13 nov. 2012

Gobierno de cartas tapadas

Por Jaime Castro Ramírez

Los juegos de azar tienen su particular dinámica de acción contingente respecto a los posibles resultados que se puedan obtener. Su realidad propia se funda entonces en una circunstancia de apuesta hacia una incierta finalidad. Quien toma la actividad del juego como medio de ocupar su mente y su tiempo, termina enajenando su capacidad creativa y su voluntad ante la fantasía que le produce la contingencia de su pasatiempo.

A quienes les corresponde tomar decisiones importantes que marcan trascendencia por las altas responsabilidades que representan, la dedicación a un juego, o quizás la dependencia de él, les puede desviar la atención que se requiere para atender eficazmente el compromiso que exigen esas responsabilidades.

Y más aún, si se trata de un gobernante, y que esta actividad no sea un simple hábito, sino un asunto psicoemocional, es decir, que puede generar comportamientos emocionales adictivos, pues es evidente que se genere una importante preocupación ciudadana.

En Colombia, tal vez no sería aconsejable sustraernos incondicionalmente de esta preocupación, pues existen versiones que asocian la fuerte tendencia del jefe de Estado al juego del póquer, incluso lo califican con mucha destreza para jugarlo; lo cual se nota que le ha aportado la habilidad necesaria para el manejo de ‘cartas tapadas’, y quizás por añadidura, también la habilidad requerida como gobernante para el manejo del engaño a través de las ‘promesas incumplidas’.

Las cartas tapadas
En una democracia es factor fundamental que el pueblo sea informado debidamente y en forma oportuna sobre las acciones de gobierno, pues lo contrario es un gobierno no democrático que se usurpa el derecho de actuar en silencio, en la sombra, y en estos escenarios solo se pueden generar dudas, y se corre el riesgo de lesionar las instituciones sin que haya lugar a la réplica ciudadana.

Los colombianos hemos sido testigos presenciales de la actuación a espaldas del pueblo, por parte del presidente Santos:

1. La manguala con el enemigo de la democracia colombiana, quien desea ver a las FARC gobernando el país: el déspota Chávez. Si esto lo hubiera dicho Santos en la campaña presidencial, con seguridad que no lo elegimos presidente de Colombia.

2. Qué tal la ‘carta tapada’ del abandono de la seguridad democrática, con el agravante de que en la campaña prometió continuarla (esta y otras promesas de campaña no cumplidas), y el resultado es que los terroristas regresaron a las regiones de donde habían sido desterrados, y al verse acosado por la creciente inseguridad en el país, decidió demostrarles debilidad invitándolos a la mesa de negociación política, con lo cual les dio la razón para que ellos crean que estaban ganando el conflicto y por lo tanto se sienten muy fuertes a nivel de sus exigencias de negociación.

3. Diálogos con las FARC en Cuba desde hacía cerca de un año en absoluto silencio, solo que fue descubierto y se vio entonces obligado a salir a aceptarlo públicamente.

El silencio se convierte en cómplice de actuaciones perversas, y en la oscuridad actúa la mala fe. Los colombianos no podemos aceptar este tipo de maniobras ocultas de gobierno que pueden encauzar la democracia hacia terrenos movedizos donde se permita erosionar sus principios. El país no puede ser gobernado al ritmo de caprichos que conducen a la incertidumbre de las contingencias.

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