15 mar. 2013

El precio de la paz

Por @Ruiz_senior

Van a cumplirse 65 años del bogotazo y al parecer nunca se sabrá la verdad sobre la conjura que llevó al asesinato de Gaitán, salvo las inferencias obvias de que su muerte convenía a los desplazados de la dirección liberal y a los comunistas, que en la década siguiente serían aliados públicamente y después de forma intermitente, sobre todo después de la creación del M-19, tropa comunista controlada desde La Habana, como señalaba el primer director de Alternativa.

Eso mismo se puede decir de todos los demás magnicidios y hechos trágicos que jalonan la historia colombiana, como los asesinatos de Galán y Álvaro Gómez o la toma del Palacio de Justicia por la banda controlada por Enrique Santos Calderón. ¿Qué ocurrió después del cierre de la revista con la relación del heredero del control en El Tiempo y el M-19? Al respecto, la respuesta de uno de los jefes terroristas contribuye a la vieja tarea de ocultar los hechos.

Esto dice Antonio Navarro Wolff en una entrevista con Édgar Artunduaga:
¿Está de acuerdo en continuar el debate sobre la toma del Palacio de Justicia?
No es bueno para el proceso de paz. Hay que decirlo con sinceridad. Todos los participantes en la toma están muertos, los autores materiales o intelectuales o desaparecidos. Quienes estuvieron del otro lado estén condenados.
Seguro, se les ocurrió sólo a los que tenían que morir, y como mostrando ese desprecio que sienten por los colombianos, acaso merecido, exhibe como un trofeo las condenas a los militares que impidieron a los terroristas salirse con la suya. Lo mismo que hace el siniestro Gustavo Petro con su repugnante placa. Lo enternecedor de todo es la noción de paz como injusticia monstruosa, como triunfo de los asesinos, noción que los colombianos admiten por ser algo legitimado por el poder y los medios.

De modo que quedan muchísimas cosas ocultas sobre los que decidieron tomar el palacio y puede que en varias décadas algún historiador o periodista extranjero que pueda acceder a los archivos de Moscú o La Habana pueda aclararlo. Lo que se discute ahora es lo accesorio, lo que les sirve de pretexto, una vez que se apropiaron del poder judicial matando a los juristas y comprando a los gobernantes, para perseguir a los miembros decentes del ejército.

Nada raro que casi cuarenta años después de la primera propaganda del M-19 vuelva a aparecer algo de ese estilo en El Tiempo. No es buena idea lamentarse de que se publique: siempre hay columnistas del M-19 aparte del propio Santos Calderón, de Daniel Samper Pizano y de Roberto Pombo. Por mucho tiempo era columnista Otty Patiño y ahora lo es Héctor Pineda, por no hablar de la promoción que hicieron del libro de Vera Grabe en los años del Caguán. No es buena idea porque Rafael Vergara, tratando de mentir, es mucho lo que cuenta; y merece atención.
¡Viva Colombia!, comandante Jaime Bateman ¡cumpliremos! Ese 6 de noviembre de 1985 a las 11 a.m. el M-19 se tomó a tiros el Palacio de Justicia. (Vea la galería de imágenes de la toma del Palacio de Justicia). El magistrado Manuel Gaona presentaba ponencia sobre el Tratado de Extradición con EE. UU. y en otra de las salas procesaban por violadores de los derechos humanos a generales, encabezados por Miguel Vega Uribe, ministro de Defensa.
Pongo en cursiva una frase respecto de la cual la hija de Vega Uribe, Thania Vega, envió una carta al director de El Tiempo, aclarando:
Falta a la verdad Vergara cuando dice que a mi padre, el general Vega Uribe, lo estaban procesando el 6 de noviembre de 1985 en “otra de las salas” del Palacio, cuando en realidad se estaban debatiendo las demandas de inexequibilidad de la ley que permitía la extradición de los narcotraficantes a los Estados Unidos por la vía administrativa.

Falta también a la verdad cuando afirma que el imaginario proceso contra mi padre y otros generales era por “violadores de los derechos humanos”. ¿Por qué no precisa el amnistiado qué autoridad procesaba a mi padre, cuáles eran los generales que también eran objeto de dicha actuación judicial y en qué etapa del proceso se hallaban? No lo dice, señor Director, porque no es cierto.
Es un rasgo cultural casi inconcebible para quien no conozca a los comunistas: la calumnia incesante contra el adversario. La carta hasta el momento no ha sido publicada en el periódico, entre otras cosas seguramente para no poner a los lectores a preguntarse de dónde sacó el ex terrorista dicha información. La base de la mentira típica de los comunistas es el rumor, la altísima probabilidad de que la persona que la oye no tenga modo de contrastarla. Se nota que al terrorista le pesan los años y no puede salir de las viejas rutinas. Desgraciadamente tampoco hay mucha gente interesada en preguntarle. Gracias a la toma del Palacio de Justicia también se aseguraron el control de la educación y adoctrinan mediocres que no tienen la menor noción de la verdad.
La barbarie de la retoma militar se justificó difundiendo que el M-19 había ido a quemar los expedientes del narcotráfico. Obviamente, nada dijeron del juicio contra los generales. La Corte inmolada como consecuencia de la toma rechazaba el modelo de Seguridad Nacional, el abuso del estado de sitio y su estatuto de seguridad, declarado por ellos parcialmente inconstitucional.
(Todas las cursivas en las citas son mías.) Otro viejo recurso de la propaganda, considerar que es barbarie entrar con tanques en el edificio asumiendo la toma de rehenes como un hecho consumado sobre cuya legitimidad no hay que preguntarse. Los asesinos convertidos en jueces de las autoridades. "Yo la voy a violar a usted, señora, no es motivo para que me grite." Esa genialidad describe la historia reciente de Colombia y la conciencia de los colombianos.

Pero es más gracioso: ¡se fueron a tomar como rehenes con amenaza de muerte a sus amigos! Los magistrados eran antiyanquis (rechazaban el modelo de seguridad nacional) y enemigos del Estado de sitio y el estatuto de seguridad. Era una corte bolivariana, nacionalista y democrática. ¿No estaría de acuerdo con la toma? Yo poco a poco voy creyendo que sí.
Bolivariano, nacionalista y democrático, el M-19 se hizo oír con golpes como la toma de la embajada de la República Dominicana, que desnudó ante el mundo la represión del gobierno de Turbay Ayala y del general Camacho Leyva.
Este párrafo es otra genialidad que también debería bastar para explicar al país. ¿Qué es "democrático"? Comunicarse con los colombianos es muy difícil debido a esa relación singular que tienen con las palabras. ¿Cómo puede ser democrático un grupo que toma como rehenes a los miembros de la máxima instancia judicial del país? Porque los colombianos dividen las palabras entre gratas e ingratas y toman las gratas para sí. Yo soy democrático, el que no esté a mi favor es antidemocrático. El partido que ha estado más de una década pidiendo que se pase por encima de las urnas y se premie a los asesinos es el Polo Democrático. A nadie le molesta: no hay ningún horror ni ninguna barbarie fuera de la mente de los colombianos. Las atrocidades que ocurren son la sombra de esas "distracciones".

Pero estos demócratas amigos de la corte tranquilamente se jactan de haber secuestrado a los embajadores en la embajada dominicana: ¡le mostraron al mundo la represión de Turbay! Una vez que la gente renuncia al diccionario, ya está preparada para asumir eso. Los atracadores le muestran al mundo la insolidaridad de los borrachos, etc.

PRIMER PAGO DEL PRECIO DE LA PAZ: el reconocimiento a los asesinos. La toma de la embajada no es algo por lo que deban ser culpados sino un hecho del que pueden jactarse. En el libro de Vera Grabe se aludía al asesinato de José Raquel Mercado como algo que los había definido como los "justicieros del pueblo". Eso mismo sucederá con las FARC, mucho más ya que gracias a la negociación de Santos (y mucho más a la falta de resistencia de Uribe y compañía) han comprado a toda la clase política tal como antes se apropiaron del poder judicial.
Frustrada la exigencia de libertad de los presos políticos y el fin del contubernio cívico militar, esa toma incruenta, con embajador de EE. UU. incluido, estimuló la acción de amplios sectores democráticos que confluían en la lucha contra las torturas, el fin del estado de sitio, la demanda de una amnistía incondicional y el Diálogo Nacional.
¿Cuáles eran esos "presos políticos"? ¿Cuándo es "político" un preso? Los presos habían cometido delitos distintos a sus opiniones políticas y sólo eran "políticos" tal como lo son los asesinos de las FARC y el ELN presos. Lo que pasa es que este asesino usa el mismo lenguaje. Ya entonces los amigos de los secuestradores eran obviamente "democráticos".
El primer Belisario Betancur (1982) no solo prometió "ni una sola gota más de sangre colombiana" sino que, en medio del ruido de sables, escuchó al pueblo y concedió la amnistía, abrió las cárceles, derogó el régimen de excepción, pactó treguas con la insurgencia y suscribió acuerdos de paz por separado con la Farc, el M-19 y el Epl. Presos por el robo de 5.000 armas al Ejército, los dirigentes del 'eme' quedaron libres.
Este párrafo es el más interesante de todo el escrito: Vergara tranquilamente nos cuenta que los amnistiados después de robarle 5.000 armas al ejército quedaron libres y obviamente siguieron en sus andanzas, la alternativa era que el Estado se rindiera. ¿Cómo no, si ellos eran los "democráticos"?

La retórica es casi obscena en su desfachatez. ¿Qué es el "pueblo"? Algo distinto a lo que se expresa en las urnas. Para los comunistas de la época, es decir, para la universidad, al parecer sin que haya cambiado nada, el pueblo son todos los que callan, cuya vocería alegremente ocupan ellos.

Pero el retrato de la obra del "primer" Belisario Betancur debería alertar a los colombianos porque es exactamente lo que está pasando con Santos.

SEGUNDO PAGO DEL PRECIO DE LA PAZ: los gestos generosos que se tienen con los terroristas sirven para que se reagrupen, hagan acopio de recursos, expandan su radio de acción y preparen nuevas acciones criminales. En cuanto se busca la paz, entendida como la claudicación ante los criminales, se favorece el recrudecimiento de la violencia, que fue lo que ocurrió en los ochenta. El precio de la paz del "primer" Betancur fue la orgía criminal que comenzó con la toma del palacio de justicia y siguió con todo lo que han hecho las FARC en estos treinta años.
En el acuerdo, la insurgencia legitimó al Gobierno, y este reconoció al "movimiento popular alzado en armas", con la oposición desatada de expresidentes y militares que enfrentaron el reconocimiento de dos ejércitos.
La basura retórica es tan burda, tan increíble que parece un chiste: ¡la insurgencia legitimó al gobierno! La banda de rateros legitima al policía que los ayuda a robar y todos contentos. Cuando Betancur llamó a la banda de asesinos de Santos Calderón y García Márquez "movimiento popular alzado en armas" aseguró las decenas de miles de asesinatos ocurridos desde entonces.
Dos cartas estaban sobre la mesa: civilizar la política o politizar la guerra.
Todos los comunistas son aprendices de malos literatos, como Antonio Caballero, a los que sus padres apenas les enseñaron el manual de retórica. La lógica del atraco se tapa con un juego de palabras. ¿Qué es "civilizar la política"? Que las instituciones legítimas se sometan a unos asesinos. ¿Qué es "politizar la guerra"? NADA, las palabras que podrían formar un quiasmo combinadas con "civilizar la política". Si uno lee o escucha a personajes como Luis Eduardo Garzón (cuando no está borracho) o Hernando Gómez Buendía (ahora portavoz abierto de las FARC) siempre se encuentra con ese ingenio para formar simetrías aparentes con palabras, gracias a las cuales deslumbran a su público y van a lo suyo.
El Diálogo Nacional buscaba democracia, desactivar los factores objetivos y subjetivos de la guerra, pero Betancur no asistió a la instalación. En diciembre del 84, el campamento del M-19 en Yarumales fue atacado. Tras los combates se recuperó la tregua. 
En todo el país, nutridas manifestaciones asustaban y agudizaban las contradicciones. La confianza se rompió, y el cierre de la apertura y la 'inteligencia' desató las muertes y desaparecidos de la UP y el M-19.
Claro, después de amnistiar a un montón de criminales, de reconocerlos y favorecer su expansión, Betancur les sale a deber por no hacerles la "revolución por decreto".

TERCER PAGO DEL PRECIO DE LA PAZ: tras reconocerlos y ayudarlos a reforzar su poder, el gobierno que se sienta a negociar está sometido a exigencias crecientes y el único camino que tiene es una rendición total, so pena de convertirse en el criminal y en el causante de la guerra según la propaganda de los criminales a los que ayudó. No hay riesgo de que tal cosa ocurra con Santos, su gobierno es el de los accionistas de las FARC. Expresa una alianza anterior al asesinato de Gaitán y se integrará en el eje castrista de forma creciente. Pero los que creen que así van a menguar los asesinatos son cómplices aunque no sean perversos como Santos sino sólo idiotas.
La eliminación de los "nervios que conducen las ideas entre la cabeza de la culebra y el cuerpo social", de que habló el embajador de EE. UU. Lewis Tambs, funcionó (Tambs escribió con Fred Aker, US marine, el manual Destruyendo el síndrome de victoria). ¡Nadie lo hizo!, son "los asesinados sin asesino", que denunció Antonio Caballero.

Esa carta marcada politizó la guerra y aún no logramos del todo civilizar la política. El incumplimiento de la palabra fue la causa de la toma del Palacio. Negarlo es alimentar la mentira, la antípoda de la Justicia.
No se entiende la relación de Tambs con el resto, pero la conclusión, que pongo en cursiva es definitiva: el sentido del atraco en su aspecto puro, directo. Un crimen monstruoso no es culpa de la organización que lo comete sino de quien no les obedeció. Exactamente así funciona la industria del secuestro, el secuestrador necesita recursos, los niños que vigilan al secuestrado tienen que comer. Si no se paga el rescate y hay que matar al secuestrado, es culpa de los que no pagan. La desfachatez de estos criminales no tiene límites, pero ¿cuántos colombianos han simpatizado con las guerrillas y con el M-19?

Siempre tengo que explicar que es inconcebible tanto desparpajo de estos asesinos y a la vez tanta popularidad si no expresaran algo más que sus ambiciones y disparates racionalizadores. Expresan la resistencia de las castas parasitarias al mundo moderno. El que haya urnas, derechos de propiedad, empresas, inversiones y demás amenaza un orden previo en el que todo estaba garantizado por las lealtades personales con los detentadores del poder político. Eso mismo se detecta en la Revolución cubana y en el chavismo.
La responsabilidad de la palabra
En Palacio se quebró la legitimidad de todos: murieron soldados, seres inocentes, mis maestros, juristas y compañeros, que tocan a mi puerta. Conversar con las voces que me habitan es riesgoso, lo sé.

La utópica toma y su retoma dejó al descubierto los excesos a los que conduce la guerra, la barbarie de los odios acumulados. Por su independencia o su defensa, la tercera rama del poder público fue arrollada. No hay justificación y solo existe el castigo o el perdón. La condena de los que allí estuvieron fue la muerte; a los demás nos acusaron de autores intelectuales.
 
Dejadas las armas, en 1990 fuimos indultados y se propuso incluir a los militares: el rechazo fue tajante. La justicia quedó activada y de allí los señalamientos de las comisiones de la verdad y el fallo del Tribunal de Cundinamarca con cargos, incluso, al expresidente Betancur.
La burda y repetitiva culpabilización del otro: ellos intentan implantar la tiranía destruyendo las instituciones democráticas, secuestran a los magistrados, los matan y gracias a eso se hacen dueños del Estado, pero eso no es suficiente: ¡son los maestros de pacifismo! (Éste empieza describiéndose como "ecologista".) Uno lee esas cosas y piensa que los demás colombianos se merecen esos amos, ¿cómo es que no hay un rechazo claro a semejantes asesinos?

Más interesante es el proceso que conduce a la monstruosa condena de Plazas Vega. Los amnistiaron, se propuso incluir a los militares (es decir, legitimar a los terroristas al punto que sus asesinatos fueran equivalentes al hecho de tratar de impedirlos). Como no se quiso someterse a eso, ¡la justicia quedó activada! La persecución de los que incomodaron a los asesinos acordada por César Gaviria para poder mostrar resultados de paz, que efectivamente mostró y explotó, gracias a los cuales durante esa década los terroristas mataron aún más que en la anterior.

También es un rasgo cultural: el leguleyismo. La ley que impusieron ellos basta para justificar la rara asimetría de la justicia, que quienes secuestraron a los magistrados estén de maestros de moral, alcaldes y demás y quienes aplicaron la ley estén presos. ¿Qué le vamos a hacer?, así es la ley. Esa ·transferencia de culpa" es típica y con toda certeza tiene su base en el saqueo y esclavitud de la época colonial, justificados siempre en la Corona remota y en la ley, cuya iniquidad se exhibía sin pudor.

La "justicia activada" es sólo la secta comunista persiguiendo demócratas desde las cortes que conquistaron tras matar a los verdaderos juristas en el Palacio de Justicia. El descaro llega a tal punto que el informe de una comisión formada por tres expresidentes de la Corte Suprema de Justicia se basa en testimonios y argumentos de autoras pertenecientes al M-19.
Donde hay rehenes no hay negociación
¿Hubo un golpe de Estado? ¿Quién determinó la solución de meter tanques y "acabar con todo", antes de que llegara la Cruz Roja? ¿Por qué solo se sopesó la solución militar?
Al respecto aclara Thania Vega en la carta citada:
Hay mala fe cuando se pregunta: ¿Hubo un golpe de Estado?, infundio que ha sido rotundamente negado por el Ministro de Gobierno de la época, Dr. Jaime Castro, quien al respecto ha escrito dos libros suficientemente aclaratorios, ignorados por el señor Vergara.
Es típico, cualquier mentira se puede seguir diciendo porque cada segundo nace un idiota y siempre queda Fecode para preparar a los creyentes.

Lo curioso es de nuevo la visión de los criminales sobre la forma en que se los debe combatir. ¿Cómo han llegado los colombianos a aceptar esas actuaciones? Insisto, porque sólo se trata de una dominación antigua. En ningún otro país nunca se podría encontrar a un asesino como León Valencia orientando a los militares.
A las 12 del día Betancur llamó a consejo de ministros; el de Defensa no llegó. "No negociaremos ni transigiremos ante tan aleve atentado", expresó el comunicado de la Presidencia.

A las 12:25 aparecieron los tanques y se difundieron las peticiones del M-19: se exige, entre otras, publicar la demanda armada y convocar al pueblo al juicio contra el Presidente por la violación de los acuerdos de paz.

"Avancen con los tanques y helicóptero", ordenó Vega Uribe, a la 1:55 p.m. Luego se escuchó al presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía: "¡Que el Presidente de la República dé finalmente la orden de cese del fuego!".
¿De qué modo iba el pueblo a juzgar al presidente acudiendo al llamado de un comando terrorista? Del mismo modo en que el pueblo escogió al M-19 como sus justicieros porque mataron a un líder sindical. El juicio consistió en pintadas que hizo el M-19. La desfachatez de semejantes cálculos es de verdad casi un chiste.

Lo mismo que el llamado de Reyes Echandía, consciente de que los terroristas lo matarían si se hacía algo contra ellos. Sigue la lógica del secuestro a que aludí arriba: el niño le dice llorando a su madre que debe llevar un millón de dólares, si su corazón es tan duro, no se podrá culpar al secuestrador, no señor. Ella tendría que escuchar a su hijo.

La tragedia, insisto, es la forma en que millones de colombianos se hacen cómplices de semejantes asesinos.
¿Ser rehén eliminó la orden y por eso Betancur no le pasó al teléfono? Hitler quemó el parlamento vacío, era imposible pensar que en la retoma se descargara todo el poder de fuego. Vencer supeditó salvar a los magistrados y rehenes.

Paladín 6, "(...) estamos con toda la libertad de acción y jugando contra el tiempo. Por favor apurar, apurar a consolidar, y acabar con todo".

¿Por qué no hubo un respiro?
Ahora comparan al gobierno con Hitler, dado que ya se habían apropiado del Palacio, ¿no era el hecho de impedirles chantajear al país como el incendio del Reichstag? Quién sabe qué más habrían pedido en cuanto se hubiera cedido a su chantaje y cuántos muertos más habría habido. Desgraciadamente se las han arreglado muy bien para acallar todos los testimonios que podrían explicar qué otros planes tenían y quiénes planearon la toma. Yo doy por sentado que aparte de los que la acordaron con Escobar están con toda certeza tanto los servicios de información cubanos como el hermano mayor del presidente, Enrique Santos Calderón, pero es algo que sólo se infiere de la trayectoria del personaje.
Ni reflexión ni mediación
Sorprendido por la toma, como asilado en México busqué la mediación del Gobierno; la respuesta fue contundente: "Imposible, la decisión es militar, no habrá negociación".
Entiéndase, intentó cobrar el secuestro que había planeado, tal como se dice que determinó el asesinato de su paisano José Raquel Mercado.
Con la victoria de Ronald Reagan, la teoría de la reversión puso fin a la de contención, y se impuso la doctrina de los 'conflictos de baja intensidad'. Nosotros ejemplarizamos una de sus sentencias: ¡si hay rehenes, no hay negociación!

La inflexibilidad deflagró la hecatombe, y la impunidad ofrecida chocó con el Estado de Derecho, que sobrevivió.

El coronel Plazas Vega fue claro: "No sé, yo no sé quién esté adentro, o quién esté afuera; yo sé que salieron varios magistrados, no sé si tal vez esté adentro de ellos".
Es decir, dado que entonces había un significativo sector de comunistas en las universidades, como ahora, sólo que entonces eran estudiantes y ahora, gracias al asalto al Palacio y a otros crímenes, tienen segura la renta como profesores, siempre se los puede seguir soliviantando con el odio a Estados Unidos.

Y sigue la lógica del atracador: en caso de violación relájese y goce. No fue la inflexibilidad sino el acto terrorista, que se reivindica de forma descarada.
Previo a la toma, en su informe al Congreso el 20 de julio de 1985, el otro Betancur expresó: "Firmé los acuerdos de paz con la insurgencia para lograr su desarme en todos los sentidos de la palabra; su desarme político, su desarme moral, su desarme material". El acuerdo fue una trampa para eliminar al contrario.

Valga recordar que el decreto 1573 de 1974 creó un Poder Nacional, que "legalizó" un autogolpe cívico militar del que la Justicia estaba excluida. Ese poder se expresó con contundencia cobrando cuentas.
¿Se entiende? Nadie debe esperar que se sienta a negociar con los terroristas para que dejen de matar y secuestrar porque sería una trampa para eliminarlos.

CUARTO PAGO DEL PRECIO DE LA PAZ: una vez reconocidos, reforzados y admitidos como proveedores de paz, sus conductas pasan a ser completamente legítimas y cualquier intento de cese de sus crímenes o de su organización ilegal y hostil al Estado será considerado una agresión y permitirá presentar al que no se somete como un agresor tramposo.
Desenterrar las pruebas ocultas
En 1986, Alessandro Barata, padre de la Criminología Crítica, de paso para un congreso en La Habana, donde presentó un video sobre el Palacio, me ratificó que en la decisión de arrollarlo y quemarlo pesó la doctrina.

Con el palacio humeante, el coronel (retirado) Charles Gillespie, embajador de EE. UU. en Colombia (un diplomático clave en la invasión de su país a Grenada, y quien además fue el último embajador estadounidense de la era Pinochet), afirmó para la TV de su país: "¡Triunfamos sobre las pretensiones de los rebeldes!".

Reagan fue el primero en felicitar a Betancur. Es tiempo de cerrar heridas. Solicitemos con sentido de patria los archivos ya desclasificados del departamento de Estado para comprobar si el poder que se vació en la Casa de Nariño fue o no ejercido desde un territorio donde ondeaba otra bandera.
Y de nuevo la ya tediosa enseñanza de los terroristas sobre lo que se debería hacer para que sus crímenes no tuvieran consecuencias. ¿Quién quemó el Palacio? ¿Quién mató a los magistrados? En todo el escrito se da por sobreentendido que no se debe culpar a la organización terrorista que hace esas cosas sino a quien se lo impide.

Es lo que está tras la condena a Plazas Vega y Arias Cabrales, la venganza de unos asesinos que habían calculado muchos más réditos mucho más rápidos del asalto al Palacio y los asesinatos planeados. La parte final viene a significar que la obvia determinación de no ceder al chantaje de los terroristas (nunca ningún gobierno se ha sometido en otros países, y fue la debilidad del colombiano ante la toma de la embajada de la República Dominicana el que los envalentonó para hacer esto) fue el resultado de presiones estadounidenses.

EL PRECIO DE LA PAZ: creo que queda claro que los esfuerzos de Betancur por aliarse con los comunistas para ganar gobernabilidad (de haber habido segunda vuelta no habría ganado las elecciones, pues su triunfo fue efecto de la división liberal, tal como ocurrió en 1946) sirvió para que las FARC se expandieran por todo el país, los responsables del robo de fusiles en el Cantón Norte salieran a organizar nuevos crímenes y de ese modo se multiplicara la violencia. Todo lo que ha ocurrido desde entonces es el precio pagado por ese error. ¿Cuántas personas armadas tenían entonces las FARC, el ELN y el M-19? No pasarían, siendo generosos, de unos dos mil. La relación es sencilla, cuando se ofrece reconocimiento a los asesinos se les da lo que más necesitan para matar. La paz de Santos multiplicará el horror para muchas más décadas, pero no es cosa de Santos, que a fin de cuentas gana popularidad gracias a que negocia, sino de la inmensa mayoría de los colombianos, que no son capaces aún de decir claramente que premiar el crimen no es paz, que la negociación no es legítima y que a toda costa se desacatará.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya publicaron la carta.

Anónimo dijo...

Y bueno, usted habló del "precio de la paz", este hampón habló (¿o amenazó?) acerca de los "costos".