25 nov. 2015

Los curas pederastas

Por @ruiz_senior

Tipos de hombres
El hombre es una bestia afortunada que aventajó fatalmente a todas las demás e introdujo en el universo próximo un sentido que no había antes. Pero cuando se dice eso así se corre el riesgo de olvidar lo esencial, la animalidad humana. Como ya he explicado muchas veces, el origen de la mayoría de los errores ideológicos y morales es la superstición creacionista, gracias a la cual puede prosperar la falacia de atribuir al "hombre" la palabra y la cultura. Es decir, la especie de por sí puede contar con la eficacia del sistema nervioso central y con el aparato fonador, pero eso no basta para inventar lenguas ni literaturas, y quienes sí lo hicieron fueron algunos individuos y no sólo por formar parte de la humanidad sino por sus intereses y circunstancias.

Los individuos de la especie Homo sapiens no son de por sí parte de la cultura, sino que la pueden asimilar por tener órganos para ello. De ahí que la inmensa mayoría tengan una comprensión ínfima de cualquier cosa y unos intereses limitados y mezquinos. La ideología igualitaria los hace agraviados por cualquier mérito o esplendor ajeno, lo cual hace que esas mayorías sean una amenaza para la supervivencia de la propia humanidad cuando su gran número y sus instintos primarios son manipulados por individuos malintencionados, como ocurrió con los totalitarismos del siglo XX y como ha ocurrido en Venezuela con el despreciable Hugo Chávez (unos instantes de actuación de ese patán dañan a Venezuela más que el despojo espantoso a que la sometió, cada vez que un venezolano está delante de una persona civilizada tiene que explicar que el líder de su país dijera "You are a donkey, mister Danger").

Los individuos de esa masa, cuya vida en las últimas décadas se ha hecho cómoda y muelle, aborrecen toda forma de existencia superior, les da lo mismo el literato que el científico, el artista, el místico o el estadista. Si alguien disfruta de la ópera es porque intenta convencer a los demás de que es rico y si estudia las estrellas es porque está mal de la cabeza.

Es ahí donde nace el odio a los curas y monjas: no se entiende que un hombre se tome en serio la fe religiosa y renuncie a una existencia ordinaria para seguir su vocación. La criatura vulgar sólo está para buscar placeres y ventajas, el odio por todo el que se distinga es su principal rasgo de carácter. Muchos se escudan en los aspectos supersticiosos de la religión, pero en esa certeza asoma de nuevo la mencionada superstición creacionista: el hecho de que alguien niegue la existencia de Dios o el papel que el cristianismo le atribuye no le confiere a ese alguien ningún conocimiento sobre nada. El conocimiento no es natural ni obvio. Estanislao Zuleta ironizaba diciendo que para muchos la religión era una maniobra antisindical. 

Anticlericalismo de ayer y de hoy
La hegemonía de la Iglesia y los privilegios del clero encontraron un gran rechazo en la Ilustración y en el liberalismo de los siglos XVIII y XIX, por lo que durante mucho tiempo se considerara de por sí lógico que el liberal fuera anticlerical. El proceso posterior, que caracteriza a los dos últimos siglos, es el de la expansión del Estado, que a toda costa busca un dominio sobre la sociedad equivalente o mayor al que tenía la Iglesia en la Edad Media europea.

De modo que en tiempos del tribunal de la Inquisición y la religión de Estado, el conflicto entre el clero y sus detractores trataba del surgimiento de la cultura de la libertad, cuyo antecedente era la Reforma del siglo XVI. A partir del florecimiento del socialismo y de la expansión del poder de la burocracia, valga la redundancia, el anticlericalismo es lisa y llanamente persecución religiosa: no se quiere que la gente tenga otras creencias que las que ordenan los dueños del Estado y al cura del pueblo lo reemplaza el maestro, por lo general más ignorante.

De hecho, la mayoría de las "modernizaciones" que promueve la izquierda en Colombia tienen que ver con el afán de formar mayorías mediante la suma de agraviados diversos, bien por la tradicional aversión a la sodomía, bien por la desaprobación del consumo de drogas o incluso por la lesión que infligen a algunos quienes acuden a espectáculos taurinos.

Esos pretextos permiten a la burocracia organizada atraer partidarios cuyas motivaciones son otras que el despojo a la sociedad. La promoción de la permisividad hacia las drogas o la homosexualidad cuenta con que el público desconoce el tratamiento que reciben los consumidores de drogas o los homosexuales en los países que patrocinan a la izquierda: Cuba, Irán, Rusia o Corea del Norte. En el caso de la persecución a los católicos, el refuerzo no viene de los placeres que desaprueban los conservadores, sino del puro rencor de la chusma por lo que no entiende.

Pederastas y curas
Los estudios que he encontrado señalan que la pedofilia afecta a un 2% de los hombres casados, la misma cifra de curas con dichas inclinaciones que reconoce el papa izquierdista y ansioso de poder dentro de la Iglesia. No sería muy sensato suponer que todo hombre es pedófilo, pero curiosamente es raro el que no lo cree de los curas.

Se trata de una forma burda de falacia ad hóminem: tal como a los políticos del otro partido los acusan de ser homosexuales (o de cualquier otro placer que el detractor quisiera permitirse pero no se atreve a hacerlo), la gente que no concibe tomarse en serio las liturgias, las vidas de los santos, los evangelios y demás elementos de la confesión católica se imagina que alguien lo hace porque tiene algún incentivo secreto. Como ya he indicado, lo que genera odio es la condición moral superior, el sacrificio de la propia vida en aras de la imitación de modelos que se admiran. Un cura cuya conducta fuera irreprochable, tal vez la mayoría, al menos en el terreno sexual, no despierta menos aversión al universicario o al lameculos profesional (que es el mismo universicario cuando ha formado familia y se esfuerza en buscar marcas de estrato para los herederos de su honrosa condición).

Para perseguir a los católicos, la conjura totalitaria, de la que las bandas terroristas son sólo el "brazo armado", tiene más dificultades que para perseguir a los taurinos: en limpiar llagas y consolar a moribundos no hay nada que pueda despertar envidia en la chusma. De ahí que exploten ese tema mentiroso con recursos canallescos que sólo los medios colombianos, esa letrina indignante, se atreven a usar. 

Al cabo de un tiempo "reinterpretan" la religión y así "recuperan" a muchos católicos, convenientemente intimidados y sometidos de mil maneras. Por eso los líderes del Foro de Sao Paulo se vuelven cristianos. Los imbéciles que se suman a las calumnias contra los curas sólo favorecen a unos tiranos que intentan reemplazarlos para implantar una dominación que termina en degradación infinita.

4 comentarios:

ASF dijo...

Interesante opinión. Me parece acertada. Sin embargo me parece que olvida que seguidores de otras religiones (judíos y protestantes principalmente), son también muy activos "propagandistas" en contra de los curas y católicos en general. Personalmente nuca he leído un artículo encabezado con "Rabino pedófilo" o "Pastor cacorro ", en periódicos y revistas anglosajones que contínuamente están sacando noticias de las aberraciones de los curas (¡qué ciertamente lo son!). A esto ayuda, sin embargo, la posición del clero de tener su "fuero" independiente por fuera de la ley estatal.

Ruiz_Senior dijo...

Jaja, buen punto, pero si se piensa en el contexto colombiano queda claro que la mayor parte de la persecución es de los comunistas. En lo demás, de acuerdo.

SaraGuerra dijo...



Excelente!

Ruiz_Senior dijo...

Sara Guerra: Gracias.