15 nov. 2005

Arde, París

Hay asuntos de los que termina hablando todo el mundo, sean los lectores de blogs políticos o los más distraídos oficinistas. Por ejemplo, los recientes disturbios en Francia, los cuales han servido para que los eternos flagelantes profesionales de la justicia social señalen de nuevo al primer mundo en esa despreciable actitud con que se señala al hermano aplicado que cometió el crimen de ser próspero, extrañamente olvidándose de que se trata precisamente del país en el que el prodigioso Estado social exuda salud y futuro. Según ellos, claro, pues para la rogativa semanal siempre hay excusas, siempre habrá pruebas del egoísmo ajeno, y del racismo y de la soberbia y de la hipocresía... Desde la alta atalaya de la calidad moral que confiere haber estado siempre al lado de Castro y tutti quanti, nuestros generosos benefactores encuentran rápidamente la fisura aun en los paraísos más remotos.
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