26 sep. 2013

Premios y autonominaciones

Por @AdasOz

Todos entendemos que la nominación de un personaje público, cualquiera que este sea, a un premio, tiene la finalidad de reconocer su trabajo o gestión, y que la organización que respalda ese premio es seria y transparente. Por lo tanto, los espectadores esperan que los nominados sean personas idóneas para ocupar el primer puesto. Sin embargo, no todos los premios ni los premiados son lo que aparentan. 

Cuando a un gobernante antepone sus propios intereses o los de su mafia por encima de los de la sociedad a la que representa, se entiende que éste no cumple con su mandato y por lo tanto no sirve para desempeñar su cargo. Gustavo Petro sabe que es pésimo gobernante, que se ha dedicado a beneficiar a los suyos y a malgastar los recursos públicos en elevar su imagen para autocomplacer su ego y por supuesto, para no dejarse sacar de la alcaldía. 

Petro sabe que es pésimo gobernante, que es incapaz de administrar eficazmente hasta un puesto ambulante, pero además, es consciente de que es uno de los alcaldes más corruptos que posiblemente haya pasado por la alcaldía de Bogotá y que si permite que la revocatoria de su mandato continúe su curso normal, pierde el poder, y eso es algo que no puede permitir porque sabe que una vez obtenido, podrá cumplir sus objetivos. Esos mismos por lo que una vez decidió empuñar las armas, ahora los consigue desde un cómodísimo cargo público. 

 En medio de los pésimos resultados de su gestión (si es que así se le puede llamar), la baja aceptación entre los ciudadanos, y ante la amenaza de la revocatoria, a mediados de septiembre la ciudad se despierta con la noticia de que su alcalde había sido nominado al premio Pablo de Tarso 2013 al “mejor alcalde” en Iberoamérica por el Instituto Mexicano de Evaluación IMDE. Sí, esto no es broma, así que cualquiera pensaría que es un premio al más infame, cínico y corrupto alcalde que ha habido en Bogotá, pero no, era verídico.
¿Qué es el premio Nacional Pablo de Tarso? Es un reconocimiento que se otorga a los mejores gobernantes de Iberoamérica por su contribución al desarrollo de su país, a través de una buena gestión pública. Sería necesario indagar qué entiende el IMDE por “buena gestión pública”, dado que desde antes de asumir su mandado, Petro ya había empezado a perjudicar a la ciudad al proponer la fusión de las tres empresas de servicios bogotanas, lo cual tuvo como consecuencia una caída de las acciones de la Empresa de Energía de Bogotá en la bolsa, haciéndole perder a la empresa 1,8 billones de pesos. Este sería el primero de muchos otros tropiezos para Bogotá bajo la administración Petro. 

Entonces, conociendo dichos antecedentes, ¿quién sería tan osado de ir a postularlo? Resulta que hace unos meses atrás, luego de haber sido nominado el alcalde de Estepona al premio Pablo de Tarso 2013 como “mejor alcalde”, salió a la luz pública la dudosa reputación de dicho premio y del mismo IMDE, al revelarse que los mismos gobernantes podían autonominarse. Sí, leyeron bien. Este es un premio diseñado para que los gobernantes mediocres y corruptos como Gustavo Petro tengan algo ”positivo” para mostrar, porque ya decía yo cuando supe la noticia, que no podía existir una institución decente que quisiera nominar al alcalde de Bogotá. 

Como si fuera poco aquello de la autonominación al premio, la institución mexicana exige a los galardonados el desembolso de 1.300 euros el día de la ceremonia de entrega de dicho premio, lo que viene a significar que Petro destinará nuestros recursos en autopremiarse para poder mostrar trofeos. Porque de no ser así, ¿de dónde sacaría el alcalde esos 1.300 euros? 

Como ven, Gustavo Petro no ha hecho sino despilfarrar el erario para conseguir sus fines personales y los de su mafia. Si no es por sus declaraciones irresponsables y faltas de previos estudios, es por su terquedad, negligencia o ineptitud sin duda premeditadas.

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