8 sep. 2015

Derrota de pretenciosa diplomacia colombiana

Por Jaime Castro Ramírez

No es buena idea presumir tener condiciones propias de excelencia, y menos aun expresarlas en un gesto de pretenciosa autovaloración, pues esto en cierta forma se asemeja a un significado narcisista que aleja al individuo del sentido común de la realidad para concentrarse en resaltar su propio yo, su propio ego.

Al haber puesto de moda el gobierno colombiano la frecuente repetición de una vanidad construida en un prepotente estribillo: “como nunca antes”, se pretende con esta autoexaltación de presuntos méritos propios dar por válido que lo único bueno es lo actual, y que gestiones de gobiernos anteriores son simplemente una sombra histórica respecto a la supuesta excelencia del actual gobierno.

Calcular tenerlas todas consigo es exageración de presumir el sabelotodo El actual gobierno colombiano se ufana (según su propio criterio) de haber construido unas relaciones internacionales excelentes, haciendo alarde de haberlo logrado a través de la mejor diplomacia que se conozca. Se dice que las comparaciones son odiosas, sin embargo, Santos comete la imprudencia de comparar su presunta excelente diplomacia con la de otros gobiernos, con el propósito claro de supervalorar su gestión, a costa de demeritar la diplomacia ejercida por otros gobernantes.

Derrota en la OEA
Dice el adagio popular que “el que mucho abarca poco aprieta”. A partir de la exageración con que el gobierno auto-pondera su actual diplomacia colombiana, encontró en la OEA la antítesis a su predicado cuando solicitó someter a votación de los embajadores acreditados ante ese organismo la aprobación de citar a una asamblea de cancilleres para que se ocuparan de considerar los atropellos a colombianos por parte del gobierno de Venezuela a través de las deportaciones arbitrarias y la violación de derechos humanos. El gobierno calculó que con su pretenciosa diplomacia, de entrada tenía ganada dicha votación, pero resulta que fue derrotado.

Quién lo creyera entonces que el agresor y violador de derechos humanos (Maduro) le haya ganado la partida diplomática a Santos en la OEA, quien según su propia apreciación, se ufana de haber hecho de la diplomacia colombiana un supuesto estandarte de ‘entendimiento internacional’. Sus mismos ponderados amigos de su nueva diplomacia, socios del Foro de Sao Paulo y encasillados en el socialismo del siglo XXI, votaron en su contra. En términos coloquiales a eso le llaman ‘comer de su propio cocinado’.

No se puede conjugar una supuesta excelente diplomacia con una vergonzosa derrota diplomática.

Incluso Panamá que ha sido históricamente un buen amigo de Colombia y siempre le ha dado su apoyo en los organismos internacionales, esta vez le negó su voto en la OEA. En este caso puede haber una consecuencia de un pésimo manejo diplomático cuando el presidente Santos por decreto incluyó a Panamá como paraíso fiscal pretendiendo obligar a ese país a reportarle toda la información sobre capitales colombianos allá depositados, o invertidos.

El resultado fue que Panamá hizo respetar su autonomía de gobierno y a Santos no le quedó otra alternativa que verse obligado a agachar la cabeza y reversar su equivocada decisión. La negativa de Panamá a votar esta vez a favor de Colombia en la OEA puede ser una extensión de la factura por cobrarle como consecuencia de esa circunstancia inamistosa por parte del gobierno de Colombia. Y eso que dizque estamos en el gobierno de la excelente diplomacia.

Respuesta al apaciguamiento suele ser traición y humillación Gobernante que a cambio de exigir respeto por parte de otro gobierno acoge la idea del apaciguamiento para tener contento a su contradictor ideológico, termina perdiendo. Ese apaciguamiento lo interpreta la contraparte como arrodillamiento, y luego procede a convertirlo en abuso hacia su débil contertulio.

El caso de Santos con Chávez-Maduro se parece al registrado por la historia entre Chamberlain versus Hitler, donde el primero optó por el apaciguamiento y la respuesta del segundo fue declararle la guerra después de que habían firmado un acuerdo de no agresión. Así pagan los cobardes su debilidad frente a la ambición del traidor. Y con consecuencias imprevisibles, la debilidad del presidente Santos a través de su apaciguamiento ante su “nuevo mejor amigo” Chávez-Maduro, esto puede ocasionar lo peor para Colombia.

La diplomacia no puede ser pretexto para claudicar y proceder al entreguismo ante quien ofende en forma aleve la nacionalidad colombiana, y por si faltara, persigue el alineamiento de nuestro país al fracasado socialismo del siglo XXI, con la anuencia del gobierno de Colombia.

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