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8 feb 2016

La movilidad en Bogotá y las medidas restrictivas

Por @AdasOz

Durante la jornada del día sin carro, el pasado jueves 4 de febrero, Enrique Peñalosa anunció que está pensando en hacer un ensayo con los capitalinos que consiste en implementar la hora pico sin carro. Si bien es más que evidente que esta medida ayudará a descongestionar las atascadas calles de la ciudad, no es una solución definitiva al problema de movilidad que actualmente se enfrenta. Es, por el contrario, una medida de corto plazo, restrictiva y conformista, escudada bajo la forma de “experimento” que muy seguramente perdurará en el tiempo al igual que la ya institucionalizada restricción vehicular.

Si pensamos, por ejemplo, en lo que sucedió tras haberse institucionalizado la medida de la restricción vehicular, la compra de carros particulares se disparó, ya que a falta de un sistema de transporte eficiente que ofrezca un cubrimiento extensivo a toda la ciudad y a sus alrededores, se creó en sus habitantes la necesidad de tener un segundo carro para poder suplir su necesidad de transportarse, disparándose simultáneamente la compra y uso de motocicletas, que al ser más económicas y fáciles de adquirir, fueron inundando la ciudad. Cabe anotar que los dueños de las motos no pagan, como sí los de los carros, impuesto de rodamiento, pero ocupan en ciertas zonas más espacio incluso que los mismos vehículos particulares, convirtiéndose en la principal causa de accidentalidad en las calles de Bogotá. Basta salir a dar una vuelta para darse cuenta de cuán dementes están los motociclistas y cuánto urge tomar medidas con las que se les pueda controlar.

Pero retomando el tema motivo de esta publicación, la solución al grave problema de movilidad que padece la capital colombiana no radica en prohibir el uso del automóvil particular ni ciertos días de la semana ni ciertas horas del día, no solo por lo expuesto en el párrafo anterior sino porque ya es probado que el bogotano o el ciudadano que llega a vivir a Bogotá se adaptan a dichas restricciones y en lugar de exigir a la administración distrital su derecho a usar su vehículo, al uso de las vías ya existentes sin baches, a estrenar nueva infraestructura vial y a gozar de un sistema de transporte limpio y eficiente, se inventa alternativas o formas de pasar por alto la medida, poniendo fin al problema de la restricción, pero dejando ahí el problema. Es así como en 18 años de restricción vehicular nuestras calles siguen siendo casi las mismas y con muy pocas mejoras en infraestructura.

Bogotá no es Amsterdam, donde uno puede transportarse a diario en bicicleta tranquilamente y llegar a su lugar de trabajo o de estudio en máximo 30 minutos o menos. Bogotá se parece más a Pekín, una ciudad anárquica y muy extensa, con un sistema de transporte precario y una mafia de taxis repugnante, como para obligar con medidas restrictivas a los habitantes a que se desplacen de extremo a extremo en bicicleta, patines, patineta o a pie. Habrá algunos románticos con ínfulas de europeos que lo hagan, me alegro mucho por ellos y su estado físico, pero yo y muchos otros, no tenemos la disposición ni el tiempo para hacerlo. Además el clima loco de Bogotá tampoco motiva a desplazarse exponiéndose a la lluvia y al humo negro de los buses.

Entiendo que los retos que enfrenta el nuevo alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, son grandes, puesto que el proyecto de ciudad que dejó en el año 2000 fue echado por la borda por las tres nefastas administraciones polo-progresistas que desde 2004 desgobernaron la capital, pero también conozco su fascinación por restringir el uso del carro particular, medida por demás injusta y poco equitativa, especialmente para quienes viven en los extramuros o no cuentan con suficientes vías de acceso, lo cual aplica en todos los niveles de estratificación de la capital.

Mi propuesta para Enrique Peñalosa es que en lugar de seguir prohibiéndonos el uso de nuestros vehículos, retome el proyecto de Transmilenio para darle más cubrimiento a la ciudad, mejore y organice los buses del SITP puesto que este sistema no ha generado un valor agregado significativo entre los usuarios de transporte público sino que por el contrario, ahora se suma con sus caóticas rutas al problema. Ojalá termine de darle una solución a las compañías de buses tradicionales para que pertenezcan todos a un solo sistema organizado que ofrezca buen trato al pasajero y que le dé, por fin, luz verde al proyecto de construcción del metro mediante un proyecto sostenible en el tiempo. Por último, le propongo que arregle las vías ya existentes no solo tapando los huecos sino señalizándolas bien y que trabaje en proyectos de infraestructura vial como el de la ALO y otros, que nos permitan tener rutas alternativas que comuniquen zonas que hoy en día resultan ser embudos dada su elevada densidad poblacional.

Estoy segura de que si los capitalinos de cualquier estrato encuentran un sistema de transporte eficiente, limpio y decente, que les ahorre tiempo de desplazamiento y dinero, dejarán de usar por voluntad propia, y no porque se les prohíba, sus propios vehículos y empezarán a hacer cada vez más frecuente el uso del transporte público. Pero mientras el caos continúe, habrá cada vez más carros particulares y motos en la ciudad y el problema de movilidad continuará por siempre.

21 sept 2015

El cambio que Bogotá necesita

Por @AdasOz

Las elecciones regionales se aproximan y el panorama político cada día se pone más tenso. Por supuesto, Bogotá no puede ser la excepción dado que la alcaldía de la capital es el segundo cargo público más importante del país. Así las cosas, aquí no solo se juega el futuro de Bogotá sino también el de Colombia. Por eso es importante que los que podemos votar entendamos que tenemos una responsabilidad enorme, no solo sobre las administraciones regionales sino sobre el rumbo que pueda tomar el país. Mi invitación es a dejar la pereza a un lado y salir a votar y por primera vez, evitar que el absentismo y los cálculos políticos elijan por nosotros.

Bogotá lleva más de diez años en pésimas manos, las del Polo Democrático Alternativo y los Progresistas, que son harina del mismo costal. Durante todo este tiempo, la capital perdió el norte y la cara amable que de una u otra forma heredamos de las administraciones de Peñalosa y Mockus. De esa cultura ciudadana hecha realidad hace ya muchos años que buscaba que los bogotanos cambiaran el individualismo que tanto los caracteriza por un pensamiento colectivo que los condujera a actuar pensando no solo en sí mismos sino en los demás, ya no queda nada. Y esa Bogotá organizada, limpia, amable y con un proyecto de desarrollo a largo plazo como el de cualquier capital de mundo que nos dejó Peñalosa, también se esfumó.

El populismo y la corrupción rampantes acabaron con ese sueño bogotano. Por esta razón, los capitalinos tienen que reaccionar y salir masivamente, de una vez por todas, a exigir un cambio castigando al partido responsable. Es el momento de pensar en qué ciudad se quiere vivir. Ojalá ese cambio de gobernante sea positivo para la ciudad y venga acompañado de un propósito personal de cambio en el que prime la voluntad de colaborar antes que el individualismo.

Muchos tienden a culpar a la gente que viene de afuera porque no tienen sentido de pertenencia, pero yo me pregunto (y les pregunto): ¿Quiénes son los que tienen que tener ese sentido de pertenencia? ¿Quiénes son los que deben dar ejemplo? ¿Los que han vivido aquí desde siempre o los que apenas llegan? El hecho de que Colombia sea un país centralizado y que en Bogotá haya más oportunidades de negocio, y por ende, más oportunidades laborales, no quiere decir que la gente que viene de otras partes del país sean los que traen el caos. Si bien es cierto que el crecimiento de la capital se ha desbordado y la ciudad se ha vuelto prácticamente incontrolable, también es cuestión de sus propios ciudadanos dar ejemplo y si los que vienen no lo ven, pues no tienen más remedio que adaptarse al caótico comportamiento cuasi selvático que aquí impera.

En Bogotá la ley del más fuerte se impone. Todo el mundo quiere ser el primero en todo, menos en civismo y educación. Todos parecen ir con prisa, especialmente en los trancones que es cuando menos rápido pueden ir y más paciencia y colaboración se necesitan para ayudar a todos a salir de ahí más rápido. Se ve gente en su carro atascada en una bocacalle esperando a que alguno de los que van por la avenida les dé paso cuando lo más sencillo es ir dejando pasar de uno en uno.

Por mucho que se usen las direccionales, la gente parece no entender para qué sirven. O bien el carro que viene atrás acelera para impedir el cambio de carril solicitado o sencillamente no se cede el paso, no vaya a resultar que alguien pasa primero. Entonces se puede permanecer un tiempo largo antes de poder hacer la maniobra. Sacar el brazo por la ventana a veces tampoco funciona. Qué difícil es la gente en Bogotá. Y ni qué decir de los que van cerrando indiscriminadamente a todo el que se les atraviese, especialmente esos que van en camionetas grandes pretendiendo mostrar su gran “poderío” en las calles.

¿Por qué cuando se intenta promover el uso de la bicicleta y habiendo ciclorrutas para permitir su tránsito todavía se ven ciclistas andando en las calles? ¿Quién los controla? Déjenme adivinar: nadie. Así podría quedarme largas horas hablando de las innumerables muestras de “civismo” y “educación” de los bogotanos, pero no hay tiempo ni espacio.

La falta de autoridad y la anarquía se han tomado la ciudad y por eso estoy convencida de que el cambio empieza desde la voluntad individual de hacer el bien colectivo. En conclusión, el cambio que necesita Bogotá no solo está en manos del próximo alcalde que la administre sino del propósito de cada uno de nosotros por mejorar cambiando la actitud. Quizás eso nos ayude a tomar conciencia y a construir el sentido de pertenencia perdido.

16 mar 2015

Terror en Bogotá

Por @AdasOz

Más o menos hace unos seis meses, mientras me dirigía en un taxi hacia mi lugar de trabajo, el conductor me hablaba espontáneamente sobre la inseguridad que azota a Bogotá y sobre su descontento con la actual y mal llamada administración de Gustavo Petro. Entre otras cosas, me comentaba que ya en unos barrios de la ciudad hay milicias urbanas perfectamente organizadas, por lo que se está convirtiendo en una labor casi heroica entrar a trabajar en ellos.

Es muy grave que la falta de gestión en Bogotá y el pasado terrorista del alcalde hayan desencadenado en exactamente el mismo mal causado por el dictador Hugo Chávez en Venezuela, al crear su propio grupo paramilitar: las milicias populares del barrio caraqueño 23 de Enero. No en vano Petro admiraba al tirano vecino, pues eran amigos de vieja data, desde los tiempos álgidos del terrorismo del M-19.


Cabe recordar que desde que Petro asumió la enorme responsabilidad de manejar la capital, el desorden público se ha recrudecido, siempre precedido por marchas y manifestaciones que él mismo promueve declarando días cívicos en universidades y colegios públicos, donde él bien sabe que están concentradas las milicias. Durante el paro agrario, por ejemplo, las calles de Bogotá estaban inundadas de jóvenes, muchos de ellos menores de edad, cuyo único objetivo era generar caos y destrucción a su paso, al igual que como sucedió en los años inmediatamente anteriores con las protestas contra Transmilenio que dejaron millonarias pérdidas al sistema de transporte y a la ciudad.

Recordemos también que durante el período transcurrido entre los años 2011 y 2012, época en la que los vándalos universitarios se ensañaban contra Transmilenio, al menos 8 estudiantes murieron manipulando explosivos para la creación de papas bomba. Uno de los casos más recordados es el de los tres estudiantes de la Pedagógica que resultaron muertos por esta misma razón y que en su momento la Policía investigaba por posibles nexos con la guerrilla. Nunca se supo que pasó con dicha investigación, pero a nadie parece importarle. Fue tan solo una noticia del momento.

Para el 2014, la situación que se vivió en Bogotá no era menos preocupante, pues al caos y a la inseguridad se le suma la zozobra que nos han venido dejando una serie de “petardos” que explotaron, algunos controladamente, en diferentes puntos de la ciudad. Desde mediados del año pasado los “agraciados” terroristas que dialogan en La Habana han venido sembrando terror, con la ayuda caritativa de sus camaradas del ELN, recordándonos que podríamos estarnos aproximando a revivir los peores tiempos del Cartel de Medellín. El 20 de junio del año pasado explotó un petardo en un CAI en la Plaza de Lourdes en la localidad de Chapinero, cuya autoría se atribuyó la organización terrorista ELN. Pocos días después, fueron encontradas seis bombas panfletarias de las FARC, de las cuales estallaron tres. Un mes después, los terroristas del ELN volvían a hacer de la suyas activando otros dos petardos panfletarios más y dejando listos otros tres, que afortunadamente fueron desactivados por la Policía. Por supuesto, nada de esto desveló a Petro y mucho menos tomó medidas para brindarnos a los ciudadanos seguridad, mientras estos últimos siguieron tranquilos con su rutina como si nada estuviera pasando.

En lo que va corrido del año 2015, es decir en menos de tres meses, la tranquilidad de los bogotanos se ha visto vulnerada por la explosión, en algunos casos controlada, de 7 petardos que todavía permanecen sin esclarecer y las autoridades tampoco han rendido cuentas de haber detenido ningún responsable. Lo único que sabemos es que la última explosión fue considerada un atentado a la Policía y que es muy probable que haya sido perpetrado por el ELN. Pero aún quedan muchos interrogantes por resolver, ya que cabe la posibilidad de que este grupo terrorista esté actuando en confabulación con las FARC, siendo el primero autor material y librando a los últimos de quedar directamente implicados en el crimen para que puedan posar de no haber roto el tan publicitado cese “unilateral” anunciado en diciembre pasado.

Llama la atención lo que señalo en rojo de un artículo publicado por el diario El Espectador horas después del atentado del jueves pasado:


Los medios reciben toneladas industriales de mermelada del gobierno, especialmente este pasquín, por lo que se han dedicado a publicar este tipo de sentencias tendenciosas que antes de informar generan dudas y zozobra en la ciudadanía. ¿Recuerdan cuando explotó la bomba contra Fernando Londoño en el semáforo de la Calle 74 con Av. Caracas, cuando los medios aseguraban que la “extrema derecha” había sido responsable del atentado, pero en realidad se confirmó que fueron las FARC? Bueno, así mismo están haciendo con los recientes casos de terrorismo en Bogotá. En Colombia el periodismo investigativo es una especie en vía de extinción.

Ahora bien, ya son tantos los casos de terrorismo en Bogotá, que para el alcalde ya es imposible sostener la mentira de que se trata de “casos aislados”, tal como nos ha querido hacer entender. También se hace evidente la falta de comunicación que existe entre la Policía y la administración Petro. Es más, me atrevería a decir que por alguna razón las autoridades están maniatadas frente a la investigación que todos estos casos merecen, pues ya era hora de que se hubieran tomado medidas conjuntas que conduzcan a la captura de los responsables y nos den certeza de quiénes están tras los hechos. Pero no ha sido así. Petro pone toda la responsabilidad sobre la Policía Metropolitana para él lavarse las manos hábilmente y salir rápido del problema.

Las bombas no parecen preocuparle al alcalde, pues así lo ha demostrado y su cuenta de Twitter da cuenta de ello:


Como ven, he elegido esta secuencia de trinos del alcalde no sólo para mostrarles la poca importancia que refleja Petro ante los actos terroristas que azotan a Bogotá sino también para que vean cómo él mismo desorienta y distrae sobre lo ocurrido el viernes pasado. Solo un cómplice actúa de dicha forma y se me antoja decir que el alcalde lo es. Tan solo dos trinos dedica al acto terrorista: el primero para dar cuenta de que no hubo muertos, con lo que minimiza el hecho, y el segundo para simplemente informar que fue un atentado contra la Policía. ¡Vaya tarea exhaustiva del alcalde! Habrá quedado sin aliento después de esos dos trinos.

Pero la gravedad del asunto no es esa sino el trino que lanza tan solo diez minutos después de confirmar el atentado. ¡Pero qué coincidencia, al alcalde lo están “amenazando” de nuevo! ¡Rápidamente recurre al viejo truco de las autoamenazas para victimizarse y zafarse de toda responsabilidad! Si bien es cierto que la noticia de las “amenazas” contra él y otros personajes de la izquierda armada fue publicada dos días antes del atentado, no es coincidencia que Petro la haya reciclado el día del suceso. A ustedes podrá engañarlos, pero a mí no y no estaría de más que se le abriera una investigación por denunciar falsas amenazas y por los actos terroristas ocurridos en Bogotá.

A los ocho minutos de haber utilizado las autoamenazas como distractor de la bomba contra la Policía, convoca a una nueva marcha por la “paz” el 9 de abril. ¡Bogotá no aguanta más movilizaciones!:


Ese “No Pasarán” me recuerda al “no volverán” chavista. Es el reflejo de la inversión de los valores morales promovida desde un cargo de alto poder donde las masas pueden ser fácilmente influenciables. Terroristas posando de adalides de la democracia, la libertad, la paz y los Derechos Humanos, mientras quienes se les oponen son acusados con delitos que nunca cometieron y son encarcelados sin derecho a defenderse. Bogotá ya es un enclave chavista, pero sus ciudadanos están todavía hechizados y no se sabe cuándo vayan a reaccionar.

16 feb 2015

¿Les vamos a creer?

Por @AdasOz

“A las FARC hay que creerles”, ratificaba el presidente Juan Manuel Santos las afirmaciones de los principales cabecillas de dicho grupo terrorista cuando afirmaron que habían dejado de secuestrar desde hacía un tiempo y que tampoco eran narcotraficantes. ¿Pero fue eso cierto? ¡Por supuesto que no! Lo cierto es que las FARC no han rendido cuentas a las víctimas ni mucho menos al país sobre todos los secuestrados que llevan a cuestas desde hace años, y mucho menos han dejado de hacerlo. El presidente miente y es cómplice del crimen.

Ahora bien. El pasado mes de diciembre, como es su costumbre hacerlo todos los fines de año, el grupo terrorista anunció un “cese al fuego unilateral”, nada nuevo hasta aquí, pero esta vez era supuestamente de carácter “indefinido” y quedaba condicionado al cese de las actividades militares. En pocas palabras, exigen la rendición del ejército colombiano. Como todos saben, es deber constitucional defender el Estado de Derecho de todo tipo de amenaza, sea esta interna o externa. Por lo tanto, las exigencias provenientes desde La Habana no pueden ser escuchadas ni obedecidas por nuestras Fuerzas Armadas. La ofensiva militar tiene que continuar, pese a que ésta ha disminuido considerablemente desde que se empezó a negociar con las FARC la estructura del Estado y sus leyes.

Pero ¿qué ha pasado con esto? Mientras la ofensiva militar disminuye, las FARC continúan sembrando el terror, cada día más, incumpliendo como siempre el supuesto “cese unilateral indefinido”. Con este cuento fantasioso ilusionan incautos mientras la organización terrorista gana terreno en el ámbito político y en tierra se reubica, se rearma y se fortalece. Utiliza este engaño para hacerse propaganda en los medios de comunicación comprados por el gobierno, que no dudan en señalar a la ofensiva militar como la principal culpable de los actos terroristas al mismo tiempo que dedican columnas enteras para transmitir semejante falacia y le abren micrófonos a reconocidos voceros como Piedad Córdoba, cuyo objetivo es transmitir el mensaje de las FARC y así ejercer presión para que nuestras Fuerzas Armadas se dobleguen ante dichas exigencias. En resumen, para que las FARC salgan victoriosas.


Es así como los medios evitan mencionar a las FARC cada vez que cometen un acto terrorista o prefieren despistar incautos llamándolas “bandas ilegales no identificadas”, tal como sucedió con la masacre de cuatro niños de una misma familia en el departamento del Caquetá, lugar donde bien es sabido que este grupo terrorista hace presencia. A la complicidad de los medios se suma la evidente militancia del Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, quien no dudó en lavar la imagen de sus socios al ver que todas las pruebas indican que las FARC son las directas responsables del crimen.


Luego de lo anterior, la semana pasada las FARC anunciaron que no reclutarán menores de 17 años e hicieron énfasis en que nunca, en su más de medio siglo de desgraciada existencia para Colombia, reclutaron niños ni a ningún combatiente. Pero “hay que creerles” y peor aún, ¡Hay quienes les creen!


¿En serio le creen a las FARC, que recurren al engaño, para lograr sus objetivos? ¿Es que acaso todavía no se han dado cuenta que el engaño siempre ha sido su estrategia? Si nada de lo mencionado en los párrafos anteriores lo han cumplido, ¿por qué creen que en esta vez sí lo van a hacer? Esos líderes de la oposición tienen que dejar de ser tan incautos y empezar a conocer mejor a su rival, porque de lo contrario, de nada servirán sus esfuerzos por hacer oposición. Pasará lo mismo que con la de Venezuela, nada.

Como ven, el campo de batalla es amplio, puesto que no consiste solamente en ponerse las botas y fusil al hombro recorrer todo el país cometiendo crímenes atroces sino que éste trasciende a muchos otros ámbitos. Al carrusel de la paz orquestado por el gobierno de Santos y los cabecillas terroristas en Cuba se subieron los medios de comunicación, políticos que promueven marchas pro-FARC camuflándose como “pro-vida”, personajes del Jet-Set criollo desprestigiando el buen nombre de otros o sencillamente haciéndole propaganda abiertamente a las FARC, las universidades públicas y privadas organizando charlas sobre el “conflicto armado” adoctrinando a cientos de jóvenes sobre la salida negociada, mientras congresistas y hasta el mismo fiscal se convierten en voceros y protectores de los terroristas. Así es como ha logrado avanzar la falsa “paz” en Colombia. ¿Les vamos a creer?

8 dic 2014

No se queje y deje así

Por @AdasOz

“En Bogotá tienes dos opciones, o ayudas o estorbas”, me decía alguien hace poco porque no me mantengo halagando a la capital y a sus ciudadanos. En realidad ese “argumento” me sonó a la sentencia “o te callas y te conformas” porque tus críticas me incomodan, “o te vas”, porque los conformistas tenemos que seguir viviendo felices entre la anarquía, la dejadez y la inmundicia. ¡Es que eso nos gusta y nos enorgullece! En realidad no quieren que se haga nada positivo y constructivo por la ciudad, porque de lo contrario, ¿por qué ofenderse por las críticas? ¿Acaso no ven que todo anda mal en Bogotá? Pues queda claro que no lo ven y no lo quieren ver. Ese “orgullo” los enceguece y los envilece cada día que pasa.

Si partimos del principio de que la autoridad es la base del orden, entonces en la capital se han ido perdiendo ambos. Cada quien hace lo que le viene en gana porque no hay nadie que los ponga en su sitio. Si alguien atraviesa su carro en la salida de su garaje no se atreva usted a pedir, ni por las buenas ni por las malas, que lo retiren para poder salir de su casa porque usted es el malo del paseo. ¿Es que cómo se le ocurre incomodar a quien “libremente” estacionó su vehículo donde le vino en gana? No coarte la libertad de los demás, señor propietario. No sea injusto, mejor salga a hacer su diligencia a pie. Vea que caminar es bueno para la salud, ahorra gasolina y contamina menos el medio ambiente. No ose usted reclamar por lo que es suyo porque puede incomodar a ese “buen” ciudadano, agradézcale mejor, pero sobre todo, deje así.

Si usted vive en casa y no es un conjunto residencial, no se moleste en sacar las bolsas de basura minutos antes de que el camión (por fin son camiones de basura adecuados) pase a recogerlas, pues téngalo por seguro que algún “simpático” vecino sacará las suyas primero y las dejará tiradas en su antejardín a la espera de que algún reciclador pase, destroce las bolsas y deje regada toda su inmundicia en su apreciado césped. No le reclame porque ¿qué tal se gane de enemigo a ese “simpático” ser humano y quién sabe qué cosas peores pueda hacerle a su propiedad? Ahórrele a él un disgusto y el suyo trágueselo como pueda. Desestrésese barriendo y recogiendo toda la basura que le dejó su vecino. Puede que así logre hacer un poco de ejercicio y queme algunas calorías. Vea las ventajas, pero sobre todo, deje así.

Si usted va conduciendo por el carril izquierdo porque acaba de cruzar a una paralela y necesita pasar al carril derecho para girar, ¿para qué usar las direccionales si en todo caso no le van a dar paso y lo van a levantar a bocinazo herido? Guarde sus oídos y de paso los de los demás, no sea desconsiderado. Para qué usar esas lucecitas de adorno que tiene el carro atrás y adelante, vea que se le gastan. Mejor échele su vehículo encima al que viene al lado y verá cómo muestra su valentía y poder. Deje así, no le avise al de atrás ni al del lado su intención de cambiar de carril porque acelerador mata direccional.

¿Para qué se queja de los huecos de Bogotá si es que acaso con eso va a lograr que los tapen? No gaste energías en eso, mejor intente esquivarlos, vea que es divertido. Haga de cuenta que es como participar en una carrera de obstáculos, ¿qué sería de ésta sin los infaltables huecos? ¡Muy aburrida! Véalo por el lado amable. Con los huecos, el Distrito ya no tendrá que invertir en esos odiosos reductores de velocidad que tanto le molestan. Los huecos se hacen gratis y usted tendrá que reducir la velocidad sí o sí, y esquivarlos, si no quiere estropear sus amortiguadores o en el peor de los casos romper el eje de su vehículo. Vea, mejor deje así, ¿sí?

No entiendo por qué a algunos bogotanos les da vergüenza mostrar el centro histórico de la ciudad si es tan bonito. Solo tendrá que esquivar uno que otro excremento (ni se pregunte de qué es) y taparse la nariz porque el “aroma” a urea y heces pueda resultarle algo molesto. Pero aparte de eso, todo está bien. Tampoco ose quejarse la suciedad a lo largo de toda la Séptima peatonalizada ni de la contaminación visual causada por el exceso de grafitis en muros, paredes, estatuas, monumentos, etc., que hay en todo el casco histórico. No coarte la libertad de expresión (especialmente la de los que alientan al terrorismo) y si tanto le incomoda ver todo lo anterior, pues vaya de noche, porque “de noche todos los gatos son pardos”. O mejor, si va para después quejarse, mejor no vaya y deje así.

Alguien que me explique cómo puedo “dejar así” ante el retroceso que ha sufrido Bogotá desde que la izquierda se tomó el poder para nunca más dejarlo. Si bien en las alcaldías anteriores se habían logrado algunos pequeños avances, todos estos han ido quedando en el olvido desde el año 2004 y los ciudadanos se han ido acostumbrando al mal vivir que nuestros gobernantes nos someten. Concluyo entonces que la peor parte del problema de la capital son los mismos ciudadanos porque han dejado de exigir el uso adecuado del dinero que se recauda con toda esa cantidad de impuestos que pagan.

Lastimosamente la gente que busca mejores condiciones de vida se está yendo a vivir a las afueras de Bogotá o a otras ciudades o países porque no soportan más el caos. Yo, aunque me resisto, estoy llegando a mi límite. Ahora, ¿qué pasa con usted, también va a dejar así?

24 nov 2014

Otro gran paso hacia la paz

Por @AdasOz

Es un hecho. Las FARC demuestran a los colombianos y al mundo que hoy son más fuertes que el Estado, contrario a lo que sucedía hace unos años cuando eran las fuerzas del Estado las que daban duros golpes militares a las tropas terroristas, logrando desmoralizarlas, replegarlas y mermarlas en número. Ésos son los grandes “logros” y “avances” que el gobierno Santos ha conseguido con la única locomotora que parece quiere que funcione: la de los diálogos de “paz”. Esa que jamás estuvo en su agenda en 2010 y que se convirtió en su caballito de batalla para las elecciones presidenciales de este año. Lo único que podía mostrar de su pésimo gobierno, porque lo demás está tan maquillado y retocado como él, pero que solo representa la humillación para el país entero.

Las FARC han conseguido su trofeo puesto en bandeja de plata en un momento del proceso en que, quizás, no se lo esperaban: secuestrar a un general de las Fuerzas Armadas junto con sus acompañantes. Contrario a lo que dicen los medios santistas y varios de los voceros de civil de las FARC, yo no pongo en duda que el general Alzate haya estado cumpliendo una misión de inteligencia, que por supuesto salió fatal, quizás con la “ayuda” de algún informante. Por esto no existe razón alguna para que el general tenga que dar explicaciones porque cumplía su labor, que sí es confidencial, y que divulgarlas no sólo pone en riesgo su carrera militar sino la seguridad de todo el país.

Tampoco es cierto que la supuesta “imprudencia” del general haya puesto en peligro el proceso de “paz” entre Santos y sus socios porque el presidente nunca ha planeado levantarse de esa gran tramoya montada desde La Habana que le permitirá terminarse de repartir el poder con los asesinos. Por el contrario, este secuestro ha servido para que las FARC y el gobierno aprovechen para hacerse propaganda, darse un baño de popularidad de grandes proporciones, pero sobre todo, les ha caído como anillo al dedo para presionar y chantajear a la opinión pública con la exigencia del cese al fuego “bilateral” o la tregua. Algo que en un país civilizado sería impensable, pero que en Colombia parece cobrar todo tipo de “lógica” que resulta muy conveniente para la organización criminal. Al día siguiente de que el frente 34 de las FARC cometiera el acto atroz, todos sus voceros de civil y sus aúlicos lo exigían. A los pocos, días la misma organización terrorista se atribuiría el plagio del general y sus acompañantes, y ésta alineaba su discurso con el de sus aúlicos. Entonces no fue cuestión de simples coincidencias.

Con la atribución del secuestro por las mismas FARC también se desmentirían las absurdas acusaciones inventadas por la maquinaria santista sobre el saboteo al proceso de “paz” por parte de Uribe y el escenario, tan confuso al principio, se aclararía. El secuestro de un alto mando desencadenaría la presión y el chantaje por un despeje militar en todo el país, es decir, harán de toda Colombia un Caguán donde las FARC sean amas y señoras.

Resultan repugnantes las mentes retorcidas de algunos colombianos que en lugar de exigir la liberación inmediata de todos los secuestrados, no sólo la del general Alzate sino la de todas y cada una de las personas que se encuentran privadas de la libertar por este y otros grupos narcoterroristas, se alinean sin vergüenza alguna con la ideología de las FARC y corren sin escrúpulos a generar cortinas de humo como el saboteo al proceso de “paz” o exigiendo el repliegue de la actividad militar en todo el país. Ellos, que se erigen hipócritamente como defensores de Derechos Humanos, “tolerantes”, “pacifistas” y “libertarios”, abogan por que en Colombia se imponga un régimen del terror del que ellos se lucrarán inescrupulosamente. Desde ya gozan de semejante beneficio.

El secuestro del general Alzate desencadenó chantaje y amenaza al mismo tiempo, como era de esperarse con estos sociópatas. El martes pasado Pablo Catatumbo exigía el cese al fuego “bilateral”, y lo pongo entre comillas porque es más que evidente que las FARC jamás cesarán su accionar terrorista, mientras que amenazaba con que se iban a presentar hechos incluso más graves. Y le creo a Catatumbo, vendrán más. La semana pasada lo demostraron con los disturbios perpetrados por encapuchados en la Universidad Nacional y con el vil ataque al puesto de policía en la isla Gorgona, que por cierto estaba anunciado desde el mes pasado, pero nuestro gobierno negligente no hizo nada para evitarlo reforzando la seguridad con más tropa en tierra, mar y aire. Esta es la forma como las FARC nos está mostrando qué tanto han logrado fortalecerse bajo el gobierno de Juan Manuel Santos.

La liberación del general se convertirá en el típico circo fariano interminable en donde los espectadores y las víctimas son burlados mientras las FARC continúan presionando a la opinión pública cometiendo más actos barbáricos para que estos terminen de doblegar sus mentes sumisas y esclavas del crimen, y así supliquen al gobierno que ceda ante dichas exigencias. Entonces el gobierno entrará en escena haciendo su patético número circense de darles “gusto” a los colombianos y así cumplirles su deseo de hacer la “paz”. Pero no se crean que esto ocurrirá mañana ni el mes próximo por ser Navidad y fin de año. La escalada terrorista va a ser épica y así nos tendrán un tiempo largo hasta que la súplica sea casi unánime. Ya nos lo anunciaban desde el congreso, la paz no se hará a través de referendo. Así será, pues, como el gobierno y las FARC, que son uno solo, llegarán al acuerdo de firmar la “paz”. El desangre de todo un país la traerá y como decía Herbin Hoyos hace un tiempo en un programa de debate: “si se firma la paz, las víctimas habrán valido la pena”.

Así es como se entiende que Santos, en lugar de ordenar un rescate militar, se encarga de presentarnos el show de las liberaciones farianas, con preámbulo y todo. La liberación del general queda condicionada a que se cumpla el despeje militar en todo el territorio colombiano, pero aun así, ni siquiera sometiéndose a eso, hay garantías de que lo liberen ni de que le respeten la vida.

Este escenario no podría ser más tenebroso y grotesco, pero según van las cosas, el barco de la falsa “paz” llegará a puerto, tal como lo ha prometido Juan Manuel Santos.

30 jun 2014

Crimen sin castigo

Por @AdasOz

Luego de la primera victoria de la selección Colombia, y que como consecuencia de las descontroladas celebraciones capitalinas murieran 9 personas y se presentaran en la ciudad más de 3000 riñas callejeras, la administración distrital decidió tomar medidas coercitivas para la capital como prolongar la medida del pico y placa durante todo el día y la ley seca.

Ver a tantas personas apoyando las medidas restrictivas, no sé si desde la ignorancia, de la ingenuidad o directamente desde el deseo de ver la implementación de un sistema represivo con la disculpa barata de proteger a los ciudadanos, es sencillamente decepcionante. Lo que más me inquieta es la condescendencia con ese tipo de medidas que están lejos de solucionar el problema de raíz, las riñas seguirán y es muy probable que siga habiendo muertos como consecuencia de éstas.

Está claro que en la capital, y en el país en general, no sabemos celebrar ni mucho menos beber, pues luego de decretar ley seca y pico y placa en tres o cuatro partidos posteriores, las riñas siguen ocurriendo y por supuesto que la gente sigue muriendo. Me parece grandioso que los fanáticos del fútbol salgan a la calle eufóricos a celebrar un hecho histórico como el que vivimos ahora, y que el que quiera beber alcohol que lo haga donde quiera.

Por supuesto, todo esto debe tener unos límites, porque lo que no se puede permitir es que la libertad individual se traduzca en libertinaje general y entonces se destruya todo al paso. Para ello, operan las autoridades y la ley que son las encargadas de poner orden.

La solución no es restringir las libertades sino trabajar para que la gente aprenda a disfrutar de éstas sin necesidad de llevarla a extremos de los que después puedan arrepentirse. En este caso, las medidas que, en mi opinión, deberían tomarse deben ser de cara a fortalecer la autoridad y de reforzar el pie de fuerza en las calles para que logren controlar las irregularidades que se presenten, y por último, endurecer la ley para aquellos que dejan estragos a su paso, bien sean de carácter material o de vidas humanas, pero sobre todo aplicarla, con el principal fin de hacerle entender a la gente que su reprochable comportamiento traerá como consecuencia un castigo.

Al fin de cuentas, si los colombianos empezamos a ver que la ley y la autoridad son implacables, empezaremos a sentir temor de ser castigados y los desmanes y el descontrol se reducirán de forma efectiva, pero ya sabemos que a Petro esto no le interesa. Nada ganamos entonces pidiendo a gritos la represión si de todos modos seguimos viviendo bajo la misma situación anárquica que ya conocemos.

5 may 2014

Justicia selectiva

Por @AdasOz

Si los bogotanos alguna vez pensaron que la ciudad donde viven no podía caer más bajo que cuando estuvo administrada por Samuel Moreno, se equivocaron. A partir de octubre de 2010 Bogotá cayó en una suerte de arena movediza de la que le está quedando grande salir porque se ve solitaria pidiendo a gritos ayuda, elevando y agitando sus brazos en vano porque al parecer está a merced de nadie.

La elección de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá la sentenció y la condenó a padecer la incertidumbre y la zozobra por pretender “administrar” la ciudad basándose en la misma estrategia mediocre que usaba cuando era congresista: la polémica. Pero es que ninguna ciudad, y menos una tan grande y con problemas tan complejos por resolver como nuestra capital, resiste su estilo populachero y demagógico de “gestión”.

Petro terminó de convertir a Bogotá en un penoso lugar en el que reinan la ausencia casi total y absoluta de la ley y el orden. Y justo cuando el procurador Ordóñez quiso poner algo de orden haciendo buen uso de la ley al destituirlo e inhabilitarlo políticamente con una sentencia bien estudiada, el alcalde elaboró con agilidad y marrulla toda una teatral tramoya para impedir que la orden del Ministerio Público fuera efectiva.

Si entendemos al poder judicial como un brazo jurídico de quien es lo suficientemente poderoso y corrupto para comprarlo y ordenarle impartir justicia a su acomodo o del de un grupo político, entonces se convertirá en una fuente de abusos que servirá únicamente para blindar corruptos y terroristas como Gustavo Petro.

Así, pues, el alcalde destituido e inhabilitado pretende blindarse con las medidas cautelares dictadas por la CIDH manipulando la ley a su acomodo con el único fin de continuar delinquiendo impunemente desde altos cargos del poder, al mismo tiempo que vulnera nuestros derechos ciudadanos. Este megalómano empedernido ha impuesto en la ciudad, amparándose en un grupúsculo de magistrados corruptos que imparten justicia selectivamente, la ley del caos y de la anarquía.

El peligro que esta justicia selectiva supone para la sociedad colombiana es que muchos de los funcionarios públicos que ha destituido el Procurador, si bien lo quisieran, podrían interponer algún recurso parecido al que ha usado Petro con el fin de ser restituidos en sus cargos, pero entonces es ahí donde la justicia deja de existir.

La capital padece las consecuencias de esta justicia selectiva. La inseguridad aumenta día tras día, la suciedad de los andenes y las calles es cada vez más prolífica, las calles siguen rotas, el Transmilenio y el SITP colapsan, la invasión de carriles en la mayoría de las vías, sean de alto o bajo flujo vehicular, ya es descarada, los servicios públicos por las nubes al tiempo que su calidad empeora, y así, podría enumerar un sinfín de problemas producto de la falta de autoridad, del vaivén administrativo al que nos han sometido, tal como bien se menciona en este artículo de El Tiempo, mientras que nuestros impuestos se malgastan en promover la irracional estadía de Petro el narcisista en la Alcaldía de Bogotá.

28 abr 2014

El desprecio de las víctimas

Por @AdasOz

En alguna publicación anterior había manifestado que las víctimas del terrorismo en Colombia no son importantes, y lo reitero sin vacilación. Lastimosamente, aquí quienes cobran protagonismo e importancia son los que causan dolor y una profunda tristeza en cada hogar colombiano, mientras que las víctimas, que no son pocas, pasan a un segundo plano. Son despreciadas por los altos gobernantes y por los medios, logrando que la sociedad civil se olvide de ellas. Tanto es así, que la rodilla de Falcao tiene mucho más espacio en los medios que las masacres que se cometen a diario contra la fuerza pública en diferentes puntos del territorio nacional.

Ejemplos hay muchos, como el ataque con ácido que sufrió una mujer de clase media-alta de Bogotá el mes pasado. No es que esto no me parezca atroz, claro que es despreciable, pero mientras el presidente Juan Manuel Santos se pronunció contra éste, en los confines de nuestro territorio las FARC masacran soldados y él calla de manera cómplice, no vaya a ser que incomode a sus socios que viven como reyes en La Habana y se eche a perder el jugoso botín que les traerá como resultado la claudicación forzada del Estado colombiano.

Fijémonos en el desdén que le produjo al presidente el crimen atroz del líder de desplazados Jesús Adán Quinto, a quien el gobierno le había reducido al máximo su esquema de seguridad, a pesar de las múltiples amenazas que tenía por parte de las FARC. Sin lugar a dudas, la complicidad de Santos es evidente, porque como presidente, uno de sus deberes constitucionales más importantes es el de proteger la seguridad de los colombianos. A Adán Quinto se la negó y lo mataron. Su muerte estaba anunciada.

El de Adán Quinto, así como el de los policías, militares y civiles, serán crímenes que se borrarán de la conciencia de la mayoría de los colombianos sencillamente porque no existe rechazo ante semejantes atrocidades. Más aún, si quien representa al Estado los desprecia de la forma como Juan Manuel Santos lo hace:
¿Qué me preocupa? Pues que comentan un acto de irracionalidad que vuelva imposible continuar, un atentado a una figura importante, algo que haga realmente explotar en mil pedazos el proceso.
Es decir, que todas las víctimas que han dejado las FARC todos estos años, especialmente los que llevan negociando con Juan Manuel Santos, según su parecer, se justifican, así como todos los ataques terroristas le resultan racionales porque sin éstos no se podría avanzar en los acuerdos de La Habana. Estas lamentables declaraciones del presidente me recuerdan a las que dio Herbin Hoyos en un programa de debate hace un tiempo, cuando dijo que si se llega a hacer la “paz”, las víctimas habrán valido la pena. Es vergonzoso que ninguno despierte la más mínima señal de rechazo entre los colombianos. Quizás esa apatía es la que nos tiene condenados.

El desprecio de las víctimas es tal, que para el presidente hay muertos de primera y de segunda. ¿Quién es realmente importante para él y para las FARC para que el proceso explote en mil pedazos? ¿Y quién hace escándalo ante semejante atrocidad pronunciada por nuestro presidente? ¡Nadie! Los medios callan, tapan y hasta maquillan la canallada a la espera de su porción diaria de la mal llamada mermelada, mientras que los colombianos comunes lo dejamos pasar inadvertido sin darnos cuenta de que al hacerlo estamos admitiendo que nuestra vida no vale nada y que podemos dejarla a merced de su macabro plan de claudicación. Hablando claro, nos estamos sometiendo sin oponer ningún tipo de resistencia.

La vida de todos y cada uno de los colombianos debería ser valorada y respetada, tal como lo manda la Constitución, pero ya el presidente nos lo ha dicho claramente, aquí todos somos ciudadanos de segunda y debemos arrodillarnos ante nuestros victimarios y aceptar que lleguen a ocupar importantes cargos públicos, porque si oponemos resistencia, nos seguirán masacrando en nombre de la “paz”. En cambio, cuando ocupen el poder, también lo seguirán haciendo. La barbarie continuará.

Juan Manuel Santos es tan cínico, que hace campaña política por su reelección con cientos de muertos a sus espaldas, víctimas de segunda, tal como él mismo las ha catalogado. Es hora de hacernos respetar y de respetar la memoria de todos los que han muerto por el terrorismo impuesto desde Cuba, antes y después de este fatídico proceso. Estamos a tiempo de enmendar el error cometido hace cuatro años e impedirle la reelección, porque como dice el refrán, al perro no lo capan dos veces.

31 mar 2014

¿Quién es el nuevo alcalde encargado?

Por @AdasOz

Hace menos de dos semanas Juan Manuel Santos tomó la decisión de nombrar a Rafael Pardo como el nuevo alcalde encargado de Bogotá y al parecer, ya muchos bogotanos están maravillados con él.

Sin embargo, siento desilusionarlos, pero es evidente que el que se encuentra detrás de la noticia de que el ministro Rafael Pardo asumiera su segundo cargo como alcalde encargado, es el presidente Juan Manuel Santos, y no por el hecho de que constitucionalmente él debía tomar una decisión frente al caso de la destitución de Gustavo Petro, sino porque nuevamente vuelve a encontrar en Bogotá un trampolín para hacer politiquería y ganarse simpatías y unos cuantos voticos entre la torpe ciudadanía capitalina. Más allá de ver al ministro-alcalde tomando el mando de esta caótica ciudad, yo veo que el presidente-candidato es el nuevo alcalde encargado de esta ciudad de muchos y a la vez de nadie.

Habiendo expuesto lo anterior, el ministro-alcalde maravilla llegó a ocupar su nuevo cargo con las pilas bien puestas y siguiendo, por supuesto, los lineamientos que a Santos le convienen, no tanto por querer hacer de Bogotá una ciudad menos insegura, caótica y anárquica, sino porque esta oportunidad le cae como anillo al dedo al presidente-candidato para reelegirse.

A pesar de haber asegurado que le dará continuidad al plan de gobierno de Petro, es evidente que mientras Rafael Pardo esté como alcalde encargado de la capital, pondrá en marcha muchos proyectos y planes que el recientemente alcalde destituido e inhabilitado había archivado porque no eran de su interés. El plan del presidente-candidato en conjunto con su ministro-alcalde consta de cuatro puntos fundamentales: seguridad, movilidad, vivienda y salud. Todo un plan maravilloso que tiene desde ya deslumbrados a unos cuantos bogotanos incautos.

Santos, pues, se nos presenta como el redentor de esta maltrecha ciudad, víctima de pésimas administraciones. Pero no nos olvidemos que fue él mismo quien definió la estrategia electoral para que Gustavo Petro resultara elegido como nuestro alcalde hace dos años y medio. Ahora que lo ha destituido, el mismo presidente admite que tiene un interés especial en Bogotá y de frente y sin vergüenza alguna nos confiesa que éste es de índole electoral:
“No obstante, el interés también es electoral. Si bien los votantes de la capital del país son más libres que en otras regiones, la decisión que tomen de cara a las presidenciales podría inclinar la balanza en las elecciones presidenciales del 25 de mayo.”
Así que los bogotanos estamos más que advertidos: nuestra ciudad no es más que un as bajo la manga del presidente-candidato para ganarse la simpatía de los capitalinos quien confía en que esto le ayudará a reelegirse para un segundo mandato. Y como no todo lo que brilla es oro, es muy probable que todas estas promesas sean falsas y se queden en el aire una vez Juan Manuel Santos logre quedarse cuatro años más en la Casa de Nariño. Ejemplos de falsas promesas del presidente tenemos a granel, o si no pregúntenle a los habitantes de Gramalote sobre la reconstrucción de su pueblo, o a los nueve millones de votantes que lo llevaron a la presidencia en 2010, a ver si votaron por ver a Timochenko y a Márquez legislando desde La Habana.

Desconsuela mucho ver que Bogotá continúa siendo un trampolín electoral y que es usada por los políticos corruptos como una mujer de la vida alegre para ver cumplidos sus objetivos particulares. Bogotá sigue sin tener su proyecto de desarrollo a futuro, por lo que veo muy difícil que ésta cambie en el mediano o en el largo plazo, a menos que los bogotanos empiecen a tomar consciencia y se comprometan con su ciudad y comiencen a exigirle a sus gobernantes por un mejor proyecto de ciudad duradero en el tiempo.

24 mar 2014

Más allá de la destitución de Petro

Por @AdasOz

En el caso de la destitución e inhabilidad de Gustavo Petro el derecho le ganó a la leguleyada. Por fin, y luego de varios meses de intentar ponerle trabas, la decisión del Procurador Ordóñez tuvo que ser acatada el pasado 19 de marzo cuando el presidente Juan Manuel Santos decidió no tomar en cuenta las medidas cautelares en favor del exalcalde solicitada por la CIDH.

Estoy convencida de que Petro se sintió muy confiado en Santos y entonces le contó abiertamente su retorcido plan para quedarse atornillado en la alcaldía hasta el final de su período. No cabe la menor duda que su interés era, como siempre lo ha sido, burlar la ley para poderse salir con la suya y desde el Palacio Liévano, hacer y deshacer con lo que aún queda de la maltrecha Bogotá.

Pero con lo que no contó el exalcalde era con la astucia del presidente, quien en mi opinión, vio la oportunidad perfecta para ganar alguna que otra simpatía entre los bogotanos inconformes con la, como es bien sabido, cuestionada labor de Petro, y por qué no, con unos cuantos colombianos indecisos. Por supuesto, esta vez la Constitución sí se ajustaba perfectamente a sus propósitos individuales y como “buen” ciudadano que es, la acató. Le sirve para hacer campaña reeleccionista. No en vano, semanas antes cuando nombró a Germán Vargas como su fórmula presidencial, lo puso a bravearle al hoy exalcalde de Bogotá.

Ya destituido e inhabilitado para ejercer cargos públicos, el exalcalde deliró un insufrible discurso desde el acostumbrado balcón del Palacio Liévano en el que dijo que haría campaña a favor de una Constituyente. Por supuesto, ahora ya no le vale la Constitución que su socio del Cartel de Medellín impuso a punta de bombas, porque ésta, la misma que lo llevó de rematar soldados en el monte a ocupar cargos públicos, el 19 de marzo lograba sacarlo del escenario político en Colombia. Pero además, es la oportunidad perfecta para promover la Constituyente que tanto ha promovido la embajadora del terrorismo fariano, Piedad Córdoba, y que las mismas FARC están exigiendo desde la inmerecida comodidad de la que gozan en La Habana gracias a Santos. A su vez, al hacer campaña por la Constituyente fariana, el ahora activista Petro, logra mantenerse fresco y vigente en el ambiente político de Colombia.

Pero lo que más preocupa de ese activismo del exalcalde destituido e inhabilitado, es que tomará provecho de su desocupación para conformar milicias urbanas en diferentes ciudades del país. Y digo que será en otras ciudades porque siempre lo he sostenido y me mantengo firme en la hipótesis de que Petro ya las tiene conformadas en Bogotá. No en vano ya he mostrado en otras publicaciones cómo en la capital han venido apareciendo sistemáticamente banderas del M-19 y dibujos de la cara de Carlos Pizarro León-Gómez, especialmente en el centro de la ciudad, cerca de la sede principal de alcaldía. La prueba reina, es la creación del Colectivo Marcos Pachón, que abiertamente reivindica al terrorista y a su grupo, en el que también militó Gustavo Petro y del cual parece no desligarse.


El 20 de marzo, cuando todavía no amanecía en Colombia, escuché en el noticiero de la FM de RCN (audio que no encuentro, pero agradecería que algún lector buenamente lo publicara en caso de encontrarlo) decir que la dirección del Partido Progresista le montaría una oficina a Petro en el sur de Bogotá en la que se dedicaría específicamente a promover, como ya lo mencioné, la Constituyente y también protestas campesinas. Si estas últimas van a ser como la protesta campesina de finales de agosto del año pasado, entonces no me cabe la menor duda de que no es gente del campo protestando sino milicianos de su colectivo vandalizando las ciudades, cuyo principal propósito es generar caos y despertar el terror en los ciudadanos. Algo muy parecido a lo que hizo Chávez en el barrio 23 de Enero en Caracas para adoctrinar y armar gente. ¡Muy peligroso!

Entonces, el círculo vicioso y enfermizo del perdón y el olvido nos cobra factura, ¡y bien cara! El reconformado grupo terrorista podría volver al ruedo con sus otrora conocidos asesinatos, secuestros y demás “simpáticos” crímenes que solían cometer, pero ahora con partido político propio y con fuertes representantes en la política colombiana como Antonio Navarro y por qué no decirlo, Everth Bustamante.

Petro es el mejor ejemplo que podemos tener los colombianos para oponernos rotundamente a los diálogos con las FARC, porque él refleja claramente lo que nos podría suceder si Santos logra “culminar la tarea”, tal como le gusta llamar a esa vil canallada. El lugar de los terroristas no es el Congreso ni la alcaldía ni mucho menos la presidencia, sino un estrado judicial donde rindan cuentas al país por sus crímenes, y luego de ser juzgados, entonces paguen penas directamente proporcionales a la atrocidad de sus crímenes.

10 mar 2014

¿Hay democracia en Colombia?

Por @AdasOz

Esta es una importante reflexión que todos los colombianos debemos hacer ahora que acabamos de enfrentar la primera jornada electoral del 2014 y que el Centro Democrático, partido del expresidente Uribe, se llevó el segundo lugar con 20 curules. Esto es importante dado que su estrategia principal consistía en arrasar en esta jornada electoral para hacerle fuerte oposición desde el parlamento al proyecto de claudicación del Presidente Juan Manuel Santos, apoyado por el castrochavismo.

Desde el momento en que el Centro Democrático se posesionó en el primer lugar, la tendencia fue siempre en ascenso y la diferencia con el Partido de la U, que siempre fue de segundo, nunca fue de mayor ventaja (la máxima fue de 200.600 votos en el 20 boletín de la Registraduría). Pero a partir de entonces, y pese a que el Centro Democrático continuó por un tiempo más en el primer lugar, el comportamiento cambió y la tendencia en el número de votos para el partido uribista comenzó a descender y el Partido de la U le recortaba ventaja.

Entonces sucedió lo que muchos temían: Al llegar el 28 boletín de la Registraduría, el Partido de la U le recortaba la ventaja al Centro Democrático en 20 curules contra 21, y para el siguiente, no sólo lo superaba en cantidad de votos sino también en cantidad de curules, y a partir de ahí, el partido del expresidente Uribe se estancó dándole ventaja al partido de Santos.

El siguiente gráfico elaborado por el twittero @Yobusgo nos muestra más claramente el cambio en la tendencia según se daban los boletines:


Sin duda alguna, y pese a haber quedado en el segundo lugar en el Senado, el Centro Democrático tuvo un muy buen resultado, pero a mi modo de ver, al no haber logrado una ventaja sobre el partido de Santos y teniendo en cuenta que éste ha logrado por medio del soborno echarse al bolsillo a otros partidos para conformar la peligrosa Unidad Nacional, el camino que tiene todavía por recorrer es arduo y espinoso, y debe prepararse para enfrentarlo si es que quiere lograr los resultados esperados tanto en el Senado como en las próximas elecciones presidenciales.

Desde que se hizo evidente la traición de Santos he oído a muchos uribistas, muy confiados en la popularidad de su líder, diciendo que la verdadera contienda se da en las urnas. Pero desde mi punto de vista esta posición no sólo refleja exceso de confianza sino de comodidad rayana en lo infantil, lo cual les impide exigir una oposición más vehemente, de más acción e impacto y que abarque desde el discurso hasta actos públicos que muestren el rechazo a Santos, a las FARC y a lo que sucede en La Habana. El mejor ejemplo está en Twitter, en donde se logra posicionar una tendencia uribista, lo que se refleja perfectamente en la vida cotidiana como en las fallidas marchas que convocan, etc.

¿Se imaginan si, además de la fuerza electoral que mueve Uribe le sumamos demostraciones masivas de protesta antes de que suceda una debacle? Personalmente pienso que el impacto sería mucho mayor, pero no, mejor dejémosle a los expertos en la protesta esa tarea, o sea a toda la izquierda afín al terrorismo, y mejor demos la contienda en las urnas. Por supuesto, eso es válido en una situación electoral normal, pero con Santos en la cabeza del poder, aliado con las FARC y el castrochavismo, que a su vez puede financiar un fraude gracias al negocio del narcotráfico, no se puede ir tranquilo con tan sólo una contienda electoral. Para poder ganarle al enemigo hay que saberlo conocer y me parece que a Santos todavía se le desconoce, y lo peor, se le subestima.

Santos sabe que no está solo, pues tiene a más de un partido en el bolsillo gracias a la componenda. Su frágil popularidad se convierte en una preocupación menor porque sabe que cuenta con toda la maquinaria necesaria para comprar conciencias, tiene a los medios más influyentes de su lado y los nombramientos ministeriales y de otros cargos que antes ni siquiera existían le aseguran apoyos que jamás conseguiría por sí solo. Sumado a esto, la trampa de la propaganda electoral cuyo propósito más importante es el de confundir al elector, lo convierten en una bomba de tiempo.

El partido de Uribe es sin duda una fuerza política, pero no puede bajar la guardia porque está dando la pelea solo y según veo el escenario, si no se avispa a buscar alianzas con otros partidos que le resten poder a Santos, no solo le resultará muy difícil hacer oposición desde el Senado sino que las elecciones para presidente serán prácticamente predecibles con un resultado muy negativo para Colombia. No hay que desestimar las palabras del Presidente: “Fue un gran día para la coalición de la paz” […] "es una señal para el país y el mundo en que la inmensa mayoría de los colombianos queremos la paz" […] “hoy dimos un paso importante". No sé por qué, pero después del resultado de las elecciones parlamentarias veo al presidente triunfante. Lo cual es preocupante.

Al Centro Democrático le toca seguir trabajando, trabajando y trabajando sin excesos de confianza y con una estrategia clara que siga poniéndole obstáculos al ascenso del castrochavismo en Colombia.

3 mar 2014

Detrás de la fuga, la estrategia

Por @AdasOz

Con la reciente incorporación de alias Fabián Ramírez al equipo negociador de las FARC en La Habana, Cuba, se confirma que la sospecha de que el golpe militar perpetrado contra alias Alfonso Cano convenía tanto a Santos como a los integrantes de las FARC que sí estaban dispuestos a negociar.

A Santos le convenía dar de baja a Cano por dos razones principales: la primera, que era entonces la obvia y por la que muchos colombianos lo elegimos como presidente, porque mostraba continuidad en la política de la seguridad democrática, y la segunda, que se jugaba por debajo de la mesa a espaldas de todos los colombianos, y que a su vez le daría esperanzas de poder celebrar el más aberrante acto de traición contra Colombia al pretender negociarla con la organización terrorista.

Puede ser muy cierto que la baja de Cano haya despertado reacciones dentro de la organización terrorista, pero no cabe duda de que Santos sabía que la salida más fácil para cumplir con su oscuro propósito era quitarlo del camino para así convencer a los demás cabecillas de sentarse a negociar. Entonces, el presidente fue rápido y astuto con las FARC, logrando convencerlos sin mayor resistencia a negociar, con la extraordinaria garantía de celebrar el evento fuera del territorio nacional. Esto demuestra que su plan había sido milimétricamente calculado, no improvisado, quizás desde hacía un tiempo atrás.

No es mi intención restarle mérito a la excelente labor del ejército, ni mucho menos, pero ya que Santos ha demostrado que nada le importa más que sus propios intereses, es muy probable que ninguno de los que ejecutaron la operación tuvieran conocimiento sobre el verdadero propósito del presidente, quien no es fiel a la Constitución ni a las leyes colombianas y que traiciona al ejército sistemáticamente.

Si eventualmente existieron diferencias dentro de la organización terrorista FARC, sin duda en algún punto se han ido limando, y con el traslado de alias Fabián Ramírez hacia La Habana para integrarlo al grupo de negociadores esto se hace más evidente, o al menos es la imagen que ahora intentan venderle al país. Pero además, su presencia en la isla es importante al menos por dos razones: la primera, porque el punto que actualmente se negocia es el del narcotráfico, tema álgido en las negociaciones, dado que el interés de la organización terrorista es despenalizarlo y Fabián Ramírez es quien mejor conoce el negocio.

La segunda razón es que las FARC podrían estar necesitando un cambio de estrategia en su accionar terrorista para que sus atentados sean menos evidentes, despisten a las autoridades y puedan pasar como actos de cualquier otra BACRIM, con el fin de mejorar su imagen ahora en tiempos de elecciones, para lo cual alias Fabián Ramírez resultaría muy útil al transmitirle ese mensaje a los milicianos del frente sur. Ambas razones convergen en que la imagen que estarían mostrando las FARC es de unión y cohesión. ¿Qué más importante para Santos y su reelección y para conseguir apoyo para el proceso de claudicación que esto último?

Una vez más, el presidente juega el papel de redentor para los cabecillas más peligrosos de las FARC con el único propósito de no dejar hundir el barco que llevará a Colombia directamente al abismo donde hoy se encuentra Venezuela.

24 feb 2014

La máquina de la corrupción

Por @AdasOz

De la alcaldía del adalid de la “anticorrupción” Gustavo Petro ya nada sorprende. Al parecer, para este “prócer” no existen límites legales y por eso usa el libertinaje para hacer lo que le viene en gana con la ciudad y con nuestro dinero.

Para nadie es un misterio que la administración del señor Petro ha sido un escándalo de principio a fin, así él se empeñe en negarlo todo y en acusar a sus opositores de conspirar en su contra. Sin embargo, todos los señalamientos que se le hacen tienen un fundamento una razón y una prueba, tanto, que el proceso de revocatoria no fue puesto en marcha en vano pese a todas las trabas que evidentemente se le han puesto, y lo mismo sucede con la sentencia que destituye e inhabilita políticamente al alcalde dictada por el valiente Procurador Ordóñez, a pesar de haber sido desobedecida.

De alguna u otra manera Petro se las ha ingeniado mañosamente para evitar un escándalo de corrupción por las contrataciones irregulares que se vienen presentando desde que asumió su cargo como alcalde de la capital. A lo que me refiero es que el carrusel de las contrataciones no se detuvo tras la destitución de Samuel Moreno sino que continuó, pero con diferentes sujetos. Para nadie es un secreto que Gustavo Petro, copartidario de Moreno, lo apoyó abiertamente en su campaña a la alcaldía y además se asoció con los Nule para las elecciones presidenciales de 2010.

La más reciente denuncia sobre la ilegalidad en el contrato de la máquina tapahuecos para las vías bogotanas es una evidencia más de la descarada corrupción que sigue padeciendo la administración bogotana, pero no pasa nada. El alcalde es intocable porque es víctima de conspiraciones que solo existen en su cabeza, y por parte de los bogotanos, no parece haber una reacción contra todo lo que sucede. Al contrario, parece que disfrutaran del caos, de la anarquía y de la inseguridad.

Según la denuncia, la empresa a la que fue adjudicado el contrato estaba recién creada, su capital inicial es de cinco millones de pesos y aun así firmó un millonario contrato de 12.000 millones de pesos. El representante de dicha empresa en Colombia es un fugaz personaje de la farándula criolla, por lo que da la impresión que la firma del contrato puede estar relacionada más con un favor del alcalde a cambio, quizás, de conseguir algún tipo de apoyo en su lucha por atornillarse en el cargo. Claro, es la impresión que me da a mí como espectadora, pero mis suposiciones tendrían que ser probadas.

Es que despierta muchas sospechas que la naturaleza del contrato haya sido cambiada con el único fin de poder celebrar una contratación directa con una empresa que apenas había sido creada y que no prestaba un servicio novedoso ni exclusivo, características que deben cumplirse para poder celebrar contratos directos con el distrito.

Como si fuera poco, y no siendo suficiente el detrimento patrimonial que supuso para la ciudad las irresponsables declaraciones del alcalde antes de asumir su cargo sobre la fusión de las empresas de servicios públicos, luego salió con la “genialidad” de reducir las tarifas de Transmilenio, decisión que le ha costado a la ciudad un hueco fiscal de más de 46 millones de pesos y ahora, como si no fuese suficiente, vuelve a repetir la “genialidad” con el contrato de la máquina para tapar huecos, ya que el material que ésta utiliza se encuentra por encima al menos unos 300 mil pesos, comparada con lo que cuesta la mezcla tradicional de reparcheo.

No estoy siendo exagerada ni extremista. Quitándole de encima su prontuario terrorista y con todo su listado de “genialidades” en estos años como alcalde, ya era hora de que Gustavo Petro hubiera corrido la misma suerte de su colega Samuel Moreno, pero por alguna razón ha logrado evadir la ley flagrantemente sin que nada escale a los estrados judiciales. Bueno, está la sentencia del Procurador, que cogió literalmente de papel higiénico.

Que Bogotá haya descendido en el ranking mundial de calidad de vida no sorprende, ¿o sí?

El mensaje que Petro nos está mandando a todos los colombianos habla por sí solo en este preciso momento en que el presidente Juan Manuel Santos se empeña en “cambiarle a las FARC las balas por votos”, y es precisamente ahora que debemos entenderlo claramente. En el momento en que se indultan criminales éstos no sólo legitiman sus crímenes sino que se vuelven intocables ante la ley y se creará el escenario perfecto para que sean ellos quienes nos sometan a una tiranía como la que vive hoy Venezuela. Estoy convencida de que nos falta mucho para salir del estado de comodidad en que vivimos, y así como están las cosas, veo muy difícil que llegue fortalecida la oposición a las urnas.

17 feb 2014

Solidaridad con Venezuela

Por @AdasOz

El miércoles de la semana pasada pasé por el consulado de Venezuela en Bogotá al menos unas dos veces. La primera vez que lo hice fue durante la congestión vehicular usual de la hora pico en la ciudad, y mientras por allí me acercaba, alcancé a divisar un grupo no muy grande de venezolanos que desde la diáspora se manifestaban contra el régimen castro-chavista y clamaban por la libertad de su país. No marchaban y no hacían ruido. Su única intención era plantarse frente al consulado con pancartas enormes acompañados de la bandera de siete estrellas en señal de protesta contra el régimen implantado por el difunto Hugo Chávez, ahora heredado por Nicolás Maduro.

Mi sorpresa no fue haberme encontrado con aquel puñado de manifestantes. Al contrario, sentí una gran alegría al ver el plantón. El compromiso que han adquirido los venezolanos dentro y fuera de su país para liberarse de ese régimen es ejemplarizante, especialmente para Colombia ahora que nuestro presidente está empeñado en entregarnos de lleno a los hermanos Castro, los mismos que han invadido Venezuela en los últimos 15 años de chavismo.

Mi sorpresa fue, más bien, haber pasado por ahí y no haber oído a ninguno de los carros que bien despacio pasaban por allí manifestar siquiera un ápice de simpatía por la causa de los venezolanos. La única que hizo sonar la bocina, tomó fotos y gritó: “¡Ánimo, Venezuela!”, fuimos la persona que me acompañaba y yo. Para los demás, los manifestantes parecían ser invisibles. La respuesta de los venezolanos ante mi escándalo fue increíble pues comenzaron a gritar animados mientras yo me quedé conmovida y con una sensación de impotencia y tristeza enormes al ver la apatía en la que estamos sumidos los colombianos. Nada nos toca y nada nos importa. El mundo puede caerse a pedazos alrededor nuestro, pero nadie está dispuesto a sacrificar su zona de confort y mientras no nos veamos obligados a renunciar a ésta, no lucharemos por nada distinto a nuestro bienestar individual.


En ese instante corroboré que consciente o inconscientemente los colombianos estamos deseando caer en la misma desgracia que hundió a Venezuela desde hace 15 años. La indolencia y la falta de oposición seria nos están conduciendo por el mismo camino oscuro en que se metieron los venezolanos y del que parecen apenas estar liberándose. Ojalá este sea el principio del fin del régimen castro-chavista no sólo en Venezuela sino en toda América Latina.

Lo que hace 15 años los venezolanos no intuyeron, hoy lo están pagando con creces y sólo hasta ahora están empezando a despertar saliendo a las calles a manifestarse masivamente. Ya han tocado fondo y es muy posible que estos plantones sienten el precedente para ponerle fin a la invasión cubana y al régimen del odio que impuso Chávez y que hoy prolonga y empeora Maduro. La lucha por la libertad será larga, pero quizás no tan costosa como ha resultado hasta ahora la imposición del régimen del terror.

En Colombia deberíamos ver a Venezuela como un eventual espejo, y ahora más todavía, cuando Juan Manuel Santos está empeñado en negociar las leyes del Estado con los terroristas financiados por el castro-chavismo, quienes él descaradamente denomina como los “garantes” del proceso de claudicación que se adelanta en La Habana y a espaldas de toda Colombia. Esto último sienta un precedente importante y debería encender las alarmas de todos los ciudadanos pues estaríamos repitiendo la historia del país vecino y ésta sí está más que anunciada.

Es importante entender que lo que sucede en Venezuela afecta a Colombia directamente, por lo que ver lo que está sucediendo en el país vecino como un hecho aislado es un gravísimo error que probablemente pagaremos muy caro. Por eso es importante que nos solidaricemos con la causa de los estudiantes venezolanos, que los apoyemos como países hermanos, como naciones que están interconectadas en lo político, social y económico, ya que nuestro futuro depende mucho de lo que suceda allí. Si cae el régimen chavista en Venezuela, el de Cuba se verá en crisis y es muy probable que Colombia se salve de ser una república socialista bolivariana más, liderada por sociópatas que se han dedicado infundir el terror desde mediados del siglo pasado.

Recordemos que los venezolanos han sido solidarios con nosotros los colombianos y que ellos también marcharon al mismo tiempo que nosotros lo hicimos cuando salimos a decir “NO MÁS FARC”.

10 feb 2014

Nueva traición a las Fuerzas Armadas

Por @AdasOz

Un servicio de inteligencia tiene como principal finalidad obtener información para procurar la defensa del Estado, y para cumplir dicha misión se requiere mantener la estricta prudencia y reserva en todas las investigaciones que la agencia especializada se encuentre adelantando. Todo lo anterior en cualquier otro país diferente a Colombia es aceptado por toda la ciudadanía, que entiende que en gran parte de ello depende su seguridad. Sin embargo, como ya lo he mencionado en otros escritos, el nuestro, es un país sui géneris en donde todo lo que represente el orden es cuestionable y reprochable. Es que no le hacemos honor ni al escudo, es sencillamente increíble.

Mientras que Uribe fortaleció las Fuerzas Armadas e invirtió en inteligencia militar, sin lo que no hubiese sido posible darle los más duros golpes a las FARC, su sucesor, Juan Manuel Santos se ha dedicado a hacer todo lo contrario. Justo al inicio de su mandato ordenó desmantelar el DAS y de ahí en adelante los golpes militares contra el terrorismo han sido de menor impacto, al mismo tiempo que la tropa se desmoraliza por la falta de apoyo del Jefe del Estado y por la negociación de nuestras leyes en La Habana.

Las “chuzadas” se han convertido en el caballito de batalla de la extrema izquierda para deslegitimar las instituciones del Estado generando polémica sobre una necesidad tan básica como la seguridad de todo el territorio nacional y ahora, en época de campañas electorales, no serán la excepción.

Curiosamente, hace un par de semanas estuve conversando con una persona que sabe bastante sobre inteligencia militar y me explicó muy por encima cómo se llevan a cabo. En efecto, me comentaba que todas estas operaciones son de alto riesgo y muy delicadas, por lo que a los participantes se les protege su identidad. Si algo sale mal, es que el objetivo no se cumple, y pueden hasta perder la vida.

Cuando en los días pasados la revista Semana nos revelaban un nuevo “escándalo” de “chuzadas” y los demás medios de comunicación reproducían esta noticia condenando la labor de las Fuerzas Armadas como si lo que pasara en La Habana fuera legal, recordé mucho la conversación que menciono y mi lógica empezó a decirme que tras esa noticia había una mala intención justo en plena época preelectoral. Me pregunté entonces cómo pudo ser posible que Semana se haya podido enterar de algo tan secreto y privado del Estado. ¿Qué pudo haber salido mal para que al final terminara en manos de un medio de comunicación?

Es evidente que los medios están alineados con el propósito del cogobierno FARC-Santos y por eso le hacen propaganda al proyecto de claudicación en La Habana. Casi todos en su mayoría salieron a condenar al ejército por dicha labor sin haber primero comprobado que lo que se llevaba a cabo en la casa de Galerías fuera ilícito, así como tampoco pudieron ocultar sus ansias por inculpar a Uribe de ser el principal receptor de la información resultante de las investigaciones. Por supuesto, ningún enmermelado quiere que el atraco de La Habana cese y sin medir las consecuencias futuras que éste genere, porque sus intereses particulares están por encima de los de todos los colombianos y por eso nadie cuestionó al fiscal de bolsillo, Montealegre cuando dijo que se pudo haber violado la intimidad de las personas investigadas. Pero resulta que los asuntos que se tratan en Cuba no son privados sino públicos, porque allí se decide el "no futuro" de nuestro país.

Al final de cuentas el presidente Santos se contradijo, como ya es usual en él. Se lavó las manos como buen cobarde y lo que un día condenó, al día siguiente salió a decir que toda la operación era lícita, no sin antes permitir que se revelara la identidad de dos de los altos militares que la lideraban para luego destituirlos. De ser cierto que ambos militares participaron en la Operación Jaque podría tratarse de una venganza de parte de las FARC y Santos estaría cumpliendo órdenes desde La Habana.

Toda esta infamia ocurre en una época decisiva para el país, en la que bien decidimos que cambiamos el rumbo acelerado hacia el abismo, o definitivamente nos dejamos llevar hasta él y caer en caída libre sin paracaídas. No les quepa la menor duda, Santos está tranquilo y confiado porque mientras él desmantela las instituciones que nos brindan seguridad, toma ventaja de las peleas internas del uribismo para aferrarse al poder y así podernos entregar de lleno a la dictadura cubana como Chávez lo hizo con Venezuela.

27 ene 2014

Para los atentados las lesiones

Por @AdasOz

“La gran preocupación de Colombia en este momento es la lesión de Falcao.” Éstas, estimados lectores, no fueron palabras mencionadas por José Pékerman sino por el mismo presidente de la República, quien claramente pretende restarle importancia a los constantes ataques terroristas de las FARC. En resumen, que a los colombianos nos maten no es importante siempre y cuando nos aseguremos un puesto importante en el mundial. ¡Cuánto cinismo el de nuestro presidente!

En tiempos en los que las FARC arrecian contra la población civil y la fuerza pública, a Juan Manuel Santos le preocupa sobremanera la lesión de un futbolista de la selección Colombia. Es decir que la mayor preocupación del Jefe de Estado es que el resultado que el equipo que nos representará en mundial de fútbol de Brasil sea lo suficientemente satisfactorio como para que nos olvidemos de la grave situación que se vive internamente gracias a su alianza con el crimen organizado. Si los medios y los políticos reciben sobredosis industriales de mermelada, los ciudadanos recibimos dosis alarmantes de sedantes y anestesia.

Así, pues, quedaron todavía más en evidencia cuáles son las prioridades de este gobierno pusilánime y para la muestra, están todos los medios de comunicación que se desbordaron de manera exagerada a cubrir la noticia del delantero, mientras los atentados terroristas y las víctimas que éstos generan siguen quedando en un segundo y tercer plano, en el olvido más despreciable. Es inaceptable la pasividad de los colombianos ante el exceso de información sobre una noticia que no tiene tanta trascendencia al mismo tiempo que nos conformamos con la falta de información más descarada sobre los asuntos que nos afectan a diario.

En nuestro país no se desaprovecha la oportunidad para adormecer a la opinión pública, bien sea con un evento deportivo, un reinado de belleza, o cualquier noticia farandulera. En cualquiera otro, éstas serían noticia casi de segundo plano. Un mundial es intrascendente, pero la vida y la seguridad de los colombianos son la prioridad y aquí no hay quién nos las garantice, pues los valores están invertidos.

Este gobierno postizo y mentiroso es un vomitivo que está, nuevamente, jugándose todas las cartas de la baraja para quedarse en la presidencia por un período más dándole ventaja política y territorial a las FARC, mientras en su campaña reeleccionista los encubre sin vergüenza alguna. Definitivamente hace falta un candidato que se acerque a la ciudadanía, esa que padece a diario la creciente inseguridad, a escucharle sus inquietudes y temores, para que vuelvan a sentirse importantes en la vida política, social y económica del país. ¿Será que de aquí a mayo sí aparece alguno que sea capaz de hacerlo y que al menos parezca espontáneo?