10 feb. 2015

Víctimas, a pedir perdón

Por Jaime Castro Ramírez

La culpabilidad es la circunstancia que depende de la magnitud de la gravedad de una falta en que se ha incurrido, y por consiguiente genera responsabilidad frente a un comportamiento inadecuado. La culpa no es transferible, es decir que tiene un sentido natural de responsabilidad individual, lo que significa que la autoría de la culpa es única frente a sus consecuencias, y en sentido de lógica es a ese autor a quien le corresponde recurrir a la instancia de pedir perdón para tratar de encontrar la forma de resarcimiento ante la actitud de su conducta.

La heterogeneidad del pensamiento no puede tener condición impositiva que conduzca a que se tengan que aceptar exabruptos conceptuales, los cuales trasciendan los límites de la sensatez aplicable a la pluralidad en las relaciones sociales.

Las Farc quieren imponer que Colombia pida perdón
La acción del comportamiento humano tiene que ser compatible con la exigencia de auto-aceptar reconocer la naturaleza del efecto producido por esa conducta, y más aún si se trata de un efecto nocivo para sus congéneres. Por consiguiente, no tiene absolutamente ninguna relación de causalidad, y menos de razonabilidad para transferir responsabilidad, el hecho de tratar de que ante una falta cometida, otro individuo ajeno al evento tenga que auto-inculparse y asumir la consecuencia del mal causado procediendo obligado a pedir perdón por lo que no es su culpa.

Los peores crímenes contra la humanidad los han cometido las Farc contra los colombianos, y han sometido al país a un atraso económico originado en la violencia que han practicado durante más de cincuenta años, lo cual ha impedido el desarrollo de los grandes medios que la naturaleza dotó a Colombia, le han negado al país la oportunidad de ser potencia económica en Suramérica, y por consiguiente le han negado el derecho a los colombianos a tener un nivel de vida de mejores condiciones.

Ante este oprobioso expediente, aparece el cinismo desbordado que practican las Farc, y entonces deciden plantear en la mesa de negociación de paz que ellos son “víctimas” y no victimarios (el mundo al revés), y en consecuencia, dizque no son ellos quienes deben pedir perdón a los colombianos, sino que le corresponde a Colombia pedir perdón por lo sucedido, o sea que Colombia les debe pedir perdón por las consecuencias de su accionar criminal. Peor absurdo de cinismo no se podría escuchar. Con esta irritante teoría pretenderán ‘justificar’ su impunidad, es decir, que no haya ninguna justicia contra ellos, lo cual implicaría que quedan exentos de decir la verdad, y exentos de la reparación económica a sus víctimas, pues según la dimensión de la propuesta (vergonzosa ante el mundo), lo que ocurriría al final sería el contrasentido del perdón, es decir, que las víctimas (que al final de cuentas somos todos colombianos) les saldremos a deber a los victimarios.

Si el presidente Santos acepta semejante tamaño de perversidad, lo hará pidiendo perdón a nombre propio si es que se considera con algún grado de esa supuesta responsabilidad, pues se trataría de tamaña osadía en la cual es evidente que no representará a los colombianos porque la sociedad colombiana no puede aceptar esa humillación con el nombre de paz, de una ‘supuesta paz’. Humillarse con el pretexto de obtener la paz es un autoengaño que la historia no podrá perdonar porque luego cobrará las consecuencias de esa imperdonable audacia.

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