28 jul 2026

¿Vuelve la esperanza?

 

Por @ruiz_senior

DIECISÉIS AÑOS
En 2010 publiqué un post en este blog sobre el ciclo que se abría tras el golpe de Estado de Santos. "Adiós a la década esperanzada" aludía a la movilización contra el narcocomunismo de 2000 y 2001 y el consecuente gobierno de Uribe. En la mayoría de los indicadores importantes, Colombia ha retrocedido desde entonces.

Por ejemplo, el área sembrada de coca era de cerca de 170.000 hectáreas en 2001, de cerca de 70.000 en 2009 y de unas 260.000 en 2025. Los atentados terroristas menguaron drásticamente a lo largo de esa década, pero en 2025 habían vuelto a aumentar. La tasa de homicidios se redujo a la mitad entre 2001 y 2009 y siguió bajando aunque a un ritmo menor en los quince años siguientes, fruto del triunfo de la ley en los dos periodos de Uribe. El PIB y el PIB per cápita eran en 2009 más del doble que en 2001 y han tenido un crecimiento más lento después. La migración de ciudadanos colombianos era unas cinco veces mayor en 2025 que en 2009…

En medio ocurrió la mayor desgracia de la historia de Colombia, la mayor opresión, el mayor engaño, la mayor traición. Los colombianos del futuro sentirán tanta vergüenza de los colombianos de esos años como los alemanes actuales de los nazis. Sencillamente, las atrocidades de los comunistas durante más de medio siglo quedaban eximidas de reproche penal y resultaban la fuente del derecho, mientras que sus autores pasaban a nombrar a los jueces y a ser legisladores y autoridades de primer nivel.

Eso es lo que quiere decir “paz” en la propaganda santista y narcocomunista, valga la redundancia, y su único resultado es la multiplicación de los crímenes. No está de más recordar que el acuerdo fue rechazado en plebiscito pero terminó imponiéndose gracias a la complicidad de Uribe y su lamentable corte de aduladores, grotesca pseudooposición cuya máscara era la persecución a que sometían al expresidente los propagandistas y los funcionarios judiciales que obran como fichas del narcocomunismo.

EL TERCER SIGLO
En estos años, Colombia completa dos siglos de vida independiente, el primero fue el de las guerras civiles incesantes y el segundo el de la República Liberal, con breves periodos de gobiernos distintos. La “oligarquía”, como decía el fascista Gaitán, ya era aliada de los comunistas hace cien años, y después de “la Violencia” de los años cuarenta y cincuenta, además se apoyó en las guerrillas creadas, financiadas y entrenadas por los soviéticos y cubanos.

El narcotráfico era un negocio con el que fatalmente el país se encontraría, pero su ascenso tiene que ver con el interés de la casta oligárquica, que en los años setenta abrió la llamada “ventanilla siniestra” en la que se cambiaban dólares por pesos sin preguntar su origen, llenando graciosamente las arcas públicas y sosteniendo el valor de la moneda local. Todos los grupos poderosos de la sociedad prosperaron gracias a ese negocio, a veces corrompiéndose directamente, como los jueces, periodistas y politicos, a veces simplemente lucrándose de la bonanza que multiplicaba el precio de las propiedades.

También era inevitable que el comunismo, dueño de la educación y del Poder Judicial gracias a los gobiernos liberales que negociaban la paz, se encontrara con el narcotráfico, el formidable recurso que permitía dominar áreas poco pobladas y alejadas de los centros urbanos, elemento base para la conquista del país a partir de la base rural. Ese encuentro de hecho definió el rumbo del régimen cubano tras la caída de la Unión Soviética, y de los regímenes satélites, como el de Venezuela, cuya mafia (“Cartel de los Soles”) aliada con la oligarquía colombiana es el verdadero poder en nuestro país.

Comunismo y narcotráfico, eso es lo que representan Petro y Cepeda. Y este momento es decisivo porque la alineación de las estrellas hace posible recuperar el país, restaurar la democracia y reconstruir la legalidad y la autoridad de las instituciones legítimas imponiéndose sobre las ideologías e industrias criminales. Ya no están los vecinos comunistas presionando ni los gobiernos estadounidenses del Partido Demócrata y la Unión Europea bendiciendo la alianza con el hampa.

Es una ocasión tan trascendental que podría sellar el destino del país para todo el siglo, si se eliminan los endemismos bárbaros se estará en la senda de la prosperidad, de la libertad y el orden. De la seguridad y el enriquecimiento cultural. De las industrias que generan empleos de calidad y del crecimiento económico sólido. El tercer siglo tiene que ser el de sacar a Colombia de las garras del hampa.

El nuevo gobierno tiene el apoyo de la mayoría de la sociedad, pues en muchas regiones el triunfo de Cepeda tenia padrinos metálicos, plata o plomo. En las grandes ciudades era el dinero de todos gastado en cebar a las populosas clientelas. Gente que piense en todos los colombianos, más bien había poca en ese bando.

En realidad esos comunistas son como un atavismo del periodo previo a la Independencia, parásitos con poder heredado que del modo que sea despojan a los que trabajan.

EL MODO DE VIDA COLOMBIANO
Las muchas décadas de dominación comunista en la educación, en el Poder Judicial y en los medios de comunicación han creado un tipo de persona adaptada a ese modo de vida, que no se pregunta qué quiere decir realmente cada cosa. ¿Qué es "educación"? La obtención de un título con el que uno puede aspirar a un buen puesto como ficha de alguna mafia política. A eso es a lo que se aspira. Y es un derecho que se puede reclamar, lo cual a un colombiano le parece la cosa más obvia y natural del mundo cuando es una atrocidad intelectual y moral: a ver en cuántos países civilizados se puede invocar el derecho fundamental a la educación para obtener recursos públicos o librarse de pagar facturas.

En ese modo de vida, "estudiante" quiere decir "persona que se enfrenta a la policía y destruye el mobiliario urbano para imponer intereses políticos escogidos por el gremio docente, a su vez controlado por el Partido Comunista". El revolucionario empieza tirando piedras y termina jactándose de ser desmovilizado: "La cantidad de gente que yo habría matado si no hubiera tomado la sabia decisión de dejarme pagar copiosamente por dejar de matar y llegar a las más altas magistraturas. Tienen suerte de tenerme legislando y no violando niños".

Nada de eso despierta indignación, la gente cree que es un gran logro llegar a la universidad y celebrar un grado y tener un título, aunque no se va a producir nada sino sólo a obtener rentas cómodas por recitar la propaganda del sindicato, siempre y cuando se tengan contactos, para lo que es necesario formar parte de las huestes comunistas, con diversas funciones según el rango social. Las personas que han vivido así tienen un gran prestigio y a menudo consiguen que sus hijos asciendan socialmente.

Esa “nobleza” lumpen y mezquina cuenta también con las industrias culturales y los medios de comunicación, otras fuentes copiosas de dinero y reconocimiento. A pesar de la febril productividad de la industria del diploma, en ningún país desarrollado se encuentra un solo libro escrito por un colombiano que no sea una obra literaria o un texto académico o periodístico sobre Colombia. No es que abunden las patentes ni las exportaciones de manufacturas ni las marcas locales con proyección internacional, los colombianos que piensan en eso son tratados como enemigos por los poderosos dueños del Estado.

De eso es de lo que hablo cuando uso la palabra esperanza, de salir de ese modo de vida. De acabar realmente con el narcotráfico y dejar de financiar el adoctrinamiento en las universidades, privatizando o cerrando las públicas y tratando a las demás como a cualquier empresa, con impuestos especiales para financiar la evaluación. De producir profesionales excelentes que sostengan futuras empresas colombianas capaces de crecer y consolidarse. Incluso de recompensar a quienes aprueben los exámenes estatales de la carrera. 

(Lo primero en lo que muchos piensan es en que habría trampas, cada uno debería ocuparse de aprobar sin trampa, cosa que no serviría si el título fuera el comienzo de una carrera en la que lo que se haya aprendido sirva para algo.)

El peor criminal de la historia de Colombia se llama Juan Manuel Santos. No obstante, hizo algo bueno, meter a Colombia en la OCDE. La esperanza de momento es llegar a ser como los demás países de la OCDE.

UN ANÁLISIS DAFO

Debilidades 
La debilidad más notoria es la degradación de las instituciones, la Fiscalía suele servir más a los criminales que a la ley, como cuando el entonces fiscal Eduardo Montealegre les decía a Carlos Lozano y Piedad Córdoba que él siempre había sido de su bando. Era un acto político partidista, pero el fiscal no tenía problema en participar en él porque la negociación de paz hacía que los comunistas y sus organizaciones armadas fueran tan legítimos como las instituciones formales.

Esa degradación es patente si se piensa en la Contraloría y la Procuraduría, a cuyos funcionarios los eligen aquellos a los que van a vigilar, ocurre con las altas cortes, todas aplicadas a defender los intereses del clan dueño del Estado. La consecuencia de esa inoperancia de la ley es la incapacidad de confiar en la Justicia o en las autoridades policiales, ya que el modelo corrupto se extiende por toda la sociedad. Y el efecto de ese ejemplo es la inseguridad ciudadana y la imposibilidad de confiar en nadie, los tramposos siempre cuentan con quedar impunes porque no hay un sistema judicial efectivo.

La escasa calidad de las élites es otra debilidad capital. La casta oligárquica apostó por el comunismo y en aras de resultados económicos rápidos para financiar la continuidad clientelista en el poder le abrió las puertas al narcotráfico en el primer gobierno que siguió al Frente Nacional. Si esa casta tuviera otro nivel, Colombia habría ido por el rumbo de Singapur, pero esos patanes no estaban para trabajar. No es el hecho de que haya castas, los tres mejores colombianos (Silva, Cuervo y Gómez Dávila) eran de la "flor y nata" de la oligarquía.

Otras debilidades importantes son el escaso nivel cultural general de la población y la escasa formación en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. También el atrasadísimo desarrollo empresarial y el escaso nivel de ahorro y cultura financiera de los ciudadanos.

Amenazas
La principal amenaza es la probable determinación del crimen organizado de provocar una guerra civil, pues perdiendo el Poder Ejecutivo su único camino es la desaparición. Su derrota definitiva. El problema de ese proyecto se llama Donald Trump. Los chinos no van a financiar una guerra de comunistas envalentonados cuando han caído Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Honduras y hasta Venezuela, y pronto Brasil. El actual gobierno estadounidense podría ser un tanto drástico en caso de guerra civil en Colombia. 

Otras amenazas de gran calado son las catástrofes naturales, de las que es buen ejemplo el reciente terremoto de Venezuela. El país debe estar preparado con un buen departamento de Protección Civil y la posibilidad de recurrir a las fuerzas armadas si se presentan emergencias de esa clase.

Fortalezas
¡Colombia es una potencia en potencia! Cuenta con un tamaño poblacional, una extensión, una posición geoestratégica, un nivel de educación y de desarrollo tecnológico que bastaría el triunfo de la ley para que prosperara tanto que se consideraría un milagro. Si el Pacífico americano prospera, Colombia prospera porque tendrá mercados e inversiones. Si el Caribe prospera, lo mismo.

La pirámide poblacional dice mucho de la situación. La edad mediana de los colombianos es 33.5 años, la de los ciudadanos de la UE es 44.9 años. Hay mucha más gente joven cuya vida puede cambiar gracias a las nuevas actividades económicas que se abren con la IA, la exploración espacial, las energías renovables, la nueva minería, la renovación de los centros urbanos, el turismo, la provisión de servicios para personas mayores y muchas formas de comercio relacionadas con los contactos de emigrantes colombianos.

Colombia es el país más extenso y poblado del Caribe sudamericano y el más extenso y poblado del Pacífico Sudamericano, ésa es su principal fortaleza, cuenta con muchas ciudades de más de 300.000 habitantes y un reciente desarrollo de las infraestructuras que podría multiplicarse.

Pero su principal fortaleza en este momento es el triunfo electoral del bando liberal-conservador frente al poder comunista implantado por Juan Manuel Santos y reforzado por Petro. Nombramientos como el de Omar Bula, un abierto defensor de Trump y denunciante del acuerdo de La Habana, anuncian una determinación que es la mejor noticia del año. También el del líder conservador Miguel Gómez Martínez, heredero del líder asesinado en los noventa, o de Miller Soto, una víctima de las FARC, son muestra de esa determinación.

Proyectos como el de la Universidad Virtual en Casa son grandes aciertos. La formación es una carga pesada que el educando debe levantar y no un derecho que le permite integrarse en una casta de parásitos, debe formar gente que va a vivir de lo que es capaz de hacer y no de la acreditación (la cual a menudo sólo demuestra que se tiene un origen social conveniente y brinda una recompensa que no tiene que ver con sus resultados ni con ningún servicio a los demás). Los colombianos humildes que emigran a otros países a hacer trabajos que requieren escasa calificación son reconocidos como gente aplicada y bien dispuesta. Es la virtud que debe tener la mayoría para alcanzar un verdadero desarrollo empresaria, la disposición a cooperar, el civismo y la buena fe.

Oportunidades
Oportunidades es lo que habrá si se genera confianza para construir por ejemplo una ciudad de los ricos en el centro-sur-oriente de Bogotá, que con la inversión podría recompensar maravillosamente a sus ocupantes actuales. Las ciudades de Europa y Norteamérica tendrían que destruir más patrimonio para recuperar sus centros urbanos, y en las de Asia es lo que se hace, construir edificios cada vez más altos en entornos cada vez más agradables.

Para alguien que vive fuera, el proceso de degradación de las ciudades colombianas es un fenómeno fascinante. El norte de Bogotá, entre el Lago y Usaquén, era en los setenta una parte agradable, con muchos árboles y casas bonitas. En los noventa ya había en cada esquina un puesto de dulces y el ruido de los buses hacía desagradable estar por ahí. Pero lo mismo pasó antes con Chapinero y antes con Teusaquillo y antes con el barrio Santafé... Vivimos en otra época. Bogotá puede ser como Dubái. Ciertamente es difícil que eso tenga éxito, lo que sí es seguro es que si los comunistas conservan el dominio Bogotá nunca será La Habana, que era una ciudad magnífica hace cien años. Bogotá será como la capital de Camboya.

Pero es sólo un ejemplo, las oportunidades del país se multiplicarían gracias al desarrollo tecnológico y a los cambios en la organización política de la región.

CONDICIONES DE LA VICTORIA
El nuevo gobierno afronta un reto descomunal. Su primera tarea debería ser conseguir una mejora efectiva y clara del nivel de vida de la población. Reducir el gasto público, proveer seguridad, brindar garantías a los inversores y apoyar el emprendimiento son disposiciones que sin duda contribuirían a ese propósito. La buena relación con Estados Unidos es la gran oportunidad de integrarse en la nueva economía.

Respecto del sempiterno “conflicto”, hay que entender bien que a la guerrilla se la debe someter a la ley y de ningún modo se debe negociar su desmovilización. Imagínense que el presidente jurista proclamara como lema de su gobierno algo como “Dura Lex” y no hiciera concesiones a los criminales. O que metiera en la cárcel a los cultivadores de coca y amapola.

Es necesario explicar a la gente que las ideas socialistas son un engaño de unos gánsters que aborrecen el esfuerzo y premian el fracaso. No es posible que las personas instruidas no sepan que la aplicación de esas ideas llevan a una vida miserable a las mayorías, sólo matones con pretensiones de señoritos pueden pretender que se debe creer su cuento —todo su poder procede del crimen— y esperan que los demás no vean lo que son, sólo desalmados que cuentan con que pueden inspirar miedo. 

Lawrence J. Peter, un profesor de la Universidad del Sur de California, definió en 1969 el famoso “principio de Peter”: en una organización, los empleados ascienden hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Ésa es la gran cuestión que afronta el nuevo gobierno, si no le “quedará grande” la enorme tarea que tiene por delante, pero no es sólo cuestión del gobierno, porque para cualquier persona un país seguro, tranquilo, próspero, ordenado y libre es la condición de su felicidad. En la medida en que emprenda esa senda, el gobierno debe contar con nuestro apoyo, ¡a ver si lo conseguimos!

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