Por @ruiz_senior
Ése es el nombre de un discurso muy famoso del pastor Martin
Luther King Jr., pero también puede servir para expresar los anhelos que los
colombianos podríamos tener para el futuro. ¿Cómo será Colombia dentro de
cincuenta años? Yo recuerdo cómo era hace cincuenta años y por una parte se
puede decir que el nivel de vida en efecto ha mejorado, en parte por la
expansión minera, con hallazgos como Caño Limón, en parte por el desarrollo
tecnológico, que ha tenido impacto en todo el mundo. Antes se podía ver gente
que llevaba los zapatos rotos, ahora encontrarían en la basura zapatillas
usadas que siguen en buen estado, y todo el mundo tiene algún tipo de
Smartphone.
Hace cincuenta años apenas despuntaban las grandes
desgracias posteriores, el narcotráfico y las guerrillas comunistas, aunque ya
estaba presente el otro azote que mantiene al país en el atraso: la inseguridad
ciudadana. Por otra parte, era un país mucho más aislado y con indicadores de
desarrollo humano más precarios.
¿Cómo soñamos la Colombia del futuro? Voy a explicar mis desiderata personales y las condiciones
que creo que podrían permitir hacerlos realidad.
UN PAÍS SIN NARCOTRÁFICO
El narcotráfico se expandió en Colombia gracias a que
convenía a ciertos sectores del poder político, aunque sólo fuera porque la
abundancia de recursos encarecía sus propiedades. La “ventanilla siniestra” de
López Michelsen podría corresponder a una alianza no menos siniestra del
presidente con algún poder ligado al narcotráfico, por ejemplo, el régimen
cubano, con el que tenía una larga relación. Del permiso para lavar dinero del
narcotráfico se pasó al golpe de Estado para imponer un cambio constitucional y
prohibir así la extradición de los narcotraficantes. Y de ahí al acuerdo de La
Habana.
Para acabar con el narcotráfico, lo primero que se debe
hacer es desmontar las falacias de sus representantes políticos, falacias con
las que tratan de impedir la destrucción de cultivos ilícitos y la acción
policial eficaz contra los narcotraficantes. Colombia tiene que dejar de ser el
país de la cocaína para convertirse en el país de los paisajes hermosos y la
gente soñadora. Para que haya libertad hay que someter a la ley a todos los
productores de cocaína, incluidos los cultivadores de cualquier rango. Se deben
destinar recursos para inversiones en las áreas afectadas. Simplemente, de aquí
a cincuenta años habrán muerto muchos miles de personas a causa del poder de
las bandas criminales, más peligrosas cuanto más fuertes sean sus lazos con
clanes del poder.
Es el momento de vencerlas, sin la protección del gobierno,
las pueden someter fácilmente las fuerzas armadas legítimas y democráticas.
Sencillamente, la sociedad colombiana, la ciudadanía
colombiana, tiene que imponerse sobre el poder de unos criminales porque quiere
participar con dignidad en el mundo. El potencial estratégico, turístico,
minero y agropecuario de Colombia es extraordinario. Sólo tienen que
desaparecer las bandas criminales. Sólo tiene que imperar la ley.
UN PAÍS QUE HA VENCIDO LA AMENAZA COMUNISTA
La amenaza comunista tiene un frente poderoso en las
guerrillas, que, desmovilizadas o no, siguen implicadas en el narcotráfico.
Pero la principal baza de la revolución es el control del Estado, por una parte,
del poder judicial y por la otra de la educación. Hay que aniquilarlos en esos
frentes, por ejemplo, las instalaciones de la Universidad Nacional en Bogotá se
podrían convertir sin grandes reformas en un parque tecnológico, con ventajas
para las empresas que se instalaran allí. La sede universitaria podría quedar
con toda legitimidad en Sibaté, muy cerca de Soacha, la sexta ciudad de
Colombia. Sería un cambio que facilitaría nuevos recursos viarios y la
valorización de las áreas circundantes a la llamada “ciudad universitaria”, que
es sólo una república narcocomunista, como el Vaticano del mal, en medio de la
capital de Colombia. Eso impediría las batallas callejeras de los jóvenes
marxistas con los usuarios de buses y demás desgraciados que tienen que pasar
por ahí o viven por ahí. En Sibaté saben cómo tratar a la gente así.
La violencia callejera de los estudiantes no es un capricho
que tienen sino algo que organiza el Partido Comunista para intimidar a la
ciudadanía y amenazar el orden. Lo normal es que los gobiernos la premien porque
éstos suelen estar en manos de aliados de los comunistas.
La sociedad no decide qué políticas se deben seguir porque
quien lo decide es el Partido Comunista, eso es lo que quiere decir la
revolución. Eso es lo que tienta al muchacho porque sus sueños son tan
provincianos y propios de gente ignorante que llega a creer que hace de héroe
secuestrando gente, o formando parte de una organización que secuestraba gente,
como contaba con tono jactancioso el exministro de Economía de Petro. Decidir
por los demás, todo comunista es un hampón porque la ideología comunista
enmascara su vocación de tirano, de capataz-verdugo. Yo conocí a unos que le
tiraron un cóctel molotov a un policía que trataba de defenderse en medio del
tumulto, se reían satisfechos como quien a la vez que hace una travesura
colabora valientemente por una causa superior, que simplemente es el cálculo de
unos hampones de dedo parado que obtienen poder y rentas gracias al movimiento
estudiantil. Como Lucas Villa saludando a su madre después de detener el
tráfico en una carretera importante, había tenido un logro en la vida como
líder revolucionario.
Ya puestos a soñar, yo conozco un lugar en el que hay que
instalar a todos los profesores y funcionarios de la Universidad Pedagógica,
está en Usme. De todos modos, hay que seguirlos manteniendo.
También hay que fomentar la educación básica, sobre todo
protegiendo la privada, a la que hay que someter a evaluación continua pero que
se debe proteger fiscalmente, por ejemplo, permitiendo a los padres desgravar
lo invertido en educación. El camino correcto, reducir el gasto público,
aumentar la inversión privada. Y también se podrían promulgar leyes contra el adoctrinamiento
que permitieran llevar a la cárcel a los reclutadores. Eso haría mucho por
desactivar la amenaza.
Pero al fin, sencillamente Colombia tiene que ser un país
con futuro en el que los intentos de implantar el comunismo por parte de gentes
asociadas con potencias como Cuba, Rusia, la China comunista, Venezuela o Irán
sean inconcebibles. Libre de esa
amenaza, sería un país muy atractivo para los inversores porque puede abrirse a
oportunidades en el sector tecnológico. Y también para el turismo, una
industria con futuro asegurado en todo el mundo.
Derrotar el adoctrinamiento comunista en las escuelas es una
tarea necesaria. ¿Queremos que en Colombia gobierne gente como Nicolás Maduro o
Daniel Ortega? Se acabó, tiene que haber leyes que castiguen la propaganda
criminal pagada por el erario. Tiene que haber consensos legislativos que
condenen el comunismo, tiene que haber monumentos dedicados a los mártires del
comunismo y a los soldados de la patria que cayeron combatiéndolo. Tiene que
haber reconocimientos con efectos económicos para todos los excombatientes de
las fuerzas legítimas. Medallas al honor que incluso podría convocar una
institución no oficial.
Los colombianos del futuro tienen que conocer la verdad
sobre la historia del comunismo y entender que siempre fue simplemente un
crimen. Hoy en día hay grandes recursos para llegar a la gente, hay que hacerle
entender eso y excluir a los comunistas de los puestos públicos, pues
objetivamente son enemigos de la democracia. Simplemente, la sociedad
colombiana toma esa decisión o va a seguir legitimando la subversión continua y
la violación de la ley en nombre de una ideología que ha matado más gente que
todas las demás juntas.
Entonces en el mapa del mundo habrá un país que figura entre
los medianos, el decisivo en una región de potente crecimiento. Sin
narcotráfico y sin insurrección comunista, sencillamente sería un país que
vería el salto del tercer mundo al primero en una generación. Ante todo,
tenemos que apoyar firmemente todo lo que se emprenda en ese sentido.
Como es un sueño que tengo, voy a incluir que se creara una
educación de 18 años, con una fase básica (3-6 años), otra primaria (6-9 años),
una de secundaria general (9-15 años) y otra de secundaria específica (15-21
años), todo sometido a un examen estatal riguroso que obligue a repetir el
último curso de cada ciclo a los que no lo aprueben. Así, una carrera como
Medicina podría ser de sólo tres años porque los estudiantes ya tendrían una
formación sólida sobre la materia, aunque después optaran por ser enfermeros o
técnicos del sector salud que obtendrían una titulación con cursos muy cortos
según la oferta. Tres años para ser médico y otros tres para la especialidad. A
lo mejor se podría multiplicar el rendimiento de la educación y prevenir el
desempleo juvenil. Menos gente a la que sea fácil desplazar con inteligencia
artificial. Más gente capaz de encontrar empleo en el mundo nuevo.
UN PAÍS SEGURO
Si se tuviera en cuenta la rentabilidad social que tendría
un combate enérgico contra la delincuencia, construyendo cárceles a la vez más
seguras y más humanas o aportando recursos para hacer eficiente a la policía y
combatir la corrupción dentro de la institución, se estaría ante el negocio del
siglo, pues el bienestar se multiplicaría considerablemente. Eso se puede
hacer, ante todo hay que aplicar mano dura. Los colombianos que llegan a España
siempre tienen miedo de que alguien los atraque en cualquier calle solitaria.
Eso en general en España es improbable, si alguien se dedica a hacer eso cae
rápidamente. España llegó a ser un país de gente honrada gracias a las políticas
de mano dura de los años cincuenta, durante la dictadura del general Franco,
tal como en El Salvador cualquiera puede ir ahora a visitar a su abuela sin
miedo a que lo maten en el camino.
Eso tiene que conseguirse empleando las nuevas tecnologías y
poniendo voluntad y recursos. Castigando el delito se protege a la comunidad,
hay que aplicarse a hacerlo. Hay que animar a la gente a concebir calles
seguras, a defenderlas a denunciar las infracciones y arrinconar a los
malhechores.
VISUALIZACIÓN, MANIFESTACIÓN, REALIDAD
Visualización es
como llaman en el mundo del “desarrollo personal” a una técnica mental que
consiste en imaginarse de forma vívida aquello que se desea como si en efecto
hubiera ocurrido, generando una disposición psíquica favorable a su logro.
Por su parte, manifestación
es en ese ámbito el proceso de hacer realidad los propios deseos, metas o
intenciones empleando el poder de la mente, las emociones y la energía.
Pensando en la vida de la sociedad, eso que se visualiza, que se desea, se
empieza a construir sacudiéndose las mentiras de la propaganda, entendiendo el
mundo como lo entendería nuestro descendiente, que no podría perdonar a quienes
creen que van a crear prosperidad general y desarrollo cultural siguiendo el
camino de Venezuela o de Cuba, antes países mucho más ricos que Colombia.
Dándose cuenta de que el triunfo de los violadores de niños, convertidos en
legisladores por obra de la decisión de un oligarca desalmado y la vulgaridad
de una sociedad que no sabía más que obedecer a su caudillo, el que le abrió el
camino al tirano amigo de los terroristas. Entendiendo que todo eso forma parte
de una pesadilla monstruosa que se debe concebir como algo ajeno, indeseable,
una desgracia que nos ocurrió. Que los dos periodos presidenciales del caudillo
de las decisiones misteriosas (¿por qué era ministro de Defensa y sucesor
precisamente el hermano del virrey cubano?) no eran la solución sino parte de
la pesadilla.
Y después, viviendo como si todo eso fuera ajeno a cada uno,
optando por profesiones de verdadero servicio a la comunidad, rechazando toda
forma de corrupción o atropello, ahorrando para garantizar la propia libertad.
Esa redención interesa más a los pobres que a los ricos, porque antes que nada
deben ser ciudadanos con derechos y oportunidades y porque son los que pagan el
orden de iniquidad en que reinan los parásitos comunistas, los tiranos del clan
oligárquico y toda clase de malhechores. Por supuesto que se trata de
educación, pero entendiéndola como el aprendizaje continuo en aras de la propia
superación, no como la inscripción en una clase social cuya industria en
realidad es el despojo.
Bueno, es como les puedo explicar mi sueño.