4 nov. 2014

Aduladores del régimen

Por Jaime Castro Ramírez

Las condiciones de la personalidad definen para cada individuo el perfil que acredita su porte de desempeño ante la sociedad. Hay quienes poseen un nivel de pensamiento depurado ante la exigencia necesaria para el desarrollo de los eventos que son propios de la dinámica de convivencia de los pueblos, y por lo tanto son visionarios y rigurosos ante las circunstancias que son aconsejables adoptar para logar el éxito. Sin embargo, existen también débiles conciencias que comprometen el comportamiento humano frente a las exigencias requeridas por la sociedad para cumplir una digna misión ciudadana.

El papel de los aduladores
La debilidad de criterio es una desafortunada característica que acompaña a los aduladores en su comportamiento social. Es sobre todo frecuente observar esta condición en miembros de la clase política que viven ‘al sol que más les alumbre’, es decir que persiguen lograr el beneficio de intereses personales a través de ganar la benevolencia de los jefes o líderes en la arena política. Jean de la Fontaine decía: “Todo adulador vive a expensas de quien le escucha”. Esta conducta es además volátil en cuanto no es consistente y carece del sentido de lealtad incondicional. Al adulador no le importa la verdad que configura una realidad, ni sus consecuencias, prefiere complacer con la adulación para obtener su codiciado ganancial personal.

Los políticos y el riesgo de la democracia colombiana
Lo anteriormente expuesto constituye una grande preocupación ciudadana cuando se asocia esa condición de falta de criterio que existe en algunos políticos, con el análisis serio y riguroso que debe someterse a debate político sobre el eventual resultado de la negociación de la paz con las Farc.

El poder que el pueblo les otorga a los políticos, puesto en manos débiles y de fugaz criterio patriótico, conlleva a un riesgo para los intereses de la república.

Se escuchan frecuentes declaraciones públicas de miembros del congreso de la república pertenecientes a la llamada “unidad nacional”, en las cuales solo se observa su sentido de ser complacientes con el régimen en cuanto al manejo que le está dando a la negociación de paz. A estos aduladores no les interesa el raciocinio sobre la realidad de las consecuencias de lo que le pueda ocurrir a la patria colombiana y a su democracia, pues prefieren una mentalidad que sucumbe ante los ofrecimientos burocráticos del gobierno, y prefieren enajenar su conciencia ante el muy llamativo efecto que produce la ‘mermelada’ compra conciencias.

A estos congresistas, y a otros personajes de la vida nacional, no les interesa que las Farc condicionen la firma de la paz con exigencias extravagantes, tales como: No entregar las armas, lo cual es una burla a la paz; no pagar ni un día de cárcel, lo que equivale a impunidad total; que les concedan curules regaladas en el congreso de la república, tal vez como premio a sus delitos de lesa humanidad; que se divida la unidad de país entregándoles territorios como ‘zonas de reserva campesina’, donde mandarán las Farc y por eso seguramente necesitan que las armas queden en su poder; que no se desmovilizan; que no le piden perdón a los colombianos; que el gobierno acepte la disminución de la fuerza pública; etc.

¿Será esto una paz ‘equilibrada’ y digna para Colombia? ¿O quizás será la entrega del país? ¿Será que el país tiene que rendirse ante sus victimarios sin fórmula de apelación, y someterse a una aventura política que puede ser funesta y sin retorno? Estas inquietudes parece que no son preocupaciones para los aduladores incondicionales del régimen.

Actitudes de esta naturaleza, de insensato servilismo político, han dado origen a oprobiosas dictaduras, donde luego sus autores hacen el antipatriota papel de cómplices del colapso del Estado de derecho y su democracia. Tal como el caso de Venezuela. ¿Será que la indiferencia por parte de ese liderazgo político colombiano hacia esa paz enteramente condicionada, esto nos llevará para otra Venezuela…?

Colombia está en una coyuntura muy delicada en su historia republicana, lo cual amerita un profundo ejercicio de reflexión por parte de los colombianos sobre el futuro de nuestra patria, nuestra libertad y nuestra democracia.

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