Por @ruiz_senior
DIECISÉIS AÑOS
En 2010 publiqué un post en este blog sobre el ciclo que se abría tras el
golpe de Estado de Santos. "Adiós a la década esperanzada" aludía a la
movilización contra el narcocomunismo de 2000 y 2001 y el consecuente gobierno
de Uribe. En la mayoría de los indicadores importantes, Colombia ha retrocedido
desde entonces.
Por ejemplo, el área sembrada de coca era de cerca de 170.000 hectáreas en
2001, de cerca de 70.000 en 2009 y de unas 260.000 en 2025. Los atentados
terroristas menguaron drásticamente a lo largo de esa década, pero en 2025
habían vuelto a aumentar. La tasa de homicidios se redujo a la mitad entre 2001
y 2009 y siguió bajando aunque a un ritmo menor en los quince años siguientes,
fruto del triunfo de la ley en los dos periodos de Uribe. El PIB y el PIB per
cápita eran en 2009 más del doble que en 2001 y han tenido un crecimiento más
lento después. La migración de ciudadanos colombianos era unas cinco veces
mayor en 2025 que en 2009…
En medio ocurrió la mayor desgracia de la historia de Colombia, la mayor
opresión, el mayor engaño, la mayor traición. Los colombianos del futuro
sentirán tanta vergüenza de los colombianos de esos años como los alemanes
actuales de los nazis. Sencillamente, las atrocidades de los comunistas durante
más de medio siglo quedaban eximidas de reproche penal y resultaban la fuente
del derecho, mientras que sus autores pasaban a nombrar a los jueces y a ser legisladores
y autoridades de primer nivel.
Eso es lo que quiere decir “paz” en la propaganda santista y narcocomunista,
valga la redundancia, y su único resultado es la multiplicación de los crímenes.
No está de más recordar que el acuerdo fue rechazado en plebiscito pero terminó imponiéndose gracias
a la complicidad de Uribe y su lamentable corte de aduladores, grotesca
pseudooposición cuya máscara era la persecución a que sometían al expresidente los
propagandistas y los funcionarios judiciales que obran como fichas del
narcocomunismo.
EL TERCER SIGLO
En estos años, Colombia completa dos siglos de vida independiente, el primero
fue el de las guerras civiles incesantes y el segundo el de la República
Liberal, con breves periodos de gobiernos distintos. La “oligarquía”, como
decía el fascista Gaitán, ya era aliada de los comunistas hace cien años, y
después de “la Violencia” de los años cuarenta y cincuenta, además se apoyó en las
guerrillas creadas, financiadas y entrenadas por los soviéticos y cubanos.
El narcotráfico era un negocio con el que fatalmente el país se encontraría,
pero su ascenso tiene que ver con el interés de la casta oligárquica, que en
los años setenta abrió la llamada “ventanilla siniestra” en la que se cambiaban
dólares por pesos sin preguntar su origen, llenando graciosamente las arcas
públicas y sosteniendo el valor de la moneda local. Todos los grupos poderosos
de la sociedad prosperaron gracias a ese negocio, a veces corrompiéndose
directamente, como los jueces, periodistas y politicos, a veces simplemente lucrándose de la
bonanza que multiplicaba el precio de las propiedades.
También era inevitable que el comunismo, dueño de la educación y del Poder
Judicial gracias a los gobiernos liberales que negociaban la paz, se encontrara con el narcotráfico,
el formidable recurso que permitía dominar áreas poco pobladas y alejadas de
los centros urbanos, elemento base para la conquista del país a partir de la
base rural. Ese encuentro de hecho definió el rumbo del régimen cubano tras la
caída de la Unión Soviética, y de los regímenes satélites, como el de
Venezuela, cuya mafia (“Cartel de los Soles”) aliada con la oligarquía
colombiana es el verdadero poder en nuestro país.
Comunismo y narcotráfico, eso es lo que representan Petro y Cepeda. Y este
momento es decisivo porque la alineación de las estrellas hace posible
recuperar el país, restaurar la democracia y reconstruir la legalidad y la
autoridad de las instituciones legítimas imponiéndose sobre las ideologías e
industrias criminales. Ya no están los vecinos comunistas presionando ni los
gobiernos estadounidenses del Partido Demócrata y la Unión Europea bendiciendo
la alianza con el hampa.
Es una ocasión tan trascendental que podría sellar el destino del país para
todo el siglo, si se eliminan los endemismos bárbaros se estará en la senda de
la prosperidad, de la libertad y el orden. De la seguridad y el enriquecimiento
cultural. De las industrias que generan empleos de calidad y del crecimiento
económico sólido. El tercer siglo tiene que ser el de sacar a Colombia de
las garras del hampa.
El nuevo gobierno tiene el apoyo de la mayoría de la sociedad, pues en muchas
regiones el triunfo de Cepeda tenia padrinos metálicos, plata o plomo. En las
grandes ciudades era el dinero de todos gastado en cebar a las populosas
clientelas. Gente que piense en todos los colombianos, más bien había poca en
ese bando.
En realidad esos comunistas son como un atavismo del periodo previo a la Independencia,
parásitos con poder heredado que del modo que sea despojan a los que trabajan.
EL MODO DE VIDA COLOMBIANO
Las muchas décadas de dominación comunista en la educación, en el Poder
Judicial y en los medios de comunicación han creado un tipo de persona adaptada
a ese modo de vida, que no se pregunta qué quiere decir realmente cada cosa.
¿Qué es "educación"? La obtención de un título con el que uno puede
aspirar a un buen puesto como ficha de alguna mafia política. A eso es a lo que
se aspira. Y es un derecho que se puede reclamar, lo cual a un colombiano le
parece la cosa más obvia y natural del mundo cuando es una atrocidad
intelectual y moral: a ver en cuántos países civilizados se puede invocar el
derecho fundamental a la educación para obtener recursos públicos o librarse de
pagar facturas.
En ese modo de vida, "estudiante" quiere decir "persona que se
enfrenta a la policía y destruye el mobiliario urbano para imponer intereses
políticos escogidos por el gremio docente, a su vez controlado por el Partido
Comunista". El revolucionario empieza tirando piedras y termina jactándose
de ser desmovilizado: "La cantidad de gente que yo habría matado si no
hubiera tomado la sabia decisión de dejarme pagar copiosamente por dejar de
matar y llegar a las más altas magistraturas. Tienen suerte de tenerme legislando
y no violando niños".
Nada de eso despierta indignación, la gente cree que es un gran logro llegar a
la universidad y celebrar un grado y tener un título, aunque no se va a
producir nada sino sólo a obtener rentas cómodas por recitar la propaganda del
sindicato, siempre y cuando se tengan contactos, para lo que es necesario
formar parte de las huestes comunistas, con diversas funciones según el rango
social. Las personas que han vivido así tienen un gran prestigio y a menudo
consiguen que sus hijos asciendan socialmente.
Esa “nobleza” lumpen y mezquina cuenta también con las industrias culturales y
los medios de comunicación, otras fuentes copiosas de dinero y reconocimiento. A
pesar de la febril productividad de la industria del diploma, en ningún país
desarrollado se encuentra un solo libro escrito por un colombiano que no sea
una obra literaria o un texto académico o periodístico sobre Colombia. No es
que abunden las patentes ni las exportaciones de manufacturas ni las marcas
locales con proyección internacional, los colombianos que piensan en eso son
tratados como enemigos por los poderosos dueños del Estado.
De eso es de lo que hablo cuando uso la palabra esperanza, de salir de ese modo de vida. De acabar realmente con el
narcotráfico y dejar de financiar el adoctrinamiento en las universidades,
privatizando o cerrando las públicas y tratando a las demás como a cualquier
empresa, con impuestos especiales para financiar la evaluación. De producir
profesionales excelentes que sostengan futuras empresas colombianas capaces de
crecer y consolidarse. Incluso de recompensar a quienes aprueben los exámenes
estatales de la carrera.
(Lo primero en lo que muchos piensan es en que habría trampas, cada uno debería
ocuparse de aprobar sin trampa, cosa que no serviría si el título fuera el
comienzo de una carrera en la que lo que se haya aprendido sirva para algo.)
El peor criminal de la historia de Colombia se llama Juan Manuel Santos. No
obstante, hizo algo bueno, meter a Colombia en la OCDE. La esperanza de momento
es llegar a ser como los demás países de la OCDE.
UN ANÁLISIS DAFO
Debilidades
La debilidad más notoria es la degradación de las instituciones, la Fiscalía
suele servir más a los criminales que a la ley, como cuando el entonces fiscal
Eduardo Montealegre les decía a Carlos Lozano y Piedad Córdoba que él siempre
había sido de su bando. Era un acto político partidista, pero el fiscal no tenía
problema en participar en él porque la negociación de paz hacía que los
comunistas y sus organizaciones armadas fueran tan legítimos como las
instituciones formales.
Esa degradación es patente si se piensa en la Contraloría y la Procuraduría, a
cuyos funcionarios los eligen aquellos a los que van a vigilar, ocurre con las
altas cortes, todas aplicadas a defender los intereses del clan dueño del
Estado. La consecuencia de esa inoperancia de la ley es la incapacidad de
confiar en la Justicia o en las autoridades policiales, ya que el modelo
corrupto se extiende por toda la sociedad. Y el efecto de ese ejemplo es la
inseguridad ciudadana y la imposibilidad de confiar en nadie, los tramposos
siempre cuentan con quedar impunes porque no hay un sistema judicial efectivo.
La escasa calidad de las élites es otra debilidad capital. La casta oligárquica
apostó por el comunismo y en aras de resultados económicos rápidos para
financiar la continuidad clientelista en el poder le abrió las puertas al
narcotráfico en el primer gobierno que siguió al Frente Nacional. Si esa casta
tuviera otro nivel, Colombia habría ido por el rumbo de Singapur, pero esos
patanes no estaban para trabajar. No es el hecho de que haya castas, los tres
mejores colombianos (Silva, Cuervo y Gómez Dávila) eran de la "flor y
nata" de la oligarquía.
Otras debilidades importantes son el escaso nivel cultural general de la
población y la escasa formación en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería
y matemáticas. También el atrasadísimo desarrollo empresarial y el escaso nivel
de ahorro y cultura financiera de los ciudadanos.
Amenazas
La principal amenaza es la probable determinación del crimen organizado de
provocar una guerra civil, pues perdiendo el Poder Ejecutivo su único camino es
la desaparición. Su derrota definitiva. El problema de ese proyecto se llama
Donald Trump. Los chinos no van a financiar una guerra de comunistas
envalentonados cuando han caído Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador,
Honduras y hasta Venezuela, y pronto Brasil. El actual gobierno estadounidense
podría ser un tanto drástico en caso de guerra civil en Colombia.
Otras amenazas de gran calado son las catástrofes naturales, de las que es buen
ejemplo el reciente terremoto de Venezuela. El país debe estar preparado con un
buen departamento de Protección Civil y la posibilidad de recurrir a las
fuerzas armadas si se presentan emergencias de esa clase.
Fortalezas
¡Colombia es una potencia en potencia! Cuenta con un tamaño poblacional,
una extensión, una posición geoestratégica, un nivel de educación y de
desarrollo tecnológico que bastaría el triunfo de la ley para que prosperara
tanto que se consideraría un milagro. Si el Pacífico americano prospera,
Colombia prospera porque tendrá mercados e inversiones. Si el Caribe prospera,
lo mismo.
La pirámide poblacional dice mucho de la situación. La edad mediana de los
colombianos es 33.5 años, la de los ciudadanos de la UE es 44.9 años. Hay mucha
más gente joven cuya vida puede cambiar gracias a las nuevas actividades
económicas que se abren con la IA, la exploración espacial, las energías
renovables, la nueva minería, la renovación de los centros urbanos, el turismo,
la provisión de servicios para personas mayores y muchas formas de comercio
relacionadas con los contactos de emigrantes colombianos.
Colombia es el país más extenso y poblado del Caribe sudamericano y el más
extenso y poblado del Pacífico Sudamericano, ésa es su principal fortaleza,
cuenta con muchas ciudades de más de 300.000 habitantes y un reciente
desarrollo de las infraestructuras que podría multiplicarse.
Pero su principal fortaleza en este momento es el triunfo electoral del bando
liberal-conservador frente al poder comunista implantado por Juan Manuel Santos
y reforzado por Petro. Nombramientos como el de Omar Bula, un abierto defensor
de Trump y denunciante del acuerdo de La Habana, anuncian una determinación que
es la mejor noticia del año. También el del líder conservador Miguel Gómez
Martínez, heredero del líder asesinado en los noventa, o de Miller Soto, una
víctima de las FARC, son muestra de esa determinación.
Proyectos como el de la Universidad Virtual en Casa son grandes aciertos. La
formación es una carga pesada que el educando debe levantar y no un derecho que
le permite integrarse en una casta de parásitos, debe formar gente que va a
vivir de lo que es capaz de hacer y no de la acreditación (la cual a menudo
sólo demuestra que se tiene un origen social conveniente y brinda una
recompensa que no tiene que ver con sus resultados ni con ningún servicio a los
demás). Los colombianos humildes que emigran a otros países a hacer trabajos
que requieren escasa calificación son reconocidos como gente aplicada y bien
dispuesta. Es la virtud que debe tener la mayoría para alcanzar un verdadero
desarrollo empresaria, la disposición a cooperar, el civismo y la buena fe.
Oportunidades
Oportunidades es lo que habrá si se genera confianza para construir por
ejemplo una ciudad de los ricos en el centro-sur-oriente de Bogotá, que con la
inversión podría recompensar maravillosamente a sus ocupantes actuales. Las ciudades
de Europa y Norteamérica tendrían que destruir más patrimonio para recuperar
sus centros urbanos, y en las de Asia es lo que se hace, construir edificios
cada vez más altos en entornos cada vez más agradables.
Para alguien que vive fuera, el proceso de degradación de las ciudades
colombianas es un fenómeno fascinante. El norte de Bogotá, entre el Lago y
Usaquén, era en los setenta una parte agradable, con muchos árboles y casas
bonitas. En los noventa ya había en cada esquina un puesto de dulces y el ruido
de los buses hacía desagradable estar por ahí. Pero lo mismo pasó antes con
Chapinero y antes con Teusaquillo y antes con el barrio Santafé... Vivimos en
otra época. Bogotá puede ser como Dubái. Ciertamente es difícil que eso tenga
éxito, lo que sí es seguro es que si los comunistas conservan el dominio Bogotá
nunca será La Habana, que era una ciudad magnífica hace cien años. Bogotá será
como la capital de Camboya.
Pero es sólo un ejemplo, las oportunidades del país se multiplicarían gracias
al desarrollo tecnológico y a los cambios en la organización política de la
región.
CONDICIONES DE LA VICTORIA
El nuevo gobierno afronta un reto descomunal. Su primera tarea debería ser
conseguir una mejora efectiva y clara del nivel de vida de la población.
Reducir el gasto público, proveer seguridad, brindar garantías a los inversores
y apoyar el emprendimiento son disposiciones que sin duda contribuirían a ese
propósito. La buena relación con Estados Unidos es la gran oportunidad de
integrarse en la nueva economía.
Respecto del sempiterno “conflicto”, hay que entender bien que a la guerrilla
se la debe someter a la ley y de ningún modo se debe negociar su
desmovilización. Imagínense que el presidente jurista proclamara como lema de
su gobierno algo como “Dura Lex” y no hiciera concesiones a los criminales. O
que metiera en la cárcel a los cultivadores de coca y amapola.
Es necesario explicar a la gente que las ideas socialistas son un engaño de
unos gánsters que aborrecen el esfuerzo y premian el fracaso. No es posible que
las personas instruidas no sepan que la aplicación de esas ideas llevan a una
vida miserable a las mayorías, sólo matones con pretensiones de señoritos
pueden pretender que se debe creer su cuento —todo su poder procede del crimen—
y esperan que los demás no vean lo que son, sólo desalmados que cuentan con que
pueden inspirar miedo.
Lawrence J. Peter, un profesor de la Universidad del Sur de California, definió
en 1969 el famoso “principio de Peter”: en una organización, los empleados
ascienden hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Ésa es la gran cuestión
que afronta el nuevo gobierno, si no le “quedará grande” la enorme tarea que
tiene por delante, pero no es sólo cuestión del gobierno, porque para cualquier
persona un país seguro, tranquilo, próspero, ordenado y libre es la condición
de su felicidad. En la medida en que emprenda esa senda, el gobierno debe
contar con nuestro apoyo, ¡a ver si lo conseguimos!