16 jul. 2014

La paz realmente existente

Por @ruiz_senior

No es ninguna sorpresa que tras el triunfo electoral en las legislativas y en las presidenciales el régimen endurezca su política y extienda su hegemonía a extremos propios de las peores dictaduras. Tampoco que todo eso ocurra sin resistencia, pues, como expliqué en mi anterior post, la "oposición" no estaba pensando en defender una democracia amenazada sino en crear cupos universitarios para todos los jóvenes y así entrar en el primer mundo (al parecer formado por países que crearon suficientes cupos a tiempo: la ridiculez de ese discurso es tal que, en comparación, el gobierno del crimen organizado parece formado por gente seria y sensata).

Los ataques terroristas son cada vez más atroces, con hechos como el desastre ecológico del Putumayo, pero eso es sólo lo que se publica, la extensión del negocio extorsivo a todo el territorio es un hecho sobre el que no es fácil encontrar estadísticas, pero que seguramente se agravará cada vez más, como los asesinatos de críticos del gobierno y de miembros de las fuerzas armadas.

Y aun así son más graves los crímenes del poder judicial, como la increíble condena a Andrés Felipe Arias, casi sin rechazo de ninguna clase (ya no hay elecciones y los intérpretes de la angustia popular están ocupados creando su partido y preparándose para formar parte de las conversaciones de paz). Da la impresión de que Uribe encontró en Twitter el medio perfecto para llevar a varios millones de personas sus razones y la verdad es que al final la cuenta termina siendo más bien irrelevante porque no reemplaza a una organización política capaz de emprender acciones contra la tiranía.

Esa arbitrariedad increíble de condenar a un ex ministro a muchos años de prisión por hechos que no constituyen propiamente acciones dolosas y que habían sido costumbre en la institución que dirigía es sólo parte de la costumbre de interpretar la ley como les dé la gana a los responsables de aplicarla. Detrás de esa disposición está simplemente el absolutismo: el adelantado Jiménez de Quesada acataba las órdenes de la lejana autoridad pero no las cumplía, y sus herederos, titulares de una institución judicial, siguieron haciendo lo mismo. No hacía falta ninguna coherencia ni la obediencia a ninguna norma, pues no había contrapesos al poder ni el más remoto asomo de ciudadanía. Poco ha cambiado, la lógica con que opera el poder judicial es la misma.

Así ocurre la increíble anulación de la elección del procurador porque no aparece explícitamente aprobada en la Constitución: lo mismo se aplicó en otros casos para justificar lo contrario, pero ¿no ocurre lo mismo con la destitución de Petro, que excepcionalmente se anula pese a que en muchos otros casos similares se aceptó? El derecho en Colombia es una jerga ridícula con la que unos malhechores elaboran retorcidos galimatías para llegar a las conclusiones que les encargan los verdaderos jefes, los clanes familiares que detentan el poder real desde tiempos inmemoriales y que también están detrás de las bandas terroristas.

Después de imponer el perverso Marco Jurídico para la Paz, impulsado por el uribista senador Juan Lozano, el gobierno promueve un cambio del texto aprobado para permitir que personas condenadas por crímenes de lesa humanidad lleguen a ser representantes políticos (como si hiciera falta y fuera a haber condenas, siendo el poder judicial una parte de la conjura terrorista y sus capitostes genocidas con la misma responsabilidad del Secretariado de las FARC). Sencillamente es el triunfo total del terrorismo. Semejante monstruosidad no llama la atención de ningún personaje de la supuesta oposición sino de alguien tan próximo a las FARC como la decana y columnista Natalia Springer.

Es sólo el comienzo, ni siquiera se ha posesionado el nuevo legislativo y todo parece anunciar que pese a la actitud sonriente y amistosa del uribismo habrá procesamiento del ex presidente en caso de que tome posesión del cargo de senador. Claro que la intimidación y el exterminio de los sectores militares que aún pretenden resistir al triunfo terrorista aumentará, así como las acciones persuasivas (léase masacres) que permitirán un triunfo clamoroso en el referendo que traerá el dominio total de las FARC.

Nadie debe sorprenderse: nunca hubo verdadera resistencia a la Constitución de 1991 ni a la acción de tutela, que es simplemente la confirmación de ese orden absolutista (es decir, la no sujeción de la autoridad a ninguna ley). Tampoco ha habido nadie que se haya enterado de que Uribe negaba hacer oposición a Santos hasta 2013, de que las diferencias fueron desconocidas para la mayoría que no lee periódicos durante la mayor parte del primer gobierno de Santos, de que todos los líderes del uribismo aplaudieron el comienzo de las negociaciones de La Habana, de que NUNCA han denunciado la persecución (cuando encarcelaron a Ramos TODOS los demás precandidatos afirmaron que demostraría su inocencia ante la justicia) y de que nadie le ha contestado a Rafael Guarín, que exige la presencia del uribismo en la mesa de negociación para que pueda haber impunidad.

Esa oposición es en realidad un ingrediente necesario del régimen: unos enemigos inofensivos y confusos que permiten dar la apariencia de democracia. Para denunciar el régimen como la tiranía del crimen hace falta otra cosa, un grupo de personas que entiendan que no hay democracia desde 1991 y que el único camino viable ahora para impedir un régimen genocida es denunciar a las bandas terroristas, al Partido Comunista y al régimen cubano como reos de delitos de lesa humanidad. El Centro Democrático está en el mismo lado del gobierno, prometiendo una "Colombia distinta" a partir de los cupos universitarios y forcejeando por nombramientos (la senadora electa Paloma Valencia proponía al maoísta ortodoxo Jorge Enrique Robledo como candidato a presidente del Senado).

El uribismo ya encauzó el rechazo ciudadano al Caguán hasta llevar a la presidencia de Santos, después impidió cualquier oposición clara y seguirá estorbando esa tarea. Pero nadie se dará cuenta. Esa indolencia, ese servilismo y esa estrechez de miras terminan siendo todo lo que ocurre, como cuando hay una epidemia de un mal curable lo único que cuenta es la llegada de los servicios médicos.

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