8 sep. 2005

Pero ¡qué quilombo!

Ya llevaba varios días preguntándome qué clase de inversores van a dejarse seducir por un logo, hasta que me fijé con atención en los rasgos de la figura, no sólo exotismo sino también rasgos de los que el imaginario racista atribuye a las matronas de sangre negra poco amigas del deporte.

Desde el punto de vista nacionalista da igual: una campaña perfectamente estúpida que complace la imagen de Colombia como sociedad de gente de poco seso y muchos actos terribles, por no hablar de los arrebatos de las compatriotas exportadas, y como eso no va a mejorar en absoluto ninguna imagen (porque el país no es desconocido y porque en lugar de negar el prontuario de violencia lo reafirma), siempre queda el agravio, que es la verdadera mina que explotan los nacionalistas (al igual que los comunistas): no es que nuestra contribución a la historia de la especie sea rotundamente negativa (el planeta sería mucho más hermoso sin colombianos), sino que los demás se obstinan en no aprender de nosotros.

Ya el repertorio de adjetivos se agota: ya ni "grotesco" ni "ridículo" son suficientes para expresar la protesta.

21 comentarios:

natalie dijo...

No entiendo que es lo que usted tiene en contra de un logo para el pais y para comercio, y en particular lo que le disgsuta de esta figura, que puede interpretarse en varias formas, y por lo mismo que atrae la atencion de varios tipos de personas. Eso es deseable desde el punto de vista comercial.

O quiere decir que esta diseñado para comerciar usando como anzuelo la prostitucion y promocionando la oferta barata de las negras colombianas?

Yo no lo veo en ese sentido, pero bueno es posible esa interpretacion.

DieGoth dijo...

El logito puede tener mil interpretaciones distintas, y precisamente... ¡ahí está el problema! En publicidad el mensaje debe ser clarísimo y sobre todo, unánime: todos deberíamos ver lo mismo, y eso tendría que ser algo siempre positivo.

A mí no me interesa exaltar un nacionalismo, pero si veo que van a hacer una campaña para promocionar una idea de país, con ese logito empezaron mal.

Ricardo Sánchez dijo...

Yo no sé nada de publicidad pero lo que dice Diego no sé si sea posible; es decir, eso de que el mensaje tiene que ser unánime. No discuto que el logo es feo con ganas, pero aunque fuese mejorcito dudo que se pueda conseguir una opinión unánime.

Jaime por ejemplo ve una morena con trasero protuberante (con el mayor respeto por la raza negra) y yo veo una cebolla, otros ven un corazón, etc. Aunque si creo que en el mejor de los casos un logo bien diseñado debe generar opiniones menos variadas.

En cuanto a la idea de darle una imagen de empresa a Colombia, no me parece tan mala del todo. Pienso que promover una imagen de empresa donde todos somos dueños puede ser beneficioso; principalmente si hacemos énfasis en el sentido de pertenencia. Me explico: mucha gente no denuncia la corrupción, entre otras razones, porque creen que el funcionario corrupto le está robando al gobierno y no a él. Al mismo tiempo, muchos roban porque creen que no le están robando a nadie, sino al gobierno. Aunque una persona con una ética tan floja es muy cuestionable, al menos promover la idea nos puede ahorrar unos pesos desde dos partes distintas: los que se abstendrían de robar por no hacerle daño a su vecino y los que denunciarían al ladrón por estar robándole el dinero de sus impuestos. Y como en Colombia privatizar es una cosa tan difícil de hacer, de pronto esta idea pueda ser un buen complemento mientras que las otras batallas se van librando poco a poco.

Jaime Ruiz dijo...

Para Natalie:

No tiene ninguna importancia, ni buena ni mala, que un país tenga un logo, es una tontería, puede ser útil para identificar las cosas de ese país, pero el coste que tiene en recursos y energías no justifica que se le dé importancia.

Ese logo en particular no me gusta, pero mi problema no es con ese logo, que como creo haber demostrado parece el de un burdel, sino con la idea de que la imagen de Colombia va a mejorar en el mundo porque nos hagamos protagonistas diciendo que nuestro país es pasión. De hecho, el eslogan es una burda copia de una campaña que hizo hace un tiempo España con el lema "España es simpatía".

Lo desesperante son las ilusiones que se van formando en torno a la nueva campaña, ilusiones que servirían para chistes si no tuviera que acordarse de la triste situación de tantos compatriotas.

Voy a comentar primero eso de España es simpatía. Pongamos que lo ven familias de Arkansas que pueden permitirse unas vacaciones en Europa: ¿incluirán a España? Es una posibilidad. La presencia en los medios de las caras sonrientes puede influir a la hora de tomar la decisión. Es una campaña que sin duda aporta turistas a un país que de todos modos ya recibe 50 millones de turistas al año, que tiene las infraestructuras y los servicios para recibir a uno o dos millones más.

Pongamos otro caso: Ecuador. Es un país baratísimo, bastante tranquilo y con una oferta muy atractiva de biodiversidad y naturaleza. Y sobre todo es un país pequeño y escondido. De modo que si alguien le dice a los primos que se va de vacaciones a Ecuador a lo mejor le replican: "Pues yo me voy a Bután, que no voy a ser menos que tú", o "Estás como una de mi clase que se fue a Togo".

La campaña de promoción turística de Ecuador es perfectamente razonable por cuanto la gente que ve la publicidad puede plantearse unas vacaciones en Ecuador, como ocurriría en el caso de España. No es que ellos piensen que con un escudito o un lema resuelven sus problemas, sino que explotan una industria que tiene amplísimas perspectivas.

Colombia no puede promover su turismo así: todo el mundo recuerda que es el país de los secuestros y las masacres de los narcotraficantes. Si un ciudadano de Arkansas va a pasar vacaciones en Colombia sería bueno recomendarle que no se lo dijera a mucha gente, porque podrían disuadirlo. Colombia necesita ofrecer seguridad, al menos en las ciudades y áreas rurales turísticas, de modo que los que se arriesguen se vayan satisfechos. Y para eso hace falta mucho. El corazoncito rojo que evoca una sensualidad un tanto directa no sirve para traer ni un turista.

Y sobre todo no sirve para atraer a ningún inversor. Lo que hace falta para atraer inversores en Colombia es estabilidad política y seguridad jurídica. En tal caso no importa tanto la seguridad concreta de los individuos. Pero ¿qué hace una empresa si invierte cien millones de dólares y al cabo de un tiempo un juez o un gobernante deciden expropiar todo lo que sea de la empresa? Suena muy loco, pero fue exactamente lo que pasó en Cuba, donde el malecón y el puerto de La Habana habían sido construidos por los estadounidenses y fueron nacionalizados por Castro, o en Chile, donde las minas de cobre, compradas por empresas estadounidenses, fueron expropiadas por el gobierno "democrático" y "legítimo" de Allende. El enterarse de que Colombia es pasión sólo movería a invertir a un cretino profundo, a alguien que haya heredado el bocio de diez generaciones. El loguito no sirve absolutamente para nada a ese respecto.

Queda la imagen de las manufacturas. Por ejemplo, la familia de Arkansas va al almacén y selecciona piezas de ropa. Si por ejemplo algo vale 20 dólares y la etiqueta dice "Japan" o "Germany", pensarán que es una ganga, ya que los productos de esos países son caros y se les supone cierta calidad. Si dicen "Vietnam", "India", "Philipines", puede que no sean tal ganga, puede que valga la pena mirar mejor lo que hay. Pero si dice "Colombia" habrá más recelo, no necesariamente mala imagen, pero sí poca confianza. Por cuanto la fama de Colombia como productor de bienes de calidad sólo es un deseo. ¡Y claro que el logo y la campaña no van a servir de nada! Eso es lo que a uno le da lástima, pensar que hay alguien en este mundo que cree que los productos japoneses o alemanes son caros y prestigiados gracias a que hicieron publicidad, es difícil tener paciencia con pensamientos así. Si uno mira el país que en el mundo es paradigma de la calidad, es exactamente el mismo que es paradigma de la falta de pasión: Suiza. ¡Sólo faltaría que los usuarios de Rolex esperaran que sus productos fueran hechos con pasión!

Lo que hay respecto a las ilusiones que genera esa campaña desde el punto de vista de la mejora de la economía es exactamente lo mismo que las velas a san Cangrejo para remediar un tumor maligno: una superstición estúpida tras la cual se oculta la negativa a plantearse las cosas en serio para hacer cosas buenas, bonitas y baratas, para dar garantías a los inversores, para crear entornos turísticos seguros. En lugar de todo eso que es tan complicado se genera el milagro de las multitudes enfervorizadas con su esvástica tragicómica, convencidas de que la pasión es un increíble motivo de orgullo, cuando todos los sabios que en el mundo han sido han recomendado la templanza.

Ni turistas ni inversores ni compradores. Si de lo que se trata es de la "pertenencia" como adhesión a una cosa común que se inventó un publicista, ahí sí que me tienen en contra, porque esos milagros de la escenografía y la publicidad son el irracionalismo de las masas que tanto daño hizo en el siglo XX.

Aun deseándoles todos los éxitos imaginables a los promotores de la idea, sería casi nada lo que cambiaría. El problema es organizar empresas eficientes, producir cosas buenas, prestar servicios competitivos. Mientras no haya unas cuantas décadas de paz, de inexistencia de las guerrillas, lo de vender el paraíso con una campaña publicitaria es un disparate y un despropósito.

No creo que el diseñador pensara en vender turismo sexual, sólo es que un pais que se identifica en una imagen tan chabacana y en un concepto tan equívoco me produce mucha tristeza. ¿No hay pasión en los masacradores? ¿Qué es pasión? ¿A qué se alude cuando se habla de la pasión de Cristo? En alemán, Leidenschaft deriva de leiden, que significa "sufrir".

Colombia ciertamente es pasión, ¿por qué tenemos que andarlo contando por todas partes? ¿Por qué no nos ponemos en serio a hacer algo para que sea otra cosa?

Jaime Ruiz dijo...

Para Diegoth: siguiendo mi tónica habitual de llevarle la contraria a todo el mundo, te diré que el problema no es la polisemia del logo, sino que algunos significados son desaconsejables. Es decir, podría decirse: "Ese lema hace pensar en paz, en orgullo, en alegría, en esfuerzo redentor, en fraternidad, en veneración por los antepasados, en trabajo constructivo... Serían muchos significados distintos, cada persona vería algo particular, pero el logo sería eficaz. Pero si a unos nos parece una exaltación de la violencia, una asociación curiosa con el sexo, una proclama que no comporta nada positivo, queda como dudoso saber qué es lo que ven los otros.

Pero más allá de eso: ya le he explicado a Natalie que eso no va a mejorar la imagen del país ni a atraer turistas ni inversores ni a generar una imagen de calidad para los productos colombianos, y lo que parece (no ese logo sino el más perfecto y hermoso: ¿o no es hermosa la esvástica, ese símbolo del sol que proliferaba en muchos motivos religiosos antiguos de la India y de Bizancio?) es que la gente se ilusiona con que el hecho de reconocerse en un símbolo va a añadirle prestigio y calidad al país o a sus productos.

Es decir, cuanto más necesite una comunidad aferrarse a una abstracción como el logo peor, y al haber esa necesidad, cuanto mejor el logo, cuanto más eficaz, peor. Ese logo tan desafortunado es preferible a uno bueno, porque producirá menos fervores nacionalistas.

Medio mundo está encendido por la pasión identitaria y la reivindicación de los que en lugar de asimilar la complejidad del mundo se quedan recitando en su jerga el himno sagrado de la tribu. Tanto el chavismo como al-Qaeda, por no hablar del más peligroso Baratiya Janata Party en India, de ETA en España y el lepenismo en Francia, son manifestaciones de esa misma peste. Como si no tuviéramos ya suficientes problemas, sólo faltaba ése ahora.

Anónimo dijo...

Igual, todos los años escuchamos casi de primero el tema musical del burdel: la cancioncita antioqueña que resume al pais en "muchachas, música y trago" y "ay, qué orgulloso me siento".

natalie dijo...

Bueno, gracias por las respuestas.

Pero en vista de que Colombia es un desastre, hay heterogenidad abundante, tenemos tan mala imagen y en muchas cosas con sobrada razon, me parece una proeza el haber acertado en usar un calificativo que SI resume y aplica a esa heterogenidad: lo de pasion. Porque de eso sobra, desafortunadamente para la maldad.

Asi es que es un acierto comercial, sentido real y figurado, el tomar esa pasion y practicamente forzarla en la direccion productiva y hasta de darle connotacion que motive a ser apasionados sanamente.

Me parece que en alguna parte se debe comenzar a involucrar a la poblacion en el aspecto productivo, asi sea a soñar que son parte de una empresa pais. Solo resta que los empresarios hagn bien su trabajo, y no que resulte que perdieron su inversion en el logo.

La pregunta es si este es un logo privado o del pais, es decir si todo el mundo puede usarlo sin violar derechos de dueños.

Anónimo dijo...

Seguio.

Lo importante no es el logo sino los cambios que se hagan dentro de la Sociedad Colombiana, se necesita ser mas productivos para que los productos se abran solas en el mercado internacional, como quien dice, se tiene que vender bonito bueno y barato eso es lo único que garantizara que lo hecho en Colombia tenga acogida en el exterior, sobre llamar inversión es necesario replantear las reglas del juego, reformas estructurales y lo mas importante que no se cambien también quitarle peso a quienes producen riqueza.

DieGoth dijo...

Les aclaro que cuando me refería a mensaje unánime era que el logo debería generar un acuerdo en la gente con respecto a una imagen positiva. Un logo que inspire "confianza, credibilidad, calidad", son conceptos diferentes pero todos apuntan a la misma idea: "compre productos de este país porque son buenos". Quise decir más bien "impresión unánime", en lugar de "concepto unánime".

El mensaje es la impresión general que una idea transmite. Los conceptos pueden variar, pero no deben ser contradictorios. Eso de pasión sexual, manzana, campaña cardiovascular, negras ardientes, son diversidades que confunden al público. Y esa es la falla en sí de la campaña.

En cuanto al eslogan "Colombia es pasión", Jaime tiene razón. La idea de la pasión es inútil, pero la mentalidad latina no entiende bien su irrelevancia para las culturas del primer mundo.

Ricaro Sanchez dijo...

Jaime y el último anónimo tienen mucha razón en que si en Colombia no se fijan unas normas tributarias claras y estables, nunca atraeremos nuevas empresas al país.

También Jaime tiene razón en que el loguito este no va a ser de mucha ayuda para atraer turistas. En todo caso, jamás atraeremos turistas si la seguridad no se mejora. Si por el contrario, tengo amigos extranjeros que vivían en Colombia y decidieron salir del país por miedo a que los secuestraran.

Lo que tengo entendido es que esta campaña no la inició ni la financió el gobierno. Según me pareció leer en Atrabilioso, esta campaña fue financiada en su totalidad por la empresa privada, así que no veo que el gobierno pueda hacer algo al respecto; o bueno, sí puede: brindar estabilidad jurídica y seguridad.

De cualquier manera, en Colombia le podríamos dar una pequeña vuelta a la campaña y darle un toque "pedagógico" de manera que la gente empiece a concebir a su país como una empresa que debe funcionar bien y por la cual debe velar cada ciudadano, pues también le pertenece.

No sé que piensen los bogotanos pero me dió la impresión que una de las mejores cosas de Antanas fue precisamente la educación ciudadana y a todo Colombia le hace falta una sobre dósis de eso.

A mí personalmente una campaña publicitaria que se me quedó en la mente, era esa que decía "Unos indios brutos, eso es lo que somos!" jjeje esa se me quedó, no por la segunda parte del mensaje, que era precisamente disuadirnos de esa idea, sino todo lo contrario. Cada vez que veo ciertos iguazambos en la calle, ese slogan se me viene a la mente...

Jaime Ruiz dijo...

Para Ricardo Sánchez:

Perdón por tardar en contestar, pensaba hacerlo ayer pero finalmente no pude.

Cuando yo era joven circulaba un chiste o un chascarrillo según el cual para ponerse por encima de los demás sólo había que tomar sus opiniones y decir: "Fíjate, en un tiempo yo pensaba como tú, pero ya he superado esa etapa". Bueno, era algo que hacía mucha gente. La juventud, ya saben.

Desgraciadamente es lo que tengo que decir respecto a la idea de pertenencia y la resistencia a la corrupción. Si se hacen las cuentas, los de Dragacol se robaron unos diez millones de dólares, divididos entre cuarenta millones de colombianos, saldría un miserable quarter por cada uno y la conciencia de que a quien roban es a uno no despertaría muchas ganas de hacer esfuerzos para evitar que se roben semejante cantidad, aparte porque, como con todo, la gente no sabe qué podría hacer.

De donde concluyo que esa clase de identificación de la gente con la ley es demasiado ideal, que no operará. Y ahí la pertenencia y el orgullo de defender a la patria terminan siendo sólo poses, blasones que se pone cada uno, que no le cuestan nada y que reemplazan la carencia de parentescos episcopales, ministeriales o diplomáticos, de apellidos insignes y hasta de títulos de la Javeriana o de Los Andes. Al menos se puede exhibir ese orgullito, y si sale la oportunidad de salir de una culebra cobrando alguna comisioncita, ¿para qué se va a poner uno con pendejadas perfeccionistas si de todos modos va a resultar que el siguiente al que se la ofrezcan la va a aceptar? Porque si la pertenencia no mueve a nadie para defender unos pesos que le corresponden del robo de la corrupción, mucho menos va a disuadir a quien puede resolver un problema económico serio.

Y respecto a la empresa de que todos somos dueños, resulta que es una ficción perversa: sólo son dueños los de siempre, los que tienen acceso a las tutelas y a los nombramientos. Los niños que mendigan en el semáforo no son dueños, no se puede decirles que ellos son dueños pero que la empresa no les da nada porque una empresa que hiciera eso iría ante la instancia superior, ante la ley de un Estado a responder por no pagar a sus accionistas. Lo que he intentado explicar es que esa imagen de empresa y ese logo (cualquier logo) y todas esas bonitas intenciones no van a vender un solo slip más ni a llevar a ningún turista, y menos a ningún inversor. Sólo es otro ejemplo de algo que intentaré explicar en estos días: el Comité Municipal de Ornato, la Colombia eterna convocando a su legión de lambones para que saluden al ministro y al obispo y le muestren lo bonitas que pusieron las calles con ocasión de su visita, los ansiosos de figuración convirtiéndose en adalides de la nueva causa con vistas a establecer lazos duraderos con las autoridades que desemboquen en un nombramiento como promotores del comercio mundial y el fomento de la imagen del país en el exterior... A mí me produce verdadero malestar pensar en todo eso.

En Colombia privatizar es una cosa difícil pero se ha hecho con un montón de empresas durante los dos últimos gobiernos, con éxito notable, pues se han ahorrado grandes recursos que de otra manera se habrían ido en politiquería. También durante la administración Peñalosa se privatizaron algunos colegios y se hicieron cosas. La torpeza del ex alcalde de no presentarse en 2003 y la frivolidad de la gente permitieron el retroceso que significa Garzón, que ya pretende instalar a la guerrilla en Ciudad Bolívar. Pero en conjunto las privatizaciones son posibles.

natalie dijo...

Bueno, me continua pareciendo necesario una forma organizada de mejorar la imagen, individual y colectivamente.

Lo del logo no me parece mal, es mas personalmente he hecho intentos de sacar uno propio a nombre de esa identidad que muestre lo positivo y una imagen cercana al menos a mi realidad. Y uno de los 'logos' que ideaba para presentacion publica, del tipo que sea, era la de la droga con una cancelacion, mas una muestra de la positividad que tambien existe. Para esto ultimo rechazaba lo tradicional de cafe, juan valdez, esmeraldas, etc. Total el asunto quedo en que me era dificil sacar un consenso genuino como 'logo' para mi uso. Y decidi hacerlo verbalmente en cada ocasion a mi alcanze.

De eso concluyo en la necesidad de un logo, pero tambien de lo frustrante que es representar a Colombia.

Y en esta discusion del tal logo lo confirmo.

Entre otras cosas, recurri a identificarme, cuando necesario, como de la tierra de Pablo Escobar, pero no de sus costumbres, y con eso succinto todo quedaba identificada: soy colombiana, pero no soy de ese tipo, eso sumada a una demostracion de capacidad dejaba el asunto bajo control y el mensaje de quien es uno como individuo dentro de un pais conocido por lo peor.

En otras palabras, dejense de exgencias y perfecciones que no lo somos, lo demuestra que Escobar es mas conocido que el sagrado corazon que nos identifica.

Y Diegoth, lo ultimo que se conoce de Colombia son sus negras apasionadas, y no quedaria mal que esas pobres mujeres se les reconozca el derecho de ser colombianas, pues lo son tanto como tu que eeres de tierra india. O no?

Geee....

Jaime Ruiz dijo...

Para Natalie: muy bien, vamos a admitir que hay que mejorar la imagen, nadie estaría en contra. Pero esa mejora sólo tiene un camino, que es trabajar, hacer las cosas bien, aprender a producir con la mejor calidad, crear entornos de seguridad para el turismo (recuerdo una discusion en Atrabilioso sobre la concesión de una parte del Parque Tayrona a una empresa privada, sobre lo cual alertó un ecologista que se declara admirador del Che Guevara), tomarse en serio la batalla por la seguridad jurídica para los inversores, apartando a todos los que llaman a llevar a Colombia por una senda que no sea la de la democracia liberal (ahora que me acuerdo, ojalá haya leído el post de Pensemos que se titula "La dignidad de la patria", al final del artículo de Hurtado García hay una cita de un embajador o ministro chino, al que le preguntan cómo hacen ellos para crecer tanto: "Es que ustedes tienen democracia", es la respuesta que Hurtado nos pone de ejemplo. El druida nazi del trópico, se lo podría empezar a llamar). No es con una campaña de insistencias ridículas sobre nuestros complejos como vamos a mejorar nuestra imagen.

Creo que fue en una discusión en Juglar del Zipa sobre el mismo tema donde expliqué que esa campaña me recordaba sin remedio un bonito cuento de Chéjov. En ésas estamos, como los que piden consejos para tener éxito con las chicas, siempre se les dice: "muéstrate como eres", y mentiras, que si no tiene éxito es precisamente por ser como es, y fingiendo que es otro sólo multiplica su desgracia. Sólo tiene que cambiar su ser, que llevar una vida virtuosa para soltar un poco de karma y acercarse un poquito al nirvana.

Yo la única perfección de que hablo es irse olvidando de que la imagen o algo se va a cambiar con un milagro publicitario.

natalie dijo...

Es incuestionable la necesidad de un cambio real, como tambien el que un logo, o una mascara, no haria ese cambio por si solo.

A lo que me refiero es a que rechazarlo no ayuda porque en parte si es necesario. Por eso le digo lo anterior. Es que hay circunstancias, y no necesariamente comerciales, en las que algo grafico es de mucha ayuda en esto de imagen o de proyeccion, de dejar un mensaje concreto que se recuerde. Claro que tiene que ser eficiente sin tanta complicacion. Y en cuanto a logos para expresar algo que cobija un pais la cosa es mas complicada.

Lo que me parece frustrante es que en realidad este pais es como que una mision imposible de realizar. Aun un simple logo es motivo de discordia.

Quizas lo mejor es dedicarse a negociar limpiamente, y luego de mas homogeneidad y capacidad acumulada o de llegar a algo mas cercano a identidad seria factible hacer un logo.

No se trata de complejos personales, es que en esos casos particulares tenia que responder con una identificacion, y ya se convierte en una rutina que hace necesario presentar credenciales, de ahi la experiencia que relato. Y por cierto no fue problema mas que el arribar a que representar que fuese realidad, o sea esforzarme en que representaba Colombia. Que es lo mismo que ahora se discute.

Ricardo Sánchez dijo...

Jaime: "Si se hacen las cuentas, los de Dragacol se robaron unos diez millones de dólares, divididos entre cuarenta millones de colombianos, saldría un miserable quarter por cada uno y la conciencia de que a quien roban es a uno no despertaría muchas ganas de hacer esfuerzos para evitar que se roben semejante cantidad..." Menos mal yo no pienso de esta manera. Lo grave no es robarse 10 millones de dólares o 10.000 pesos. Puede que desde el punto de vista jurídico sea distinto pero desde el punta de vista ético, es la misma cosa. Me complace de todas maneras que conozco muchas personas que comparten mi opinión y que no actuan de la manera que usted supone.

"... y si sale la oportunidad de salir de una culebra cobrando alguna comisioncita, ¿para qué se va a poner uno con pendejadas perfeccionistas si de todos modos va a resultar que el siguiente al que se la ofrezcan la va a aceptar?" La explicación a esto es la misma del párrafo anterior. No se trata de que si no lo hago yo, de todas maneras otro se robará el billete. Ese no es el punto. No es idealismo exagerado lo que me "aqueja" sino un pesimismo terrible lo que le ocurre a usted. Pero no lo culpo. Tal vez a usted sus "numerosos" años de vida, le han dado tantos golpes, que ya su manera de ver las cosas es así: terrible, sin esperanzas de nada. Usted me recuerda las muchachitas que después de tener la primer desilución de amor con su novio, se convierten en lesbianas porque "todos los hombres son unos hps" (al menos tuve una amiga lesbiana en el colegio que aseguraba que se convirtió en lesbiana por tantas desiluciones que le habían dado los hombres).

Si las campañas publicitarias se analizaran con la misma óptica que usted ve esta, no valdría la pena realizar ninguna. Y no estoy diciendo que usted está equivocado en decir que esta campaña en particular va a ser exitosa atrayendo inversores y turistas a Colombia, pues ya dije que estoy de acuerdo con usted en ese punto.

Jaime Ruiz dijo...

Para el anónimo de las 10:24 p.m.: Usted ha dado en el clavo, tantas décadas con la cancioncita esa y hasta ahora el orgullo nacional se queda en nada porque la mejor alternativa que se le ofrece a la mayoría de la gente, si tiene suerte y algunas influencias, es irse a lavar baños a EE UU, ya que lavarlos en Colombia es bastante más horrible.

Es que uno no puede fundar su orgullo en ser de algún sitio, porque todo el mundo (hasta los gatos, las pulgas y la maleza) lo es. Ese orgullo es propiamente la falta de orgullo, el anhelo de un orgullo por parte de quien no tiene nada de que enorgullecerse. Y siempre conduce al crimen, porque parte de una humillación que no se quiere reconocer y que se espera curar mediante la venganza. Por eso todos los nacionalistas en Latinoamerica son sin remedio antiamericanos: es la excusa de odio que agrada de forma automática a los que no han hecho nada de lo cual estar orgullosos.

Jaime Ruiz dijo...

Para Natalie:

Es que no hace falta que un publicista encuentre lo que sí resume a Colombia. Lo que se suponía que iban a encontrar era una imagen para promocionar el país como marca en el exterior, lo cual para Colombia, como creo haber demostrado, es un disparate. Lo de pasión no resuelve nada, también cuando uno está en un barrio como Coronas, y uno que hay al lado, sólo estuve un día allá, en Brooklyn, y se encuentra a esa gente que se pasa el día quieta sin saberse qué está haciendo, como tanta gente en los pueblos en Colombia, o como se ve en Bogotá el ritmo lento de todo, también, digo, se puede decir que es la falta de pasión. Es un lugar común vulgar que puede corresponder a la imagen, basada en mitos culturales, que la gente del primer mundo tiene de un lugar como Colombia, muy halagador para algunos que se sienten halagados por eso (hasta ese punto se tienen en tan poca cosa). Pero no mejorará en absoluto la imagen de nada ni ayudará a vender nada.

Ahora, si eso va a comprometer a la gente en el aspecto productivo, yo llevo ya varias decenas de miles de pulsaciones explicando que NO, QUE NO, QUE NO, QUE NO.

Es que no se puede vivir sin salir de la magia, del nominalismo, de creer que algo es productivo porque lo llamemos productivo. Eso no compromete a nadie en nada ni sirve para vender nada ni para atraer a ningún turista ni a ningún inversor. Sólo es otro esfuerzo cómico del sempiterno Comité Municipal de Ornato, otra proeza del colombianeo de toda la vida... NADA.

Jaime Ruiz dijo...

Para Ricardo Sánchez:

La verdad es que su respuesta me traslada a un terreno todavía más desesperante que todo lo anterior:

Menos mal yo no pienso de esta manera.

Lo felicito, pero esa forma tan bonita de ser de usted no remedia la corrupción, y sobre todo no demuestra que el sentirse integrados en una comunidad remedie la corrupción. ¿No se podrá decir que usted está un poco aislado de los colombianos? En cuanto entre en contacto con un grupo numeroso de colombianos desconocidos, por ejemplo en una fiesta, sabrá dos cosas: que usted no es como ellos porque ellos son predominantemente corruptos, y que por tanto su rechazo de la corrupción es sobre todo NO PERTENENCIA.

Me complace de todas maneras que conozco muchas personas que comparten mi opinión y que no actuan de la manera que usted supone.

Pero entonces ¿para qué perdemos el tiempo hablando de eso? Yo creo que en Colombia predomina la picaresca, que hay pueblos que reciben millones de dólares al mes de regalías y no tienen ni acueducto porque todo se lo roban. Pero son ficciones mías y de mi minoría de corruptos. Ustedes con su ética lo remedian todo.

El problema no es de optimismo o de pesimismo, sino de estrategias eficaces contra la corrupción, que se puede ver mucha o poca pero la hay. Y como con todo, lo eficaz no es la magia, no es decir que la ética es más elevada que el robo. Lo eficaz es sobre todo reducir los recursos y el poder de los funcionarios públicos y dejar que la gente que trabaja prospere. El ejemplo de las chicas desilusionadas que usted pone, pasa por alto que la corrupción en Colombia es infernal. Es decir, su optimismo pasa por encima de la realidad.

Y sobre la utilidad de las campañas publicitarias le diré una cosa: cuando se trata de un país que tiene mala fama, la campaña publicitaria es permanente, y la hacemos todos, el que hace un trabajo humilde en el exterior y el que hace un trabajo meritorio en el exterior, el que exporta unas cajas de uchuvas y el que crea un negocio de traducciones, el que se ocupa de defender la ley en Colombia y el que sólo intenta sobrevivir y para eso favorece con su conducta un entorno de orden. Lo que va a cambiar la imagen del país es la confianza creciente de quien conoce a los colombianos y se forma una idea por esos publicistas concretos, no la patética frasecita con el logo machacando continuamente los ojos y oídos de gente que quiere pensar en otra cosa.

DieGoth dijo...

Ya hay incluso uribistas aplaudiendo la campaña. Realmente la gente no entiende de qué se trata todo. En la enciclopedia Wikypedia, totalmente basada en internet, sobre Colombia dicen que es uno de los países más aislados del hemisferio. Estoy seguro que quien redactó eso es un extranjero que estuvo en Colombia un tiempo y no tardó en darse cuenta (de hecho, uno no se demora más de una hora en darse cuenta que este país está aislado en muchos sentidos).

Napoleón era muy apasionado, y los franceses e italianos suelen ser apasionados. Pero eso nadie lo ve como una cualidad. Hitler más que apasionado, era visceral, una forma más primitiva de pasión. Para los noruegos o los ingleses, los franceses son algo atrasados en muchos aspectos, y los italianos, más apasionados aún, son peores. Y no van a convencerse de que Italia o Francia son superiores a ellos porque alguien les diga que son países más apasionados. Se conformarán con ver el último informe del PNUD y comparar posiciones en el índice de desarrollo humano.

La mejor campaña que Colombia puede hacer para mejorar su imagen es dejar los complejos a un lado, y en vez de protestar porque otro país con una situación incluso peor que la nuestra (como Ecuador o Venezuela) nos exigen visa y proclamar que somos el único país que produce maracuyá (que en las siembras de la misma en Brasil se llama "fruta de la pasión" y en Venezuela se produce y comercializa como "parchita"), deberíamos comenzar a renunciar a la mentalidad tercermundista que tanto nos aqueja.

Autoengañándonos no vamos a engañar a ningún otro país.

Ricardo Sánchez dijo...

Diego: Yo sigo sin ver la "perversidad " de la campaña. Nadie discute que Colombia es casi, casi, el puto culo del mundo y estoy seguro que las personas que enviaron comentarios en el blog de Atrabilioso, piensan lo mismo. Aquí no se trata de engañarnos, ni de enorgullecernos por que somos el único país donde se produce maracuyá (aunque no sea cierto), ni porque seamos el país que produce el mejor café suave del mundo (cosa que a la mejor tampoco es ya tan cierta, excepto porque la Asociación Nacional de Cafeteros, registró el slogan y nadie más lo puede usar). En fin, no creo que la gente vea la vaina con la óptica que ustedes la ven y sin embargo, están(mos) de acuerdo con la mayoría de las cosas que Jaime publicó hoy en su blog de vislumbrandoel... y en este blog.

Yo por lo menos no veo ambas posiciones como excluyentes, sino como complementarias y con el potencial de que la campaña sea provechosa si se encamina por el camino correcto y confiando en que la gente no se va a pegar de fetiches chimbos.

No hay analogía perfecta. Jaime puede seguir insistiendo en el ejemplo del niño de la calle para sustentar el que no se le puede llamar empresa a un país como Colombia, pero si nos vamos a eso, uno siempre puede encontrar un montón de razones para descalificar cualquier cosa a punta de analogías. Lo que se pretende es contrastar la idea con las cosas positivas y explotar la analogía por medio de esas cosas.

Como dijo Wilfredo el otro día, estas discusiones no hacen más que enriquecernos a todos.

Jaime Ruiz dijo...

Para Ricardo Sánchez:

Más que de perversidad, Diegoth acusaba a la campaña de tercermundismo, con un argumento que yo no había visto, y es ese orgullo de ser apasionados como si el carácter periférico de nuestro país no nos forzara a ser comedidos y a pensar que tal vez nuestras percepciones no son las modélicas: que aprendan de nosotros, a nosotros nos dan lástima ellos que con todos sus lujos y conocimientos no han aprendido a ser apasionados como nosotros.

Es que tras el nacionalismo y el agravio está siempre esa protesta, ese rencor, el invertir las cosas y plantear que tener biodiversidad o paisajes fabulosos es lo que vale y el conocimiento científico es en realidad menos importante. Por no decir que si en realidad se fueran a evaluar los paisajes a los mismos noruegos que les pueden fascinar muchas instancias de los Andes (que en todo caso son mucho mejores en los otros países andinos), de todos modos les pueden parecer preferibles sus fiordos, y no por nacionalismo sino por estética.

Eso de que todo el mundo ve que Colombia es muy aislada lo dirá por los que hemos participado en esta discusión. A mí me pasa lo contrario, que a todas horas encuentro pruebas de que la gente cree que el mundo tiene varios centros, según la grandeza patriótica de cada uno. Yo he llegado a oír que en realidad la violencia molesta a los estadounidenses y europeos porque les impide irse a vivir a Colombia, que es lo que les gustaría. Una vez que mencioné, y hablo de gente de la elite cultural más alta, que nos convendría aprender las virtudes de los suizos me miraron como quien hubiera dicho que la mejor comida de este mundo era el pernil de mamá al horno. ¿Cómo se me ocurría pensar algo así? Eran ellos los que tendrían que aprender de nosotros.

Yo no creo que la campaña vaya a producir ningún efecto positivo, pero no es en realidad la discusión interesante. Porque se está al mismo tiempo pensando en si un logo y una campaña sirven y al mismo tiempo si ese logo y esa campaña son buenos. Y la verdad es que para mí lo importante es lo primero, que no hay logo ni campaña que reemplace al esfuerzo serio de crear empresa. Y que tales esfuerzos me parecen lo mismo de siempre, encima teñido de nacionalismo. El mismo deseo de arreglar el destino colectivo a partir de ocurrencias y declaraciones de intenciones tras lo que se oculta la misma negativa a pensar seriamente en trabajar para ganar plata. Figúrese que Noruega es un gran exportador de petróleo, y su altísimo nivel de vida tiene que haber subido mucho en estos años que siguieron al 11 de septiembre, gracias al petróleo. Pero si ahora mismo apareciera un pozo gigantesco en Colombia a mí me parecería una pésima noticia. Como si a un señor mujeriego que está empezando a sentar cabeza y a hacerse responsable del ejemplo que da a sus hijos le ponen en el vecindario una academia a la que van muchachas de las que sólo piensan en atraer a los hombres. Con un gran hallazgo de petróleo Colombia abrazaría el chavismo, y quién sabe cuántos siglos haga falta para que la mentalidad predominante se asimilie, siquiera vagamente, a la de los noruegos.

Lo de que una nación no es una empresa no es algo que se caiga porque hay niños en la calle. ¿Dónde hay sustento de alguna clase en todo el ancho mundo a semejante aserto? ¿Qué país ha salido adelante considerándose una empresa? La idea de una organización "como de empresa", con sus horarios, sus jerarquías, sus continuas purgas y su lealtad forzosa es lo que yo llamaría el ensueño fascistoide. Nada parecido a los países que normalmente tomaríamos por modelos. Una retórica más parecida a la de Gaddafi o Fujimori que a la de ninguna sociedad democrática.

En cambio sí sería bueno que la gente desarrollara un sentido de pertenencia y un apasionamiento patriótico en torno a su empresa. El discurso rutinario explica que eso sería un disparate porque la mayoría de los empresarios son unos desalmados que desprecian infinitamente a sus empleados y se burlarían aún más de uno que quisiera trabajar el doble y hacer las cosas perfectas. Lo cual es cierto, pues son empresarios colombianos. Pero en realidad llega el día en que los empleados patriotas han aprendido todas las técnicas de su oficio y aun tienen cohesión entre ellos, de modo que su patria-empresa puede prescindir del dueño que no fue digno de su papel, y ellos pueden irse en grupo a otro lado o crear su propio negocio. Pero como siempre está el trasfondo del esclavismo de la Antigüedad, como mentalidad viva y predominante, entonces el que trabaja es porque es pendejo y la relación óptima con la organización productiva es ponerse por lo alto gracias a la actitud servil (fingida) con el jefe y al mismo tiempo dada a robar, pues ni las empresas funcionan ni la gente aprende a hacer las cosas realmente bien ni puede encontrar un trabajo en otro lado.

Un saludo.