18 sep. 2012

Mentiras, preámbulo de la paz

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MENTIRAS, PREÁMBULO DE LA PAZ

Por Jaime Castro Ramírez


La historia de los pueblos ha creado las instancias donde se han construido escenarios para sopesar voluntades de paz. Sin embargo, dentro del conjunto de voluntades que coadyuvan a la conformación de un ambiente de reconciliación, hay que partir de la premisa de que la condición esencial para obtener ese resultado de convivencia social, es la voluntad política. Pero además, la voluntad política no puede ser manipulada a favor de intereses individuales o de grupo porque deslegitima la noción universal de paz; y la paz conseguida con ese tipo de egoísmos hace frágil la estructura que sostiene su aplicabilidad, pues termina parcelando la dimensión de esa convivencia social y convirtiéndola en una simple ilusión de paz. La paz no puede ser privilegio de unos pocos sino atributo del conjunto de la sociedad.

Imposiciones descartan acuerdos
Las limitaciones en las posibilidades de éxito cuando se trata de la búsqueda de acuerdos, están ligadas al estilo mismo de la clase de relaciones que se utilicen para tratar de conseguir tal finalidad. Si en un proceso de diálogos para la paz se acude al mecanismo de querer imponerle a la otra parte condiciones que por sentido común se observan de carácter inaceptables, lo único que se logra es la divergencia de criterios que traumatizan el ambiente de negociación.

Inaudita solicitud de las FARC
En el mismo acto de presentación de los negociadores por parte de las FARC, éstos de una vez lanzaron la primera exigencia de alta complejidad al gobierno. Dentro de su nómina de negociadores incluyen a “Simón Trinidad” quien se encuentra preso y condenado en una cárcel de los Estados Unidos. Se podría afirmar con alto grado de certeza que si el futuro de las conversaciones depende de que este individuo esté en la mesa de negociación, pues hasta ahí se llegará, o dicho de otra forma, el asunto empezó mal. La justicia norteamericana es muy exigente y por lo tanto no estará dispuesta a conceder posibilidad alguna de que este individuo sea trasladado a Cuba y puesto en libertad, así sea libertad condicional. Además, si así fuera, se puede inferir que la intención de las FARC no es solo que “Trinidad” sea miembro de la mesa de negociación, sino que el alcance de esta solicitud podría ir más allá, y eventualmente se trataría incluso de liberarlo, pues estando en Cuba fácilmente se podría quedar allá con el consentimiento del gobierno cubano. Así que se puede dar por descartada la posibilidad de que tal solicitud de las FARC sea atendida por la justicia de Estados Unidos.

Contradicciones a la Voluntad de paz
Los diferentes elementos que hay que tratar dentro de la integralidad que conforma un proceso de paz, requieren sobre todo de prudencia para poder mantener el ánimo reconciliatorio en la mesa de negociación. Además, cada una de las partes debe tener clara la intuición sobre los asuntos que no se pueden convertir en inamovibles, a no ser que se trate de los principios rectores constitucionales que rigen el Estado de Derecho y su democracia, lo cual no es negociable.

Si la insurgencia decide ir a una mesa de negociación de paz, debe entender que los anteriores preceptos, de ser aceptados por el gobierno, sería la entrega del poder, lo cual no puede ocurrir, y en consecuencia no deben plantear exigencias de tal naturaleza porque efectivamente serían contradicciones a la voluntad de paz.


Querer la paz 
Dentro de las emociones inteligentes del ser humano debe estar en primer plano la emoción de la paz sincera, lo cual fortalece el espíritu que alimenta el alma de la libertad, y dignifica el derecho a vivir con tranquilidad y en un medio propicio de progreso. Entonces, la pregunta no es si la gente quiere la paz, pues esta es una circunstancia tan evidente que no requiere análisis alguno para responder afirmativamente; pero en cambio, lo que si necesita análisis es saber qué clase de paz es la que se ofrece, lo cual depende necesariamente de que se conserve la integridad del Estado de derecho y los fundamentos de la democracia. Este es el argumento de respuesta razonable de parte de quienes son acusados dizque de no querer la paz. 

La paz tampoco puede ser el producto de una fantasía donde se cierren los ojos ante la realidad. El presidente Santos refiriéndose al proceso de paz dijo: “A las FARC hay que creerles”. Sin embargo, y en la presentación del acuerdo para sentarse a dialogar, las FARC lo matizaron con burdas mentiras, como decir que no tienen secuestrados (entre ellos niños que reclutan a la fuerza), que no son narcotraficantes, que no comenten actos terroristas, con un simple y sombrío “no” negaron ser autores del atentado contra Fernando Londoño Hoyos, y dijeron que siempre han pregonado la paz. Estamos entonces frente a unos monjes con quienes no se requiere negociar nada en materia de paz. 

A partir de desconocer la verdad y reemplazarla por mentiras, con lo cual no hay justicia (pero sí hay impunidad), se evade la reparación; y peor aún, mentiras aceptadas por la contraparte, así no se puede imponer una paz que resultará también una mentira, y que se presentará con el simple antifaz de una paz efímera. A esta clase de paz no se le pueden otorgar Premios Nobel…




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El acoso al procurador

Alejandro Ordóñez es el único funcionario de alto rango que no está sometido ni a la caterva de malhechores de las altas cortes ni al presidente. De ahí que todos los que de algún modo presionan a favor de la implantación del chavismo en Colombia busquen a toda costa impedir su reelección.

No es poco lo que justifica el odio que le tienen, no sólo destituyó a Piedad Córdoba sino que denunció el escandaloso montaje que permitió a unas funcionarias prevaricadoras condenar al coronel Alfonso Plazas Vega por delitos que no cometió basadas en pruebas falsas. Pero ahora mismo es la piedra en el zapato que impide archivar el caso de Sigifredo López.

Las convicciones religiosas de Ordóñez son un pretexto burdo con el que los propagandistas de las FARC reclutan a toda clase de necios que no se dan cuenta de que cada semana los terroristas asesinan a decenas de personas, que creen que viven en un país normal y que eso ocurre en un universo paralelo, como si fuera posible ocultar la relación entre esos crímenes crecientes y los planes de Santos de premiar a sus autores.

La presión de unos cuantos activistas semiprofesionales (por lo general son empleados públicos cuyo verdadero "trabajo" es hacer propaganda terrorista) recibe inmediatamente eco en los medios, lo que demuestra que es un encargo del gobierno (que es el que les paga la pauta). Hoy mismo el editorial de El Tiempo trae todo tipo de presión para impedir la reelección de Ordóñez.

Lo más probable es que finalmente los congresistas opten por el candidato que les presente Santos. Obviamente no lo harán gratis: se harán pagar cara la elección de un procurador corrupto como todos los que precedieron a Ordóñez según el probable compromiso de Santos con los terroristas (que con toda certeza fue lo que condujo al hecho monstruoso de la impunidad de Sigifredo López a pesar del dictamen técnico del cotejo de voces que lo condenaba). Los propagandistas de las FARC que acusan al procurador no tienen problema en calumniar y favorecer ahí sí la peor corrupción, porque obviamente los favores con que Santos pagará la elección de otro procurador no saldrán de su bolsillo.

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