23 ago 2021

Les gusta que los engañen

 Por @ruiz_senior

¿Qué proporción de los colombianos que pueden votar están en desacuerdo con "la paz" firmada en 2016 entre el gobierno de Santos y las FARC? Sea cual sea ese porcentaje, hay algo evidente ahora: ¡no habrá ningún candidato a las elecciones presidenciales de 2022 que cuestione el acuerdo de La Habana! Y no es que no tuviera opciones de ganar, es que en medio están Uribe y su partido impidiendo que haya oposición. Ya ha pasado una década completa de lloriqueo y fingido rechazo a lo que hacía Santos, aunque cuando el plebiscito falló corrieron a auxiliar al antiguo ministro de Defensa de Uribe e "interpretar" el voto de rechazo para que significara otra cosa. Todo lo que pasa en Colombia es más el resultado del déficit de civismo de las mayorías que de la perversidad de los opresores, por pereza mental prefieren que los engañen y se consuelan aplaudiendo a las plañideras que obtienen poder político e influencia gracias al lloriqueo.


1. El candidato del CD es Zuluaga

Es muy curioso el entusiasmo de los tuiteros por María Fernanda Cabal, que deja ver que hay mucha gente que querría hacer valer el rechazo al narcoterrorismo comunista y a su triunfo. Lo malo es que muchos de ellos creen que habrá una convención del CD en la que los partidarios de Cabal podrán ser mayoría y ganar. Eso es increíblemente ingenuo, pero muy típico del país en el que todo el mundo se siente dueño de todo. El CD lo creó Uribe con sus leales y a partir de ahí atrajo a gente descontenta con Santos, hostil al comunismo y nostálgica de la seguridad democrática. Eso no quiere decir que cualquier afiliado o militante sea igual de dueño del partido que los fundadores. En la realidad, no sólo en ese partido sino en todos, no sólo en Colombia sino en cualquier parte, la mayoría se suma a la mayoría, por decirlo de algún modo: la dirección crea un "rodillo" que impone cualquier cosa. Hay muchísimas personas que esperan figurar en las listas a asambleas departamentales y concejos municipales, y que no estarán en ellas si disgustan a los que las elaboran sumándose a candidaturas díscolas. Esas personas influyen sobre sus amigos, además de los dirigentes del partido, de modo que no hace falta que Uribe presione a nadie (aunque si hubiera peligro lo haría), y seguiría siendo posible algún tipo de fraude. ¿Qué mejor ejemplo que la designación de Duque o de la hija de Angelino Garzón sobre los candidatos preferidos por los tuiteros y militantes de base?

2. María Fernanda Cabal no cree que puede ganar

Ojalá prestaran atención a este tuit de José Félix Lafaurie:

Yo recuerdo haber leído lo mismo pero sin aludir a ser cabeza de lista sino a una votación muy alta. A diferencia de los tuiteros que creen que van a vencer a Uribe en la convención del CD, Lafaurie habla directamente del apoyo de Uribe, que claramente no tiene la precandidata. Al contrario: ¿se figuran que Uribe pensara en apoyarla y Macías saliera a insultarla en términos soeces? Si lo hace es porque, al igual que todos los congresistas y líderes del CD próximos a Uribe, está con Zuluaga, seguro de que será el candidato. Es una obviedad que la única forma en que la señora Cabal podría ser candidata es sin el CD, buscando la candidatura por firmas y recaudando votos entre toda la gente que se opone a la tiranía narcocomunista, no sólo del CD sino conservadores, libertarios y exuribistas de muchos tipos. Pero es una aventura que no quiere correr, cosa en la que está en todo su derecho. Lo malo es que hace creer a los tontos que puede haber una candidatura del CD opuesta al acuerdo de La Habana, lo cual sabe muy bien que es mentira. Es decir, entre una insegura campaña presidencial que la dejaría en caso de perder sin el paraguas protector de Uribe y su partido y una situación cómoda lloriqueando en el Senado, escoge lo segundo. Es decir, prefiere ayudar a impedir que haya una candidatura de rechazo a la infamia de La Habana que correr riesgos. Y no es algo de ella y su familia, es que sus partidarios no ven ningún problema. Creen que las elecciones son un test de personalidad y que su voto significará algo aunque su candidata pierda.

3. El caso de Bolsonaro

También se podría decir "El caso de Trump". Se ha demostrado que candidatos contracorriente pueden obtener mayorías si consiguen suficiente protagonismo y hacen un uso adecuado de las redes sociales, lo cual se presenta como "populismo" pero es la esencia de la democracia, pues de otro modo no habría demos porque lo reemplazarían los grupos organizados y los medios. Se trata de corresponder a una necesidad social, lo que en el caso de Colombia es dramático: el atraco de Santos ha hecho desaparecer la democracia y el control del Estado por las entidades surgidas del golpe de Estado simplemente deja un narcorrégimen en el que las instituciones elegidas por el pueblo no cuentan para nada. No hay partidos ni candidatos que propongan seriamente reducir la producción de cocaína y deshacer la obra de Santos. Y no obstante amplios sectores de la población votarían por quien se opusiera a esa perversa dominación. Otra cosa es la inteligencia política de los agentes intermedios, pues en la cúspide hay sólo cálculos de corto plazo e intereses particulares. Si al final Colombia se hunde más en su condición de tierra del crimen, los prominentes emigrarán con su patrimonio y tendrán a sus hijos con doctorados de universidades estadounidenses, pero los demás tendrán que sufrir esa opresión.

4. ¿Qué va a ocurrir?

Es interesante plantearse cuáles son los fines del hampa comunista que domina la región. Es evidente que los candidatos del santismo y el M-19 son meros agentes de esa hampa disfrazados de corderos con solvencia tecnocrática y académica, pero si al final el ganador fuera Zuluaga ya tienen asegurado el triunfo posterior, pues el candidato busca consensos y renunciar a las peleas, discusiones y revanchas. Ya con Duque les fue bastante bien, el tribunal nombrado por los asesinos ha sido muy efectivo legitimando sus crímenes y persiguiendo a quienes defendieron la ley, cosa que de todos modos ya ocurría con las cortes surgidas de la Constitución de 1991. La Comisión de la Verdad, presidida por quienes abiertamente encargaban los secuestros y masacres (si alguien que no fuera de los suyos hubiera leído y entendido las columnas que publicaba Alfredo Molano en El Espectador se daría cuenta de que los que mandaban niños bomba eran simples subalternos), sigue operando a toda máquina y el gobierno más bien colabora en todo lo que conviene a esa hampa. 

5. ¿Petro o Zuluaga?

Ya expliqué en otra ocasión que Santos y su banda, que es lo mismo que los comunistas, cuya figura más conspicua es a fin de cuentas el hermano del expresidente, buscarían una segunda vuelta entre un "tibio" y Petro, en la que los votos de la gente que no quiere la tiranía la reforzarían en una versión suave o lenta, más eficiente en proteger el narcotráfico que Duque. (Sobre esa imbricación de la mafia oligárquica y el régimen cubano son muy elocuentes las declaraciones de Ernesto Samper, indistinguibles de las de Petro. El expresidente además es, junto con José Luis Rodríguez Zapatero, el defensor oficial de Maduro.) Una segunda vuelta entre un "tibio" y un uribista también le daría el triunfo al "tibio", que contaría con los votos de Petro. Pero el triunfo en Perú puede haberlos envalentonado y tal vez vean la ocasión de tomarse el país definitivamente con un triunfo del exalcalde. Eso no es improbable: una vez que el candidato del CD sea Zuluaga, cesa la promoción y empieza la persecución judicial y propagandística, con cualquier pretexto o montaje. De modo que el día de la elección los descontentos con la tiranía apoyan a uno que al menos es amigo de Uribe y éste pasa a segunda vuelta, ocasión en que los demás candidatos, que habrán cosechado votos de gente moderada, recomiendan votar por Petro para impedir que el uribismo, ya criminalizado por la JEP, la Comisión de la Verdad, los muy incentivados activistas de las redes sociales y los medios, se eternice en el poder. La afinidad de Alejandro Gaviria con el petrismo es de sobra conocida. Y además los votos los cuenta Fecode, y si hubiera alguna duda las maquinarias tienen el respaldo de más de un millón de kilos de cocaína que se exportan cada año. 

6. La estafa Cabal

Luego queda claro que la precandidatura de la señora Cabal resulta un gran engaño. Primero porque no se puede estar seriamente contra el acuerdo de La Habana siendo del partido de Uribe, que lo salvó en 2016 (año en el que para impedir un fracaso en el plebiscito que planeaban Santos y las FARC ese partido negociaba con los terroristas una Constituyente con delegados no elegidos) y que ahora lo aplica con Duque. Y segundo porque al ser una obviedad que no resultará designada por su partido, condena al votante a quedarse con Zuluaga o con opciones peores, como los exministros de Santos que hacen de candidatos conservadores o los "tibios" (entre los que habría que incluir a Gutiérrez, Char y/o Peñalosa, que no tienen nada que objetar a ese acuerdo). Pero, perdón por repetirlo, no es tanto cosa de ella o su entorno, sino de los ciudadanos descontentos, que por pereza prefieren dejarse engañar que abrir los ojos y ver el peligro así como la oportunidad que habría con una candidatura independiente con firmas, que al no ser ella quien la busque debería animar a otros.

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