4 jul. 2005

Lo que nos espera si tumban la reelección

Ya es hora de que nos planteemos lo que le espera al país si los honorables magistrados de la Corte Constitucional tumban la reelección. Y es que ese fallo adverso cada día parece más probable. VER -->

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fernando Londoño Hoyos
El diablo no hace hostias
Julio 05 de 2005


El Presidente de la República tuvo todo en sus manos para darle al país una Corte Constitucional menos parcializada y un Pro-curador decente. Por desventura para él, y sobre todo para Co-lombia, no le dio a esas posibilidades la importancia debida. Ese desdén por cosas tan significativas no le es totalmente imputable. Fueron consejeros suyos los que lo convencieron de desestimar la trascendencia que esos asuntos tenían, argumentando que ponerse en manos del Tartufo de Valledupar era buen negocio. Se aplacaría la hirsuta oposición del grupo que representaba, y el personajillo colaboraría en los temas centrales que el Gobierno tuviera entre manos.

Álvaro Uribe es un hombre bueno. Su tendencia a creer en la lealtad ajena es irreparable. Por eso no le queda lejos convencerse de que tras una charla amistosa queda garantizada una alianza, así sea con el diablo mismo. Hasta para que le haga hostias. Y en eso se equivoca, como se equivocaron tantos en la historia que se propusieron apaciguar las fieras sobándoles el pelo. El general Joaquín Posada Gutiérrez creyó en la mansedumbre de Tomás Cipriano de Mosquera y le concedió la Esponsión de Manizales. Y Chamberlain en la de Hitler, y le permitió que se tragara media Europa. Y el Presidente resolvió competir con ellos...

El concepto del Procurador no es obligatorio para la Corte. Pero como si lo fuera. En nuestro libro ‘Con licencia para hablar’, explicamos que el manzanillo cesarense está conectado con la mayoría oposicionista de ese Tribunal. Una hermana del magistrado Beltrán Sierra se gana la vida como empleada de la Procuraduría; que es el mismo quehacer de la esposa del magistrado Córdoba Triviño; y el doctor Araújo es sobrino político de Maya y primo hermano de su hijo; mientras la magistrada Clara Inés Vargas hace y dice lo que le digan los citados, y Sierra Porto, el magistrado que el Presidente permitió que su mayoría en el Senado eligiera, le debe el cargo al mismo Procurador. Esa suma da cinco, que siendo más de la mitad de nueve, constituye la mayoría de la Constitucional. Nada obsta para que al quinteto se le agreguen el magistrado que debe el cargo a Andrés Pastrana, y el que es una especie de hijo putativo de Gaviria, visiblemente interesado en que la reelección salga “modulada”, es decir, a su medida.

Los argumentos del Procurador no valen nada. Decir a estas alturas que le fató debate al proyecto, no pasa de ser una mala chanza. Los debates son un requisito constitucional para que un proyecto se apruebe, pero consisten en que se los abra para que la palabra quede a disposición de los miembros del Congreso que juzguen necesario intervenir. Nadie puede obligarlos a sumarle más discursos al archivo que los contiene.

Tampoco cuenta una higa que la aprobación del informe de los ponentes tenga bautizo de palabras. Se trata de un requisito para empezar la discusión y no de un tercer debate, que ni la Constitución ni la ley disponen. Y ahí queda toda la ciencia del Procurador o de quienes le escribieron las 150 páginas de la atroz literatura que ese despacho genera. Así pues, que la Corte, que se supone más juiciosa, pasaría de largo por consideraciones tan pobres y nos permitiría reelegir a un buen Presidente, privilegio de todos los electores de los países desarrollados del mundo. Pero no hay que hacerse ilusiones. El diablo no hace hostias. Y la oposición al Gobierno incrustada en la Corte, dirá en la sentencia que administrando justicia de acuerdo con su coloborador del Ministerio Público, en Colombia la reelección es el sueño de la inmensa mayoría, pero que la mayoría importa un bledo cuando se tropieza con la ambición y la perfidia del Tartufo y de su séquito. Ellos mandan y nosotros, caterva de bencejos, nos dejamos mandar.