19 feb. 2013

El silencio de la paz



Por Jaime Castro Ramírez

Los pueblos tienen un derecho adquirido con característica de privilegio, y es el derecho a ser informados por parte de los gobernantes de turno. No se trata entonces de una acción voluntaria, ni de una concesión otorgada por el poder, es absolutamente una obligación,   pues el origen del poder es la política, pero el origen de la política es el pueblo, lo cual significa que posee la facultad del poder primario, solo que lo delega en un representante de la sociedad que adquiere la condición de gobernante.

En consecuencia, se puede deducir que en una democracia el orden jerárquico se establece a partir del primer peldaño en importancia que le corresponde al pueblo, de donde proviene entonces la razón de ser del derecho propio a ser informado.

En este escenario solo puede actuar la obligación con la lealtad ciudadana que elige al gobernante, y la obligación en el cumplimiento de los compromisos con la patria. Esta clase de obligaciones no dejan espacio para el silencio premeditado que oculta la rendición de cuentas a la sociedad, pues la audacia del silencio solo conlleva a la instancia de la duda.

Es parte de los lineamientos de la filosofía política interpretar que así como un gobernante se debe a su pueblo, el pueblo requiere y exige que el gobierno acate puntualmente sus responsabilidades con la sociedad y con el Estado.

La paz que se negocia en Colombia
El pueblo colombiano observa con sustantiva preocupación las condiciones en que se desenvuelve el proceso de paz que el gobierno Santos negocia con las FARC en Cuba, y justamente por falta de información de parte del gobierno. Esta preocupación ciudadana se inició desde el mismo momento en que se tuvo conocimiento de que hacía más de 6 meses que el presidente de la república Juan Manuel Santos había autorizado ‘contactos secretos’ en Cuba entre representantes del gobierno y miembros de este  grupo terrorista.

Hay que decir que lo que el pueblo colombiano debió conocer en ese momento por boca del presidente Santos, resultó enterándose de este secreto oficial de inicio de contactos   fue gracias a la información proporcionada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Cuando Santos se vio descubierto en su silencio negociador, manejado “a espaldas del pueblo”, simplemente se vio también obligado a reconocer públicamente que había autorizado tal encuentro en Cuba, pero no corrigió el error de faltar a la obligación de informarle al país, pues continuaron las negociaciones con el ingrediente de la subrepción respecto de lo que allí se habla, sin importarle que el pueblo exige el derecho a la información sobre qué es lo que están negociando en materia de concesiones del Estado.

La paz es trascendente en implicaciones para los destinos del país en temas sociales políticos y económicos, de tal manera que el principal actor en la escena, que es el pueblo, no puede ser excluido de la condición de conocer oportunamente el detalle de lo que en ese escenario se negocia, pues al contrario, lo que es vinculante para el gobierno, aparte de informar, es darle la oportunidad al pueblo de opinar. Esto significa que no es aceptable el hecho de que únicamente en una instancia final Santos salga simplemente a decir que lo que allí se negociaron  fueron: tales y cuales cosas, y que luego los colombianos solo tengamos que limitarnos a asumir las consecuencias de lo hecho a nuestras espaldas.

Se requiere ponderación y sensatez política, pero especialmente responsabilidad del gobernante frente al hecho de comprometer con las FARC en esas negociaciones la democracia y el orden político y económico del país.

Lo contradictorio del proceso de paz en materia de información
Esta si es una nota especial para un ‘quién lo creyera’: “Lo que se sabe en Colombia sobre el proceso de paz en Cuba es lo que informan las FARC”.  Verdaderamente insólito, pero esta es la verdad. La obligación del gobierno que elegimos los colombianos de informar y rendir cuentas ante el pueblo sobre este caso, no se cumple, y entonces tenemos que ser observadores de lo que quieran decir las FARC en los comunicados que leen ante la prensa, con la obvia dificultad de creer si lo que ellos dicen es o no la realidad de lo que están negociando con los plenipotenciarios enviados por el gobierno.

El gobierno no se ha dado cuenta que las FARC le están ganando la partida informativa, y tampoco se ha dado cuenta de lo negativo que lleva implícito esta circunstancia, que el pueblo se informe a través de las FARC, y no por el gobierno. Seguramente es una estrategia que las FARC están explotando al darse cuenta del silencio oficial frente a este  tema trascendental, y saben que el pueblo necesita ser informado. Tremendo vacío por parte del gobierno Santos, y más aún, ignorar que el silencio le resta credibilidad popular al proceso de paz.



     







  






     

          

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