18 jul. 2004

Necesidad de la reelección

La editora general de Semana afirma que el presidente comete un grave error buscando la reelección.

Lo que debe hacernos pensar respecto a la reelección es ¿qué fue lo que permitió que Uribe fuera elegido? Se trataba de un líder provincial al que se había desprestigiado por apoyar las Convivir y que no contaba con el apoyo de ningún sector político significativo. La elección de Uribe fue el resultado del Caguán y fue una circunstancia excepcional. De otro modo, si las FARC y Serpa hubieran sido menos torpes, le habría tocado el turno al samperismo.
 
De modo que Uribe se hace con el liderazgo de todas las derechas y del centro sólo por ser el único líder de algún nivel que denunció la infamia del Caguán. En esa condición hoy en día es irreemplazable. Las elecciones en Bogotá lo demostraron, la maquinaria unida a todas las mafias sindicales, intelectuales y demás son capaces de arrasar con todos los sueños renovadores de la sociedad. Claro que ellos jurarán que Garzón es el renovador, pero entonces habrá que decidir en qué bando se está. ¿Por quién votó la columnista en 2002?

Si a los asesores de Uribe no se les ocurre la idea de la reelección, es casi seguro que cualquier candidato que no convenga a los intereses del oligopolio mediático, de las redes de corruptelas del Congreso, del celebérrimo Cartel de la Tutela y en última instancia de aquello que está detrás de la "izquierda" (la oligarquía parasitaria de siempre) perdería. ¿Cómo serían las elecciones en 2006? ¿Por quién votaríamos los uribistas? Rafael Pardo, Peñalosa, Mockus, Noemí, siempre resultarían débiles en comparación con algún prócer de la banda de Samper o del Polo Democrático.
 
¿Qué pasaría entonces con la guerrilla? El día que se conozcan todas las relaciones del samperismo con el Partido Comunista, todos los puestos diplomáticos que se dieron a personas que trabajaban para la guerrilla, todo el poder que adquirió el narcoterrorismo dentro del Estado, empezando por el liderazgo sindical obtenido gracias a la generosidad gubernamental, se entenderá que la guerrilla no es un grupo de niños diabólicos aficionados a la crueldad y probablemente caídos de la luna, sino un vasto proyecto oligárquico.

Daría lo mismo todo lo que se consiguiera ahora. Con toda certeza un personaje como Serpa (a la tercera la vencida) que proclama sin rubor que es necesario gastar más para reactivar la economía, multiplicaría el gasto y convertiría al país en una segunda Bolivia. Más asesorado por culebreros fantasiosos como Eduardo Sarmiento y demás paniaguados de Santodomingo. Y su política de paz sería la que ya tenía, muy agravada porque su candidatura de 2002 contaba con las mismas FARC en el equipo de paz.

Resumiendo: la reelección es necesaria porque la máquina de corrupción y complicidad con el terrorismo es demasiado poderosa. ¿Nadie se acuerda del fraude con que fue elegida Piedad Córdoba? Todavía no se ha resuelto. ¿Qué decir del fraude del referendo, refrendado por todos los medios, por todos los leguleyos, por todos los que claman contra la reelección? Los enemigos del presidente  se han vuelto ahora enemigos de la reelección del mismo modo que la Iglesia católica en Europa ya no hace campañas contra el divorcio.

Es verdad que la reelección plantea un salto institucional, y también que en un segundo mandato tendería a dispararse la corrupción, pero la campaña contra la reelección sólo tiene por objeto dispersar a la mayoría para imponer un régimen de esclavitud negociado con las FARC.

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