16 sep. 2013

Refrendando a las FARC

Por @AdasOz

No cabe duda, el plan macabro de La Habana se consuma. Santos lo dijo claramente en su entrevista en BLU Radio:
Yo asimilo el arte de gobernar al arte de navegar. Yo aprendí eso en la Marina. Yo fui marino, estuve en la Escuela Nacional de Cadetes, y ahí me enseñaron. Cuando uno tiene un puerto de destino, un punto donde quiere llegar uno mantiene el rumbo, utiliza los vientos y afronta las dificultades, las tempestades, pero siempre manteniendo el rumbo.
Ese punto al que quiere llegar Santos es el de “hacer la paz por las buenas o por las malas”, es decir, así los colombianos no estemos dispuestos a premiar criminales, él sí, y gracias al unanimismo reinante conseguirá llegar a puerto a pesar de las tempestades.

Resulta curioso encontrar a tan pocas personas que cuestionen “contradicciones” de las FARC, tales como que hasta hace poco sostenían sin avergonzarse que no pedirían perdón por sus crímenes, y entonces las palabras de Jesús Santrich retumbaban en nuestros oídos como las más cínicas jamás pronunciadas. “Quizás, quizás, quizás” pediremos perdón por todas las víctimas causadas por el terrorismo, decía el terrorista muerto de la risa ante las cámaras de los noticieros nacionales que transmitían desde La Habana mientras los atentados terroristas aumentaban. Y entre más se empeña Santos en navegar contra viento y marea, los atentados terroristas son pan de cada día en los que el número de víctimas aumenta.

Pero, qué sorpresa nos hemos llevado algunos el pasado mes cuando Pablo Catatumbo admitía que “también ha habido crudeza y dolor provocado desde sus filas”, refiriéndose al tema de las víctimas. ¿En verdad creyeron que las FARC reculaban? ¿O que se están empezando a arrepentir de todos sus delitos? Yo no les creo. Todo está milimétricamente calculado por los plenipotenciarios y las declaraciones de Catatumbo son parte de su estrategia para terminar de arrodillar al país. Ellos no van a admitir que han cometido crímenes atroces dejando víctimas por doquier así como así. Su propósito, al igual que el de Santos, es mostrar que ha habido víctimas de parte y parte, como si el ejército fuese una organización criminal dedicada a asesinar civiles y a “inocentes” milicianos de las FARC. Los terroristas aceptarán sus víctimas siempre y cuando se reconozca que las Fuerzas Armadas también tienen su cuota y posteriormente conformarán, por orden suya, una comisión (otra) que se encargue de contarnos la historia según su propia conveniencia.

Este plan encaja perfectamente con la incansable labor que ya han venido haciendo los terroristas del M-19 con sus propias víctimas, inventándose una supuesta “retoma” del Palacio de Justicia con la que lograron fabricar víctimas inexistentes y condenar definitivamente al coronel Plazas Vega. O como en el caso de Mapiripán y las falsas víctimas con las que condenaron al general Uscátegui, y así, muchos casos similares. Querrán que estos militares presos, víctimas del poder judicial corrupto y vendido a las mafias, se equiparen con los terroristas y admitan crímenes que jamás cometieron. Y mientras los militares y políticos que sí son inocentes, o de quienes se presume su inocencia, están secuestrados “legalmente”, los terroristas festejan su victoria en libertad y sin temor a que llegue un juez y los condene. Al fin y al cabo el fiscal Montealegre hizo que les levantaran las circulares rojas y tanto él como Santos insisten en “sacrificar” la justicia para lograr la "paz".

El macabro plan de claudicación está tan bien planeado, que Santos desde ya anuncia que, de firmarse un acuerdo, habrá cese al fuego inmediato en Colombia. ¿Está queriendo decirnos el propio presidente que el ejército va a dejar de defendernos? ¿Por qué no habla el presidente de un “cese al fuego de las FARC” sino “en Colombia”? Esto, señores lectores, es gravísimo. Otra violación más a la Constitución promovida por el mismo Jefe de Estado y de las Fuerzas Armadas, que vulnera el derecho de cada uno de nosotros de vivir en un país seguro y viola su deber como primer mandatario de garantizarnos a todos los colombianos la seguridad.

La estocada final vendrá en las próximas elecciones cuando el concierto para delinquir, es decir la asociación de la Casa de Nariño y FARC, pretendan que en las próximas elecciones los ciudadanos decidamos si queremos o no “implementar” la “paz”, bajo la amenaza de que si no es ahora no es nunca. Los colombianos iremos a las urnas sin que las FARC hayan depuesto las armas, quizás ese día cometan varios atentados terroristas para presionar más a la opinión pública, pero eso sí, se valdrán de la vía democrática con el consentimiento de Santos para finalmente terminar de legalizarse e imponerse. Bien sea un referendo o una Asamblea Nacional Constituyente, tal como lo exigen las FARC, ese día nos llevarán directo al matadero.

Para ese entonces, el barco de Santos y los terroristas habrá llegado a puerto haciendo naufragar el de más de 47 millones de colombianos que no supimos hacer oposición para evitar la conjura Santos-FARC.

2 comentarios:

Maria Fernanda dijo...

Está interesante el artículo; pero ¿Quién lo escribe? No me resulta agradable leerlo sin saber el nombre de la persona, al menos una foto.

Pedro Carbono dijo...

el articulo revela la malda que lleva el sr presidente por alcanzar la reelecciòn pero se le olvida que lo que colocamos los votos y la vida somos el pueblo.