18 jun. 2014

El hombre de Flores

Por @ruiz_senior

Hace unos diez años apareció la noticia de que en la isla indonesia de Flores habían encontrado restos de una especie de homínido que apenas alcanzaba un metro de estatura. La explicación que se daba al proceso por el que esa variante de humanos adquiriera esas características era la combinación de escasez de alimento y de mínima presión de predadores que hiciera necesario un tamaño adecuado para defenderse.

En términos morales e intelectuales, el hispanoamericano ha sufrido un proceso idéntico, por los mismos motivos, una tradición de indigencia y primitivismo y una radical falta de emulación. Los racistas, previsiblemente mayoritarios en la región, atribuyen esos rasgos a la mezcla de europeos con amerindios y negros, pero en tal caso los países de predominio caucásico serían menos corruptos o menos sistemáticamente condenados al fracaso, cosa que no ocurre.

Se trata de la llegada de españoles dominados por la Iglesia que crearon sociedades de esclavitud abierta o disfrazada (encomienda) y se dedicaron a parasitarlas. El ejemplo cundió y cinco siglos después la única vocación clara de los ciudadanos de estos países es ésa.

El grado de ese enanismo del hispanoamericano es patente sobre todo en la conformidad generalizada con la situación. No recuerdo la primera queja por la ausencia de productos industriales de la región en el mercado mundial, o de inventos o descubrimientos científicos. Durante siglos se ha culpado de eso a los países que sí destacan, tal como se culpa de la pobreza a las empresas multinacionales.

Sería aventurado decir que el país en que ese rasgo es más patente es Colombia porque haría falta conocer a fondo a los demás, pero sin duda entre los países grandes es el primero, tanto por las causas (es el más aislado) como por los efectos (es el país del crimen y las mafias).

Las últimas elecciones presidenciales dejaron ver los extremos de esa condición. No tanto por las infinitas infamias de la propaganda (como la imagen del video del supuesto hacker
publicada en Semana en la que Zuluaga aparece diciendo lo contrario de lo que dijo o la encuesta de Datexco que era portada en El Tiempo, en la que se había preguntado quién creía el entrevistado que ganaría y se presentaba como intención de voto) ni por las mil maneras de fraude y compra de votos, que en todo caso alteraron la expresión de la voluntad ciudadana, cuanto por la altísima abstención. No se podía no ver que el bando de Santos era el de las FARC, pero parece que para la mayoría de los colombianos es una decisión difícil condenar a esos sociópatas.

El subhombre colombiano no distingue la verdad de la mentira ni ve ningún problema en que lo engañen, de otro modo esos medios de los ejemplos citados habrían pedido excusas o habrían perdido prestigio. El hecho de que algo sea falso o sucio lo hace más atractivo para los colombianos, como los olores que atraen a los perros. Parece que la perversidad y la bajeza anuncian ocasiones de hacer sufrir a alguien y por tanto atribuirse una condición social superior.

Y naturalmente cuando uno señala esto se encuentra en desventaja porque sin estar mintiendo se parece estúpido, cándido o infantil. Ése es el nivel, por eso es concebible una lindeza como la de interpretar el "derecho fundamental a la paz" (noción vacía de la Constitución de 1991) como el deber de premiar a los asesinos por parte precisamente del fiscal, o como la declaración del presidente del Senado de que es preferible que los asesinos estén legislando y no matando gente. El que crea que eso es compatible con la condición humana no ha entendido en qué consiste la humanización.

Una humanización deficiente comporta el reino del crimen, de la crueldad y la iniquidad. Que a eso ha llegado Colombia lo puede entender cualquiera leyendo esta noticia sobre una "tutela" aceptada por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca para obligar a todos los futuros candidatos a premiar a las FARC. Ya no es la corrupción ni el poder de las mafias terroristas dentro del poder judicial sino abiertamente la ley al servicio del crimen, sin que ningún colombiano se inmute.

El genocidio que los comunistas llevan cometiendo más de medio siglo llegará ahora a su clímax, pues para imponerle lo que planean Santos y sus socios cubanos y venezolanos al país hace falta una posición de dominio más clara. Ya lo verán. Y sin resistencia, pues ¿hay algún sector político que cuestione la "paz"? Yo no he leído la primera noticia de ninguno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Los colombianos creen que Colombia es el reino del revés (en donde un ladrón es vigilante y otro es juez) por algún designio incomprensible y no por como actúan (y dejan de actuar).

Cuando se supo el resultado de la votación del domingo le señalé a un conocido (votante de Santos), que más de la mitad de los votantes habían oficializado la equivalencia entre las instituciones y los asesinos. Si le hubiera dicho vulgaridaddes se habría ofendido menos.

Colombia es un muladar.

Anónimo dijo...

El partido del momento: Colombia (las ranas) vs FARC (los alacranes). Estadio: Palacio de Convenciones de La Habana. Arbitro: Nicolás Maduro (Venezuela, en remplazo de Hugo Rafael Chávez). Jueces de línea: equipo Pro-Nobel para JMSantos (nuevo mejor amigo de “ellos”); Raúl Castro (Cuba). Goles: autogol de JMSantos, gol más rápido de la historia (5 segundos). Timochenko: hat trick, con asistencias de Fidel. Colombia, eliminado. Tarjeta roja: Uribe, 10 segundos del partido por protestar el autogol. Cambios: entran Petro, Clara y Gaviria por Zuluaga, Trujillo y Angelino. Las FARC avanzan a octavos y son firmes candidatos a la Copa “Comunismo, Pobreza y Atraso para el resto del Continente Americano”. Man of the Match Budweiser: Fidel Castro (otra vez; ya lo fue contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, Perú, Bolivia y contra varios países africanos). Estadísticas de posesión del balón: FARC 90%, Colombia 10%
La mitad de Colombia le apostó a las FARC. La interminable cola en la ventanilla de cobro se hará en la sede del Palacio de Nariño.