4 jul. 2006

«Papá, ¿qué es un degenerado?»

Así empezaba un chiste horrible que oí hace años, y me acuerdo de eso porque hoy es el aniversario de la Constitución del 91 y la cantidad increíble de artículos que han salido en El Tiempo (ninguno crítico, como ya sabe el lector) lo fuerza a uno a pensar qué mueve a esos «optimistas», en el sentido del doctor Pangloss. ¿Cómo es que todos esos desgraciados capitalistas luxemburgueses y británicos y alemanes y japoneses y australianos no han sido capaces de aprender de nosotros y hacer una Constitución como Dios manda? Esa horrible bazofia retórica es como la escritura del país entregada a una mafia bastante más zafia que la del narcotráfico.
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