11 sep. 2012

Diálogos precipitados

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DIÁLOGOS PRECIPITADOS



Por Jaime Castro Ramírez

Cuando un gobernante hace planteamientos de políticas de gobierno a su pueblo, es procedente creerle, y apoyarlo si tales políticas son coherentes con la dinámica requerida para defender los intereses de la sociedad; pero también es vinculante por parte del gobernante mantener la consistencia de lo que le propone a sus gobernados, pues de lo contrario lo que se logra es el desconcierto público y generar desconfianza en la voluntad ciudadana.

Santos prometió que solo se hablaría de negociación con las FARC cuando éstas dieran señales creíbles de paz.

Hay que empezar por decir que en un conflicto armado la oportunidad de hablar de paz la solicita el que está en inferioridad de condiciones, es decir, el que está en trance de ser derrotado. El presidente de la república ha sido reiterativo en proponer el tema de diálogos de paz con las FARC, luego, estaría mandando señales de que el país está siendo derrotado, lo cual envalentona al enemigo con el cual propone dialogar, y por lo tanto le concede la tácita oportunidad de llegar a la mesa de negociación a proponer exigencias inauditas e inaceptables para los intereses de la democracia y del Estado de derecho.

La contradicción presidencial empieza cuando decidió darle vía libre a la opción de empezar tal negociación, justo en el momento menos indicado, valga decir, cuando las FARC habían intensificado las acciones terroristas a lo largo y ancho del país (a no ser que le hayan prometido parar la racha terrorista). Queda al descubierto entonces que lo prometido por Santos en el sentido de abordar el tema únicamente cuando estuvieran dadas las condiciones, no lo cumplió.

Se entiende ahora el significado que contenía el tape-tape de la controvertida frase del presidente Santos cuando les dijo a los periodistas: “Si no existieran los medios de comunicación no existiría el terrorismo”. Claro, no le convenía que se supiera lo de los continuos atentados terroristas porque eso sería incómodo para la imagen del presidente, para las FARC, y para las conversaciones secretas que hasta ese momento realizaban en Cuba. Lo que Santos no tiene en cuenta es lo perjudicial de ese tape-tape sobre lo que ocurre en el país, pues las primeras víctimas de esta maniobra son la verdad y el derecho ciudadano a ser informados, y sin verdad sobre la realidad nacional, equivale a un engaño para la sociedad.

¿Cuál es la justificación de la súbita medida?
La política manejada con criterio de egoísmo personalista da hasta para alianzas que pueden resultar funestas y de impredecibles consecuencias. En este escenario se observa la configuración de lo que se podría denominar “triángulo de las conveniencias políticas”. Ese triángulo está conformado por la intersección de las aristas llamadas: Colombia, Venezuela y Cuba. Santos y Chávez necesitan convertir el tema de la paz de Colombia en herramienta de campaña para sus respectivas reelecciones, sin importar el costo político para la democracia colombiana, y los Castro necesitan que Chávez se mantenga en el poder para que los siga subvencionando como medio de mitigar la miseria que impera en Cuba.

Entonces, es fácil entender que declarar oficialmente abierta esta negociación por el presidente Santos cuando las condiciones de paz por parte de las FARC son las menos indicadas, es decir, en medio de una escalada terrorista feroz, obedece al resultado de este convenio tripartito que busca el favorecimiento de los intereses políticos de sus gobernantes. ¿Cuáles serán las consecuencias para el pueblo colombiano y para su democracia? Amanecerá y veremos…

Elecciones en Venezuela
No se trata de hilar delgado, sino de analizar lo que no se limita a una simple coincidencia en el tiempo. Las elecciones en Venezuela se llevarán a cabo el 7 de Octubre de 2012, y vaya si se le podrá llamar coincidencia que Santos y las FARC hayan decidido que el día 5 de octubre se instalen los diálogos de paz, donde interviene Venezuela como acompañante del proceso. Santos se ha prestado para que se de un golpe mediático de opinión (dos días antes de las elecciones) para favorecer las aspiraciones reeleccionistas de Chávez. El mismo Chávez ya salió a meterle política al asunto declarándose como mediador, según él dizque para “ayudarle” a Colombia. Los colombianos sabemos de lo peligroso que es ese “apoyo” de un camarada confeso de las FARC, lo que se traduce en contra de la democracia colombiana.

Sin cese de hostilidades
El defecto de la estupidez es propio de los seres humanos. Aceptar empezar negociaciones sin exigirle el cese unilateral de hostilidades a las FARC, es el error más protuberante que se pueda cometer. En medio del fragor de la guerra no puede haber paz. No se trata entonces de expresarle al pueblo voces de resignación, como efectivamente lo hizo el presidente Santos en la declaración oficial de lanzamiento del acuerdo de negociación, cuando le dijo a los colombianos: “Les pido que tengan paciencia con la violencia”. Parece increíble que un jefe de Estado le pueda decir esto a su pueblo, que lo pueda inducir a resignarse a un estado tal de postración y de indignidad.

Hablar de paz sin el cese de hostilidades unilateral de las FARC conlleva a un estado de desconfianza con que empieza el proceso de negociación, pues Santos ya lo aceptó así cuando dijo en otra de sus desafortunadas frases: “Vamos a ver si nos suena la flauta”.

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