13 sep. 2012

Diálogos de paz, el secuestro de Colombia


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DIÁLOGOS DE PAZ, EL SECUESTRO DE COLOMBIA



Por @AdasOz

“¡Somos de las FARC y esto es un secuestro!” Le gritó a Colombia uno de los maleantes. El mismo que hacía algo más de dos años le había lanzado un señuelo que la conduciría lentamente, pero con seguridad, directo a la trampa.

Colombia miraba con estupor a quien hasta hace unos años fuera su aliado y su protector. Ese mismo sujeto que le jurara lealtad y máxima protección contra sus enemigos, dejaba caer su máscara y ponía en evidencia su verdadera intención, así como la más baja de las traiciones.

Colombia fue durante muchos años el principal objetivo de las FARC, pues había heredado importantes recursos y empresas que ellos codiciaban y que esperaban repartirse con un par de peligrosos vecinos. Le habían hecho la vida imposible, así que para evitar perder lo que buenamente le pertenecía, Colombia había contratado a Judas para que obrara como su protector. Su paga era buena y hasta le había prometido que si su gestión daba excelentes resultados, lo nombraría heredero de su empresa más importante. Fue así como Judas le juró lealtad y ejerció su cargo satisfactoriamente. Colombia, entonces, cumplió con su palabra y le delegó el cuidado de su legado. Muchas de las personas que trabajaban para ella se sentían también seguras con él, así que también depositaron su confianza en el jefe elegido.

El plan de Judas estaba milimétricamente diseñado para el momento en que lograra ser cabeza de la más importante empresa de la señora Colombia. Lo tenía todo bajo estricta confidencialidad y listo para ser ejecutado en el momento preciso, y ahora que ella le había cedido plena potestad sobre su empresa, empezaba a efectuarlo tal como lo había pactado con sus vecinos.

En el momento del asalto, Colombia se encontraba inerme y sola, pues sus trabajadores se habían ido a descansar tras una larga jornada laboral. Por varias decisiones que Judas había tomado y por acciones que había ejecutado, algunos de los más leales trabajadores de la señora habían empezado a sospechar del nuevo jefe. La alertaron a ella y a los demás compañeros sobre el peligro que podrían correr. Lastimosamente, a otros cuantos les pareció que solo era cuestión de percepción y paranoia, ya que les simpatizaba el jefe y eso era lo que él mismo les había dicho: “todo es cuestión de percepción”. Incluso se presentaron divisiones y disputas entre trabajadores, que se fueron acrecentando día tras día bajo el mandato de Judas.  Fue así como generaron el ambiente propicio para que el nuevo jefe empezara a implementar  cambios que antes de beneficiar a Colombia, lo beneficiaban a él y a sus socios de mal proceder.

Todas las señales de peligro fueron sistemáticamente ignoradas mientras el jefe se reunía soterradamente con quienes aspiraba repartirse la magnífica empresa: los creadores y financiadores de las FARC, eternos enemigos de Colombia.

Colombia, sus recursos y empresas se encontraban secuestrados bajo el encanto de los diálogos de “paz”, a los que ella tanto se opuso, ya que sabía que ello sólo conduciría a la impunidad y a su propio detrimento y de sus bienes. No había nada que hacer porque Judas ya lo tenía todo acordado previamente, y ni Colombia ni sus trabajadores más leales estaban preparados para la magna traición.

A estas alturas ya muchos trabajadores le han dado la espalda a Colombia y son pocos los que abogan a su favor, pues buscan beneficiarse de la jugosa renta que obtendrán de la mal llamada “paz”. Ella mira a su alrededor desolada y decepcionada, buscando la lealtad en personas que la ayuden a hallar la solución para volver a la libertad y se logre hacer justicia, que es opuesto a lo que sus victimarios buscan: la impunidad para continuar en el poder.



Publicamos en Twitter: (@Ruiz_senior)



Engañados

Durante al menos una década he estado explicándoles a cientos de personas en internet que las FARC no son "bandidos" ni simples "traquetos" y que ni siquiera son las FARC, del mismo modo que "la mano que mece la cuna" no mece nada, pues sólo es una parte de la persona que lo hace. Es muy difícil, la banda de unos cuantos miles de rústicos aparece a ojos de los colombianos como algo que cayó de la luna en las selvas, o mejor, como los presentan los propios propagandistas del terrorismo: un residuo de viejos conflictos agrarios que no se resuelven por la resistencia del gobierno.

Eso es francamente lo mejor. Desde 1982 hasta 2002 todos los gobiernos se aliaron con los terroristas para sacar partido de las negociaciones y casi siempre para tener apoyos en las calles y en los medios. No hay una guerra de las guerrillas contra los gobiernos sino contra los ciudadanos, y la mayoría de los gobiernos colombianos de las últimas décadas les ayudan.

Pero sobre todo, las guerrillas son lo mismo que la "izquierda", que sólo es la parte de la conjura totalitaria que usa ropa fina en las ciudades y arma embelecos leguleyos o divulga rumores falaces para sacar adelante a la tropa. Por no entender eso se sorprenden de que Santos busque aliarse con los terroristas y sus aliados como si no fueran un sector político muy importante, que domina las universidades, los sindicatos estatales, la prensa, la cultura y ahora las redes sociales.

El que no quiera entender que es con esa gente el conflicto, que las FARC y el ELN son sólo la fuerza de choque de una conjura cuyo último sentido es la desesperación de las clases poderosas del viejo orden ante la amenaza del mundo moderno, seguirán engañados toda la vida. Ya se ha visto cómo el comunismo se apropió a perpetuidad de la Alcaldía de Bogotá, y no es que hayan hecho nada para ocultar su afinidad con las FARC. Luis Eduardo Garzón, el flamante ministro, se gastó muchísimos millones en campañas por el "intercambio humanitario".

Ese bando tiene una ventaja formidable: los demás colombianos creen que hacen frente a una revuelta de gente de estratos bajos y no pueden admitir que se trata del interés de los de arriba. Por eso los despojarán aún más que en 1991 y sentirán gratitud hacia los líderes nacionales que les quitaron ese azote de las FARC, aunque los crímenes seguirán con otras siglas, pues si la solución al asesinato fuera someterse a los asesinos no existiría el derecho penal en ninguna parte.

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