22 oct. 2006

La tierra de las mentiras

¿Qué es más desconcertante en Colombia, la gravedad de las mentiras que se publican o el hecho increíble de que la gente parece creérselas? ¿Y qué importa que el mismo medio publique exactamente lo contrario al cabo de unos meses? Realmente es difícil saber si la incapacidad de responder a esas falsedades corresponde a una corrupción espiritual insalvable o es síntoma simplemente de la incapacidad de leer. Con todo, lo peor es el silencio gubernamental: ¿es tan difícil para el gobierno o para sus partidarios pagar un sueldo a alguien que escriba a los medios señalando las mentiras más graves que publican o que abra un blog gratuito en el que se expliquen esas mentiras? Parece que es así: en cuanto alguien pone en duda lo que dice un poderoso lo que ocurre es que se lo echa de enemigo, y al gobierno le conviene más tener buenas relaciones con esos poderosos que defenderse de las falsedades ante la gente: al final sólo los dueños de los grandes medios escritos concentran más poder que las instituciones y que el resto de la población. Sin duda, eso es lo que asegura la violencia.

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