4 jul. 2013

Mamarrachos, payasos y humoristas

Por @Ruiz_senior

La elección de Uribe como el personaje más importante de la historia colombiana ha servido para mostrar de forma patente el retrato de la sociedad colombiana: aparte de un comentarista deportivo convertido en analista político del que no sé nada, los otros tres panelistas que comentaban la elección son portavoces oficiosos de las FARC (si se conociera el contenido de los PC de Cano y Jojoy con toda certeza se sabrían muchas cosas sobre esa gente) y explotaron de ira porque se sienten autorizados a ordenar lo que la gente debe pensar. Y eso porque simplemente es el espíritu de su medio social, formado por personas que en gran medida proceden directamente de los encomenderos: el principal atractivo del comunismo para los universitarios de los años sesenta y setenta era que permitía prescindir de la "farsa electoral". Nada raro.

La misma pregunta es problemática, ¿qué significa ser el "gran colombiano"? ¿Se trata de la influencia o del mérito? ¿Cómo comparar a un líder actual que es ante todo un hombre de acción con un modesto intelectual de un país 70 veces menos poblado hace dos siglos como Nariño? ¿Por qué no incluir a Silva o a Cuervo, más influyentes en sus ámbitos de actuación que García Márquez en el suyo?

Son demasiadas preguntas para un tema fastidioso, del que el dato realmente importante no es que gane Uribe sino que el segundo candidato con más votos, más de un 17%, es el finadito Jaime Garzón. Muestra de que los antiuribistas se verían en verdaderos apuros poniendo como gran modelo de ciudadano a Tirofijo o a Petro. A eso nadie le ha prestado atención y realmente es lo más fascinante: tal vez Garzón no sea el "gran colombiano" pero sí el colombiano más arquetípico. Tal vez el que un evaluador imparcial escogería como paradigma del país.

Respecto a ese mártir, no se trata sólo de fealdad y chabacanería, ni tampoco de una relación innegable con el terrorismo, que parece ser el único recurso que los anticomunistas encuentran para descalificarlo. Es un poco peor: en los años de Samper en que el país era descrito por un embajador estadounidense "buenista" y "progre" como una "narcodemocracia", ese genio indescriptible se dedicaba a divulgar la leyenda de que las desgracias del país provenían de una oligarquía ridícula formada por personas que usaban términos raros, habían alcanzado cierta edad y al parecer cuidaban su indumentaria. ¿Es tan complicado darse cuenta de que se trataba de propaganda del gobierno? Sí, es dificilísimo: los colombianos se reconocen en el fracaso y creen que los grandes medios le dan espacio a un justiciero que casualmente se enfrenta a los odiados poderosos.

La imagen y las gracias de Godofredo Cínico Caspa, el típico antisamperista y después uribista (el personaje sigue existiendo en forma de escritos del antiguo guionista, Antonio Morales Rivera, un pensador que tampoco hace nada por ocultar su adhesión a las bandas terroristas; hace unos meses comenté uno de sus escritos) son exactamente la clase de propaganda que los nazis hicieron sobre los judíos. El reclamo inmediato al resentimiento y envidia de la peor gente. Los recursos "humorísticos" más despreciables al servicio de la calumnia, y, como he explicado arriba, para defender a un régimen mafioso y a sus aliados terroristas.

Ese mamarracho sigue teniendo su versión en el caricaturista @Vladdo, cuyos recursos son más o menos los mismos, por no hablar de la similitud física y las lealtades políticas de ambos. Alguna vez vi una foto de Bacteria Opina, que les gana en apostura, si bien en ingenio es innegable que se copian.

En definitiva, los dueños de los medios, como expliqué en otra parte, explotan el recurso de la risa (las ofensas burdas, las calumnias, la crueldad con los débiles y demás) con la misma función con que explotan la indignación, que siempre encauzan contra otros distintos a sus aliados, como ocurría con Samper y Jaime Garzón, y la desnudez femenina.

Uno de los Samper, el hijo de otro payaso de una época más señorial, explota tanto la pornografía como la risa: su burdel virtual es a la vez circo y los colombianos de clases altas y pretensiones intelectuales encuentran solaz de todo tipo en sus medios. Su genialidad florece en prosa, con prodigios como decirle "pincher" a Andrés Felipe Arias (lo viven repitiendo los demás humoristas de Semana) o burlarse de la mutilación sufrida por el exministro Vargas Lleras.

La chabacanería "chistosa" mezclada no ya con la pornografía sino con la indignación es la especialidad de otro personaje de diverso origen social que Samper pero de extraordinario parecido: Guillermo Prieto, "Pirry". Sigue el mismo patrón que los anteriores, obviamente porque tiene los mismos patrocinadores. Una serie de cuentas de Twitter de las FARC coordinadas por el senador Camilo Romero se dedica a imitarlo. La misma clase de gente que compra SoHo y se ríe de las gracias de Vladdo o Jaime Garzón le "jala" al civismo que practican esos próceres.

Hasta ahí es sólo un circo de enanos y monstruos que no vacilan en lucir a unas cuantas rameras para amenizarle las veladas a su público. El verdadero humor se dirige al público más refinado que lee las columnas de opinión, y no hay que dudar de que Antonio Caballero, por ejemplo, es un humorista. Veamos una pieza de humor negro que habría desconcertado al mismo Kafka, que nació hace 130 años.

La fidelidad a Uribe 
Por León Valencia 
El formulario de inscripción de los candidatos del Centro Democrático ilustra el fanatismo, la ignorancia y el cinismo que campean en la política colombiana.

Leí el formulario de inscripción de precandidatos del Centro Democrático a las elecciones del 2014 y no salgo del asombro ¡Cómo puede concebirse un movimiento político en pleno siglo XXI sobre la base de la fidelidad a un líder!
 
Dice el cuarto requisito de los cinco que trae el formulario: “Ser uribista... Se refiere a empuñar la bandera y acoger la doctrina del expresidente Uribe y ser fiel a su causa”.
La cuestión concreta del procedimiento de selección de los candidatos merecería muchos comentarios, pero no es lo que interesa ahora. El texto de la entradilla es la típica "argumentación" colombiana de descalificaciones que a la clase de público de Pirry, Jaime Garzón, Vladdo, Samper Ospina, Bacteria y demás próceres le produce una cómica sensación de superioridad.

El caso es que la gente reconoce a Uribe y vota por Uribe y los uribistas exigen a sus candidatos que sean leales al jefe del partido. Eso ocurriría en cualquier parte y si es tan directo es sólo porque no hay verdaderos partidos: lo que une a las otras organizaciones políticas son las rentas del crimen, ya se trate de la extorsión y la cocaína, ya del peculado.
El siglo XX fue el apogeo de las grandes doctrinas políticas, de los grandes relatos: el liberalismo, el comunismo, el nazismo. Ofrecían un paraíso para la humanidad.
Fanatismo, ignorancia y cinismo. ¡Ahora el liberalismo es algo comparable al nazismo porque es uno de los grandes relatos! Eso sólo puede ser una broma, pero hay quien se lo toma en serio, y es lo que pasa con estos humoristas, que probablemente sólo quieren burlarse de sus lectores.

Es falso que el liberalismo ofreciera un paraíso para la humanidad: sencillamente ofrecía, como ahora, defender la libertad individual. El nazismo tampoco ofrecía un paraíso para la humanidad porque abiertamente proponía el exterminio de grandes comunidades. Todo es mentira pero la clase de gente que lee a este asesino, los "intelectuales" en el sentido colombiano del término, son tales muertos de hambre a los que se les puede contar algo así.
Todo terminó en la más dolorosa tragedia. El liberalismo primigenio con su canto al individuo, al libre pensar, a las libertades políticas, derivó en el credo neoliberal con su bien calculada dictadura de los mercados y de los bancos y su asombrosa concentración de la riqueza y su lacerante inequidad y pobreza en esa periferia enorme del sistema.
Gracia no le falta al asesino para burlarse del populacho que lo aplaude: ¡el liberalismo derivó en el credo neoliberal y en la concentración de la riqueza! Qué extraño que los países con una desigualdad más marcada son por ejemplo los de Sudamérica, donde nunca ha habido liberalismo ni mercados sino oligarquías y castas de parásitos. ¡Y la "dictadura de los mercados" va a resultar una tragedia como los más de cien millones de personas asesinadas por los comunistas (a veces mediante el hambre) o las víctimas de la guerra provocada por los nazis!

Más gracioso, pero al mismo tiempo característico de la "cultura" local, es que el liberalismo resulte causante de la pobreza en la periferia del sistema. ¡Allí donde no había liberalismo! El orden mental de tales razones define el sentido de la educación colombiana. El que dude de que semejantes disparates son atrocidades intelectuales puede buscar en la prensa de algún país civilizado un cuento semejante. La sociedad abierta viene multiplicando los ingresos de los ciudadanos desde el siglo XVIII, pero de repente resulta causante de que otras sociedades no sean abiertas.

Esto no se puede dejar de relacionar con la educación, que a fin de cuentas es la cuestión principal para una sociedad. ¿Cuántas personas leen a este pensador? La inmensa mayoría de los titulados universitarios, y pienso sólo en carreras con alguna incidencia ideológica o política, no leen las columnas de opinión de la prensa. Son los más aplicados y ambiciosos. Llegan a eso.

Bah: es incomunicable. El único objeto de la educación es formar personas que proclaman la necesidad de la educación, que cada vez más es un despropósito monumental, eficaz no obstante para justificar el reparto de las rentas del subsuelo entre los de siempre con el efecto de asegurar miles de entusiastas defensores que sueñan con tomar parte en la rapiña.
El comunismo, que tuvo su versión más acabada en la extinta Unión Soviética y sus satélites, se convirtió en el intento supremo de absorción del individuo por parte del Estado, en la enajenación abierta de las multitudes, en la cárcel y la muerte para las disidencias, en aras de un bienestar económico y social que nunca llegó o que llegó solo para sectores marginados de la sociedad, que pudieron dar un pequeño paso mediante el acceso a bienes públicos y a subsidios.
Es que es tan chistoso que es incomunicable: el comunismo sólo le produjo bienestar a sectores marginados de la sociedad. No, no es que los colombianos sean subhumanos como a mí me da por pensar, sino que el comunismo era una ocurrencia muy rara. Esto dice el diccionario sobre "marginar"
6. Poner o dejar a una persona o grupo en condiciones sociales, políticas o legales de inferioridad. U. t. c. prnl.
Era porque se trataba de una gran aspiración moral: a los que no tenían una gran pasión por la justicia se los degradaba con bienes públicos y subsidios, para que no molestaran a los que buscaban en el ascetismo la perfección.

Eso es sólo un nivel superficial. Mucho más interesante es esto: este hombre estuvo durante 23 años en el ELN, una organización comunista, y la mayor parte de ese tiempo en su máximo órgano de dirección, desde donde tuvo que ordenar muchos más crímenes que Pablo Escobar. Después pasó a formar parte del frente legal de esa organización (no, la Corriente de Renovación Socialista, ahora Corporación Nuevo Arco Iris, no era una división: a los "liquidacionistas" y divisionistas los matan, como les pasó a Jaime Arenas y Ricardo Lara Parada) y a cobrar los crímenes desde cómodas posiciones de poder y cobrando la extorsión directamente del Estado. ¡Pero ahora es el que denuncia al comunismo por provocar una catástrofe parecida a la del liberalismo!

En Colombia la clase de gente que suscribe esas "ideas" tiene sueldos multimillonarios por enseñar en la universidad y prácticamente nadie los cuestiona.
En medio de la primera gran crisis del liberalismo y de la emergencia del comunismo surgió el fascismo italiano y su hermano el nazismo alemán, para recrear el nacionalismo extremo y el patriotismo (que es otro de los requisitos del formulario de Uribe) para llevar a sus límites el autoritarismo y el racismo y engendrar esa vergüenza de la vieja Europa: el holocausto judío.
Ya ven, ahora este asesino que forma parte del "Ejército de Liberación Nacional" se volvió antipatriota porque pudo encontrar en el nacionalismo de los uribistas un punto de unión con el fascismo. ¿Es un chiste? Claro, la clase de subhumanos que reproducen ese discurso sólo merecen burlas, como aquel personaje del Decamerón que temía estar embarazado porque su mujer se le ponía encima.
Pero estas eran ambiciosas ideologías, forjadas con el concurso de prestantes intelectuales, con una explicación omnímoda de la naturaleza humana, con una versión de la economía y del Estado; no el enunciado vacío del Estado comunitario que ofreció Uribe en su primera campaña o la angustiosa respuesta a la ofensiva guerrillera bajo el rótulo de la seguridad democrática. 
Así que la adhesión a la doctrina del expresidente Uribe termina siendo el aprendizaje del emblemático discurso de acabar con unas guerrillas mediante la acción militar y la sujeción a las ambiciones de un astuto líder político que fue capaz de convertir, temporalmente, el odio a las Farc y sus desmedidas pretensiones de caudillo en un propósito nacional.
Trato de entender este segundo párrafo y siempre me encuentro con los límites de la condición humana. ¿La adhesión a la doctrina termina siendo el aprendizaje del discurso? ¿Qué es "emblemático"? La idea de "acabar con unas guerrillas mediante la acción militar" es lo que en otros países se llamaría aplicar las leyes.
De eso trata el formulario que deberán llenar los candidatos del Centro Democrático. Es una especie de juramento que quiere prevenir la denominada traición perpetrada por el presidente Santos y el Partido de la U.

De nada servirá semejante anacronismo. No lo firmará ningún intelectual serio, ninguna persona culta, que sepa el significado que en el ámbito político tiene la palabra doctrina después de los horrores del siglo XX. Lo firmarán los de siempre. Parecidos a los que ayer adhirieron al Partido de la U, de la U de Uribe.
Los intelectuales serios son los que suscriben que el comunismo favoreció a sectores marginados y todas las demás perlas anteriores. Pero ¿recuerda alguno de esos intelectuales serios ese rechazo a la doctrina? Yo no y hace muchísimo tiempo que leo varios periódicos de varios países civilizados y a todos los intelectuales importantes en el ámbito hispánico. ¡El hecho de exigirles a los candidatos que sean leales a quien les consiga los votos inspira desprecio a las personas cultas porque se parece a las doctrinas como el liberalismo! El lugar en el que alguien así, con un prontuario de miles de secuestros y asesinatos, se permite tales prédicas es parte de la humanidad más o menos como Garavito es un ciudadano colombiano. Una vergüenza mayúscula. Algo grotesco y ridículo.

Pero se trata de humor, no cabe duda.
Políticos colombianos al fin. Jóvenes y decentes algunos, que no tienen mayor idea de lo que ha ocurrido en el mundo en las últimas décadas. Oportunistas la mayoría, que firman lo que sea con el fin de llegar al Congreso o de conquistar una gobernación o una alcaldía. Juran y a la primera mejor oportunidad deshacen el juramento.
¡La caída del liberalismo en el neoliberalismo será una de las cosas que ignoran!
Firmarán eso y firmarán también los otros requisitos: ser una persona honorable, idónea, trabajadora y patriota. Lo firmarán aunque sepan (como sabían, más de cien parlamentarios partidarios de Uribe elegidos en el 2002 y 250 alcaldes y nueve gobernadores elegidos en el 2003, todos vinculados a la parapolítica) que su carrera está saturada de alianzas con ilegales o salpicada de corrupciones diversas.
Este dulce angelino ¡denuncia a Uribe por alianzas con ilegales!, gracias a que los colombianos cedieron a la alianza de los gobiernos de los noventa con los asesinos y le permitieron a éste quedar impune de sus atrocidades: a que las legalizaron. Ahora es el guardián de la legalidad.
Lo firmarán personas idénticas a los ministros y consejeros y jefes de institutos descentralizados del círculo más cercano a Uribe, que ahora están en la cárcel o huyen de la Justicia por haber participado en alguno de los 25 grandes escándalos de corrupción del anterior gobierno destapados hasta la fecha.

Tienen que leer el formulario, es una verdadera joya. Ilustra el fanatismo y la ignorancia, pero también el cinismo, que campean en la política colombiana.
Los payasos también explotaban el hecho de que Arias estuviera en la cárcel como un argumento contra él. Así lo está Arias Cabrales por condenar a Petro por porte ilegal de armas y Plazas Vega por impedir el golpe de Estado de noviembre de 1985: se hace realidad la famosa cita de Thoreau, "Bajo un gobierno que encarcela a cualquiera injustamente, el lugar apropiado para el justo es también la prisión".

Con mucha mayor razón allí donde los asesinos desvergonzados dan clases de moral, de legalidad, de combate contra el crimen y hasta de ciencias políticas. La ridiculez de esa perla desnuda a Colombia en sus clases altas, que son las que leen a este asesino, que por lo demás complementa la galería de imbéciles y canallas de su revista.

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