20 ago. 2014

El mito fundador

Por @Ruiz_senior

La patria de los bobos
Gran alboroto se ha armado por la polémica generada por una columna de Mauricio García Villegas sobre los mitos fundadores de las naciones y los hechos de la época de la Independencia. Le respondió Eduardo Posada Carbó para rechazar que al primer periodo del país independiente se lo llame "Patria Boba" y no "Primera República", como dice que proponen unos historiadores. El sentido real (fascinante, de hecho) de las afirmaciones de García Villegas no le interesó a nadie (participaron otros polemistas después) pero la cuestión de los mitos fundadores y el nombre del primer periodo de la existencia del Estado colombiano generó gran inquietud.

La autoestima de las naciones
La protesta de Posada Carbó corresponde a su "tema" predilecto: el de que se evalúa la historia colombiana como un mito negativo en el que siempre predominan la violencia y el fracaso. Es lo que pretende reprocharle a García Villegas, que pase por alto muchos logros civilizadores de los dos siglos de historia independiente. En una ocasión lo explicaba así, citando a Richard Rorty: para que una nación tenga futuro y fundamento es necesario que se valore, tal como ocurre con las personas. Lo malo de ese "optimismo" (en el sentido que le dio Voltaire al término cuando lo creó, la máxima del doctor Pangloss, trasunto de Leibniz, de que "todo va lo mejor posible en el mejor de los mundos posibles") es que recuerda a esos padres que aplican la "cartilla" de la autoestima movidos por el puro amor a sus hijos, pasando por encima de una evaluación objetiva de sus aptitudes reales. En Posada Carbó prima la voluntad sobre el juicio y el resultado es que simplemente contribuye a la legitimación del terrorismo, como corresponde a un académico que sin duda necesita el apoyo de los gobernantes para ejercer cómodamente su labor.

Los mitos que fundan las naciones
El cuento es que según cree García Villegas (y la universidad colombiana), la nación francesa acepta por consenso que su sociedad se funda en la revolución de 1789. Ese juicio corresponde al comunismo imperante en el medio local: el comunismo apareció como corriente política en 1848 y pretendía reeditar la revolución a manos de muchos nostálgicos del jacobinismo, y el golpe de Estado de 1917 en Rusia se concebía como la segunda parte de la Revolución francesa. Pero ese cuento daría risa a cualquiera que conozca la historia: en comparación con el esplendor de la Ilustración, con su Enciclopedia y sus formidables pensadores, la revolución fue un retroceso y una época de caos que condujo al ascenso de Napoleón, el precursor de Hitler, y a atrocidades sin límites en todo el continente, con la subsiguiente caída definitiva de Francia como país hegemónico, en favor de Gran Bretaña, los imperios alemanes y Rusia. La nación francesa existía antes de la revolución, la idea de que ésta la funda es sólo la propaganda de la universidad colombiana. El mito que funda la nación francesa es el Cantar de Roldán, de muchos siglos antes.

La paz fundadora
La polémica se centra en esas nimiedades porque el tema central de García Villegas es indiscutible para la propaganda del régimen, que es la misma de la universidad. Por eso en una de sus respuestas Posada Carbó declara
Apoyo el proceso de negociaciones con la guerrilla. Comparto con García Villegas la esperanza de que celebremos en paz el próximo 20 de julio. Para ello no tenemos que negarle valores a la Primera República. Ni exige adherir a una narrativa donde lo notable en nuestra historia solo es la guerra.
La monstruosidad de esas afirmaciones se entiende leyendo el escrito de García Villegas, que dejaré para el final: Posada no discute que los problemas del país se vayan a resolver premiando y legitimando a los terroristas, sino que se hable de mitos fundadores y se cuestione la Primera República. Se trata de complicidad criminal, pero... Pero...

Los intelectuales impolutos
Los colombianos conciben el terrorismo como la actuación de unos grupos de bandidos fanatizados y rústicos que cometen toda clase de atrocidades para enriquecerse con sus negocios criminales. La actuación de personajes como Posada Carbó les parece siempre excusable, toda vez que es una persona que observa buenos modales y se viste con ropa de calidad. Así, las clases acomodadas bogotanas consumen medios de prensa en los que se dice tranquilamente que Piedad Córdoba o Iván Cepeda son "defensores de derechos humanos" y los académicos pueden ser todo lo promotores del terrorismo que quieran porque nadie se lo reprochará: los colombianos odian a las FARC porque las consideran de estrato uno. Pero las FARC son sólo la fuerza de choque de la Universidad Nacional y entre los que ponen niños bomba y los que dan clases en ese antro hay la misma diferencia que entre la oficina de una empresa y la planta de producción. Entre esos profesores los más destacados como ideólogos del terrorismo forman un grupo que se llama "DeJusticia" (el citado García Villegas, Francisco Gutiérrez Sanín, César Rodríguez, Rodrigo Uprimny, Rodolfo Arango y otros): son las personas que ocuparían ministerios y accederían a rentas fabulosas gracias al triunfo del terrorismo, al que legitiman y alientan con la complicidad de toda la prensa y toda la universidad. Les hace competencia otro think tank, Razón Pública. Tal vez menos visible en la prensa.

La historia colombiana hasta la paz de Santos
¿Cuándo y cómo se funda Colombia? Una cosa es la nación y otra el Estado independiente. La nación colombiana es la heredera de la Nueva Granada, la colonia creada por los españoles tras la conquista. El surgimiento de un Estado aparte no alteró en nada el orden social heredado, cuya esencia es la esclavitud. Lo que ha ocurrido desde que se creó el nuevo Estado es un forcejeo continuo entre la asimilación a la democracia liberal y la persistencia de dicho orden, cuya esencia esclavista se resume en el parasitismo de los descendientes de los españoles que se hicieron dueños del país en los siglos XVI y XVII (encomenderos) y que han tenido en el Estado su fuente de recursos. La universidad y las bandas de asesinos que intentan imponer un régimen colectivista simplemente representan a ese sector social y a pesar de su insignificancia demográfica se imponen a causa de la indigencia intelectual y moral del resto, tal como se impusieron sus antepasados sobre los aborígenes, incluso copiando el secuestro y otras prácticas de la época. Los grupos parasitarios usaban la Iglesia y ejercían como clero y en el siglo XX pasaron a ser la universidad, con las mismas pretensiones. La educación es la continuación de la evangelización, y los cultivos de coca y la minería ilegal son la continuación de la vieja esclavitud. El contexto de "distracción" de Estados Unidos y altos precios de las materias primas ha favorecido el ascenso de castas similares en toda Sudamérica, lo que permite a Santos apoyarse en los terroristas para reimplantar el régimen que en Colombia es sólo el del origen.

El fin de la Patria Boba
Comentaré los párrafos finales del escrito original de García Villegas porque su objetivo no ha merecido ninguna atención. Los argumentos llevan a la enternecedora conclusión final.
Pero si bien los hechos que vinieron después del 20 de julio no evocan ningún pasado épico, ni hay en ellos epopeyas memorables, sí fueron experiencias históricas de las cuales podríamos aprender más de lo que hemos aprendido hasta el momento. La experiencia de la Patria Boba es la de una conflictividad violenta que se repite de manera recurrente a lo largo de nuestra historia (con excepciones, claro). En la historia de todos los países hay, por supuesto, conflictos y violencia; incluso guerras terribles y devastadoras. Pero en muchos de ellos los horrores de la guerra han tenido un efecto renovador y reconstituyente. La violencia colombiana, en cambio, nunca ha sido aleccionadora. Al contrario, ha sido difusa, persistente y degradante; una violencia de baja intensidad, pero endémica, corrosiva e inútil que, en lugar de darnos un motivo para sobreponernos, nos ha envilecido.
¿Cómo se puede entender que los hechos que siguieron al 20 de julio evoquen o no un "pasado épico"? La única forma en que se me ocurre entender eso es que nosotros no podemos ver en ellos nada épico, ¡cosa que se agrava porque no hay en ellos epopeyas memorables! La palabrería "descrestadora" es el aporte de Colombia al lenguaje humano. Más ridículo no se puede ser. La llamada Patria Boba fue en efecto la primera guerra de rapiña por el control del Estado que se intentaba crear para reemplazar a España. Y en efecto esa guerra de rapiña sigue hasta ahora, aunque más bien como resistencia de las viejas castas (la universidad) contra la asimilación al mundo moderno: todos los crímenes terroristas forman parte de eso, y las frases finales de este párrafo incurren en la vieja falacia de atribuir los crímenes a la violencia que "nos" ha envilecido. Las castraciones pedagógicas y los niños bomba, que son la forma en que se aseguran rentas fabulosas para la "educación" (para las cuentas corrientes de las clientelas de DeJusticia y las FARC) resultan cosas que "hacemos" todos por habernos envilecido. La solución se explica más adelante.
El mejor ejemplo de lo que digo son los 50 años que llevamos de conflicto guerrillero y cuyo fin puede estar próximo, si las negociaciones en La Habana terminan bien. Son cinco décadas de violencia, en donde casi todos los actores del conflicto salen perdiendo. Tantos años de guerra para dejar un país con unas extremas políticas arrogantes y miopes y una sociedad civil llena de odios. Cuántos muertos para terminar con un conjunto de reformas sociales que habrían podido hacerse hace 40 años, pacíficamente y por las vías legales.
¿Salen perdiendo todos los actores del conflicto? ¿Cuáles son esos actores? Los estudiantes universitarios de los años sesenta y setenta se aseguraron sueldos de decenas de veces los de quienes trabajaban, pensiones a partir de los cuarenta años, seguridad en el empleo contra toda evaluación de productividad y todo lo que distinguía a sus antepasados (hacia 1970 no irían a la universidad ni el 5% de los jóvenes, y el comunismo era más hegemónico que ahora), ¿cómo es que salen perdiendo? Se alude a la vieja y ridícula falacia de que el "conflicto" es la obra de unos cientos de asesinos remotos pero sólo son los "tirapiedra" que según la ambición y el origen social y regional se echan al monte como Iván Ríos o se quedan viviendo como príncipes por divulgar sus opiniones como García Villegas. Así, lo que hacen los periodistas y políticos es ajeno al conflicto, que es como un duelo remoto entre los guerrilleros y los militares. Más falaz y burdo imposible.

Dicho conflicto no puede estar próximo a su fin porque las FARC mismas señalan que el conflicto continuará, pretenden abiertamente imponer un régimen comunista y siguen escalando sus crímenes sin la menor vacilación. Los colombianos se rendirán pero eso no impedirá que el genocidio se multiplique: podrá llamarse paz tal como el régimen del jemer rojo estaba en paz mientras exterminaba a un tercio de la población. ¿O no está en paz Corea del Norte? Pero el control absoluto del terrorismo requerirá nuevas negociaciones de paz con el ELN que podrían asegurarle la elección al sucesor de Santos en 2018, y muchas más muertes que hasta ahora.

La frase que he marcado en negrita es la que resume todo el escrito de García Villegas: de repente la rendición de la sociedad a unos asesinos gracias a los cálculos de un autócrata y a la enorme cantidad de dinero de que dispone lleva a un acuerdo NECESARIO, con lo que los crímenes tenían un sentido JUSTO, pues sólo ocurrían por reformas que no se hicieron. ¿Cómo es que con tanta polémica ninguno de los contradictores de García Villegas prestó atención a eso? ¿Son esos acuerdos los que crearán el mito fundacional del país? ¿No es inverosímil que haya alguien diciendo que las atrocidades además de justas son el comienzo de una leyenda que honrará a los colombianos del futuro?

¿Cuáles son las reformas que surgirán de la "paz"? Ya ocurrió la paz y el resultado fue claro: un aumento de diez puntos del índice Gini entre 1991 y 2002, una multiplicación exponencial del gasto público en ese tiempo, un crecimiento económico raquítico, un retroceso de todas las áreas productivas gracias al cual el país volvió a su vieja condición de exportador de materias primas. Las reformas de la paz de Santos sencillamente pondrán a Colombia al nivel crítico de Venezuela, Nicaragua o Bolivia, con el predominio de unos asesinos que multiplicarán sus infamias.
Así y todo, si se logra la paz con las guerrillas, este acuerdo podría ser la oportunidad para acabar con esa violencia difusa e inconducente que nos impide avanzar. 
Por eso tengo la esperanza de que el próximo 20 de julio, en 2015, podamos celebrarlo en paz y con la idea de estar construyendo un nuevo mito fundador de nuestra nacionalidad. Solo exagero un poco si digo que eso sería algo así como el puntillazo final que le daríamos a la Patria Boba.
O sea, el premio del genocidio es la forma de acabar con la violencia, dado que es lo que interesa a García Villegas. Y a Posada Carbó, pues ¿en alguna parte encuentra algo reprobable en eso? NUNCA ha ocurrido que los comunistas lleguen al poder y no maten a sus oponentes, menos lo van a hacer en Colombia, donde llevan medio siglo matando y alcanzando poder con ello. No, no "los comunistas" ni "las FARC", sino DeJusticia y la Universidad Nacional (y de hecho, todas las universidades, tal vez salvo las de garaje).

Hubo un paréntesis en ese ascenso del crimen organizado al poder: la década pasada. El resultado se notó en todos los terrenos, sobre todo en la reducción de homicidios y secuestros, en el crecimiento económico y en la reducción de la desigualdad. Lo que se puede ver que ha ocurrido desde 2010 es el renacer del terrorismo y de la violencia, que no llevará a ninguna celebración en paz sino a la multiplicación del asesinato en masa en los próximos meses y años. ¡De todos, del conflicto, de la degradación del conflicto, de la Patria Boba, no vayan a pensar que es obra de DeJusticia y sus niños sicarios!

Pero lo verdaderamente fascinante es que no se vea a los contradictores como parte de la misma conjura: vividores que se acomodan al poder y generan polémicas en las que no se alude a lo que importa.

4 comentarios:

Santiago dijo...

Hay una forma adicional de vernos a nosotros mismos con alguna claridad y es sentirnos animales de nuevo y dejar ese disfraz de ángeles del que nos hemos auto convencido. Cuando vemos que todo especialmente la política mas parece obra de un homo mercantil o a lo más de un sapiens erectus que un sapiens sapiens, cada crímen se justifica por una renovada condición aceptada por todos de seres salvajes. Seguro que temeríamos mas al garrote y al revólver ajeno que al castigo celestial (o el infernal), y avanzaríamos mucho más como alguna vez hicimos sin tantos códigos del palo y la piedra al fuego y los metales y hasta las letras que ya no sabemos qué tanto bien nos han hecho, al punto que hasta esta esfera biológica que nos contiene estamos ya en capacidad y a punto de inertizarla.

Rafael dijo...

Yo veo ya todo perdido, no se ve absolutamente nada que pueda impedir el avance de los totalitarios en Colombia. Después de su ascenso pueden pasar perfectamente 100 años antes de que un nuevo orden se establezca.

Una cosa me produce intriga, el papel que jugarían más adelante la familia Santos y los de su clase en un eventual gobierno de las farc. Es decir la familia Santos es oligarca. Uno creería que sería perjudicada en un régimen socialista. A menos claro que su connivencia con las farc sea de tal grado que pacte algo como un cogobierno. Pero, ¿aceptarían las farc tal cosa?

Otra posibilidad es que Santos crea que pueda engañarlas de alguna forma para que sus reales posibilidades de poder sean mínimas. Santos no es ningún tonto, pero en tal caso yo diría que tiene todas las de perder.

¿Que opina ud. Jaime?

Un saludo

Ruiz_Senior dijo...

Santiago: es lo que yo digo. Esta vida es injusta.

Ruiz_Senior dijo...

Yo creo que Santos aspira a imponer un régimen como el del PRI mexicano en el que su clan sigue eligiendo los presidentes, como de hecho llevan casi un siglo haciendo. El poder de las FARC mismas es relativas, pues obedecen al Partido Comunista, al que el clan oligarca controla. No parece muy probable que en 2018 haya un régimen como el cubano, en todo caso les falta mucho para imponer su ideología a toda la población, más cuanto que el despilfarro traerá ruina y miseria.

Al igual que Uribe y todos los demás, ellos ven el corto plazo, en el que van ganando.