6 jul. 2006

Todos los fuegos el fuego

Ése es el título de un cuento de Julio Cortázar en el que un incendio en un coliseo romano termina ardiendo en un apartamento de nuestra época, y lo recuerdo porque es muy curiosa la relación entre la masacre de policías del martes pasado, ya desaparecida de la prensa, y el fervor con que los mamertos festejaban el mismo día el aniversario de la Constitución del 91. ¿No hay como la ejecución de un rito sacrificial en ese asesinato repulsivo? Es difícil contestar, pues ¡qué curioso!, los mismos entusiastas de esa baba retórica justifican que se mate gente para reemplazarla. ¡Qué cosas digo! Es un rasgo de esa constitución, cuyo cumplimiento es precisamente su anulación por los émulos de la banda de asesinos que la impuso. Hay una compleja distribución del trabajo por estratos, pero todos comparten el mismo fin y por eso no hay grandes matices entre los sicarios que amenazan en Indymedia y los profesores que pontifican en otros medios, ni entre los rústicos que esperan agazapados para matar policías y los taimados tinterillos que recogen el fruto de esos prodigios.

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