14 ago. 2017

El asesinato de Jaime Garzón

Por @ruiz_senior

Solipsismo
La posibilidad que tiene cada persona particular de cambiar el mundo es ínfima, casi nula. Pero es aún menor la que tiene de entenderse a sí misma y entender el mundo. Al respecto todos viven en una especie de autoengaño del que es muy difícil sacarlos. Tal vez los filósofos que concibieron el solipsismo, la doctrina del idealismo extremo que supone que no ocurre nada fuera de nuestra mente, partieran de esa percepción, de que el problema es la conciencia de cada uno. No en balde decía Kant que "los secretos juicios de la razón común" son "el negocio de los filósofos". Es un tipo de pensamiento turbador y que a la mayoría de la gente la aburre, ya que sólo busca confirmación de sus certezas y aprobación de sus opiniones. Que el problema son esas certezas y opiniones es lo que me propongo denunciar.

Deudos
 
La inmensa mayoría de los colombianos que han ido a la universidad, es decir, de los colombianos de clases medias y altas, condena rotundamente el asesinato del humorista, sin que propiamente a ninguno le interese averiguar qué ocurrió realmente: les da igual, el hombre resulta un gigante, el candidato a Gran Colombiano de la izquierda, gracias al bochinche de sus partidarios. Se considera que lo mataron por sus chistes, y si fue por otra cosa no les importa, porque de lo que se trata es de explotar al mártir para legitimar la paz y el socialismo que ven venir y que apoyan (si al menos hubieran leído a Marta Harnecker sabrían que esa adhesión que reciben como propaganda y presión gregaria lleva en sí algo que no detectan de forma patente: el interés de clase). Como ya expliqué al principio, el misterio que interesa no es el de la novela policiaca sino la conciencia de esas personas, porque Colombia está a las puertas de un genocidio mucho mayor que el que ha tenido lugar hasta ahora y ocurre porque los genocidas cuentan con la adhesión de la "clase dominante".

Otros
Pero la gente que no comparte esos fines tampoco tiene mucho interés en entender qué pasó, algunos justifican que el humorista fuera asesinado por ser miembro del ELN (sobre lo cual nadie se toma el trabajo de buscar pruebas) mientras que otros lo atribuyen a los propios terroristas o a un marido celoso, naturalmente sin preocuparse de demostrar nada (soy un adicto a la serie "Forensic Files", seguramente por lo fascinante que encuentro la pasión por la verdad de los investigadores. En Colombia una investigación seria resultaría inconcebible, además de peligrosa sería laboriosa y nadie la reconocería, cada uno tiene su verdad y no necesita pruebas).

Hechos
En aquella época internet era una novedad y yo dedicaba buena parte del día a leer prensa colombiana. Era la peor época del Caguán y la agresión terrorista era una amenaza cada vez más cercana para la mayoría de los colombianos. El año siguiente se registraron sólo en Bogotá casi diez secuestros diarios. El gobierno de Pastrana insistía en negociar con las FARC que sencillamente se habían apropiado del territorio "despejado" para multiplicar sus crímenes y sus negocios ilícitos, y recibía la presión de los medios del clan López-Santos-Samper para que cediera más y así llegara a la paz (es muy posible que Tirofijo o Jojoy hubieran querido ceder a cambio de salir ricos e impunes, pero los amos del país los jaleaban y les prometían un triunfo seguro). Una de las propuestas que más se oía era despejar también un territorio en el sur de Bolívar al ELN, y con ese fin se creó en julio de 1999 una "Comisión de Facilitación Civil" cuyo promotor era Jaime Garzón. En el forcejeo de diversos sectores contra ese nuevo despeje es donde hay que buscar el origen de ese asesinato. Un año después atentaron contra Wilson Borja, que también formaba parte de esa comisión.

Evaluación
Yo no soy detective ni fiscal ni me intereso por el castigo de ese asesinato ni por el descubrimiento de sus autores. Sólo quiero llamar la atención sobre una cosa: ¿qué era lo que hacía la Comisión de Facilitación Civil? Intermediar para que se premiara al ELN, una organización que había asesinado y secuestrado a muchos miles de colombianos inocentes. La búsqueda de la paz de esa comisión sólo era el cobro de esos crímenes, la legitimación del poder obtenido por esos medios. Más o menos lo mismo que ir a cobrar los secuestros, sólo que en el caso de Jaime Garzón no era metáfora sino precisamente lo que hacía y que cómicamente los medios colombianos adornan como "mediación humanitaria" y otras bellezas. ¿Cómo va a ser menos lícito el asesinato de quien busca la suspensión de la ley para que se premie a unos asesinos, entre los cuales objetivamente hay que contarlo? Ése es el misterio que no requiere ciencia forense sino un corazón limpio. Limpio de lo colombiano, de esa brea inmunda que paraliza los sentimientos y pensamientos de la chusma. Para los del bando de Jaime Garzón ese crimen es intolerable porque los otros asesinatos son atribuibles al conflicto (el grado de legitimación depende del nivel cultural de la persona y de la rentabilidad que obtiene del genocidio comunista: los más viejos, más cultos y más ricos saben que son responsables pero les compensa suficientemente). Los demás aman a Uribe o son de derecha y tampoco quieren saber qué pasó sino librarse de la presión de los deudos del mártir.

Futuro
Esa noción de "pueblo elegido" que puede matar pero al que no se puede matar es tradicional en los comunistas y está presente por ejemplo en la indignación de los progresistas colombianos cuando el abogado Abelardo de la Espriella planteó la necesidad de matar a Maduro. ¿Qué han dicho de toda la gente a la que han matado los colectivos chavistas? Son de los suyos y pueden matar, o se lamenta que ocurra pero se culpa a los que protestan, o se olvida mientras se maldice a Uribe y a Trump. La implantación de la tiranía cubana en la zona andina llevará a esa situación en que ya está Venezuela: no va a ser posible recuperar la ley ni la libertad sin matar gente, como en todas las guerras. Que no vengan los que mienten sin cesar para sacar provecho de miles de atrocidades a escandalizarse: ellos son los primeros asesinos, las clases medias y altas colombianas han promovido y usufructuado cientos de miles de asesinatos y han mentido sin cesar para legitimarlos, por ejemplo llamando "defensores de derechos humanos" a Piedad Córdoba o a Iván Cepeda y considerando que la impunidad y el premio de los sociópatas de las FARC es "la paz". Han creado un infierno y serán los primeros en huir, pero el mundo les resultará cada vez más hostil: no en todas partes van a encontrar juventudes serviles e indigentes a las cuales adoctrinar con sus infamias.

Prohibición
Respecto de la pena de muerte un humorista exclamó "Ustedes primero, señores asesinos". Tarde o temprano la opresión en Venezuela dará lugar a una resistencia violenta, y los tiranos se indignarán y hablarán de "terrorismo". Como en todo atraco, y eso es toda la revolución comunista en América, la víctima se ve arrastrada a una situación en la que no tiene otra salida. ¿A cuánta gente habría matado el ELN si Jaime Garzón se hubiera salido con la suya y hubiera una república independiente en el sur de Bolívar? Esos muertos no les interesan a los justicieros que lloran al humorista, que a fin de cuentas sólo era un propagandista del narcoterrorismo (como el Samper Ospina de la época) cuya promoción se debía al interés del gobierno de Samper. Baste recordar que el guionista de Godofredo Cínico Caspa era Antonio Morales Rivera. Quien quiera que impere la ley no puede empezar premiando a quienes la violan. Y es que el gran crimen no es el asesinato de Jaime Garzón, ni siquiera las atrocidades de las bandas a las que promovía, sino esa "ligereza" en la conciencia de los colombianos de clases acomodadas.

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