez intimidados por la presión periodística y judicial.

El rechazo a las FARC que cabalgó Uribe en los primeros años de este siglo fue una gran corriente ciudadana que sirvió para que el poder terminara en manos de Santos y finalmente de las FARC. No sólo porque la segunda reelección le abrió el camino al canalla, sino porque la falta de oposición después le facilitó consumar su crimen.

La hecatombe llegó. Las FARC tomaron el poder sin resistencia y los supuestos adalides del rechazo son los primeros en reconocer el premio del crimen como "paz". No les ayuda que haya unos cuantos engañados que se obstinen en entender otra cosa: intentan contagiar su autoengaño y sólo son patéticos. Los crímenes a partir de ahora serán muchos más que nunca antes y gracias a la no resistencia a Santos los jefes militares y policiales están ya al servicio de la banda asesina.

2 comentarios:

Duncan De Perm dijo...

Admirable tu análisis, lástima que la mayoría del pueblo colombiano no llegará a entenderla, espero que con la misma seriedad que has estado opinando, conserves el aplomo para decidir las personas por las cuales sacrifgicarías tu vida a cambio del bienestar del país; lastimosamente repites la desgracia de todo intelectual colombiano, hacerse rodear de personas que los llevan a un abismo del cual dificilmente regresan: la prostitución del alma.
Sería interesante que te sumaras a http://anonymous-ops.blogspot.com

Noájida dijo...

Desafortunadas las declaraciones de Uribe. Pura patada de ahogado.
Pero Jaime, usted sabe que en el fondo, lo que hay en el poder es una validación del inconsciente colectivo y me atrevería a decir que hasta del clamor. Los colombianos seguimos siendo gentuza, la verdad no muy lejos de las llamadas democracias, porque ciertos países (mayormente europeos), les quitan la plata, y no arman una Colombia y si cree que exagero, mire como aplauden a los tiranos de toda laya.