15 abr. 2014

Grave error de gobernante

Por Jaime Castro Ramírez

Quien asume la misión de gobernar adquiere obviamente la responsabilidad de mostrar su talante de líder para direccionar acertadamente las políticas de gobierno. Una parte esencial de sus responsabilidades es defender la patria, y para eso tiene que defender la democracia, defender la soberanía nacional, defender el Estado de derecho y sus instituciones. Si el gobernante no actúa dentro de este marco que se lo exigen la Constitución y las leyes colombianas, estará traicionando el mandato del pueblo y debe recibir la desaprobación ciudadana total.

Posición del presidente Santos frente a las FARC
La ambivalencia no es aceptable en el ámbito normal del pensamiento dentro del cual los individuos ordenan su raciocinio para luego actuar en desarrollo de su cotidianidad y la toma de decisiones. Por supuesto que menos aún aceptable si se trata de un gobernante que ejerce como representante de la sociedad, y como tal, es responsable de intereses que pueden afectar para bien o para mal a un universo humano.

Ha conmovido a la sociedad colombiana un hecho insólito de autoría de su gobernante, pues es de no poder creer que de boca del presidente de la república salgan expresiones como las siguientes, en relación a terroristas de las FARC: “Lo pensaré dos veces para perseguir a Timochenko”. “Lo de Alfonso Cano fue una decisión muy difícil de tomar, las FARC tienen razón”.

Desconcierta totalmente este pronunciamiento por cuanto está de por medio nada menos que la seguridad nacional, y la seguridad ciudadana, y lo que se observa es que ‘Timochenko’ en medio del la negociación de la paz si no lo piensa dos veces para asesinar civiles, policías y soldados, y atentar contra la infraestructura energética del país. En segundo lugar, pareciera que el presidente Santos está arrepentido de haber cumplido la ley en el caso ‘Alfonso Cano’. Hasta el colombiano más desprevenido políticamente se siente ofendido en su pertenencia patriótica con semejante declaración presidencial, y se preguntará: ¿en manos de quién estamos gobernados?

La paz no puede ser consecuencia del apaciguamiento claudicante del Estado frente a la beligerancia criminal de los enemigos de la democracia. En un escenario de esta magnitud se degrada la institucionalidad, y en consecuencia, por ahí se incurre en la instancia de permitir el camino a los regímenes totalitarios que sacrifican los derechos fundamentales de los ciudadanos, y por lo tanto, la primera en desaparecer es la democracia. Jaime Castro Ramírez Abril 14 de 2014

2 comentarios:

mundochacalblogspot dijo...

Todos querian a Gabo, comenzando por Uribe.

http://www.noticiasliterarias.com/columnas_opinion/gustavo_alvarez/Columna%20de%20Gustavo%20AG%207.htm

Anónimo dijo...

:)