5 ago. 2014

Conciencia y dinero

Por Jaime Castro Ramírez

La categoría de los problemas que hacen frágil el sentido de la realidad y el buen juicio de la gente, es tan amplia y compleja que solo es posible puntualizar temas, remitiéndose al tenor de las pasiones que determinan ciertos actos de los individuos. Según la cosmovisión de Goethe, es decir, la forma de ver e interpretar esta clase de fenómenos sociales, tales desequilibrios afectan considerablemente el pensamiento de las personas, hasta el punto de convertirlas como si fueran unos simples elementos sin capacidad de raciocinio.

Inicialmente es necesario partir de una definición filosófica de lo que es la conciencia, aunque previamente procede ubicar su identidad en dos categorías: conciencia reflexiva que obedece al conocimiento de sí mismo y su propio control de impulsos, y la conciencia representativa, o sea el conocimiento de la realidad exterior y la consecuencia de sus efectos.

Una definición apropiada de lo que es la conciencia está consignada en el pensamiento filosófico de Descartes: “La conciencia se identifica con el yo, con la realidad sustancial del individuo”. En relación al contenido de esta definición, y tratando de demostrar la aproximación a esa realidad filosófica, apareció luego el pensamiento del filósofo austriaco Edmund Husserl, dándole la identidad de “conciencia de algo”. Esto significa que el individuo en su actitud tiene un propósito identificado, lo que equivale a la existencia de un carácter intencional premeditado en sus actuaciones.

Comportamiento enajenado de la voluntad
La conciencia, considerada como facultad superior jerárquica respecto a la voluntad que es la que determina el proceder de la conducta humana, tiene la capacidad de condicionar esa voluntad, y se da entonces la circunstancia del carácter intencional, escenario donde no actúa el don del raciocinio.   
Esta teoría aplica en el comportamiento de algunas personas adictas a la configuración de un ego prepotente, pero generalmente suele ser una tendencia propia de quienes alimentan ese ego dañino gracias a un cambio repentino en sus condiciones económicas, es decir, que por el evento circunstancial de un cambio de estatus por el dinero que obtuvieron en algún momento de la vida, dicha situación les genera un conflicto insolente de personalidad.

Es tal la trascendencia negativa de este comportamiento que el individuo es capaz de afectar anteriores relaciones de amistad, pero lo más grave, puede ser capaz también de afectar relaciones familiares, sin importar la consideración de que es el patrimonio más importante del ser humano, y llegando incluso a la perversa actitud de desconocer la condición de familia. Se llegaría a la extraña conclusión de que en ese tipo de personas, conseguir dinero implica perder la realidad de la vida, perder su anterior identidad de decencia.

Esta clase de conducta puede tener su origen en un problema de orden sicológico, o quizás en otro tipo de problema cultural complicado que infortunadamente afecta a quienes optan por proceder en tal sentido, y en consecuencia, también puede afectar en alguna medida a parte de su entorno.

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