27 feb. 2013

Así nos manipulan los medios

Por @AdasOz


Ayer, mientras leía y escuchaba el testimonio de un reportero gráfico italiano sobre las recientes manifestaciones en Judea y Samaria en el que demostraba que los medios no siempre (por no decir casi nunca) cubren de manera global los hechos ocurridos en esa parte del mundo, no pude evitar dejar de relacionarlo con el escándalo que levantaron nuestros medios de comunicación, luego de que el expresidente Uribe publicara unas fotos de dos miembros de la fuerza pública asesinados por las FARC en plena vía a La Guajira. Hecho, que de no ser por él, no hubiese capturado la atención de ningún medio nacional ni de nadie, ya que la gran mayoría prefiere ocultar las atrocidades que cometen los terroristas por miedo a perder el apoyo del gobierno del presidente Santos, y por no obstaculizar el ya adelantado proceso de claudicación de La Habana.

Para nadie es un secreto que los fuertes críticos del actual gobierno y del mal llamado proceso de paz han sido acallados por el mismo. Detrás del atentado contra Fernando Londoño había una clara intención de silenciarlo, luego vino el despido de Francisco Santos por parte de RCN Radio, seguido del de José Obdulio Gaviria por El Tiempo, y ahora, intentan quitarle difusión al programa La Hora de la Verdad, liderado por Fernando Londoño.

No voy a negar que el caso que expone el reportero gráfico italiano tenga algunas similitudes con lo que sucede en Colombia, aunque también existen diferencias. Veamos qué sucede: en Medio Oriente los fotógrafos y periodistas se aglutinan en la escena de los hechos para capturar imágenes impactantes que posteriormente les permitirán cumplir con el papel propagandístico que desempeñan en torno del conflicto árabe-israelí, que por lo general busca favorecer la imagen que se percibe sobre los palestinos, y que repercute directamente sobre la reputación de Israel, que ya es bastante negativa.

Es decir, el objetivo de la propaganda contra Israel es precisamente hacer todo el ruido que sea posible, generando titulares de prensa acompañados de imágenes escandalosas, sean en video o en fotos, con las que se pretende conmover y capturar incautos (o quizás no tanto) convirtiéndolos así en simpatizantes de la causa árabe. Así, pues, estos se convertirán en los idiotas útiles de los fundamentalistas que les ayudarán a ejercer presión internacional para que, por ejemplo, la ONU admita a Palestina como Estado no miembro sin que sea relevante el hecho de que la mayoría de sus líderes pertenezcan a una organización terrorista que insta al exterminio de todo un pueblo.

En Colombia, los medios hacen todo lo contrario, pero se las arreglan para producir el mismo efecto: favorecer a una minoría que usa como medio el terror para obtener dinero y poder. Con el pretexto de que hay que ser prudentes con el proceso de La Habana para no incomodar a los “angelitos” que deciden arbitraria e ilegalmente sobre el futuro de los más de 47 millones de colombianos, los periodistas y los medios masivos en general optaron por asumir una actitud cómplice con el gobierno.

Las fuertes críticas contra las FARC son escasas, tratan a sus cabecillas con una suerte de respeto que no merecen y hasta dejan entrever algo de miedo cuando los entrevistan. Pocos se atreven a cuestionarlos con vehemencia por sus actos de barbarie, así como el cinismo con el que los niegan. Los reporteros y fotógrafos ahora son escasos en los lugares donde se cometen las atrocidades, y en caso de estar allí presentes, es poca la atención que buscan captar en la opinión pública luego de transmitir la noticia. Los columnistas, por órdenes presidenciales, ponen en tela de juicio los atentados y algunos hasta han llegado a lanzar hipótesis falsas sobre los posibles autores materiales de los hechos, mientras otros con su sutil pluma van inyectando una dosis de inmoralidad en los lectores hasta conseguir convencerlos de que el diálogo es la ruta para conseguir la “paz”. Así es como logran anestesiar a la gente, unos ilusos y otros no tanto, hasta que terminan estando del lado de los terroristas y sus socios.

Como ven, la estrategia es distinta, pero el objetivo siempre es el mismo: mientras en Medio Oriente los propagandistas del terrorismo islámico captan simpatizantes con imágenes escandalosas, en Colombia éstas supondrían un rechazo casi masivo hacia las FARC, así que las esconden o las omiten. Nunca son titulares de primera página y mucho menos se acompañan de fotos dramáticas. Santos conoce la estrategia a la perfección, pues cabe recordar que antes de lanzarse a la política fue periodista y por ende conoce muy bien cómo se puede manipular la información.

Es así como la prudencia de los medios no es otra cosa que falta de ética profesional para no ir en contra de los intereses del gobierno, y es así como la suerte del país pasa a un segundo plano. El silencio o la duda que gira en torno a los autores de los hechos, como en el caso del atentado contra Londoño o el del Palacio de Justicia, sumados a la propaganda que favorece a los terroristas, logran apaciguar a la opinión pública hasta llegar al punto de convertirla en los idiotas útiles entusiastas del proceso de claudicación.

Por eso, más allá del hecho de pensar que Uribe usó las imágenes de los policías asesinados por las FARC en la vía a La Guajira para hacer política, considero que fue una denuncia oportuna y necesaria, que de no haberla hecho, poco o nada se sabría al respecto. Y el efecto que produjeron no solo las fotos sino quien las publicó, fue precisamente contrario al que utilizan nuestros medios, que en lugar de informar, manipulan y desinforman. La tormenta que desataron las fotos de Uribe puso a todos los medios, o al menos los de mayor influencia en el país, así como a los periodistas y columnistas gobernistas y a los más furibundos detractores del expresidente, a hablar sobre una noticia que jamás se hubiese dada a conocer pues perjudican la imagen de las FARC y del mal llamado proceso de “paz” de La Habana. Hecho que, eventualmente, podría generar un rechazo ojalá casi unánime en la opinión pública, que es lo que tanto intenta evitar Santos.

Es así como los medios corren al rescate de los terroristas creando una polémica que en realidad no existe. Atacan a quien las publica como si fuera una actitud repudiable y lo tildan de “enemigo de la paz”, en lugar de condenar directamente a quienes perpetran el crimen, que es lo que se supone que debería pasar.

Detengámonos a pensar tan solo por un instante qué tipo de suerte le esperaría al gobierno y a sus diálogos de “paz” si no contaran con el respaldo de los medios. ¿Cuál sería la suerte que le esperaría a Colombia?

3 comentarios:

Fanny Serrano dijo...

"falta de ética profesional para no ir en contra de los intereses del gobierno" es asi ya esto no se ve en nuestro pais en los medios de comunicacion Muy bien escrito

MaguiOz16 dijo...

Gracias, Fanny. Le agradezco sus comentarios.

Saludos

Anónimo dijo...

Faltaron muchos periodistas silenciados por Santos, uno de ellos es Juan Paz del Mundo, que una vez serrada su columna, Guillermo Gaviria quedo en libertad.