26 may. 2015

Paz sin avances

Por Jaime Castro Ramírez

La naturaleza les dio a los seres humanos la facultad de razonar para luego actuar a través de la voluntad de decisión. En este contexto, la voluntad puede tomar definiciones positivas o negativas según lo dicte el conocimiento de la acción con el aporte del raciocinio. Sin embargo, la voluntad no siempre acoge como respuesta el producto de la razón, pues la voluntad suele ser dominada por el capricho, por el egoísmo, o por la actitud reaccionaria generada en algunos eventos de definición política.

La negociación de la paz en Colombia
El Estado colombiano y las Farc están inmersos en la negociación política de un proceso de paz, con muchas novedades a bordo, como fuera natural que sucediera de parte y parte en un evento de esta trascendencia, solo que la grande diferencia pareciera a favor de las Farc que son quienes imponen las condiciones, y en base a esas condiciones imponen sus exigencias. Si así se cerrara una negociación sería evidente la desventaja para el país en sus modelos históricos económico y político, y por supuesto para su organización democrática.

Estas circunstancias han creado mucha desconfianza en los colombianos sobre el proceso de paz. Interpretando el sentir de la gente hay que decir que el 100% quiere la paz, sin embargo, la desconfianza radica en las grandes dudas sobre a qué es que le llaman paz, es decir, si la paz consiste en la entrega del país, lo cual de ninguna manera sería paz sino que generaría el efecto contrario.

Sorprende escuchar al presidente Santos decir que hace un año no ha habido avances en el proceso de paz, lo cual significa que la tercera parte del tiempo empleado en diálogos en la Habana ha sido inútil en resultados, pero eso sí ha sido muy oneroso en gastos, pues se conoció un dato que en los dos primeros años se habían gastado 28 mil millones de pesos, lo que querría decir que en esa proporción en el tercer año que no ha habido avances se han dilapidado aproximadamente 14 mil millones de pesos de los impuestos que pagan los colombianos.

El hecho de estar estancado el proceso en materia de resultados significa que las Farc al haber tomado la batuta de los diálogos se sienten muy fuertes y en consecuencia no tienen ningún afán hasta que el presidente Santos les conceda todo lo que ellos exigen, lo cual indica muy mal presagio para el país. Además, las Farc saben que el presidente de la república tiene una deuda política con ellos por haber incurrido en el grave error de picar el anzuelo con el silencio en la campaña al no rechazar públicamente su apoyo para conseguirle votos para la reelección, silencio que para las Farc significó la aceptación de Santos y un round de inteligencia en cálculo político que le ganaron de entrada, pues luego hicieron la labor electoral con entusiasmo obligando a la gente en varias zonas del país a votar por la causa reeleccionista, y esa deuda las Farc están dispuestos a cobrarla con creces en la negociación de la ‘paz’, y los perdedores serán los colombianos.

Ni más ni menos, el presidente Santos está comprometido con las Farc de tal manera que se quedó sin margen de acción para exigirles avances positivos en el proceso de paz, y menos aun avances positivos para el Estado colombiano y para la sociedad colombiana.

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