7 ago. 2014

Hacia el infierno

Por @Ruiz_senior

El régimen del crimen organizado comienza hoy su segundo periodo y no es nada difícil pronosticar que todas las desgracias del país se agravarán mucho más de lo que ocurrió en el primero. Sobre todo, se harán manifiestas, porque los altos precios de las materias primas y el clima de inversión favorable que dejó Uribe han permitido que el nivel de vida se mantenga para la mayoría, pero en el medio plazo, a medida que Colombia se vuelve claramente otra república bolivariana, sufrirá la suerte de todas ellas en la imagen que proyectan ante los inversores, y la corrupción y la mala gestión se agravarán, con sus obvias secuelas de miseria y violencia.

El país sin demócratas
Como ya he explicado tantas veces, lo más urgente en Colombia es definir las palabras porque cuando escribo que no hay demócratas recuerdo que no hay casi nadie en Colombia que no se proclame demócrata. Esa mala fe es primitivismo e indigencia moral (luego, primitivismo). Demócratas son los que creen que el "demos" debe participar en el gobierno, y el "demos" alude al conjunto de los ciudadanos y no a tribus, etnias, razas, castas ni clases. La democracia posible y real debe asimilarse a las que existen en Europa y Norteamérica, pues a fin de cuentas en esas sociedades simplemente la humanización es más profunda. Por eso las "interpretaciones" del sentido de "democracia" o los apellidos que se le ponen son sólo recursos para negarla. 

Al final del gobierno de Uribe los colombianos estaban divididos en dos bandos, una mayoría de ciudadanos que querían reelegir al presidente y una minoría de clases superiores que se oponía con vehemencia a esa idea. A ninguno de los bandos le interesaba la democracia, sólo el poder. Ninguno de los que criticaba la segunda reelección se opuso al cambio de rumbo de Santos ni ha hecho el menor reproche al súbito ascenso de las FARC, cuyos intereses y actuaciones son indistinguibles de las del gobierno, salvo que alguien piense que el representante de ventas de la industria cárnica pertenece a una empresa distinta a la del matarife.

Es decir, los sectores que promovían la segunda reelección buscaban sólo su interés, y sin la menor duda Roy Barreras y Roberto Gerlein habrían propuesto a Uribe para el periodo actual, y también para el siguiente, si hubiera podido ganar. Y en todos los casos los sectores que se oponían se habrían agrupado con Iván Cepeda y Piedad Córdoba, pues ¿alguien que no promoviera la segunda reelección de Uribe ha puesto alguna vez en duda que esos dos próceres son "defensores de derechos humanos"? Sencillamente, hay un bando castrochavista y otro que combina el viejo clientelismo, los viejos sueños maoístas y elementos ultraconservadores. El orden asimilable a las democracias reales no lo defiende nadie. El bando castrochavista ha reclutado a las clases altas tradicionales, tal como ocurrió en Cuba, y por eso toda clase de personajes que no se presentaban como comunistas, de los cómplices de César Gaviria a Peñalosa y Mockus, son hoy simplemente promotores de las FARC.

No hay demócratas, menos va a haber civismo
Es impresionante la facilidad con que el régimen (es decir, no el gobierno sino el poder hegemónico, que incluye el legislativo, el poder judicial, la prensa y la universidad) puso del revés la elección de los ciudadanos en 2010 sin ninguna resistencia. Leyendo un artículo que escribí hace ahora tres años, compruebo que era evidente todo lo que ocurriría después, salvo en que todo ocurrió sin que a nadie se le ocurriera cuestionarlo.

De modo que la resurrección de las bandas terroristas, de la producción de cocaína, de la extorsión en todo el territorio, del daño ecológico y demás crímenes sólo produce algún lloriqueo porque hay gente que aspira a cargos públicos de elección y calcula que mostrar descontento puede serles rentable. Al final, una vez posesionados en sus cargos, corren a defender su cuota de poder, incluso justificando lo que hace el gobierno en La Habana, como el señor Uribe en su discurso del 20 de julio (los reproches que profiere hacen pensar en alguien que le criticara a Hitler usar gas Zyklon B con los judíos en lugar de inyecciones letales).

No hay ninguna iniciativa cívica para oponerse a la legitimación del genocidio ni al triunfo total de los terroristas, que es lo que ya ocurre desde que todo el poder judicial les obedece y la prensa los promueve en todo momento. Algo tan monstruoso como que el "Centro de Pensamiento" de la Universidad Nacional decida sobre las víctimas (como poner a Himmler a juzgar el Holocausto) no tiene otra respuesta que algunas protestas de activistas ligados a grupúsculos ultraderechistas, que le sirven a la prensa para relegitimar a los funcionarios públicos cuya tarea es hacer que los asesinos resulten quedando como las víctimas. Ya no hay votos que buscar ni nombramientos sobre los cuales influir, ya a nadie le interesa denunciar esa infamia.

Ya he señalado muchas veces en Twitter que la suerte del uribismo es la del alvarismo en los años noventa, un lloriqueo impotente y una clara asimilación, tal vez no tan lenta. ¿Alguien cree que un candidato que se oponga a las FARC va a ser elegido alcalde de Bogotá en 2015? No, sin la menor duda, vendrá alguien peor que Petro, sencillamente porque la máquina de propaganda llega ahora a gente que no conoció la ciudad de otras épocas y las clientelas imponen su reino.

El rumbo de la paz
Lo que objetivamente ocurre con la paz es que, como ya he explicado otras veces, el Estado no es una institución natural que existe porque sí. Es una organización creada para mantener unas leyes. Cuando renuncia a ellas simplemente sirve al interés de quienes lo controlan, que al no estar sujetos a definiciones de conducta estrictas, obran como simples bandidos. Cuando en aras de los intereses particulares de los amos del Estado se pone el conjunto de instituciones al servicio de quienes violan las leyes, el Estado no sobrevive y se vuelve simplemente un apéndice del poder criminal.

Es decir, dado que por los motivos que sean todos los funcionarios y políticos han aceptado que se reconozca a los terroristas legitimidad política, el resultado sólo puede ser que éstos pasen a controlar totalmente el Estado, cosa que ya ocurrió en gran medida en 1991, por eso el Partido Liberal simplemente se acomoda al poder del M-19 y sus mentores cubanos. Ahora sólo buscan el control total, tarea en la que el gobierno hace todo lo posible por colaborar. ¿O cómo se puede entender que nombrara ministro a alguien tan próximo a las FARC como Alfonso Gómez Méndez? ¿O la labor de propaganda y activismo del fiscal? 

Pero antes de eso es necesaria una rendición total de la sociedad, para lo cual los crímenes aumentarán, dado su poder persuasivo. Por eso en 1991 se impuso tranquilamente la prohibición de extraditar colombianos y al portavoz de la minoría que planteaba algún rechazo, Enrique Low Murtra, lo mataron un día en que sesionaba la Asamblea, tal como intentaron matar a Fernando Londoño el día que se aprobaba el Marco Jurídico para la Paz. Antes los carros bomba habían persuadido a todo el mundo de lo conveniente de no estorbar el nuevo orden.

El avance terrorista conducirá a su triunfo total, a la vez legalizando sus crímenes y capitales y destruyendo toda posibilidad de resistencia, nombrando fichas de las bandas criminales en puestos de poder en el ejército y acentuando la persecución judicial, amén del "plan pistola", que continuará. Es muy probable que en la recomposición de la mesa de negociación incluyan a algún representante del uribismo, de modo que a este sector le caigan algunas migajas sin las cuales no puede sobrevivir (baste entender que el  mismo día en que publiqué el artículo enlazado arriba apareció uno de Óscar Iván Zuluaga felicitando al gobierno: no pueden arriesgarse a que todas las personas que dependen de ellos sean despedidas de los cargos públicos).

Eso es lo que viene, la toma total del poder por los terroristas y sus mentores dejando algunas migajas para los demás sectores políticos. La violencia aumentará durante los próximos meses y aún más después de la oficialización del nuevo orden, y para ajustar al máximo el control será necesario que el Estado se dedique a la paz, para lo cual se adelantarán acercamientos al ELN, que cooptará a los actores más dinámicos y eficientes de las FARC. Esa paz servirá para aumentar el control, obviamente.

Realmente no deberían quejarse. Nadie se ha enterado de que Uribe aplaude el premio del crimen, ¿para qué esperar que entiendan algo? Al menos todavía el peso sobrevaluado permite a muchos emigrar, pero incluso ésos prefieren acomodarse: la opresión totalitaria sólo es continuación del viejo orden de castas colonial y del parasitismo de los grupos poderosos, los únicos que echarían de menos una sociedad normal son precisamente los que van cayendo asesinados.

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