5 oct. 2016

Mandato del pueblo con el NO al acuerdo

Por Jaime Castro Ramírez

La política decente exige asumir responsabilidades por parte de los dirigentes frente al pueblo que es la instancia superior y quien origina la política para otorgar la facultad de gobernar a través del ejercicio democrático en las urnas. Someterse al veredicto de las urnas es entonces un compromiso democrático demasiado serio, y por supuesto de responsabilidad vinculante para quienes deciden asumir el reto decisorio de la voluntad popular que les asigna un mandato solemne y patriótico. En tal virtud, ese mandato requiere asumir plenamente la consecuencia del concepto denominado “responsabilidad política”.

Resultado del plebiscito del 2 de octubre de 2016 en Colombia
El decreto 1391 del 30 de agosto de 2016 que convocó el plebiscito del 2 de octubre del mismo año, dice en su Artículo 1. “Convocatoria. Convócase al pueblo de Colombia para que, el domingo 2 de octubre de 2016, en ejercicio de su soberanía, decida si apoya o rechaza el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”.

Con este propósito, el pueblo responderá, sí o no, a la siguiente pregunta: “¿Apoya usted el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera?”

Entonces, Colombia y el mundo conocen claramente que, de acuerdo al contenido del artículo 1 del mencionado decreto 1391 que convoca el plebiscito, y su respectiva pregunta, el pueblo respondió mayoritariamente NO, lo que significa un mandato que rechazó el Acuerdo Santos-Farc.

Igualmente, la Corte Constitucional al aprobar el plebiscito decretó en su sentencia que la pregunta tenía que referirse, no a la paz, sino al contenido del Acuerdo, y que el resultado en las urnas era vinculante para el presidente de la república, es decir, que en este caso que ganó el NO, el presidente ha recibido un mandato que consiste en que tiene que respetar dicho resultado, lo que obviamente implica que tal Acuerdo quedó sin ninguna vigencia, y se opta entonces por la alternativa de renegociar un nuevo Acuerdo con las Farc.

Inconsistencia de criterios
Quedó perfectamente claro que el pueblo no votó NO a la paz, votó NO al contenido del Acuerdo, a la forma y criterios como se negoció. A partir de este predicado, no puede generarse ninguna duda sobre la certeza de que el Acuerdo firmado Santos-Farc ya no existe, tiene una inexistencia jurídica y política per se, por ausencia de materia válida, por fuerza legal, y principalmente por fuerza de la voluntad popular que con su voto NO en las urnas lo declaró inexistente por definición. Por consiguiente no debe especularse en ningún sentido sobre el hecho de que es rescatable en el aspecto jurídico, como lo están afirmando las Farc. El mandato del pueblo en esta materia tiene la condición de ser vinculante en su integridad, y por lo tanto está por encima de cualquier otra consideración particular.

Cosa diferente es que en la renegociación y estructuración de un nuevo Acuerdo sea posible rescatar algunas partes del anterior contenido.

Causas del NO en las urnas
Aparte de lo que significaba un Acuerdo mal negociado para los intereses institucionales, sociales, políticos y democráticos del país, se unió la prepotencia con su desafortunado aliado que fue el triunfalismo excesivo del gobierno, lo que lo llevó a desestimar argumentos válidos de voceros del pueblo que durante la negociación proponían una orientación sensata para ambas partes en la mesa de diálogo. Esto significa entonces que se hizo un Acuerdo a espaldas del pueblo, y la consiguiente consecuencia fue que salió mal.

La responsabilidad política indica que el gran derrotado en este proceso fue el presidente Santos, pues con él a bordo y el manejo que le dio a la negociación, terminó convirtiéndose en el artífice de la derrotada de la ilusión de una paz verdadera para los colombianos en este intento de querer lograrla.

Además, hay que decir que el 17% del censo electoral vigente que se expresó en las urnas por el SI, representa la imagen favorable del presidente ante los colombianos, y el 83% restante que incluye a quienes votaron NO y a quienes no votaron, constituye la fuerza que ha perdido la fe en el mandatario. Panorama político muy complejo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es peligroso jugar a que Uribe tiene la salida a la paz por qué fue el pueblo el que rechazo dicho acuerdo, dicho más claramente es que las FARC deben entender que sus peticiones fueron rechazados por las mayorías y que si quieren paz tendrán que ceder muchas de sus pretenciones.

Anónimo dijo...



Así es, las FArc, tienen que bajarle de tono a esos acuerdos, y bajarse de la nube, por que ya nada sera como santos se las dio,tan facil. Los acuerdos tiene que ser modificados,tiene que haber cárcel, entregar las armas,entregar los secuestrados,los dineros del narco-y los de delitos de lesa humanidad a pagar con cárcel .nada con la CONSTITUCIÓN.

Anónimo dijo...

BRABONEL.

También Lo creo de esa forma, lo más peligroso del acuerdo Santos-FARC era darle fuerza constitucional a lo acordado, con la Constitución del 91 se tiene muchos problemas de interpretación y eso hace que El País viva en un limbo jurídico, los jueces dictan sentencias basados en su ideología y con lo acordado era predecible que el salto al socialismo del siglo XXI era una certeza, seguridad alimentaria daria para reformar los TLC y llevar a un retroseso en la productividad agropecuaria, seguramente los tiempos donde era un lujo comer pollo en Colombia serian cosas del presente y no de un pasado ya superado. Los conflictos en el campo aumentarían, que el minifundio sea el centro del desarrollo del campo significa que los recursos y las politicas serian esclusivo de ellos, una politica que lleva al hambre como quedo comprobado en Venezuela, en lo firmado Colombia quedaba comprometido a comprar la producción de los minifundios fueran competitivas o no y si los latifundios se quedan sin mercado local no hay posibilidades de ganar economías de escala, eso llevaría al país a la carestía y escasez de alimentos situación ya comprobada en la Venezuela socialista.

Para hablar un poco de inversión del llamado posconflicto, se habla de 20 billones de pesos anuales por un periodo de 15 años otros aseguran que podrían ser sumas de 40 y hasta 50 Billones anuales ¿De dónde saldrá esa plata? La mesa del NO debe exigir cuentas claras sobre el monto de inversión y las fuentes de financiación que no deben atentar contra la Estabilidad macroeconómica del País y que ademas no esclavise al sector productivo. Creo que el NO debe ser guardian de los valores democraticos y de libre Empresa y que la invercion debe recaer en sistemas tributarios modernos como los que se practican los naciones desarrolladas, EL BID Con su presidente, Luis Alberto Moreno, hizo un buen ejercio dedicado a Colombia que se prodia poner en practica.

Anónimo dijo...

Puedo ver que los Totalitaristas estan buscando restarle importancia la 'NO' del Plebiscito, desacreditando, comprando traidores, tergiversando, diciendo que tan solo 'se ha expresado una minoria'.
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Parece que el 'No' poco a poco se va ir diluyendo, a fin de volver al plan Inicial: Hacer una Constitucion al gusto de los Totalitaristas.
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Con el persistente aplauso y apoyo de Cuba, Venezuela y los Noruegos.

Anónimo dijo...

Pasar por encima del NO seria lo mismo que dar un golpe de Estado ¿Sera que El nobel de paz les esta dando valor para llegar a eso y mucho mas?