17 sep. 2012

Periodismo imparcial


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Periodismo imparcial

La columnista María Isabel Rueda es definitivamente una campeona de la desfachatez en un país cuya principal característica es ese rasgo en sus figuras públicas. Ahora sale advirtiendo que los periodistas no deben ser "imparciales" en una negociación entre Santos y las FARC porque la banda no es representativa, por lo que ella prefiere estar de parte de la institucionalidad.

¿Qué es "institucionalidad"? Exactamente lo que Santos destruye brindando reconocimiento a una secta de asesinos. El que quiera defender la institucionalidad debe ante todo oponerse a que se premie el crimen, disposición que viene a ser como contratar a un sicario.

Pero aludiendo al periodismo colombiano el asunto es muchísimo más grave. El poder en los grandes medios bogotanos procede de la antigua revista Alternativa, ligada al M-19 y según el propio Francisco Santos, a todos los grupos guerrilleros. El principal columnista de Semana, la revista del hijo de López Michelsen, era columnista en esa revista, mientras que el director es el hijo del director de Alternativa, donde también empezó a escribir el actual director de El Tiempo. Si se habla de El Espectador, también sus columnistas más veteranos proceden de la misma revista, por no hablar de su claro alineamiento con el chavismo, que llegó al punto de declarar a Piedad Córdoba personaje del año.

El autodenominado periodismo colombiano siempre ha sido la agencia de cobros de los jefes terroristas, y en medios como El Espectador era frecuente en los años del Caguán encontrar palabras de aliento a las FARC tras alguna masacre y aun sugerencias de blancos humanos apropiados. La primera vez que Pastrana amagó con suspender el despeje, el editorial de El Tiempo advertía de que si las FARC fueran destrozadas otros tomarían sus banderas.

Las bandas criminales son la fuerza de choque de una facción de la sociedad cuyos líderes son los que dominan el "periodismo". Las clientelas tradicionales de la República liberal y de los gobiernos godos complacientes son su público. No son imparciales porque Santos y las FARC son el mismo bando y hoy no encuentra resistencia gracias a la presión de la propaganda, al déficit de civismo y a la ausencia de un proyecto democrático articulado. Para que haya periodismo y aun sociedad hay que oponerse con firmeza a esa facción.

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