7 abr. 2006

Milicianos y militantes

Pensar en Colombia es pensar ante todo en la fragmentación de la sociedad en estratos, y a partir de ahí en la división del trabajo resultante. Un buen ejemplo de eso fueron los atentados criminales de ayer, cuyo sentido es sensibilizar a la opinión, sobre todo a la opinión informada, influyente y acomodada, acerca de las propuestas de paz del candidato Carlos Gaviria. Al respecto, la experiencia los favorece, la masacre de Bojayá multiplicó la intención de voto por Garzón en 2002 y la de Madrid le dio la presidencia a Rodríguez Zapatero, nada tiene de raro que las FARC estén preparando una cosa grande. Pero el impacto de la masacre sería mucho más pequeño sin la gran caja de resonancia que son los medios.

Ahí mandan a sus intelectuales, muchos de los cuales tienen blogs y casi se reconoce el estilo literario y hasta la ortografía, a divulgar las explicaciones que convienen a la banda: exactamente igual que con El Nogal o el atentado contra Vargas Lleras, sólo que ahora el cinismo es mucho mayor y la arrogante complacencia en la matanza que se prepara es más grotesca, sobre todo si se compara con los aires que se dan los canallas encargados de las labores de propaganda.
______La noticia aparece relegada a la parte baja de la portada de la edición digital de El Tiempo, pero lo llamativo es por una parte la intensidad de la campaña de propaganda, y por otra los argumentos, que son todo un compendio de la colombianidad y que he copiado para que cualquier visitante futuro pueda ver qué es Colombia, qué es lo que determina los crímenes, qué clase de cosas hay en la cabeza de los asesinos.
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