12 feb. 2005

¿Conflicto o amenaza terrorista?

Por Wilfredo Moreno

Las guerrillas surgieron de las disputas partidistas en las zonas rulares; los grupos residuales que no se acogieron a la ley de amnistía del general Rojas Pinilla fueron reclutados por el Partido Comunista para atentar contra el Estado y tomar su control con la idea de hacer la mal llamada revolución del proletariado.

Desde que adoptaron las pretensiones de la izquierda prehistórica hasta hoy, las guerrillas no han dejado ser residuos de la época de la violencia, de ahí sus métodos atroces, su incapacidad para dar un golpe militar contundente que les abra las puertas del poder. Tal vez lo que jugó en contra de sus pretensiones fue la urbanización acelerada que vivió Colombia a causa precisamente de la violencia desatada por esas mismas pandillas en el campo. De ese recorrido histórico parte la teoría de que el país no vive un conflicto armado sino una amenaza terrorista.

Para que se pueda hablar de un conflicto armado entre dos facciones, de una guerra civil, tendría que estar dividido el país entre dos o más valores, perspectivas u opiniones contradictorias por naturaleza o irreconciliables. ¿Qué valores defendía Tirofijo en la época de la Violencia? Las crónicas hablan de chusmeros que llegaban a las veredas y campos a pedir cabezas cortadas como recompensas a su labor, de esas acciones, ¿podían existir perspectivas más allá de la barbarie? Su única opinión consistía en impartir terror.

Desde esos tiempos hasta hoy, la guerrilla o chusmeros, como se quiera llamar, no han cambiado sus métodos en lo absoluto, de ahí que nunca hayan dejado de ser una amenaza terrorista. Me imagino a los campesinos de la época rezar para que los chusmeros no encontraran el camino a sus veredas, lo mismo que hacen los de hoy en día para que las guerrillas no aparezcan por sus tierras; la única diferencia es que el poder de terror ha crecido mucho más. El hecho de que la amenaza terrorista hoy sea mayor que la de ayer no significa que tengamos un conflicto propiamente dicho, es decir, un conflicto que parte de la diferencia de valores y propuestas, que ni las guerrillas ni quienes las defienden en el terreno político poseen. Y aún cuando se admita que se da esa diferencia de ideas, las de las guerrillas carecen de respaldo popular, su fuerza no es la de representar a una parte de la sociedad sino su mera capacidad de matar con bombas y cilindros de gas.

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